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BirdsandStars

El viernes, recojo a Kate bien temprano en el apartamento de Elliot y nos vamos juntas a escoger el vestido perfecto para la boda. Nos pasamos toda la mañana de una tienda de novias a otra. Mirando, probándome diferentes diseños, tratando de encontrar el ideal para mí. Ese que de tan solo mirarlo llamara mi atención. Uno que hiciera que Christian se quedara con la boca abierta. Y eso, sabía que iba a ser muy difícil de encontrar. Tenía que tener encaje, mucho encaje, pero también tenía que ser atrevido, sensual y sexy como la mierda.

—Creo que estás buscando algo que no existe. —me dice Kate mientras entramos en la siguiente tienda y ella se sienta en una silla.

—Se que existe, lo sabré en cuanto lo vea. —le digo mientras la encargada de la tienda se acerca a nosotras.

—Buenas tardes. En que las puedo ayudar.

—Ella se casa el domingo y está buscando un vestido de novia que no existe. —dice Kate mientras la encargada nos mira divertida a ambas.

—¿Qué tipo de vestido estás buscando?

—Quiero un vestido de novia que tenga encaje y que sea sexy y atrevido. —le digo con una sonrisa mientras ella se queda pensativa.

—Y ya le he dicho que no existe, más de 10 veces. —vuelve a decir Kate.

—Tengo un vestido de novia allí atrás que te puedo mostrar. —me dice un poco dudosa.

—Pero…—inquiero al ver su cara de inseguridad.

—Es extremadamente caro.

—No tengo problemas con el dinero.

—Pero te advierto, ninguna novia se lo pondría por lo atrevido que es.

—Déjame ver el vestido. —le pido mientras ella se marcha en su busca.

Un vestido atrevido.

Eso es lo que busco.

Kate y yo nos miramos fijamente por un rato hasta que la dependienta regresa con un vestido entre sus manos. El vestido aún está en la bolsa del diseñador. Ella cuelga el perchero con mucho cuidado y baja el zipper de la bolsa revelando el vestido. A simple vista puedo ver que tiene encaje, mucho encaje.

—Es encaje francés, chifón, tul…—he dejado de escuchar lo que me dice mientras admiro asombrada el vestido.

Ni siquiera me he percatado que la dependienta se ha marchado y que ha regresado con unos zapatos en las manos.

—Estos vienen con el vestido. —me dice con una sonrisa.

Miró lo zapatos que tiene en las manos.

—Puedes pasar al probador y ver como te queda. —me dice señalándome hacia una cortina en un extremo del salón.

Cojo el vestido, el velo y los zapatos y sin pensarlo dos veces voy hacia allí. Me desnudo, la zafo los pequeños broches de la parte baja de la espalda y me lo pongo. Me siento y me pruebo los zapatos, me quedan perfectos. Me levanto y observo el vestido nuevamente. Tiene una enorme cola. Me giro y me miro en el espejo de cuerpo completo que está detrás de mí.

—¡Oh por dios! —exclamo mientras me cubro la boca.

—¿Estás bien? —me grita Kate desde afuera.

—Si, si estoy bien. —le digo mientras observo bien el vestido en el espejo.

Todo el frente es de encaje con intrincados detalles y bordados refinados que se deslizan delicadamente por mi cintura hasta formar junto a los tirantes, de encaje también, el enorme escote en V de la espalda que llega hasta la parte superior de las nalgas. El encaje frontal llega hasta mi cintura desde donde baja en forma de una franja, mezclándose con el tul, por todo el costado de ambos lados de mi cuerpo hasta el suelo. A medida que desciende el encaje por mi pierna, el diseño se va volviendo más sencillo, hasta que es prácticamente más tul que encaje. Solo queda de encaje el borde del vestido que se arrastra por el suelo.

En la parte baja de mi vientre comienza el chifón, que se mezcla elegantemente con el tul y el encaje de las franjas de los costados. Justo encima de mis nalgas continúa formando una franja amplia sobre cada una de ellas las cuales se unen con más bordados refinados en el centro. Justo por debajo de las nalgas el bordado deja paso al tul nuevamente con el encaje y los bordados hasta el suelo.

Cojo el velo conformado por una delicada tiara de flores y me lo pongo sobre la cabeza. Es doble, de dos largos diferentes. Lo pongo completamente hacia atrás mientras me admiro con el conjunto completo girando hacia ambos lados. El vestido se ajusta perfectamente a mis ligeras curvas.

—Acaba de salir Ana, me tienes ansiosa. —me grita Kate desde el salón.

—Ya salgo. —le grito mientras recojo la cola del vestido entre mis manos.

Cuando llego afuera suelto la cola y Kate y la dependienta se me quedan mirando con sorpresa y asombro.

—¡Mierda Ana! Nunca imaginé que un vestido como ese pudiese existir.

—Es la primera vez que alguien se prueba ese vestido.

—¿Cómo me veo? —les pregunto mientras doy una vuelta.

—Sinceramente, nadie se pondría ese vestido para una boda, es demasiado atrevido y sensual. —me dice la dependienta.

—Es justo lo que estoy buscando. —digo con una sonrisa.

—Le va a dar un infarto cuando te vea. —me dice Kate mientras yo la ignoro y me dirijo nuevamente al probador para sacarme el vestido.

Una vez fuera del vestido me pongo mi ropa y lo llevo nuevamente afuera.

—Me lo llevo.

—¿No quiere saber el precio?

—No. Lo que cueste. —le digo tendiéndole mi tarjeta.

—¿Va a llevar los zapatos también? —me pregunta mientras yo le sonrío.

—Desde luego.

He encontrado los zapatos y el vestido perfecto. Uno que hará que a Christian le entren ganas de sacármelo o de romperlo, pero que no podrá hacerlo. Pago por el vestido y este es colocado nuevamente en su bolsa negra de diseñador. Me lo coloco sobre un brazo y con una enorme sonrisa salimos en busca de mi auto. Coloco el vestido sobre Kate mientras me monto en el auto.

—Tienes suerte que el novio no pueda ver el vestido antes de la boda, porque es mala suerte, porque si lo ve, de seguro te prohibía ponértelo. —no puedo evitar reír a carcajadas ante su comentario. —Me alegra que te cause gracia mi comentario.

— No me va a prohibir ponérmelo Kate. Va a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener las manos quietas y no quitármelo. —le digo mientras ambas reímos a carcajadas.

Dejo a Kate en casa de Elliot y después me dirijo a casa de mi madre.

Afuera hay varios camiones parqueados y muchas personas bajando cosas. Y como me imaginaba, en el interior el ajetreo es mucho mayor. Entro en la casa con el vestido colgando del brazo y busco a mi madre que se encuentra en la terraza trasera de la casa. Dando órdenes.

—Hola mamá. —le grito llamando su atención.

Ella viene hacia donde estoy y me da un abrazo.

—¿Ese es el vestido? —me pregunta mientras yo le sonrío.

—Si. El vestido perfecto. —le digo mientras ella deja lo que esta haciendo y me toma del brazo.

—Vamos, quiero ver como te queda.

Mamá tira de mi brazo hacia su habitación. Y cuando estoy allí me desnudo y saco el vestido para probármelo una vez más. Y mamá se queda literalmente con la boca abierta.

—Nunca había visto un vestido tan atrevido Ana. —me dice mientras yo doy una vuelta para que ella lo vea por detrás. —Ni tan…tatuado.

¡Mierda! Olvidé el tatuaje. Me giro rápidamente hacia mi madre. Que me mira con una ceja enarcada esperando que le explique.

—Me lo hice hace un tiempo ya. —le digo como si eso lo explicara todo.

—Me explicas el concepto, porque no lo entiendo.

Ni lo iba a entender. Para entenderlo tendría que saber que su hijo tiene uno en toda la espalda y parte del pecho. Cosa que no pensaba contarle.

—Fue cuando estaba en mi descanso espiritual. —le digo tratando de que no me haga más preguntas.

—O sea que tiene algo que ver con Christian. —me pregunta mientras yo asiento. —Imagino entonces que debe tener uno muy parecido a ese.

—Sí. —le digo mientras intento cambiar la conversación. —¿Entonces que te parece el vestido?

Grace sonríe mientras se acerca donde yo estoy y me abraza.

—Que está hecho especialmente para ti. —me dice mientras alguien toca a la puerta.

—Disculpe, pero tenemos una situación en la terraza. —grita Jones del otro lado.

—Anda ve, voy a quitarme el vestido y salgo a ayudarte. —le digo mientras ella sale de la habitación.

En cuanto voy a zafarme el vestido mi teléfono comienza a sonar. Lo busco en los jeans y al ver la pantalla sonrío.

—Hola.

—¿Ya tienes el vestido? —me pregunta mientras yo me miro nuevamente.

—Ya tengo el vestido. —le digo con una sonrisa estúpida.

—Supongo que no me dejarás verlo hasta el domingo.

—Supones bien.

—¿Al menos me dirás como es?

—Es blanco, con tul, chifón y encaje. —omito la parte en que tiene mucho encaje.

—¿Qué así no son todos los vestidos de novia?

—La mayoría. —le digo mientras me río.

—¿Estás en casa?

Me causa gracia escucharlo decir en casa. Porque en eso se convertirá el apartamento a partir del domingo. Nuestro apartamento. Nuestra casa.

—Estoy en casa de Grace, voy a ayudarla un poco con los preparativos.

—De acuerdo, le diré a Sawyer que me deje allí cuando termine.

—Te espero, le diré a Jones que nos quedamos a cenar.

—De acuerdo. —hace una pausa. —Ana.

—Si.

—Te amo.

—Yo también Christian. — y cuelgo con una estúpida sonrisa en mi rostro.

Me quito el vestido lo guardo en la bolsa negra y salgo hacia la terraza a ayudar a Grace con los preparativos.

No sé cómo Grace a logrado buscar una organizadora en tan poco tiempo. Ella se acerca a mi y pide mi opinión sobre lo que ella planea hacer, y la decoración. Y la verdad es que me encanta la idea que tiene. Mientras conversamos sobre las decoraciones, no dejan de pasar personas por nuestro lado acomodando cajas y bajando mesas y sillas y paneles de vidrio. Hay tremendo alboroto en la casa, se parece mucho a la ultima vez que mi madre hizo una remodelación.

—Solo me preocupa el tema de los invitados. —le digo a la decoradora que en ese instante me mira frunciendo el ceño.

—Ya las invitaciones se enviaron.

—¿De veras? —inquiero atónita.

—Si, Grace se puso en contacto conmigo desde ayer y me envió una lista de invitados. Al momento me puse en ello.

—Tenía mis dudas sobre si se podría hacer todo con tan poco tiempo.

—No debes preocuparte por nada. Mañana descansa. Solo debes estar aquí el domingo al mediodía para comenzar a prepararte.

—¿Prepararme?

—Desde luego. La maquillista y la peluquera estarán aquí y se encargarán de que luzcas espléndida. Al novio le dará un infarto cuando te vea, vas a quedar irreconocible.

Seguro que sí.

Pero no por el maquillaje o el peinado que lleve.

Paso el resto de la tarde ayudando en lo que puedo. Veo a Grace a lo lejos mientras orienta donde acomodar las cosas. El domingo será un día importante para ella. Sus dos hijos se casan.

Christian llega justo para la hora de la cena y después nos sentamos en la sala con Grace, mientras ella cuenta anécdotas de ambos cuando éramos chicos. Nos marchamos cerca de las 9:00 pm. Decido dejar el vestido en casa de mi madre, no me fío de que Christian no le eche un vistazo en el apartamento mientras no estoy presente.

Estoy exhausta.

Me siento en la cama a quitarme los zapatos mientras él va hacia el baño.

—Todo está listo al parecer. —me grita desde el baño.

—Sé que Grace puede encargarse perfectamente de todo sin dificultades. —le digo mientras siento como abre el grifo de la tina.

Me quito los zapatos y masajeo los pies. Christian aún continúa en el baño, seguro que preparando un delicioso baño de espuma. Me quito la ropa y camino hacia el baño con solo la ropa interior.

Christian esta agachado encendiendo unas velas aromáticas junto a la bañera. Alza la vista en cuanto siente mis pasos. Se levanta del suelo.

—Ya he terminado. —me dice mientras cierra el grifo de la tina.

Lo observo mientras se desnuda, apaga la luz quedando todo alumbrado solamente por las velas y se mete en la tina tendiéndome una mano. Termino de desnudarme rápidamente y tomando su mano me meto también. Christian se sienta y yo me siento entre sus piernas. Esto es justo lo que necesito. Cierro los ojos y me recuesto a su pecho mientras el me abraza y descansa la cabeza en mi hombro.

—¿Qué vas a hacer mañana? —me pregunta en un susurro.

—Descansar para verme bonita el domingo. —le digo mientras el ríe a carcajadas.

—No necesitas descansar mucho para verte hermosa. —me dice mientras me besa el cuello y dejo escapar un gemido.

—¿Y tú?

—Elliot y Kate están preparándonos una despedida de solteros.

—Le dije a Kate que no quería nada de strippers. —le digo mientras me arrepiento de lo que acabo de decir.

—¡Strippers Eh! Eso mismo me dijo Elliot que iba a planear para mí.

—Son tal para cual. ¿Por qué cuando dices despedida de soltera tiene que haber un stripper involucrado?

—Porque es la tradición. —me dice mientras yo me giro brevemente para mirarlo a los ojos.

—¿Vas a un club de strippers? —inquiero con curiosidad.

—No. Amenacé a Elliot con no hacerlo. —me dice mientras yo me hecho a reír.

—Puedes ser muy intimidante a veces.

—Seguro, porque no volvió a tocar el tema.

Me giro nuevamente. Sus dedos se deslizan suavemente por mis brazos mientras yo cierro los ojos. Esto es todo lo que quiero en la vida. Estar así para siempre entre sus brazos. Sin hacer nada, sin pensar en nada más que en nosotros, en sus caricias y en el calor de su cuerpo contra el mío.