Parte 2


Mientras Severus alistaba el carruaje, y Sirius alistaba su equipaje para unos cuantos días, Argus llegó con viandas para el viaje hasta el carruaje y le contó a Severus lo que sabía de la situación, luego de algo de persuasión de parte de Severus (le prometió traerle un par de botellas de whiskey añejado).

Según Argus, de alguna forma, el Duque se enteró de que los Potter habían tenido un hijo doncel. El Duque era un hombre que no concebía la idea de tener una pareja del género contrario, prefiriendo los brazos masculinos que los femeninos y un Doncel le permitiría concretar sus obligaciones para con la corona de tener un heredero, sin renunciar a los hombres como pareja.

Pero había una razón más para querer casarse con el joven Potter y es que los Donceles eran ampliamente buscados dentro de los círculos de los nobles porque existía la creencia de que daban hijos de belleza extraordinaria y con poderes mágicos. Patrañas, claramente, pero como fuera, un Doncel era una ocurrencia extraordinaria por sí misma, y Riddle le parecía del tipo de noble "Puedo tener lo que quiera".

Argus lamentaba la suerte del joven señor, ya que era un jovencito bastante amable y resuelto, del tipo que estaría mejor a cargo que siendo dejado de lado. Si no hubiera nacido Doncel, podría haber tomado el manto de Conde Potter y formar su propia familia, con menos restricciones. Pero como todos los plebeyos sabían, los nobles hacían lo que querían y ellos solo podían aceptarlo.

Severus le agradeció a Argus por la información y las viandas, y terminó de alistar el carruaje para el viaje.

Una hora después, Harry se veía cada vez mejor, conforme se alejaban de la propiedad Riddle.


Mientras Harry observaba los libros como niño en una dulcería, Severus se acercó a Minerva con miles de preguntas pero decidió preguntar la más importante.

—¿Por qué él? —Minerva observó a Severus y pensó que de todos modos, alguien le diría la razón y podría tener la idea equivocada.

—Los Condes no saben que yo los escuche. El Duque llegó un día y dijo que quería desposar al joven señor, un criado abrió un cofre con la dote y firmaron los papeles. Dado su título, Lord y Lady Potter no pudieron decir que no. Sabe cómo es esto. Ellos ya se habían retirado y Riddle estaba hablando con su asqueroso valet, Barty Crouch Jr. Riddle no quiere nada más que acercarse más a la corona—.

—¿Perdón? —.

—Discúlpeme, pensé que sabía sobre las excepciones de la línea de sucesión. La línea de sucesión es clara, está el rey y a su muerte, uno de sus hijos toma la corona. Si el elegido muere, el hijo mayor en turno, toma la corona. Pero hay una pequeña excepción y es que si un noble desposa un Doncel, queda inmediatamente al mismo nivel que los príncipes. Es decir, Riddle sería un candidato a la corona, sin tener que ser descendiente de la pareja real—.

—Eso es horrible—Y Severus sabía que lo que Minerva decía era verdad. Había un precedente histórico hace unas 10 generaciones. De esa unión surgió la línea regente actual.

—No he querido decírselo a los Condes ¿Qué ganaría? Podrían mandar una petición de anulación al Rey, pero eso simplemente cambiara su carcelario por otro. El Rey podría decidir casarlo con otro noble, o incluso pedir que sea un consorte de los Príncipes, ya que no veo posible que lo quisieran tomar como esposo de uno de ellos. No, por mucho que Harry odie este arreglo, sabe que está atrapado—.

—Pero si espíritu está siendo aplastado ¿Cierto? —Severus pasó su mano por un libro de misterio. Añoraba los libros más que otra cosa, desde que dejó su hogar.

—Aplastar es poco, está muriendo por dentro. Mi joven señor está más que sufriendo, su alma está siendo desgarrada en jirones, y cuando este casado, será como haber puesto un collar y un grillete sobre él. No será nunca más Harry Potter, sino una propiedad tasada, pesada y vendida al comprador—.

Ambos sirvientes se detuvieron frente a la sección de romances—¿Sabe? Harry siempre quiso viajar. A pesar de que sus padres podían permitirse viajar con él, solían dejarlo en la propiedad Potter. Ya sabe cómo son las restricciones para los Donceles, solo que Harry no lo sabía. Yo llegue a la propiedad unos meses antes de que Riddle llegara a pedir la mano del joven, pero sus padres ya estaban preparándose para revelarle el secreto al joven. En teoría, nadie más sabía sobre él que sus propios padres—.

—¿Entonces, Madame, como es que el Duque se enteró? —Severus tomó uno de aquellos libros y empezó a hojearlo distraídamente. El clásico romance de chico conoce chica, pero al menos la trama era algo escabrosa y tenía unos cuantos tintes sangrientos… ah, Shakespeare. Debió saberlo.

—Mi mejor conjetura es que el médico que asistió al parto de Lady Potter vendió la información en los círculos de nobles. O quizás escucho a algún noble decir que buscaba un "activo" suficientemente valioso para sí. No todos los clubes que frecuenta la nobleza son tan "refinados" como se podría esperar—.

Minerva se movió hacía la sección de misterio y Severus la siguió mientras Harry estaba hojeando a unos pocos metros de ellos, un grueso tomó de Culturas Del Mundo. La chispa en aquellos ojos verdes, le trajo a Severus recuerdos de sí mismo cuando leyó aquel tomó de Julio Verne, La Vuelta Al Mundo En 80 Días.

Recordaba cuando terminó el libro y paso días enteros devorando cada tomó del autor, imaginándose como el Capitán Nemo, viajando hasta la luna, o recorriendo el mundo. Extrañaba a su familia, pero recordaba cómo habían intentado forzarlo a un matrimonio con aquella horrible chica: Bellatrix Black.

Por lo que había oído, luego de que él huyera de casa, la prima lejana de Sirius, que extraña coincidencia fue esa, se casó con Lord Lestrange, un Lord que compartía su misma visión de superioridad por ser de noble cuna. Una visión que él no compartía.

Él había anhelado lo mismo que anhelaba Harry: libertad. Libertad de hacer lo que quería, lejos del yugo que representaba su título, su nombre y su apellido. El apellido Snape lo tomó de una historia que había leído una vez con su madre. Dudaba que alguien, además de su madre y algunos pocos cuenta-cuentos, recordaran aquella historia.

Ambos sirvientes estaban absortos en sus propios pensamientos cuando Harry dejó caer un montón de libros sobre la mesa donde estaban mirando otros tomos—Acabo de hablar con la dependiente, enviaran el resto del pedido a la propiedad Riddle—.

Minerva asintió, sabiendo que Harry ahora anhelaba otro tipo de diversiones—Bien, entonces ¿Qué será esta vez? ¿Zoológico? ¿Museo? ¿O quizás teatro? —Harry se veía indeciso.

—Si me permite, tengo una sugerencia que quizás le agrade, mi Lord—.

Harry frunció el ceño— Por favor, cuando solo estemos, tú, yo y Minnie, dime Harry. Odio ese título ¿Qué significa ser un Lord? Para mí, es solo una cadena—.

—Mil disculpas, mi Lo… Harry—Harry asintió—¿Qué opinarían de acompañarme a un teatro desconocido, en una zona no tan decente y aun así, garantizarle que verán un espectáculo maravilloso? —.

Harry brillaba de ansiedad por la idea de una aventura y Minnie no tuvo corazón para negarse, pero la mirada que le dirigió a Snape era fuerte y clara "Sí le pasa algo…". Partieron en el carruaje hacía la zona alejada de las tiendas y el barullo de compradores elegantes, entrando en los edificios grises de ladrillo gastado.


—¡Esto es asombroso! ¿¡Viste eso, Minnie!? —Los ojos de Harry miraban para todos lados al espectáculo de magia.

Harry había visto antes magos y espectáculos mágicos, pero ninguno como este. La chica de cabello rosa parecía cambiar su color de cabello solo con chasquear los dedos o agrandar su nariz con solo concentrarse.

Estaban los trucos clásicos, pero ninguno como el de esa chica.

—¿Te gustaría conocerla, Harry? —Los ojos esmeraldas brillaron con alegría y asintió con la cabeza como si fuera un pequeño niño—Entonces, vengan por aquí—Severus se levantó, seguido por Minerva y Harry, y se encaminaron tras bambalinas mientras Tonks y su familia se despedían en el escenario.

Tras el escenario, en medio de las cuerdas y telones, estaba la familia Tonks, los magos del espectáculo más extraño y extraordinario que hubiera visto Harry.

—¡Severus! —Gritó la chica de cabello rosa y atrapó a Severus en un abrazo que se antojaba familiar—No nos dijiste que estarías en la ciudad en tu última carta—.

Severus revolvió el cabello de la chica mientras se separaba de ella—Lo siento Tonks, no sabía que terminaríamos cerca. Nos ofrecieron un trabajo a dos días de aquí y vengo en calidad de guardaespaldas, y hablando de eso, quiero que conozcas a alguien—.

—Hola, soy Tonks ¿Quién es este muñeco? —Dijo Tonks, adelantándose a Severus.

—Me llamo Harry y ella es Minnie—Contestó Harry, tomando la mano de Tonks y señalando con la otra a Minerva—Tu truco con el cabello fue impresionante—.

—¿Quieres saber cómo lo hago? —Pregunto Tonks, juguetona.

—No, digo, bueno… sí, digo… solo si tú quieres…—Harry estaba tímido, ya que rara vez podía ver de cerca un verdadero truco de magia. Una vez intento arrastrar a su prometido a un espectáculo de magia en la capital y el maldito tuvo el descaro de dormirse luego del segundo truco. Uno de los tantos desaires que el Duque le había hecho.

—Claro que no es problema, si eso te preocupa. Cualquier amigo de Severus es mi amigo. Ven, déjame mostrarte—Tonks agarro a Harry de la mano y lo arrastro ante el espejo, enseñándole como se ponía las prótesis y las pelucas reversibles, de forma que con algunos pases distractores de dedos, ella podía "activar" el truco. Harry pensaba que era brillante la sencillez de superponer prótesis y accesorios.

Minerva estaba asombrada de lo alegre que se veía su joven amo—Gracias—.

—¿Por qué sería eso Minerva? —Preguntó Severus, sinceramente intrigado.

—Por darle alegría. Es uno de los pocos días en que lo he visto feliz, y te agradezco por ello—La mirada de Minerva se había suavizado y mostraba el profundo aprecio que sentía por el joven a su cargo.

Severus simplemente asintió, inseguro sobre el agradecimiento de la mujer. Nunca había conocido a nadie como Harry, un noble que, igual que él, quería lo que casi todos los ciudadanos comunes tenían y muchos desperdiciaban, libertad.


Estuvieron en la ciudad durante una semana y Harry se veía radiante. Severus meneaba la cabeza, divertido con la actitud infantil del joven. En ese tiempo, habían visitado museos, la ópera (donde Severus se vio transportado a sus días junto a su familia, escuchando tantas y tantas operas), obras de teatro, visitaron una vez más el espectáculo de la familia Tonks, quienes se quedarían en la ciudad hasta principios de la primavera y compraron ropa, pinturas y libros para inundar la mansión de la propiedad Riddle con suficiente cultura.

También en ese tiempo, Minerva insistió en comprarle ropa a Severus, diciéndole que era una lástima que alguien de su porte, usara aquellas ropas de gitano, cuando tenía un aire patricio inconfundible. Severus, luego de una noche que bebieron, se atrevió a confesarle su secreto a la mujer, diciéndole que escapó de un matrimonio arreglado, y que era tan noble como el joven a su cargo.

Minerva prometió guardar su secreto, y le dijo que si fuera necesario, si quizás era la única forma de salvar a su señor, ella le instaría a escapar, pero eso no serviría, ya que Harry no quería darle problemas a nadie, y dudaba que el Duque no mandara una partida en su búsqueda. Sería mil veces peor su encierro si lograba escapar, solo para ser devuelto a la jaula.

Severus, sin embargo, estaba pensando en soluciones. Quizás, si lo pensaba lo suficiente, podía haber una forma de ayudarle a escapar al joven. ¿Sería mejor huir por tierra o por mar? Si huía por tierra, podría llegar a varios reinos, disfrazado de plebeyo, tal como había hecho Severus durante años. Por mar podía llegar al continente y pedir asilo político. Había muchas posibilidades aun para el joven.

Evidentemente, no pudieron permanecer mucho más tiempo en la ciudad, ya que sería visto como un intento de huida del joven, así que partieron de vuelta a la propiedad Riddle. Con cada paso que daban hacia la propiedad, el joven perdía su lozanía y alegre semblante. Era evidente que este matrimonio estaba condenado al fracaso. Incluso cuando la mayoría de los matrimonios eran arreglados, al menos había cierto entendimiento y comprensión, uno por el otro. No en este caso.

Por lo que Minerva le había contado y Harry había dejado caer sin querer, Riddle era más allá de lo desapegado, era insensible, despectivo y pensaba en Harry como uno piensa en un caballo pura sangre. Para Riddle, Harry era una propiedad, preciosa como joya y que elevaría su posición por encima de los Duques y lo acercaría a la corona.

Lo que en última instancia, era un ejercicio inútil, ya que los príncipes eran 3, luego de ellos estaba el hijo mayor de los Rosier, que era primo por parte de madre de los príncipes, así que, a menos que Anthony Rosier muriera y luego los reyes y su prole fallecieran en algún accidente o atentado o evento natural, Riddle estaba aún lejos de su meta. Incluso casándose con Harry, eso solo lo colocaría encima de Anthony, y todavía tendría que desaparecer a la familia real si quisiera la corona.

Aquí había algo turbio, y no solo era el desprecio velado que Riddle mostraba por Harry.