LA PRINCESA DE HIELO
El aroma a bosque y madreselva la envolvían, la lectura era fascinante, el calor de su acompañante era la cosa más grata en toda Gaea, aquella voz gruesa, amable y aterciopelada leyendo alguna historia de samurais era relajante. Mientras él estuviera sentado a su lado leyendo, todo estaría bien, podían reír, podían discutir sobre la historia que estaban leyendo, podían seguir sentados en silencio por un rato y todo estaría bien.
-Es hora Eries
La niña lo miró con aprehensión, esa solemnidad en voz de aquel joven de cabellos grises y ojos granate eran el peor augurio posible.
-No vayas, por favor Folken, quédate conmigo, una historia más, por favor.
-Lo lamento mucho Eries, pero es hora, debo irme.
El joven faneliano se levantó cuan alto era, apenas un par de pasos largos y lo vio internarse entre el follaje.
Estaba aterrada.
El calor había pasado a convertirse en frío, el confort y la tranquilidad en angustia.
-¿Folken?
La rubia no pudo evitar ponerse en pie con el libro resguardado bajo sus brazos, caminando lentamente hacia el lugar donde el príncipe había desaparecido.
Con miedo y el corazón bombeando con fuerza, metió sus manos entre las hojas de los arbustos, las flores y las enredaderas. Eries tomó aire, preparándose para cruzar, sus dientes rechinaban, estaba temblando, sabía que le esperaba al otro lado y al mismo tiempo deseaba estar equivocada.
Un paso.
Dos pasos.
Cuando salió de entre el follaje, ya no había rastro del bosque, ni del castillo del Samurai. Ahí frente a ella, el paisaje era rocoso e inhóspito, el cuerpo reptíleo de un enorme dragón de tierra estaba frente a ella, tan ocupado que no la había visto, pero no importaba, el daño estaba hecho, sintió lágrimas escapando de sus ojos conforme un líquido rojo de aroma metálico escurría de aquel enorme hocico, los músculos del cuello de la criatura se movieron, como tragando algo, ella dio un paso más cerca, llorando de manera incontrolable, el dragón simplemente dio la vuelta y salió corriendo, todo lo que había quedado era un enorme charco de sangre con una espada enterrada en el suelo y un brazo largo de músculos ligeramente definidos.
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-¡FOLKEN!
Se levantó de su cama, la respiración rápida y entrecortada, el corazón retumbando en sus oídos como un enorme tambor, técnicamente estaba rodeada por oscuridad.
Eries tomó aire, de manera automática buscó algo detrás de ella, entre el colchón y la almohada húmeda, encontrando poco después un pedazo de tela suave que uso para limpiar sus mejillas, mirando a todas partes con detenimiento.
Estaba en su habitación en Palas, era todavía de noche, posiblemente el sol saldría pronto, no había ruidos, dedujo que solo algunos guardias debían estar todavía despiertos.
Una inhalación profunda y terminó de tranquilizarse.
-Solo un sueño – Murmuró la princesa, quitándose de encima las cobijas para sentarse al borde de su cama, envolver sus pies en el mullido calzado que esperaba al lado de su cama, golpeando accidentalmente el segundo bacín que la mucama le había dejado. Al menos esta vez no había vomitado apenas despertar.
Se levantó entonces, aproximándose a su escritorio para encender un par de velas, sacar pluma, tintero y papel, finalmente comenzó a escribir.
-Esto sigue siendo ridículo – Confesó para sí misma, al tiempo que escribía un saludo a un joven que había muerto al menos tres años atrás.
Anotó sobre su hermana Marlene mostrando interés en salir por primera vez luego de una justa, y del anuncio de su reciente compromiso, escribió sobre la imposibilidad de que ella o Millerna acompañaran a su hermana mayor en esta ocasión.
Padre no desea que nos encariñemos de nuevo, además, en Freid no existe un protocolo sobre conocer a la familia del cónyuge sino hasta después de que el matrimonio ha sido consumado.
Suspiró de nuevo, sin poder conocer al Duque de Freid no podía decidir si su hermana estaba prometida a una buena o a una mala persona… claro que, a sus quince años, Eries podía decir que su padre estaba más interesado en forjar alianzas productivas y provechosas, mucho más interesado en esto que en buscarles buenos maridos.
Tu país no le ofrecía una buena ganancia a mi padre, más allá del Escaflowne, él simplemente colocaría a mi hermana en un trono, aun siendo de una nación pequeña, eso le habría dado un estatus más elevado a mi padre y a Asturia.
Se rio un momento, estaba segura de que Folken lo había sabido desde un principio, al igual que Marlene…
Escribió un poco más hasta estar satisfecha, finalmente tomó todas las hojas que había escrito, había ahí una mezcla entre un reporte con las últimas noticias y un par de historias que había escuchado en el mercado la última vez que acompañara a Millerna, esa niña se estaba volviendo una jovencita demasiado mimada y superficial en su opinión.
Cuando terminó de revisar y estuvo contenta con el contenido, dobló las hojas, cuya tinta ya se había secado, y metió todo en un sobre, sellándolo con laca roja y su sello particular.
Con una caligrafía sumamente cuidada, escribió el nombre del destinatario, volteando para ver como los primeros rayos del sol irrumpían en su habitación, una sonrisa triste se apoderó de sus facciones mientras miraba el sobre entre sus manos una vez más, poniéndose de pie y levantando la tapa del enorme baúl que descansaba a los pies de su cama.
Con cuidado de no hacer ruido, removió los esponjosos edredones que yacían a la vista, dejando al descubierto varios sobres, cada cual con un color más oscuro que el anterior a causa del tiempo que habían pasado dentro de la caja.
Eries simplemente acomodó la última que había escrito, para luego cubrirlo todo de nuevo.
-¿Quién pensaría que me enamoraría del mismo hombre que mi hermana? – Soltó la princesa de quince años antes de cerrar el baúl.
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El tiempo siguió pasando como si nada.
Eries había encontrado consuelo en el más joven de los caballeros caelli, Allen Cruzade Shezard había pasado de vivir Jichia sabe dónde al castillo, como parte de la guardia. El rubio caballero no era un lector tan ávido como había sido Folken en su momento, aún así, su manera caballerosa de conducirse a ella, el que recordara su nombre desde un inicio y las amenas conversaciones que podía compartir con él sobre leyendas, política y viajes, los relatos que Allen había compartido con ella sobre su estancia en Fanelia habían sido, de hecho, lo que la llevara a acercarse a él para buscar conversación.
En algún punto, Eries se había encontrado a sí misma fantaseando con tomar entre sus manos las del caballero, sentir sus labios en un beso y arroparse entre sus brazos cuando tenía lugar alguna conversación en los jardines, la biblioteca o alguno de los pasillos. No podía negar que la fascinación que había sentido por aquel joven había evolucionado en un enamoramiento que, por un tiempo, había esperado fuera recíproco, incluso le habría confesado lo que sentía si no lo hubiera encontrado accidentalmente en lo alto de uno de los torreones con Marlene entre sus brazos, compartiendo un beso del cual se había sentido completamente envidiosa.
Tiempo después, Marlene fue entregada al Duque, llevando con ella un par de damas de compañía y un par de caballeros caelli.
Allen también se iba a Freid, su pequeña esperanza de que la distancia sacara a su hermana mayor de la mente de aquel hombre para hacerle a ella un pequeño espacio había muerto. Verlos partir a ambos en un crucero, con su hermana ataviada en un ajuar de novia y él completamente solemne y sin quitarle la mirada de encima a Marlene la hizo darse cuenta de su error, era irónico, tendía a enamorarse de los mismos hombres que Marlene.
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El tiempo no tardó mucho en intentar atraparla, su padre había comenzado a buscarle partidos para poder casarla, y ella, con la mente aguda que había ido desarrollando luego de sumergirse entre los libros de la biblioteca, había sido capaz de dar razones más que aceptables para rechazar a cada uno de aquellos jóvenes, casi sin pestañear.
Marlene había dado a luz a un niño y su padre al fin había consentido permitirle ir a visitar a su hermana.
Ver a Marlene con aquel rostro lleno de desolación y vergüenza, cargando entre sus brazos a un niño que no tenía absolutamente nada que se asemejara al Duque la hizo tener sus sospechas.
Finalmente, la joven madre le había confesado entre sollozos del deslís que había tenido y lo arrepentida que estaba.
Allen Schezard y Eries eran técnicamente de la misma edad, que aquel quinceañero no hubiera tenido suficiente control sobre sí mismo había molestado a la segunda princesa más allá de lo esperado, volviéndola más precavida ante sus interacciones con el susodicho, aun cuando muy dentro de ella, deseara que el deslís se hubiera dado con ella, en primer lugar.
A su vuelta a Palas, el caballero caelli había sido reasignado a Fuerte Castello por sugerencia de Eries, el resto de los acompañantes de Marlene también habían sido removidos para no levantar sospechas, la segunda princesa se las había ingeniado para convencer a su padre de que su hermana tenía todo lo que necesitaba en Freid y que no requería más apoyo de Asturia por el momento.
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Dos años después Marlene había caído enferma, para cuando el único hijo que su hermana había podido concebir cumplió los tres años, Marlene murió.
Con el tiempo aun pasando, Eries pudo notar que la pesadilla de la muerte de Folken se repetía cuando estaba inusualmente nerviosa.
Aquellos fragmentos quiméricos de recuerdos, noticias e imaginación que la habían acosado por dos lunas de corrido luego del funeral del príncipe Faneliano, habían ido dimitiendo hasta aparecer solo cuando ella sentía angustia por algo.
Estaba segura de que podría evitarse todo el mal sabor de boca que le dejaba ver a Folken morir con el dragón o sus restos en un páramo desolado entre las montañas si se sentaba a escribirle justo antes de dormir, y aun así, ella prefería no hacerlo. El preludio a aquella aterradora y desgarradora escena eran recuerdos vivificantes a los que ya no podía acceder de manera tan palpable estando consciente.
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-Princesa Eries – Se habían cuadrado ante ella un par de soldados apostados en su camino, ella simplemente asintió con la cabeza a modo de saludo y siguió andando.
-¿Ella es la princesa de hielo? – Había preguntado en murmullos uno de ellos.
-¡Shht, te va a escuchar! – Había respondido el otro en el mismo tono.
Eries tomó aire mientras seguía andando con movimientos practicados, a simple vista, cualquiera pensaría que ella no había escuchado nada, que no era capaz de sentir, la realidad era otra, la pequeña niña tímida que acostumbraba esconderse detrás de sus libros, había aprendido a controlar hasta el más mínimo de sus impulsos, su hambre por la lectura la había llevado a leer historia, economía, política, y toda clase de documentos importantes, así como las implicaciones más notorias que las decisiones de cada rey había tenido en Asturia, moldeando lo que sería una de las mentes más rápidas y agudas entre los políticos del planeta.
Con una mente tan entrenada, además de los reflejos y cada espacio de su cuerpo bajo control, Eries se había convertido en una de las consejeras más confiables de su padre.
Lo que carecía en experiencia lo compensaba con conocimiento, todo eso, aunado a las predicciones acertadas que había hecho sobre los pretendientes que su padre le hubiera buscado en el pasado, habían sido los cimientos para permitirle abdicar a la línea de sucesión y evitar un matrimonio forzado.
Si algún día llegaba a desposar a alguien, sería bajo sus propios términos, claro que, para ese momento, dudaba que hubiera alguien sobre la faz de Gaea capaz de pararse a su lado sin sentir miedo o algún tipo de aprehensión, su reputación como una mujer fría e inescrupulosa era ahora de conocimiento público, resultado de todas las decisiones que había tomado pensando en un bien mayor.
Al principio había dolido darse cuenta de ello, para estas alturas, lo había aceptado como un efecto secundario que tendría que haber esperado, luego de cada uno de los cuidadosos movimientos que había dado.
-¿Dónde está mi padre, el Rey Aston? – Soltó ella luego de haber vuelto sobre sus pasos, notando la repentina palidez en el más joven de los dos guardias.
-Su Alteza se encuentra en la sala del trono, princesa -Contestó apresuradamente el más veterano- un emisario de la nación de Zaibach llegó hace casi media hora, pidiendo una audiencia con el rey, no sabemos nada más.
¿Un emisario de Zaibach?
Eries hizo una ligera reverencia moviendo solo su cabeza, agradeciendo la información antes de retomar su camino a la biblioteca, si su padre no había solicitado su presencia, entonces estaba seguro de que no necesitaría su consejo en esta ocasión.
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Entrar en la biblioteca la hizo sentirse repentinamente más ligera, los tratos con la extraña nación eran, después de todo, de un interés más mercantil que político, su padre estaba más capacitado que ella en eso, seguramente el enviado había llegado para regular los precios de los nuevos guymelefs que su padre había encargado, o tal vez intentaban llegar a un nuevo acuerdo, luego de ofrecerle al rey algún otro dispositivo extraño y moderno, más… ¿tecnológico?, no estaba realmente interesada, cualquier acuerdo que hicieran, estaba bastante segura de que su padre se encargaría de enviarle la transcripción del acuerdo, en caso de que ella pudiera extraerle alguna ventaja política.
El tiempo parecía ir despacio en medio de la calma y ella seguía revisando toda la documentación que su padre le había encargado, escuchó claramente los pasos de alguien entrando a la biblioteca, decidió estirarse un momento antes de retomar sus obligaciones.
Al voltear su rostro, la princesa había perdido el aliento por un momento.
Su corazón había comenzado a palpitar con rapidez, sus piernas le temblaban, sus ojos se habían abierto desmesuradamente ante la visión de una cabeza coronada con cabellos inusualmente grises, de un tono algo azul.
Eries volteó su mirada de nuevo a los documentos, apretando sus manos en un par de puños para tranquilizarse, recobrando el aliento antes de voltear de nuevo…
No había nadie.
La mujer de 21 años se levantó de su lugar entonces, caminando hacia la entrada con aprehensión y un súbito mal humor, los fantasmas eran cosas de mitos y leyendas para asustar a niñas pequeñas e impresionables, alguien le había jugado una broma realmente terrible pero, ¿por qué? Estaba segura de que nadie recordaba sobre su encaprichamiento con el difunto príncipe faneliano, estaba completamente segura de que nadie tenía idea de hasta que punto había sido tocada por aquel joven que ya no caminaba entre los vivos.
Para cuando alcanzó la puerta y se asomó a ambos lados, ya no había nadie… tal vez, solo tal vez, algunas personas en Zaibach portaran el mismo color de cabello que él… si, eso debía ser todo.
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Notas de la autora:
¡Y alcanzamos a la serie! ¿qué pasará ahora? ¿cómo será el reencuentro? si, tal vez esté haciendo una quiméra con esta pareja, pero no puedo evitar pensar que realmente podría funcionar, culpo a todos aquellos autores de esta página que se han encaprichado con Eries y Folken como pareja, porque me han convencido y en serio, estoy haciendo lo posible por figurar como podría haber sucedido todo, en fin, disfruté mucho escribiendo esto, espero que ustedes también hayan disfrutado leyendo.
Muchísimas gracias por pasar y darle una oportunidad a este fanfic, saludos a todos y que tengan un excelente inicio de semana.
SARABA
