Landline

Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.

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Martes, Nochebuena de 2013

Capítulo 27

Cuando Bella despertó, no podía creer que se había quedado dormida. (¿Cómo pudo dormirse? Probablemente dormiría durante un ataque aéreo). Se sentó y miró el reloj: 9 a.m., luego al teléfono extendido sobre la alfombra.

¿Qué había hecho?

Se arrastró fuera de la cama, con las manos primero, sosteniendo el teléfono antes de que ella siquiera aterrizara en el suelo. Le tomó un par de intentos y unos minutos antes de que consiguiera el tono de marcado otra vez. Luego marcó el número de la casa de Edward con impaciencia, tocando con su dedo el siguiente número antes de que la línea estuviera completamente libre…

Señal de ocupado.

¿Qué había hecho?

La mamá de Edward debía estar al teléfono. O su papá. (Jesús. Su papá).

Bella pensó en cómo solían ser capaces de irrumpir en la llamada de alguien, si tenías una emergencia. Puedes llamar al operador y la interrumpiría. Eso le pasó a Bella una vez en la secundaria, antes de que tuvieran las llamadas en espera; uno de los amigos de su mamá necesitaba contactarse con ella, y Bella había estado al teléfono por dos horas con Angela. Cuando el operador interrumpió, Bella sintió como que era la voz de Dios. Le tomó un tiempo antes de que pudiera hablar por teléfono de nuevo sin imaginar que el operador se encontraba ahí escuchando.

Colgó el teléfono y volvió a intentarlo. Seguía ocupado.

Colgó… y sonó.

Bella tiró el auricular de vuelta en su oreja.

— ¿Hola?

—Sólo soy yo —dijo Rosalie—. Estoy llamando desde el interior de la casa.

—Estoy bien —dijo Bella.

—Puedo decirlo. La gente que está bien siempre le dicen a todos lo bien que están.

— ¿Qué quieres?

—Me voy en un rato, y mamá quiere que vengas a desayunar y decir adiós. Está haciendo tostadas francesas.

—No tengo hambre.

—Dice que las personas deprimidas necesitan que les recuerden comer y bañarse. Así que probablemente también deberías tomar una ducha.

—Está bien —dijo Bella.

—Está bien, adiós —dijo Rose—. Te amo.

—Te amo, adiós.

—Pero en realidad también vas a salir a decir adiós, ¿verdad?

—Sí —dijo Bella—. Adiós.

—Te amo, adiós.

Bella colgó y trató con el número de Edward de nuevo. Ocupado.

Miró el reloj: las nueve y cinco. ¿A qué hora dejaría Edward Forks si iba a conducir a California mañana por la mañana? ¿A qué hora llegó aquí ese día de Navidad?

No podía recordarlo. La semana que ellos rompieron fue una niebla de sollozos. Una niebla de sollozos hace quince años en su espejo retrovisor.

Bella levantó el teléfono de nuevo. Uno, cuatro, oh, dos…

Cuatro, cinco, tres…

Cuatro, tres, tres, uno…

Ocupado.

— ¡Toma una ducha! —gritó su mamá desde el pasillo—. ¡Estoy haciendo tostadas francesas!

— ¡Ya voy! —gritó Bella en la puerta.

Se arrastró hasta su armario y empezó a sacar cosas.

Patines. Papel de regalo. Montones de viejas cucharas.

En la parte trasera del armario había una caja de color rojo y verde destinada a los adornos de Navidad. Bella había escrito GUARDAR en grandes letras a cada lado con un marcador negro. La sacó y abrió la tapa, arrodillándose en el suelo junto a ella.

La caja estaba completamente llena de papeles. Bella había comenzado una segunda Caja Fuerte después de que ella y Edward se casaron (se encontraba en su casa en algún lugar, en el ático), pero para entonces, tenía una computadora e Internet, y toda su colección se convirtió en marcadores y capturas de pantalla — archivos JPEG que arrastraba a su escritorio, luego los olvidaba, operdía cuando su unidad de disco duro fallaba. Bella nunca imprimió más fotos. Si quería mirar viejas fotos de Navidad, tenía que buscarlas a través de tarjetas de memoria. Tenían una caja de cintas de vídeo de cuando Alice era un bebé que ni siquiera podían ver porque los casetes no encajaban en ninguna de sus máquinas.

Todo en la parte superior de esta Caja Fuerte era de justo antes de que Bella se mudara de la casa de su mamá. Justo antes de su boda con Edward. (La cual ya pasó, recordó).

Encontró el recibo de su vestido de boda: trescientos dólares, utilizados, en una tienda de segunda mano.

—Espero que quién lo usara primero sea feliz—le había dicho Bella a Edward—. No quiero restos de un mal matrimonio.

—No importa —dijo Edward—. Vamos a ser tan felices que lo neutralizaremos.

Él era feliz entonces. Durante su compromiso. Nunca lo había visto tan feliz.

Tan pronto como Bella dijo que sí, tan pronto como el anillo estuvo en su dedo —se detuvo en el segundo nudillo de su dedo anular, así que él lo deslizó en su meñique—Edward saltó y la abrazó. Sonreía tan amplio, sus hoyuelos alcanzaron profundidades desconocidas en ese momento.

La abrazó por la base de la columna y la parte posterior de su cuello, y besó su cara por todas partes.

—Cásate conmigo —seguía diciendo—. Cásate conmigo, Bella.

Ella continuó diciendo que sí.

El recuerdo era borroso en su cabeza ahora, lo que parecía imposible… ¿cómo pudo olvidar alguno de esos detalles? En algún momento, su cerebro debe haber tomado toda la escena por sentado. Ella y Edward se encontraban tan fundamentalmente casados ahora, no parecía importante cómo llegaron ahí.

Recordó que él era feliz. Recordó la forma en que ahuecó su nuca y dijo—: Desde este momento en adelante. Desde cada momento en adelante.

Dios… ¿Edward realmente dijo eso? ¿Ella realmente había entendido solo la mitad de su propia propuesta?

Bella cavó de nuevo en la Caja Fuerte con seriedad…

Su diploma de la universidad.

Algún estúpido gráfico que había arrancado de la revista Spy.

La última franja de Stop the Sun. En la cual el elegante y pequeño erizo de Edward se iba al cielo.

Ah… allí. Imágenes Polaroids.

La mamá de Bella fue la última persona en la tierra en renunciar a su cámara Polaroid; a ella siempre le faltaba completar el desarrollo para conseguir la película de 35 milímetros.

Había tres instantáneas en la caja del día en que Edward se lo propuso —todas tomadas dentro de la casa, delante del árbol de Navidad. Bella usaba una camiseta holgada de su grupo de improvisación de la secundaria que decía: ¡AHORA, VAMOS!— y parecía que había pasado toda la semana llorando. (Porque lo había hecho). Edward llevaba la camiseta arrugada y había conducido toda la noche. Pero aun así, ambos se veían tan jóvenes y frescos. Bella delgada. Edward rechoncho.

Sólo una de las imágenes estaba enfocada: Bella rodando los ojos y levantando su mano para mostrar el anillo demasiado bonito, y Edward sonriendo. Esta podría ser la única foto alguna vez tomada de Edward sonriendo. Esta podría ser la única vez que él había sonreído. Cuando sonreía así de amplio, sus orejas sobresalían, como paréntesis mal orientados.

Después de que esas fotos fueron tomadas, la mamá de Bella obligó a Edward a comer panqueques, y admitió que había pasado las últimas dos noches sin dormir.

—Me detuve por unas horas en Nevada, creo. —Bella lo arrastró a su habitación y lo empujó sobre la cama, quitándole los zapatos y el cinturón, y desabrochando sus pantalones, así podría frotar sus caderas y estómago y la parte baja de su espalda. Ella se enterró con él bajo su edredón.

—Cásate conmigo —seguía diciendo él.

—Lo haré —seguía respondiendo.

—Creo que puedo vivir sin ti —dijo, como si fuera algo en lo que había pensado durante las veintisiete horas—, pero no sería ningún tipo de vida.

Bella puso las fotos en el suelo. Tres momentos en movimiento. Allí estaba él —se encontraba feliz y esperanzado. Su Edward. El correcto.

— ¡Bella! —gritó su mamá—. ¡Ven aquí!

Levantó las fotos del suelo y esperó que se oscurecieran.

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Que ternura :) Algunas de uds aun dicen que siguen confundidas y no saben diferenciar el pasado del presente.

1) Lean bien, algunos verbos son fáciles de confundir en su forma pasada y presente. Yo también tuve ese problema porque leo rápido y daba las palabras por sentado.

2) Bella no ha hablado con el Edward del presente desde que se fue junto a las niñas a Forks.

3) Sip, yo también quería que hablaran pero recordemos que sólo habían pasado una semana en toda su vida separados. Y esta segunda ocasión es importante y así debe de ser.

4) El Edward feliz es el Edward del pasado. El Edward del presente está triste y dolido, así que no creo que él debería seguir sufriendo. Ya ha sufrido demasiado durante todo su matriomonio. Siempre sintiendo ser la segunda opción, el plan B, el plan de escape de Bella. Nadie debería sentirse de esa forma y si uds nunca han estado en esa posición... Creanme... duele... y demasiado. También duele hacer que las personas se sientan como la opción 2, sólo que hay gente que se da cuenta de lo que hace y otra que no, o simplemente se dan cuenta pero no quieren cambiar porque están demasiado cómodos siendo así (como Bella).

Y bueno, creo que eso es todo. Si cometí un error y no puse algún signo que separe el presente del pasado, perdón, fue un error de dedo, pero usualmente es un * para escenas largas.

Muchas gracias por su apoyo :)