¡De nuevo yo! Nueva historia, esta es más larga y a ver cómo sale, realmente creo que será un gran reto para mí. Espero lo disfruten :)... Ya saben, los personajes pertenecen a nuestra amada Meyer por crearlos tan divinos, yo sólo me adjudico las locas ideas de estas historias.

Capítulo 1

BPOV

¡Dios, no puede ser! Se me ha hecho tarde de nuevo. Eryn va a matarme, cuarto día en la semana en que llego tarde, me sorprende que no me haya despedido a estas alturas. Afortunadamente tengo mi primera cita del día hasta medio día. Me coloco mi falda azul marino y mi blusa rosa palo sin mangas, tomo los tacones nude y me los voy poniendo mientras camino hacia mi tocador; mi cabello comienza a secarse se hacen mis ondas naturales.

Miro la cascada azabache que enmarca mi rostro, hace un contraste perfecto con el azul de mis ojos. Mamá siempre me dijo que era la perfecta combinación de su amor, los cabellos oscuros de mi padre y el azul de sus ojos, aunque el azul de mi madre no era exactamente igual al mío. Inclino un poco mi cabeza y no termino de decidirme sobre llevar el cabello suelto o hacer un moño, miro el reloj una vez más, tendrá que ser el suelto.

De pronto siento un poco de nostalgia, hace ya tres años que fallecieron mis padres, primero mi padre por un paro cardiaco y a los pocos meses le siguió mi madre, supongo que su amor fue tan fuerte que no pudo continuar sin él. Esa fue la principal enseñanza que me dejaron: amar sin medida y entregar todo de mí, por supuesto sin perderme a mí misma. Podría haberme sentido bastante sola después de su partida, debido a la falta de hermanos o cualquier otro familiar, pero afortunadamente tengo a Alice y a Jacob, que son como mis hermanos, han estado conmigo prácticamente la mitad de mi vida, los conocí cuando llegamos a vivir a Seattle y desde entonces han estado a mi lado; hace dos años emprendimos la aventura de vivir los tres juntos, y bueno, todo ha marchado bastante bien. Alice ofreció la casa que su abuela le heredó, mientras que Jacob y yo nos encargamos de los gastos básicos de la casa, por supuesto que Alice ha tomado el mandato en cuanto a comida se refiere como buena chef profesional. Jacob tomó bajo su control la remodelación de la casa, aunque la mayor parte del tiempo estamos solas ya que él tiene que viajar continuamente por sus proyectos y los de la constructora para la que trabaja, pero entre los tres hemos creado una dinámica más que amena. No podría continuar siendo la Bella alegre sin ellos. Somos como los tres mosqueteros, son mi familia.

El único familiar que tenía además de mis padres era mi abuela, la madre de Charlie. Con ella perdí contacto cuando apenas tenía trece, volví a saber de ella hasta unos meses antes del día en que falleció, acababa de cumplir diecisiete, hace diez años que había sucedido eso. Recuerdo haber sufrido mucho cuando mis padres tomaron la decisión de mudarnos, esperé a que algún día ella nos visitara o nosotros a ella, pero eso nunca sucedió.

— ¡Bella! —escucho a Alice gritarme.

—Voy, ya bajo en un minuto.

Me doy los últimos retoques con el maquillaje y bajo pitando. Alice ya me espera con mi bolso en una mano y en la otra un termo con mi preciado café, no soportaría ni la mitad del día sin él. No presto mucha más atención, le doy un beso en la mejilla y salgo corriendo.

— ¡No se te olvide que llegaré tarde hoy, asegúrate de llevar tus llaves! —grita desde el porche de nuestra casa.

Miro mi bolso y veo que tengo las llaves de la casa y de mi pequeño Fiat, sin embargo, siento que me he olvidado de algo; miro mis pies y me aseguro de llevar los zapatos, no sería la primera vez que se me olvida ponérmelos, pero no, están donde tienen que estar, reviso todo, me toco por todas partes y cuando llego a mi cuello me doy cuenta de lo que me hace falta, el anillo de la abuela. Sé que voy tarde, me muerdo mi labio tratando de terminar de decidir si entrar a la casa por mi anillo o marcharme de una buena vez. El tráfico estará denso, pero no puedo irme sin el anillo de mi abuela. Eryn tendrá que perdonarme de nuevo.

—Espera, Alice —corro hacia la puerta y la empujo junto con Alice.

— ¿Qué pasó ahora?

—El anillo de la abuela —grito mientras subo a toda velocidad.

Llego al pequeño alhajero, tomo la cadena que lleva el anillo de perla, me apresuro a salir de casa mientras voy abrochándome la cadena. Antes de salir le doy un beso fugaz a Alice y vuelo, subo a mi carro y arranco. Llego quince minutos tarde, estaciono lo más deprisa que puedo en mi lugar asignado y corro hacia las oficinas ubicadas en el último piso del pequeño edificio ubicado en Bellevue Ave.

—Eryn, lo siento, lo siento —le ruego a mi rubia jefa.

—No me sorprende y no creo que pueda hacer mucho, me he resignado, Bella —hace un gesto dramático—. Te disculpo por estar lo bastante buena y esos ojos preciosos.

Le sonrío con coquetería, Eryn además de ser una excelente jefa también se ha convertido en una grandiosa amiga.

—Mientras no quedes mal con ninguno de tus proyectos todo estará bien —me guiña un ojo.

— ¡Gracias!

—No las des, lo has ganado. No me molestarán tus quince minutos de retardo mientras sigas dándome buenas ganancias con los clientes —me guiña un ojo.

Pasa por mi lado y antes de dar vuelta hacia su oficina se detiene.

—Sigo esperando la receta para tener ese trasero y esas piernas —me apunta con el dedo.

—Lo siento, es la herencia de mi abuela junto con esto —levanto el anillo que llevo escondido debajo de mi blusa.

—Algunas nacen con suerte y otras no —saca su trasero mostrando a lo que se refiere.

No puedo evitar reír mientras ella continúa avanzando camino hacia su oficina, me dejo caer en mi silla y doy un gran suspiro, otra mañana agitada. Pronto una cabeza castaña aparece en mi cubículo, es Ángela, es la contadora de Flynn Projects, ingresó meses después de que yo lo hiciera. Es una chica tierna y alegre, aunque a veces es un poco tímida.

— ¡Tarde otra vez! —canturrea.

—Lo sé, ni siquiera como propósito de año nuevo funciona esto —hago un mohín—. Necesito ir al baño antes de comenzar.

Me levanto de un brinco y camino hacia el baño, Ángela viene detrás de mí, es entonces cuando me doy cuenta de que lleva su bolso de maquillaje. Salgo del cubículo del baño y me paro frente al espejo para acomodar mi ropa, mi lado vanidoso se detiene a admirar mis atributos. No soy la clásica belleza rubia y alta con tetas falsas y cintura extremadamente pequeña, soy más bien de estatura media, a penas llego al uno sesenta y cinco, mis pechos son medianos, pero mi trasero es respingón y firme por naturaleza, mis extremidades inferiores son la parte más larga de mi cuerpo y por herencia son un poco rellenas, mientras que mis caderas son anchas. Mi madre diría que tengo la carne necesaria en los lugares precisos.

— ¿Cuántas citas tienes hoy?

—Tres, pero una de ellas es con mi cliente estrella, la señora C.

— ¿Otra fiesta?

—Sí, al parecer es el cumpleaños del señor C, en esta ocasión será una fiesta en el jardín de la casa, algo mucho más familiar —arreglo mi cabello—. Por cierto, tengo que entregarte un par de recibos, el de hoy la señora C., ha quedado en mandarlo por correo, hoy termino de determinar los detalles y te entrego los presupuestos y una copia para Eryn.

—Bien, mi oficina es tu oficina, puedes venir cuando quieras, especialmente si tienes algún chisme nuevo para mí.

—Tendré bien parados mis oídos para llevarte algo jugoso, pero ahora andando que debo preparar las carpetas con los diseños para la fiesta de la señora C.

Salimos del baño y separamos nuestros caminos, Ángela hacia la izquierda para ir a su oficina y yo hacia mi cubículo, ubicado a la derecha. Llego a mi escritorio, tomo mi teléfono y agenda para realizar algunas llamadas y mandar un par de emails; me doy cuenta de que Jacob me ha mandado un mensaje.

"Nos vemos mañana, nena. J"

Sonrío, por fin podremos verlo después de dos semanas, su viaje a Chicago se alargó y ha estado fuera de casa más tiempo de lo planeado. Me pongo a teclear una respuesta rápida y regresar a mi trabajo.

"Esperamos por ti. B"

Busco en mi agenda y después marco a mis proveedores de mantelería y mobiliario para concertar dos citas a lo lardo de la semana. Necesito conseguir el banquete para dos eventos más, en uno de ellos Alice puede ayudarme, pero para el otro debo de conseguir una empresa especializada en comida tailandesa y que además pueda cocinar lo suficiente para toda una compañía que cumplirá su primer año y quieren hacer honores a sus orígenes. Al final programo las citas para el jueves y viernes, reviso el reloj y tengo tiempo para diseñar un escenario más para la fiesta tailandesa. Saco mis lápices y papel, elijo en esta ocasión el color rojo y dorado, aunque del rojo no estoy del todo convencida. Comienzo por hacer un plano de la distribución de las mesas, tarima, la fuente que me han solicitado y la mesa de bocadillos, cuando creo que he llegado a una armonía comienzo por diseñar la mesa y decoración, trato de tomar algunos elementos tailandeses e incorporarlos en el centro de la mesa. Ya no queda mucho tiempo, entonces acomodo mi carpeta con los diseños y presupuestos, lo acomodo todo junto con mi teléfono y organizador, me subo a mi Fiat y tomo el rumbo que me lleva a casa de la señora C.

Llego a casa de los señores C., espero unos minutos y las grandes puertas de hierro forjado se abren y dan paso a una de las más maravillosas casas que haya visto en mi vida, es amplia, bastante amplia para sólo vivir los señores C. y su hija. La casa es simplemente hermosa, con amplios ventanales, algunos muros se encuentran recubiertos de madera clara y las paredes blancas; es un amplio espacio abierto en lo que se refiere a la planta baja, es todo muy moderno; y con los jardines tan bien cuidados alrededor de la construcción debe de dar la sensación ideal de interactuar con la naturaleza, el diseño en su totalidad da la sensación de armonía, me pregunto cómo le harán para mantener la privacidad. Salgo de mi ensoñación con esta casa y bajo para encontrarme con mi cliente y antes de llegar a la puerta la señora C. ya la ha abierto para mí, me recibe con una enorme sonrisa y me sorprende con un gran abrazo.

— ¡Bella, qué gusto verte de nuevo! —dice al separarse de mí—. Anda pasa ¿dónde prefieres estar? Podemos tomar un café en la sala y después pasamos al jardín, podrás visualizarlo todo mucho mejor.

—Claro, por supuesto —no puedo evitar dejarme contagiar por su entusiasmo— Tengo unas ideas que quisiera compartir y si te agrada alguna podemos continuar trabajando en ella hasta llegar a lo que tu deseas —sonrío mientras me acomodo a su lado y le tiendo la carpeta.

—Estoy segura de que amaré cada propuesta —comienza a hojear los diseños— ¿Es muy tarde para pedirte un menú en específico? No tiene que ser precisamente igual, pero lo más apegado a él y de una manera creativa.

—Para nada, justamente tenía planeado preguntarte por ello, podemos ir encontrando maneras de incorporar los elementos y los platillos que deseas y yo me encargo de hacerlo cumplir con la gente del banquete, si quieres, después de revisar los diseños podemos ir armando el menú —le digo mientras ella continúa revisando los diseños.

—Perfecto, Bella. Dame dos segunditos —toma un control de la mesita del centro y oprime un par de botones, pronto los cristales comienzan a matizarse y la luz que entra a la instancia ya no es tan potente —. Lo siento, tanta luz no me permitía observar detenidamente tus creaciones —, la señora C., ha aclarado mi duda de hace unos minutos, matizan los vidrios para crear un poco de intimidad.

Espero pacientemente mientras observa cada diseño, se detiene a mirar algunos detalles y aclaro las dudas que tiene sobre otros.

— ¡Dios santo, Bella! Eres maravillosa, todo aquí está divino, me cuesta elegir uno solo —su sonrisa es amplia—, pero creo que será éste, la incorporación de los colores me ha envuelto desde que di vuelta a la página. Toda la fiesta gritará el nombre de mi esposo, no lo conoces, pero has logrado incorporar cada elemento que te mencioné de él. Eres talento puro. Me quedo con éste —me tiende los dibujos del diseño seleccionado, sonrío al ver que es mi favorito, con colores beige, verde manzana y azul turquesa, en este diseño hay una mesa de dulces que es mi parte favorita—. Hay una mezcla perfecta para que se vea todo bastante alegre.

—Bien, entonces comenzaré a buscar todo lo necesario ¿alguna preferencia para la losa y las telas de mantelería?

—No realmente. Anda, vamos al jardín. Ahí tomaremos el café.

Me conduce hacia la puerta de cristal que está al fondo y salimos hacia uno de los más hermosos jardines que haya visto; una hermosa y moderna fuente al fondo y no tan lejos de donde estamos hay una sala gris oxford de jardín bajo una carpa elegante; todo el pasto, arbustos y rosales están en las más perfectas condiciones, todo en este jardín es perfecto. Me lleva hasta la sala, es bastante cómoda y los cojines jade y beige son realmente blandos y esponjosos, comenzamos a charlar, pero pronto somos interrumpidas cuando nos traen nuestros cafés. La señora C. es bastante amable, la charla no es precisamente sobre el trabajo y la planificación de la fiesta, me cuenta un poco de su familia y es hasta ahora cuando me entero que tiene un hijo, a quien no ve tanto como le gustaría, a pesar de vivir en la misma ciudad.

—Espero puedas conocerlo el día de la fiesta.

—Sería un placer —la pantalla de mi teléfono se enciende anunciando un mensaje, veo la hora—. ¡Cielo santo! Se me ha pasado el tiempo volando, tengo que ver a otro cliente.

—Oh, Bella, te he entretenido bastante, lo lamento tanto.

—Para nada, a ambas se nos ha ido la lengua. Me encanta tener estas charlas con usted.

—Bella, llevamos tiempo conociéndonos, es momento de que dejes de hablarme de usted. Me haces sentir mucho mayor de lo que soy —ríe.

—De acuerdo, haré mi mejor intento —le sonrío, realmente hablo en serio cuando digo que me agrada hablar con ella, me recuerda a las conversaciones que tenía con mi madre — ¿Te parece programar otra cita para revisar el menú? Para entonces ya tendré algunos presupuestos y propuestas para la bebida y espero tener ya todo listo en lo que se refiere a los dulces.

—Por supuesto, te mandaré por email algunas ideas que tengo para el menú y hay un platillo en específico que me gustaría que pudieras agregar.

—Eso me parece perfecto —le digo mientras saco mi agenda y consultar los espacios libres — ¿te parece bien el próximo miércoles? Tengo libre a las cuatro y a las diez.

—A las cuatro sería perfecto, es más, te invito a comer.

—No quiero molestar…

—Para nada, todo lo contrario, estaría más que feliz de tenerte aquí. Últimamente mi esposo y mi hija han tenido guardias y me ha tocado comer sola. Me sentiría bastante bien con tu compañía.

Nos ponemos de acuerdo para la comida, será en su casa, quiere cocinar para mí. Al terminar me levanto, tomo las carpetas y agenda junto con el teléfono, me despido de la señora C.

—Un placer verte de nuevo. Muchas gracias por todo —Esme me envuelve con sus brazos y besa mi mejilla.

Salgo de esa majestuosa casa y me dirijo hacia mi segunda cita, que para nada termina siendo igual de agradable, me resigno a soportar los constantes peros de la señora Millan; una mujer que anda cerca de los cincuenta y con gustos bastantes quisquillosos; afortunadamente su fiesta es la semana siguiente y habré terminado con las constantes quejas y cambios de último minuto. Continúo con mi camino hacia la última cita del día y después de regreso a la oficina, el día de trabajo habrá terminado entonces y al fin podré regresar a casa, tomar un buen baño caliente y pasar la noche tumbada en el sofá con Alice mientras vemos viejas series enfundadas en nuestros pijamas viejos y nada sexy.

Voy cruzando las calles, estoy a mitad de camino cuando siento inestabilidad en el coche, miro por los espejos y me doy cuenta de que tengo una llanta pinchada. ¡Demonios!, golpeo el volante con ambas manos, encuentro un lugar más adelante y me estaciono, bajo del coche para mirar la llanta, está completamente desinflada,

— ¡Mierda! —grito frustrada y un niño que se encuentra cerca jugando con un balón me mira sorprendido—. Lo siento —me siento apenada por mi palabra altisonante, no es necesario que vaya contagiando a todo mundo con mi lenguaje rústico, especialmente cuando me enojo.

Me quedo mirando la llanta como si con eso el neumático fuera a cambiarse por sí solo, lo obvio sería ir por la llanta de repuesto y comenzar a cambiarla, pero no cargo con una, debí de hacerle caso a Jacob cuando me pidió y casi me suplicó echar en el carro un repuesto, pero claro, la ilusa de Bella jamás pensó que pudiera ocurrirle esto a ella. ¡Seré idiota!

—Bien, Bella, bien —me acerco a la bendita llanta y le doy una patada— ¡Agh! —grito por el dolor que provoca en mi pie el golpe con la llanta.

Me siento extremadamente frustrada, pero necesito pensar rápido, no puedo quedarme aquí esperando que la virgen me hable y me diga qué hacer y eso definitivamente no sucederá. Podría llamar a Alice o a Ángela para que venga por mí, esa parte del problema está resuelto, pero necesito pensar en lo que haré con el carro, tengo que conseguir el número de una grúa para recogerlo, y de nuevo, gracias a mi linda cabezota no tengo uno. Jacob me matará cuando le llame para pedirle que mande a alguien. Me pregunto dónde habré dejado los cientos de tarjetas que él me dio con todos esos números de servicios de grúas y mecánicos. Me recargo en el auto y cierro los ojos, dejo que los escasos rayos del sol que atraviesan las ramas de los árboles me bañen el rostro. Escucho al niño que continúa jugando, patea el balón lanzándolo lejos, después siguen sus pequeños pasos rápidos detrás de él, cuento los botes que da su balón, no ha ido tan lejos de acuerdo con lo que escucho, vuelve a patear una y otra vez el balón; centrarme en el niño jugando me ayuda a relajarme y pensar mejor en aquello que haré. Lo primero es marcar a mi último cliente y avisarle del imprevisto que he tenido y posponer la cita, después llamaré a Alice para que venga por mí, y una vez que esté con ella podré llamar a Jacob para que me ayude a enviar a alguien para levantar mi auto.

Encuentro mi teléfono en el fondo de mi bolso y mientras intento remover todo el contenido de mi bolso termino tirándolo fuera del carro; miró hacia abajo mirando todas mis pertenencias esparcidas por el suelo. Tomo aire, lleno mis pulmones hasta casi explotar y lo dejo salir despacio, tratando de no alterarme y conservar la calma que conseguí hace unos momentos. Vuelvo a tomar aire, aspiro lo más profundo y suelto lento.

—Eso es Bella, tranquila, sólo recoge las cosas y has las llamadas necesarias —me digo a mí misma.

Me agacho, tomo mi bolso y comienzo a recoger todas mis cosas, justamente hoy tenía que echar todo lo que estuviera a mi alcance. Escucho más cerca los pasos del niño y su balón botando, tomo mis llaves, cartera, gel antibacterial y comienzo a meterlo uno a uno. En ese momento escucho un ruido estridente que me hace levantar la mirada y veo una imagen que me deja petrificada, dejo de respirar y siento temblar todo mi cuerpo. Estoy asustada. Frente a mí está una escena catastrófica: hay una camioneta negra inmensa justo detrás de mí, el ruido que he escuchado y me ha alertado es el chirrido de las llantas; la camioneta trata de cambiar su dirección que va directo al niño que se encuentra jugando al otro lado, justo frente a mí, intenta frenar lo más rápido que puede mientras da un volantazo y en ese cambio de dirección la camioneta se dirige hacia mí, me encuentro a la mitad del camino, mi pulso late a mil por hora y mi reacción instintiva es levantar los brazos y cubrirme del impacto, no miro más, sólo siento un empujón y escucho un estruendo ensordecedor a mi costado.

Mantengo mis ojos firmemente cerrados, siento todo esto tan irreal y si abro los ojos entraré en shock, especialmente si hay sangre involucrada. Mi respiración está al límite, aspiraciones y espiraciones rápidas y poco profundas. Escucho mucho movimiento a mi alrededor, personas corriendo, voces inquietas y de pronto siento un par de manos tomarme de los hombros intentando sacarme de mi posición protectora.

— ¡Emmett fíjate en el niño, no lo veo por ninguna parte! —es una voz sedosa impregnada de zozobra— ¿Señorita se encuentra bien?

Aparto mis manos y brazos, giro mi cuerpo hacia la dirección donde proviene esa voz, todo se queda paralizado en ese momento, es como una bola demoledora, un impacto que me saca de mí misma. Miro con intensidad el rostro que tengo frente a mí. Él es hermoso. Me pregunto si estoy muerta y es un ángel que ha venido a darme la bienvenida al cielo, hago una mueca en pensar en eso, seguramente el cielo sería el último lugar al que iría a parar si estuviera muerta.

— ¿Le duele algo?

— ¿Todo bien? —veo una enorme figura detrás de él, pero no logro centrarme y terminar de definir qué es aquello que se encuentra detrás del hombre guapo que está delante de mí—. Al parecer el niño está bien, su madre salió en cuanto escucho el ruido, sólo está un poco asustado, su madre dijo que se encargará, descuida, pero ¿ella está bien?

—Creo que sólo está en shock, necesito sacarla de aquí y revisarla.

Sigo perdida en el verde profundo de su mirada cuando siento sus brazos pasar por debajo de mi cuerpo y alzarme, dejo de centrarme en sus ojos esmeraldas para mirar sus rasgos marcados y varoniles, su cabello despeinado casual de un extraño color cobre que combina a la perfección con sus orbes. Su mandíbula es marcada, pareciera ser un símbolo perfecto de su fortaleza y virilidad. Mi ensoñación se ve interrumpida cuando un hombre a nuestro lado le abre la puerta de atrás de la camioneta, me doy cuenta de que ese hombre es la figura que estaba detrás de mi guapo chico. El ojo verde me coloca en el asiento y comienza a tocar mi rostro, mis brazos y mis piernas intentando inspeccionar y encontrar alguna posible herida.

—Estoy bien —susurro.

—Uff, creí que estabas en shock.

—Creo que lo estoy —sonrío.

—Déjame llevarte a un hospital para que te revisen mejor, a primera vista no tienes daño alguno, pero no hay que correr riesgos —toma mi barbilla entre sus dedos y me hace mirarlo de nuevo directamente a sus ojos.

—No he sufrido ningún golpe, pero creo que no puedo decir lo mismo de mi carro.

Miro a través del parabrisas y veo el estado lamentable de mi auto. Toda la puerta trasera está hundida justo en el lugar donde la camioneta se ha impactado, el cristal por ende se encuentra estrellado, así como parte de las luces traseras, hay además unos cuantos rayones. Definitivamente la vida de mi Fiat ha llegado hasta aquí; suspiro con pesar, ese coche fue el primer objeto en el cual gasté gran parte de mis ahorros en el momento de independizarme.

—Me haré cargo de todos los gastos —responde—. Emmett y mi equipo ya se están encargando de llamar al seguro.

—Oh, no, no lo digo por eso, al final sólo es un coche, más que nada es por la carga sentimental. Ya sabes, nunca se olvida el primer coche —le sonrío.

—Ahora lo importante es llevarte al médico.

—En serio, estoy bien, no sufrí ni un solo rasguño, palabra de niña scout —levanto mi maño y hago la señal de los scouts.

— ¿Segura?

—Por supuesto, jamás me atrevería a usar la palabra de niña scout en vano, nunca se juega con las palabras de niña scout —le sonrío abiertamente y él no tarda en responderme con otra sonrisa. ¡Cielo santo! Si este hombre es guapísimo con una sonrisa termina siendo un delito.

—Entonces ¿te importaría esperar aquí a que lleguen los del seguro?

—No, realmente no. Sólo necesito mi teléfono para hacer algunas llamadas.

—Bien, Sam lo buscará. Llama a tu seguro, quizá debas hacer eso primero —frunzo un poco el ceño por su tono mandón y después muerdo mi labio con culpabilidad— ¿Qué sucede?

—No tengo un seguro —otra razón más para que Jake me mate por no hacerle caso.

— ¿No tienes seguro? —niego con la cabeza—. Bien, no te preocupes, el mío se hará cargo de todo.

Se aparta y se acerca a un hombre alto, fornido y moreno, que aparenta andar cerca de los cuarenta, lleva el cabello cortado al ras y con barba, es apuesto sí, pero nada comparado con el ángel de ojos verdes. Al parecer es el famoso Sam porque le da unas instrucciones, espera unos momentos y regresa con mi teléfono en mano.

—Supongo que éste es tu teléfono —asiento y tomo el celular—. Te daré algo de privacidad para que hagas tus llamadas.

Cierra la puerta y me deja sola en la inmensa camioneta, me detengo un poco en los detalles, los asientos son de piel y de color negro, el tablero es bastante elegante y tiene un montón de botones al igual que el volante, es demasiada tecnología. Predominan los colores negro y gris. En fin, tomo el teléfono y llamo a mi cliente para avisar del imprevisto, reprogramo la cita para el día de mañana. Pienso en llamar a Alice, pero no quiero preocuparla, será mejor que le cuente una vez esté frente a ella y se cerciore que estoy en perfectas condiciones y no ha sido más que el susto. En ese momento la puerta se abre y aparece él.

—Todo listo, el seguro se hará cargo de todo, ¿hay algo en que podamos ayudarte?

Muerdo mi labio insegura, no quiero aprovecharme, pero necesito ir al trabajo a recoger algunas cosas antes de irme a casa.

—La verdad es que sí, pero no quiero ser abusiva. Necesito ir a mi trabajo —le digo.

—Por supuesto, es lo menos que puedo hacer. Sam —llama al hombre con quien estuvo charlando hace unos minutos—. Llevaré a la señorita a su trabajo.

— ¿Quiere que lo hago yo, señor?

—No, lo haré yo.

—Hey —se escucha la voz de otro hombre, es el mismo que se acercó a preguntar si todo marchaba bien. Es un poco más alto que el chico que está frente a mí, igualmente es guapo, pero de nuevo nada que pueda compararse al chico de ojos verdes, es bastante fornido, tiene el cabello ligeramente rizado y oscuro como la noche, ojos grandes y cafés, sus rasgos son varoniles, pero no tan marcados—. El del seguro necesita los datos de la señorita para ponerse en contacto con ella y arreglar todo.

—Claro. Debo ir por mi bolso —trato de levantarme, pero el chico cobrizo me detiene.

Wow, su contacto me electriza. Siento una sensación ardiente ahí donde me ha tocado, puedo decir que es placentero sentir su roce, situación que es confirmada cuando aparta su mano y siento una tremenda pérdida, aun así, el calor de su toque persiste. Alzo mi mirada y lo miro, su rostro parece perplejo, como si no entendiera lo que está sucediendo.

—Iré yo —dice escuetamente y se va hacia mi auto. Lo sigo con mis ojos y lo veo agacharse para recoger todas mis cosas, se levanta y veo que trae en su mano mi bolso—. Toma.

—Gracias —le doy una sonrisa tímida.

Meto las manos en mi bolso y me pongo en búsqueda de mis post-it para anotar mi nombre y número telefónico, después le entrego el papel al chico grandote que se encuentra esperando, me dedica una sonrisa cálida y veo dos tiernos hoyuelos en sus mejillas que le dan una apariencia bastante tierna, que en lugar de contrastar con su tamaño combina perfectamente para hacerlo parecer un gran oso de felpa.

—Llevaré a la señorita a su trabajo —le avisa—. ¿Podrías quedarte hasta que se termine todo esto?

—Claro, llévate a Sam.

—No, iremos en mi carro y será incómodo —el fortachón le hace un gesto de desacuerdo—. Cualquier cosa yo te aviso.

—De acuerdo, nos vemos en tu casa en un rato.

El aludido asiente.

— ¿Puedes caminar?

—Sí, claro —respondo.

—Iremos en mi auto —señala detrás de la camioneta y veo un precioso Lexus plateado estacionado.

Toma mi mano con delicadeza, pero para nada es delicada la reacción en mi cuerpo, nuevamente es como una bola demoledora que me hace estremecer, sus ojos se ponen en contacto de inmediato conmigo como si pudiera leer en mi mente y en mi cuerpo completo mi respuesta a su contacto.

Camino a su lado, me lleva al lado del copiloto del auto, abre la puerta para mí y me señala con su mano que entré, no me pasa desapercibido cierto aire mandón en ese gesto, pero aun así lo hago. Me quedo maravillada y me hundo lo más posible en sus asientos. Son tan confortables, los de mi pequeño Fiat están bien, pero en éstos podría echar una siestecita sin preocupación alguna.

—Bien, hacia dónde vamos —pregunta cuando se pone detrás del volante y oprime un botón que está justo al lado, se escucha un suave ronroneo.

—Hacia Bellevue Ave, por favor —le indico.

—Hacia Bellevue Ave entonces.

Al principio del recorrido vamos en un completo silencio, no es incómodo, pero deseo que el chico a mi lado estuviera hablando, prefiero escuchar su voz, de pronto me he vuelto adicta a escucharla, ¡Carajo conmigo!

—No era necesario que me trajeras, con haberme conseguido un taxi bastaba, pero muchas gracias, fue muy amable de tu parte… —me detengo al ver que desconozco el nombre del hombre que me ha dejado impactada.

—Edward, mi nombre es Edward. No hemos tenido oportunidad de presentarnos, Isabella.

— ¿Isabella? —cómo se ha enterado de mi madre.

—Así te llamas ¿no es cierto? Es el nombre que anotaste en la notita con tus datos —señala y caigo en cuenta que de ahí ha tomado mi nombre.

—Oh, sí, es sólo que son pocas las personas quienes que me llaman así.

—Entonces cómo te llaman.

Lo miro, admiro cada detalle de su rostro, las líneas de su mandíbula, su nariz recta, la luz que atraviesa sus pestañas y baña sus ojos, haciéndolos lucir tan brillosos.

—Y… —me instiga con su mano a que continúe.

—Oh, lo siento, me dicen Bella.

—Bella.

Me derrito ahí mismo en el asiento, mi nombre parece una caricia dulce y cargada de pasión en su boca. Una invitación tentadora.

—Supongo que es un buen momento para disculparme por el incidente. El niño salió de la nada y Sam tratando de hacer todo lo posible terminó impactándose contra tu coche. ¡Dios, Bella! Estabas justo en medio del camino, si no fuera por ese último volantazo que dio hubieras sido tú en lugar del carro —su tono era una mezcla de preocupación, frustración; sus manos aprietan con fuerza el volante, sus nudillos están casi blancos por la fuerza empleada.

—Lo siento —es lo único que se me ocurre decir.

— ¿Lo sientes?, pero si no has hecho nada. Hemos sido nosotros, prometo encargarme de todo, haré lo necesario para solucionarlo, me encargaré hasta del más mínimo detalle —su rostro es culpabilidad pura, está realmente compungido, me atrevería a decir que su reacción es casi exagerada.

—Oye, sólo fue un carro. No hay culpa sin sangre. Has hecho de más para solucionarlo —trato de usar el tono más tranquilizador que me es posible. Siento una necesidad apremiante de hacer sentir bien a este hombre que acabo de conocer.

—Ya estamos cerca —dice, aunque es cierto que estamos por llegar siento que es sólo un escape para cambiar de tema.

—Así es, puedes dejarme aquí —le digo al visualizar el edificio de seis pisos con una amplia entrada y puertas giratorias de aluminio y cristal.

—Dime dónde es, puedo llevarte hasta allá.

—Es ese edificio —señalo hacia enfrente y a la izquierda—, son sólo unos cuantos metros. No me hará mal caminar un poco para quitarme el susto —en cuanto lo digo pienso en morderme la lengua por decir aquello, me doy una patada mental, pero no digo más porque no sé qué puedo decirle a este chico de ojos verdes para desaparecer todo ese pesar que veo en él.

Sé que en cuanto salga del auto y él arranque será difícil volver a verlo, será su agente de seguros y su equipo, lo que sea que eso signifique, quienes se encarguen de contactarme, probablemente sea la última vez que lo vea y el pensar en ello me deja un enorme y totalmente inexplicable vacío. Hay algo que me apremia a aprovechar de estos últimos momentos antes de verlo partir y más aún, hay algo en mí que se siente casi doloroso.

—Supongo que tengo que irme —no puedo ocultar la desgana y el pesar, soy realmente patética —. Muchas gracias por traerme.

— ¿No quieres que te espere y te lleve a casa?

¡Sí! Mi fuero interno está saltando y gritando por decirle que sí, pero mi linda boquita termina diciendo otra cosa.

—No, gracias, ya has hecho demasiado por mí —le sonrío, me quedo parada ahí por no sé cuánto tiempo sin decir no hacer nada, esperando algo, cualquier cosa para poder seguir viéndolo, pero nada sucede.

Tiro de la manija, abro la puerta y salgo, pero antes de salir por completo me inclino para mirarlo una última vez y quiero decir algo, pero no sé qué decir, así que sólo me incorporo y cierro la puerta; comienzo a andar por la acera dándole la espalda, escucho el ronroneo de su carro anunciando su partida. Camino por la acera dándole la espalda a ese chico de ojos verdes que me hizo suspirar.

Un amor a primera vista...

Mil gracias por pasar y leer, para quienes no lo saben también estoy publicando otra historia, así que pasen a leer "No ha terminado" ya después me dirán cuál les ha llamado más la atención.

Me temo que la siguiente semana no habrá actualización porque como algunas saben es mi último semestre de la maestría y mi vida es un hermoso caos en este momento y seguramente todo el años -.-... pero no olviden dejarme sus reviews, en verdad que me darán energía y ya saben que me encanta leerlas.

¡Bello dfin, divinuras!