¡Hola!
Hace mucho tiempo que no me paso por aquí... y además es el primer fanfic que escribo de She-Ra... pero es que estoy enamorada de la serie, de los personajes y (por supuesto) del fandom tan maravilloso con el que me he encontrado.
Se trata de un one-shot catradora muy cortito que espero que te guste. Pero ¡cuidado! Si no has visto la cuarta temporada puede tener spoilers.
¡Nos leemos al final! ^^
Disclaimer: ninguno de los personajes que aparecen me pertenecen (pero tengo mucha fe en Noelle xD)
Estrellas
Catra abrió los ojos en medio de aquella oscuridad que tan extraña le resultaba todavía. Se hizo un ovillo sobre sí misma y, antes de poder darse cuenta de lo que estaba pasando, la niña empezó a llorar.
Había sido un sueño demasiado real. Había pasado ya un tiempo desde que había llegado a la Zona del Terror, pero a veces seguía recordando a su familia. Aunque cada vez le costaba más imaginar cómo eran… Con el paso de los días había olvidado sus rostros y sus nombres. Y aquello hacía que la sensación de frío que sentía se expandiera más por su pecho. Era un sentimiento demasiado intenso para una niña tan pequeña. Además, le daba miedo la oscuridad. Antes nunca había habido tanta oscuridad, siempre se colaba algún rayo de luz de las muchas lunas que alumbraban Etheria. Pero en la Zona del Terror… todo estaba cerrado a cal y canto. Incluso si no estaba dentro del cuarto compartido, todo el cielo se veía de un rojo color sangre que hacía que Catra se estremeciera.
Se encogió más sobre sí misma cuando escuchó unos pasos subiendo hasta su litera. Se dio la vuelta y se tapó los ojos, avergonzada, aunque sabía que no podía verla. Ya en más de una ocasión la habían regañado por haberse mostrado tan débil. Y Shadow Weaver no parecía muy satisfecha con ella. Se estremeció al sentir una pequeña mano sobre su hombro, pero no tuvo fuerzas suficientes para girarse.
-¿Estás bien? ¿Has tenido una pesadilla?
Catra asintió, aún sin volverse. Eso no fue impedimento para que Adora se metiera debajo de su manta y se abrazara a ella. La presión que había sentido hasta entonces ahogándola se redujo, pero aun así las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos. A Adora no pareció importarle que sollozara y esperó pacientemente a que se tranquilizara. Cuando ella finalmente se calmó, pudo darse la vuelta y, aunque no podía verla, sabía que tenía sus ojos azules muy abiertos y que estaba mirándola en medio de las tinieblas.
-Ya estoy mejor -dijo en voz baja, sorbiéndose los mocos.
Adora sonrió y buscó su mano debajo de la manta. Catra se la apretó con fuerza y sonrió a su vez.
"Yo cuido de ti y tú cuidas de mí. Nada malo puede pasarnos mientras estemos juntas."
Solo había sido un sueño, se repitió, aferrándose más a la mano de Adora.
-Ven, vamos a hablar a otro sitio.
Catra asintió, sabía que no era buena idea despertar a Lonnie. Tenía muy mal genio cuando no dormía lo suficiente. Y cuando dormía lo suficiente también.
Siguió a Adora mientras bajaba la litera y pronto volvió a encontrarse corriendo sigilosamente por los pasillos, aferrada a su mano. Con la otra, tomó la manta con la que habían estado arropadas hasta entonces.
A esas horas ya no había gente por allí, pero los robots seguían vigilando y seguro que no se tomaban muy bien que hubiera dos niñas pequeñas caminando por los pasillos cuando deberían estar durmiendo. Avisarían a Shadow Weaver y…
Pero Adora parecía muy convencida de lo que hacía y nada malo podía pasar mientras estuviera con ella, ¿verdad?
Llegaron hasta un pasillo que parecía desierto y Adora, como si lo hubiera hecho otras veces, separó un poco un trozo de la pared. Las dos se introdujeron en aquel hueco, que daba lugar a otra habitación, llena de chatarra.
Las dos se sentaron entre toda aquella basura y Catra extendió la manta para que las tapara a ambas. La miró y se sintió mejor de inmediato. Desde allí la oscuridad parecía solo un mal recuerdo.
-Yo tampoco podía dormir -dijo entonces Adora-. Estaba pensando en… en lo que nos ha contado antes Shadow Weaver.
-¿En las estrellas?
Había sido uno de esos cuentos que les contaba la mujer y que hacía que todo pareciera horrible y tenebroso fuera de la Zona del Terror. Hacía muchos años, millones de pequeñas luces habían alumbrado el cielo nocturno de Etheria, pero una princesa había robado las estrellas y había hecho que el cielo quedara únicamente acompañado por las lunas. Catra lo había intentado, pero no lograba imaginar cómo sería un cielo como aquel.
Adora asintió, visiblemente emocionada.
-Tenían que ser muy bonitas, ¿no te parece?
Gatia se encogió de hombros, sin importarle lo más mínimo todo aquello.
-Solo era un cuento, Adora. Seguro que Shadow Weaver se lo había inventado todo y nunca existieron las estrellas.
Adora se mostró decepcionada y Catra no pudo evitar romper a reír ante su expresión. Toda la tristeza que podía haber sentido por la pesadilla había quedado atrás.
-Es que me gustaría verlas -replicó la niña-. Quiero saber más sobre ellas. Yo creo que sí que existían.
Adora se acostó, apoyando la cabeza sobre los restos de chatarra y Catra sonrió, inconscientemente. Se acercó a un cubo de aceite usado, que el personal de la Zona del Terror utilizaba para lubricar los robots, y hundió los dedos en él. Con los dedos empapados se acercó hasta donde estaba su amiga y posó las puntas en el trozo de metal que había junto a ella, imitando a las estrellas. Adora la miró con expresión divertida y no tardó en unirse a Catra.
Entre risas, pronto todo el metal estuvo cubierto de aceite usado. Y también sus rostros, aunque a ninguna de las dos parecía preocuparle lo más mínimo.
Catra le pasó un brazo por detrás del hombro y sonrió satisfecha. El aceite todavía brillaba, al igual que les había contado Shadow Weaver que pasaba con las estrellas. Adora se apoyó en su hombro, sonriendo a su vez.
Adora tenía razón.
Aquella dichosa frase se repetía en su cabeza una y otra vez. Primero con la voz de Entrapta, luego con la de Glimmer. Adora tenía razón. Había tenido razón con el Portal. Había tenido razón con el arma de Etheria. Y, cómo no, también había tenido razón con lo de las estrellas. Desde la nave de Horde Prime, Catra solo podía llegar a imaginar la magnitud de todo aquello. Tantas luces brillantes a lo lejos, tantos mundos… Al final, Adora tenía razón: Las estrellas existían. Y brillaban mucho más que aquel aceite usado.
Ignoró el dolor de aquel recuerdo y se obligó a mantenerse firme delante de Glimmer. La reina de Luna Brillante también parecía absorta en sus pensamientos.
-Tus amigos vendrán a buscarte -dijo Catra en apenas un susurro.
Glimmer se estremeció y apartó la mirada, incómoda. Había reaccionado así cada vez que los mencionaba y no pudo evitar preguntarse si de verdad todo aquello era obra de Double Trouble. Aunque en cualquier otra situación hubiera disfrutado de algo así, ahora… Ahora todo parecía distinto. Con todas esas estrellas brillando en el cielo…
Tenían que ser muy bonitas, ¿no te parece?
Catra cerró los ojos, cansada. Y en aquel momento decidió que cuando Bow y Adora volvieran a por Glimmer se limitaría a compartir una mirada con la que había sido su mejor amiga.
No sabía cómo saldrían de aquella situación, ni si podrían encontrar alguna manera de librarse de Horde Prime, ni siquiera si She-Ra, con todo su poder, sería capaz de hacer algo contra una amenaza de tal tamaño. Pero lo había decidido: Cuando volviera a verla, señalaría las estrellas con la mirada y le diría que tenía razón. Pero solo por las estrellas.
Imaginar aquella situación, que en ese momento parecía tan lejana, dolía incluso más que sus recuerdos comunes.
Catra se apoyó contra el cristal de la nave y dejó que sus ojos bicolor viajaran entre las estrellas. Llevó una mano al cristal, mientras sus dedos tocaban cada uno de los puntos brillantes y casi pudo sentir el tacto pringoso del aceite.
Adora tenía razón. Y ella ni siquiera tenía le derecho a pedirle disculpas por todo lo que había pasado, por todo lo que había causado.
Una estrella se movió con rapidez y desapareció de su vista mientras Catra intentaba poner un dedo sobre ella. Y algo en su interior se removió. Sabía que no era cierto, pero no podía evitar sentirse como si Adora hubiera sido aquella estrella que ya no estaba allí; y ella solo hubiera sido aquella burda imitación hecha con aceite usado que había dejado de brillar hacía años, en la Zona del Terror.
¡Hola otra vez!
Si has llegado hasta aquí, ¡muchísimas gracias!
Llevaba un montón de tiempo sin escribir fanfics y estoy un poco oxidada, pero después de ver She-Ra y las princesas del poder... ¡no he podido evitarlo! (Además en mi país estamos pasando por una cuarentena por el coronavirus, así que... parecía el momento ideal para lanzarme a escribirlo)
Espero que te haya gustado :)
Si quieres hacérmelo saber, no dudes en dejarme un comentario ;)
