Disclaimer: Ni los personajes, ni los escenarios, ni absolutamente nada que les suene a JK Rowling me pertenece y mi único propósito al usarlos es entretenerlos, sin fines de lucro ni nada por el estilo.
Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Soberbia
Maldito frió de mierda, que le calaba los huesos.
La mente de Rose Weasley pensaba más groserías por minuto de las que su madre admitía a Ron Weasley en un año entero. Afortunadamente, su madre no leía la mente, y aunque lo hubiera hecho, estaba bastante lejos de ella en la actualidad.
Jaló las sabanas y se encogió en sí misma, pero nada mejoro. Gira sobre su propio cuerpo, sus ojos se empiezan a abrir casi contra su voluntad, el frio le impide seguir durmiendo, y estira su mano hasta el cuerpo que se encuentra a su lado bajo las sabanas compartidas, toca esa espalda descubierta, y gruñe ¿Cómo podía él estar tan caliente? Maldito. Odia su temperatura corporal siempre perfecta, que, a diferencia de la suya, siempre anda o al borde de morir congelada o a punto de sufrir un maldito golpe de calor.
Scorpius se giró, quedando frente a ella, aún dormido, y Rose retiro su mano con rapidez.
Ya ni recordaba bien lo que había sucedido la noche anterior, solo recordaba en este momento que ella estaba enojada por algún motivo que debía ser muy importante. Se levanta despacio, para que él no lo note, y camina hasta el armario de dónde saca un suéter suave y un par de medias muy largas que le llegan hasta arriba de las rodillas, y así, se sienta al borde de la cama y procede a colocarse su ropa invernal favorita. Así, en suéter, bragas y medias de prostituta, pareciendo la caricatura de una bailarina exótica, se vuelve a meter a la cama.
Eran recién las 6:47 a.m. y en el fondo Rose desearía estar acurrucada entre los brazos de su rubio favorito, pero no. Ahora un poco más lucida y con menos frío, recordaba que había perdido un poco los estribos la noche anterior, cuando Scorpius le había comunicado que su postulación de ascenso en el ministerio había sido cruelmente denegada, entregándole el puesto a la rubia falsa de pacotilla que venía pisándole los talones hace años, y que parecía que en esta ocasión había logrado superarla.
La gran culpa de Scorpius Malfoy era ser el mensajero del terrible suceso, porque si había algo que Rose no toleraba muy bien era el ser superada.
Rose exploto, y las dos cabezas rubias que habitaban esa casa habían ido a sus respectivos dormitorios sin querer cruzarse en el camino de la pelirroja por temor a ser avasallados por su torbellino de emociones. Pero, por cosas tan simples como que una de las cabezas rubias era su esposo, había tenido que encontrarse con él en el dormitorio. Y él solo había guardado silencio, lo que ella más odiaba en el mundo.
Scorpius no tenía más culpa que la de ser mensajero de malas noticias, pero siendo Rose quien era, hija de quienes era, y con el gran intelecto del que era poseedora, no era extraño que una noticia así le hubiera chocado tan fuerte. Inconscientemente, la soberbia de saberse mejor al promedia de personas con las que se cruzaba diariamente había hecho que ni siquiera hubiera sopesado la posibilidad de que algo así sucediera.
No logró conciliar el sueño en la próxima hora debido al frío, y a las ocho de la mañana, cuando el sol ya se asomaba por la ventana, unos pequeños piececitos entraron a su habitación.
¿Mami? – Su voz dulce y adormilada llamo la atención de Rose inmediatamente. – ¿Mami podemos ir al parque?
Niobe… aún es muy temprano cariño.
La pequeña hace pucheros y Rose no puede evitar sonreír, pues en ese momento, cualquier atisbo de mal humor desapareció. Se estiro hacia Scorpius y le revolvió el cabello.
Scor, es un buen día, hay sol, es como que el día perfecto para que olvidar todo lo que paso ayer – Rose pone la cara más inocente que puede, casi igual a la que su hija tiene en ese momento para que la lleven al parque – Y podemos… ¡Hacer un picnic!
Scorpius, ya medio despierto desde que escucho a voz de su pequeña entrar a la habitación, no puede evitar sonreír, realmente con bastante gracia por la situación, puesto que es poco común oír a Rose buscando tregua, admitiendo que se ha equivocado de esa forma tan sutil.
Vamos, Niobe, si vas ahora a tu habitación y armas tu bolso de picnic, pasaremos un día genial – Dice el rubio, la niña brinca sobre sí misma y corre a su habitación.
Un silencio se instala en la habitación ahora, y es quebrado cuando Rose vuelve a hablar.
Scor… - La voz de Rose es apagada por los labios de Scorpius, que en ese momento gira hasta terminar con su cuerpo sobre ella.
¿Ya se te pasó el berrinche? – Le dice con una sonrisa burlona, Rose está a punto de refutar, pero Scorpius entierra su nariz en el cuello de la pelirroja, y respira profundamente escarapelándole todo el cuerpo.
Rose no puede hablar, ni decir nada más en su defensa, cuando empieza a sentir los suaves besos del rubio sobre su piel, que lentamente se van volviendo más fogosos, empiezan a bajar por su cuello, hasta sus pechos, y Rose no puede evitar gimotear levemente, de pronto, en un segundo y sin que Rose lo haya podido prevenir, Scorpius hace a un lado su ropa interior y se encuentra dentro de ella.
¡Scor!
La palabra sale como un gemido, como un grito medio ahogado, y Scorpius, con una sonrisa burlona en los labios, empieza a moverse con firmeza.
Scor…
Ahí, a su completa merced, sin poder articular ninguna palabra que no sea su nombre, en cada estocada Scorpius le quita cada gota de soberbia que pueda existir en ella. Ahí, mientras ella no puede respirar correctamente, mientras araña su espalda y su cuerpo se arquea al llegar al orgasmo, no queda nada más que Rose Weasley en su estado natural.
