AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE
Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor
Argumento:
¿Podría aceptar un matrimonio de conveniencia con la mujer que amaba?
Bella Swan no sabía qué esperar cuando planteó al duro sheriff de la ciudad una propuesta de matrimonio, pero sabía que era su única esperanza. Tras la muerte de su ex prometido, Bella sabía que no podría ocultar el crecimiento de su vientre mucho más tiempo. Si quería proteger a su bebé de los parientes sedientos de dinero, tenía que actuar deprisa. Necesitaba un padre para su bebé y ¿quién mejor que Edward Cullen?
Edward no podía rechazar a una dama en apuros… sobre todo cuando la dama era la mujer a la que había amado en secreto durante años, una mujer con la que sólo podía soñar.
Prólogo
—¿Me das las llaves de tu camioneta, por favor?
Justo después de sentarse en una de las mesas del fondo del bar parrilla, Bella Marie Swan consiguió de su prometido, James Witherdale, la reacción que esperaba.
Abrió de par en par los ojos azules, se echó hacia atrás el cabello rubio y después sonrió afectado.
—No irás a hacerme una escenita ahora, ¿verdad, cariño?
Conteniendo las lágrimas de humillación por lo que había presenciado al entrar en ese establecimiento al norte de texas, anunció con suavidad para no ser oída por la gente que cenaba a su alrededor:
—Ya has dado tú bastante el espectáculo y no pienso quedarme aquí sentada un segundo más para que sigan murmurando o teniendo lástima de mí.
Así que dame las llaves de tu camioneta o llamaré a alguien para que me venga a buscar y me lleve a casa… o pediré a Edward que me lleve —se arrepintió de haber aceptado la oferta de un amigo de llevarla hasta allí para que luego pudiera volverse con James.
Lo que había parecido una buena idea, por el tiempo, había sido un completo error.
Con Edward se refería al jefe de policía Edward Cullen, que estaba en la barra con una taza de café. El antiguo compañero de escuela de James y buen amigo se había detenido huyendo del traicionero aguacero de mayo.
Evidentemente había sido testigo de lo que había sucedido antes de que ella llegara, puesto que estaba al lado de James cuando había entrado. Por la expresión en su rostro, él también se estaba imaginado que ella querría estar en cualquier otro sitio que no fuera ése.
—¿Y cómo se supone que vuelvo yo a casa? —preguntó James. Tengo doscientas cabezas de ganado que llevar a los establos de venta mañana por la mañana.
—Pídele a Lauren Mallory que te lleve. Estoy seguro de que, en cuanto yo desaparezca, ella volverá a estar contigo.
La expresión aburrida de James dejaba claro lo poco seriamente que se tomaba aquello.
—Lauren es… Lauren.
Aunque en su forma de hablar no se notaba que había estado bebiendo antes de que ella llegara, su actitud hizo a Bella sentirse más ofendida y disgustada.
—¿Y ésa te parece una conducta aceptable? Toqueteándote en… sitios que una dama jamás tocaría en público.
—Estás exagerando.
—No creo. Tampoco creo que sea la primera vez que se toma esas familiaridades contigo.
Consciente que de había al menos una docena de personas intentando escuchar lo que se decía, Bella se inclinó sobre la mesa y extendió una mano.
—Te lo digo en serio, James. Las llaves. Sea como sea, me marcho.
Murmurando entre dientes, James le dio las llaves. Cuando se alejó de la mesa, no le apeteció mucho que él la siguiera, así que se detuvo a la altura de Edward y le dijo:
—Sólo quiero que sepas que me marcho. Me voy a casa en la camioneta de James. Me ha traído una amiga, así que no tengo coche. ¿Puedes asegurarte de que llegue bien a casa una vez que yo tome posesión de su vehículo?
Miró serio a James, abrió la boca para decir algo, pero luego se detuvo, asintió y dijo:
—Haré algo mejor, iré detrás de ti.
Bella se dio cuenta de que en realidad Edward lo que quería era llevarla a casa. Pero aún tenía cosas que decirle a James. Aliviada al saber que Edward estaría cerca, le tocó la solapa del impermeable amarillo de policía.
—Lo aprecio.
Era primeros de mayo y la primavera exhibía su lado serio con una tormenta espectacular. Los rayos bajaban desde el cielo como rayos láser de una película de ciencia ficción y la tierra se sacudía cada vez que caía uno. La tormenta se había detenido, así que mientras un rayo caía por el este, otro golpeaba el prado del otro lado de la calle, y antes de que Bella pudiera recuperarse del susto, el cielo hacia el oeste se iluminó con un espeluznante estallido. Cualquier idea de retrasar su marcha había quedado descartada por lo que había en la puerta del restaurante: la presencia allí de James impedía su retirada. Corrió a la camioneta. Por desgracia, además de tacones altos, llevaba una falda estrecha así que, cuando James la alcanzó y le quitó las llaves de las manos, sólo pudo gritar su nombre como protesta.
—¡Entra antes de que los dos acabemos fritos! —gritó él.
Cuando consiguió cerrar la puerta del acompañante, estaba tan enfadada como empapada. Una vez que James se sentó en el asiento del conductor, ella dijo:
—Te lo juro, James, ya está bien, se acabó.
La verdad era que estaba tan enfadada consigo misma como con él.
Después de todo él sólo estaba siendo lo que era. Ella era la tonta por pensar que, al quererlo, eso inspiraría en él alguna madurez y contención. A esas alturas tenía que preguntarse si él sabría lo que significaba el amor. Mientras daba marcha atrás y salía del aparcamiento, habría dicho que él no estaba ni siquiera molesto. Pero ése era su modus operandi cuando lo descubría con las manos en la masa.
—La boda está cancelada —siguió ella intentando mantener el tono tranquilo.
La respuesta de James fue la misma que si hubiera tirado por la ventana el anillo de compromiso. Jurando, golpeó el volante con el puño.
—¡Eso no es justo!
—Ah, y ¿andar jugando a toquetearse con una mujer que se acostaría con un animal atropellado para probar, lo es? Lo que no es justo es lo que me has estado engañando. ¿Cuántas veces te has ido con otra después de dejarme en casa o cuando estaba fuera de la ciudad trabajando sólo durante el año que llevamos comprometidos?
—No puedes esperar que responda a una pregunta trampa. Vamos, cariño, sabes que lo que ha sucedido no es nada.
—Para mí es mucho. ¿De verdad crees que estaba tan desesperada por casarme que no iba a darme cuenta de tu mentalidad de bragueta abierta?
Entonces es que no me conoces.
—Bueno, dejemos todo esto y dime qué tengo que hacer para que vuelvas a estar contenta, porque tu padre no te va a permitir cancelar la boda —dijo con tono resignado—. Quiere que las tierras de los Witherdale se unan a las de los Swan de un modo u otro. Además, no puedo pagarle lo que le debo.
El segundo impacto de la noche la dejó casi sin palabras.
—¿Has pedido prestado a mi padre sabiendo cómo funciona en los negocios?
¿Cuándo? ¿Cuánto?
Lo que acabó de enfadarla fue que su padre no le hubiera dicho nada.
—Dadas las circunstancias, no es de tu incumbencia, ¿no?
Parecía más un adolescente queriendo tener razón a toda costa, que un hombre de treinta y cuatro años.
—Tienes razón —dijo Bella—. Olvida la pregunta.
Esa indiferencia no era la reacción que James esperaba.
—Vale, la he regado y un par de cosas no me han salido. El pagaré del banco había que pagarlo el mes pasado, pero el precio del ganado estaba demasiado bajo para sacarlo al mercado. Ahora todo está bien. Le devolveré el dinero el lunes. ¿Sabes?, los del banco estaban realmente impresionados porque tú y tu viejo me apoyase.
Finalmente accedieron a subir mi línea de crédito, así que ya no tendré que volver a pedirle prestado.
Bella experimentó una nueva ola de repulsión hacia él. Contempló su perfil un momento y anunció:
—Estoy embarazada.
—¡Bingo! —dijo James echando hacia atrás la cabeza y aullando de alegría.
Eso le dijo a Bella todo lo que necesitaba saber. El médico le había retirado los anticonceptivos y James le había asegurado que él se haría responsable de todo hasta que ella tomara una decisión sobre otro método anticonceptivo o estuviera preparada para formar una familia. No había practicado el sexo sin protección, así que tener unas semanas de retraso la había desconcertado, sobre todo porque su ciclo menstrual era más preciso que el reloj del gobierno.
—Has manipulado los preservativos —pronunció en voz alta sus peores sospechas.
James se encogió de hombros y sonrió satisfecho.
—Todo irá bien. Queríamos tener hijos. Necesitaba algún seguro por si algo así surgía antes de la boda.
Sorprendente, pensó ella. Era lo bastante disciplinado para llevar a cabo esas maquinaciones, pero no podía privarse de otra mujer… además de ser sincero con ella.
—Me muero de ganas de contárselo a Charlie —siguió James.
—Haz eso —dijo Bella sacudiendo la mano para quitarse el anillo de compromiso que cada vez le molestaba más; seguro que, si tenía problemas financieros, aún lo debía— y ten por seguro que me encargaré de hacerle saber que hemos terminado y por qué.
Cuando abrió la guantera y arrojó dentro el anillo, James protestó:
—¡Eh! ¡Vuelve a ponerte eso!
Bella no podía creer que le agarrara la mano y forcejeara con ella por la joya. —Mira la carretera, James. ¡James!
La gran camioneta blanca derrapó sobre la carretera mojada. James soltó un juramento y giró bruscamente el volante. La excesiva reacción mandó la camioneta a la cuneta en la que se enterraron las ruedas derechas del pesado vehículo. Debido a la inercia, la camioneta acabó en el prado contiguo.
Mientras daban vueltas y vueltas, Bella chillaba, primero de terror y después por el dolor provocado por el cuerpo de James que chocó repetidamente contra el suyo.
Había estado demasiado agitado para abrocharse el cinturón al subir a la camioneta.
Cuando terminó la montaña rusa, estaban cabeza abajo. Trató de respirar mientras el cinturón le apretaba el cuello. Su primer pensamiento fue para el bebé.
Sabía que no podría saber los daños que había sufrido hasta que estuviera dada la vuelta y rogó que eso sucediera pronto. La sangre se le bajaba a la cabeza y notaba cada latido de su corazón, el aire fresco que entraba por la ventana destrozada le rozaba la cara. Su vista se topó con el magullado y quieto montón que había a su lado.
—¿James?
No respondió, no se movió. Permaneció quieto sobre el techo de la camioneta.
Con la oscuridad que había no podía saber si sangraba o respiraba. Intentó agarrarlo.
—¡James!
—Bella, no lo muevas.
La voz de Edward hizo que se sintiera aliviada y provocó que los ojos se le llenaran de lágrimas. Se giró un poco y lo vio arrodillarse y agacharse para mirarla.
La recorrió con linterna para examinar cuál era su estado, tratando de no alumbrarla directamente a los ojos. Ella tendió una mano en dirección a él, Edward se la acarició para tranquilizarla.
—¿Sangras por algún sitio, corazón?
—No, creo que no, pero James…
Edward dirigió el haz de la linterna hacia él y después de tres segundos volvió a ella.
—Primero vamos a ocuparnos de ti, huele a gasólina.
Bella se dio cuenta también y una nueva oleada de terror le nubló la razón, pero consiguió dominarse. Empezó a forcejear con el cinturón de seguridad.
—Espera, ya lo suelto yo… —dijo Edward sacando una navaja y cortando el cinturón.
Con su ayuda, consiguió no golpear con mucha fuerza contra el techo de la furgoneta. Edward la rodeó con los brazos y la sacó con cuidado por la ventana rota.
—Ya está —dijo y la subió corriendo por el ribazo en dirección al coche patrulla.
—Déjame en el suelo, Edward —le rogó—. Estoy bien y tienes que volver a ver cómo está James —pero en ese momento un rayo iluminó el cielo y se abrazó a él con más fuerza.
Edward no la soltó hasta que la metió en el asiento trasero de su coche. Se quitó el impermeable y la envolvió con él.
—Oirás en cualquier momento las sirenas de una ambulancia y de los bomberos —le aseguró, le hizo una tierna caricia en la mejilla y se marchó.
Antes de que hubiera llegado a la camioneta, Bella oyó las sirenas. La lluvia aflojaba y la temperatura se había suavizado, pero abrazó con fuerza el impermeable, temblando. Se dio cuenta de que era por la conmoción.
Observó asustada cómo Edward trataba repetidas veces de hacer que James respondiera y después de arrastrarlo fuera, pero James pesaba por lo menos quince kilos más que él y en esas circunstancias era como si fuesen cincuenta.
Cuando llegó a la conclusión de que tendría que bajar a ayudarle, la camioneta se convirtió en una bola de fuego que lanzó a Edward a varios metros de distancia.
A unos metros, en la pendiente, Bella se quedó paralizada y se cubrió la boca con la mano.
Sorprendentemente, Edward se volvió a poner en pie y trató de acercase a la camioneta de nuevo, pero las llamas le obligaron a retroceder… y eso fue lo que le salvó la vida.
Cuando los bomberos pasaron corriendo al lado de Bella, dos de ellos arrastrando una manguera, otra explosión lanzó a Edward más lejos que antes.
Bella corrió hacia él, pero cuando llegó los bomberos le ayudaban ya a alejarse del fuego. Se detuvieron y discretamente dieron un paso atrás y miraron en otra dirección, Bella se lanzó sobre él. Él la recibió con sus fuertes brazos y la sujetó.
—Lo siento —dijo él con la voz rota.
