Naruto y sus personajes no me pertenecen.

"Pensamientos".


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Epílogo

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Se tomó un minuto para contemplar el cielo. Iba a llover en cualquier instante, las nubes gruesas y grises parecían adornar todo el panorama con demasiado cuidado, como si fuera un propósito cubrir cada rincón, por minúsculo que fuera, sin opción al vacío. Pensó en lo mucho que a ella le gustaría tomar fotografías. Y sin darse cuenta, ya no pensó en nada más sino en absolutamente ella, como casi siempre, ocupando su mente con el recuerdo de su rubio cabello, sus ojos azules y su forma de ser.

Sasuke la seguía amando, de la misma forma que el torpe adolescente de dieciséis años que conoció por primera vez el amor. La amaba igual que cuando despareció y reapareció a sus veintidós bajo el brillo de la Torre Eiffel, en París. La amaba tanto como cuando hicieron el amor. Y lejos de evaporarse, era algo que seguía creciendo, y él no entendía por qué, pero tampoco buscaba entenderlo. Simplemente la amaba.

La luz de un relámpago iluminó tenuemente entre la oscuridad del atardecer, consiguiendo que las personas avanzaran de prisa. Sasuke se quedó inmóvil. Tal vez tenía tiempo de tocar una última canción antes de que las gotas comenzaran a caer de una por una. Sasuke acomodó el violín entre el hombro y la cabeza, el mismo violín que adquirió en una tienda de segunda mano en Francia, gracias a Ino. Pensó en tocar una canción propia, mas desistió enseguida. Realmente, se le antojaba algo más de Bach. Así que con experta habilidad recitó in A minor, BWV 1041.

Algunas personas se acercaron para dejar caer un par de monedas sobre el estuche, sin importarles el mal tiempo. Incluso, algunas más decidieron permanecer unos segundos, refugiados en la sombra de algún techo, deleitando sus oídos con la deliciosa armonía. Sasuke no les prestó atención. Mientras tocaba con capacidad magistral, recordó a los niños del orfanato. Se preguntaba si alguien más, además de él, fuera capaz de ofrecerles ropa o tan siquiera un pedazo de pan. No pudo evitarlo, sentía nostalgia por ellos. Quizás en algún punto, volvería a ese sitio.

Y así como sus pensamientos vagaron hacia ningún rumbo, también pensó en lo mucho que cambió su vida. Ese chico que ambicionaba pertenece a una orquesta, se convirtió en un hombre de treinta años que tocaba su violín en las calles para tener un poco de dinero. Ciertamente, jamás creyó que terminaría de esa forma. Un artista callejero.

¿Dónde quedó su orgullo? La respuesta era muy ambigua.

Cuando el sonido cesó y Bach hubo desaparecido, Sasuke escuchó un par de aplausos distantes, que agradeció silenciosamente. Se aculilló para guardar las monedas y regresar el instrumento, cayéndole de inmediato una gota en la punta de la nariz. Sasuke se permitió suspirar.

—¡Fue precioso!

Entornó los ojos, asombrado, a la vocecilla a sus espaldas. Sonrió como siempre hacía con ella, y conservando su posición, le despeinó el cabello oscuro.

—Gracias.

—¡Eres el número un millón!

Lo abrazó, envolviéndolo apenas con sus cortas manos, y Sasuke no pudo evitar soltar una carcajada mal disimulada.

—Se dice, el número uno, pequeña tonta.

—Pero un millón es más que uno —infló las mejillas, gesto indiscutiblemente heredado por Ino. Contó en voz alta con los dedos de ambas manos. Y Sasuke creyó que no podía existir niña más hermosa que ella—. ¿Ves? Un millón es más que uno. Y tú eres más que todos los números gu-jun-tos.

Sasuke no sabía exactamente si aquella determinación era más de Ino o suya. Pero eso no importaba, porque Sasuke era consciente de que una vez ella lo mirara con esos ojos endurecidos, ya no tenía escapatoria.

—Vamos a casa, Inori —se puso de pie y tomó su mano, entrelazándola—. Tu madre me matará si te mojas y pescas un resfriado. Entonces no dejara que me acompañes de nuevo.

—¡Pero a mí me gusta escucharte tocar esa cosa que parece gi-tarra, papi!

—Se llama violín, no guitarra.

—Uhm. Es muy bonita tu música, papi. Me gusta venir porque también puedo bailar y la gente aplaude cuando lo hago porque les gusta y dicen que soy tan linda como una muñeca.

Sasuke enarcó una ceja, observando a su hija caminar a su lado, a la vez que la lluvia se volvía más densa.

Ino Yamanaka le había dado una pequeña y traviesa hija, idéntica a él. Inori no tenía cabello rubio ni ojos azules como su madre. Inori tenía el cabello azabache y ojos grises como él, aunque su piel era tan nívea similar a Ino, y también tenía un par de pecas alrededor de las mejillas. Inori era, físicamente, como Sasuke, pero todo el carácter y toda la personalidad era de Ino. Le gustaba ser el centro de atención, ser tan extrovertida, atrevida, coqueta y curiosa, exactamente lo mismo que Ino. Sin duda, una combinación peculiar.

Y aunque Sasuke e Ino esperaban que Inori aprendiera a tocar algún instrumento o a tomar fotografías, lo cierto es que ella parecía no tener interés en ninguna de esas cosas. Ino repetía constantemente, que su hija nació para ser bailarina. Y Sasuke también estaba de acuerdo.

—Si no nos damos prisa, tu madre hará que te quedes en casa con la abuela.

Inori negó, enojada.

—La abuela huele raro y el tío Itachi siempre está obligándome a hacer tarea.

Sasuke frunció el ceño. Itachi se había convertido en el profesor de primaria que deseó, y no podía estar más feliz por su hermano. En cambio, su madre todavía tenía algunas secuelas, y a veces presentaba casos de locura que no sabía cómo explicarle a Inori. Pero en el fondo, Inori era quien más cariñosa se portaba con todos.

—No está bien que te expreses así de tu abuela y de tu tío —reprendió, con la expresión más seria que siempre empleaba para regañarla—. O pensaré que quieres más a tus abuelos de Sapporo.

—Pero yo los quiero a los —contó con los dedos de nuevo— tres… cuatro con tío Itachi.

Sasuke asintió y apresuraron los pasos.

Sin poder explicarse cómo le hacía Inori para solucionarlo todo. Con tan solo cinco años, parecía tener muy claro lo que quería. Y eso estaba muy bien. Sencillamente, admiraba a su pequeña hija. Claro que valía la pena todo el sufrimiento de los años pasados. Y si le dieran la oportunidad de cumplir su sueño como músico y tener que renunciar a Ino y a Inori, claudicaría sin dudarlo, porque para Sasuke, su mayor sueño fue hecho realidad cuando se casó con Ino y cuando su hija nació.

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N/A:

* Una disculpa si me equivoco en cuanto a Bach.

No tengo más qué decir, todo ya fue dicho. GRACIAAAAAAAAAAAAS!