Nota: Cirilla es un nombre élfico que procede de Zireael y significa "Golondrina", por ello el nombre de estos capítulos.
Golondrina
I
Geralt de Rivia y Triss Merigold viajaban junto a Cirilla entre los carromatos de Vilfred Wenck, al servicio del rey Henselt de Ard Carraigh, que llevaba un envío "especial" al renio de Aedirn, o eso ella había entendido. Lo cierto había sido que Geralt se había encontrado con un viejo amigo, un enano Yarpen Zigrin, quien intervino para que pudieran unirse con ellos en el camino dado que, Triss, se encontraba muy enferma y no tenía fuerzas para seguir a caballo, pero él tenía un destino para ella: el templo de Melitele en Ellander.
Cirilla no había mantenido contacto con el mundo por más de dos años. Solo había entrenado en Kaer Morhen y había aprendido las maneras brujeriles de moverse. Su cuerpo había cambiado, sus músculos contorneaban sus formas y había sangrado por primera y, de eso, ya hacía un año. Agradecía su suerte, por la que Triss había ido a Kaer Morhen y les había explicado a sus hermanos brujos varones lo que significaba para una mujer aquel evento y ellos, aceptaron las diferencias de género sin ningún problema, modificando también el entrenamiento.
Habían viajado durante muchos días los tres juntos. Ella al lado de Geralt y Triss, pero en el último tiempo había notado cómo la hechicera anhelaba los brazos del brujo, cómo se apretaba a él en cada ocasión que tenía y eso a Ciri le molestaba. No porque no la quisiera, no. Sino porque del contacto romántico entre hombres y mujeres ella conocía tan poco a pesar de sus dieciséis años… excepto… aquellas pesadillas que de tanto en tanto volvían a su cabeza y le hablaban de atrocidades que su cuerpo infantil había sufrido antes de que Geralt le protegiera. Antes de que le enseñaran a protegerse… Y de pronto, en este mundo desconocido por Cirilla de Cintra, encontró amigos del pasado del brujo y un nombre que de tanto en tanto se mencionaba pero que a Geralt le incomodaba: Yennefer. Y se preguntó quién sería ella.
Ciri estaba sentada al lado de Yarpen, quien le contaba sobre las Ardillas, los elfos que atacaban a los humanos y los mataban. Siempre las conversaciones con el querido enano le parecían interesantes, pero en ese momento se perdió en recuerdos.
Ciri no había olvidado aunque quería olvidar a toda costa. Lo que había sucedido en Cintra. Sus vagabundeos, su desesperación, miedo, hambre y dolor. El marasmo y el embotamiento que llegaron más tarde, mucho más tarde, cuando la encontraron y la ampararon los druidas de los Tras Ríos. El dolor entre sus piernas, la desesperanza por lo vivido… por lo perdido. Lo recordaba como entre nieblas, aunque quería dejar de recordarlo.
Pero volvía, volvía en pensamientos, en sueños… como había vuelto en aquellos momentos. Cintra. El trápala de los caballos y los gritos salvajes, los cadáveres, los incendios… Y el caballero negro con el yelmo emplumado. Y luego… la palloza de los Tras Ríos… La chimenea llena de hollín entre los rescoldos… Al lado, junto a un pozo intacto, un gato negro se lamía una terrible quemadura en un costado. Doradita diciéndole que "estaba a salvo", como si alguna vez lo habría estado sin Geralt. Y el día que había decidido escapar, para que Doradita no tuviera la suerte que la perseguía: la muerte oscura que la buscaba… el caballero negro con el yelmo emplumado.
Y de pronto, el color celeste de aquellos ojos que había olvidado volvió a sus recuerdos y se sobresaltó, se sobresaltó por la paz que le provocaron. Jaskier… Lo había olvidado junto con el resto de sus recuerdos. Había olvidado sus risas, sus chistes, su melodiosa voz… Jaskier… Lo había olvidado y ni siquiera recordaba por qué prefirió esconderlo junto al miedo que sentía por el caballero negro con el yelmo emplumado…
La hermosa risa de Ralla, la condesa de Stael, inundó la habitación, luego de haber terminado una sesión salvaje de sexo con el poeta. Jaskier y ella yacían bocas arriba, viendo el decorado del majestuoso techo de la habitación, mientras su marido se encontraba ausente.
Jaskier pensó en cuánto había extrañado a aquella mujer y se reprochó por haberla abandonado (olvidando, que todas las veces, ella había sido quien lo había eliminado de su vida con poco interés). – Oh, había olvidado cómo haces que mi corazón palpite al ritmo del amor cuando te tengo cerca. – expresó, ella respondió resoplando.
- Querido Julián, soy una mujer adulta de ya, 45 años… tú me recuerdas mi juventud perdida. Nada más. No menciones el amor y no guardes ilusiones de un próximo encuentro. – Jaskier se giró en la cama y la miró.
- ¿Pero cómo pueden ser éstas tu palabras, amada mía? Tenemos un romance desde que tengo 19 años y ahora solo tengo 33. – ella revoleó su mirada, molesta. Se sentó sobre la cama, tapando su cuerpo desnudo con las sábanas.
- Y sin embargo, a pesar de tus 30 años, sigues comportándote como el caprichoso niñato que se enamoró de mí a los 19 ¿Cuándo entenderás que entre tú y yo jamás habrá una historia, querido Julián? Soy una mujer comprometida, tengo mi familia. Tú solo sirves de distracción cuando… – su corazón se destrozó una vez más, como tantas veces por aquella mujer.
- … cuando el impotente de tu marido no se encuentra en casa, ¿no? – le dijo, ahora sentándose él sobre la cama, pero sin cubrir su cuerpo. Ella sonrió, se acercó ronroneando a su boca y comenzó a besarlo, mientras su mano se apoyaba sobre su miembro recientemente caído por el orgasmo de minutos atrás. Comenzó a estimularlo y Jaskier no pudo decir que no, aunque tenía la sospecha de que, una vez más, terminaría emborrachándose y acostándose con mujer se le cruzara por el dolor del rechazo de Ralla cuando ella hubiera decidido echarlo, una puta vez más, como tantas otras veces en el pasado. Debo dejar de estar de oferta cuando ella ya no está.
Ahora él era un trovador de renombre, a quien llamaban maese Jaskier. Había cantado sus baladas y romances en los mejores sitios, en salas reales y había vivido y gozado de las fiesta, el alcohol y las mujeres hasta el hartazgo. Ya no era aquel jovencito Julián que se había enamorado perdidamente de las maneras maduras en el sexo de aquella bella mujer. Incluso ahora tenía un aprendiz a su lado que hacía todo lo que él detestaba… y quien tenía prohibido abrir la boca de más.
Pero allí estaba una vez más, rogándole algo más que sexo casual a una mujer que de todas las maneras posibles le había que dicho que "no" cada vez que tuvo oportunidad. Su musa inspiradora de romances… de mierda que terminaban en tragedia, dolor, sexo desenfrenado y alcohol hasta no poder ni subirse los pantalones.
Caminó tambaleante por el abundante volumen de alcohol que había ingerido, por una callecita que llevaba a la casita donde se encontraba con lady Amelle a escondidas de su marido desde hacía ya, más de un mes. Cuando estuvo frente a la puerta se encontró con un caballero al servicio del marido de su amante. – Oh, ¡jítateee de mmmi jamino! – le dijo, pero las palabras salieron raras, mal moduladas. Mierda, debería haber dejado de tomar horas atrás, pero la rubia con la que había mantenido sexo lo había engatusado y había caído por sus encantos en la insensatez.
El caballero sacó su espada, insultado por la bravuconería del trovador borracho. – Por órdenes de lord Emannuel, quedas arrestado por evasión de impuestos… - bla, bla, era todo lo que oía Jaskier pero sabía que tenía que salir corriendo de allí. No se trataba de evasión de impuestos, no. Se trataba de lady Amelle y su amorío.
Jaskier rio, se tambaleó hacia atrás, intentó empujar al guardia, midió mal la dirección, perdió el equilibrio y cayó al suelo, desplomándose sobre la puerta y abriéndola de golpe. Las carcajadas del caballero no se hicieron esperar, como tampoco el grito de Amelle, quien lo esperaba desnuda sobre la cama y se vio burlada frente a éste, quien descubrió su cuerpo desnudo. – Oh, mi señora. – dijo y miró hacia otro lado, indignado por la ligereza de la mujer. Porque claro, la culpa siempre la tenía la mujer… era así en todos lados.
- Tuj señññora Ammmelle, te pppagará no sssé jé impppuesstoo… - intentó hablar Jaskier desde el suelo y comenzó a reír a carcajadas, poniéndose boca arriba y recordando cuando la rubia de un momento atrás había estado practicándole sexo oral. – Rrrubita, pppágalee al fuen jommmbreee…
- ¿Rubita? – escuchó y Jaskier recordó que Rubita era la otra, mierda. - ¿¡Quién demonios es "Rubita!? – la voz de la mujer noble se oyó con indignación y al poco tiempo rompió en llanto. Una más que lloraba porque él no podía ser fiel, según se decía, pero ¿por qué ser fiel? No había conocido mujer alguna que despertara en él la necesidad de estar solo con ella (y se había jurado no volver a pensar en la condesa en su vida).
Es que había tantas, tantas bellas musas inspiradoras que no podía ser solo para una... No podía ser para Ralla, solo Ralla (¡Mierda! Había dicho que no pensaría en esa insensible nunca mas), así que... Cómo venía diciendo... ¡No existía esa mujer en este mundo! Y había Jaskier de sobra para todas.
- Nnaadiee… nno impporrtaaaa… sssoloo ttu… - Oh, qué mierda ¡Qué me importa! Pero qué bien la he pasado esta noche. Jaskier comenzó a reír una vez más sobre el suelo, sin comprender la situación que se desarrollaba realmente.
- ¡Eres un desalmado hijo de puta! ¡Al final lo que se dice sobre ti es cierto! ¡Cerdo adúltero! ¡Traidor! ¡Traidor! – la mujer buscó sus ropas y comenzó a ponérsela rápidamente, porque los vecinos habían escuchado el alboroto y ya se estaban agrupando fuera de la casa. Todos sabían del romance, y todos habían estado esperando el día que buscaran al sinvergüenza trovador.
- ¿Adddúlftero, yyoo? Jaaaa… - Jaskier se intentó parar, pero no podía estar por la borrachera, como en los últimos tiempos solía agarrárselas. Sintió que alguien se le puso encima, le golpeó el rostro, sin dudas era Amelle enojadísima, él tomó sus delicadas y bellas manos, quiso decirle que la amaba y todo eso que ella necesitaba escuchar, pero ¡diablos! ¿Qué le importaba? Siguió riendo instado por el exceso de alcohol y sin comprender el dolor de su amada Amelle por lo acontecido aquella noche.
Por supuesto que terminó tras las rejas, pagando lo que debía al siguiente día y huyendo despavorido de aquel sitio porque lord Emannuel deseaba castrarlo.
Nota: En la serie Ciri tiene aprox 13 años, Jaskier 20 y tantos. En los libros ella tiene aprox 13 cuando sucede todo lo que relato, pero como nos basamos en la serie, tendrá cerca de 16/17 años.
Jaskier en los libros tiene cerca de 40, pero se hace conocer al lector que parece de 30 y tantos. Por ello, aquí tendrá 33 y parecerá de 20 y tantos.
