Quiero agradecer a mi beta, NathanTr0v (cuenta en Wattpad), quien me ayudó a que esto fuese publicado.

Este fanfic se originó como un reto de oneshots de la página de FaceBook "Imágenes sucias de Josuhan" con motivo de cuarentena; sin embargo, yo me centré en una cuarentena generada por algo diferente a un virus. Quienes han jugado Last of Us, encontrarán algunas referencias. Quienes no hayan jugado esto, no se preocupen, no metí muchos detalles porque ese no era el caso.

Espero que disfruten este pequeño escrito. 💕


CUARENTENA

—¡Wah! —un tembloroso alarido emergió de la garganta de Josuke luego de casi caer al pavimento.

—¡Silencio, idiota! —siseó Rohan en voz baja con tono molesto—. ¿Acaso quieres que los encontremos de nuevo?

—¡Claro que no! —respondió, modulando el volumen de su voz esta vez. P-Pero caminas muy deprisa. No puedo ver lo que hay en el suelo, genio —agregó con ironía, señalando el vendaje improvisado que cubría sus ojos.

Rohan chasqueó la lengua. Tuvo la súbita idea de salir corriendo y abandonar a Josuke, dada su situación temporal de invidente, sin embargo, favor con favor se paga, así que no podía dejar al delincuente allí por más que lo deseara.

Suspiró en un intento parcialmente fallido por relajarse.

—Vamos.

Con esa simple palabra, sostuvo la mano de Josuke y retomaron su andar.

Curiosa situación, ¿no es así? Bueno, si había algo implícito, era que ninguno de los dos quería estar metido en todo eso, pero allí estaban.

—¿Por qué será que mi suerte empeora tanto cada vez que te veo? —los pensamientos de Rohan salieron de su boca con fastidio y a modo de queja.

—¿Hah? ¿Quieres que te recuerde gracias a quién pudiste salir de ese tumulto?

—Sí, bueno, jamás te lo pedí.

Josuke apretó los dientes y un poco la mano que lo sostenía.

—De no ser por mí serías un ser sin conciencia que se deja llevar por cualquier estúpido sonido.

—Si esperas que te agradezca por ello, estás desperdiciando tu saliva —replicó en cuestión de segundos—. Además, será mejor que guardes silencio o podrías meternos en un...

En ese instante, Rohan tiró con fuerza de Josuke, metiéndolo en un estrecho callejón, sin tener otra alternativa más que adentrarse con él.

—¡Oi! —se quejó el chico tras sentir el asfixiante espacio, además de tener el pecho y el abdomen presionados contra lo que imaginaba que sería el frente de Rohan—. ¡¿Qué crees que...?!

—Maldita sea, Higashikata —le tapó la boca al mencionado con una mano, al mismo tiempo en que se mordía el labio inferior para reprimir cualquier sonido.

No obstante, debía agregar algo para que el otro no hiciera preguntas.

—Uno viene bajando por la acera —susurró en el tono más suave que pudo, sería casi inaudible de no ser por la cercanía.

Josuke entendió de inmediato a lo que se refería y no agregó nada más, tan sólo retiró la mano que cubría su boca, tomándola por la muñeca.

Era bastante molesto no poder ver nada, aunque por alguna razón eso también era un alivio, ya que se sentía ajeno al desastre del exterior.

Es más, sabía que Rohan debía estar viendo a una de esas cosas de aspecto "agradable", dado que podía sentir el pulso en su muñeca, el cual estaba un tanto acelerado y porque el aliento ajeno calentaba una parte de su amplio pecho cuando percibía una pausada exhalación. Era un pequeño gesto, pero a Josuke le vino a la mente un niño escondido, asustado quizá y resistió ese impulso de poner una mano sobre los cabellos de Rohan, en general, porque no era un mocoso, era un jodido viejo raro.

Las pupilas de Rohan se dilataron al ver aquel ser deforme caminando de manera errática y robótica a la vez, más o menos en línea recta. Una especie de purulencia le escurría del abdomen, la piel que debía cubrir su mandíbula se hallaba casi por completo desprendida, aún colgaba de la base de la barbilla y un hongo vomitivo, con forma de mano o mariposa, emergía de uno de los ojos.

Por los remanentes de humanidad y el físico, Rohan descubrió que esa criatura tenía un parentesco impresionante con la madre de Josuke y no tardó mucho en sacar sus conclusiones; sin embargo, ni siquiera abrió la boca, en su lugar un intenso escalofrío le recorrió el cuerpo. Se trataba de una ráfaga de excitación por lanzarse a usar Heaven's Door y descubrir cómo es que ella había terminado de ese modo, aunque se mantuvo en su lugar, inmóvil, cuidando de no hacer ningún ruido y manteniéndose alerta ante cualquier otra anomalía.

Transcurridos largos minutos, Rohan percibió algo de sudor en sus palmas y notó que durante todo ese tiempo sus dedos habían estado entrelazados con los del muchacho. Soltó el agarre y asomó el rostro de forma queda; luego de sacar medio cuerpo y comprobar que no hubiese nada más cerca, volvió a sostener una de las manos de Josuke para dirigirse hacia su casa.

Les tomó bastante llegar a pie, dado que el transporte público estaba inhabilitado y sería peligroso usarlo por cuenta propia. La moto del mangaka también había sido abandonada varios kilómetros atrás, pues el ruido que producía atraía a esas cosas desagradables y nauseabundas, hechizándolas de forma bestial hacia el sonido.

Luego de cerrar la puerta tras de sí, con mucho cuidado y colocar todos los seguros, Rohan se giró hacia Josuke.

—Aguarda aquí. Serás un estorbo si te llevo conmigo a todas partes.

No esperó respuesta, tan sólo se dirigió a cada rincón, ventana, puerta y apertura que diese al exterior y lo cerró por completo. Quería darse una ducha cuanto antes, ya que gracias a todo el esfuerzo físico que hizo, al cual no estaba acostumbrado, sentía la ropa pegada al cuerpo a causa del sudor, no obstante, primero tenía que asegurar que el delincuente ese no fuera a romper nada, así que se dirigió a la zona en la que lo había dejado, encontrándolo sentadito en el piso y jugando con sus pulgares.

—Josuke —lo llamó con tono neutral—, ven aquí.

Tan maldito que sonaba al decirle eso a un ciego…

Vio que el chico frunció los labios, antes de separarlos para soltar una réplica, pero justo en ese momento, se acercó para levantarlo del brazo y encaminarse al piso de arriba.

—Escaleras —mencionó, antes de subir el primer escalón. Se aseguró de que la mano libre de Josuke quedase del lado de la baranda de madera para que pudiera guiarse con mayor facilidad.

En cuanto llegaron a la planta superior, Josuke soltó un suave respingo a modo de risa. No fue necesario que el otro preguntara, de alguna manera sintió la mirada de interrogante que tendría Rohan.

—Sabes, últimamente eres algo amable.

Rohan se aclaró la garganta y soltó el brazo del muchacho.

—Bien, a partir de aquí no hay obstáculos ni muebles —se encaminó hacia su recámara—, sigue mi voz hasta mi cuarto.

—¿Qué? ¡Esp…!

—De tanto que entras aquí sin permiso, ya deberías saber más o menos por donde queda.

—¡Rohan!

—Apúrate.

Justo en ese instante se arrepintió de lo que había dicho hacía unos instantes.

Algo resignado, caminó derecho hasta tocar la pared y luego continuó con pasos hacia la izquierda. La primera puerta debía ser el baño y la segunda, la recámara.

—Felicidades. Creí que tardarías más.

Junto con eso, Rohan tomó a Josuke por el cuello de la playera y lo jaló sin brusquedad hacia su cama, donde lo empujó para que quedara sentado.

—Podías pedir que me sentara ¿sabes?

—Prefiero ahorrar saliva cuando se trata de ti.

De no tener los ojos cubiertos, Rohan habría visto cómo los rodaba ante esa respuesta. Entonces, sintió unas manos tocando la parte posterior de su cabeza, para deshacer el vendaje.

—Espera, ¿qué haces?

Rohan chasqueó la lengua antes de responder.

—Voy a revisarte. Tenemos que saber cómo están tus ojos.

—¿Y qué sabes tú de esto?

—Mucho más que cierto mocoso molesto. ¿Vas a dejarme o sólo disfrutas de quitarme el tiempo?

Josuke respondió con un gruñido. Le soltó las manos y juntó las propias para meterlas entre sus piernas por arriba de las rodillas, como intentando evitar apartarlo de nuevo.

—Puede que no lo parezca, pero tengo conocimientos médicos y sólo tienes de dos: largarte de mi casa como estás o quedarte y atender a lo que te digo. ¿Está claro?

—Bien —aceptó a regañadientes, como un niño a quien obligan a hacer la tarea cuando quiere jugar videojuegos.

Al estar todo cerrado, la luz que se filtraba era suficiente para ver sin necesidad de recurrir a la iluminación artificial. Debía darse prisa con ello, así que retiró el vendaje y de inmediato notó cómo había bajado la hinchazón de los párpados, mostrándose enrojecidos, aunque sin inflamación.

—Ya vuelvo.

Vio asentir a Josuke antes de dar media vuelta y bajar a la cocina por un recipiente con agua y un paño limpio. Antes de regresar a su habitación encendió la televisión, sin embargo, la señal estaba muerta.

¿Qué rayos estaba pasando?

Entonces se dirigió a su estudio, donde tenía un pequeño radio funcional que había conseguido como referencia para dibujar. Tomó el objeto y, ahora sí, volvió a su cuarto. Colocó el aparato sobre el buró, lo conectó y empezó a sintonizar alguna señal.

—¿Qué haces? —cuestionó Josuke al escuchar ruido blanco.

—Las telecomunicaciones están caídas.

—¿Qué? ¿Por qué? —se conmocionó, girando el rostro en dirección al sonido.

Una venita de molestia asomó por una de las sienes de Rohan y se volvió a gritarle a la razón de su molestia.

—¿Crees que si lo supiera estaría buscando alguna estación de radio, grandísimo torpe?

Josuke sólo atinó a morderse el labio inferior y fruncir el entrecejo. Rohan comprendió que el chico estaba nervioso, ya que sólo en ocasiones afines lo había observado realizar dicha acción.

Aunque no de manera inmediata, ambos centraron su atención en el radio en cuando escucharon una voz de mujer.

«No tenemos respuestas certeras del gobierno, pero de momento se le pide a la población en general que aseguren el suministro de alimentos y no salgan de casa. Repito…»

Rohan humedeció el paño en el agua y presionó con las yemas de los dedos para deshacerse del exceso de líquido, antes de elevar un poco la cara de Josuke por el mentón.

—Voy a limpiarte el rostro —anunció, aunque se detuvo al razonar bien lo que eso podría ocasionar.

—¿Sucede algo? —preguntó, al no sentir nada sobre la piel luego de unos segundos.

—Ven —respondió mientras lo tomaba de nuevo por el brazo—, será mejor que te laves.

—Oh, está bien.

Una vez en el cuarto de baño, Rohan le dio algunas indicaciones y le colocó una toalla pequeña en el cuello para que se secara al terminar. Luego de eso, regresaron a la habitación y se acomodaron en la posición inicial.

—Intenta abrir los ojos, Josuke.

—Ok —lo intentó, ya no sentía ardor, pero cierta incomodidad en los ojos le hizo soltar un lagrimeo—. Maldición —susurró.

Rohan sonrió para sus adentros, mas no turbó su semblante, y le tendió el paño para que se limpiara las lágrimas. Nunca se había detenido a observar que ese chico tenía unas pestañas muy largas y rizadas. En fin, eso era lo de menos, si se fijaba bien en sus mejillas y en el cuello, lucían algo irritados, por lo que se levantó por un talco sin aroma antes de hablar.

—Parece ser el efecto de algún gas lacrimógeno. Ya no respiras tan pesado como antes y la inflamación de tus ojos también bajó. ¿Puedes ver bien?

—Sí, sin problemas —agregó, regresando el pañuelo a su dueño.

De forma casi involuntaria, Rohan se colocó un poco del polvillo en la mano y comenzó a esparcirlo por las zonas enrojecidas que podía notar en el cuerpo del chico.

—¿Q-Qué estás…?

—Es talco. Te mantendrá fresco.

—Ah —¡¿Por qué no lo dijo antes?! Que un hombre te toque de repente el cuello y parte del pecho era tan…

«Demonios, ¿por qué eres así?» pensó, siendo incapaz de evitar el rubor en las mejillas, inclusive desvió la mirada.

Rohan levantó una ceja, creyendo que el otro estaba incómodo, aunque se mantenía intrigado por el notorio tono de su piel.

—¿Te sientes bie…?

—¡Sí, sí, sí! —interrumpió Josuke—. ¡Todo de maravilla! P-Puedo hacerlo yo —casi de inmediato, le arrebató el recipiente al mangaka y comenzó a esparcir una parte del contenido en las zonas que el otro no había tocado.

Rohan chasqueó la lengua y colocó las manos a cada lado de la cadera antes de hacer uso de la palabra.

—Eso me gano por ser buena persona —dijo para sí, lo que llamó la atención del otro—. Escucha, Higashikata, ya soporté por largo camino el sudor de tus grotescas manos, como para que ni siquiera me lo agradezcas. No esperaba ninguna muestra de educación de tu parte, así que te lo puedes ahorrar ahora, pero en cuanto termines, te quiero fuera de mi casa y camino a la tuya.

—¿Hah? —¿A qué rayos venía todo eso tan de repente?

Rohan sacó de su bolsillo un pequeño tubito en el que tenía unas pastillas de dulce y se llevó una a la boca, como medida para aliviar el estrés.

—Tal y como escuchaste. Te he pagado el favor que me hiciste (aunque nunca te lo pedí), así que estamos a mano. Ya te puedes ir.

Josuke hizo una especie de puchero, luego se rascó la parte posterior del cuello. Ya había anochecido y todavía sentía sensible algunas partes de su rostro debido al gas lacrimógeno, además la casa de Rohan era fresca por el sistema de aire acondicionado que tenía. No quería regresar al calor que había afuera.

Con todo eso, notó un aroma muy interesante a moras que seguro venía de los dulces que el otro se acaba de comer.

—Está bien —a regañadientes, se puso en pie—. ¿Pero me das uno de esos? —señaló el bolsillo del pantalón donde el otro había guardado las pastillas.

Rohan sacó la envoltura, ya solo le quedaba una; sin embargo, la extrajo y antes de colocarla en la mano de Josuke, se la llevó también a la boca.

—Me rehúso —añadió con un tono ladino, sonriendo con una mueca orgullosa.

—Serás…

Josuke apretó los dientes y un puño, tragándose toda su rabia mientras veía como el otro lo disfrutaba.

¡Ah, no! Eso no se iba a quedar así.

Por mero impulso de idiotez, tomó el rostro de Rohan, colocando las manos en sus mejillas y antes de que el contrario pudiera hacer algún movimiento o soltar una queja, estampó sus labios contra los ajenos. Con un par de movimientos se abrió paso en una boca que no era la suya, saboreó una calidez embriagante y su lengua acarició por primera vez la de alguien más, así como un par de pastillas saborizadas. Tomó la que sintió más grande y cuando se separó, mostró la lengua con el dulce antes de ingresarla por completo en su boca.

—¡Já! ¡En tu cara! —apuntó con el dedo y elaboró una mueca victoriosa para rematar.

No obstante, cuando notó lo que podía ser una mezcla de impacto y asco en los ojos de Rohan, a juego de un tenue carmín sobre sus pómulos, el golpe de realidad llegó a su cerebro como quien recibe un balde de agua fría de la nada.

—¿Qué rayos acaba de pasar?

—¡Eso debería decirlo yo, Higashikata! —Rohan explotó—. ¿Qué dem…? —se pasó una mano por los labios antes la sensación de tener algo de saliva sobre éstos—. Qué asco.

Josuke se colocó las manos a los laterales del rostro y exhaló en un grito que exhibía espanto y preocupación.

—¡Mi primer beso fue con un psicópata!

—Y el mío con un desgraciado delinc… ¿Disculpa? —se colocó una mano en el pecho, indignado—. ¿Qué acabas de decir sobre el gran Rohan Kishibe?

—¡Ahora no podré casarme!

—… —Su mente quedó en blanco ante las ganas de reír, aún cuando no debía hacerlo—. Oye, tampoco fue para tant… —se interrumpió a sí mismo para reír por lo bajo.

Era oficial, eso era histeria.

—¡¿Cómo veré a mi madre a los ojos ahora?!

Las preocupaciones del chico lo trajeron de regreso al presente.

—¡Estás exagerando, Higashikata, idiota! ¡Agradecido deberías de estar de que tu primer beso fuera conmigo! Te recuerdo que yo no soy cualquier persona. Básicamente tu primer beso fue con una celebridad. Así que suelta rápido el agradecimiento y unas cuantas disculpas.

—Me rehúso —le echó en cara las mismas palabras que Rohan le dirigía a todo el mundo cuando le pedían un favor, y lo hizo imitando ese rostro descarado y frívolo que el otro usaba.

Casi al instante un semblante de decepción se apoderó de él, inundando con fuerza la habitación.

—Y fue con un hombre…

—¡¿Por qué lo razonas hasta ahora?!

Esa había sido la gota que desbordó el vaso de lo ridículo. Rohan no planeaba lidiar con eso ni por un segundo más, así que se lo borraría de los recuerdos con unos pocos trazos.

—¡Heaven's Do…!

«Tenemos nuevas noticias —la radio se hizo de importancia en la escena, frenando a Rohan y cortando de tajo el extraño ambiente—, nos informan que se acaba de declarar estado de cuarentena. Repito, estado de cuarentena, y por motivos que no se nos han hecho llegar, el gobierno también ha tomado la medida de colocar al ejército en las calles, por lo cual es de suma importancia que nadie salga de sus hogares...»

¿Eso significaba que estarían encerrados en la misma casa cerca de cuarenta días?

Ambos quedaron atónitos. Mientras Rohan tenían la mirada perdida en el infinito, Josuke sólo abrió la boca por la sorpresa. Se miraron mutuamente y luego de unos segundos hablaron al unísono.

—¿Qué?

Rohan se sobó el puente de la nariz con una mano, susurrando un «no puede ser» una y otra vez. Entonces, dejó escapar un suspiro de fastidio antes de agregar:

—Como sea, tengo trabajo que hacer. Haz lo que sea que los adolescentes corrientes de tu edad hagan, pero no toques ni rompas nada, aunque puedas arreglarlo después —hizo especial hincapié en la advertencia.

—Espera, Ro…

—¡Y que ni se te ocurra ir a molestarme!

Antes de que Josuke pudiese replicar con algo más, vio la puerta azotarse luego de que el mangaka saliera con paso furioso.

Se le hizo un nudo en la garganta y avanzó un par de pasos en la misma dirección, ni siquiera pudo tomar el picaporte con la mano; en su lugar, bajó el brazo y lo dejó caer por uno de sus laterales; despacio, hizo que su frente se recargara contra la madera.

«¿Qué acaba de pasar?» pensó, aunque no de forma dramática y mordaz como hacía algunos momentos.

Había besado a Rohan, sí. Quería darle una lección, por supuesto. Tener el corazón desbocado con un extraño hueco abriéndose más a cada segundo por no estar con él, era algo que no podía ni sabía cómo evitar.

Llevaban tres años de conocerse y su relación no había ido tan mal como la primera impresión que uno tuvo del otro. Es decir, inclusive Rohan lo invitaba a él, a Okuyasu y Koichi, a una restaurante o cafetería cuando volvía del extranjero, preparado para contar una más de sus aventuras. En esos momentos podía contemplar cómo brillaban sus ojos, como de expresivo era su rostro ante cada detalle narrado, y con la calidez que generaba el recuerdo, las comisuras de los labios se le curvaron en una suave sonrisa mientras cerraba los ojos.

El aroma de Rohan, la suavidad de sus mejillas, el calor de su cuerpo, el sabor de las moras recorriendo su paladar…

Suspiró. Desvió los ojos hacia el techo y fue a sentarse al borde de la cama. La cama en la que Rohan dormía. Se recostó un momento al percibir un leve dolor de cabeza y resequedad en los ojos, lo cual le obligó a bostezar.

Sus pensamientos estaban lejos de ordenarse por su cuenta. La situación afuera era de lo más extraño; al mangaka le cerraron el paso una bola de seres deformados de una manera pesadillesca, oficiales armados arrojaron granadas que desprendieron gas, y no dudó en lanzarse para sacar a Rohan de allí y correr lo más lejos que las piernas y los pulmones le permitieran.

Desde entonces no sabía nada de nadie más.

¿Cómo estarían sus amigos?

¿Se encontraría bien su madre?

Ante el cansancio y las dudas, cayó presa del sueño en poco tiempo.

Por otra parte, Rohan se encerró en su estudio. Ver los lienzos blancos recortados a la perfección para comenzar a dibujar, siempre habían sido su escape; no obstante, si se ponía manos a la obra lo único que trazaría serían las finas y masculinas facciones de Josuke, junto con algún fondo que expresara todo lo que sentía en aquel lugar recóndito donde se alojaba su corazón.

—No puede ser —susurró en un suspiro, antes de darse ligeras palmaditas en las mejillas como para intentar volver a la realidad.

Sabía que había algo mal con él. También sabía que aquello era culpa del idiota ese que tenía en la habitación contigua.

Necesitaba paz, un momento de soledad y tranquilidad para asimilar lo sucedido, porque justo ahora quería relajarse a besos en los brazos de un delincuente con un tupé muy feo, en lugar de partirle la cara. Bueno, no, estaba en un punto en el que arruinar esas bonitas facciones sería un claro vandalismo contra el arte natural, aunque siempre podía raparlo sin previo aviso. Le haría un favor a los ojos de Morioh y al mundo.

Además, no era la primera vez que Josuke le salvaba la vida sin que se lo pidiera, tampoco era la primera vez en la que ayudaba a quien lo necesitara, no obstante, sí era la primera vez que permitía a alguien invadir tanto su espacio, sus pensamientos, su ser.

¿En qué momento se acostumbró a tener cerca a Higashikata? ¿Cuándo fue que su presencia dejó de parecerle incómoda? ¿Por qué sintió tanto alivio al hallarlo entre la conmoción de la ciudad? ¿Y por qué lo había protegido de contarle la situación en la que observó a su madre?

¿Por qué lo protegía desinteresadamente?

Pese a que algo en él se fracturó cuando Josuke quedó en shock por besarlo, eran más las ganas que tenía de plantarle una buena bofetada y, sin embargo, éste había respetado sus indicaciones de no importunarlo ahora.

Rohan no era estúpido. Lo había ignorado bastante tiempo, sí, pero sabía lo que le producía ese estúpido delincuente.

Esa cuarentena sería muy larga para ambos, y aunque aún era demasiado pronto para que lo notaran, mientras estuvieran juntos no volverían a recordar lo que es sentir soledad.