El Guerrero Dragón

Temporada 1

Capítulo 1

El regreso de un héroe

¿No les ha pasado que, alguna vez en su vida, han deseado ser algo más de lo que son? Eso me pasó a mí, hace relativamente poco.

Yo solía ser un chico normal, eso sí me comparabas con la gente con la que me relacionaba. Si tomabas en cuenta mis padres son dragones y una de mis mejores amigas lo es también. Pero desde esa excursión, ¿quién pensaría que el destino me tendría preparado un gran futuro? No les contaré más de qué futuro hablo, eso lo irán viendo conforme lean, sino que ahora deseo hablar de cómo entré a este loco mundo de superhéroes. Yo soy Leonardo, el Guerrero Dragón, y esta es mi historia.

Era un sábado por la mañana normal, el sol atravesaba la ventana del cuarto y pegaba directo a la cara de Leo. La alarma del celular comenzó a sonar, con su melodía cubriendo todo el cuarto. Inmediatamente Leo se levantó para apagarla, y comenzó a prepararse para el día. Él era un chico flaco, de tez media, altura media, ojos cafés y pelo lacio negro. Tras levantarse se bañó, se cambió y comenzó a guardar las cosas que ocuparía ese día en su mochila. Leo era estudiante de historia en la Universidad Autónoma de Querétaro, el mejor de su clase, y ese día iba de viaje con su grupo a la antigua ciudad de Teotihuacan.

Justo con terminó de guardar sus cosas, el olor de la comida llegó al cuarto, seguida por la voz de un adulto.

-¡Leo! ¡El desayuno está listo!

-¡Ya voy papá!

Leo tomó su mochila y bajó con ella al comedor. Sobre la barra de la cocina estaban listos dos platos llenos de chilaquiles, una de las comidas que más le gustaban al chico. Pero en la cocina había algo que hubiera desmayado a cualquiera. Un dragón occidental rojo, con cabello café y ojos negros, musculoso estaba parado preparando café. Estaba parado como si fuera un humano. Sus escamas eran brillantes y relucientes, sus garras eran negras y no estaba vestido. Al oír a Leo llegar volteó con una sonrisa.

-¡Buenos días! ¿Gustas café hijo? - preguntó el dragón con la cafetera en la pata.

-Sí papá, gracias-contestó Leo mientras se sentaba.

Leo era hijo de una larga línea de dragones, seres de mucho poder que han protegido a las criaturas mágicas del mundo por milenios todo a escondidas de la raza humana. El padre de Leo, Hendrick, fue uno de esos, pero desde la muerte de su esposa se retiró y ahora trabaja en cuestiones administrativas en el mundo mágico. Desde que la madre de Leo falleció, sufrió una maldición que lo mantiene convertido en dragón para siempre, sin poder cambiar a su forma humana. Por el otro lado, a Leo le pasa lo contrario. Él nunca desarrolló el gen que le permitiera transformarse en dragón, por lo que es un humano normal, aunque puede que uno de sus hijos sí sea un dragón.

-¿Listo para tu viaje? - preguntó Hendrick mientras servía el café en tazas.

-Sí, me la he estado pasando leyendo libros para ir informado. ¿Sabías que los teotihuacanos realizaron golpes de estado en varias ciudades mayas?

-¿Apoco eso es cierto? - preguntó asombrado mientras se sentaba al lado de su hijo.

-Sí, es bastante interesante, si tan solo se supiera más de ellos.

-Pues tú eres el historiador, tú puedes ser el que descubra lo que no se sabe.

-Sí, eso sería genial.

Tras un breve silencio, mientras los dos comían su desayuno, Hendrick volvió a hablar.

-Tu madre estaría orgullosa de ti.

-¿De qué hablas papá?

-Siempre quisimos que tuvieras una vida normal y no verte obligado a pelear cada día contra villanos. Ahora estás en la universidad y tienes un futuro prometedor. Ella debe estar muy feliz de ti.

-Papá, me dices eso todas las mañanas antes de irme a la escuela.

-Lo sé, pero simplemente es la verdad.

-Yo también soy feliz de ser alguien normal.

Pero la verdad era muy distinta. Leo deseaba salvar gente como lo solía hacer su papá o su mamá. Él veía las noticias todos los días o escuchaba lo que le comentaba su papá. A diario criaturas mágicas eran asesinadas por organizaciones siniestras, supervillanos surgían por todo el mundo a diario y cada mes había una nueva amenaza de destrucción mundial. No es que todo estuviera perdido, habían miles de dragones por todo el mundo salvando las criaturas mágicas o nuevos superhéroes surgiendo cada día, pero Leo quería hacer su parte, dar su granito de arena, y hacer algo más útil que ser un simple ciudadano. Él quería detener a esos villanos y hacer del mundo un lugar mejor.

Mientras desayunaban seguían hablando. Hendrick comentó que hace poco un mago intentó robarle su oro a un duende pero un ahuizotl lo detuvo, y que el Clan de los Cazadores, un grupo de humanos que desean aniquilar a todas las criaturas mágicas, intentaron asesinar unos unicornios y quedarse con sus cuernos para venderlos, pero fueron derrotados por los dragones de la ciudad. Por otro lado, Leo le dijo a su padre lo que esperaba de ese viaje y qué iba a hacer exactamente.

Los dos terminaron su desayuno. Leo tomó su mochila y se preparó para salir. Su padre se despidió de él para luego dejar que se fuera. Tras salir de su casa, Leo caminó al centro de la UAQ, donde el camión lo llevaría. Él vivía a unas escasas cuadras de la universidad, así que podía ir caminando, aunque no estudiaba ahí. Leo estudiaba en la Facultad de Filosofía, que se encontraba en el centro de la ciudad.

Tras caminar y llegar a la parada de autobuses de la escuela, se encontró con el resto de su salón, entre ellos a dos de sus amigos: Martín Chávez y Stacy Walker.

Martín era el más nuevo de sus amigos, conociéndolo desde que entró en la preparatoria. Conocía su secreto familiar de ser descendiente de dragones. En un inicio Hendrick se enfadó mucho de ello pero tras hablarlo con Leo, decidió no borrarle la memoria, aunque sigue desconfiando un poco.

Por otro lado está Stacy Walker. Ella es originalmente británica como sus padres, más precisamente de Southampton. Su familia fue reubicada a Querétaro por el Consejo Dragón, el máximo organismo del mundo mágico y de los dragones. Todo esto por la creciente actividad de los Cazadores en la zona y brindar apoyo a Hendrick. Ella, al igual que sus padres, es una dragona. Cuando se transforma en dragona, sus escamas son blancas y tiene un estilo occidental. Su cabello es dorado y sus ojos azules, mientras que sus garras son grises. Mientras es humana es de tez clara, ojos azules y cabello rubio igualmente, y es un poco más alta que Leo. Ellos son amigos desde que Leo se mudó a Querétaro y siempre tienen la posibilidad de hablar de las aventuras de Stacy, ya que ella pelea activamente contra las amenazas a las criaturas mágicas.

Leo se acercó a sus amigos, quienes discutían sobre la tarea que les dejaron el día anterior.

-Martín, te digo, que nos dejaran hacer un reporte de 100 páginas de la cultura teotihuacana para hoy fue un sueño tuyo.

-¿Y por qué Eduardo sí lo trae? - respondió Martín señalando a uno de los del grupo.

-Ya sabes que él siempre hace cosas de más - respondió Leo mientras se acercaba a ellos.

-Leo, ¿puedes decirle a Martín que está alucinando? - comentó Stacy, mostrando su enfado.

-Leo, tú siempre haces los trabajos, ¿puedes pasarme lo que hiciste?

-Tranquilo, no hice nada, no había nada de tarea.

-Espero que así sea, te puedo asegurar que sí nos dejaron eso.

La maestra interrumpió la plática de los alumnos y les comentó que ya era hora de subir al camión, cosa que todos hicieron. El trío de amigos se sentaron en la parte trasera del camión, listos para iniciar su aventura.

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Teotihuacan, México

Tras tres horas de viaje el grupo llegó a Teotihuacan. El grupo bajó del camión y recibieron indicaciones de la maestra. Podían ir al sitio de la zona arqueológica que deseas en, siempre y cuando llegaran a la base de la Pirámide del Sol a la hora indicada para irse. Los chicos se dividieron y cada quien fue a una zona distinta. Unos fueron a ver las pirámides, otros al museo del sitio y otros a los barrios. Pero Leo, sus amigos y otros compañeros fueron a la Ciudadela, una plaza al sur del sitio donde está la imponente pirámide a Quetzalcóatl. El grupo se acercó al sitio y comenzaron a ver el lugar, cada uno a explorar el lugar que quisieran.

Leo se acercó a la pirámide y se asombraba al verla. Su padre le había contado historias desde niño de ese dios, quien al parecer sí existió y fue una clase de dragón, pero que desapareció tras la vergüenza que le hizo pasar su hermano Tezcatlipoca. Nadie sabe dónde se encuentra, pero se piensa que salió del planeta, quién sabe cómo.

Tras caminar por la pirámide Leo se sorprendía cada vez más por el detalle que tenía. Las cabezas de la serpiente emplumada que se encontraban esculpidas en ella eran precisas. Era una pena que no pudiera verla en su mayor esplendor. Mientras caminaba le dio la vuelta a la pirámide, y no se fijó por dónde iba hasta que pisó un tramo del suelo que colapsó. Leo cayó varios metros debajo del suelo.

Leo se levantó y se sacudió el polvo que tenía. Volteó hacia arriba y se dio cuenta que sí había caído bastantes metros. El chico sacó su celular para llamar a Stacy y que lo sacara de ahí, pero algo le llamó la atención. Parecía que cayó en un gran pasadizo que tenía una luz al fondo, así que guardó su teléfono y siguió explotando el pasillo en donde cayó. No supo por qué, pero había algo que lo llevaba por ese lugar.

Él caminó por el pasillo y miró las paredes. Era pintura mural auténtica, un hallazgo increíble. No tenía que ser experto para poder saber de qué trataba. Parecía que narraba la historia de un soldado vestido como Quetzalcóatl, que luchaba por el pueblo teotihuacano.

-¿Qué es esto? - se preguntó a sí mismo.

En el último tramo de la pared mostraban al mismo guerrero enfrentándose a un ejército entero y derrotándolo. Eso no le pareció nada creíble a Leo, hasta que recordó que en la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses crearon un supersoldado, el cual derrotó a toda un división de los nazis conocida como HYDRA. O incluso era magia

-Quizás los teotihuacanos conocían la fórmula del supersoldado antes que cualquiera.

Al final del pasillo había una sala redonda y, en el centro de ella, había un objeto cilíndrico de piedra sobre el que había un objeto de oro. Al acercarse más, se percató que era un collar de oro, con la forma de Quetzalcóatl. Era un objeto hermoso. Leo quería llamar inmediatamente a alguien, ese era un tesoro nacional, pero algo le impidió que lo hiciera, y ese algo hizo que tomara el collar y se lo pusiera en el cuello. Al hacer esto, los ojos del collar brillaron y la piedra comenzó a bajar. Leo pensó que lo había arruinado todo y se activó una trampa, pero no era así. Una puerta de piedra se abrió, y tras ella había un traje hecho de cuero, exactamente igual al que usaba aquél guerrero misterioso de las pinturas. La misma fuerza que hizo que tomara el colla hizo que metiera el traje en su mochila. Sorprendentemente el traje entró sin problemas.

Leo acababa de guardar el traje cuando una voz misteriosa se escuchó.

-El nuevo Guerrero Dragón ha llegado.

Leo volteó confundido a ver quién hablaba pero no encontró a nadie. Una vez que tomó su mochila de nuevo, otra voz familiar se escuchó por el lugar de donde vino.

-¡Leo! ¿Estás ahí? ¿Estás bien?

Era Stacy. Ella bajó como dragona al lugar y voló hasta donde estaba Leo, y al llegar a su lado regresó a su forma humana. Ella volteó a ver el lugar donde estaban, para mirar a Leo y preguntar.

-¿Qué es este lugar?

-Es el descubrimiento del siglo.

Y sí fue un gran día, al salir del lugar fueron inmediatamente a contactar al encargado del sitio y los arqueólogos. Se hizo todo un revuelo sobre el descubrimiento. Jamás los arqueólogos se percataron de la existencia de un túnel debajo del templo de Quetzalcóatl. Comenzaron las investigaciones del sitio y se recabó información valiosísima del sitio. Y todo gracias a un estudiante de historia de 18 años. Leo explicó todo lo que pasó, pero jamás mostró que se llevó un traje y un amuleto, no podía decirles que una voz misteriosa le dijo que se los llevara, no le creerían, así que lo mantuvo en secreto.

Por la tarde el grupo regresó a Querétaro, con la maestra orgullosa del trabajo de Leonardo. El viaje fue tranquilo, menos por la parte en la que los compañeros de Leo le preguntaron mucho sobre lo que ocurrió. Nadie supo que se llevó algo, ni siquiera Stacy o Martín. Tampoco pensaba decírselo a su padre.

Querétaro, México

El lunes por la mañana Leo se preparó y fue a la escuela. El fin de semana no pasó nada interesante. Su padre estaba muy orgulloso del trabajo que hizo y Leo hizo su reporte mientras le comentaba todo a su padre. El domingo salió con otro de sus amigos, Bruno un chico normal que conoció al llegar a Querétaro en la escuela. A él fue el único a quien le comentó todo, incluso lo del traje y la voz. Al ser mejores amigos, era natural que le creyera. Incluso mostró interés en que le prestara el traje para verlo. Bruno le comentó si pensaba realizar su sueño de salvar gente con ese traje, a lo que Leo le contestó que no estaba seguro. Era una decisión que tenía que reflexionar.

Después de salir de la escuela, Leo salió de su Facultad. El edificio de la escuela era hermoso. Había sido construido en el virreinato y había sido escuela desde su construcción. Tras salir de las clases, el chico caminó por las calles del centro hacia la parada de camiones, desde donde iría a su casa. En el camino se detuvo en una fuente a tomar un poco de agua y abrió su mochila. Aún dentro de ella estaba el traje y el collar.

-¿Por qué me lleve eso? - se preguntó a sí mismo.

Cómo si fuera señal divino, de pronto, dos hombres encapuchados entraron en una joyería que se encontraba en el lugar, y se comenzaron a escuchar varios gritos. Parecía que asaltaban el lugar. La gente comenzó a correr lejos del lugar, y varios llamaron a la policía. Mientras tanto se escucharon disparos en la tienda, lo que hizo que hasta los más valientes se alejaran. Leo quizo salir corriendo, pero no pudo, la misma voz le habló.

-El traje…

Leo no pudo seguir sus instintos de supervivencia y de la razón, y saltó al interior de la fuente, que estaba vacía por cierto, y dentro de ella se puso el collar. Tras el collar se puso el traje del guerrero lo más rápido que pudo. Por suerte todos estaban distraídos y no le prestaban atención. El traje le quedaba bien. Era verde y de cuero, uno que parecía duro por cierto. Era flexible pero a la vez resistente. Al final se puso el casco, muy similar al dios de la Serpiente Emplumada.

-Espero que eso de derrotar ejércitos enteros por su cuenta no sea pura propaganda.

Tras ponerse el traje, el chico salió de su escondite y se dirigió a la tienda. Entró al lugar como si no estuviera pasando nada, y al voltear adentro vio que los ladrones apuntaban a la cabeza del encargado del lugar, mientras este ponía dinero y joyas dentro de una bolsa negra. Le sorprendió mucho a Leo que estuviera ocurriendo un asalto en pleno centro algo que nunca ocurría.

-¡Eyyy! - gritó Leo. No supo de dónde sacó el valor suficiente para gritarles.

Los dos asaltantes voltearon a verlo, y rápidamente le apuntaron con sus armas.

-¿Quién eres tú niño? Mejor vete, estas son cosas de adultos.

-Debe ser otro payaso enmascarado de los que surgen en todos lados. Niño, no eres Stark, así que largo.

-No, ustedes dejarán de robar y se entregarán a la policía - Leo pensó que era mejor callarse antes de hacerse más el ridículo.

-¿Si no qué niño? - le preguntó uno de los asaltantes mientras le apuntaba a la cabeza.

Sin pensarlo más, Leo solo reaccionó y golpeó en el estómago al ladrón. Inesperadamente, el golpe fue más fuerte de lo que todos esperaban, y el asaltante chocó con la caja fuertemente. Su compañero se quedó atónito ante esa fuerza, pero eso no lo detuvo de accionar su arma y dispararle al enmascarado. Leo pensó que ese era su final, y que nunca debió hacerse el valiente. Pero las balas no atravesaron el traje, sino que cayeron directamente al piso sin hacerle daño más que darle un pequeño cosquilleo. Abrió sus ojos, y al ver que los disparos no le hicieron nada, golpeó a su atacante en la cabeza, haciendo que cayera en un mostrador de vidrio con joyería.

Leo volteó a ver sus manos y su cuerpo. No sabía de dónde provenía la fuerza que tenía, pero le gustaba. Al menos detendría un par de maleantes ese día.

El primer ladrón al que le pegó se recuperó del golpe y tomó su arma. Con un poco más de paciencia, aprovecho que Leo estaba distraído pensando en sus nuevas habilidades y disparó en varios puntos débiles del traje, donde la piel y la ropa que tenía debajo se podía ver. Los disparos chocaron con la piel en el cuello, pero también rebotaron y cayeron al suelo. Solo le dieron un cosquilleo.

El enmascarado volteó a ver al ladrón que le disparó y lo tomó del cuello de su playera. Tras eso, lo lanzó contra la puerta del local, la cual se rompió, haciendo que el ladrón cayera fuera de la tienda. Leo sonrió debajo del traje, feliz de estar ganando contra dos hombres armados. Los ladrones no perdieron tiempo y se levantaron rápidamente.

-Debemos irnos, nos va a atrapar - dijo uno de los ladrones.

-No, no dejaré que un niño estúpido me meta a la cárcel.

Su compañero le hizo caso, tenía razón no podían dejar que un chico menor les ganara así que ambos se levantaron y preparan sus puños. Leo hizo lo mismo y se puso en pose de pelea. Ambos ladrones se acercaron a él e intentaron golpearlo. Pero Leo bloqueó un golpe con la simple palma de su mano, y tomando al ladrón de su mano, lo uso como palo y con él le derrumbó a su compañero. Con ambos tirados al suelo, Leo tomó una cuerda que por casualidad estaba tirada y la uso para amarrarlos a un poste fuera de la tienda.

-La policía no tarda en llegar, no se muevan.

Y Leo corrió a un lugar donde no lo vieran. Pero ahora corría rápido, más rápido de lo que podría normalmente. Tras un rato de correr se escondió en un callejón, donde se quitó el traje y lo guardó en su mochila. Después de guardar el traje y el collar se fue caminando a la estación de camiones que lo llevarían a su casa. Mientras regresaba a casa, pensaba en lo último que dijo.

-No se muevan. ¿Es enserio? Si los amarraste. Tienes que pensar mejor tus frases.

Casa de Leo, Querétaro, México

Leo llegó a su casa media hora después. Ya tenía hambre y quería ver qué había de comer. Entró a su casa y en la sala estaba su padre sentado viendo las noticias. Justamente estaban reportando lo que acababa de suceder en el centro con el intento de robo de la joyería.

-Hola papá - saludó Leo tras cerrar la puerta.

Hendrick apagó la televisión y volteó a ver a su hijo.

-Hola Leo, ¿cómo te fue? ¿Por qué tardaste?

Hendrick se escuchaba más amistoso de lo normal, lo cual significaba que estaba enfadado. Leo no sabía qué podía ser, pero decidió contestar sus preguntas.

-Muy bien, lamento si tardé, hubo un robo en el centro y nos tuvieron asegurados hasta que detuvieron a los criminales.

-Pues que bueno, que te encuentras bien, debes estar hambriento entonces - Hendrick seguía con su voz, lo cual incomodaba a Leo. Definitivamente había ocurrido algo.

-Papá, ¿todo bien?

-Muéstrame tú mochila.

Él sabía que traía el traje, sabía que lo había usado para detener a los ladrones, pero Leo no sabía cómo. Leo titubeó antes de entregar la mochila, pero decidió dársela. Tarde o temprano lo iba a descubrir.

Hendrick abrió la mochila y como sospechaba, dentro había un traje verde de un dragón y un collar de Quetzalcóatl. Los sacó de su mochila y los puso sobre un sillón. Se veía el enfado en su rostro. Tras tirar el traje en la sala volteó a ver a su hijo.

-Estás castigado.

-¿¡Qué!?

-Estás castigado por esconderme información, enfrentarte a unos criminales sin estar preparado y arriesgar tu vida.

-Pero no entiendo por qué. Solo hizo lo que ese soldado habría hecho.

-¿Hablas del Guerrero Dragón? Dime qué sabes del Guerrero Dragón.

Su padre conocía al soldado de los murales, incluso conocía su nombre, ¿pero cómo? Quizás sí tenía relación con la magia después de todo.

-Pues, según los murales, era un soldado teotihuacano que luchaba por el bien de su pueblo y su ciudad, y era tan poderoso que podía enfrentar ejércitos enteros por sí mismo.

-¿Y qué más? - respondió Hendrick.

-Pues eso es todo, ¿no?

Hendrick volteó al suelo y luego puso su mirada en su hijo. Leo se había metido en algo que no comprendía. Era momento de decírselo.

-Leo, el Guerrero Dragón no fue solo un soldado al servicio de Teotihuacan, ni un alto grado militar sobre los guerreros jaguar y águila, sino que era el verdadero aprendiz de Quetzalcóatl.

-¿¡Qué!?

-Él era el puente entre los humanos y las criaturas mágicas, y hacía lo que podía para salvar ambos mundos y hacer que estuvieran paz. Hacía un buen trabajo. Era muy amigo de Quetzalcóatl, eran un dúo inseparable. Pero llegó el día en el que Tezcatlipoca , el hermano de Quetzalcóatl, hizo que la Serpiente Emplumada perdiera su honor, y fuera despreciado por el pueblo humano. Se autoexilió al Este, prometiendo regresar, y junto a él fue el Guerrero Dragón original. Desde entonces no se sabe nada de ambos.

Leo se puso a reflexionar. Entonces el Guerrero Dragón sí tenía relación al mundo mágico. Parecía como si fuera un dragón por sí mismo.

-¿Era como un dragón, no?

-Sí, y por ello también estaba bajo las órdenes del Consejo.

El Consejo Mundial de Dragones era y es el organismo más importante del mundo mágico. Está compuesto por cinco dragones, y son los encargados de mantener la paz entre la comunidad mágica. También son los líderes de la Orden del Dragón , una organización que comprende a todos los dragones del mundo. Su función es la de ser los protectores de todas las criaturas mágicas, y también de velar por la paz y la prosperidad.

-¿No entiendes Leo? El Consejo debe haberse enterado que eres el Guerrero Dragón, y tendrás que trabajar para ellos- dijo Hendrick, preocupado de lo que pasaría.

-¿Pero eso qué tendría de malo? Podría salvar vidas así, tratar de buscar un futuro mejor.

-¡No vas a arriesgar tu vida por pelear contra alguien más!

-¡Quiero hacerlo, tú y mamá lo solían hacer, no veo por qué yo no!

-¡Tu madre y yo entrenamos desde que adquirimos nuestros poderes para enfrentarnos en combate a alguien, tú no tienes ese entrenamiento!

-¡Puedo entrenar! ¡Es cuestión de tiempo!

-¡No te harás el héroe hijo!

-¡Sí lo haré!

-¡No quiero perderte!

Todo se silenció. Esas palabras rompieron la tensión del momento. Hendrick tenía sus patas en los hombros de su hijo y miraba al suelo. Una lágrima cayó de su cabeza.

-Sufrí mucho al perder a tu madre. No quiero que te pase a ti lo mismo.

Leo abrazó a su padre. A pesar de que tuviera escamas, no le importaba, se sentía muy cómodo siempre que lo abrazaba.

-Papá, tú y mamá me han enseñado todo lo bueno que soy ahora y entre ello me enseñaron que siempre hay que hacer lo mejor por el prójimo y por toda la comunidad. Solo deseo hacer lo que ustedes hacían. Quiero ser la esperanza dentro de este país de tinieblas.

Las palabras fueron como un remedio mágico para Hendrick. Mientras ambos se abrazaban, otra lágrima salió del ojo del dragón. Tras un rato abrazándose, Hendrick rompió el abrazo y se dirigió a su hijo.

-¿Estás seguro que deseas hacer esto? Es algo muy peligroso, ya sabes cómo es el Clan de los Cazadores cuando se trata de criaturas mágicas o sus relaciones.

-Estoy seguro papá. Los Cazadores no sabrán ni qué les golpeó.

Hendrick rió por el comentario de su hijo y se separó de él. Sus ojos se agrandaron al recordar que Leo no había comido.

-Leo, no has comido, pon tu comida en el microondas, no la comas fría.

-Está bien papá, gracias.

La tensión se fue tan rápido como llegó, y otra vez padre e hijo disfrutaron de su comida juntos. Tras terminar de comer, Leo se levantó dispuesto a subir a su cuarto a hacer tarea, pero alguien tocó la puerta.

-Leo, ¿puedes abrir a ver quién es?

Leo ya sabía que debía abrir la puerta. Como su padre no podía transformarse en humano, no podía mostrar su cara en público, para mantener oculto el mundo mágico. Leo caminó a la puerta y se asomó por el visor. Vio que era su amigo Bruno, así que le abrió la puerta y lo invitó a pasar.

-¡Papá, es Bruno!

-Que bueno, pensé que sería alguien más.

Como Bruno conocía el secreto de la familia, no había problema en que entrará. Era la única amistad de Leo a la que Hendrick aceptaba que le hablara del secreto familiar. Era un chico de mucha confianza.

-Señor- saludó Bruno a Hendrick. Su piel era de tez más clara que la de Leo, pero era un poco más bajito, y su pelo era también de color negro.

-Bruno, hola, ¿cómo te ha ido? ¿Qué tal la novia?

-Ammm, bien, gracias. Emmm, Leo, perdón por venir y no avisar, pero vi lo que hiciste, un buen trabajo por cierto.

-¿Entonces él sabía y yo no? - le preguntó Hendrick a su hijo.

-¿Vengo en un mal momento? - preguntó Bruno al incomodarse por la pregunta.

-Sí papá, a él le había dicho, y no Bruno ya acabamos de hablar del asunto.

-Pues está bien. Mira, vi lo que hiciste y decidí construir varios artefactos que te pueden ayudar en tus misiones.

-Vaya, gracias Bruno, esto es algo que no esperaba- le contestó mientras veía lo que sacaba su amigo de la mochila. Hendrick mientras tanto sólo observaba con curiosidad, aunque un poco molesto al saber que Bruno sabía del tema antes que él, y eso a pesar de ser su padre.

-Mira, primero te hice este lanzallamas. Perdón, ¿dónde está tu traje para ir instalando todo?

-Está aquí- dijo Hendrick acercando el traje.

-¿No estás en contra de esto papá?

-Si deseas pelear por la gente, no veo problema en que tengas aparatos que te faciliten la tarea.

Leo sonrió por ello. Parecía que su padre estaba dispuesto a apoyarlo ahora. Ahora solo esperaba no defraudarlo. Mientras tanto, Bruno tomó el traje y le pegó un pequeño dispositivo en el interior del casco, donde está la mandíbula.

-Muy bien, el lanzallamas se enciende al presionar este botón que puse debajo de la mandíbula. Eso hace que saque un pequeño fuego. Si deseas que salga más fuego, solo debes de soplarle a la llama.

-Como un dragón de verdad- dijo Leo emocionado.

-Así es, y también traigo esto.

Bruno sacó de su mochila un aparato grande. Lo puso en la parte trasera del traje y luego le dijo a Leo.

-Este es un jet-pack. Así podrás volar como un dragón. Lamento que no se vea como las alas de un dragón pero eso es algo más complicado de hacer.

-No, no te preocupes. Es genial. Muchas gracias.

-Bueno, ¿quieres salir a probar tu nuevo equipo?

-Lo siento amigo, pero no puedo, aún tengo tarea que hacer.

-Oh, ok, entiendo, pues suerte, nos vemos luego. Adiós señor- contestó Bruno, despidiéndose tanto de su amigo como de Hendrick.

-Adiós Bruno, ve con cuidado- le respondió Hendrick

-Adiós Bruno, nos vemos luego- dijo Leo, siguiendo a su amigo a la salida- gracias por todo.

-De nada, espero que te sirvan, bueno, me voy, adiós.

Y tras eso, el amigo se fue de vuelta a su casa, mientras padre e hijo se quedaron de nuevo en la casa.

Leo subió a su cuarto a hacer la tarea y los pendientes que tenía. Después de completarlos, comenzó a jugar en su computadora. Tras un rato, su padre le gritó desde la sala.

-¡Leo! ¡Baja!

-¡Ya voy papá!

Él bajó corriendo hasta la sala, donde estaba su padre sentado viendo la televisión, de nuevo en las noticias. Hendrick vio a su hijo llegar y señaló con él control remoto a la pantalla.

-Puede que esto te interese.

Leo miró el televisor a ver qué estaban pasando. Pensaba que iba a ser un nuevo descubrimiento arqueológico o algo así, ya que siempre que su papá lo llamaba para algo así era por eso, pero nada más alejado de la realidad. En la noticias mostraban una persecución policíaca de dos hombre. Esos hombres eran huachicoleros, gente dedicada a robar y vender ilegalmente petróleo. Eran un problema muy común entonces.

-Si deseas entonces ser un héroe, te recomendaría seguir con criminales menores. Nada grande aún, te entrenaré para que luego te enfrentes a las amenazas mayores.

-¿En verdad papá? ¿Estás seguro de esto? - preguntó Leo atónito. En verdad su padre ya estaba de acuerdo con él.

-Solo por favor ten cuidado. No quiero perderte.

-Gracias papá. No me perderás, estarás orgulloso de mí.

-Ya lo estoy. Ahora ve, Guerrero Dragón, y prepárales una celda.

Hijo y padre se abrazaron. Leo fue corriendo a ponerse su traje y salió al patio. Ahí su padre le entregó un walkie-talkie para que se mantuvieran en contacto y le diera instrucciones. Leo lo tomó y, con cuidado, usó el jet-pack. Le fue más sencillo pisarlo. Quizás los reflejos que le daba el amuleto le ayudaron. El chico salió volando en dirección al Oeste, donde se llevaba a cabo la persecución.

Por el walkie-talkie, Hendrick le indicó que la persecución iba por la Carretera a Tlacote el Bajo. El dragón iba viendo la persecución por medio de un espejo mágico que tenían en la casa, y podía dar instrucciones precisas. Leo se dirigió al punto y no tardó en ver a las patrullas persiguiendo una camioneta negra. Leo descendió poco a poco y cayó bruscamente sobre la camioneta.

-Aún debo mejorar mis aterrizajes- pensó.

Mientras tanto, dentro de la camioneta, los dos hombres, uno con camisa roja y otro con sombrero, se extrañaron al oír un fuerte golpe sobre su camioneta.

-Ve y revisa qué fue- le dijo el de la camisa roja al del sombrero, ya que no podía hacerlo al ir conduciendo.

Su compañero hizo justo lo que le pidió y se asomó por su ventana al techo del vehículo, armado por un gran arma por cualquier cosa. Al ver que había alguien sobre el coche, y sobretodo que se veía joven, le apuntó con el arma.

-¿¡Quién eres tú!?

-¡Soy el Guerrero Dragón, y te ordenó detener el vehículo inmediatamente! - contestó Leo, preocupándose más por mantenerse aferrado al vehículo que por detenerlos.

-A mí nadie me manda niño.

Y con eso, el huachicolero apuntó su arma a Leo y la disparó. Leo pensó que la resistiría, pero se equivoco. Esa no era un arma cualquiera, sino que era un arma de rayos, un arma muy rara y usada principalmente por grupos terroristas más poderosos, supervillanos o la mismísima SHIELD. El disparo impactó en el cuerpo de Leo, causándole dolor y haciendo que dejara de sujetarse y se cayera del vehículo. Leo rodó por la carretera, mientras los policías lo adelantaban y seguían la persecución. El huachicolero usó su arma y le disparó a los vehículos de policía, haciendo que estos explotara al instante.

-¡Leo! ¿Me escuchas? - Hendrick dijo a través del walkie-talkie. Leo lo tomó de su cinturón para contestar.

-Sí papá. Tienen armamento de rayos. ¿Tienes una idea de dónde lo hayan sacado?

-No, pero tienes que regresar a casa inmediatamente, son bastante peligroso. No sabes siquiera con quién las hayan sacado. Puede ser con HYDRA o IMA, o inclusive Latveria. No estás listo para eso aún.

-¿Y entonces quién los va a detener? ¿Los policías? Viste cómo los derrotaron fácilmente. Yo soy el único que puede enfrentarlos.

-A ti también te vencieron fácilmente. Regresa, aún no eres capaz de hacerlo.

-Lo siento papá. Yo soy el único que puede enfrentarlos, no dejaré que escapen así de fácil.

Y apagó el walkie-talkie. No sabía de dónde sacaron esas armas, ni qué tenían en mente, pero no los iba a dejar escapar tan fácil. Su jet-pack no sufrió daños por fortuna, así que lo activó y voló de nuevo a buscar la camioneta. Al encontrarla, decidió no acercarse mucho y sólo seguirlos, para ver a dónde llegaban. Por suerte no fueron lejos.

Se detuvieron en un almacén del camino. Leo aterrizó en una de las montañas cercanas y se puso a ver qué sucedía. Usó su teléfono para ver de más cerca y se sorprendió por lo que vio. Los huachicoleros se bajaron de su camioneta y se encontraron con otros hombres que salían de una camioneta verde. Sus trajes eran verdes y usaban las mismas armas que tenían. Al abrir la parte trasera de la camioneta verde, salieron más hombres armados y otro hombre en capucha. Eran agentes de HYDRA, una organización terrorista que surgió en la Segunda Guerra Mundial y que sigue funcionando en la actualidad, cuyo fin último es controlar el mundo.

Leo no podía creer que esos criminales estuvieran en su país. ¿Qué buscaban? Probablemente el petróleo para su maquinaria bélica. Decidió seguir observando a ver qué ocurría. Los huachicoleros y los agentes de HYDRA sacaron los botes que llevaba la camioneta negra y los metieron al almacén. Ya no podía ver qué ocurría, así que bajó de la montaña y se acercó para ver qué pasaba.

Cruzó con cuidado y silenciosamente se acercó a una ventana para ver y oír qué pasaba. Podía ver 12 agentes de HYDRA, a los dos huachicoleros y al hombre encapuchado. Detrás de todos ellos, dos robots enormes estaban parados silenciosamente, al parecer apagados. Leo escuchó detenidamente lo que pasaba.

-Y por su apoyo a la causa de HYDRA serán recompensados- dijo el encapuchado.- Saquen el pago.

Dos agentes cargaron una bolsa enfrente de los huachicoleros, quienes la abrieron y vieron en su interior varias armas, también de rayos, junto con munición.

-Lo siento, pero el precio por esos barriles tendrá que subir. Nos costó mucho conseguirlos-dijo el de la camisa.

-Sí, inclusive un chico vestido de reptil se subió a nuestra camioneta aunque le disparé y cayó.

-¿Cuál es el problema con eso entonces? - le preguntó su compañero.

-Pues creo que se levantó después de que le disparé a los policías.

El encapuchado se enfadó al escuchar eso, y su brazo se transformó en una guadaña, la cual puso en el cuello de ambos huachicoleros.

-¿Así que vinieron aquí sin importar que un enmascarado lo siguiera?

-Sí chicos, ¿en qué pensaban? - respondió Leo, quien saltó por la ventana listo para combatir.

-¡Es él! - gritó el del sombrero.

-¿Qué tenemos aquí? Huachicoleros, agentes de HYDRA, y tú debes ser el Segador, ¿me equivoco? - dijo Leo señalando al encapuchado.

Efectivamente, Eric Williams, alias el Segador, era un agente de HYDRA, de los más letales. Su piel de tono verdoso era ocultada por su capucha casi siempre. Tenía un brazo robótico, que podía transformar a voluntad en una letal guadaña. Era uno de los más importantes agentes de HYDRA, trabajando en misiones otorgadas directamente por el líder de la organización.

-Parece que me conoces-dijo el Segador. Rápidamente corrió al chico con gran velocidad y lo derribó con una parada. Leo no vio venir el golpe, y cayó contra la pared. No pudo levantarse porque Segador puso su guadaña en su cuello dejándolo inmóvil. - y yo a ti no. ¿Cómo te llamas niño?

Leo sonrió ante la pregunta. Los agentes de HYDRA lo rodearon mientras le apuntaban con sus armas.

-Es un gusto, yo soy el Guerrero Dragón.

Y rápido presionó el botón de la mejilla de su traje y sopló. Al soplar el fuego salió expulsado del hocico de su traje en todas direcciones. Esto tomó desprevenido al Segador y a sus agentes, siendo todos alcanzados por el fuego. Mientras tanto, los huachicoleros aprovecharon la confusión para escapar. Los agentes de HYDRA se vieron obligados a retirarse por las llamas, pero el Segador, inteligentemente usó su guadaña para bloquear el fuego y así salir ileso. Leo dejó de sacar fuego una vez sus reservas de gas se acabaron, El lugar comenzó a incendiarse, pero lo único que quedaba sin efecto alguno era el Segador. Bajó su guadaña y en su rostro tenía una sonrisa macabra. Iba a disfrutar este combate.

Leo se levantó, cerró sus puños y bajó los brazos fuertemente. Al hacerlo, dos cuchillas afiladas salieron de sus mangos, hechos con una clase de cristal raro. Eso dejó confundido a Leo, pero no pensó mucho en eso y rápido se preparó para el combate.

-Estás lleno de sorpresas niño. Serás un buen trofeo para Strucker.

El Segador intentó patear de nuevo a Guerrero Dragón, pero está vez él puso sus cuchillas en medio, protegiéndolo del golpe. Tras esto, Segador levantó su guadaña e intentó asestar un golpe a su rival. Lo intentó tres veces y las tres el Guerrero Dragón las esquivó. En la cuarta, en lugar de esquivar, bloqueó la guadaña con una de sus cuchillas. No sabía de dónde sacó la fuerza para detener el golpe, del amuleto debía ser, pero podía mantenerlo. El Segador pateó en el pecho a Leo haciendo que diera unos pasos atrás, pero este nunca perdió la postura. Tras esto usó su guadaña de nuevo, pero golpe tras golpe fallaron porque Guerrero Dragón los bloqueó con sus cuchillas. Eran cuchillas muy fuertes.

Segador intentó golpear sus piernas, pero Guerrero Dragón saltó para luego dar una patada en la cara a su rival. Segador dio unos pasos atrás, y el héroe aprovechó para asestar otro golpe en su cara, el cual fue detenido por la palma del Segador. Ambos continuaron intentando asestar golpes a su rival con sus armas. Guerrero Dragón con sus cuchillas y Segador con su guadaña.

Ambos bloqueaban y atacaban, hasta que Guerrero Dragón, aprovechando un pequeño segundo, bloqueó un golpe del Segador con una cuchilla y con la otra le cortó la guadaña. El Segador, desconcertado, miró atónito las chispas que salían de su guadaña recién cortada. No sabía de qué estaban hechas las cuchillas del niño, pero eran demasiado fuertes. Durante ese momento, Guerrero Dragón pateó al Segador, quien cayó al suelo.

-Hasta aquí llegaste Segador. Ríndete.

-No, creo que no lo haré.

Y el Segador se levantó levantando sus piernas, las cuales impactaron con el pecho de Leo quien perdió el equilibrio un momento. Al recuperarlo, el Segador ya estaba en la salida del almacén, con su guadaña cortada en una mano. Puso su mirada en Guerrero Dragón y dijo.

-Peleaste bien niño, nos volveremos a encontrar.

Y el Segador corrió. Fuera, sus agentes lo esperaban con el vehículo. Le abrieron la puerta trasera y este entró, para que luego la camioneta arrancará y desapareciera en la distancia. Leo decidió no seguirlos, ya habían sido derrotados por ahora. Leo sacó la gasolina del lugar, que por fortuna no se había quemado. Los dos robots que había visto se los llevaron los agentes, así que no pudo hacer mucho por ellos, y los huachicoleros se fueron también.

Leo salió del almacén, pensando que tenía que estar preparado para enfrentarse al Segador de nuevo, pero por ahora, sólo se emocionó. Era su primer día como superhéroe, y ya había derrotado a uno de los agentes más peligrosos de HYDRA.

Casa de Leo, Querétaro por la noche

Leo regresó a su casa por la noche. Su padre, lo esperaba en el patio con sus brazos cruzados. Cuando Leo aterrizó y se quitó el casco, Hendrick lo abrazó. Leo correspondió al gesto, y tras unos segundos, rompieron el abrazo.

-¿Estás bien? ¿No te hicieron mucho daño?

-Estoy bien papá, solo fue el dolor de cuando me dispararon, pero no pasó nada.

-Lo que hiciste fue lo más irresponsable que pudiste haber hecho. Enfrentarte a todo un contingente de HYDRA y a uno de sus agentes más peligrosos.

-Papá, puedo explicarlo…

-Pero por otro lado detuviste lo que esos terroristas querían hacer. No sé qué hayan querido hacer, pero los detuviste, y probablemente así hayas salvado vidas.

-¿Entonces, estás enojado o feliz?

-Estoy enojado, pero hiciste lo correcto. Mañana iniciaré a entrenarte. Vi cómo te enfrentaste al Segador, y de seguro regresará, así que tienes que prepararte. Ahora entra a casa, necesitas descansar y cenar.

Hendrick fue a abrir la puerta, pero su hijo no se movió. Hendrick volteó preocupado y antes de que pudiera decir algo, Leo se abalanzó sobre él y lo abrazó.

-Te quiero papá. No te decepcionaré.

-No lo has hecho - le contestó, correspondiendo al abrazo.

Isla HYDRA

Segador estaba hincado frente a un hombre viejo, con un brazo rojo. Usaba un monóculo y miraba al Segador con decepción. Era el Barón Strucker, líder de HYDRA.

-Entonces fallaste en conseguir los recursos.

-Así es señor, pero en cambio conseguí algo que le puede interesar.

Entonces el Segador mostró un holograma con la imagen del Guerrero Dragón.

-Hay un niño mexicano que se hace llamar Guerrero Dragón. Tiene unas cuchillas, no son tan fuertes como el vibranio y el adamantio, pero según MODOC, es un material que se puede replicar fácilmente. Señor, si conseguimos una muestra suficiente, MODOC podrá hacer un ejército de Legionarios más fuertes que el acero.

Eso interesó a Strucker. No podía castigar al Segador por su fracaso. Era uno de sus mejores agentes junto a la Viuda Negra o Madamme HYDRA, pero podía sacarle provecho a su derrota.

-Sí es así como dices, contacta a MODOC, y hagan un plan para conseguir ese material. Nos puede ser más barato que ir a Wakanda por Vibranio.

-Así será señor.

Segador se levantó y se retiró de la sala, con una sonrisa en su rostro. Iba a tener la venganza que deseaba del niño.