Hola!
Esta historia surgió en mi cabeza mientras leía una historia NejiSaku y escuchaba la canción New page de Intersection, y me dije: Why not?
Por lo que espero haber sido capaz de plasmar lo que tenía en mi mente de forma entendible y de agradable lectura. Sin más, dejo que lean.
Summary: A sus veinte años se arrepentía de tanto. Pero más se arrepentía no poder disculparse de todos sus actos con ella. Sakura. Su preciada Sakura. Ahora es cuando todos sus recuerdos juntos venían a su mente. Crueldad del destino el que pudiera verlos con claridad en el momento de su lecho de muerte. ¿Qué seguía ahora? ¿Qué es lo que el destino tenía preparado para él? Ahora era su turno, soportar y esperar. Lo haría por ella.
Disclaimer: Los personajes y ambientes de Naruto no me pertenecen, son propiedad del gran Masashi Kishimoto. La trama de la historia sí me pertenece.
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Estaba ahí tirado, en el duro y resquebrajado suelo de piedra hecho por los escombros de las grandes estatuas del Valle del Fin –del cual ya no quedaba nada–. Su cuerpo magullado como nunca antes; era razonable, la batalla había sido como ninguna otra, colosal.
Apenas tenía aliento para respirar, el solo movimiento de sus pulmones expandiendo su pecho dolía como los mil demonios. Había perdido mucha sangre, su maldita sangre. Tenía cortes por todo su cuerpo aun supurando el líquido vital, fracturas de todo tipo, la más preocupante: la de su brazo izquierdo –apostaría sus ojos a que sus huesos estaban triturados–. La hinchazón de su ojo izquierdo le impedía abrir el párpado. No importaba; se conformaba con uno solo para apreciar aquél amanecer.
Ese sería su último amanecer, estaba seguro de ello. No resistiría más tiempo, comenzaba a ver borroso; su destino estaba sellado. No le importaba en absoluto, porque por una vez en su vida estaba en paz. Su mejor amigo se encontraba en las mismas condiciones que él, a su lado. Ya no podía negarlo más, no en esas circunstancias: Naruto era su mejor amigo, casi un hermano para él. El que le había abierto los ojos, aún a costa de su propia vida.
De una extraña manera estaba feliz, todo había terminado. Este amanecer era el comienzo de una nueva era. Una era por la cual lucharon tanto tiempo y que comenzaría sin él. Tampoco le importaba no ser parte de ésta. En ese momento solo se lamentaba de dos cosas: que Naruto tuviera que acompañarle al otro mundo – tal y como le había prometido aquella vez, antes de la guerra– lo que más le pesaba.
Bueno… En realidad… No era lo que más le dolía en ese momento, más que todas sus heridas. De lo que más se lamentaba era no haber sido capaz de contemplar por última vez su rostro. El rostro de ella.
De Sakura.
Una lágrima cayó de su ojo más sano. ¿Cuánto había pasado desde la última vez que la había visto? ¿Cinco años? Sí. Cinco dolorosos años. Aquél día no fue un muy grato reencuentro, él los había atacado en aquella guarida de Orochimaru cuando no era más que un ser manipulable, repleto de odio y oscuridad.
A sus veinte años se arrepentía de tanto. Pero más se arrepentía no poder disculparse de todos sus actos con ella. De sus actitudes indiferentes, de no haber sido capaz de apreciar sus lazos, de reconocerlos, aceptarlos. Porque estaban ahí, siempre estuvieron ahí, en lo profundo de su olvidado corazón.
Sakura.
Su preciada Sakura. Con esos colores tan llamativos haciendo honor a su nombre, un Cerezo en el campo de primavera.
¿Dónde estarás ahora? ¿Te encuentras bien? ¿Continúas siendo igual de fastidiosa que cuando niños, con tus sonrisas resplandecientes, tu voz chillona, tus gentiles atenciones, tus lágrimas de preocupación?
Ahora es cuando todos sus recuerdos juntos –de ella y de él– venían a su mente como flashes, uno tras otro, sin descanso. Crueldad del destino el que pudiera verlos con tanta claridad en el momento de su lecho de muerte.
Tosió un poco de sangre ante la falta de oxígeno. Su tortura terminaría pronto al menos. La tortura mental, siempre había sido así en toda su vida y no cambiaría ahora, en su final. Los recuerdos eran más dolorosos que cualquier herida.
Fue cuando su visión se distorsionaba por completo cuando vio a un grupo de personas llegar apresuradamente al lugar donde se encontraba tirado junto al rubio. Uno solo se acercó despertando del shock ante el panorama que debían estar dando; apenas pudo reconocerlo. Kakashi los miraba con tristeza y la desesperación apareció en sus ojos cansados de ver tantas muertes.
Ésta era su oportunidad, al menos podría tener un mínimo consuelo si lo hacía.
–Kakashi –musitó con dificultad, sus músculos ya no respondían.
–Sasuke –le llamó con asombro al ver el esfuerzo que hacía su antiguo alumno por hablar–. No deberías-
–Sa-sakura –le interrumpió–. Dile que lo siento. Por todo…
Sus ojos se cerraron y su mente se sumergió en la completa oscuridad. Lo último que escuchó fueron los gritos de su antiguo sensei llamándole y el ajetreo de las otras personas que habían llegado con él.
Después: silencio y paz.
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Tal como lo sospechó desde siempre, no habría un lugar en el paraíso para él, no después de todo lo que había hecho en vida. El infierno era un lugar más apropiado para él. La mayor parte de su vida se la había pasado en sufrimiento por decisión propia, ahora le tocaba continuar ese camino que había elegido. Se preguntaba ¿qué desgracias y lamentos le depararían en ese oscuro e infernal lugar? Porque ahí es donde debería estar ahora, comenzaba a sentirlo.
Su mente se iba aclarando y el velo de la inconciencia comenzaba a desvanecerse lentamente. Y entonces lo sintió. Un pitido. Un constante y agudo pitido. Luego, el dolor corporal le arrasó como grandes olas. Eso fue lo que le devolvió la lucidez. Y lo entendió; no estaba muerto.
¿Cómo es posible?
Las imágenes llegaron una a una a su mente. Su encuentro con su hermano mayor, la derrota de Kabuto, el regreso de Orochimaru a la vida y por consiguiente su encuentro con los anteriores Hokage. Su unión a la guerra, luchar codo a codo con Naruto contra Madara, su encuentro con el Sabio de los seis camino, el sellado de Kaguya. Su batalla con Naruto. Kakashi. Y por último su muerte.
O eso creía hasta ese momento. Kakashi debió haberlo salvado y por el sonido que escuchaba se encontraba en el hospital.
Entonces se percató de algo, no estaba solo en el lugar. Voces en susurros le venían desde el lado derecho. Voces y un leve llanto.
Se obligó a sí mismo, a su cuerpo, a reaccionar. Con mucho esfuerzo consiguió abrir lentamente los párpados, o al menos uno de ellos: el derecho; el otro se encontraba vendado. Parpadeó, aclaró su vista y giró levemente hacia el sonido. Los vio.
Naruto –en las mismas condiciones que él– y Sakura.
Lloraban. Murmuraban. Ella le daba la espalda y Naruto solo la abrazaba.
–… Se interpuso en un ataque que iba hacia mí y Hinata –le oyó decir con la voz quebrada, Sakura hipó por el llanto–. Nos salvó. Él dio su vida por nosotros.
El llanto de Sakura se intensificó y fue abrazada con más fuerza por su amigo. Sasuke miraba toda la escena en silencio.
–Él solo sonrió y me pidió que te cuidara –la separó de él y le miró a los ojos con angustia y dolor–. Lo lamento tanto, Sakura-chan. No pude hacer nada para salvarlo. ¡Fue mi culpa! Lo dejé mo-
Sasuke se sobresaltó de la impresión. Sakura había abofeteado a Naruto, haciéndolo callar.
– ¡I-idiota! –le reprendió, conteniendo el llanto; Naruto le miraba asombrado–. ¡No te atrevas a decir de nuevo frente a mí que fue tu culpa!
–Sakura-chan…
– ¡No vuelvas a subestimarlo de esa manera! Si él lo hizo… Si él los protegió, fue porque así lo quiso. ¡Fue su decisión! Estoy orgullosa porque… ¡fue él quien eligió su destino al final!
Naruto cerró los ojos con fuerza, intentando contener sus lágrimas al entender lo que las palabras de ella significaban. Lo que habían significado para Neji. Su sonrisa, sus últimas palabras, su pedido.
–Y gracias a él, tú estás aquí Naruto, conmigo –finalizó con una sonrisa llena de lágrimas, estaba segura de sus palabras pero no quería decir que doliera menos–. Así que, por favor… No vuelvas a echarte la culpa. Hazlo por él.
–Sí –aceptó devolviéndole la sonrisa, con la mano izquierda acercó la cabeza rosada y depositó un beso fraternal en su amplia frente adornada por un rombo morado–. Yo cuidaré de ti, Sakura-chan.
–Lo sé. Siempre lo has hecho, tonto –Sasuke la escuchó soltar una pequeña risita mientras sorbía su nariz.
Su corazón se aceleró al ver que los ojos azules de Naruto lo habían enfocado, porque sabía que eso significaba que Sakura voltearía para verlo. Se aceleró tanto que la máquina junto a él, que marcaba sus latidos vitales, comenzó a pitar descontrolada.
En cámara lenta observó a la mujer girarse en su dirección. Sí, era una mujer con todas las letras, una muy hermosa. Su cabello estaba largo hasta la cintura, amarrado en una coleta baja; los mechones del frente enmarcaban a cada lado su rostro, más maduro pero no menos delicado. Sus bellos ojos jades seguían ahí, ni la rojez del llanto podía opacar su belleza. Era más alta de lo que recordaba. Llevaba un vestido rojo por debajo de las rodillas, el cuello y las mangas cortas de una blusa blanca sobresalían desde debajo de éste.
Pero no fue todo eso lo que llamó su atención. Fue su vientre. El vestido al cuerpo que tenía puesto no solo remarcaba su estilizado y atractivo cuerpo, también hacía sobresalir su vientre, como un pequeño bulto redondo.
Su Sakura estaba embarazada.
La realidad lo golpeó tan duro que el Rasengan de su amigo podía sentirse humillado.
Lo comprendió. Su ausencia en la guerra le había resultado intrigante y ahora sabía el motivo de esto. La charla anterior entre ellos. No solo estaba embarazada y de pocos meses. Sino que, por lo que pudo deducir…
Su Sakura estaba embarazada y viuda.
¿Cómo? ¿En qué momento había sucedido? ¿De quién? Y lo más importante de todo: ¿por qué?
¿Por qué ese hombre había decidido dejar sola a Sakura, a su hijo o hija? Porque de lo poco que había escuchado, estaba seguro de algo. Ese sujeto había elegido la muerte. ¿Se podría ser tan estúpido? Dejar desamparada a una mujer como Sakura, amable, de gran corazón, maravillosa, perfecta, con todo lo bueno y lo malo que tenía. Él estaba seguro de que ella era así, iniciaría otra guerra si alguien decía lo contrario. Lo había visto en la claridad de sus recuerdos, ahora podía verlos, verla a ella –la oscuridad ya no nublaba su mente–; apostaría sus ojos a que Sakura no había cambiado su ser en esos años de ausencia, ya que la esencia de las personas no cambia. Y su esencia era pura luz.
Es por esto que no entendía a ese miserable. Quien quiera que haya sido.
Un dolor agudo en su abdomen le hizo salir de sus cavilaciones. Miró el lugar en concreto y vio sangre mojar la venda. Se había puesto tan tenso al estar sumergido en sus pensamientos que se había hecho daño en una herida.
Chasqueó la lengua con incomodidad. Entonces vio unas delicadas manos posarse en el lugar.
–Sakura –dijo su nombre en susurro de asombro, como si fuera un secreto.
–No hagas esfuerzos con tus músculos por el momento o abrirás tus heridas –le indicó ella mientras emanada un chakra verde y resplandeciente, comprobando efectivamente que la herida en su abdomen supuraba sangre.
Quiso decirle algo pero en ese instante unas personas ingresaron a la habitación alegando que debían llevarse al rubio por un rato para hacerle unos chequeos. Sasuke vio cómo su amigo le sonreía levemente mientras era sacado en una silla de ruedas. Quedando completamente solos.
Vio como Sakura se alejaba de su lado pero regresaba al instante con un ungüento, vendas limpias y otros elementos de curación. Con delicadeza y en completo silencio procedió a quitar la venda manchada en líquido carmesí, limpió la zona y él no pudo evitar soltar un pequeño quejido por el ardor.
–Lo siento –Sakura estaba absorta en su trabajo y Sasuke en contemplarla realizarlo.
Una calidez invadió todo su cuerpo cuando ella comenzó a curarle con su verdoso chakra, cerrando los tejidos. Al terminar, colocó el ungüento en la zona rosácea que había quedado para así evitar que la cicatriz quedara en su blanquecina piel. Por último lo vendó. Y se quedó allí, con la cabeza gacha, mordiendo su labio inferior.
Sasuke sintió una oleada de miedo al comprender que, terminada su labor, ella se marcharía de allí dejándolo solo. Después de todo era lo que se merecía. Pero ella no lo hizo, sin embargo no se quiso arriesgar. Así que en contra de su consejo, estiró su brazo derecho y tomó el izquierdo de ella, llamando su atención.
–Sakura.
–Kakashi-sensei dijo que tenías algo para decirme –musitó ella, con su mano libre tocó su vientre en busca de consuelo. Estaba sumamente nerviosa.
El corazón de Sasuke bombeó con desenfreno. Agradecía que ella se hubiera tomado la molestia de quitarle el sonido a la máquina que mostraba sus signos vitales, de lo contrario estaba seguro que ella creería que le estaba dando taquicardia o algo así. Por su mente se presentó la silueta de Kakashi. Su antiguo sensei no le había dado su mensaje para ella, confiaba en que saldría con vida. Resopló por lo bajo con una pequeña sonrisa, maldito viejo aficionado a los libros pornográficos.
–Sakura –ella por fin le había mirado en lo que llevaba despierto–. Lo siento. Realmente lo siento. Por todo lo que-
–Idiota –le cortó ella con la voz contenida–. Más te vale lamentarlo. Estúpido.
El Uchiha abrió su ojo con asombro al verla llorar desconsolada. Ella… con esas simples palabras… le había perdonado. Una lágrima corrió por la mejilla de Sasuke y luego otra y otra. Sin embargo una pequeña sonrisa de alivio estaba en su rostro.
Al diablo sus heridas, sus fracturas, sus lesiones. ¡Al diablo todo! Con un esfuerzo sobrehumano logró sentarse en la cama y atraer hacia sí a la llorona mujer para estrecharla con su único brazo en condiciones –el otro, enyesado–, teniendo especial cuidado en no aplastar su pequeño y tierno vientre.
Sakura rompió en un llanto más fuerte, poniendo todos sus sentimientos, sus penas, sus tristezas en ello, sus angustias e inseguridades. Enterarse de la pérdida de Neji, su pareja desde hace tres años, el padre de su bebé, la había destrozado por dentro. Lo peor de todo: Su bebé crecería sin su padre. Estaba tan asustada. Confiaba en que saldría adelante, por su bebé, confiaba en sí misma; pero estaba aterrada. Y ahora su primer amor había regresado al camino de la luz después de tanto tiempo, lo que tanto habían anhelado con su mejor amigo rubio. Y él le estaba consolando. Era todo tan repentino, tan trágico, que no podía procesarlo correctamente. Su cuerpo hipó en busca del aire que expulsaba en sus lamentos desgarradores, no podía dejar de llorar.
Sasuke solo dejaba que ella sacara todo su dolor. Lo único que podía hacer por ella en ese momento era consolarla de esa manera. Ella habría hecho lo mismo por él, se lo había dicho cuando eran niños. Ahora era su turno, soportar y esperar. Lo haría por ella.
Largos minutos pasaron en la misma posición, hasta que Sakura desahogó el dolor de su pérdida, al menos un poco de ella, y logró serenarse. Se separaron lentamente, viéndose a los ojos, reconociéndose.
–Sakura.
La puerta se abrió de golpe en ese momento. Por ésta entró una muchacha adolescente de larga cabellera castaña y ojos del color de la luna; ojos en los que era completamente visible la angustia.
– ¡Sakura-nee-sama! –exclamó al encontrarla al fin.
–Hanabi.
Sasuke fue espectador de cómo la chica se echaba encima de la mujer –evitando presionar el vientre–, abrazándola con todas sus fuerzas para dar rienda suelta a un llanto desconsolado y desgarrador.
–Sakura-nee-sama… A-acabo de enterarme… Y-yo-
–Lo sé. Yo también.
Luego todo trascurrió como en cámara rápida para el Uchiha, sintiendo que veía todo desde otro ángulo. Su presencia quedó olvidada por las féminas que después de unos minutos abandonaron la habitación como almas en pena. Naruto regresó, y así como hicieron con él, se lo llevaron para un chequeo. Regresó a la habitación tiempo después.
Los días pasaron rápidamente para él, convirtiéndose en un par semanas. Durante las cuales fue monitoreado, curado, alimentado, visitado por su antiguo sensei, entretenido por algún monólogo de Naruto. Esposado, llevado al despacho de Tsunade, interrogado, guardado silencio mientras era defendido por Naruto alegando que sin su ayuda no se habría ganado la guerra. Escuchado su sentencia, trasladado a una celda especial, y pasado ahí una condena reducida –gracias al Uzumaki– de tres meses.
En todo ese tiempo Sakura nunca fue a visitarlo. Pero no desaprovechó su estadía en ese sombrío lugar, lo utilizó para pensar, para reflexionar, para reencontrarse consigo mismo ahora que la sombra del odio y la venganza no estaba a sus espaldas. Entonces se percató de algo muy importante: ya no era un niño, era un hombre. Un adulto. Lo que le llevó a pensar ¿qué sería de él ahora? Su primordial objetivo durante la mayor parte de su vida había sido darle muerte a Itachi; lo había cumplido –con resultados para nada satisfactorios–. Había regresado a su aldea, su hogar. ¿Qué seguía ahora? ¿Qué es lo que el destino tenía preparado para él?
¿Qué haré con mi vida?
No. Sí sabía lo que tenía que hacer, cómo debía continuar. Ya lo había decidido. Lo había elegido.
Vivir. Ahora es cuando todo comienza.
Kakashi lo recibió fuera de la cárcel, aquél cálido atardecer fue lo primero que apreció al poner un pie fuera. Compartió con él unas escasas palabras, como era usual en Kakashi, en las que resumidamente le daba la bienvenida y las instrucciones de cómo llegar a la nueva locación del "Ichiraku Ramen", donde le esperaba Naruto. Seguidamente desapareció con un puf.
Al ver a Sakura sentada en una banca frente a un pintoresco lago, comprendió que hacerlo caminar hasta allí había sido una artimaña de su mejor amigo y antiguo sensei. Aun así, les estuvo eternamente agradecido.
Sakura contemplaba ensimismada el reflejo naranja del sol en las cristalinas y tranquilas aguas. Acariciaba su ya abultado vientre de seis meses con mucho cariño. Para Sasuke fue una imagen de lo más conmovedora. El embarazo le sentaba bien a su ex compañera de equipo.
Se acercó lentamente, intentando prolongar ese paisaje todo el tiempo posible.
–Naruto me dijo que hoy saldrías –escuchó su aterciopelada voz, no había cambiado su postura.
Largos minutos trascurrieron en los que ninguno dijo nada. Era extraño, pero el silencio no era incómodo.
–Aquí fue nuestra primera cita –Sasuke le prestó atención, ella continuaba acariciando su vientre con amor infinito–. Neji apareció con una gran caja de chocolates y un exagerado ramo de rosas. Cortesía de Gai-sensei y Lee-san –soltó una risa ante el recuerdo–. Estaba tan incómodo que su rostro tenía una expresión graciosa y no pude evitar reírme. Cuando me di cuenta de lo que hacía, pensé que estaría enfadado conmigo.
Sasuke tomó asiento junto a la mujer y la observó. Tenía un brillo especial mientras hablaba. Parecía más un monólogo para sí misma que para él. Aun así la dejó continuar.
–Pero no lo estaba. Neji sonrió y ambos estuvimos de acuerdo en que ese no era su estilo –una lágrima descendió de uno de sus ojos, la limpió con rapidez, volviendo en sí–. Lo siento. No sé por qué te estoy diciendo esto.
–No –exclamó Sasuke, logrando que lo mirara–. Quiero escuchar más. Quiero… saber todo. Yo quiero-
–Hola –dijo ella de repente, interrumpiéndolo–. Me llamo Sakura –y le extendió la mano con una suave sonrisa cómplice.
Sasuke no pudo más que sonreírle de vuelta. Sakura siempre sabía lo que estaba pensando. Lo conocía muy bien. Ahora era su turno.
Yo quiero conocer todo de ti.
–Soy Sasuke. Un placer conocerte, Sakura –le estrechó la mano con delicadeza.
Si había llegado a su corazón una vez sin hacer nada para merecerlo, esta vez lo haría de nuevo dando todo lo mejor de sí. Le mostraría al verdadero Sasuke. Del que ella se había enamorado en el pasado. Ya no había máscaras para usar ni lazos que romper. Solo dos caminos frente a sí: el de la luz y el de la oscuridad. Cuando era joven había decidido –le habían obligado– ir por el camino de la oscuridad, de la soledad, el de la muerte. Como le habían advertido sus personas más cercanas, Naruto, Sakura y Kakashi, nada bueno salió de ahí.
–Puedo –habló titubeante–. ¿Puedo poner mi mano?
Por toda respuesta, Sakura le sonrió dulcemente, tomó su mano izquierda y la posó con suavidad donde crecía sanamente el fruto del amor de uno de los dos grandes amores que había tenido en toda su vida.
Para Sasuke era extraño y maravilloso a la vez, saber que una vida se estaba gestando allí. Se sentía cálido, no podía apartar la mirada del abultado vientre. La confusión marcó sus facciones al sentir un movimiento bajo su mano. Miró a Sakura con asombro.
–Se ha movido –dijo ella, una lágrima de felicidad descendió por su rostro, una enorme sonrisa se le dibujó después–. Es la primera vez que lo hace.
Cuando era joven había elegido mal. Pero esta vez tenía toda la certeza que su elección era la correcta. Esta vez elegía el camino de la luz, de la felicidad. Sintió al hijo de Sakura moverse de nuevo. El camino de la vida.
Era el momento de pasar a una nueva página de su historia.
Comenzar una nueva escrita por él mismo.
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Gracias por leer!
