41. Encuentros repentinos
"Dedicado a todas aquellas lectoras silenciosas
o a aquellas chicas que en algún momento dejaron de leer la historia,
pero que estuvieron alentándome en un comienzo lejano :)"
En un principio, Bella no tenía planeado hacer nada que pudiese implicar a Edward viéndole las bragas durante esa tarde. Pero… por cualquier imprevisto o incidente indeseado que pudiese surgir, como que tropezase, se cayera, se le subiese la falda o algo por el estilo, habría tenido más seguridad de haber podido cambiárselas.
Se puso un nuevo par por la mañana, sí… pero había pasado todo el día con ellas, a diferencia de Edward; quien estaba recién duchado, limpio de pies a cabeza.
Bella bufó.
Empezando por algo tan básico como eso, ya había una cosa que le impedía actuar con libertad.
Tiraba tanto del borde de la falda por su nerviosismo, que Edward acabó posando una mano sobre la suya para sacarla de ese estado.
—Detente.
La había visto haciendo el mismo gesto cuando estaban en el coche, en la mesa de su casa mientras comían, y seguía igual sentada en la silla de su escritorio mientras él permanecía a su lado, en el borde de la cama.
Sin embargo, él no la había corregido con un tono de reproche o cansino. En cambio, acarició sus dedos para brindarle confort y alejarla de volver a caer en ello otra vez, la manera más dulce de conseguirlo desde la perspectiva de Bella. Y ante tal panorama, ella se limitó a hacer una mueca.
—¿Cómo es que estás tan tranquilo?
Edward dejó escapar una risita a la vez que negaba con la cabeza.
—Porque ya estuve como tú el primer día que hablamos sobre esto —se sinceró—. Me comí el coco, hasta que luego de un rato pensé y me dije: ¿A fin de cuentas, no es seguir llevándolo como hasta ahora? Con un poco más de intimidad… sí, pero no acabaremos haciendo nada que no queramos. Y dudo que lleguemos hasta tan lejos, porque no siento que ni tú ni yo estemos preparados para hacerlo.
—Opino lo mismo —concordó ella al instante—. Muchas veces me he preguntado, ¿por qué a veces hay parejas que van por pasos y otras no? ¿El sexo al final tiene reglas o no las tiene? —suspiró—. Supongo que recién ahora me doy cuenta… de que depende de lo que puedan abarcar en su momento y del ritmo propio de cada relación.
Edward asintió, satisfecho de su respuesta.
—Me alegra que coincidamos en ese detalle. ¿Ves? —señaló—. Ahora estás más relajada.
Bella esbozó una sonrisa neutra y acarició la mano que él posó antes sobre la suya.
—Tú me ayudas a estarlo.
Edward se guardó la satisfacción que sintió con tal de hacer otra pregunta más.
—Pero me dio curiosidad —comentó rápidamente—. ¿A qué vino la pérdida de confianza? Si el lunes te sentías tan emocionado por… lo que quedamos para hoy.
—Y sigo en las mismas —ratificó Bella.
—¿Entonces?
Ella quiso hablar, pero volvió a callar.
—Es una tontería.
—Anda, cuéntamelo —la animó.
Y cuando Bella vio el destello de su intención en esos iris azules peculiares, que tan hondo habían calado en ella, recordó que podía confiar en él.
—Es que… en nosotros todo es tan inocente, tierno y dulce… que no quiero perderlo por hacer algo así —expresó con pesar. Y tenía miedo de que sonase ridículo.
Sin embargo, Edward reaccionó regalándole la más amorosa de las sonrisas.
—Bella, nada va a cambiar eso —afirmó con certeza—. Si el sexo… o lo relacionado a él sirve de algo es para fortalecer estos pequeños momentos, no para suprimirlos. Pero, eh, si ves que no te apetece,vemos una peli acurrucados en la sala o salimos un rato a donde tu quieras. Y prometo fijarme en la hora para que no se nos vaya el tiempo de las manos.
Un torbellino de emoción se apoderó rápidamente del cuerpo de Bella, ante lo cual, sintió un poco de rabia.
—No puedes decirme cosas así y pretender que no quiera hacer todo a la vez…
Él rio.
—Está bien, empecemos por algo. —Y a continuación, palmeó su propio muslo—. Ven aquí.
Bella frunció los labios mientras se levantaba de la silla del escritorio y caminaba hacia él para sentarse sobre sus piernas, tal y como se había acostumbrado a hacer. Él le sonrió y, tomando una de sus manos, empezó a desabrocharle el botón del puño de la camisa.
—¿Qué haces? —Sus signos de alarma saltaron.
No obstante, él se limitó a encogerse de hombros.
—Relajarte.
Dicho esto, acabó y arremangó su camisa y jersey hasta el codo para luego hacer lo mismo con el otro lado. Bella no sabía qué pensar.
—¿Pero y...?
—Shh…
Él agachó la cabeza y dejó un reguero de besos descendiendo desde el interior de sus brazos hasta su muñeca, ante su respiración errática. Luego cogió ambas manos y las juntó antes de aventurarse a deslizar sus dedos sobre ellas, para luego continuar trazando una ruta indefinida por el resto de la piel desnuda.
Tal acción provocó que Bella se estremeciera ligeramente, a lo que Edward rio antes de pasar a acariciar la parte de sus brazos cubierta por la ropa.
—¿Quién diría que algo que de niños solíamos hacer como un juego en el patio o donde fuera, acabaría sirviéndonos para momentos así?
Bella entremezcló los sentimientos de nostalgia con el agradable contacto de las manos masculinas sobre sus extremidades. Sus caricias eran placenteramente relajantes; y hasta llegaron a ser estimulantes cuando él deslizó los labios por la base de su cuello, succionando de tanto en tanto, mientras seguía avanzando los toques con los dedos sobre sus brazos. Combinaba lo nuevo con aquello que venían explorando hace mucho. No obstante, cuando estos últimos llegaron a una zona cercana a las axilas, Bella se empezó a incomodar.
—Edward, allí me da cosquillas.
Él se acercó a su oreja para susurrarle una respuesta.
—Mi intención era relajarte, no dije cómo.
Y sus dedos bajaron para revolverse como arañas en los huecos de su cintura, mientras su boca salpicaba su cuello de pequeños besitos mojados.
—¡Oye! —le reclamó dándole un golpe en el pecho, entre risas—. ¡Edward!
—La venganza es dulce…
Ella no paraba de reír mientras él seguía a lo suyo. Mantenía los besos empalagosos por todo su cuello y proseguía con las caricias en su cintura que, de un momento a otro, volvían a convertirse en cosquillas; causando que Bella se retorciese de golpe.
—Edward, por favor… —le suplicó, tratando de buscar su mirada a como diese lugar.
La picazón fue cesando poco a poco y, cuando ella se fue calmando, recibió un último y casto beso de su parte. Bella sonrió y enredó sus brazos entorno a la espalda de Edward a la vez que él deslizaba los dedos por su costado hasta posar la mano en su mejilla. Ella recostó la cabeza hacia ese ese tierno contacto, mirándolo a los ojos con el rostro un tanto colorado.
—Te quiero, Bella.
Su convicción la dotó de toda la confianza que necesitaba. Entre tierna y coqueta, atrajo el rostro de Edward hacia ella para darle un buen beso con lengua.
Él se sorprendió al principio, pero le correspondió en cuestión de segundos. Y en el transcurso en el que dejaba a Bella seguir desplazando las manos desde la clavícula hasta sus hombros y más abajo, él posó las manos sobre su espalda y cintura con premura.
La delicadez con la que la tocó, la incendió aún más.
Bella se deleitó acariciando el contorno de sus brazos medio musculosos sobre su camisa a la vez que su boca seguía entretenida, o eso hasta que se vio obligada a separarse para tomar aire. Entre tanto fue repartiendo pequeños picos por la mandíbula de Edward, al mismo tiempo que él aprovechaba en hacerlo por su frente y su cabeza. Muy pronto, las caricias y los besos castos se tornaron insuficientes y volvieron a buscar el calor de sus bocas con desespero.
Él quiso desplazar las manos con las que recorría su cuerpo de nuevo hacia sus mejillas, mientras que por su parte ella se aventuraba en ir explorando sus pectorales y abdomen, y durante ese cruce a ciegas, el brazo de Bella golpeó la mano de Edward, provocando que acabara aterrizando sobre uno de sus pechos.
Ambos dejaron de besarse en el acto.
Edward hizo amago de quitar su palma de ahí, pero Bella puso la suya encima para retenerla.
—¿Estábamos aquí para experimentar, no?
Edward tragó. Estaba sonrojado y nervioso por la novedad. Aún así, hizo su agarre sobre el pecho más firme y poco a poco fue amasando y medio masajeando la zona que lograba abarcar de él. Bella lo guió en la manera de tocarla, unas cuantas veces y sobre todo con los dedos, hasta que en un rato la otra mano de Edward se dirigió por cuenta propia al otro pecho.
Bella no quiso quedarse atrás, así que buscó a tientas sus muslos para acariciárselos e ir llegando cada vez más arriba mientras Edward delineaba con sus dedos los alrededores de su pecho. Y, a pesar del sujetador, cuando hizo como si tirara de él apretando los dedos la zona central y más sensible que tenía ahí, Bella se presionó instintivamente contra su ingle como una forma de alivio.
Él, quien estaba de lo más receptivo, movió las caderas de vuelta hacia ella, enviándole así un latigazo de placer por todo el cuerpo. Edward suspiró y cesó sus caricias en el acto. En cambio, Bella probó a moverse sobre el mismo punto de antes, un poco hacia la izquierda de su ingle, obteniendo de nuevo la misma sensación incitante. Al abrir los ojos, él apretaba los párpados con fuerza.
—¿Tú también lo sientes?
Edward exhaló entre sus labios y asintió.
—¿Sigo?
—Sí…
Y ella continuó con su vaivén, sobre el bulto creciente entre sus piernas, solo que con más ritmo e insistencia. Él se agarró a sus caderas para guiarla, pero ella prefirió alejar sus manos y buscar su propia posición, tratando de evadir en lo máximo posible el contacto con la pretina del pantalón.
Edward recorrió su mandíbula hasta darle un beso mojado en el cuello. Ambos continuaron con su meneo, hasta que en cuestión de poco tiempo, ella explotó sobre él.
Edward siguió sobreestimulándola, consiguiendo que sus sacudidas se prolongaran y ella notase la humedad que tenía ahí abajo, acompañada de un pequeño dolor por el roce de la rugosa ropa en esa zona, hasta que él también culminó en cuestión de segundos.
Se quedaron un momento así, recuperando el aire, hasta que Edward fue dándole pequeños besitos por el hombro y la clavícula antes de apartarse para verla.
—¿Estás bien?
—Sí, ¿y tú?
Él asintió. Se miraron a los ojos, y recién les cayó encima el impacto de lo que acaba de pasar.
nnn
Un rato después, Bella regresó a su casa. Más calmada, pero con la necesidad imperiosa de meterse a la ducha y cambiarse por fin de ropa. Y de pronto, desde el pasillo oyó una voz de mujer hablando en un tono tan alto que casi chillaba.
—¿Ya estás listo?
—¡Todavía no! —contestó su padre, y ella estaba casi segura que era desde arriba.
Viniendo de ese último, ya se le hacía más normal.
Sin tener de otra, cambió su rumbo hacia la sala. Tan solo al entrar saludó a Lillian, quien ya estaba en proceso de levantarse del sofá desde que oyó el repiqueo de las llaves.
—Hola.
—¡Bella! —exclamó Lillian con la misma actitud alegre que la caracterizaba, mientras la invitaba a sentarse junto a ella—. Qué raro verte tan temprano, creía que ibas a quedarte más tiempo con Edward.
Ella esbozó una sonrisa incómoda.
—Sí… es que hoy solo teníamos pensado estar un rato juntos —trató de explicarle—. Tenemos exámenes y trabajos pendientes de diferentes asignaturas para la próxima semana.
—Entiendo. —La morena adoptó una expresión comprensiva—. ¿Al menos habéis aprovechado el tiempo para relajaros un poco?
Bella necesitó emplear un gran esfuerzo para guardar la compostura.
—Sí… Yo diría que sí. —Agradeció de todo corazón el que se le diese bien gestionar las emociones de cara al público, a diferencia de Edward.
La presencia de Lillian en su casa era uno de los motivos por los cuales ambos decidieron que para su experimento… lo mejor sería la casa de él. Con sus hermanas fuera como era costumbre que pasara los viernes por la tarde, su padre en el despacho y su madre postiza en otra parte, ¿Qué mejor opción les quedaba?
Sacudió la cabeza cuando los recuerdos más memorables de aquella tarde se asomaron sin desearlo...
—¿Te ha traído Carlisle?
Bella parpadeó, volviendo a la realidad.
—No, el chofer —le aclaró carraspeando un poco—. Lo llamé y… bueno, me dijo que continuabas aquí así que…
Se giró al oír que alguien bajaba por las escaleras y lo que vio a continuación, literalmente, la dejó sin habla.
—Lillian, yo ya estoy ehm… —Cuando Charlie subió la mirada, quedó bastante claro que él tampoco se esperaba ver a su hija ahí sentada.
¿Cuál será la sorpresa ahora con Charlie? Ya veremos. 😛
💎¡Hola a todas! Al final estos dos encontraron una estrategia yendo rápidos en el tema pero sin llegar tampoco a tanto. ¡TAN TA TA CHÁN! ¡POR FIN LLEGARON A ESTA ETAPA! 😏🔥 Y los comentarios anteriores señalando que se iban a esperar. 😂 Pues va a ser que no... bueno, no del todo jeje. Aunque sí a su manera para algo más lejos, claro.
💎Planeo dar detalles sobre la reacción que tuvieron después de su entretenido... arranque 👀, no sé si en este o el próximo capítulo, pero ahí quedan pendientes. 😊
💎Siento la actualización tardía, de veras, pero los "imprevistos" (nunca mejor dicho) surgen y a veces no me dejan hacer o definir los capítulos tal y como quisiera a tiempo. 😞
💎Os agradezco a todas por leer y espero como siempre que os haya gustado el capítulo.
💎PD: Me gustaría que me apoyárais con los comentarios, por favor, sé que sois más lectoras y que solo pocas os animáis a hacerlo. Lo apreciaría muchísimo, gracias.
Hasta la próxima semana.❤️
Kisses! 😘😘😘😘
