Draco volvió a sobresaltarse.

-Estúpida Granger con su estúpido giratoempo.-

La "sangresucia" volvió a aparecer de la nada en su clase de Runas Antiguas, refunfuñando sobre el trabajo que Snape había dejado en DCAO y Lúpin canceló. Sonrió un poco, pensando que al menos no era él solo el que sabía que su profesor era un hombre lobo. Idiota Dumbledore con sus idiotas ideas, solo iba a lograr que los mataran a todos.

Hacía cierto tiempo, mucho tiempo, que Draco no podía dejar de mirar a la mismísima Hermione Granger. Y le molestaba de los cojones porque sabía por qué era eso. La leona le gustaba horrores.

Así que saliendo de Runas, la única clase que era el único Slytherin que iba, decidió hacer lo más sensato que se le ocurrió. Esperó a que ella salga del salón y la asaltó. Tomó su brazo y la arrastró hasta un aula vacía, su predilecta de hecho. Lejos de ojos mirones que estaban por todos los pasillos fe Hogwarts. Llegaría tarde a Herbología pero, ¿qué cojones? No le importaba una mierda, tenía muy en claro su objetivo.

-¿Qué leches crees que haces, maldito estúpido?- Estalló como auténtica leona y él sonrió como siempre, con esa sonrisa de serpiente a punto de cazar.

-Hago lo que quiero Granger, como siempre. Lamento profundamente que vaya en contra de tus planes de estar en mil clases a la vez- Replicó con sorna.

-Estás loco, imbécil. Déjame salir o tendré que hechizarte, voy tarde a Aritmancia.

Mientras ella hablaba, Draco se le fue acercando. Y ella se plantó, sin mover un pelo. Ella sabía lo que el Slytherin quería.

-Draco- se rindió. -Draco, por favor, necesito ya correr para llegar a mi clase y mi mochila pesa horrores.

-Hechízala entonces, preciosa. Y ambos sabemos que con el juguetito que cuelga de tu lindo cuello- él estiró la mano y acarició el terso cuello de su novia con una mirada colérica, pues el collar que le había regalado en segundo año ya no era la única cosa que colgaba del cuello de SU Granger- puedes hacer lo que quieras con nuestro tiempo.

Hermione revoleó los ojos y se dejó abrazar, suspirando. Se sentó en la mesa de un destartalado banco, y lo miró.

-¿Por qué seguimos haciendo esto, Draco?- Y miró a SU Malfoy con cansancio pero ternura.

Y a Draco lo enloquecía esa mirada. Y abalanzándose sobre su novia, la besó con ansias y un poco de lo que nadie puede negar que fue cariño.

Los dos adolescentes se besaron con furia un buen rato, con las manos volando por todas partes, con túnicas desprendiéndose y jadeos un tanto animales, si vamos a decir todo.

Cuando Draco tomó conciencia de dónde estaban, se calmó un poco y fue acortando Los besos para que su chica pudiese respirar. Y cuando la vió, sonrió con malicia. Unos hermosos chupones adornaban el terso, en realidad ya no tanto, cuello de Granger.

-¡¿Lo hiciste otra vez?!- Gritó ella cuando adivinó su sonrisa.

Y Draco no pudo más que reír. Y apresándola en sus brazos, besando su mejilla le dijo al oído- Te quiero, preciosa.

Y Hermione sólo pudo sonreír. -Y yo a tí, Dragón.-