IV
Sardinilla había llevado a Geralt y a Cirilla sobre su lomo, mientras Jaskier caminaba al lado de ambos, pues el brujo se recuperaba de una mordida de ghoul y la niña, pues niña era. Incontables veces Ciri había mencionado que "Geralt era su destino y que la había encontrado, como sabía que lo haría"; el brujo le contó la historia de Pavetta y el Derecho de la Sorpresa a Jaskier y cómo la niña había resultado ser una Niña de la Sorpresa.
Por la noche, habían decidido detenerse luego de avanzar sin descanso, un día más, pero como se encontraban sobre una llanura, sin muchos árboles que los ocultaran, habían decidido no encender fogatas.
Ciri era una niña con gran carácter, claramente había sido princesa, pero al mismo tiempo miraba a Geralt con adoración, como si cualquier miedo se alejara de ella cuando el brujo estaba a su lado. Con Jaskier era distinto, había tenido miedo al principio, hasta que el brujo le explicó más de una vez que el trovador era de confianza. Pero tanto Geralt como Jaskier sabían por qué la niña adoptaba aquella actitud… ella había huido durante demasiados días de las garras de los nilfgaardianos… y probablemente lo que le habían hecho era… mejor no imaginar.
- ¿Sabes alguna canción bonita, Jaskier? – preguntó Ciri mientras comía uno de los panecillos (uno de los muchos) que Doradita había dejado en el bolso del cuarteto que había partido de aquel hogar.
- Sé muchas canciones bonitas, Ciri. – le dijo.
- Pero no entonará ninguna esta noche. – sentenció Geralt. – No es seguro. Estamos huyendo de la guerra y no estamos a cubierto. – el brujo lo miró. – Y la última vez… - Jaskier sonrió.
- ¿Qué? ¿La última vez, qué?
- Un culito sucio se enamoró de nosotros. – dijo el trovador riendo, mientras llevaba un bocado a la boca. Geralt miró a Sardinilla, que movió la cabeza, relinchó y no dijo más. El brujo sonrió también. Ciri los miró y sonrió.
- Es que los dos son muy bellos. Seguro enamoran a cualquiera. – dijo la niña. Geralt levantó una ceja y miró a Jaskier.
- Jaskier es tu tío… - Jaskier lo miró con sorpresa, ¿tío? Vaya, no había querido tener hijos y he aquí su amigo, ¡estéril por todos los demonios!, que le daba una sobrina.
- Claro que no hace falta que me aclares que ella no es… o no será… una mujer para mis ojos, Geralt.
- Más te vale que no tenga que aclarártelo, Jaskier. – sentenció Geralt con un gruñido y ahora el brujo llevó un bocado a la boca, guardando silencio. Ciri los miró a ambos, Jaskier con una sonrisa y el brujo serio como el demonio.
Ella sabía de qué hablaban, no era una niña tonta, y tenía trece años, a los catorce, ¡quince como mucho!, le habrían buscado esposo en Cintra… Era cierto que aún no había sangrado por primera vez, pero de todas formas… eventualmente lo haría.
- ¿Y qué harás con ella, Geralt? – preguntó el trovador. – Será… ya sabes… ¿una brujita? – bromeó. Bromeó porque Jaskier no tenía ni idea de quién era Cirilla de Cintra, qué representaba para el futuro y todo lo que implicaba su presencia.
Ciri sonrió ante la idea ¡Sí! ¡Ella quería ser brujita como Geralt de Rivia!
- Hay cosas… que será mejor que no te diga, Jaskier. – le dijo, el trovador se cruzó de brazos, ofendido por la falta de confianza. Geralt lo miró y sonrió solo un poco. – Tantas veces en el pasado me han hablado de destino, de un vórtice a mi alrededor… Dime, Jaskier ¿crees en el destino? – el trovador lo pensó durante un tiempo.
- Creo.
- Pero, ¿entiendes que "el destino" no es suficiente? Se necesita algo más.
- ¿Cómo qué? – preguntó Jaskier, pero la respuesta que obtuvo fue uno de los tantos gruñidos del brujo. - ¿Crees que estamos destinados en criar a Ciri? – Geralt lo miró.
- Yo sí. Tú… solo si lo deseas. – respondió. – Pero como nunca logro deshacerme de ti… - bromeó.
- Oh, vamos. No hieras mis sentimientos. – también bromeó Jaskier, acostumbrado a los modos del brujo.
- No me molestaría que los dos siempre estuvieran conmigo. – respondió ella. – Contigo no tengo miedo, Geralt. – dijo. – Y a ti… bueno, también me siento a gusto. – le dijo al trovador, quien bajó la cabeza en reverencia a su princesita, sonriendo con picardía y le acarició fraternalmente el hombro, para luego acercarla a su torso.
- El miedo no debes perderlo, Ciri. – le dijo el brujo. – Te mantendrá alerta, con vida.
- Recuerda esta primera lección. – dijo Jaskier mirándola sin borrar su sonrisa. – Si un día tienes una soga al cuello y tienes que pedir algo. Pide un vaso de agua. Nunca sabes qué podría suceder mientras esperas que te lo alcancen. – le guiñó un ojo, ella sonrió.
- ¿De verdad no dejarás que entone alguna balada? – preguntó la jovencita mientras se acurrucaba entre los dos para dormir.
- Podría tatarear algo. En tono bajo. – propuso el trovador. – Solo para que duerma. Y si en algún momento te parece suficiente o demasiado, cierro el pico. Lo prometo. – le dijo a Geralt que ya había puesto mala cara. Vamos, Geralt. Ha pasado por tanto…
- De acuerdo. – aceptó el brujo. – Pero por lo bajo, Jaskier.
Geralt estaba haciendo la guardia cuando otra vez los gritos desesperado de Ciri lo despertaron aquella noche. Otra noche más (como tantas otras que ya habían atravesado) que la niña no podía dormir de un solo tirón. Pero esta vez había sido distinto. La voz de la niña había sido fría, metálica, antinatural y maligna. Jaskier notó que el collar del brujo vibraba sobre su pecho: magia.
- ¿Para qué la cuidan? – habló Ciri, la Ciri innatural. – Déjenla, déjenla, que a quien pertenece le lleve. Que la Niña de la Antigua Sangre se la lleve la muerte ¿Para qué la quieren viva? – Jaskier abrió grande sus ojos celestes y vio el rostro perdido de la niña. La sostuvo en brazos y la sacudió con delicadeza. Ciri tosió, tosió desesperadamente, tocó sus brazos, sostenidos por el trovador, luego su rostro, como intentando ver si se trataba de ella misma, y finalmente sus largos cabellos, que los llevó hacia atrás.
- ¿Qué sucedió? – se lamentó Jaskier. El silencio abismal de Geralt no supo darle respuesta.
- Nn… nada… - dijo Ciri, otra vez la niña que ellos conocían. – Nada. Nada. Estoy cansada. Solo eso. – Jaskier miró a Geralt desesperado, mientras la abrazó sobre su pecho a la niña para que no se turbara tanto como él lo estaba. El brujo los miró en silencio y llevó su mirada hacia el horizonte. Decidido. Y Jaskier lo supo: había llegado el momento de separarse de ambos…
Una noche más pasó (luego de tantas otras) en la que Cirilla se despertó bañada en sudor, gritando en medio de la noche, entumecida, temblando. Cada vez que aquello sucedía, Geralt y Jaskier intentaban calmar sus lamentos, sus recuerdos, su pasado… Había veces que sollozaba al abrir los ojos, otras que les sonreía en agradecimiento por permanecer a su lado. Pero Jaskier sabía que pronto todo esto terminaría: Geralt ya le había dicho (y no solo una vez) que llegaría el momento en el que tendría que partir con la niña y luego de un tiempo se volverían a ver. No quería decirle dónde iría, pero la idea de hacerla bruja, cada vez más se plantaba en la cabeza del trovador.
Se decía que los brujos eran insensibles, incapaces de sentir emociones. Jaskier estaba seguro de que Geralt era una excepción. Si había alguien con sentimientos y que intentaba ocultarlos porque le habían hecho creer que no los tenía, ese era él. Pero Cirilla, la niña era otro tema. Otra persona, para ser concreto.
La cabeza se le volaba pensando que la próxima vez que la vería sería un ser frío, calculador e incapaz de sentir algo, siquiera. Ella era puro corazón. Testaruda, sí, pero puro sentimiento. Y él había llegado a quererla realmente, a preocuparse por ella… Pensar que quizás la próxima vez él simplemente fuera… alguien que había conocido pero a quien no apreciaba en realidad… no sabía, era una idea que le disgustaba.
Geralt era otro tema, el brujo lo quería, a pesar de las bromas entre ambos. Y él lo quería al brujo. Pero no le alegraba la idea de tener una bruja sin emociones, asesina despiada. Aunque luego pensaba, que quizás, después de todo lo que había vivido… merecía sacarse las emociones, silenciarlas, y revivir aquellos abusos, simplemente como un recuerdo que no le provocara daño por las noches. No le provocara el daño que la despertaba llorando, temblando, sudando y limpiando su piel, como intentando sacar de encima brazos que la habían tocado sin su consentimiento.
Quizás lo mejor era una brujita insensible, después de todo.
Jaskier estaba muy molesto, Geralt no le había dicho dónde irían. Pero este día era la despedida. – Nos volveremos a ver, ya lo verás. – dijo el brujo mientras acomodaba sus pertenencias sobre la yegua.
- Sí, claro. No tengo dudas de ello, Geralt. Pero quiero ir con ustedes, ¿por qué no puedo?
- Porque es mejor que ciertas cosas no conozcas, Jaskier. Tú eres un ser de este mundo. Pero del mundo que tiene su belleza. Sabes reconocerla, sabes describirla en palabras y compartirlas con el resto, la entiendes… - No quería que conociera las "otras" realidades, las atrocidades de este mundo…
- No me trates como a un crío, Geralt. – se quejó el trovador. – No soy una doncella que necesita que la rescaten de la torre alta del castillo. He vivido la maldad de este mundo también ¡Joder! Más que muchos otros. Llevo años acompañándote, y no solo hemos estado de putas y emborrachándonos.
- Lo sé. Pero esto no es discutible. – dijo Geralt.
- ¿Y qué si soy capaz de soportar la inmundicia que a otros colma de asco, al igual que tú? ¿Y qué si puedo con ello? – insistió, el brujo sonrió.
- No tengo dudas de que podrías lograr lo que quisieras. El hecho es, Jaskier, que soy yo quien no desea obligarte a un cambio.
- Pero eso no lo decides tú. Lo decido yo. – respondió tercamente.
- No, Jaskier. Donde vamos con Ciri, es un lugar al que yo decido si tú te vienes o no. Y he decidido que no. – el trovador se cruzó de brazos molesto.
- Eres una mierda de amigo. – dijo, como tantas otras veces. – Yo jamás te dejaría de lado. – Geralt suspiró.
- A veces se debe hacer lo que al otro conviene, no lo que el otro desea. – le respondió. – Y eso haremos. – Jaskier le dio la espalda dolido. – Ve, vive tu vida. Alegra más personas. Nos volveremos a ver, pero ahora… nuestros caminos se separan. Y nos despidamos en malos términos o en buenos. Será así, buen amigo. – sentenció. Jaskier estaba indignado, pero aquella palabra "buen amigo", lo ablandó. A pesar de que él le había dicho "mierda de amigo", el brujo le recordó que él, por el contrario, era su amigo… y de los buenos. Sus ojos se cristalizaron por lágrimas que deseó, no cayeran. Pestañeó, varias veces, suspiró y aceptó la decisión de Geralt de Rivia. Prefería que la despedida fuera en buenos términos.
- Tú no eres un amigo de mierda... – susurró el trovador. Geralt sonrió. – También me intereso por Ciri, ¿sabes? No eres el único que le desea tranquilidad a la niña.
- Lo sé. – Geralt apoyó una mano en el hombro. – Pero tendrás que aceptar que, por ahora, no está en tu destino acompañarnos. – Jaskier supo que no podría convencer al brujo. La decisión estaba tomada, aunque él la odiara.
Jaskier se dio la vuelta y abrazó al brujo. – Vaya que has hecho quererte, maldito insensible. – bromeó y se limpió lágrimas que finalmente cayeron. Geralt levantó una ceja y una media sonrisa le devolvió. – No te burles, idiota. Ya sabes. Yo soy el que sabe apreciar la belleza de este mundo de mierda y todas las chorradas que acabas de decirme. Tengo derecho a llorar.
- Lo tienes, Jaskier. – Geralt se separó del abrazo y le dio fuertes golpes amistosos sobre el hombro. – Traeré a Ciri. Despídete también de ella.
- ¿Serán años los que no nos veremos?
- Probablemente. – el rostro de Jaskier mostró más pena.
- Entonaré nuevas baladas para ti. Cuando vuelvas, serás famoso. – el brujo sonrió.
- Cuidado, trovador. No exageres con los cuentos. – rio. – Y recuerda que no deseo fama. – Jaskier sonrió.
- Lo sé. Trae a la niña y a Sardinilla. Terminemos de una vez. Se me va el alma en esta despedida.
