Decidí escribir esta ficción basándome en varios doramas, novelas históricas chinas y algunos mangas con la misma temática, además de un fan fiction que esta en ingles fueron los que me inspiraron para escribir.
Los personajes de Kuroko No Basquet no me pertenecen, son solo medios para lograr lo que esta en mi imaginación.
La selección.
Todo comenzó ese día todo el pueblo estaba agitado por la llegada de unos generales leales al rey, nadie sabía la razón de su visita muchos rumoreaban que venían en busca de mi padre un antiguo general del ya fallecido emperador y el padre de este; caminaba tras mis hermanos mientras ellos charlaban con la gente del mercado podía sentir claramente como mi mente iba hacia casa hacia mi padre y luego hacia mi madre… ¡el dinero no alcanzara si la cosecha no produce lo suficiente! Mis manos se apretaron con fuerza la tela de mi ropa.
—Pequeña hermana, es hora de regresar. —hablo uno de mis hermanos asentí débilmente, mientras les seguía en silencio.
Una gran casa se divisaba en la lejanía envuelta en un bosque de bambú, pude ver pequeñas siluetas en el portal de nuestro hogar eran mis padres y mi sobrino el pequeño corrió a nuestro encuentro saltando a los brazos de su padre una sonrisa se dibujó en mis labios, aunque se borró al ver a esos hombres de armadura. Todos nos quedamos quietos viendo aquella escena mi viejo padre se había levantado de cama a pesar de su condición… él no se veía bien parecía enfadado molesto por lo que le hablaban los jóvenes hombres.
—Padre hemos traído las cosas del pueblo. —Hablo nuestro primer hermano, mientras los demás se adelantaban cubriendo mis vistas de aquellos hombres, como si quisieran ocultarme de ellos de pronto alguien me tomó del brazo introduciendo en casa como acto de reflejo mi mirada se dirigió a los extraños sin lograr ver nada.
En casa me dirigí hacía donde estaba madre que miraba hacia fuera con preocupación al verme soltó un suspiro de alivio una sonrisa se creó en su rostro mientras se acercaba a mí con sus ojos llenos de emoción… decía cosas que no podía oír como si hablase consigo misma o con alguien en el más allá… por la noche mi padre ofreció hospedaje a los señores protectores del imperio su rostro estaba fruncido mientras veía como madre y yo arreglábamos el lugar luego de la cena.
—Takenoko vete a tu cuarto. —me ordeno padre estaba por irme cuando me quede espiando lo que ambos tenían que decirse.
—¿Es cierto? —la voz de mi madre parecía aguda.
—El emperador la ha llamado…
—Mi niña aún es muy pequeña —por fin las palabras inaudibles de esta tarde se hicieron audibles para los tres mi corazón se detuvo y sentí una presión demasiado fuerte en su lugar, los sollozos de mi madre junto a la respiración grave de mi padre me provocaban llanto que ahogue con las manos sobre mi boca, corrí hasta mi cuarto ya no quería oír ¡quería que todo eso fuese una mentira!
Tenía los ojos cerrados con tanta fuerza para evitar llorar que comenzaron a doler mis brazos apretaban con la misma fuerza mis piernas para reconfortarme de aquella orden del emperador; mi mente fue a mis pensamientos de esta mañana… quizá era porque no había dinero suficiente para aguantar este año con todas las guerrillas que se provocaban en los alrededores de la ciudad carmesí e incluso en nuestro pueblo la tensión era palpable en todos lados había oído que su majestad daba una dote a las familias que entregaban a sus hijas quizá eso ayudaría a nuestro hogar, normalice mi respiración esperando calmarme de esas emociones que me alteraban de maneras que no imaginaba.
—Takenoko —estaba calmada por completo cuando ellos entraron al cuarto los mire, a ellos… mis padres queridos sus rostros parecían apenados.
—Ya lo sé… —hablé mirándolos a los ojos aun desde el suelo. —Yo… —dudé en si decir lo que diría o si tan solo debía mantenerme en silencio, lo decidí. —Yo deseo ir con el emperador, puedo ir a la selección y si ese hombre no me quiere buscare la forma de regresar a ustedes quizá la familia necesita lo que el emperador puede brindarnos. —tome las manos de ambos con una sonrisa forzada.
Escuché los sollozos de mi madre y no fui capaz de mirarle a la cara mi corazón estaba roto, mi padre me abrazó con fuerza con la poca que tenía me susurro esas palabras que se mantendrían por siempre en mi cabeza.
Temprano casi al amanecer desperté a mi gemelo Kiyoshi, aun con su cara medio dormida aceptó acompañarme a la cascada que había tras nuestra casa para un último baño en ella él se quedó vigilando mientras yo me desvestía al sentir la brisa de la mañana mi piel se erizo y el frio caló mis huesos, aun así seguí hasta donde caía el agua tuve la sensación que me tenía en sus brazos se sentía tan relajante a pesar de lo congelada que estaba, por mis ojos cerrados pasaron muchos recuerdos de mi infancia y niñez donde todo ahora parecía tan lejano.
—¡Tú no puedes estar aquí! —el grito de mi hermano me despertó de mi sueño.
—No es cortes que hables así a un general, mocoso. —era uno de los generales, nos había seguido como pude me cubrí y dirigí hasta donde estaban mis ropas lo más rápido que pude.
Al mirar a nuestro alrededor vi a otro hombre observando desde el bosque de bambú me cubrí rápidamente y me dirigí con mi hermano la idea de que un hombre me hubiese visto desnuda me hizo sentir apenada.
—Takenoko vámonos. —tomo mi brazo con fuerza sin lastimarme a penas mire hacia atrás para ver si había alguien, pero solo se veía el hombre al que mi hermano había increpado.
—Lo lamento, pensamos que se estaban escapando. —sonrió era un Sir… su cabello era tan amarillo como los girasoles en verano su piel parecía la porcelana que mamá guardaba con recelo, aunque ahora era amable se podía distinguir un tono de superioridad en sus palabras.
Así que si había otro hombre mi rostro enrojeció al escuchar sus palabras miré una y otra vez hacia atrás hasta que pronto recordé que me faltaba algo intenté regresar, pero mi hermano me sujetaba con fuerza. Entre a casa con rapidez mi madre estaba mirando la escena mi hermano sujetándome y ese hombre vigilándonos…
—¿Qué ha sucedido? —pregunto madre preocupada a Kiyoshi.
—Fuimos a tomar el ultimo baño de Takenoko y ese hombre nos siguió pensando que ella iba a escapar.
¿Es que ya todos sabían que jamás iba a regresar?
Madre se acercó a mi para comenzar a vestirme para mi viaje a la gran ciudad donde residía todo el clan Rakuzan y algunos clanes aliados ella me entrego la que iba a ser mi dote para el día de mi boda un elegante kimono de color azul claro con hojas y flores de bambú en las partes bajas de las mangas en conjunto con un lazo doble en colores rojos claros y guinda adornados con flores de hilos de oro este seguía siendo bello a pesar de que la seda estuviese algo desgastada, también había unas zapatillas simples y un hermoso peine de jade con algunas perlas rojas que colgaban del, mi madre con delicadeza cepillo mi cabello mis ojos estuvieron cerrados mientras ella me vestía con el hermoso kimono no quería verle porque si lo hacía me arrepentiría de todo lo que estaba haciendo y me quedaría en sus brazos para siempre.
—Estas… radiante hija… —la voz cansada de mi madre mi provoco dolor en el pecho. —ya es hora ve a despedirte de padre y tus hermanos.
—Tu hija Takenoko de la casa Kusanagi se despide de ti madre —me reverencié frente a ella, vi como sus manos se dirigían a su rostro para acallar sus sentimientos no podía hacer nada siquiera consolarla.
Mis hermanos estaban esperando en el cuarto de padre, mientras él estaba en la cama ayer había sido un día demasiado largo para todo, pero más por aquel hombre cansado; todos estaban tristes no había nadie en esa sala en que quisiese que se marchase de este pueblo ni de casa la mirada de mi sobrinito quien no parecía entender lo que sucedía me hizo sentir apenada no sabía que decirle ¿Qué le diría? Me arrodille frente a padre para recibir su bendición él solo poso su mano en mi cabeza.
—Tú hija Takenoko de la casa Kusanagi se despide de ti padre. —hice una reverencia como me había enseñado madre todos estos años creyendo que solo sería formalidad eso no lo hizo menos difícil al momento de ponerlo a prueba. —Su hermana Takenoko se despide de ustedes hermanos.
Ellos tenían su vista baja como si no quisieran interponerse en la decisión ya tomada desde mucho antes todo parecía tan formal como si el hecho de que fuésemos hermanos quedara atrás, tan pronto las formalidades acabaron mis hermanos, sobrinos y madre me acompañaron hasta la carroza que esperaba por mí al comenzar a andar la carroza pude escuchar a mis hermanos gritar mi nombre en la entrada de la casa sus gritos rompían mi corazón se suponía que debía ser fuerte y no mirar atrás la decisión ya estaba tomada cerré mis ojos con fuerza para así evitar llorar, las voces de mis padres gritar se acercaban a pesar de ya estar bastante lejos de casa intenté no mirar atrás.
—¡Takenoko! —en ese instante mi corazón que se mantenía unido por finos hilos de telaraña se rompió en miles de pedazos, ese solo grito de mi padre me hizo sentir como la mujer más perversa del mundo.
—¡Mamá! —grite sacando la mitad de mi cuerpo por la puerta del carruaje. —¡Papá! ¡Papá! —repetí una y otra vez con las lágrimas en los ojos.
—¡Takenoko!
En ese mismo instante estuve dispuesta a dejarlo todo por volver con ellos a sus cálidos brazos de los cuales jamás debí salir, pero mi plan fue rápidamente frustrado por un hombre el cual me empujo de nuevo dentro del carruaje mis ojos se inundaron de lágrimas y de mi boca solo salían sollozos casi como gritos afligidos.
—¡Tú decidiste forjar ese destino para ti! y ya no tiene sentido llorar por las decisiones tomadas.
A pesar de que él tenía razón no podía evitar seguir llorando quería contener mis sollozos ahogándolos en lo profundo de mi corazón ¡Era una mala mujer! De a poco mi llanto comenzó a decaer hasta que solo fueron leves hipidos, al mirar por la ventana vi a aquel general que me había tirado dentro de la carroza no había notado que había más escoltándome…
—Shintaro nos adelantaremos a la ciudad, hay avisos de revueltas iremos a poner orden para la llegada de la hija del general Kusanagi. —la voz de otro hombre resonó por el bosque, luego el sonido de los caballos marchar a gran prisa.
Tras su partida todo quedo en silencio todo parecía haberse detenido el atardecer había tomado el cielo mis ojos cansados del llanto querían abrazar el sueño a pesar de mi resistencia.
—Kazunari acamparemos aquí para evitar encontrarnos con lo que sea que este más adelante. —La voz del tal Shintaro me hizo despertar.
—Como ordenes, iré a buscar leña para una hoguera.
Nuevamente el silencio de ese atardecer me mecía sobre sus cálidos brazos provocando un adormecimiento total de todo lo que había ocurrido este día, un ruido extraño nuevamente me saco de ese trance que me adormecía de todos mis sentimientos mire con detención al hombre no traía armadura, pero aun así podía ver en sus rasgos que era un soldado… Shintaro ¿Shintaro Midorima? Seria este la mano derecha del emperador muchos en el pueblo cuentan sus hazañas en la campaña del nuevo emperador para tomar los reinos vecinos y unificarlos ¡Shintaro el estratega número uno del imperio! Solía oír cuando se hablaba de este hombre.
—Lo que me dijo hoy… ¿Cree en el destino, señor? —solté la pregunta que rondaba mi mente.
—No es correcto que nos dirijamos la palabra el emperador podría matarme por mirar a su dama. —su respuesta me desconcertó por completo.
—No soy su mujer, yo… ¡aun no soy su mujer hasta ser elegida! —le respondí sacando mi torso por la ventanilla del carruaje.
Él me miro desconcertado, su rostro parecía difícil de leer tal y como la gente describiría al mejor estratega del reino mi corazón parecía agitado por tal acción realizada en un impulso casi desconcertante por aclararle que yo aun era una mujer libre tras no recibir ninguna respuesta entre nuevamente y lentamente el sueño se apodero de mi sumiéndome en todos mis recuerdos que me hacían libre, la calidez del arrullo de mi madre, mientras la voz de mis hermanos me llamaban para jugar junto a ellos en la lejanía mi padre llamándome para enseñarme las cosas que había traído desde la gran ciudad esa calidez comenzó a desvanecerse con el tacto de los rayos de sol en mi piel esa luz perteneciente al amanecer nunca la había visto de esa manera, junto a ella la ciudad carmesí parecía imponente me acomodé el ropaje y al mirar por la ventana pude ver a mucha más gente de la que jamás había visto tantos comerciantes que jamás se acercarían a mi pueblo y entre los comerciantes mis ojos solo se fijaron en unos abanicos eran preciosos, mi único abanico lo había olvidado ayer mientras tomaba mi baño en la cascada; El abanico fue hecho por mi madre como amuleto de suerte y amor para mi padre cuando fue a su primera contienda en nombre del emperador ¡y lo deje tirado como si no significara nada!
—¿Acaso en tu pueblo no venden esas cosas? —habló alguien yo tan solo negué mientras miraba con emoción todo el alrededor.
Lentamente fuimos ascendiendo hasta el portal del palacio carmesí, una criada me ayudo a bajar de la carroza enseñándome el camino hasta los jardines reales en donde las demás jóvenes estaban aguardando todas ellas unas hermosas flores tan perfectas, lindas, delicadas y perfumadas esas serían las palabras correctas para describir a todas las doncellas que aguardaban el llamado del emperador. Otra tarde comenzó a caer y aún no recibía el llamado del sol del imperio comencé a creer que jamás lo harían comencé a apenarme ¿había hecho todo esto por nada?
—Has olvidado esto. —sentí que algo me golpeaba en el hombro era mi abanico podría reconocerlo donde fuese lo sentí en mis manos tomándolo con fuerza. Era aquel general que me había escoltado hasta la ciudad a salvo.
—Aguarde aun no pude agradecerle —Nuestros ojos perdieron el uno en el otro, esos ojos de color verde me hechizaron por un instante.
—No hace falta es una disculpa por lo de el otro día no fue nuestra intención importunarte. —rompió ese silencio mágico que habíamos creado por casualidad, tragué saliva dirigiendo mi mirada hacia otro lado asentí en forma de gratitud mientras él se marchaba.
