Disclaimers: Ni Detective Conan ni Bleach me pertenecen, sólo los tomo prestados sin permiso, porque no se lo he pedido prestado ni a Tite Kubo ni a Gosho Aoyama.

Esto es un proyecto que se me ocurrió hace largo tiempo, como unos diez años desde la publicación oficial de este fic, así que lleva esperando ver la luz desde hace tiempo.

Hace unos días le pregunté a Ushio si lo recordaba de cuando lo comentamos en su tiempo y le planteé si lo quería como regalo de cumpleaños, y cual sorpresa… Aunque no tanta sabiendo que tiene mejor memoria que yo… Le gustó la idea y lo quiso.

Así que aquí estoy, una historia que empecé como fic, la he modificado para que se convierta en un shot. Lo he hecho sobre todo, porque sé que no podré hacerla de varios capítulos.

Tengo que aclarar, que esta historia la empecé cuando Bleach aún no había terminado, así que sería antes del último capítulo del manga. Y he tenido que modificar la historia de Detective Conan porque al avanzar, la he tenido que actualizar a lo que se sabe. (Pairing oficial *cof* *cof*) Así que si veis alguna disparidad, lo siento mucho.

Sin mucho más, ¡feliz cumpleaños Ushio!


¿Los fantasmas son reales?

Un manto oscuro cubría el cielo. Las farolas iluminaban las solitarias calles. En un callejón, se podía escuchar un sonido dentro de un cubo de basura, de él, sale un animal con ojos amarillos y rasgados. El animal tenía otro ser en su mandíbula, sin vida. El animal miró a su alrededor, alerta, y salió corriendo hacia un muro de cemento, para saltar ágilmente hacia el otro lado.

Cruzó el jardín y se escondió detrás de unos matorrales de debajo de un gran ventanal. Se tumbó sobre el césped y se colocó a su presa entre las patas, donde la agarró y empezó a devorarla.

Estaba por su segundo bocado cuando escuchó un ruido por su fino oído. Se detuvo en su cena y se mantuvo quieto, alerta, mirando hacia la ventana.

El sonido salía del interior. Un timbre algo molesto para las horas que eran. Las luces se encendieron y el negro gato erizó el pelo y bufó hacia la casa. Cogió el ratón y salió huyendo.

El habitante de la casa bajaba las escaleras de su domicilio medio dormido y bostezando. Llegó al recibidor y, aún con los ojos cerrados, cogió el aparato que sonaba tan fervientemente.

Pudo musitar un leve saludo, maldiciendo interiormente la llamada. Cuando escuchó la voz animada que provenía del otro lado del teléfono, sólo pudo gruñir cansado y molesto. - ¿Se puede saber por qué me llamas a estas horas? Me da igual que ahí sea por la mañana, aquí son las tres de la madrugada. – Se quedó en silencio, escuchando lo que le decían. Sus ojos se abrieron por la sorpresa, dejando ver que eran de color zafiro.

Cerró de nuevo los ojos y suspiró cansado, dándose la vuelta y apoyándose sobre la pared del recibidor. – Habéis discutido otra vez, ¿verdad? ¿No crees que ya son mayorcitos para estas tonterías? – De nuevo silencio en el lugar. – Ya… Tengo que colgar… - El rostro del chico se sonrojó levemente. – Estoy solo. – Dijo tajante. Su rostro volvió a la normalidad, con un deje de tristeza. – Las cosas van normal. – Con el brazo libre se cruzó el pecho. – Dice que no, pero sé que está resentida.

El silencio reinó el lugar un buen tiempo. – Claro… Mañana tengo clase. – En su rostro apareció una leve sonrisa. – Yo también.

Colgó el auricular y se alborotó su cabello castaño. Esa mujer algún día le volvería loco, y aún no sabía si lo hacía adrede o era sin percatarse.

Se dirigió hacia la cocina y tomó un vaso de leche, a ver si conseguía conciliar el sueño de nuevo. Mientras bebía del líquido, una sombra pasó frente a la puerta, alertando al adolescente y corriendo fuera de la estancia. - ¿Hay alguien ahí? - Silencio. Llevaba varias semanas con esa sensación extraña y pareciendo que veía cosas, borrones que no visualizaba su forma exacta. ¿Se estaría volviendo loco?

En el otro lado del mundo, una mujer permanecía sentada sobre un sofá. El ruido del tráfico en una de las metrópolis más grandes del mundo inundaba el lugar. Sus ojos azules zafiro oteaban el horizonte de rascacielos. Sus cabellos castaños claros y rizados caían por sus hombros y brillaban con el sol del mediodía.

Miró el teléfono un buen rato, y una sonrisa traviesa apareció en su terso rostro. Tomó el auricular y marcó un número al que hacía años que no llamaba.

Sonó un tiempo hasta que escuchó una voz soñolienta al otro lado. – ¡Buenos días! – Dijo animadamente. – ¿Acaso ya no me recuerdas? – Disimuló desilusión. – Con todo lo que hemos pasado juntos…

Sonrió de nuevo. – ¡Veo que lo recuerdas! – Se tuvo que apartar el auricular de la oreja por el grito que vino del otro lado. Cuando sintió que el peligro de quedarse sorda había pasado, volvió a ponerse el aparato en el oído. - ¿En serio? ¡Ah! Cierto… Mi hijo acaba de decírmelo… Pero bueno tú deberías levantarte temprano por tu trabajo… - Dijo como si nada. Se hizo el silencio en la habitación y una sonrisa suspicaz se asomó en los labios de la castaña. - ¿Quieres saber por qué te llamo después de tantos años? – Cerró los ojos y se recostó sobre el sofá. – Porque me aburro. Así que me apetecía hablar con alguien.

Hizo un mohín. - ¿Tú también? ¡Si discutimos son cosas mías! Además, quiero saber de ti, no estamos para hablar sobre mí. – De nuevo el silencio en la habitación, sólo se escuchaba el tráfico de la ciudad.

- Si que ha sido mucho… - En un instante, el rostro de la mujer se iluminó y sonrió. – Se me ha ocurrido una idea, ¿querrías escucharla?

-.-.-.-.-.-.

La luna desapareció del firmamento y dio paso al astro rey. Empezaba a alumbrar las calles y las farolas que anteriormente hacían su trabajo, comenzaban a apagarse.

En una casa de dos plantas y tejado a dos aguas reinaba el silencio. Sus habitantes dormían en sus cómodas camas, excepto un individuo, que iba de un lado a otro, en silencio.

Esa persona abrió de repente una puerta y se lanzó sobre la cama. - ¡Ya es hora de despertarse! – Pero no consiguió tocar a quien se encontraba en la cama, ya que un brazo le golpeó el rostro y le mandó a volar hacia el pasillo, golpeándose con un sonoro golpe y cayendo al suelo de cabeza.

El chico que se encontraba en la cama se incorporó y se quedó sentado, alborotándose su anaranjado cabello con una mano. – Eres muy ruidoso, viejo. – Se quejó.

El hombre de cabello negro y con barba de pocos días le miró con una sonrisa radiante y levantó el dedo gordo en señal de aprobación sin moverse de como estaba. – Has mejorado, Ichigo.

- ¿Te crees que aún tienes edad para hacer estas cosas? – Una chica de pelo negro hasta los hombros se acercó al hombre con cara de malas pulgas y le golpeó en la cabeza con el puño.

- ¡Auch! – Se quejó. – Karin… - Se quedó sentado en el suelo con los pies cruzados y con una lagrimita asomando del ojo derecho. – A papá no se le pega. – Comenzó a llorar.

Una niña un poco más pequeña que Karin y con el cabello castaño, la única que había heredado el color de cabello de la madre, apareció restregándose los ojos inocentemente. – Papá, no debes molestar a Ichinii. Está cansado por quedarse despierto hasta la madrugada.

El hombre paró de llorar y se levantó como si no hubiese pasado nada. - ¿Quedarse hasta las tantas? ¿Sales hasta la madrugada? ¡En mi casa hay unas normas de horario! Aunque bueno… - Se llevó una mano al mentón. – Si es por una chica todo cambia… - Miró a su hijo, que se había levantado de la cama y se dirigía hacia él. - ¿La conocemos? ¿Cuándo la vas a presentar oficialmente?

Ichigo sujetó la puerta y la cerró de golpe ante sus narices. – Maldito viejo. – Maldijo con una vena a punto de explotar en la frente.

Isshin Kurosaki miró a sus hijas. - ¿Qué he dicho?

Yuzu, la castaña, suspiró cansada. – Es por los exámenes finales, papá.

- No te molestes en explicárselo. Mañana pasará lo mismo que hoy, igual que ayer. – Dijo Karin agarrando la mano de su hermana y llevándosela escaleras abajo, hacia la cocina.

- ¡Oh Masaki! ¡Nuestro hijo adolescente está dando su empeño para ser alguien de provecho en la vida! – Gritó mirando hacia el techo mientras se adentraba en su cuarto.

Mientras su familia no paraba de hacer escándalo, o más bien el prototipo de padre que tenía, el pelinaranja se preparaba para ir al instituto cuando la puerta de su armario se abrió, mostrando a un pequeño muñeco viviente de color naranja y con forma de león. O al menos se intentó que aparentase al señor de la selva. - ¡Maldición! ¿Es que uno no puede dormir tranquilo en esta casa? – Se quejó encolerizado mientras saltaba lanzándose contra el chico.

Pero éste le sujetó con una sola mano y lo lanzó hacia la pared. – No lo pagues conmigo, Kon.

- ¡Bastardo! – Dijo cuando consiguió ponerse de pie sobre el escritorio y le señalaba. – ¡Eres el único que está aquí! ¿No? ¡Esto es una mierda! Si nee-san estuviese aquí, mis penas se apaciguarían entre sus dulces brazos. – Dijo con estrellas en los ojos imaginándose a una chica de baja estatura, cabello negro y ojos azul oscuro.

- Te pisoteará antes de que la toques. – Dijo como si nada Ichigo.

- ¿¡Tú qué sabes!? – Volvió a enfadarse. - ¡No sabes nada de mi nee-san! ¡Ignorante! – Vio que se iba con su cartera a la espalda sujetada por una mano. - ¡Eso! ¡Vete! – Saltó sobre la cama y se acomodó. – Toda la habitación para mí solito. – Se carcajeó.

- Ponte cómodo si quieres. – Dijo Ichigo virándose con la puerta abierta y mirando al peluche parlante. – Pero no te muevas mucho, Yuzu vendrá a pasar la aspiradora ahora que ya está en las vacaciones. – Y cerró la puerta tras él, dejando a un Kon con un sudor frío recorriéndole su piel de felpa. No le gustaba nada ese aparato que le podía succionar el alma, literalmente.

Mientras bajaba por las escaleras, comenzó a apreciar el olor de tostadas recién hechas, preparadas por su hermana menor. Se dirigió al salón y vio preparado en la mesa de comedor un plato con las citadas tostadas untadas con mermelada y un vaso de zumo de naranja. – Yuzu, me lo podía haber hecho yo, tú descansa que estás de vacaciones.

La castaña apareció desde el pasillo con una sonrisa que nunca se despejaba de sus labios. – Me gusta hacer las cosas de la casa, Ichinii.

- Además, conociéndote… - A su lado apareció su hermana Karin. – Te irías sin desayunar si te dejamos sólo.

La pequeña se escandalizó mirando a la pelinegra. - ¡No puede! – Volvió a mirar a su hermano mayor. – Ichinii, tienes que tener fuerzas para tus exámenes.

Ichigo se tomó el vaso casi sin respirar. – Si, si. Lo sé. – Tomó las tostadas y se dirigió a la salida. Cuando pasó frente a Yuzu le pasó una mano por su castaño cabello. – Gracias. – Y salió de la casa.

En la calle, un chico de cabello castaño hablaba atropelladamente con otro de cabello negro, aunque el segundo no le hacía mucho caso. El castaño, cansado de ser ignorado, gritó. - ¡Mizuiro! ¿Quieres escucharme de una vez? ¡Lo que te estoy diciendo es importante!

El pelinegro no paraba de mandar mensajes por el móvil. – Claro Keigo, el novio de tu hermana está raro.

- ¡Eso no es lo que te he dicho! ¡Lo has entendido todo al revés! ¡Te decía que mi hermana está rara porque aquél calvo no ha aparecido más! Por mí está bien que haya desaparecido, pero Mizuho no para de pagarla conmigo…

- Qué bien… - Respondió el otro.

Keigo le miró enfadado, y en ese momento se dio cuenta de que alguien a quien conocía acababa de aparecer tras una esquina.

Empezó a correr hacia él con lágrimas en los ojos. - ¡Ichigo! – Gritó alargando la última vocal. - ¡Mizuiro no para de enviarle mensajes a sus novias adultas y no me hace caso!

El pelinaranja levantó una mano y detuvo al castaño con un golpe en la cara. – Hola Keigo. – Le saludó cuando estaba en el suelo. Vio llegando al pelinegro y también le saludó. – Mizuiro.

El chico se detuvo en lo que estaba haciendo y sonrió. – Buenos días, Ichigo-kun.

- Hola, Ichigo. – Escucharon que dijeron a sus espaldas. Cuando se viraron, vieron a un chico mucho más alto que los dos, de piel morena y de cabello moreno sobre la mitad de su rostro.

- Oh, hola Chad.

- ¿Qué tal lleváis el examen? – Preguntó Mizuiro.

- No demasiado bien. – Contestó Keigo ya levantado de la acera. – No hay quien entienda ese libro. Así que tendremos que sacarlo después de las vacaciones.

Los tres chicos le miraron sin inmutarse. – Yo lo llevo bien. – Respondió Ichigo, haciendo que al castaño le saliese una gotita en la nuca.

Chad asintió con la cabeza a lo que dijo el pelinranja, haciendo que la gota de Keigo se hiciese más grande. – El libro es muy fácil. – Dijo Mizuiro alegremente.

Keigo se quedó blanco de la impresión. – Sois… Sois… - Y se echó a correr con grandes lagrimones. - ¡Unos cabrones traidores! – Los otros tres chicos siguieron hacia el instituto tranquilamente.

En las clases se escuchaba el murmullo de los alumnos hablando animadamente los unos con los otros. En una de ellas, una chica de cabello caoba hasta los hombros y unos ojos grises tras unas gafas se acercó por detrás de una chica de cabello naranja oscuro largo y se agarró de sus pechos, alarmando a la chica de ojos castaños. - ¡Orihime! Buenos días querida, ¿has estudiado?

- Chizuru-san… - Dijo sonrojada la pelinaranja.

Una chica de cabello negro corto se acercó a las dos y mandó a volar de un puñetazo a la chica de gafas, justo en el momento en que Keigo abrió la puerta, haciendo que los dos chocaran contra la pared del pasillo. – Cómprate una muñeca hinchable y deja a Orihime tranquila, lesbiana desquiciada.

La chica se levantó y se enfrentó contra la chica que la había golpeado. - Entérate bien, Arisawa. Nadie se interpondrá entre mi Orihime y yo. – Sus miradas soltaban chispas.

La puerta se volvió a abrir, dejando paso a Chad, Mizuiro, Ichigo y a un devastado Keigo.

Los chicos se dirigían a sus mesas, y el pelinaranja saludó a la chica pelinegra cuando pasó junto a ella. – Tatsuki.

- Buenas Ichigo. – Respondió sin dejar de amenazar con la mirada a la pervertida de la clase.

- Buenos días, Kurosaki-kun. – Saludó con una sonrisa Orihime.

- Buenas. – Respondió sin detenerse hasta llegar a su mesa y dejar su mochila.

Inoue se le quedó mirando con unos ojos tristes. Hacía ya de unos meses desde la batalla final contra Yhwach, y parecía que el chico se encerraba poco a poco en sí mismo, sobre todo cuando ella intentaba hablarle. ¿Habría hecho algo mal?

- Buenos días, Inoue-san. – Escuchó tras ella.

La chica se giró y vio a un chico alto, de cabello negro, que estaba levantándose las gafas con dos dedos desde el centro de las monturas. Ella volvió a sonreír, intentando ocultar la preocupación y la tristeza. – Buenos días, Ishida-kun.

El joven levantó una bolsa que tenía sujeta y se la extendió a Inoue. – Aquí tienes el vestido que me pediste.

La chica la cogió y miró en su interior. - ¡Gracias! Pero te dije que no había prisa, espero que no te haya quitado horas de estudio. – Comentó preocupada.

- No te preocupes. – Le quitó importancia mientras se sentaba en su sitio. – Sólo me llevó media hora.

- ¿En serio? – Preguntó sorprendida. – Eres un excelente sastre.

- No ha sido nada. – Dijo mientras se sentía alagado por las palabras de su amiga. También había notado que su intercambio no había pasado desapercibido para cierta persona, haciendo que su sonrisa de autosuficiencia creciera aún más.

La profesora entró por la puerta, dando señal que la hora lectiva había comenzado y así, un duro día de exámenes.

A la salida, todo el grupo de amigos se dirigían hacia sus casas y se preguntaban los unos a los otros por cómo les había salido los exámenes, y siempre que se lo preguntaban a Keigo, una nube negra se posaba sobre él. – Si no hubiese sido por neechan… - Murmuraba entre lágrimas.

- Por fin vacaciones. – Dijo Mizuiro mientras se estiraba.

- ¡Sí! – Gritó Keigo, olvidando sus pesares. – Sol, calor… ¿Sabéis lo que significa? – Dijo con ojos relucientes por la emoción.

- Lavar los peluches. – Dijo Sado.

- Coser mientras se bebe limonada. – Dijo Uryuu mientras se levantaba las gafas.

- Los campeonatos de verano. – Dijo Tatsuki mientras se golpeaba el puño con su otra mano.

- Comer helado de papaya con trozos de nueces y plátano. – Dijo Inoue mientras se posaba un dedo en el mentón.

Con cada frase que decían los chicos, una gota tras la nuca de Keigo crecía más y más. - ¡No! ¡La playa! ¡Chicas en bañador! El sueño de todo adolescente que se precie.

- Yo me voy por aquí. – Dijo Ichigo desviándose por un callejón.

- Vale. – Dijo Tatsuki pasando olímpicamente del castaño. – Nos vemos.

- ¡Ichigo! – Gritó Keigo. - ¡Te llamaré para ir a ver pivones a la playa!

- Lo siento pero este verano estoy ocupado. – Dijo sin detenerse, perdiéndose tras una esquina.

- ¿Qué puede ser más importante que ver a tías buenas en bañador? - Gritó exasperado el castaño, mientras la chica de caballera naranja veía con tristeza cómo se iba.

- ¿Qué es lo que le pasa a Ichigo? Está… Más callado de lo normal. - Comentó Mizuiro viendo cómo desaparecía por una esquina.

- Tendrá problemas de faldas. - Comentó Keigo, recibiendo un golpe tanto de Tatsuki como de Uyuu. - ¡Eh! - Se quejó y vio la mirada reprobatoria de sus atacantes, para luego ver a la pelinaranja. - Ah… Quiero decir con sus hermanas, por supuesto… Ya son mayores y tendrá moscones a su alrededor. Estará raro por eso.

- Lo siento. - Orihime les miró con una sonrisa. - Acabo de recordar que tengo que estar pronto en casa. He hecho la compra y el repartidor estará a punto de llegar. - Salió corriendo por otra calle. - ¡Ya estaremos en contacto! - Despidió con una mano.

- ¡Orihime! - Le gritó su amiga. - ¡No corras y mires hacia...! - La pelinaranja se tropezó y cayó al suelo, haciendo suspirar a su amiga. - Atrás… - Se llevó una mano a la cara. - No sé ni por qué lo intento.

Inoue se levantó con una risa nerviosa. - ¡Estoy bien! ¡Nos vemos!

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En otra parte de Japón, más concretamente en Tokyo, también los estudiantes salían de sus centros de estudios, algunos sonriendo, otros no tanto al ver que sus exámenes no salieron del todo bien.

Dos amigas caminaban hablando animadamente sobre sus planes para las vacaciones. - Makoto tiene un torneo en París, y me ha pedido que le acompañe. - Sus manos se juntaron y miró risueña a su amiga karateka. - ¿Crées que se declarará? París… La ciudad del amor…

- Creo que tienes que aprovechar al máximo. - Asintió la castaña.

- ¿Y tú? ¿Planes con tu novio? - Preguntó con picaresca.

Su sonrisa se torció y miró hacia el suelo. - No es que estemos en buenos términos en este momento…

- Ran… - Su amiga maldijo al detective interiormente, entendía sus motivos, pero viendo el sufrimiento de su amiga no estaba tan segura. - ¿No me dijiste que le habías perdonado?

- Y eso quiero hacer… Entiendo sus motivos y quiero perdonarle… Pero cada vez que veo que otra gente lo sabía y yo era la estúpida ciega…

- ¡No! Te engañó para protegerte…

Sonrió con tristeza. - Eso quiero pensar… Le quiero demasiado para que esto nos separe…

- Eso es lo que quería escuchar. - Las dos muchachas se giraron al escuchar que alguien había oído su conversación. Una castaña las miraba con una sonrisa alegre.

La karateka se sonrojó hasta las puntas. - ¿Señora Kudo? ¿Q… Qué hace aquí?

- Pues vine a invitar a mi única y preferida nuera a pasar el verano en las montañas, y veo que vine en el mejor momento. - La cogió del brazo. - Un verano en el campo con la familia política, al aire fresco, hará que pienses bien lo que hizo mi tonto hijo.

- ¿Y Shinichi?

- También irá, por supuesto. Quiero pasar algo de tiempo con él. Aunque primero tendré que decírselo. - Comentó como si tal cosa.

- ¿No lo sabe?

- Lo sabrá pronto. - Sonrió divertida.

Sonoko arqueó una ceja. - ¿No se supone que la idea de arreglar un problema, es que la pareja en cuestión se vaya sola?

- Oh, pero si tendrán intimidad. El campamento al que iremos es muy amplio. Con las cabañas separadas, con lo que no se escuchará lo que pase dentro. - Sugirió.

El rojo de Ran no podía subir más. - Señora Kudo… Por favor… Mi padre…

- Ya está hablado con Kogoro. - Dijo despreocupada.

- ¿Y ha aceptado? - Cuestionó sin poder creérselo.

- Por supuesto, aunque me costó que lo hiciera. - Hinchó las mejillas. - Ese hombre… Si cuando tenía vuestra edad intentaba por todos los medios quedarse a solas con Eri… Aún me extraña que no fueras concebida antes.

La karateka se llevó las manos a la cara, ya no podía más de la vergüenza que estaba pasando. Mientras, su amiga reía a carcajadas. - Señora… Usted y yo tenemos que quedar algún día para que cuente esas historias tan jugosas del tío.

- Cuando quieras. - Sonrió divertida. - Y ahora, Ran, ve a casa y prepara la maleta para el viaje. Te iremos a recoger mañana a primera hora. - Se fue alejando. - ¡Sin peros!

- Por favor, no te pelees con Kudo y conserva a esa suegra. - Comentó divertida a su amiga, mientras ella sólo pudo gruñir de frustración.

Yukiko llegó a casa y entró tarareando. - Adivina, querido hijo ingrato, nos vamos todos de viaje a las montañas.

En cuanto se giró, se paralizó por la imagen que había ante ella. Su hijo, mirándola con miedo, rodeado de tres niños con cara de ilusión, y una chica de cabello castaño claro con mirada aburrida. - ¿Madre?

- Oh… Mierda. - Susurró. Debió de estudiar la situación antes de abrir su boca.

- ¿Nos vamos de viaje? ¡Genial! - Gritaron los niños con ilusión. - ¿A que es genial, Shiho? ¡Todos juntos como en los viejos tiempos!

- Sí… Sí… - Asintió sin ganas. - Qué ilusión.

Yukiko miró a su primogénito y único hijo con culpabilidad, mientras la mataba con la mirada. - Ups…

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Ichigo entró por la puerta de su casa y lo primero que recibió fue un par de prendas en la cara, por cortesía de su padre. - Elije.

Las prendas resbalaron y las cogió al vuelo, viendo que eran bañadores suyos. - ¿Qué haces urgando en mis cosas?

- Ayudándote con la maleta.

- ¿Qué maleta? ¿De qué hablas? - El joven no entendía nada.

- Nos vamos de viaje toda la familia. - Dijo adentrándose de nuevo en la casa. - ¡Ah! Y he invitado a tus amigos.

El pelinaranja se quedó de piedra. Le costó procesar lo que había dicho su progenitor. - ¿Qué has dicho? - El grito se escuchó por todo el vecindario.

Ishin estaba como si nada. - No has tenido un momento de respiro después de lo que pasó en la Sociedad de Almas. Así que avisé a Rukia, que avisaría a Orihime, Chad e Ishida.

- ¿A Inoue? - Susurró viendo su ropa de baño. - No, no, no. No voy a ir. Tengo un trabajo de verano.

- Hablado.

¿Cómo podía meterse en su vida y decidir por él? Ya era prácticamente un adulto. - Sigo sin ir. - Se cruzó de brazos.

- ¿Por qué? - Se quejó su hermana Yuzu desde las escaleras. - Unas vacaciones todos estará genial. Será divertido. - Sonrió feliz.

- No querrás defraudarla, ¿verdad? - Cuestionó Karin detrás de su hermana menor.

- Eso, eso Ichigo. - Animó el médico. - ¿No querrás defraudar a tus hermanitas?

Se quedó observando a su familia. Quería volverse Shinigami y desaparecer con el shumpo, pero Kon estaba detrás de sus hermanas, en su cuarto. - Está bien… Pero que sepáis que no me gusta nada la idea. - Subió por la escaleras. - ¡Y yo haré mi maleta! - Cerró de un portazo su cuarto, haciendo temblar toda la casa.

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- ¡Aquí estamos! - Gritaron los niños en cuanto se bajaron de la furgoneta. Yukiko tuvo que alquilar algo más grande para poder llevar a los invitados inesperados.

- Son tan enérgicos. - Comentó con una sonrisa la karateka.

- Demasiado para mi gusto. - Respondió el detective con cansancio.

- ¡Oh vamos! - Le animó. - Hasta hace poco estabas igual.

- Me arrastraban, no es lo mismo… Ahora no pueden.

- ¡Shinichi! - Ayumi, Genta y Mitsuhiko corrieron hacia él y le cogieron de las manos. - ¡Vamos!

- ¡Eh! - Se quejó mientras era arrastrado… De nuevo.

Su novia rió. - ¿Qué decías que no podían ahora?

Él la miró con cara de cordero degollado. - Ayúdame.

Negó. - Creo que prefiero ver cómo unos niños te mangonean.

- ¡Shiho! - Ayumi soltó al adolescente y corrió hacia su otra amiga, que se había situado al lado de Ran. - ¿Vamos?

- Paso. - Dijo mirando a cierto punto del bosque, para luego mirar a su pequeña amiga. - Mouri-san y yo vamos a mirar en qué situación está nuestra cabaña, no vayan a haber insectos desagradables que nos piquen por la noche. - Sonrió lúgrube.

La niña tembló de miedo al pensar en insectos sobre ella y se inclinó con respeto ante ellas. - Buen trabajo.

- ¡Ayumi! - Gritó Genta para apurarla.

- ¡Voy!

- Bien. - Se dirigió a su acompañante. - ¿Vamos?

- ¿Quieres de verdad estar conmigo? - Cuestionó dudosa. - Creía que…

- Puedes decirme lo que tengas que decir en la cabaña mientras nos acomodamos y la señora Kudo va a aparcar el coche. - Vio cómo la mujer se alejaba a dejar bien aparcado el vehículo en el aparcamiento fuera del área.

Se encaminaron hasta donde la actriz retirada le había indicado dónde se alojarían, viendo al entrar que estaba bastante bien. La científica acomodó sus cosas en la cama cerca de la puerta. Ya tenía costumbre de hacerlo por si en medio de la noche tenía que huír de la organización. Y aunque ya habían terminado con ella, las costumbres son difíciles de cambiar. - ¿Y bien? - Llamó la atención de su acompañante. - ¿Qué creías?

- ¿Perdona? - Cuestionó dejando de ordenar sus cosas en su cama, al lado de la científica.

Se sentó y la miró con los brazos cruzados. - Me ibas a decir algo antes, estoy esperando.

Suspiró y se sentó en la cama, mirándola fijamente. - Pensé que no te caía bien.

Arqueó una ceja. - ¿Y eso?

- Por… Shinichi. - Se frotó las manos, nerviosa. La científica la miraba como si le hubiese crecido otra cabeza, y eso la despistó. ¿Acaso pensaba que no sabía lo que sentía por él?

- Espera… - Le pidió al darse cuenta de lo que le quería decir. - ¿Crées que estoy enamorada de Kudo-kun? - Rió al ver el asentimiento de su interlocutora. - Muy lejos de la realidad. Más bien le veía como un espécimen interesante que estudiar.

Ran se dio cuenta que un peso se le había quitado de encima. - ¿Veías?

- Ahora… - Es más bien como un hermano. - Sonrió con sinceridad. - Y me duele ver a mi hermano triste. ¿Crées que no me he dado cuenta de la tensión que hay entre ustedes? Se podría cortar con una Zam… Con un cuchillo. - Cambió la palabra que iba a utilizar para la analogía.

- Yo… Creo que aún sigo resentida por lo que pasó.

- ¿Y si te dijese que muchas veces pensó en decírtelo, pero yo le hice cambiar de idea? - Cuestionó llevándose una mano al mentón. - ¿Cambiaría tu resentimiento hacia mí?

La miró con sorpresa. - ¿Por qué harías eso?

Se encogió de hombros. - Todos los que sabíamos el secreto estábamos en peligro. Añadir a alguien más a la ecuación empeoraría las cosas. Y más siento tú. Si te hubieras inmiscuído en el secreto, hubieras estado dentro de todo, estando en peligro y peligrando aún más la vida de Kudo-kun. Porque antes de su seguiridad, velaría por la tuya. Así que… - Se levantó. - Piensa que gracias a tu ignorancia, está vivo.

La karateka caviló lo que le había dicho la científica. Gracias a que ella no sabía nada, pudieron estar todos a salvo. - Yo sólo hubiera entorpecido todo.

- Él te quiere. - La adulta entró por la puerta con una sonrisa. - Y hubiera hecho cualquier cosa por que tú estuvieses a salvo, tal como Shiho ha dicho, hubiera muerto por tí.

Sus ojos agüados miraron a sus dos interlocutoras. - Quiero arreglar esto…

- No te preocupes, Ran. - Yukiko cogió las manos de su nuera con una sonrisa ladina. - Te ayudaremos con mi tonto hijo.

En pleno bosque, un estornudo resonó por la zona, alertando a los tres niños que miraban el lago con maravilla. - ¿Te has resfriado? - Preguntó Genta.

- ¿En plenas vacaciones? - Se temió lo peor Ayumi.

- Estoy bien. - Se quejó. - No porque uno estornude tiene que ponerse enfermo de pronto.

- Es cierto. - Afirmó Mitsuhiko. - También puede ser por el polen de la zona. Y él al ser más alto y las corrientes de aire que corren estar más altas, lo nota antes que nosotros.

- O sea, que es culpa de él por ser más alto. - Se burló el grandullón.

- Estos niños… - Suspiró molesto. - ¿Podemos volver ya? No hemos podido ni descargar los bolsos en las cabañas.

- ¡Quiero bañarme! - Saltó de pronto la niña.

- A no ser que lleves el traje de baño puesto, tendremos que volver a la zona de cabañas y a por los bolsos. - Razonó el detective. - Por otro lado, si no quieres volver, siempre puedes bañarte en ropa interior. - Dijo como si no fuese con él la cosa, haciendo sonrojar tanto a la pequeña como a sus amigos. Rió divertido. - Anda vamos, tenemos que avisar al resto del lugar que habéis encontrado. - Se giró y se dispuso a caminar cuando vio cómo una niña escondida tras un árbol parcialmente le miraba fijamente. - Hola pequeña, ¿te has perdido?

La niña se sobresaltó y salió corriendo. Al detective le pareció extraño que pudiese correr con la yukata rosa pálido que llevaba. - ¿Con quién hablas?

Agachó la mirada para ver a sus amigos. - ¿No habéis visto a la niña? - Cuestionó extañado. Negaron y miraron a su alrededor, pero había desaparecido. Razonó que iría a su zona de cabañas que debía de estar cerca. - Venga vamos.

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- Esto de las vacaciones es genial. - Dijo una Rukia feliz viendo a su alrededor. - Hemos tenido suerte de que el Seiretei nos haya dejado tomar unos días libres, ¿no Renji?

El pelirrojo que cargaba sus cosas miró con astío. - Sólo querías una mula de carga.

- No te quejes, niisama ha dicho que cuides de mi. - Sorió con soberbia. - Y cuidar de mí es hacer lo que yo diga.

- Kuchiki-san… ¿No crées que él también quiera disfrutar del campo? - Cuestionó la pelinaranja con timidez y pena por el pobre teniente.

- Él sólo disfruta si tiene una Zampakutoh entre las manos. - Comentó como si tal cosa. - ¡Bien! Inoue, Karin, Yuzu. - Las señaló. - Vamos a coger la mejor cabaña que haya.

- ¿Por qué tenéis que quedaros con la mejor? - Cuestionó el pelinaranja que estaba con Chad e Ishida bajando del automóvil que les había transportado.

- ¡Porque las damas nos lo merecemos!

- ¿Tú? - Una risita asomó en los labios del pelirrojo, haciendo que su amiga le mirase con odio. - ¿Una dama?

- ¡No te metas con nee-san! - El peluche saltó de la bolsa recién abierta de Ichigo hacia la cara de quien se atrevió insultarla, recibiendo un golpe y mandándolo a volar varios metros.

- ¿Por qué trajiste al peluche? - Le recriminó.

- No lo hice. Es un polizón. - Gruñó por no darse cuenta de que el alma modificada se había colado en su bolso.

- Aún no me acostumbro a que un peluche se mueva… - Comentó Yuzu con una sonrisa nerviosa.

- No es más raro que estar rodeadas de frikis con poderes. - Dijo Karin despreocupada.

- ¡Karin! Eso no iba por tu padre también, ¿no?

Miró a su progenitor. - Sobre todo por tí. - Hizo llorar al adulto.

- ¡En cuanto coloquemos las cosas, nos veremos aquí para una excursión! - Gritó la Shinigami mientras arrastraba a la humana con poderes.

- ¿Por qué tenemos que hacerle caso a la enana mandona? - Se quejó el Shinigami sustituto.

- ¿Molesto porque no puedes pasar tiempo a solas con Inoue-san?

Giró tán rápido la cabeza que pensaron que se iba a lesionar. - ¿Pero qué mierda dices?

El Quincy se colocó las gafas con una sonrisa. - Vamos Kurosaki… Hemos visto cómo la mirabas. - Sado le da la razón con un asentimiento de cabeza. - Lo que no llegamos a entender por qué no te lanzas, si ella está loca por tus huesos.

- No tengo por qué escuchar esto. - Bufó molesto. - ¡Viejo! ¡Deja de hacer el tonto y aparca el coche! - Dijo cogiendo las cosas también de su padre y adelantándose a donde les tocaría dormir.

- Si no te das prisa, alguien se adelantará. No va a esperar por ti por siempre. - Dijo el más alto mientras veía cómo se iba su amigo.

- ¡Dejad de joder! - Les gritó mientras se giraba, haciendo que no viese por dónde iba y casi caer por unos niños que aparecieron casi de repende de entre los árboles.

- Onii-chan, esa es una palabra muy fea. - Le reprendió uno de ellos.

- Sí, ¿no ves que hay niños delante? - Se quejó el otro.

- ¡Aquí están nuestras cosas! - Confirmó feliz la única niña.

- Chicos… ¿Podéis dejar de correr por cinco minutos? - Se quejó un adolescente apareciendo por donde habían llegado los niños.

- ¡Esque siempre has sido un lento! - Le recriminó el niño más regordete sacándole la lengua.

El aludido achicó los ojos. - Venga ya…

Ichigo hizo caso omiso del intercambio de palabras entre el chico de su edad y los niños, adentrándose en la cabaña que dormiría seguido por sus amigos.

El Shinigami ya estaba recostado en una de las camas. - ¿Por qué habéis tardado tanto? He escogido cama al llegar primero.

- Le estábamos comentado a Kurosaki que debe de darse prisa. - El pelirrojo arqueó una ceja al no saber de qué hablaban. - Inoue-san.

- ¿Ah? - Se incorporó y quedó sentado en la cama, mirando a su amigo tras las palabras de Ishida. - ¿En serio que no habéis avanzado nada?

Ichigo gruñó. - No. - Respondió Sado por él.

- ¿Y a qué cojones esperas? Ya pensé que habían hecho algo.

- Al estar en el Seiretei no has podido actualizarte en las novedades. - Dijo el Quincy colocando sus cosas en su parte de la cabaña. - Parece que la está evitando.

- ¿Tú eres tonto? ¿Ignorando a un pivón como Inoue, que está tras tus huesos?

- Ya se lo hemos dicho. - Dijo Sado, analizando la cama. Se le iba a quedar pequeña.

- ¿Queréis dejar de meteros en mi vida? - Les gritó algo acalorado por la conversación. - Lo que haga con ella es cosa mía.

Los tres le miraron serios. - Vas a morir viejo y amargado.

- ¡Dejádme en paz de una jodida vez! - Señaló a Ishida y Sado. - Compraros una vida. - Y luego señaló al pelirrojo. - Pégale un morreo a Rukia y deja mi vida amorosa en paz.

El rostro del aludido se podía confundir con el rojo de su cabello. No le pudo recriminar porque había salido del dormitorio a toda prisa, casi pisando a Kon, que llegaba sin ser detectado por los desconocidos. - ¿Qué le pasa a éste?

- Interesante… - Caviló el de gafas. - Se ha dado cuenta de lo de Kuchiki-san y Abarai-san, pero no de lo que le compete a él…

- Cállate… - Se quejó el Shinigami.

- Esta cama es muy pequeña. - Comentó Sado acostado mirando el techo con medias piernas por fuera.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Pasaron varios días y los niños seguían hiperactivos. No daban cuartel a los adolescentes que les acompañaban y a la adulta. - ¿Dónde tienen el interruptor de apagado?

- En todo este tiempo, no lo he encontrado. - Suspiró el detective derrotado mirando a la lejanía.

Ran le miraba con preocupación, el chico parecía más ausente que en la ciudad y la incomodaba para poder hablar con él.

Shiho y Yukiko miraron a la pareja y asintieron conforme al saber lo que pensaba la otra. - Bien niños. - La antigua actriz se levantó y se quitó el traje que llevaba, revelando un traje de baño que cualquiera de su edad envidiaría que le quedase como un guante. - ¿Quién llegará antes al embarcadero del centro del lago?

Shiho miró a la karateka y le guiñó un ojo, levantándose junto con la adulta y siguiéndola. - Yo haré de árbitro.

Ran no sabía si agradecer a las mujeres o matarlas por dejarla sóla con él en esas circunstancias. Giró la cabeza para mirarlo, pero él había desaparecido de donde se encontraba.

Se levantó, preocupada por dónde estaría, viendo cómo desaparecía detrás de unos árboles. Se sintió molesta, ¿acaso no quería estar con ella?

- ¡Shinichi! - El chico se giró al escuchar la voz de la chica tras él, encontrándosela llegando hacia él mientras corría. - ¿Por qué no avisas que te vas? Me preocupaste.

- Lo siento… Necesitaba dar un paseo.

- Yo… - Venga Ran. - ¿Puedo acompañarte?

Una sonrisa sincera asomó en sus labios. - Claro. - Iba a extender la mano para coger la de la chica, pero se paralizó a medio camino, sin saber si a ella le molestaría.

Ran sonrió y alargó su brazo para cogerle la mano, haciendo que un hormigueo recorriese el cuerpo de ambos y sonriesen dándole la bienvenida. Puede que no todo esté perdido entre ellos como él pensaba.

Caminaron sin soltarse las manos, en un agradable silencio que ninguno quería romper. De repente el detective se detuvo, haciendo que su novia también lo hiciese. - ¿Hola?

Ella le miró extrañada, mirando hacia donde él fijaba la vista. - ¿Qué ocurre?

El chico la miró. - ¿No la ves?

- ¿A quién?

- A la niña. La vi el primer día que llegamos cerca del lago.

- Shinichi… - Miró por los alrededores. - No hay nadie aquí salvo nosotros.

Las palabras de Ran no tenían sentido. Él veía a una niña con una yukata y algo que no había visto la primera vez… Una cadena en el pecho. Se llevó la mano libre a la frente. ¿Tendría fiebre y estaría alucinando? Pero él se sentía bien.

- Onii-chan. - La niña habló. - Ayúdame.

- ¿Que te ayude?

Asintió. - Encuéntrame. - Y dichas las últimas palabras, desapareció en el aire, como si nunca hubiera estado allí.

- Shinichi… - La mirada que le estaba echando Ran era temerosa y preocupada. - ¿Te encuentras bien?

- No lo sé… - El sonido de que algo grande se acercaba a ellos resonó por los alrededores, alertándoles.

En el lago, la científica apartó la vista del reloj y miró hacia el bosque, asustada por la presencia que había sentido. Miró preocupada a los niños, y vio que la adulta también miraba con preocupación hacia el bosque.

Sus miradas se cruzaron, sabiendo lo que significaba aquello.

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- ¡Vamos a hacer los equipos de búsqueda! - Gritó Isshin. - Por supuesto que mi Karin y Yuzu no pueden ir solas, un adulto responsable tiene que acompañarlas.

- ¿Y dónde está ese adulto responsable? - Aún no sabía por qué todos aceptaron en jugar ese estúpido juego. ¿Buscar algo en el bosque que llamase la atención?

- ¡Ichigo no respondas a tu padre! - Le señaló. - Bien… Sado e Ishida-kun harán equipo… - La mente de Ichigo empezó a trabajar a cien por hora por lo que creía que iba a ocurrir. No… Que ni se le ocurriese… - Rukia-chan con Abarai-kun…

Mierda, sólo faltaban él e Inoue. Se llevó la mano a la cara, frustrado. ¿Por qué el viejo le hacía esto? - Parece que nos tocó juntos. - La sonrisa avergonzada de la pelinaranja le dejó sin línea de pensamientos, sólo se le ocurría una palabra… Preciosa.

Giró la cabeza para que no viese su sonrojo. - Eso parece. Vamos antes de que digan algo.

- ¡Eh chicos! - Gritó Renji con picaresca. - Cuidadito con lo que hacéis estando sólos, ¿eh?

Los dos pelinaranjas se sonrojaron, y un gruñido resonó en la garganta del chico. - Eso también va por vosotros, ¿no? - Devolvió la puya, haciendo que los dos Shinigami se sonrojasen también.

- ¡Ichigo! - Gritó su padre, haciendo que temblase por lo que diría. - ¡Mis nietos los quiero dentro del matrimonio!

- Juro que lo mataré… - Dijo el primogénito perdiéndose entre los árboles junto a una Orihime que le salía humo por las orejas.

- Kurosaki-kun… ¿Qué crées que debamos buscar? - Su acompañante rompió el silencio que les rodeaba desde hacía un tiempo.

- No tengo idea. Al viejo se le ocurren ideas muy vagas y quiere que las hagamos sin ninguna explicación. Es frustrante.

- Pero sigue siendo tu padre, y te quiere. Aunque sea a su manera.

- Es un grano en el culo.

- Me hubiera gustado tener un padre así. - El chico se detuvo y la miró, pero ella rehuía su mirada. Era cierto, su padre no era lo mejor de la humanidad por así decirlo. Se mordió la lengua, ¿por qué tuvieron que hablar precisamente de ese tema?

- Orihime…

Por fín ella le miró, sorprendida. - ¿Me has llamado Orihime?

El chico se dio cuenta de su metedura de pata y se sonrojó levemente. ¿Por qué tenía que tener ese efecto en él? No lo entendía. - Lo siento, Inoue.

- ¡No! - Gritó, sorprendiéndolo. Ella se sonrojó de nuevo. - Yo… - Se frotó las manos, nerviosa. - Me gusta que me llames Orihime… Si te parece bien.

Se llevó una mano a la nuca, nervioso. - Si a tí te parece bien…

Un gran poder se sintió por los alrededores, seguido por un grito que les alertó. - Eso es…

- Un Hollow. - Terminó el chico mientras salían corriendo hacia donde provenía el Reiatsu, como si estuviesen sincronizados con lo que tenían que hacer.

Llegaron a un pequeño claro y vieron a una pareja de su edad en ella. Los reconocían de haberlos visto por los alrededores del campamento. Pero lo que más les sorprendió fue ver cómo el chico, herido de rodillas en el suelo, veía cómo la joven a su lado había dado una patada al Hollow.

Instantes antes de que los de Karakura llegasen, Shinichi se abalanzó sobre la chica, protegiéndola del ataque del Hollow que se movía con rapidez, recibiendo en su lugar una herida de garra en la espalda.

- ¡Shinichi! - Le sujetó con fuerza mientras ambos caían al suelo, impregnándose de su sangre.

El detective gruñó de dolor. Mirando cómo el monstruo, que sólo era visible para él, se relamía su sangre de entre las garras. - Sabes diferente, humano…

¿Ha hablado? - Ran, corre.

Negó. - No te dejaré. - Susurró con miedo, no sabía qué les había atacado, algo invisible había herido a su novio.

- ¡Idiota! ¡Tú no puedes verlo! - Gritó a la desesperada. - Es… - Vió cómo comenzaba a correr de nuevo hacia ellos, protegiéndola de nuevo con su cuerpo.

Pero Ran veía el movimiento de las hojas en el suelo, y la mirada de su novio llena de terror mirando hacia un punto. No iba a perderle. Por mucho miedo que le diesen las cosas sobrenaturales, se sobrepuso y su cuerpo se movió automáticamente. Se deshizo del agarre del detective y propinó una patada al atacante invisible.

Shinichi veía cómo el monstruo se detenía por el golpe, resquebrajándose un poco la careta blanca que llevaba.

- Auch. - Se quejó con esa voz de ultratumba que tenía, para luego sonreír divertido.

- ¡Cuidado! - El grito de Yukiko y Shiho llegando les alertó, de la nada apareció algo parecido a una cola de escorpión gigante que iba hacia la espalda de los jóvenes.

- ¡Santen Kesshun! - Un escudo naranja apareció para bloquear el golpe.

Miraron al otro lado del claro, viendo a una pareja de pelinaranjas que miraban al monstruo con análisis y odio. Se miraron y asintieron. - ¡Tsubaki! - Ella era la única capaz de pelear contra el Hollow, él no tenía forma de convertirse en Shinigami. Pero el Reiatsu del oponente era bestial, ¿podría ella vencerlo? Se preocupó, si hiciese falta, lucharía con sus manos desnudas y en su forma humana. Por ella…

La horquilla brilló y dirigió una luz hacia el monstruo. - ¡Koten Zanshun!

El ataque cortó en un visto y no visto la cola del Hollow, haciendo que un sonido gutural saliese de su garganta. El ser les miró con puro odio. - Vosotros… Sois… - Pero no pudo continuar, ya que el ataque le atravesó la cabeza, haciendo que desapareciese para siempre. Ichigo miró a su amiga con sorpresa, ¿cuándo se había vuelto tan poderosa que no necesitaba su ayuda?

Ran no tenía tiempo de asombrarse por lo que acababa de ver. - ¡Shinichi! - Se agachó y miró su herida. Shiho y Yukiko se arrodillaron junto a ellos. - ¿Que demonios ha pasado? ¿Qué te ha atacado?

Un jadeo lastimero salió de sus labios. - No lo sé… Esa cosa… - Sus palabras sorprendieron a su madre y a la científica. - Ella lo ha derrotado. - Dijo mirando a la pelinaranja que se acercaba. Cerró los ojos por el dolor.

- Permitidme, por favor. - Dijo con delicadeza la joven que se había arrodillado junto a las demás mujeres. - Soten Kisshun. - Otro escudo apareció para cubrir las heridas del chico, para ver cómo se curaba con rapidez ante las miradas del resto.

- ¡Ichigo! - Rukia y Renji aparecieron en forma de Shinigami, viendo la escena.

- ¿Qué ha pasado? - Preguntó Renji. - Notamos un fuerte Reiatsu.

- Un Hollow les atacó. - Señaló al chico que recibía los cuidados de su amiga. - Y Orihime lo derrotó.

- Vaya… Era bastante poderoso… - Comentó Rukia. - Te has vuelto muy fuerte, Inoue. - Dijo con orgullo por su amiga. Ichigo no pudo más que darle la razón con una sonrisa mientras la veía en su trabajo de sanadora.

Terminó de curar al chico y sonrió para infundirle calma, a pesar de lo que había vivido. - Estarás bien.

Shinichi estaba sorprendido. La herida que seguramente le dejaría marca, habia desaparecido totalmente. - Eres una Fullbringer… - Las miradas se desviaron a la científica. - Es la primera vez que veo a una utilizar sus poderes. - Desvió su mirada y vio al chico que había llegado con ella, para sorprenderse ante la visión de lo que tenía atrás. - Ustedes… - Se incorporó y enfrentó con sorpresa. No esperaba ver a alguien de ese pasado nunca más.

Los Shinigami se sorprendieron al ver el rostro de la chica. - Tú… Pensamos que habías muerto… - Se acercó Rukia unos pasos.

- Tendremos que ponernos al día. - Comentó su amigo mientras sonreía al ver a una antigua camarada, ya creida perdida.

- Miyano-san, ¿qué es lo que pasa? - La karateka miraba sin entender. - ¿Con quién hablas? - Al ver que a quien se dirigía era a la nada.

Yukiko le tomó de la mano, intentando tranquilizarla. - Ran… Tranquila… - Tampoco sabía cómo Shiho podía verlos, pero por sus palabras se hacía una ligera idea.

- ¿Tú puedes verlos, madre? - Asintió. - ¿Por qué? ¿Qué son? ¿Quiénes son?

- Nunca esperé que tú pudieses verlo, nunca diste indicios de poder hacerlo. Eres tan lógico, cariño… - Le rozó con ternura la mejilla. - Que pudieses ver el mundo sobrenatural se me hacía imposible. Y prefería que no tuvieses que vivir esta experiencia… - Infló los mofletes como una niña. - Además, te parecías tanto a tu padre que nunca pensé que hubieras heredado ese gen de mí.

- ¿Qué gen? - Cuestionó la karateka, sin soltar la mano del chico.

Miró a su nuera con una sonrisa. - Mi gen Quincy. - Vio que no entendieron sus palabras. - Los Quincy somos…

- Guerreros humanos con un poder alto de Reiatsu que luchamos contra los Hollow. - Uryu Ishida apareció de entre los árboles junto con Sado. - No esperaba encontrarme con más hermanos de armas después de lo que pasó en la guerra.

Shinichi temblaba con la información que estaba recibiendo. Se apoyó en un árbol cercano, con Ran acompañándole. No iba a dejarle sólo ante lo que estaba pasando, aunque ella tampoco lo entendiese del todo. - ¿No soy humano?

- Lo eres. - Le confirmó Ichigo. - Sólo que diferente al resto.

- Siempre pensé que se me escapaba algo… - Caviló la científica, convirtiéndose en el centro de atención. - ¿Cómo era posible que no murieses ante la droga que creé? Y tuvieses los mismos efectos que yo. - Miró a Yukiko. - Fue por tu Reiatsu. Eso protegió tu cuerpo del veneno.

- Es decir… Que si Shinichi no tuviese sangre Quincy… ¿Hubiera muerto? - Vio a la chica asentir, y agradeció internamente esa parte del detective. - ¿Tú también eres una Quincy?

- No. Yo… - Miró a Renji y Rukia tras ella, pero se dio cuenta de que Ran era la única que no podía verlos. - Yo soy una Shinigami. Pero fui desterrada y condenada a vivir como una humana. Sin embargo, aún conservo mi Reiatsu, por eso puedo ver a los seres sobrenaturales.

- ¿Por qué fuieste desterrada? - Cuestionó Sado, pregunta que todo el mundo tenía en la cabeza.

Una sonrisa divertida asomó en los labios de la científica. - A mi capitán no le gustaba que fuese más lista que él.

- Esto no tiene ningún sentido. - Consiguió hablar Shinichi, un dolor de cabeza abismal le aquejaba. - Quincy, Shinigami, Hollow… El mundo se rige por la lógica, esas cosas no son lógicas… No pueden ser cierto…

- Y has visto y sido atacado por un Hollow, y estás viendo a dos Shinigami ante tí. - Dijo Ishida acercándose, fijándose mejor en él. - Te conozco… Has salido en los periódicos…

- ¡Cierto! - coincidió Inoue dando un saltito al reconocerle. - ¡Es el detective de Tokyo!

- ¿A que mi hijo es muy fotogénico?

- No creo que estemos para hacer bromas, mamá. - Se quejó.

- Deberías ser entrenado ante futuros ataques. - Dijo el chico de gafas mientras se las recolocaba. - Tu Reiatsu ha despertado, y atraerá a más de esos…

El detective notaba que le faltaba el aire. - Necesito espacio, pensar…

El agarre de Ran se intensificó más si podía. Detective y karateka unieron sus miradas azules. - No voy a dejarte sólo. Siempre juntos, ¿recuerdas? - Susurró con determinación.

Sabía que, dijese lo que dijese, su cabezonaría ganaría, así que se alejaron del resto.

Ishida miraba a la adulta con ojo clínico. - Estoy intentando dilucidar de qué familia eres… - Respondió la pregunta silenciosa del resto que le miraba. - Debes de ser de las renegadas, ya que te casaste con un humano normal.

- ¿Yukiko?

La aludida miró al hombre que acababa de aparecer con dos niñas, sin sentirse ofendida por la verdad del Quincy. - ¡Isshin! ¡A mi hijo y a mi nuera les han atacado un Hollow! - Dijo con un mohín quejubroso.

- ¿Qué? ¿Y es su primera vez? - Cuestionó dudoso.

- ¡Pues claro! - Puso sus manos en las caderas. - Ahora no sólo le atacan los criminales, sino que los Hollow le persiguen… ¡No organizamos estas vacaciones para eso!

De acuerdo… Su padre conocía a la mujer Quincy… Entonces puede que tuviese algo que ver con su madre. - ¿Cómo derrotaron al Hollow? - Escuchó a su padre entre sus cavilaciones internas.

- Esa chica Fullbringer. - Señaló a Inoue. - Les salvó y curó a mi hijo.

Una sonrisa de orgullo nació en su rostro. - No esperaba menos de mi nuera. - Levantó los dedos en aprobación.

Los dos aludidos se sonrojaron. - ¡No digas esas cosas, viejo!

- Vaya… Debí suponerlo. - Yukiko se acercó al chico. - Se parece a Masaki, aunque tiene tu mala leche. - Se giró al antiguo Shinigami. - Debí de ver el parecido antes. - Miró de nuevo al chico, poniéndolo más nervioso. - Encantada, Ichigo Kurosaki. Soy prima de tu madre, Yukiko Fujimine era mi nombre de soltera, así que somos familia… Por cierto, gracias por salvar a Shinichi y Ran.

- Yo no hice nada. Todo lo hizo Orihime. - Dijo mirando a la susodicha con una sonrisa.

- ¿Eres prima de mamá? - Yuzu se acercó con ilusión.

- Esta familia no puede ser más rara… - Comentó Karin con un suspiro, pero también tenía curiosidad por el nuevo familiar que había aparecido.

- ¿Puedo pedir un autógrafo? - Solicitó el moreno con un leve tono rosado en su rostro, habiendo reconocido a la antigua actriz de viejas películas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La pareja se había sentado en un tronco caído cuando decidieron que estaban lo suficientemente lejos del resto, pero no tanto por si acaso había otro monstruo… O Hollow, como quisieran llamarlo, en los alrededores.

Todo estaba bastante tranquilo, el ruido del bosque les acompañaba de nuevo. Sabían que algo no iba bien antes del ataque porque los pájaros habían dejado de cantar y todo se sumió en un terrorífico silencio.

El detective analizaba lo que acababa de ocurrir con ojo crítico, pero seguía sin verle un sentido lógico a todo aquello. La única opción era que no era un humano normal.

Ran veía el mutismo en el detective, necesitaba que le hablase, ver que estaba, dentro de lo que cabía, bien. - Shinichi…

- Llevo varias semanas pensando que me estaba volviendo loco… - Se decidió a hablar. - Y ahora me entero que estaba en mis genes… Soy un bicho raro.

- No, no lo eres. - Negó con fervor. - Sigues siendo tú. - Le obligó a mirarla poniendo su mano libre en su rostro para girarlo. - Sigues siendo Shinichi. - Le dolió ver la duda en sus ojos, siempre seguro de sí mismo, ahora perdidos en la incertidumbre.

- ¿No me tienes miedo? - Preguntó en un susurro ahogado.

Sonrió condescendiente y negó. - ¿A estar rodeados de monstruos invisibles que pueden dañarnos? Por supuesto que si. ¿A tí? Nunca podría tenerte miedo. ¿Cómo podría, si no has parado de velar por mí?

El detective soltó el aire que no sabía que contenía. - Siento que mi vida dio un giro por lo de la droga, y ahora con esto…

- Eh… Lo superaremos, juntos. - Apoyó su frente con la de él. - Estaré apoyándote en tus decisiones, siempre que no sea alejarme. Porque me negaré en rotundo y me pegaré a tí como una lapa, después de pegarte.

El chico rió, alegrando a su acompañante por esa simple acción. Echaba de menos las risas del detective. - Estoy seguro de que no sobreviviría mucho tiempo manteniéndote lejos. Eres mi pilar.- Sabía que había sido culpa suya por alejarse de él estas semanas, y él la había necesitado más que nunca mientras sentía ese cambio en su interior.

- Siento haberme alejado estas semanas. - Se lamentó en un susurro.

- Lo entiendo, Ran. Necesitabas tu espacio para asimilar mi mentira. Entiendo que no me lo perdones nunca.

- Te he perdonado. - Dijo con rapidez. - Pude pensar detenidamente y sé que si hubiera sido al revés, hubiera hecho lo mismo. Y te agradezco que estuvieses conmigo todo ese tiempo, pudiste marcharte, pero no me dejaste…

- No pude. No tenía fuerzas para alejarme de ti. Te quiero tanto…

Se miraron a los ojos ante las palabras del joven. Un ligero rubor asomó en sus rostros al percatarse también en su cercanía. Aún eran inexpertos en esa relación, y acciones tan íntimas les seguían avergonzando.

La karateka se armó de valor, y salvó la separación que quedaba entre ellos, dándole un beso en la comisura de los labios. Ya era todo un logro avanzar de los besos en la mejilla que se habían dado en contadas ocasiones.

Un sonido les alertó, separándose y virando sus cabezas. Frente a ellos, unos niños con sonrisas pícaras les miraban. - Están haciendo cosas de adultos… - Dijo Mitsuhiko.

- Sólos en el bosque… - Siguió Genta.

- ¡Qué romántico! - Saltó Ayumi.

Ran se sonrojó hasta las orejas, mientras que su novio gruñó molesto. - ¿No teníais otro sitio en el que molestar?

- No. - Respondieron juveniles.

Ran rió. - Será mejor que volvamos, ¿no tenéis hambre?

- ¡Me comería diez platos de anguilas! - Se adelantaron mientras el niño más alto gritaba con fervor.

La chica se levantó seguida de su novio, pero no pudo continuar al sentir cómo él la pegaba a su cuerpo, robándole un beso más intenso que el tímido que habían compartido hacía unos momentos. Cuando se separaron y se miraron a los ojos, sonrieron llenos de amor. - Gracias por aparecer en mi vida.

- Gracias por no desaparecer de la mía. - Le acarició el rostro, para seguir caminando antes de que los niños les fuesen a buscar y les viesen de nuevo haciendo, como decían ellos, cosas de adultos.

-.-.-.-.-.-.-

Pasaron varios días, y la shinigami desterrada terminó de ponerse al día con los los dos habitantes del Seiretei. Tenían mucho que contarse. - Después de todo lo que pasaste, me alegra que seas feliz en esa pequeña familia que has hecho. - Dijo mirando a los niños junto con Yuzu jugueteando por los alrededores.

- Gracias, Kuchiki-san. - Agradeció sinceramente. - Aunque no me alegra tanto que Mayuri siga tan campante. - Parecía que un aura oscura salía de la científica, sólo con pensar en su antiguo capitán.

- Rukia-chan. ¿Has visto a mi hijo?

- ¿No se fue hace un tiempo con Inoue-san? - Respondió el pelirrojo.

Un llanto lastimero comenzó en el hombre. - ¡Ichigo! Mancillará la pureza de la santa Orihime…

- Lo dudo mucho. - Comentó Rukia. - Ichigo a pesar de enfrentarse a enemigos poderosos, es un cobarde en temas de chicas…

- Además, ¿no organizamos estas vacaciones exactamente por eso? - Yukiko apareció en la conversación con una sonrisa pícara.

- Sólo te hice caso porque necesitaba vacaciones. - Dijo con un mohín.

- Claro que sí… - Le dio golpecitos en el hombro, sin creer una palabra. Miró a los shinigamis. - Este hombretón de aquí es un rajado, fue Masaki quien tuvo que hacerlo todo en la relación.

- No tenías por qué decir eso… - Se quejó.

- ¿Pero y lo que nos divertimos en esos tiempos?

Ambos sonrieron con añoranza, rememorando los tiempos que él tuvo que acostumbrarse a su nueva vida de humano.

- Tengo una pregunta, Kudo-san. - Miró a la científica. - Ya es la segunda vez que dice que los dos organizaron estas vacaciones. ¿A qué se refiere exactamente?

- Bueno… Mi meta, aunque no tal como la planeé, se ha cumplido. - Juntó las manos y sus ojos brillaron de ilusión. - Mi Shin-chan y Ran-chan están tan acaramelados como debería ser una relación de verdad.

- Y la meta de papá era juntar a Ichinii con Orihime… - Ató cabos la pequeña morena, recibiendo un asentimiento de los dos adultos. - Imposible, Ichinii no tiene las agallas, tal como ha dicho Abarai-san.

- Si no consigo a Orihime-chan como nuera en esta ocasión, la conseguiré en otra. No dejaré que nadie se adelante a mi estúpido hijo.

Un estornudo resonó por el área. - ¿Estás bien, Ichigo-kun?

- Sí, no te preocupes. - Una sonrisa amable asomó en sus labios, haciendo que la chica se sonrojase. ¿Qué es lo que pasaba? En las últimas semanas había estado muy serio, y no quería estar cerca de ella.

Ahora él la invitaba a paseos, y ella gustosa aceptaba sin darle tiempo a que se arrepintiese. Sólo con pasar tiempo con el Shinigami la hacía inmensamente feliz. El silencio se interpuso entre ellos, poniendo más nerviosa a la pelinaranja. - Este lugar es muy bonito. ¿No crees? - Quería comenzar una conversación banal con él, pero no sabía cómo. Siempre hablaban de batallas y poderes, quería hablar de otra cosa, y no se le ocurría cómo.

Su acompañante notó su nerviosismo. ¿Cuándo se daba cuenta de esas cosas? Como le solían decir, él era bastante despistado en eso. Puede que si fuera ella podía notarlo, porque se preocupaba por cómo se sentía. Se detuvo por su línea de pensamientos, haciendo que la chica también se detuviese y le mirase preocupada. ¿Quería estar con ella?

- ¿Ichigo-kun? - Cuestionó preocupada. - ¿En serio que estás bien?

- Yo… - Por eso había intentado separarla de él, porque tenía miedo del sentimiento que estaba asomando y que resultase herida. ¿Cómo pudo ser tan estúpido? Ella tenía fuerza suficiente para protegerse, lo había demostrado en las decenas de batallas que habían tenido, pero no quería verlo. Si al final su padre iba a tener razón. Siempre había querido ver a la pelinaranja como una amiga y compañera de batallas, pero eso no le bastaba. Desde hacía un tiempo ya no le era suficiente.

Y por eso quería separarse, por miedo al rechazo. Se llevó la mano a la nuca, desordenando aún más su cabello. - No lo sé.

La chica se alarmó. - Deberíamos volver, tu padre podría analizarte. - Le cogió de la mano, creando una corriente eléctrica que ambos se percataron. - V… Vamos. - Pero no pudo avanzar, ya que unos brazos la cogieron y la pegaron a su cuerpo, sorprendiéndola. - ¿Ichigo-kun?

- No soy muy bueno con las palabras, lo sabes. - Dijo sin apartarla, escondiendo su rostro en el cuello de la chica, haciendo que temblase por el aliento caliente de él al hablar. - Soy más de mostrar mis emociones con acciones. - Sus manos la cogieron de los brazos y se separó varios centímetros, mirando los ojos sorprendidos y avergonzados de su amiga. - Así que por favor, si crées que no está bien, deténme.

- ¿Dete...? - Pero no pudo continuar, sus ojos se abrieron como platos al sentir los labios del chico sobre los suyos. Los labios con los que había soñado tanto tiempo, se acercaron a ella por decisión propia. Su corazón corría desbocado en su pecho, pensando que se escaparía en cualquier momento. Cerró los ojos y disfrutó como nunca hubo imaginado. Sus manos subieron y se cruzaron en su nuca, profundizando e intentando alargar ese sueño.

Por falta de aire, tuvieron que separarse, pero no demasiado. Sus alientos se mezclaban y el tono rosado de sus rostros hacía la estampa de lo más adorable. - No me detuviste.

- ¿Por qué debía hacerlo? ¿Querías que lo hiciera?

- Dios, no. - Rió. - Me alegra que no lo hicieras.

- Y a mí me alegra que seas más de acción. - El chico arqueó una ceja, haciendo que la chica se pusiese de todos los colores. – Yo… Me refería a…

Rió de nuevo, sujetando a la chica al ver que por la vergüenza quería separarse, pero no permitiría que lo hiciera. No sería el idiota de antes como para dejarla escapar. - Vayamos poco a poco, ya escuchaste al viejo. Nada de nietos hasta el matrimonio. - La chica se llevó las manos a la cara, más roja que un tomate y haciendo reír al Shinigami. Había admitido sus sentimientos por esa chica, pero tambíen había descubierto que le encantaba verla avergonzada si era por él. - Orihime… - Susurró en su oído. - Seamos pareja.

No lo preguntó, él no era de preguntar esas cosas. Como había dicho, era un hombre más de acción, y ella sabía que no debía responder. Él sabía su respuesta. Apartó sus manos del rostro y se acercó para besarle.

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El detective llevaba varios días buscando un lugar en el bosque con ayuda de su novia, pero no habían cosechado frutos en su búsqueda.

- El bosque es enorme. - Comentó lo obvio la chica. - ¿Cómo encontraremos a la niña fantasma?

El detective pensaba sentado con los codos apoyados en sus rodillas, y mentón sujetado por sus dedos cruzados. - Ella se apareció por esta zona, debería de volver a hacerlo. - No podía quitarse de la cabeza la palabra de la pequeña. Quería que la encontrase. ¿Pero cómo?

- Shinichi… - Una duda se reflejó en su mente. - ¿Y si el Hollow la devoró? - Recordó todo lo que les habían explicado tanto los habitantes de Karakura, la madre del detective y la científica. Le entristeció que un monstruo pudiese devorar las almas de seres tan puros como de una niña.

Esa opción ya la había reflejado, pero algo le decía que no había sido así. - No. Tengo el presentimiento de que no ha sido así. Encuéntrame… - Repitió sus palabras.

- ¿A quién hay que encontrar? - La pareja de pelinaranjas apareció en su campo de visión.

- Buenos días. - Saludó Ran.

- Buenos días. - Repitió Orihime. - ¿Estáis buscando a alguien? - Preguntó curiosa.

La pareja de Tokyo se miró, dubitativa. - Pues…

El detective se incorporó de su asiento. - Hace varios días vi a una niña. ¿Plus creo que la llamáis? Me pidió ayuda, y que la encontrase.

Ichigo se cruzó de brazos y el ceño fruncido. - Eso es extraño, si la niña se te apareció debío de ligarse a tí. Así que no tendrías que buscarla, porque estaría todo el tiempo siguiéndote. A no ser…

El detective cayó en la cuenta. - Su cuerpo… Quiere que encuentre su cuerpo.

- ¿No dijiste que la veías cerca del lago? - Cuestionó su novia.

- Entonces debería de estar allí. - Asintió la Fullbringer.

Se encaminaron los cuatro hacia la orilla del río, viendo la belleza que les ofrecía la naturaleza, pero sabiendo el oscuro secreto que guardaba.

Los tres con poder para ver el mundo sobrenatural vieron a la niña en la orilla del río, mirando el movimiento relajado que formaba el viento al choque con el agua. - Ahí está… - La única que no podía verla, animó a su novio a acercarse.

El detective se acercó despacio, para no asustarla. Aunque era irónico, ¿asustar a un fantasma? Se agachó a su lado. - Aquí estás.

- Me encontraste… - Le miró. - ¿Me ayudarás?

Asintió con una sonrisa de calma. - Te sacaré de ahí. Te lo prometo.

La niña sonrió y se giró para verle de frente. - Sé que lo harás.

- Ichigo-kun… - Le avisó su novia con cierto aire de temor.

- Lo veo. - Dijo sacando un sello de Shinigami de su bolsillo. Después de lo que pasó hacía varios días, no podía arriesgarse a estar lejos de él.

- ¿Qué ocurre? - Preguntó Ran al ver la alarma en la pareja de Karakura, para ver cómo por un golpe con el objeto, el chico caía inerte y era sujeto por la chica, que lo dejó en el suelo con cuidado. - Los Plus llevan una cadena en el pecho que va desapareciendo. El de la niña está a punto de hacerlo. - La miró. - Y se convertirá en un Hollow.

Su cuerpo tembló. Shinichi estaba supuestamente frente al espíritu. - Hay que…

- Espera. - Le pidió transmitiendo calma. - Ichigo-kun se encargará.

- Hola, pequeña. - Detective y niña vieron al Shinigami que se acercó, haciendo que la pequeña diese un paso hacia atrás. - Tranquila, no voy a hacerte daño. - Se agachó para estar a su altura.

- Eres un Shinigami extraño. - Vio que sus ropas eran diferentes a los Shinigamis que había visto. Unas hombreras blancas le cubrían y se unían en forma de X en el pecho.

Suspiró. - Me lo dicen mucho. - La miró con una sonrisa. - Sólo quiero preguntarte cómo estás, ¿has terminado lo que tenías que hacer? Porque hay un lugar especial esperando por tí, con gente muy amable que quiere conocerte. Ya no estarás sola, nunca más.

La niña miró al detective, dudosa. - ¿Podré ver a mis papás?

El detective recordó lo que le habían comentado de la Sociedad de almas. - No puedo garantizarlo. Pero si te quedas, no podrás descubrirlo.

Miró de nuevo al pelinaranja. - Está bien, ¿pero tendré amigos?

- Todos los que quieras. - La niña se acercó mientras desenvainaba su Zampakuto. Shinichi quizo intervenir, pero vio que sujetó el arma al revés, con el mango en dirección a la pequeña. - No te dolerá.

Asintió y miró al detective. - Gracias, onii-chan.

Un haz de luz cubrió a la niña en cuanto el Shinigami tocó su frente con el mango, desapareciendo. - Esto se llama entierro de almas. - Dijo incorporándose junto con el detective. - Una técnica Shinigami para que los Plus puedan ir al Seiretei. - Se acercó a su cuerpo y se introdujo en él.

- Así que mientras los Shinigami purifican almas, los Quincy los destruyen. - Vio cómo su familiar se incorporaba y se llevaba las manos a los bolsillos.

- Básicamente.

- Si encuentro más almas como esta, no podré ayudarla antes de que se convierta en Hollow. - Vio la sorpresa en sus interlocutores. - Sí, sabía lo que significaba que la cadena estuviese a punto de terminarse. Miyano nos ha explicado esas cosas.

- ¿Te expusiste al peligro? - le recriminó su novia, molesta que fuese sin pensárselo hacia él.

- Tú hubieras hecho lo mismo, y no me lo niegues. - Tenía razón, si hubiera visto a una niña en problemas, la hubiera ayudado sin importar qué. - Soy detective y una alma, sea benigna como maligna, debe ser ser salvada. Si entrenarme como Quincy significa que destruiré almas, no quiero hacerlo.

- Pero si no entrenas, más Hollow irán tras de tí y de los que te rodean, sin posibilidad de defenderte a ti y a ellos. - Dijo el Shinigami, calando hondo en el detective. Vio la encrucijada en la que se encontraba. Le pareció curioso, encontrar a un Quincy que no quería destruir almas, cuando nada más conocer a Ishida le recriminó que lo hiciese. - Bueno… - Se llevó la mano a la nuca, pensativo. - Somos prácticamente familia, y tengo algo de Quincy, pero predomina en mí mi parte Shinigami. A pesar de ello, creo que podemos solucionar tu dilema.

- Ishida-kun podría ayudarle. - Asintió Orihime. - Nos ha explicado algo de que los Quincy tambíen tienen métodos defensivos y de transporte. Así que…

- Aprendiendo a defenderte de los Hollow, y transportar a los Plus, podrías tanto protegerte como ayudar.

- ¿Y funcionará? - Preguntó la karateka cogiendo la mano de su novio, dándole fuerzas.

- Y si no, siempre tienes a un pariente Shinigami que puede darte algo para llevar a los Plus a la Sociedad de Almas, sin ningún daño.

- ¿Y eso existe? - Cuestionó dudoso.

- Si no existe, existirá. Conozco a varios científicos locos que podrían conseguirlo. - Dijo como si nada. - Les encanta demostrar que lo imposible, no lo es tanto.

Llevaba días preguntándose que debía hacer, y esa charla le había dejado las cosas claras. - ¿Cuándo empezamos?

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- Yukiko…

La aludida se giró y sonrió con cariño y amor. - Yusaku… - Su rostro cambió de nuevo a molestia, sorprendiendo a los que estaban alrededor por el cambio de humor tan repentino. Se llevó las manos a las caderas. - ¿Qué haces aquí?

El escritor se acercó. - Sabes que no puedo estar separado de ti tanto tiempo. Y el teléfono que encontraste en mi bolsillo, era de un editor que quería tener una reunión.

La castaña se sonrojó al verse pillada. - Era letra de mujer.

- Y por eso te he pedido que hablemos antes de que lo saques todo de quicio. - Suspiró. - Era de su secretaria. Querida. - Le cogió de las manos. - Odio cuando estamos peleados.

- Yusaku… - Los jóvenes que veían el intercambio se sonrojaron por el intercambio.

- ¿Y bien? ¿Te has divertido? - Vio su cabeza asentir. - ¿Y Shinichi?

Una sonrisa preocupada asomó en sus labios. - Querido… Hay algo que debería decirte… ¿Recuerdas la peculiaridad en mi familia?

El escritor vio de soslayo a lo que le pareció un peluche caminar por las cabañas, espiando su interior. - Soy todo oídos. Sabes lo que me gusta una buena historia.

Fin