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'Mis demonios se quejan continuamente de que me he vuelto un ángel contigo'

— David Sant

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Capitulo 1 _ Entre Penumbras.

El sabor metálico de la sangre llegó a sus papilas gustativas molestándolo. Odiaba aquel sabor que lo único que hacía era avivar su ya tan irremediable ira. Los golpes que recibía solo lo volvían más agresivo, provocando incluso más daño en su adversario. Dio un puñetazo limpio antes de que su rival cayera derrotado al suelo.

Él bufó. No era suficiente. Los gritos eufóricos del público que había presenciado la pelea no se hicieron esperar. Pero seguía sin ser suficiente, necesitaba más sangre, más golpes... más.

—¿Alguien más? —Preguntó escupiendo la sangre que se había colado entre sus labios ante el corte que tenía en la ceja derecha.

—¿Estás loco Sasuke?... Ya has recibido bastantes golpes esta noche ¿No crees? Además, no sería justo para los demás miembros del club —Alegó un rubio sonriendo mientras sacaba de su bolsillo una hoja arrugada y sucia — Es turno de Chouji y Sai —

Sasuke lo fulminó con la mirada. Ese estúpido club seguía sin ser lo que él realmente buscaba, los golpes de sus compañeros no le eran suficientes, después de todo seguían siendo adolescentes que peleaban por pura diversión o por necesidad de sentirse más hombres, pero él necesitaba encontrar un club de pelea con miembros más sanguinarios, así tal vez lograría matar a alguien, o morir.

—¡Hey idiotas, la policía está aquí! — Gritó Shikamaru Nara desde la puerta alertando a todos. La fábrica abandonada que usaban habitualmente para sus peleas clandestinas quedó en instantes completamente vacía. Sasuke Uchiha también huyó corriendo hacia las colinas esperando despistar a los policías, pero para su mala suerte una patrullera lo persiguió hasta que no tuvo otra opción que saltar un muro en lo más alto de la colina.

Para su sorpresa al parecer había entrado a los predios de alguna casa. Su mala suerte no podía ser más evidente cuando se vio sorprendido por un hombre que al parecer era el celador.

—¡Hay un intruso! —Gritó al verlo.

—¡Maldición! —Gruñó el moreno empezando una vez más una carrera hacia ningún lugar fijo. No tardó en alejarse del celador que era mucho más lento que él, pero aun así no se detuvo hasta acercarse a la casa de aquel terreno. Más que casa aquello parecía una institución por lo gigantesca que era. Una ventana abierta en el segundo piso llamó su atención y no dudó en escalar para entrar a esconderse.

La habitación que por un momento pensó sería su salvación ahora era un problema más. Una muchacha lo miraba fijamente desde el otro lado de la habitación. Ella iba a gritar, lo sabía. No supo cómo llegó a ella tan rápido, pero de un momento a otro estaba aprisionando su cuerpo contra un armario mientras que con una mano le cubría la boca para que no gritara.

¿Y ahora qué haría? Ella lo miraba directamente a la cara. Quiso maldecir en voz alta su maldita suerte, ahora a pesar de poder huir más tarde, corría el riesgo de que ella lo reconociera después. La muchacha probablemente tendría su edad, o tal vez era incluso menor. ¿Y si la amenazaba con matarla? Era inútil. Estaba perdido.

—¡Hinata! ¡Hinata abre la maldita puerta —Dijo alguien al otro lado de la puerta mientras intentaba abrir inútilmente, forzando la cerradura de manera insistente —Hay un intruso en la casa ¡Maldita sea abre!

La chica trató de moverse, pero él volvió a empujarla contra el armario donde la mantenía sujeta.

—¡Quieta! —amenazó con voz tajante pero baja. Ella volvió a moverse irritándolo más. Trataba de pensar en alguna estrategia para huir de ahí, pero no lograba pensar en algo decente.

Por una distracción ella logró zafarse alarmándolo completamente. Ella se giró sobre sus talones y abrió la puerta del armario desconcertando al moreno. Pensaba que iba a gritar, pero no fue así.

—Aquí... puede esconderse aquí —Dijo ella mientras trataba de respirar con dificultad. Sasuke la miró intrigado, aquello era absurdo. ¿Por qué iba ayudarlo? Era una trampa, estaba seguro de que era una trampa, pero en ese momento no podía hacer nada más. Entró sin decir ninguna palabra y entrecerró la puerta del armario para colocarse en guardia por si ella intentara algo, miró por la mínima obertura de la puerta con la intensión de vigilarla.

Ella actuaba rara. Se quitó el camisón que llevaba puesto sorprendiéndolo, no era su cuerpo lo que llamó su atención en ese momento. Eran los moretones, los hematomas que adornaban su piel casi por completo eran alarmantes. Ella se cubrió rápidamente con una toalla y corrió a abrir la puerta.

—L-Lo siento padre, estaba a punto de ducharme —La oyó decir. Podía sentir el temor en su voz. Se acomodó dentro del armario con intención de atacar si ella decía algo fuera de lugar... o lo que sea. Desde su posición podía verla parada frente al hombre que acababa de entrar.

—Cierra la maldita ventana. Hay un intruso en los terrenos —Replicó el hombre mientras con dos pasos acelerados lo hacía el mismo cerrando las ventanas por donde minutos antes él se había colado —¿O es que esperas a alguien? —Dijo girándose a mirarla — Eso explicaría tus fachas... —El hombre se acercó a ella y ella se apartó rápidamente.

—¿De qué habla? —Preguntó mientras sujetaba firmemente la toalla que la cubría —Iba a ducharme, ya se lo dije —Respondió ella. Y un sonoro golpe dejó en silencio la habitación. La muchacha se acarició la mejilla tratando de disminuir el ardor de ella.

— Es verdad ¿Quién podría venir por ti? Un ser tan sucio y obsceno... —El hombre sonrió.

La mujer mantuvo la mirada fija al suelo. A pesar de la distancia en la que se encontraban podía ver como su pequeño cuerpo temblaba ante la inminente figura de aquel hombre. ¿Qué escena era esa? Una típica de padre e hija no era. Le daba escalofríos y una incomodidad latente el solo verlos.

— Un cuerpo que solo es apetecible en estado etílico — Murmuró. Pero él lo escuchó perfectamente. Sintió repulsión. ¿Qué era aquello?

—P-por favor, salga de aquí —Dijo ella tratando de que su voz sonara firme. Seguía con la mirada fija al suelo. El hombre giró sobre sus propios talones y salió finalmente.

Sasuke no supo cómo reaccionar. Cerró la puerta del armario para que ella no notara que había presenciado la escena. Era surrealista. Estuvo por nos minutos sumido en la completa oscuridad de aquel closet con el olor a lavanda inundando sus sentidos.

—Puede salir —Oyó la voz de la mujer.

Dudó unos segundos, pero finalmente salió del sitio. La miró entre intrigado y confuso, pero no dijo nada. Ella también lo miraba sentada en el borde de la cama, ya estaba nuevamente vestida con el camisón.

— ¿Entró a robar? —Preguntó ella molestándolo. ¿Qué se creía? Él no era un vil ladrón. Aunque supuso que la forma en la que había entrado daba que pensar eso.

—¿Acaso no me tienes miedo? Que me hayas ayudado a esconderme no te salvará si eso es lo que piensas —Respondió él apartando la vista de ella y dirigiéndose a la ventana con la intensión de salir.

—Si hubiera querido hacerme daño ya lo hubiera hecho, además no tiene armas —Respondió ella encogiéndose de hombros —No debería salir ahora, en estos momentos toda la casa debe estar vigilada —Dijo mientras empezaba a gatear sobre la cama y se escondía debajo de las mantas.

Sasuke la miró una vez más. Aquello era ridículo ¿Acaso estaba acostándose para dormir aun sabiendo que tenía un extraño en la habitación? Aquella mujer era más rara de lo que en un momento había pensado.

—En esta habitación no hay nada de valor... Tal vez en la habitación de mi padre haya algo, pero le será difícil entrar allí—Seguía hablando. Él arrugó la frente con molestia.

—Tsk —Se limitó a responder mientras se acercaba a la ventana y miraba entre las cortinas como efectivamente más de un hombre patrullaba la zona —¿No tienes miedo de que te mate? Podría hacerlo mientras duermes... o podría secuestrarte y pedir un buen rescate por tu cabeza si piensas que lo que quiero de aquí es dinero — Amenazó molesto.

La chica soltó una pequeña risa que lo irritó aún más.

—Ya le dije que no hay nada de valor en esta habitación, si me llevara o si me matara... le estaría haciendo un favor a mi padre —Dijo ella mientras volvía a recostar su cabeza sobre la almohada y se cubría hasta el cuello —Puede usar el botiquín del cuarto de baño para tratar sus heridas —

Sasuke no daba mérito a todo aquello, pero no volvió a decir ni una palabra. ¿Qué era aquella casa? ¿Una mafia? ¿Y quién era aquella chica? Esperó unos minutos que se convirtieron en horas hasta que ya no vio ningún vigilante. Observó una vez más a la mujer quien ya dormía profundamente y salió sin perder más tiempo.

El único inconveniente después fueron las quejas de su hermano una vez que llegó a casa, advirtiéndole lo mal que acabaría si seguía comportándose así, y miles de cosas que estaba acostumbrado a escuchar desde que habían muerto sus padres. Odiaba toda aquella situación.

Los días siguientes no fueron mejores. El club de pelea había quedado disuelto pues uno de sus miembros había sido capturado por la policía y cumplía ahora una condena comunitaria.

—Sai podrá ser un cabrón, pero no es un bocazas —Aseguró Naruto mientras sonreía de oreja a oreja sin ninguna pizca de preocupación.

—Yo no estaría tan tranquilo — Comentó Shikamaru mientras seguían caminando muy cerca de ellos con las manos en los bolsillos — Por lo que escuché, tiene que cumplir más de 300 horas de labor comunitaria... Si la policía ofrece bajar esas horas a cambio de información, él podría soltar la lengua.

—Ya Sasuke, no deberías preocuparte, estoy seguro que no hablará y tú Shikamaru, deja de ser un ave de mal agüero —Acusó el rubio frunciendo el ceño de manera dramática.

—Me da igual si ese imbécil habla o no —Aseguró el peliazabache mientras se adelantaba para perderlos de vista al menos por unas horas.

—¿Y ahora que bicho le picó? —Dijo el rubio mirándolo alejarse a lo que Shikamaru simplemente se encogió de hombros.

Sasuke necesitaba dejar de pensar en lo que había pasado aquella noche. No era su incumbencia... aquello no era problema suyo y para suerte suya al parecer aquella chiquilla no iba a meterlo en problemas... pero no podía. No podía dejar de pensar en ella.

Su mirada se detuvo en una de las alumnas de la institución a la que asistía. Su pálida piel le recordaba a la de ella y la imagen de aquellos moretones volvió a inundar sus recuerdos. Tenía tantos o más que él, solo que estaba seguro que las de ella no eran de alguna pelea clandestina. Algo turbio había en esa casa, algo turbio que no era problema suyo, pero no podía dejar de pensar en ello.

Aquella misma noche volvió. No entró a la casa. No entró a su cuarto, pero como un lunático la vigiló toda la noche desde la ventana. Bien podría entrar pues seguía con las ventanas abiertas aún después de aquel incidente. ¿Qué mierda le pasaba? No contento con ello también empezó a visitarla de día, cada vez le era más fácil evadir la pésima seguridad de aquella casa. La veía todos los días, sus movimientos suaves sin vida, su rostro pálido, ella parecía apenas un espectro. Nunca se daba cuenta de su presencia, aunque había noches en que ella salía al balcón y se quedaba mirando a la nada por largas horas.

Y una noche la vio llorar. La vio desprender miedo al fin, aunque no le gustó. Aquella noche comprendió todo lo que pasaba en aquel sitio. Todas sus preguntas fueron respondidas.

Aquella noche sin saberlo, él de las penumbras la salvó del monstruo que algunas noches la visitaba.

~εïз~

¡Hola chicos, aquí les traigo un Short Fic! Tal vez tendrá dos o tres capítulos.

Espero que les guste.