En una calle desde un pequeño bar típico japonés se hallaban caminando dos mujeres, una de ellas estaba sosteniéndose de la otra. Eran una pelinegra y una pelirroja, ambas mujeres rondeaban los 35 y 40 años pero por su apariencia y estado físico uno podría jurar que ambas eran de 20 en adelante.

La señora Yazawa y la doctora Nishikino estaban saliendo de un típico bar ya que ambas celebraban la llegada del año en sus últimos días y claro no hacía algo de buen alcohol para celebrar otro año transcurrido en la vida de ambas mujeres sobre todo para Yazawa pues era otro año en que su esposo murió dejándola a ella y a sus tres hijos.

La señora Nishikino al menos celebraba su divorcio desde hace meses luego de un largo matrimonio pero era obvio que la vocación que profesaran ambos pues haría que una unión no perdurara mucho, en ocasiones el amor no duraba mucho y aparte se acaba pero sería interesante que tuviese una nueva experiencia y más con quién fue su mejor amiga en la secundaria y su ex.

Nishikino era la más ebria de las dos a lo cual se sostenía del brazo de Yazawa la cual con gusto iba a llevarla a su casa quizás para procurar tener una noche especial para ambas para el año nuevo aunque solo esperaba que no estuvieran ni sus hijos ni su futura yerna pues estuvieron en ese bar desde el atardecer.

La mujer pelirroja sonrió tiernamente a su amada mientras enrollaba sus brazos sobre el suyo derecho abrazandolos como si fuese una niña aferrada al contacto de su madre como tuviese miedo de algo.

-Yazawa-san, gracias por seguir conmigo este año como siempre. Aprecio tu trabajo duro

La pelinegra le sonrió mientras posaba una mano sobre su cabeza, a diferencia de sus hijas en cuánto a estatura era normal, 2 o 3 centímetros de diferencia pero no importaba pues siempre Yazawa era la que más daba hasta su vida en su reciente relación, sin duda más que su novia era una madre para ella.

-Oh vamos, Nishikino-san, debes estar borracha. No bromees. Normalmente morirías antes de decir tal cosa

-Pero Yazawa-san, mirándote ahora, eres realmente bonita

-Sakura-chan

-Akane-chan

Ambas mujeres con todo su amor aunque Nishikino prefirió abrazar tiernamente a su vieja senpai mientras ésta aceptaba el gesto con gran entusiasmo, estaban a un año de volverse a ver como en volverse a unir desde sus corazones hasta sus almas, esta vez estarían juntas por toda la eternidad y ya nada podía evitarlo quizás gracias a las eras que pasaron o quizás a los nuevos conceptos de la sociedad.

Después de aquel efusivo pero tierno abrazo ambas unieron como siempre hacían aquel sello donde plasmaban su vínculo con un tierno e inocente beso, Nishikino como Yazawa, ambas mujeres mayores se miraban como unas niñas risueñas mientras sus manos tomaban las mejillas de la otra sintiendo que más que el frío que hacía a esas horas desaparecía también las inundaba una especie de calma.

Una vez más separaron hasta que algo raro pasó en una de ellas, la pelirroja mayor quién obviamente estaba borracha cayó sobre el cuerpo de su compañera la cual entendía aquello

-Tengo sueño- Susurró Nishikino en un susurro algo lindo como el de una niña- Ir al auto es un completo dolor de culo- Alzó la mirada a su amada la cual entendía aquello, en menos de nada la mujer mayor alzó a su amada entre sus brazos como la princesa que era en su corazón como en su vida.

-¿Puedo llevarte a mi casa en tu auto?

-Sí- Asintió la pelirroja a lo cual ambas tórtolas decidieron ir al auto compacto de la doctora, Nishikino fue dejada en el asiento trasero para que pudiera dormir tranquilamente junto con el cinturón de seguridad puesto mientras que Yazawa encendió el auto con tal de ir a su hogar donde al menos estaría teniendo a su amada en sus brazos toda la noche.

Y quizás aprovechar para darle un buen uso de como cortar tomate sobre una tabla fina de madera (Les dejo a su imaginación la referencia)… Al menos tendría una buena noche de año nuevo.