Disclaimer: NADA EN ESTA HISTORIA ME PERTENECE. La trama es de Jaid Black, yo solo la estoy adaptando con algunos personajes de la saga de STEPHENIE MEYER.


La nueva ropa de la emperatriz

Capítulo 15

A los tres días, mientras Edward estaba ocupado afuera entrenando a sus hombres, Bella deambulaba deprimida en el palacio, perdida en sus pensamientos, preguntándose que estaría haciendo Rosalie en ese mismo momento, preguntaba si su hermanita Nessie seguía viva. El no tener a Edward paseándose alrededor de ella las cuarenta y cinco horas de un día Trystonni le daba a Bella demasiado tiempo para pensar en todo lo que había perdido.

Unos minutos después, Bella se encontró con Emmett en el gran pasillo. Lo primero de lo que se dio cuenta acerca de su cuñado gigante de cabello oscuro fue lo mal que se veía hoy, en absoluto su personalidad típicamente alegre. Pensando en que el amargado busca al amargado, ella se desplazó a su lado y lo saludó. "Buenos días, Emmett".

Emmett quitó su mirada del matpow en su copa de vino y en un abrir y cerrar de ojos, recorrió de arriba abajo el cuerpo de Bella. Ella se sonrojó, a sabiendas de que la qi' ka plateada que ella hoy portaba era tan transparente como film transparente para cubrir alimentos. "Buenos días, hermana. Hoy te vez excepcionalmente encantadora".

"Gracias". Bella dejo escapar un suspiro revelador. "Desearía sentirme excepcionalmente encantadora hoy".

"¿Ánimo deprimido?"

"Sí".

Emmett resopló, hizo un gesto para que se sentara a su lado. "Entonces has venido al lugar correcto". Emmett convocó a una copa de vino vacía de la mesa alzada a su lado, entonces lo llenó de matpow y la puso ante Bella. "Ahora, cuéntame lo que te molesta y yo te diré lo que me molesta".

Bella sonrió. "¿Es como, 'muéstrame el tuyo y yo te muestro el mío?"

Emmett contoneó sus cejas. "Ya he visto tus encantos en exposición, hermosa Bella, pero estaría agradecido, por supuesto, si deseas mostrarme otra vez".

"¡Ay, deja eso!" Ella se rio, golpeando a Emmett en el brazo. Él fingió sentirlo. Bella levantó su copa de vino y se la ofreció brindando. "Por ti, por hacerme sonreír".

Emmett inclinó su cabeza, luego analizó sus ojos. "¿Qué te molesta, hermana?"

Bella se encogió de hombros, bebiendo a sorbos de la copa de vino llena con matpow azul turquesa fosforescente. "Extraño mi hogar". Ella ladeó su cabeza, mientras fruncía el ceño. "No, no esa no es la verdad exactamente. Yo extraño a ciertas personas de mi hogar, pero sobre todo a mi hermana y mejor amiga".

"¿Quiere que vaya a buscarla por ti?"

Los ojos de Bella se iluminaron. "Tú podrías..."

"Por supuesto, nunca podrían volver cuando fueran traídas aquí".

Sus ojos se opacaron, sus hombros cayeron. "Yo no le quitaría su elección como Edward me la quitó a mí".

Emmett rascó su mentón pensativo. "¿Le guardas rencor a Edward por reclamarte?"

Ella pensó en la pregunta. "Raro, pero no, no desde que nos unimos". Ella tragó otra vez de la bebida, entonces puso la copa de vino en la mesa a su lado. "Es raro, pero desde el primer momento en que fijé en él mis ojos, aunque estaba aterrorizada, una parte de mí siempre supo que yo era parte de él, que él me necesitaba y yo lo necesitaba a él". Ella pasó una mano por su cabello. "Extraño, ¿hm?"

Emmett sonrió, sacudiendo la cabeza. "Las nociones primitivas de apareamiento de la primera dimensión no deben ser de mucho avance mental. Lo que acabas de describir es lo mismo que cualquier nee'ka te dirá que sintió al ver por primera vez a su Compañero Sagrado".

"Como…"

"Dos mitades de un todo".

Bella asintió con la cabeza con lentitud. "Sí, dos mitades de un todo. Me siento así". Se puso en pie sacudiendo su cabeza. Ella no estaba lista para tratar con las implicaciones de eso todavía. "¿Caminarías por los jardines conmigo mientras hablamos?"

"Por supuesto". Mientras se levantaba, Emmett la tomó por el brazo y condujo a Bella por el gran pasillo. "No deberías estar de mal humor por abandonar ese triste planeta, hermana. El nivel de vida aquí es muy superior ".

"Te lo dije, es la gente a quien extraño. ¿Te acuerdas de la mujer con quien yo estaba cuando Edward me llevó?"

"Sí". Emmett se excitó de inmediato ante el vívido recuerdo. Sus largos mechones trenzados, su piel rara de ónice, su...

"Ella ha sido…" El labio inferior de Bella comenzó a temblar. "Ella ha sido mi mejor amiga desde que yo era,"-ella parpadeó para no llorar- "una niña". Respirando profundo, ella miró hacia arriba y le sonrió convincente a Emmett. "Disculpa", dijo en un murmullo.

"No te disculpes", dijo en voz baja. Apretando su mano, Emmett le preguntó, "¿Cómo se llama la joven?"

"Rosalie".

"Rosalie", repitió, permitiendo que el sonido pasara por su lengua. "¿Y qué hay de la bonita Rosalie? ¿Crees que le gustaría la vida en Tryston?"

Bella se encogió de hombros. "Estoy segura que aprendería a amarlo después de que se acostumbrara, pero no se trata de eso".

"¿Oh?" Emmett arqueó una ceja oscura mientras le prestaba atención. "¿Entonces de qué se trata?"

"Yo querría que ella tomara la decisión".

Emmett convocó a que se abrieran las puertas pesadas que conducían a un atrio lleno de matas frondosas y extranjeras. "¿Qué si te dijera que es posible que Rosalie sea mi Compañera Sagrada?"

"¿Q-Qué?" Bella tropezó, agradecida cuando Emmett la estabilizo. Ella giró para enfrentarse a él, agarrando sus bíceps abultados. "¿Es ella?", chilló.

"No lo sé", confesó Emmett, "Pero es verdad que albergo todos los sentimientos que se dice que los guerreros poseen cuando conocen a sus Compañeras Sagradas, pero son separados por guerras u otros acontecimientos".

Bella sacudió la cabeza con el ceño fruncido. "No entiendo".

"¡Estoy deprimido!"

"Oh". Bella se mordió el labio, sonriendo. "¿Pero no lo hubieras sabido cuando la viste, si ella fuera la indicada?"

"En circunstancias normales, sí", explicó Emmett, "Sin embargo estábamos en una dimensión que no conocíamos, encarando posibles enemigos de los cuales no podíamos estar seguros". Él se encogió de hombros, aunque el gesto era cualquier cosa menos casual. "Yo estaba demasiado ocupado buscando amenazas para prestarle toda la atención a la linda joven de ónice, como ahora desearía haberlo hecho".

A Bella no le interesaba eso. Ella enterró sus uñas en sus brazos. "¿Pero es realmente posible que Rosalie sea tu compañera? ¿Que ella pertenezca aquí en Tryston?"

"Envaina tus garras, hermana". Emmett sonrió, un hoyuelo atractivo le salió. "Pero sí, mientras más pienso en eso, más me convenzo de ello".

Bella saltó a arriba y abajo, sus senos se sacudían con su emoción. "Eso haría a Rosalie una reina, ¿no?"

"Sí". Emmett analizó los ojos de Bella como si buscara respuestas "Y hablando de títulos, yo soy un rey y por ende tengo una colonia a la que debo volver cuanto antes. Así que, si me voy, debo ir pronto, hermana. ¿Qué piensas de eso?"

Bella dejó escapar el aliento, reflexionando. "¿La obligarías a venir aquí si resultara que no es tu Compañera Sagrada después de todo?"

"No. Yo le daría a la joven la opción si ella no me perteneciera, pero si es mía…" Emmett movió una mano por el aire, señalado que el libre albedrío de Rosalie no existiría.

"Entiendo". Bella soltó el agarre que tenía en su brazo y dio un vistazo por el atrio, analizando en forma distraída el montón de plantas. Ella consideró lo mucho que Edward había llegado a formar parte de ella desde la unión, cuán sola sabía que estaría sin él, cuán melancólica se ponía aún con unas horas de separación de él. Eso era lo que significaban los Compañeros Sagrados el uno para el otro, le había dicho.

La mente de Bella estaba decidida. "Entonces ve por Rosalie. Mira a ver si es tuya". Ella giró y apuntó con un dedo amenazador a Emmett. "¡Pero si no es, le das la opción!"

La tropa de actores viajeros que se especializan en las artes eróticas hizo una actuación en el palacio a esa salida de la luna. El teatro en que actuarían las jóvenes pechugonas estaba repleto, lleno de guerreros lujuriosos casi dos horas antes de que estuviera programada a comenzar la función.

Arriba, en los balcones, los palcos privados estaban llenos con los hombres de mayor rango de Tryston, los reyes menores y los altos señores. A diferencia de abajo donde sólo había asientos para descansar, cada palco privado contenía una cama gigantesca, desde donde los guerreros podían ver las actuaciones a su gusto, tomando sus propios placeres cuando les daba la gana.

Mientras Bella caminaba a su palco con Edward, ella de inmediato se dio cuenta que los palcos privados no eran exactamente privados. La única partición que separaba un palco de otro era una soga fina como alhaja.

Su atención fue atrapada por el guerrero en el palco a lado de la suya. Era evidente que no se había apareado, porque había diez sirvientas en su cama, que besaban y lo acariciaban por todas partes, incluida la infame Myn, quien ahora mamaba su pene.

Aunque sus ojos estaban cerrados, las facciones del guerrero sólo podrían ser descritas como severas. Su cabello era negro azabache, su piel del bronceado profundo de los hombres de Tryston, y su estatura parecía estar a la par con la de su esposo también. Una sola cicatriz dentada estaba marcada en su mejilla derecha, dándole una apariencia aún más bárbara que la de Edward. El hombre le dio escalofríos.

"Ah Myn", el guerrero alabó bruscamente, conteniendo el aliento, "Veo que no has perdido tu destreza mientras estuve ausente. Gret, mama de mi saco de hombre mientras que Myn atiende mi vara". Sin abrir sus ojos, él giró su cabeza y enrolló su lengua alrededor del pezón ofrecido de otra sirvienta.

Cuando el guerrero llego al clímax un minuto después, Bella se desconcertó al darse cuenta de que estaba inmensamente excitada. Edward tenía razón. A ella realmente le gustaba mirar.

"¿Ves algo que te guste?" Edward susurró en forma provocativa en su oído mientras se acercaba detrás de ella.

Bella sonrió lentamente, mientras observaba la escena. Los abundantes senos de una sirvienta cubrían la cabeza del guerrero, pero Myn se puso en pie para empalarse en su vara, ella pudo darse cuenta que él estaba completamente erecto otra vez. "Tienes razón", confesó en voz baja, "Soy una pervertida".

Edward se rio entre dientes en voz baja. "Yo nunca dije eso, tú lo dijiste, mis corazones.

Es normal disfrutar ver si me lo preguntas".

Los senos enormes de Myn se balanceaban arriba y abajo mientras montaba al guerrero, que Bella detestaba confesar, lo hacía con una experiencia envidiable. Sus gemidos aumentaron a medida que su ritmo se hacía más rápido y frenético. Era una mujer que evidentemente sabía dar placer.

Edward se rio entre dientes y convocó a la qi' ka de Bella al suelo. "Sí, pani, Myn es una excelente folladora, pero no lo hace ni de cerca lo bien que lo haces tú". El extendió la mano alrededor de su cuerpo y deslizó los dedos por el parche de vello íntimo. "Estás mojada de la necesidad, pequeña. Vamos a nuestra propia cama".

Bella se dio la vuelta en el abrazo de Edward y alzó sus brazos para que la levantara. El gruñó, complaciéndola de inmediato. Sus lenguas se encontraron para un lento y dulce beso que los sacudió a los dos. Edward apretaba las nalgas de Bella, gimiendo en su boca mientras se saboreaban. Él había extrañado tocar su cuerpo tanto mientras entrenaba hoy.

La música comenzó a tocar, lo que indicaba que la función pronto comenzaría. Edward cayó sobre la cama con Bella en sus brazos, luego rompió el beso. "Acuéstate de frente al escenario para que no te pierdas nada, nee' ka. Yo me acostaré detrás de ti".

"Está bien". Bella se giró a su lado, reclinada en un codo. Contuvo el aliento cuando el largo y grueso pene de Edward entró en ella por atrás. "Mmm. Eso se siente maravilloso", confesó ella con un jadeo. "¿Harías que mis pezones den vuelta entre tus dedos?" preguntó ella en forma provocativa.

"Joven lujuriosa", dijo Edward en broma. Acercó a Bella contra él de tal manera que le permitiera deslizar su brazo izquierdo debajo ella, dándole acceso a su pezón izquierdo. Su otra mano se extendió por encima de Bella, descansando cómodamente mientras él le prestaba atención a su pezón derecho. "¿Mejor?" le dijo en su oído. Él remolineó su lengua alrededor de su oído hasta que ella se estremeció.

"S-Sí". Bella rotó sus caderas, empalándose y luego empalándose lentamente otra vez en el pene de su compañero sagrado. Ahora era Edward quien estaba conteniendo el aliento. "¿Te gusta eso, esposo?"

"Mmm Bella. Sí, pani". Edward cerró sus ojos y disfrutó las sensaciones del coño con que su nee' ka lo premiaba. Cuando ella empujo hacia atrás en respuesta y luego giró sus caderas con un movimiento de presión, él gimió. "Ah Bella. Dame más de ese dulce canal, amor. Tómame entero".

"Edward". El clímax de Bella fue rápido. Ella dejó que los sentimientos se apoderaran de ella, sin intentar reprimir sus gemidos de éxtasis. "Edward", gimió ella.

Los golpes de Edward se hicieron más fuertes, más rápidos. "Dame más, nee' ka. Yo demando más del cuerpo que me pertenece". El giró sus caderas y dio golpes más fuertes. Ella gimió más fuerte. "¿Me lo negarías?"

"N-No". Bella encontró sus golpes con entusiasmo pícaro. A sabiendas de que los de los palcos cercanos podían verlo todo, oír sus gemidos, era un afrodisíaco más. Ella explotó, viniéndose con violencia. "Más duro", gritó, azotando contra él como loca. "Necesito más".

"¿Mereces ser premiada aún más?" Preguntó Edward mientras se metía en ella con golpes más rápidos y duros, pellizcando sus pezones. "¿Has tratado de darme placer en todo lo que has hecho hoy?" El movió sus caderas y se enterró en ella, obteniendo otro gemido.

"Sí- ay dios". Bella se montó sobre él, contrayendo sus músculos vaginales a propósito mientras que glotonamente aceptaba la follada que él le daba. El rugido de su esposo le dio a entender que a él le gustaba lo que ella le hacía. "Haz que las alhajas en mi collar parpadeen", suplicó con frenesí. "por favor".

"¿Eres codiciosa de mi fuerza de vida?" inquirió Edward con dientes apretados, moviendo sus caderas y dando golpes con rapidez.

Cuando Bella se desbarató y tuvo otro clímax otra vez, él no pudo aguantar más. "Tu placer es mío, nee' ka". Con un último golpe, él chorreó su semilla dentro de ella.

El collar matrimonial parpadeó. Bella gritó.

Edward hizo caer su cabeza hacia atrás y rugió.

Ola tras ola de delicioso placer recorría sus cuerpos, uniéndolos más, uniéndolos por siempre en una forma que palabras humanas jamás podrían explicar.

Las luces en el teatro se atenuaron lentamente y los focos brillaron sobre los escenarios. Edward lamió el oído de Bella mientras la intensidad de las olas disminuía suavemente. "Ah nee' ka. Qué placer me das", confesó con un íntimo susurró.

Ante el suspiro de satisfacción de Bella, él se sentó, con cuidado para no sacar su verga del cuerpo de Bella, y puso a Bella entre sus piernas- todavía empalada- su espalda contra su pecho. "Veamos el espectáculo".

"Sí". Bella extendió su mano y recorrió con su mano su mandíbula.

Edward la acarició, luego besó la palma de la mano de Bella antes de soltarla. "Necesito algo suave contra lo que apoyarme. ¿Te molestaría mucho si yo llamara a una sirvienta para que me sirva de almohada?"

"No", admitió sinceramente, "para nada".

Unos minutos después, comenzó el espectáculo y Edward tenía su almohada. La sirvienta le daba un masaje en sus hombros macizos mientras él recostaba su cabeza hacia atrás en los enormes senos sedosos. Bella se recostó otra vez en los brazos de Edward, su pene completamente metido dentro de ella. "¿Es esto demasiado peso para que Leha lleve?" preguntó Bella.

"No, pani. Tengo cuidado de no lastimarla".

Apaciguada, Bella dirigió su atención a los artistas que entraban en el escenario. Ella casi no podía esperar para ver exactamente lo que una actuación de las artes eróticas implicaba.

Jake se perdió de la vista de los demás en sus habitaciones privadas, decidiendo que prefería no mirar a los artistas cuando él sabía que nunca podría probar sus encantos. "Era mejor no excitarse cuando no tenía los medios para eliminar la lujuria de su cuerpo", se recordó. De hecho, después del banquete de consumación, él había sufrido una dolorosa erección durante la mayor parte de dos días.

El paso de Jake vaciló cuando daba la vuelta en el corredor, sorprendido al encontrar a una sirvienta obligada que se deslizaba dentro de su recámara.

"¿Qué haces aquí?" preguntó en forma analizadora, más por curiosidad que por preocupación. En fin, ninguna sirvienta obligada tendría el atrevimiento de robarle a un guerrero, después de todo.

La sirvienta se inclinó, luego se enderezó, exponiendo sus senos amplios con orgullo. "Fui enviada por la Gran Reina para entregar un regalo a sus aposentos. Pero como no estabas aquí, un guardia me dejó entrar". Ella sonrió y señaló con un gesto hacia la puerta de la recámara. "La Gran Reina deseaba que yo transmitiera sus saludos y te dijera que el regalo es tuyo para siempre".

Jake arqueó una ceja, sin tener idea de lo que alguien como Su Majestad pudiera desear regalarle. "Entonces te doy las gracias".

"Disfruta". La sirvienta sonrió coquetamente, luego giró sobre sus talones y se fue tranquila.

Jake la vio cuando se fue, disfrutando de la vista de su muy redondo trasero mientras se mecía al irse bajo la qi' ka transparente. Mientras sacudía su cabeza para aclararse la mente, él caminó por las puertas de su suite y la cerró con seguro detrás de él. Buscó arriba y abajo por su misterioso regalo, pero no vio nada. Encogiéndose de hombros mentalmente, se despojó de su atuendo de guerrero mientras se recordaba preguntarle mañana a la Gran Reina qué había pensado en regalarle.

Desnudo, Jake fue a su recámara y se dejó caer cansado en la cama elevada. Se echó de espaldas, puso sus manos tras su cuello para servirse de almohada, y cerró sus ojos.

Alguien empezó a acariciar su pene.

Los ojos de Jake se abrieron de la sorpresa.

Sentada en sus rodillas a su lado, había una sorprendentemente hermosa Kefa con piel azul brillante y senos tan grandes que yacían completamente contra ella casi hasta su ombligo. Su erección se hizo rígida al instante. La Kefa emitió un pequeño sonido de gemido, complacida por la respuesta de su cuerpo. "¿Quién eres?" preguntó con una voz ronca.

La Kefa le entregó una nota, luego inclinó su cabeza y metió su verga en su boca. Jake contuvo el aliento entre sus dientes y rompió el pergamino que mostraba los garabatos femeninos de la Gran Reina.

Esta es Tanya. Su apodo es la mamadora. Diviértete.

Jake puso la nota con reverencia en la cama mientras miraba hacia abajo a Tanya de forma fija, mientras miraba cómo su gran verga desaparecía en su boca voraz. "Por las arenas", murmuró entre sus dientes apretados, mientras que la Kefa trabajaba sobre él de una forma que él nunca había sabido que fuera posible.

En el transcurso de las siguientes horas, Jake llegó a entender cómo Tanya había adquirido su apodo. Mientras que la mayoría de las Kefas se irían de la recámara después de ayudar a venirse a sus amos, la fuerza vital de un guerrero parecía sólo provocar a un mayor deseo de mamar.

Dos horas después, Jake se dio cuenta que aún no había metido su vara en el canal de Tanya. Dudaba que lo hiciera esa misma noche, pero sonrió para sí mismo, sabiendo que ella era suya y, por lo tanto, podría probar esa parte de su encanto en la próxima salida de la luna, o cada vez que él decidiera hacerlo.

Al cabo de siete horas y diez clímax más tarde, Jake comenzó a preguntarse si era posible morir por las habilidades de Tanya. Nunca le habían dado un placer tan profundo. El permitió que ella lo mamara hasta llevarlo a la cima una última vez, y luego le pidió que le sirviera de almohada mientras él dormía.

Jake se acurrucó contra los senos de Tanya, mamando de un pezón azul regordete mientras caía en el sueño más profundo de su vida. Él sonrió, sus pensamientos volvieron a Bella.

Larga vida a la Gran Reina


Hola! Este es uno de mis capítulos favoritos y a ustedes que tal les pareció?

Gracias a todas las leen y también a las comentan esta historia.

Nos vemos hasta el próximo capítulo.