Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.

NdA: Este fic está ubicado entre la Saga de Hades y Omega. Aquí planteo a un Kiki ya crecido, que mantuvo una relación cercana con Shunrei, por lo que el fic se centrará principalmente en ellos dos. Así que si eres de esas personas que cree que Shunrei es un personaje que no aporta nada a la serie o que ella no merece estar con Shiryu, por favor, no leas este fic. No tiene chiste que leas algo que de buenas a primeras tiene pinta de que no te gustará.

Por el contrario, si eres como otros que creemos que Shunrei es un personaje interesante y merece más espacio en la trama y que necesita que se visibilicen más sus cualidades además de simplemente ser la doncella de Shiryu, entonces te invito a leer esto con toda libertad.

Escribí este fic con mucho cariño en dedicatoria a una autora de fanfiction que lamentablemente falleció el pasado 13 de Febrero por culpa del cáncer. Se la conocía aquí como Fabiola Brambila. Ella al igual que yo, sentía mucha empatía por Shunrei, a su vez que Kiki era uno de esos personajes que le encantaban. No sé si este fic le hubiera gustado, pero al menos me centré en trabajar en el crecimiento de dos personajes que ambas apreciamos mucho. De hecho, la frase que sirve de summary para este fic fue dicha por ella y es también por esa razón que escogí llamar a este fic "sin título".

Bueno, sin nada más que decir, espero que disfruten la lectura.


Sin título.

.

Las cartas nunca ostentan un título pues muchas sólo buscan expresar los sentimientos del autor sin ninguna pretensión de por medio.

.

.

.

Estimada Shunrei:

Hace mucho que no escribía una carta para alguien, más tratándose de una vieja amiga a la que visito casi a diario, por lo que recurrir a este medio suena un tanto extraño ¿Verdad? Bueno, sí, me atrapaste: me encuentro regando mis palabras en estas hojas que serán portadoras de un mensaje que, de decírtelo en persona, no podría evitar sentir vergüenza, especialmente porque eres tan comprensiva que estoy seguro de que me darías todo el tiempo que necesitase para decirlo todo, cuando dentro mío sólo quisiera explicártelo en un segundo. Alargar tu silencio sólo me torturaría.

Constantemente has sido tan amable y dulce: es esa parte tuya tan apreciable lo que siempre complica todo; haces que sea más difícil decirte las cosas que ya son complicadas porque el temor a herirte se multiplica tratándose de ti. Es curioso como hay gente que es más fácil herir porque la culpa no busca hacernos añicos la consciencia ¿No lo crees? Pero no digo todo esto porque piense que eres débil, al contrario; sé que eres una mujer fuerte, pero lo que siempre nos ha atormentado a todos los que te rodean es darte noticias que no te mereces, encajarte dolores que sencillamente no debieran pertenecerte. Eres un ejemplo de una ineluctable bondad que ha sido mal remunerada. Por eso, decirte que voy a tener que poner un fin a la promesa que te hice hace años me hace sentir indigno de tu amistad, de todo el cariño que me has brindado durante este tiempo.

Tú siempre has permanecido; es eso lo que te ha hecho irreemplazable para mí. Eso es lo que te hace diferente de lo demás. Nuestro papel como Santos de Athena siempre nos vuelve pasajeros en la vida de otros, somos seres ajenos a un mundo "normal" e incluso nuestra existencia está destinada a ser corta. Perdemos mucho a lo largo del camino: yo perdí a unos padres que no conocí, perdí al único hombre que me acogió como un hijo y qué más que maestro fue la figura paterna que necesité, perdí a la mayoría de los caballeros que se volvieron mis amigos en el Santuario, y en cierta forma, ambos hemos perdido gran parte de lo que Shiryu fue para nosotros. Pero tú has seguido ahí, Shunrei. Has continuado, ante todo, como si el tiempo no tuviera piedad, pero tú tampoco diste el brazo a torcer y te quedaste.

Fue cuando Shiryu quedó despojado de todos sus sentidos y con ellos, también sus posibilidades de comunicación y conexión contigo, cuando creí que no resistirías más, porque creí que, al ver al dragón en tan doloroso estado, todo el sentimiento de enojo en ti se desataría, todo ese hastío por las constantes batallas y sus consecuencias, por las pérdidas de las que nos hacemos acreedores, por todo este sentido de autosacrificio y fatalidad que domina nuestras vidas y del que siempre repudiaste, creí que todo eso se concentraría en tu aura con una increíble amargura y me aterraba la idea de que eso desencadenara que tu corazón tan cálido perdiera temperatura, que toda tú te ausentaras de esta vida que no te merece; pero me demostraste todo lo contrario. Te quedaste abnegadamente con Shiryu, dispuesta a continuar cuidándolo pese a lo lamentable de la situación, porque ya no sólo se trataba de él, sino del pequeño niño que recién nacido vigilabas en su cuna desde otras habitaciones mientras corrías a preparar comida, lavar ropa, atender a Shiryu y pese a todo el cansancio, siempre tener fuerzas para darle todo tu amor a Ryuho. En ese momento decidiste dejar tus lágrimas de lado y combatir toda la miseria con tu bondad y fue entonces cuando decidí hacerte esta promesa: acompañarte en todo, al menos hasta que los cosas fueran un poco más sencillas. Fue así como básicamente me mudé a Rozan para no dejarte tanta responsabilidad que no merecías siendo que tu compañero había estado preparado para compartirla contigo antes de que los inconvenientes de la guerra se vinieran a ensañar con él y con el destino de tu familia.

Es por esta razón que ahora me apena tener que ponerle fin a esa promesa, por decirte que ya no podré seguir acompañándote en esta tarea de vivir pese a todas las dificultades. Me gusta pensar que ahora que Ryuho está por alcanzar la edad para entrar a Pallestra, las cosas serán un poco más sencillas para ti. De cualquier forma, confío en la fuerza de tu muchacho, estoy seguro de que te protegerá con todos los métodos que estén a su alcance, lo mismo podría decir de Shiryu, es por eso que tal vez ahora yo necesite enfocarme en otras cosas… Sin embargo, esa no es la principal razón de esta carta; a decir verdad, todo esto sólo ha sido un merodeo quizá un tanto inútil antes de explicarte lo que realmente quiero decir. Lo cierto es que no sólo me ausentaré uno o dos meses… probablemente pasen años antes de que vuelva a verte, o quizá ya no te vuelva a ver nunca.

Odias las despedidas inexistentes, el adiós silencioso que sólo llega cuando sabes que esa persona no va a regresar; lo sé porque desde que el Antiguo Maestro se fue sin darte una despedida adecuada, cada que mirabas a Shiryu ir a pelear hacías que te prometiera regresar o que tuviera el coraje de despedirse de una buena vez; aquellas expresiones de desconfianza eran las secuelas de la despedida apenas triste que el Antiguo Maestro te dio. Pero ya sabes lo mucho que Shiryu te ama; porque pese a estar encerrado en su cuerpo que ahora es como una jaula para él, siempre buscó la manera de regresar a ti.

Yo también conozco ese dolor. Lo recuerdo por aquella tarde nublada en la que mi maestro me habló de los años que estaban por venir, prometiéndome un futuro mejor y expresándome con esa manera tan sofisticada y lacónica suya, lo orgulloso que estaba de mí; no comprendí que aquellas eran sus palabras de despedida antes de que me dejara en Jamir para ir al Santuario y protegerlo de la amenaza que significaba la Guerra Santa. No fue sino hasta que aquel eclipse apareció en el cielo como un manto mortuorio sobre el sol, cuando supe que tenía que ir al Santuario, pero cuando llegué me encontré con la premisa de que mi maestro Mu ya no regresaría.

Despedirse duele; la certeza de no tener a quienes amamos cerca de nosotros hace que el corazón deje de palpitar de alegría y se vuelva un laúd hueco que apenas resuena en el silencio de los adioses. Los caballeros se ven forzados a una vida así; recién pude reencontrarme con Shun y me confesó que ha dejado de buscar a su amiga June, que quizá debió entender que cuando ella se marchó sin decirle nada estaba explicándole que no quería ser encontrada. Ya no habla tanto de ella como antaño, creo que porque ha decido quedárselas sólo para él, las memorias de aquella guerrera que ahora parecieran torturarlo porque vino a darse cuenta muy tarde cuanto debió haber perdido June al haberlo cuidado a él más que a sí misma.

"Quizá hizo un viaje para reencontrarse; gastó tanta vida en mí que ahora busca recuperar esa vida, ese tiempo y ese amor para ella misma" dijo Shun, con unas lágrimas inexistentes pero que estaban ahí, en sus ojos tristes.

Estimada Shunrei, créeme que no te culparía si de repente tomaras esa descripción como tuya, que te sintieras un poco identificada (y comprendida) con esas palabras. ¿Cuánta vida has gastado ya en otros? ¿Te has asegurado de guardar algo para ti?

Espero que puedas perdonarme si estas preguntas te ofenden. Sé que no me corresponde a mí hacerlas, más que nada porque constantemente te veo como alguien a quien admiro, no sólo porque crecí contigo como una amiga que siempre estaba ahí para sonreírme hasta en mi más ridículo berrinche, sino porque también yo he estado ahí para mirarte soportarlo todo con la misma sonrisa que me dedicabas cuando todo se tornaba oscuro. Has sentido tanta compasión por mí todos estos años, que no puedes culparme si ahora soy yo quien siente compasión de ti. Pero ese es sólo el resultado del cariño que te guardo.

Es también por eso que no puedo irme sin más, sabiendo que detestas que las personas desaparezcan egoístamente, como si el dar amor a otros no conllevara sus responsabilidades; entre ellas tener que explicarnos ante ausencias no deseadas. Aunque parte de mi me dice que sólo estoy dándome más importancia en tu vida de la que realmente tengo, otra parte mía me exige que te explique todo antes de dejarte de nuevo a solas con una soledad ligeramente amortiguada por lo que es la compañía incompleta de Shiryu.

Suena horrible ponerlo así y tú bien sabes cuánto lo admiro y respeto como para hablar sobre él de esta forma. Pero no me refiero plenamente a él, sino a esa condición tan indeseable que posee y que, sin embargo, él sigue cargando con la misma apacibilidad y gentileza, que a veces me pregunto cuál de ustedes dos es más fuerte en esta clase de dolores silenciosos.

Sé que la vida de Shiryu siempre ha sido un calvario para ti. Para un caballero siempre es muy fácil morir, como si poner fin a nuestra vida no significara nada. A veces olvidamos que el peso de nuestras decisiones no cae precisamente sobre nosotros, sino sobre los que nos rodean, nos aman y llenan de dicha nuestra existencia. Son ellos quienes pagan las consecuencias de nuestras acciones y a ti te tocó pagar cada decisión que tanto el Antiguo Maestro como Shiryu tomaron, y ahora también serás quien deba pagar los efectos de las decisiones de Ryuho. ¿Es justo? Claro que no, pero ese es el precio del amor. Todos lo aceptamos ingenuamente hasta que conocemos ese dolor a plenitud.

Con su condición actual Shiryu lo conoce mejor que nunca. Todavía recuerdo aquel día en que me encontraba reparando algunas armaduras en la torre que solía pertenecer al maestro Mu, sumergiendo mi ser en tareas sencillas hasta que de repente sentí un cosmos que se comunicaba directamente conmigo con desesperación: oí la voz de Shiryu que me rogaba por ayuda.

"Es Shunrei, fue al campo con Ryuho y ya demoraron. Sentí su cosmos perturbarse, por favor, ven rápido".

No me tomó más de un segundo teletransportarme al lugar en donde sentí tu cosmos asustado y la escena con la que me encontré fue horrible. Creo que no es necesario describirla, pero puedo recordar a plenitud mis sentimientos y siendo completamente honesto jamás imaginé que la primera persona a la que asesinaría sería un hombre común, sin ningún conocimiento del cosmos. Quitarles la vida a otros no es fácil, pero es un peso con el que los Santos de Athena tenemos que aprender a vivir. Admito que aquella carga es la que más había tenido miedo de llevar, imaginándome a mí mismo en una batalla encarnada con algún soldado de una deidad que protegiera propósitos diferentes a los de Athena hasta que el duelo terminara en deceso, tenía miedo de encontrarme con la sangre del enemigo, y siempre me preguntaba cómo sería la primera vez que la vida de alguien se me escurriera entre las manos llenas de sangre.

Me aterra pensar que fue fácil aceptarlo, cuando llegué y te encontré recostada sobre el inocente campo en donde normalmente trabajabas tus brazos arando la tierra cargando a Ryuho sobre tu espalda. Nadie hubiera pensado que alguien con ese porte tan suave como el tuyo fuera así de fuerte, pero esa fortaleza para cuidar la tierra y realizar las labores qué permiten vivir no es la misma fuerza que se necesita para defenderse y no supe realmente qué hacer con aquel hombre que intentaba aprovecharse de ti, sólo actué por instinto. Estamos tan acostumbrados a un mundo de guerreros con poderes de dioses que nos olvidamos de que el mundo normal también tiene sus demonios. Quizá fue esa crueldad en aquel hombre lo que me hizo olvidar tratarlo como un humano común y, al contrario, me hizo creer que debía usar toda mi fuerza para apartarlo de ti. Llegué a tiempo antes de que él instigara una herida en ti difícil de borrar, pero por el contrario muchas preguntas me atosigaron la conciencia. Me dije a mi mismo que al haber asesinado a ese hombre normal yo había salvado a otras mujeres que pudieran haber caído bajo sus garras, y me era difícil pensar que gente como esa merecía perdón. Pero entonces una cuestión constante merodeaba mis pensamientos: ¿Por qué Athena peleaba por gente así?

Fue así como también comprendí por qué hubo algunos Caballeros Dorados que, pese a que sabían que Saga había usurpado el trono del patriarca, aun así, lo apoyaban. Se necesita fuerza para gobernar porque tomar decisiones nunca es fácil, especialmente aquellas que se figuran como malvadas. Matar también es una decisión. Athena, por el contrario, no se cree con el poder de juzgar a otros.

Pero el camino de mis pensamientos no hacía más que intranquilizarme. ¿Significaba eso que Athena estaba mal? ¿Significaba eso que ella era una diosa ingenua al no hacer distinción entre la verdadera naturaleza humana y lo que se pretende ser? Entre yo más crecía y conocía el mundo, más comprendía que este posee dimensiones más pesadas y oscuras de lo que imaginé alguna vez. A menudo me preguntaba cómo hacía el maestro Mu para permanecer tan sereno y apacible ante un mundo lleno de esta maldad.

Cuando pude ponerte a salvo y le informé a Shiryu todo lo que había pasado, la incertidumbre de aquellos pensamientos no hizo más que escandalizarme el corazón. Miré a Shiryu y observé como sus lágrimas surgían tristemente de sus ojos apagados y recubiertos de vendas. Aquel era el lamento de un hombre que había sido inhabilitado para la vida, cuya misión de proteger a otros ya no era más que un sueño del pasado.

No me hizo falta preguntarle los motivos de su lamento, comprendía bastante bien que se sentía inútil al no poderte dar la vida que mereces y cargarte con tanta responsabilidad. También estaba ahí la desesperanza de no poder protegerte, de imaginar el "qué hubiera pasado si…" y que no estuvieras más aquí. Aquel filoso pensamiento estaba lacerando el corazón de Shiryu, obligándolo a llorar.

Quise abrazarlo, pero sabía que no había caso siendo que él no tenía la capacidad de sentir el contacto humano. Quise darle palabras de aliento, pero me sentí inexperto y lleno de dudas. Crecí con Shiryu siendo como un hermano mayor al que aspirar a ser, ¿Cómo hubiera podido darle consejo si seguía sintiéndome más inexperto y menos sabio que él?

Decidí dejarlo a solas para que meditara con tranquilidad estos nuevos sentimientos. Bajé de la cascada y me dirigí a la pequeña choza que compartiste con el Antiguo Maestro durante tantos años. Te encontré preparando la comida, Ryuho estaba dormido en su cuna.

Me saludaste con una enorme sonrisa, como si nada de lo que acababa de pasar hubiera sucedido jamás. Dijiste que la cena estaría lista pronto y me invitaste a que me lavara las manos para prepararme a degustar los alimentos. Lo hiciste con una naturalidad tan preocupante que no pude evitar acercarme a ti cuando te concentrabas en sacar la vajilla de la alacena para poner la mesa. Coloqué mi mano en tu hombro y te apartaste de manera instintiva y un tanto brusca que incluso dejaste caer el plato que sostenías en tu mano. Descubrí que tu cuerpo temblaba y me miraste avergonzada. Te vi apretar la mandíbula en un intento por contener el llanto.

Nos recordé años atrás cuando la Guerra Santa había terminado, cuando fui a verte a Rozan para llevarte al Santuario y hacer que te reencontraras con Shiryu quien todavía se hallaba en la fuente de Athena recuperándose de sus heridas. Hablamos y hablamos durante la inconsciencia de Shiryu y entre nuestra conversación por fin surgió la noticia que nos habíamos aceptado a negar en voz alta: tanto el Antiguo Maestro como mi maestro Mu no regresarían jamás.

Fue curioso como yo había aceptado con tranquilidad el peso de esa realidad, solo y en silencio unas lágrimas que me habían ultrajado con apacibilidad. Únicamente me había dedicado a mirar al horizonte, mirando el atardecer que muere, rememorando todos esos años a lado de mi maestro Mu, con un dolor en el pecho que nació en ese momento y no cederá jamás hasta que yo también encuentre mi último suspiro. Pero cuando lo dije en voz alta, contigo como mi testigo, todo mi ser se desbordó. Caí al suelo de rodillas y mi voz se quebró entre berreos intensos dignos de un niño y mis lágrimas que parecían ser interminables. Me sentí pequeño, pueril y desprotegido. Mi llanto me avergonzaba porque ahora yo era el heredero de aries y todavía debía trabajar férreamente para ganarme ese título. Las lágrimas no debían ser mi iniciación para una vida de servicio a Athena. Pero tú me tuviste compasión, Shunrei, y me abrazaste con ternura, como queriendo protegerme, recordándome todo el tiempo que antes de ser un Santo de Athena, siempre sería un humano.

"Todo va a estar bien. Yo estaré aquí, siempre. No estás solo nunca".

Comprendiste que mis lágrimas eran la despedida de mi niñez, pero me prometiste estar ahí cuando me encontrara más desolado. Y yo entendí que me dedicabas esas palabras por tu miedo constante a ser dejada atrás: el Antiguo Maestro Dohko ya te había abandonado y Shiryu todavía te dejaba ese riesgo constante. Tú querías algo de permanencia y no te negabas a darla. Me prometiste quedarte y así lo cumpliste. Me ayudaste a sobrellevar la muerte de mi maestro Mu, incluso aunque tú tenías a tu propio fantasma al cual llorarle.

Fue por eso cuando te vi temblando luego de lo que había pasado en el campo, que no pude evitar abrazarte. Te rogué que lloraras por toda la injusticia que se desataba contra ti, que no te contuvieras porque ahora era mi turno de estar ahí. Y así lo hiciste, escondiste tu rostro en mi pecho e increíblemente lloraste dulcemente por muy amargas que fueran las razones de tus lágrimas. Incluso la forma en que expresabas tu dolor era tan amable que mi pecho también dolió.

Fue cuando me di cuenta de que, pese a mi inexperiencia, aunque no tenía las palabras para consolarlos tanto a ti como a Shuryu, todavía me quedaban mis acciones. Les prometí quedarme para ayudarlos un poco con todo esto. Me quedé a arar la tierra, a recoger la cosecha. Me quedé a cocinar, a limpiar, a cuidar a Ryuho cuando a ti te tocaba atender a las necesidades de Shiryu con tanta discreción como la dignidad de un guerrero como él merecía. Nadie hubiera pensado verlo en un estado que competía con los mismos cuidados que necesita un recién nacido, pero eso sólo me hacía valorar más toda la carga que seguías llevando sobre tus hombros. Verlos en esa situación me hacía recordar constantemente esa famosa frase que reza: "Detrás de cada buen hombre hay una mujer ejemplar" y no hacía más que causarme cierto deje de molestia por pensar que tu papel silencioso de esposa "ejemplar" siempre quedaría por detrás de la sombra de lo que Shiryu es. "Detrás de cada buen hombre" Detrás, detrás, detrás.

Comencé a tener más dudas, a conocerme mejor a través de nuevos pensamientos que me intrigaban tanto como me aterraban. Seguía cuestionándome la justicia de Athena y la vida que llevabas, pensando en lo injusta que era. Comencé a dudar de Shiryu también sólo por pensar demasiado en ti. Fue ahí cuando mi problema dio sus primeros brotes: aunque al principio no supe entenderlo, terminé por admitir que ocupabas mis pensamientos de una forma preocupante.

Vimos a Ryuho crecer y como Shiryu comenzaba a entrenarlo. Tú y yo hablamos muchas veces mirando las estrellas, compartimos charlas privadas sobre la vida y sus mil y un significados. Nos confiamos varias risas, consejos y lágrimas. Estando tan cerca de tu corazón pude sentir una calidez única, vivir a tu lado me hizo admirar una fuerza poco valorada en nuestro mundo de guerras y, además, tu bondad se volvió algo que me entibiaba el corazón. Cuando me preguntaba por qué Athena se esmeraba en proteger un mundo con defectos tan horribles, no me hacía más falta que verte para recordarme que también hay gente que puede destilar un amor infinito y puro y si así era entonces el mundo no está tan podrido como a veces me imaginaba.

Pronto dejé de verte como la amiga dulce que eras y comenzaste a tomar otra forma en mi pensamiento. Te fuiste tiñendo de colores diferentes en mi corazón.

Sentí que te comenzaba a traicionar a ti y a Shiryu.

Nunca pensé que mis ingenuas intenciones sobre ayudarlos a ambos con todo esto hubiera terminado por echar otra clase de raíces en mi pecho. Esta clase de pensamiento en forma de unas flores que no deseo, me crecen en la mente y me espinan la conciencia.

Por eso debo irme, estimada Shunrei, debo irme antes de que este sentimiento se vuelva irremediable.

Sé que jamás lo corresponderías y créeme, jamás te obligaría a nada. Pero debo irme para conciliarme conmigo mismo antes de que ser sólo tu amigo se vuelva algo insoportable para mí. Sé que no lo mereces, que ya me has dado suficiente y no tengo ningún derecho de ser egoísta contigo y tus sentimientos. Pero debo irme por el bien de los dos, antes de que sientas lástima por mí. Ya suficiente tengo con mi propia lástima y tampoco quiero transformar toda la amistad tuya que me queda en algo que se vuelva lamentable.

Me siento tan culpable que realmente no sé si tenga la fuerza de volverte a ver. Puedes leer esta carta y guardarla sólo para ti o confiarle su contenido a Shiryu también, créeme que cualquier decisión que tomes está bien para mí.

No quiero que creas que lo digo porque la distancia que estoy dispuesto a imponerme para con ustedes me asegurará el no tener reprimenda, como si huyera como algún cobarde. Sé que incluso si me escondiera en los confines de la Tierra, Shiryu siempre encontraría mi cosmos para exigirme una explicación.

Te digo esto porque en ti pongo toda mi culpa y el peso de estos sentimientos. Eres la única que sabrá como juzgarlos.

Gracias por todo, querida amiga.

Tu amigo,

Kiki.


Incluso aunque se nos expire la vida,

¡Reiremos apaciblemente!

(...)

Aunque fueran luchas no deseadas

Nosotros las superábamos.

Y aunque ahora nos separemos,

Algún día nos reencontraremos

¡Deséalo con el corazón

en lugar de decir adiós!

—Can't say good bye. Make up.