Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama. La imagen de portada es de la maravillosa Lupis OrSa.
-Esperándote-
Cuando se enteró de aquella noticia, sintió que no podría volver a ser tan feliz en toda su vida. Videl y él eran jóvenes y estaban recién casados, pero ¿qué más daba? Donde hay amor, todo se puede, al fin y al cabo.
Con el paso de los meses y el abultamiento del vientre de su esposa, que evidenciaba que su hija estaba a poco de nacer, fue poniendo los pies sobre la Tierra. Seguía estando ilusionado, por supuesto, pero una sensación temerosa y de incertidumbre también rondaba por su cabeza.
Temía defraudar a Videl, a su hija; temía defraudarse a sí mismo y no ser un buen padre.
Incluso habiendo criado prácticamente a su hermano pequeño y haciéndolo de forma bastante aceptable a pesar de sus circunstancias, pensaba que no era lo mismo. En esos tiempos era mucho más joven y el tesón incansable de su madre también ayudaba. De hecho, casi toda la responsabilidad recaía sobre ella.
No culpaba a su padre, pero su infancia y adolescencia había sido completamente atípica. Con solo cuatro años, Goku murió y él tuvo que ir a entrenar con Piccolo, dejando así a su madre sumida en la más absoluta soledad. Y su adolescencia tampoco fue mejor, pues la pérdida de su padre, la culpa que arrastró por ese hecho, la crianza de Goten y las lágrimas nocturnas de Chichi hicieron de aquella etapa de su vida algo mucho más complicado de lo que ya es de por sí.
No quería que su hija tuviera que pasar por algo similar.
Por eso, llevaba unas semanas más serio de lo normal, más dubitativo, más absorto de su realidad, como apartado de todos de forma inconsciente. Sin embargo, no fue algo que pasara desapercibido para Videl, quien lo observaba muy de cerca.
Creía que en ocasiones había que dejarle su espacio, pero debía indagar. En el fondo, le preocupaba verlo de esa manera, como distraído continuamente y no disfrutando junto a ella de los últimos meses del embarazo.
Entró en el salón y lo vio allí, sentado en el sillón como observando a la nada, y se acercó hacia él mientras lo miraba continuamente.
Gohan se percató, alzó la mirada y le sonrió de forma algo cansada. Entonces, vio a su esposa extendiendo las manos y las agarró entre las suyas. Era como si aquel gesto le traspasase algo de la energía que tanto necesitaba en los últimos tiempos.
–¿Qué es lo que pasa, Gohan? –preguntó sin rodeos, pero con una voz cálida, envolvente.
El semisaiyajin se sorprendió mucho por aquellas palabras porque no creía que Videl hubiese notado su creciente preocupación. Llevó una de sus manos hacia la cintura femenina y comenzó a acariciarla con suavidad.
–No me pasa nada. ¿Por qué dices eso?
La mujer de mirada clara frunció un poco el ceño. Qué desfachatez le parecía que quisiera engañarla, sabiendo que eso no era posible. Lo conocía, lo leía perfectamente, sabía cuándo había algo que le atosigaba. Y esta era una de esas ocasiones.
–Vamos, Gohan –reprochó, sonriendo entre molesta y divertida–. No me engañes. Suéltalo, anda. Te sentirás mejor.
Gohan suspiró y siguió mirándola a los ojos.
–No quiero ser un mal padre –soltó, franco.
Videl no se esperaba esa rotundidad, sino que pensaba que le daría muchas más vueltas al asunto antes de confesar, pero le alegró no tener que estar haciéndole interrogatorios innecesarios.
–¿Por qué dices eso, tonto? –dijo, comprensiva, sonriente, contagiándole a su esposo algo de su positividad–. Eres una buena persona y un excelente marido. No hay forma posible de que vayas a ser un mal papá.
Él, hastiado por aquella imagen de hombre perfecto, la abrazó completamente por la cintura y llevó su mejilla hacia el vientre de Videl. Comenzó a mover la cabeza para acariciar el hogar de su hija.
Se sentía aliviado de tenerla a ella, porque era con la única que podía ser verdaderamente él, que podía mostrar sus miedos, sus fallos, sus traspiés, y eso le daba mucha paz. Toda su vida había estado al pie del cañón siendo la parte racional, calmando a su madre, cuidando a su hermano y todos necesitamos desmoronarnos a veces y que alguien recoja nuestros pedazos y nos recomponga. Y con él eso solo era capaz de hacerlo Videl.
De nuevo, alzó la vista para mirarla.
–No tengo un referente directo. No sé cómo tengo que comportarme, cómo actuar, qué valores debo inculcarle para que sea feliz.
–Gohan, ¿te estás escuchando? –preguntó Videl, sarcástica–. Si fuiste capaz de criar a Goten cuando solo tenías once años, ¿cómo no vas a poder con esto? Además, eres inteligente, bueno, culto, simpático, noble. Solo tienes que ser tú mismo, enseñarle los valores que tú tienes. Y si hablamos de referentes, mi madre murió cuando era pequeña. Yo tampoco tengo. Pero estoy segura de que todo saldrá bien.
Se sintió estúpido en ese momento, egoísta, un sinsentido en sí mismo.
–Lo siento, Videl. Yo…
–No –volvió a reprocharle, cortándole su discurso pesimista–. No te disculpes más ni vuelvas a pensar así. Solo quiero que te relajes y que la esperemos juntos.
Gohan sonrió, ya liberado de todos sus temores, de todas las incertidumbres que lo llevaban acosando durante las últimas semanas.
Lo único que le hacía falta para volver a su ser era estar junto a Videl. Era algo curioso porque su esposa encarnaba la figura de alguien que nunca pidió ni esperaba, pero sin la que no podía vivir en su presente ni sin la que se imaginaba su futuro. Y sin Pan, por supuesto, tampoco.
–¿Has oído, Pan? –dijo, hablándole al vientre–. Estamos esperándote, no tardes.
Los dos volvieron a cruzar sus miradas. Realmente a ninguno le hacía falta otra cosa que no fuera ese momento.
Observando a una Pan de tres años corretear sin cesar, Gohan y Videl se encontraban sentados en el jardín trasero de su casa.
Su hija era incansable. La energía procedente de la raza saiyajin aunado con lo inagotable que son los niños hacía que no parase quieta ni un segundo.
Hacía tiempo que Gohan no tenía las inseguridades que llegó a tener con respecto a la crianza y al cuidado de Pan y en eso había ayudado –y mucho– Videl.
–Videl –la llamó tranquilo, sin voltearse a mirarla, sin despegar su vista de su hija que ahora se encontraba recogiendo algunas flores–, ¿no crees que deberíamos tener otro?
–¿Otro qué? –cuestionó ella, contrariada.
–Otro hijo.
Lo soltó de una forma tan natural que la sorpresa de Videl fue aún mayor. Giró el rostro para mirarlo, pero él, con la sonrisa más afable que había visto en su vida instalada en los labios, seguía con la vista fija en los juegos de Pan.
–¿Qué dices? Todavía es muy pronto. Pan es muy pequeña –explicó.
–Sí, tal vez más adelante.
La conversación se acabó ahí, pues la niña se aproximó hacia sus padres corriendo y se abalanzó sobre Gohan con ímpetu. Después, le extendió unas margaritas mientras se reía de forma simpática y atolondrada, justo como hacía su abuelo paterno.
–¡Papi, mira, te he traído un regalo!
–Gracias, cielo. Son preciosas –elogió Gohan mientras le acariciaba la cabeza.
–Oye, ¿y para mí no hay nada? –Videl fingió un puchero y Pan abrió la boca con preocupación por no haberse acordado de su madre.
En realidad, le encantaba que la niña adorase de esa forma a Gohan, pero de vez en cuando también quería recibir aquellas muestras de cariño.
Gohan acercó a Pan hacia él y le susurró al oído: –Ve a recoger unas flores para mamá también, no vaya a enfadarse con nosotros. Las de color rosa son sus favoritas.
La pequeña se fue corriendo, mientras Gohan y Videl se reían por su carácter risueño, inquieto y amable.
–¿Celosa? –preguntó él, intentando picarla.
–Claro que no. Quería ver cómo lo resolvías.
El semisaiyajin se acercó hacia ella y le dio un beso corto en los labios, sintiendo que todo su pasado lleno de guerras, pérdida y destrucción había valido la pena solo por permitirle vivir ese instante.
Aunque no sabía qué le depararía el futuro, sí era consciente de todo lo que le había otorgado el presente. Y no podía ser más perfecto.
FIN
Nota de la autora:
Este fic es para ti, mi querida Lupita. Gracias por regalarnos tanto talento y dejarme usarlo como portada de esta historia que no le hace justicia a la belleza de tu dibujo.
Espero que todos estéis pasando estos tiempos tan convulsos de la mejor manera posible. Ojalá os haya gustado y entretenido esta pequeña historia.
Por cierto, os voy a pedir un favor. Si podéis, pasad por mi perfil para votar en la poll que he abierto. Como ya he anunciado, Vía de escape está a solo seis o siete capítulos de acabar y me gustaría que me ayudarais a definir el rumbo para mi próximo long-fic Godel. Es un segundo, no cuesta nada y os lo agradecería infinitamente.
Y nada más. Todo lo que queráis, a los comentarios.
Nos leeremos en la próxima.
