Deux
El timbre que indicaba el fin del primer bloque de clases resonó por todo el campus. Los alumnos comenzaron a salir de sus aulas, acompañados por sus amigos o yendo a su encuentro. Los pasillos poco a poco se atestaron de gente que iba y venía con el bullicio a sus espaldas y a su alrededor. Park Jimin, estudiante de danza, se encontraba frente a su casillero cambiando sus libros teóricos por su bolso con su ropa para la clase práctica dentro. Sus pensamientos volaban sobre el recuerdo de aquella carta que entregó a Min Yoongi, o mejor conocido como "el chico de los poemas". ¿La razón? Tenía nombre y apellido: Lee Sunhee. De 17 años de edad, Lee Sunhee era la chica que todo hombre podría pedir. Amable, cariñosa, atenta, divertida y tierna eran sus principales características en conjunto con su largo y sedoso cabello de acaramelado color, un rostro pulcro de inmaculadas facciones adornado por dos zafiros, una nariz de botón y unos labios rosa natural. Ella irradiaba un brillo especial cada vez que aquellas margaritas se asomaban gracias a su sonrisa de rosas encías y blanca dentadura. Era perfecta, todo en ella lo era. Y ese era su problema. ¿Cómo podría ser capaz de acercarse a semejante estrella si él solo era un simple y aburrido observador? Necesitaba ayuda, y urgentemente.
Y ahí, es donde entraba Min Yoongi. El chico no solo era el primero de su clase, sino que realmente era un genio. Con 18 años de edad, Min Yoongi era la gran promesa de la institución. Gracia, simpleza y talento eran sus mayores características. De manos hábiles en el piano y de mente afilada con la melodía y las letras, el joven siempre lograba expresar aquello que nadie más podía hacer, convirtiendo las exposiciones escolares y festivales en una obra de arte completa. En más de una ocasión se le pidió tocar para las presentaciones de su clase, dándole así el toque final con su magnífica y espléndida presencia artística; embelesaba a todo aquel que le escuchara, atrapándoles en su red de sinfonía infinita.
Perdido en su mente como se encontraba, no sintió la presencia a sus espaldas y, para cuando cerró su casillero y se dio la vuelta, fue demasiado tarde para su corazón que dio un salto por el susto de ver a Kim Namjoon sonriendo de forma siniestra frente a él. Guió su mano derecha hasta su pecho, sobre el motor de su cuerpo, ante su sorpresiva presencia.
— ¡Con un demonio, Kim Namjoon! ¡¿En qué mierda pensabas?! — gritó el más bajo de ambos mientras, con sus manos en puño, golpeaba repetidas veces al de piel canela.
— Per-…perdón Minnie, so-…solo no lo pude evi-…tar. — la risa que salía de sus labios ante los débiles golpes de Park ocasionaron que muchas palabras se le trabaran en lo que intentaba detener el ataque de su mejor amigo en su contra.
Jimin, rojo de la cólera, se detuvo una vez vio que su atentado no tuvo el éxito que deseo para él al ver como Namjoon se ahogaba con su propia carcajada. Con seriedad en sus ojos y, tomando del suelo su bolso, se lo colgó al hombro y emprendió su marcha al salón de práctica dignamente. Kim le siguió con la mirada hasta perderlo al dar la vuelta en el pasillo. Con rapidez se recompuso y, tomando sus cosas que en el altercado se le cayeron, siguió a su amigo hasta alcanzarlo al final de las escaleras que daban al segundo piso.
— De verdad lo siento, Minnie. No sabía que reaccionarias de esa forma. — le dijo el más alto, intentando que su menor no le ignorara. Un puchero se instaló en sus labios al verse fallido en su misión por lograr que Jimin no se enojara con él. — Te compraré lo que quieras de Chimmy si dejas de estar enojado conmigo. — propuso, con la esperanza de que Jimin por fin le dirija la mirada. Park detuvo sus pasos al instante en que dichas palabras fueron procesadas por su cerebro. Rápidamente se giró hacia Namjoon, quien mantenía aún en sus labios aquel puchero.
— ¿Lo dices en serio? — preguntó con cierta ilusión en sus ojos. El mayor asintió. — ¿De verdad, de verdad? — dijo mientras lentamente se acercaba a él, con sus ojos cada vez más ilusionados. El mayor asintió. — ¿De veritas, veritas? — el mayor asintió. Jimin, frente a él, con su rostro iluminado por una gran sonrisa en sus gorditos labios, abrazó efusivamente al moreno, quien suspiro rendido al darse cuenta de su gran error. Adiós nueva revisto porn-digo, equipo de sonido para su estudio. Sí, eso.
El abrazo duró unos segundos más en lo que el menor repetía una y otra vez que era el mejor amigo que pudo tener. Y para cuando le soltó, comenzó a brincar de un lado a otro felizmente tarareando una canción infantil sobre lo maravillosa que era la amistad. Suspiró rendido, pero con una sonrisa en su rostro contagiada por Jimin y su alegría. Hola diabetes.
Prontamente, su atención paso de Minnie al chico que se ocultaba escalones más abajo en la escalera que conectaba el segundo piso con el primero. Sus ojos se encontraron, marrón versus negro. La tensión arribó de un momento a otro entre ambos y, dando media vuelta sobre sus pasos, el joven de cabellos verdes terminó por romper todo contacto con él. Frunció el ceño mientras observaba su espalda alejarse cada vez más y más entre los pisos.
« Aún duele, siempre dolerá; pero es lo mejor para ambos. »
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— kxxmreanx
