Los personajes no me pertenecen.

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Cuando Leah estaba en el instituto, aquella época en la que todavía no se había convertido en un estúpido lobo y tampoco su prima, casi hermana, se hubiera tirado a su ex novio, era la sensación del instituto, porque joder, era Leah Clearwater. La chica buena, la chica con unas piernas jodidamente preciosas y una boquita que daban ganas de besar, era la puta sensación y Leah lo sabía, aunque siendo sinceros en aquel tiempo le importaba más bien poco, quizás era porque tenía a Sam, el imbécil de Sam , su primer novio que le hacía sentir como si fuera la única del mundo, él y su estúpida sonrisa que le daba después de darle un beso en la mejilla.

Cuando Leah estaba en el instituto, parecía lejano ya, era pequeña, tenía el pelo largo que caía con gracia por debajo de sus hombros, se maquillaba, se recogía el pelo a veces en una trenza, o una coleta, y en raras ocasiones se lo llegaba a cortar , porque Sam siempre decía que tenía un pelo precioso y que sería una lástima que lo cortara, y Leah le creía, joder, ¡le creía! Solo porque era su primer y estúpido novio.

Por esa razón cuando su cuerpo se transformó en aquel horrible ser, con dientes tan filosos que romperían la piel y huesos de cualquiera como si fuera de papel, y su cuerpo antes pequeño y delicado se deformo en una masa peluda, y aquella voz baja y de chica de antes soltó un aullido, uno que le hizo estremecer. Era un maldito monstruo, un maldito error de la naturaleza, hasta el propio paquete lo sabía.

Nunca se había visto un cambia formas femenino.

Leah escucho voces entrar por su cabeza, susurros de horror, lástima y miedo. Leah era un error de la naturaleza, uno que le había dejado marcada para siempre. Y en medio de tantas voces en su cabeza se transformó de nuevo, rodeada de lobos grandes de tamaño de caballos, su cuerpo se transformó y desnuda enfrento a su paquete, sus ojos oscuros brillaban con nerviosismo y su boca se resecaba.

Sam, el maldito de Sam, le abrazo con su camiseta intentando tapar su cuerpo, su pequeño cuerpo, pero como si no fuera suficiente ser un maldito error de la naturaleza Leah se miró las manos, las piernas, se acarició la cara y se sintió diferente, dedos más largos , piernas tonificadas y tan largas que parecían de chico. Ya no era Leah la chica preciosa del instituto, no era Leah la de boca bonita para besar. No era Leah la mujer que en un futuro quería tener hijos, no, ahora solo era un maldito cascaron roto.

Sam, Jacob y Embry le hablaron suavemente para que se calmara, pero Leah no recuerda en qué momento se había puesto histérica, peor aún recuerda haberse levantado desnuda y pataleado contra los chicos para que la soltaran, no recuerda haber llorado contra el cuello de un nervioso y avergonzado Jacob.

Solo recuerda de ese catastrófico día que la Leah del instituto había desaparecido para dejar a un monstruo.

...

Leah quería, no, la palabra quería se quedaba corta a lo que sintió por Sam. Para Leah Sam represento su primera vez en todo, su primer beso, su primera vez entre sábanas viejas, raídas y limpias de la habitación de Sam, para Leah en ese momento, en ese tiempo Sam fue su todo, aunque ahora eso le doliera recordar, aunque ahora quisiera poder borrar cada memoria, cada beso, cada caricia.

Y todos esos sentimientos que se habían profesado mutuamente, jurado entre beso y beso se habían desvanecidos como las nubes después de una tormenta, se habían ido como las gotas de lluvia que se secaban en el suelo. Leah no sabe en qué maldito momento Sam vio a Emily, no sabe cómo fue el maldito encuentro predestinado, no sabe qué cara puso Sam cuando imprimió en Emily y una parte masoquista, hiriente como una herida abierta con cuchillo, quiere saber qué cara puso Sam , como fue, qué hizo después de imprimir. ¿Acaso se imago el futuro junto a Emily? ¿Acaso soñó con hacerle el amor como lo hacía con Leah?

Leah conoció a cada una de las impresiones de su paquete, todas y cada una. Y a su pesar le recordó a su pasado, aquel en el que se parecía a aquellas chicas, tan femeninas, pequeñas y preciosas.

...

Leah no iba a llorar, no iba a dejar que nadie más le hiciera daño, eso lo tenía tan claro como era que en La Push llueve todos los días.

Pero entonces todo cambia, todo se complica en apenas unos segundos, unos segundos que destrozaron-o quizás no-su puta vida.

Sus oscuros ojos que antes apenas dos segundos atrás eran cuevas frías sin sentimiento se convierten en ojos soñadores, abiertos de sorpresa y emoción, y porque no joder, lleno de un amor tan desbordante que le hace ahogarse como si se tratara de una mar inmensa y tempestuosa. Leah se agarra como a un clavo ardiente que le lastima y a la vez le tiene cuerda en la mirada sorprendida del chico, aquel chico de ojos dorados, aquel chico que sonríe y mira con cierta desconfianza, aquel chico que tiene una petulante y preciosa sonrisa que hace a Leah estremecer y temblar de emoción, de una emoción tan fuerte que su corazón parece a punto de colapsar.

Traga saliva, relame los labios y duda, ¿Qué tiene que decir a ese chico, sí, ese chico que parece que es su imprenta?

Entonces lo suelta, con voz cargada de burla, de una hiriente burla que parece no dañar al chico ya que éste alza una ceja y curva más los labios.

-¿Qué miras princesa?

...

Leah y Jacob se miran brevemente, apenas, casi como si rehuyeran contacto. Jacob carraspea y se acerca al chico, a su mundo, piensa Leah no sin antes cierta amargura y emoción.

El chico rubio, todo en el parece luminoso, de la punta de su pelo hasta sus ojos dorados, su piel, su sonrisa, su maldita sonrisa. Todo en el brilla como si fuera un puto ángel. Leah frunce el ceño, quiere poner sus manos en el chico y gritarle fuerte y alto. ¡¿Dónde estuviste todo este tiempo?! ¡¿Por qué me hiciste esperar tanto?!

Pero calla, porque es Leah joder y no se arrastrará ni un milímetro por su imprenta, aunque duele, una parte de su corazón duele porque no haberlo encontrado antes, y la otra se siente tan completa que parece surrealista, ¿Cómo puede que una sola mirada de él haya sanado sus heridas? ¿Cómo puede esa mirada dorada haberle quitado el aliento en menos de un segundo?

Jacob empieza a hablar, con voz ronca y de desconfianza, qué haces aquí, porqué estás en este callejón, porqué hay un maldito cuerpo de un chupasangre sometido bajo una daga brillante. Miles de preguntas que dice a trompicones, pero que el chico, no, su imprenta parece que le da lo mismo, no dice nada y tampoco se amilana a la gran altura de Jacob, ni siquiera a su feroz mirada. Jacob cansado y cabreado se acerca a Leah y le gruñe, sí, le gruñe como si fuera su jodida culpa, y quizás lo es, porque Leah le miró, porque Leah imprimió en ese desconocido y Jacob no puede ponerle una mano encima, porque es su imprenta , intocable para el paquete entero.

Leah levanta los hombros lista para pelear, se pone erguida del todo y cruza mirada con la de Jacob.

-Vete a la mierda Black. -gruñe Leah rabiosa, ¡no es su puta culpa!

Jacob aprieta la mandíbula, su cuadrada y fuerte mandíbula que parece a punto de convertirse en un gran hocico y despedazarla. Leah se prepara, aprieta los pies descalzos en el suelo y sus harapos rotos que apenas cubren su cuerpo se tensa. Se va a transformar delante de su imprenta, va a dejar salir a la bestia de su interior, se convertirá en un monstruo delante del chico que es mundo y todo por el idiota de Jacob Black.

Entonces el chico, no, su mundo camina hacia ellos.

-Aunque seas su alfa no deberías someterla a tu comando. -dice con voz tranquila pero los puños prietos mientras se prepara, por si las dudas, pero de qué se pregunta Leah.

Entonces se da cuenta, Jacob está temblando, a punto de transformarse, las aletas de su nariz se crispan y entonces sucede, Jacob explota en una peluda bola de huesos y piel, un lobo gigante color rojizo, Leah gruñe furiosa, una parte protectora de ella mira a su imprenta , y la otra rabiosa porque se metió en un asunto que no era suyo.

Leah empuja con todas sus fuerzas el cuerpo de Jacob y en el aire se trasforma, vuelan y ruedan por el suelo, abriendo sus mandíbulas, intentando morderse mutuamente, Jacob es fuerte, pero Leah es rápida, se desdibujan en rápidos movimientos. Entonces Jacob ladra, Leah se tensa. Y una mancha dorada se abalanza contra Jacob, apenas puede ver, pero el chico rubio saca una daga que se ilumina, con movimientos perfectos se deja caer y apunta sin penetrar la daga al cuello de Jacob.

Los ojos dorados del chico le miran fríamente y con una calculadora sonrisa en los labios.

-Tranquilizaos, no he venido por vosotros dos. He venido por este vampiro que asesinaba a mundanos. Así lo diré una vez más, tranquilizaos y transformaos.

Jacob gruñe bajo, y Leah achica los ojos y piensa, ¡hazle daño Black y te matare!

Jacob sacude su cuerpo y poco a poco se transforma, desnudo y sintiendo en la garganta todavía la daga. Su imprenta le mira apenas y levanta una ceja mirándole.

Leah empieza a transformase a humana otra vez, sus huesos vuelven a su sitio, su melena corta y negra enredada tapa su vista durante unos segundos, y sus pezones erguidos llaman la atención de su imprenta. En lugar de mirar a otro lado avergonzado como lo haría cualquiera personal normal, agudiza la vista y le escanea de arriba abajo, desde sus pies hasta su sexo y sus pechos, se detiene en su cara unos segundos hasta que sonríe.

-No sabía que vuestra hospitalidad fuera tan agradable.

Murmura, sonriendo y bajando la daga, Leah le mira frunciendo el ceño, pero cuando iba a mandarlo a la mierda siente en su regazo una cazadora negra con hebillas. Está a punto de preguntar quién diablos es, porque no es normal que un humano corriente mate a un chupasangre y peor aún que este tan tranquilo después de ver a personas transformarse en lobos.

-¡Jace! -chillan voces, saliendo del callejón, todos vestidos de negro y con dagas igual que su imprenta.

Leah se levanta, sin importar mostrar su desnudez, alza las cejas cuando ve a un chico alto de ojos azules, dos chicas una de pelo rojizo y otra de cabellera negra, ambas preciosas. Siente subir la bilis por la garganta y quiere poder gritar y maldecir.

- ¡Que mierda Jace! -grita el chico de pelo negro, apuntando con su dedo a Leah que aprieta la mandíbula, y deja caer la chaqueta de su imprenta, se muestra sin vergüenza. El chico se sonroja y baja la mirada mientras la pelirroja se acerca a su imprenta y susurra muy bajo, pero Leah lo escucha bien.

- ¿Por qué está desnuda, Jace? ¿Qué has hecho?

Leah mira los ojos dorados de su imprenta que se encoge de hombros, y solo piensa en una cosa.

Jace, Jace. Su imprenta se llama Jace.

...

Leah refunfuña, a su lado Jacob mira con interés el pequeño círculo de personas, todas de negro y armadas.

-Creo que tu imprenta no es un humano normal.

Dice Jacob y Leah deja de mirar intensamente a Jace, para fijar su mirada a la de Jacob. ¿Normal?

Claro que no, siendo Leah era imposible que su imprenta fuera normal, de eso estaba segura, pero por lo menos no era un maldito chupasangre pensó.

Sus dedos acarician suavemente la chaqueta de Jace, huele y se estremece por lo bien que huele, Jacob a su lado tose. Leah le mira con veneno y sacude su pelo. Intenta peinárselo, pero es imposible, es una mata de pelo salvaje tan enredado.

-Vienen. -murmura Jacob, sacudiendo los hombros desnudos listo para todo.

Leah asiente y se acerca a Jacob, su alfa que sigue desnudo. A decir verdad, a Leah hace mucho que dejo de importarle las cosas como la ropa y al paquete también, eran tantas las veces que después de una cacería volvían a casa transformados en lobos o humanos, caminando con tranquilidad desnudos. Ya se habían acostumbrados, al principio era bastante incomodo, ver sus cuerpos desnudos y mirarse a los ojos fue duro, pero después de tanto tiempo les pareció absurdo avergonzarse.

Jacob se posiciona delante de Leah, casi se puede percibir protección, pero Leah desecha esa idea, ya que al fin y al cabo Jacob no tenía que protegerla de nada, y menos aún de su impronta. Carraspea y sale de la ancha espalda de Jacob y se acomoda a su lado.

-Ustedes no son de aquí… y no sois humanos normales. -empieza Jake, mirando intensamente a cada miembro de ese pequeño grupo, las chicas se sonrojan por su desnudez, bueno a decir verdad solo la pelirroja que esquiva mirarlo, pero la de pelo negro no aparta sus oscuros ojos del cuerpo de Jacob, como intentando saborearlo. Leah se estremece y arruga la nariz.

-¿Cómo sabéis de los vampiros? ¿Y cómo puede matarlos una estúpida daga? -pregunta Leah apartando mechones de pelo negro de sus ojos, resopla y alza las manos al cielo pidiendo paciencia, ese pequeño acto hace que la cazadora que le dio Jace suba más arriba de sus muslos, pero Leah no es consciente, resopla y cruza los brazos.

-¿No sabéis nada, a pesar de ser hombres lobos? -pregunta el chico alto de ojos azules. Sus mejillas están rojas de vergüenza, pero su mirada es de curiosidad. Leah alza una ceja.

-Nosotros no somos hombres lobos-murmura Jake, sacudiendo su corto pelo negro, sus bíceps se tensan y el chico de ojos azules se sonroja aún más. Jace carraspea.

-Seria agradable tener esta charla una vez estéis vestidos. -dice guardando cuidadosamente su daga. -aunque no me quejo de ciertas vistas.

Leah le encara, no sabe si sentirse jodidamente alegre o avergonzada, y lo único que atina a hacer es gruñir y dar medio vuelta mientras grita.

-Seguidnos, en veinte minutos llegaremos a mi casa.

…..

Leah viste una camiseta ancha de Seth sin nada debajo, no lo necesita, la ropa de Seth es lo suficientemente grande para tapar todo. Se sienta en el sofá y cruza las piernas, a su lado Jacob con pantalones de Seth mira distraídamente la tele, los chicos se sientan en sillas que rodean apenas una mesita en el salón.

-Soy Leah, Leah Clearwater. -dice frunciendo los labios y mirando a su imprenta que no despega los ojos de ella. Jace sonríe. De esa forma que parece ser única, burlona y sincera. Leah siente emoción, tanta que se pregunta cómo será besar esos labios, como será acariciarlo y sentirlo dentro de ella. Se emociona tanto que Jacob resopla y se levanta de un salto como si le hubieran prendido fuego.

-¡Joder Leah! -gruñe dando zancadas hasta ponerse al lado del pelinegro de ojos azules. Le mira con los ojos entrecerrados y pone las manos en los bolsillos. Nervioso y cabreado.

-Cállate Black. -dice Leah apretando más las piernas. -Cómo si yo fuera la única, tú estúpida Nessi causa lo mismo en ti y no decimos nada oh gran Alfa.

Jacob tiene la decencia de avergonzarse, de mirar a otro lado y maldecir. Los chicos que están en su salón levantan las cejas con confusión.

-A la mierda. ¿Quiénes sois vosotros? -dice Jacob carraspeando. Leah se irgue de un salto, tensa. Cruza los brazos bajo su pecho y escanea los rostros. El pelinegro es el primero en hablar.

-Soy Alec, ésta de aquí es Isabelle, mi hermana, y ella es Clary, y el que conocisteis es Jace, mi hermano.

Después de la presentación calla y piensa algo hasta que vuelve a hablar.

-Estamos un poco confundidos, dijisteis que no sois hombres lobos, pero Jace dice que os vio transformados.

-Y es verdad, no somos hombres lobos. -empieza Jake, frunciendo el ceño y sentándose de nuevo, Leah le imita. -Somos cambia formas, no nos influye la luna y tampoco la plata.

-¿Cómo es eso posible? -pregunta Jace curioso, acercándose.

Jacob y Leah se miran brevemente. Y es ella la que responde.

-Hace años en nuestra tribu hubo muchas muertes, todas iguales, alguien las mataba quitándole toda la sangre, eran vampiros, nuestros antepasados asustados por las muertes se transformaron en lobos para proteger al pueblo, cuando acabaron con la amenaza volvieron a su vida normal hasta que otro vampiro vino. En nuestro pueblo podemos transformarnos cada vez que hay cerca un vampiro, es como si en nuestra genética tuviéramos un botón que se inicia cuando hay amenaza, y se apaga cuando ésta se acaba.

-¿Entonces dices que ahora estáis amenazados por vampiros y por eso estáis trasformando?

Leah mordió su labio y miró a Jake.

-No realmente, a veces vienen como habéis visto vampiros, pero los detenemos.

-Pero seguís transformándoos…-susurro la chica de pelo rojo, Leah entrecerró los ojos y le miró con veneno.

-Es cierto, pero seguimos transformándonos porque Jake…

-¡Leah! -le grito Jacob, un comando alfa que le dejo tensa en su sitio y con la boca cerrada. Miro a Jake con todo el odio que tenía y puso los puños en su regazo.

En el salón reina el silencio, se percibe la tensión. Jacob se alza de nuevo y le miro desde arriba, sus ojos ordenan no, no los digas todavía. Leah quiere poder levantarse y darle una jodida golpiza.

-Te dije que deberías dejar de darle ordenes…-murmura su imprenta mirando la escena con tranquilidad, pero sus ojos dorados se percibe inquietud.

De repente la puerta se abre bruscamente y la voz chillona de Seth se escucha.

-¡Me dejasteis solo! ¡Solo, Leah! A tu pequeño y adorable hermano. ¡Eso es cruel! Yo quería ir Jake. -grita Seth como si fuera un niño pequeño y entra al salón con los ojos ardiendo en furia, aquellos que se desinflan en segundos cuando ve la escena y carraspea. A pesar de ser tan grande como para tapar del todo la puerta Seth tiene unas enormes ganas de rehuir miradas y esconderse detrás del sofá, se acerca sin quitar los ojos a los individuos extraños, cruza los brazos intentando dar una apariencia seria pero falla, entonces escucha una risita, de aquella mofas que recibía cuando era más pequeño, quizás idénticas a las de Leah, va directo a la fuente y se encuentra con unos ojos oscuros, unos preciosos ojos oscuros que hace tartamudear su corazón, y lo siente, siente que su corazón está completo y ya nada importa, ni siquiera los jodidos vampiros. Ella era su imprenta.

Jacob aún sentado en el sofá se lleva las grandes manos a la cabeza y gruñe con frustración.

-¡Joder Seth, tú no!

Jace por una parte quiere decirle al alfa de esa manada que se calle de una puta vez, o en todo caso que se tome una valeriana que bien le vendría ya que parecía que perdía por segundos cada parte de su temple y seguridad, vamos o que estaba más loco que una persona en un psiquiátrico no paraba de ordenar y gritar a la chica y el chico, y ambos en lugar de asustarse rodaban los ojos y decían seriamente "¡Como si pudiéramos contralarlo, Jacob!"

Miro a Alec que apretaba firmemente las cejas dando más seriedad a su rostro, Jace sabía que estaba perdiendo la paciencia e Izzy no era otro caso aparte, rodaba los ojos y ceñías las cejas fastidiada. Sin embargo, Clary estaba entretenida mirando la pequeña pero bulliciosa disputa de esa quizás-o no, no lo sabía aún-pequeña manada.

Jace carraspeo y las tres personas giraron para encararlo, todos tenían las cejas fruncidas y brazos cruzados, casi se podría decir como si fuera un concurso de quien podía enfardarse más a cada segundo.

Sus ojos dorados recaen en la figura de la única femenina de esa pequeña manada, Jace no tenía que negarse que Leah era jodidamente sexy, su color de piel moreno, casi chocolate derretido si se comparaba, y ojos tan oscuros que eran perfectos para perderse infinitamente en ellos, había algo que todavía no sabía, pero desde que Leah los había visto a los ojos sentía que una parte suya no le pertenecía, o mejor dicho que esa parte parecía pender entre los dedos de ella. Lo cual era absurdo, porque si se ponía a pensar en ello su alma estaba entrelazada con la de su parabatai, sin embargo, una parte suya parecía no, sentía que palpitaba solo por ver a la chica. ¿Su corazón?

Jace se llevó la mano a su pecho y apretó su camiseta oscura entre sus dedos, sus palpitaciones eran irregulares, casi frenética como si estuviera en una batalla con algún demonio, pero no había peligro se dijo, sin embargo, le seguía embargando unos sentimientos que no sabía de donde habían salido. Trago saliva y cruzo sus brazos hasta su postura denoto aplomo y severidad mientras sus ojos dorados resplandecían de cierto comando de autoridad.

-¿Vais a decirnos qué pasa?

Al final es Alec el quien habla, da un paso al frente y mira con los ojos entrecerrados a todos y cada uno de la pequeña manada.

El alfa es el que se irgue más si es posible, revelando una altura monstruosa que compite con la de Alec, salvo que su parabatai era unas pulgadas más bajo, sin embargo, no se achanta y aprieta firmemente con sus dedos el carcaj y espera con paciencia.

-Sólo podemos hablar con ustedes dos-murmuro Jacob mirando fijamente a Jace e Isabelle. -No podemos ir contra las normas de la manada, si quieren saberlo tendrán que venir esta noche a la fogata que haremos.

Alec abre la boca lista para replicar, ¡como si fuera a dejar ir solo a su parabatai!

-De acuerdo-dice Jace, mirando con cierto desinterés al alfa, Izzy asiente sin decir nada, pero su postura es rígida, preparada para todo, cualquier imprevisto.

….

Seth que se había sentado lo más cerca de su impronta está feliz, jodidamente feliz de solo sentirla ahí, cerca suyo y a la vez lejano porque todavía no sabe nada, pero es feliz joder. Su impronta está ahí, y su corazón y alma parece al fin completo. Cada fibra de su cuerpo parece entrelazada con ella, su mundo es ella, es tan hermoso y aterrador al mismo tiempo que no puede dejar de reír por lo bajo. Esta feliz y no sabe cómo expresarlo. Así que se desvive en el corto periodo que esta con ella en complacerla, cualquier pregunta al azar es rápidamente contestada por él, y ella parece terriblemente curiosa por él, sus ojos negros no dejan de mirarlo, aunque a veces hay cierta chispa de burla en ellos, aun así, no importa se dice Seth.

Leah entra de nuevo en el salón y entre sus manos lleva una bandeja con muchos bocadillos que parece que son para veinte personas, Alec le ayuda a dejarlo en la mesa y Leah asiente, no da las gracias, pero sus ojos que miran los azules de Alec parecen agradecerle. Vuelve a marcharse a la cocina para luego salir con otra bandeja con más bocadillos, patatas fritas de bolsa y bebidas enlatadas y las deja en la mesa. Carraspea un poco y cruza sus brazos sobre su pecho.

-Pueden comer todo lo que quieran. -es lo único que dice para sentarse a lado de Seth y apretar su delgada figura en la de su hermano, Seth se levanta rápido y le da a Isabelle un bocadillo de jamón y una coca cola con una sonrisa tan resplandeciente como si fuera el mismísimo sol. Leah a su lado rueda los ojos y mira a Jacob que está en el rincón hablando por su móvil, su postura es relajada, pero Leah no pierde detalle de que por unos segundos aprieta con fuerza el móvil. Gira bruscamente y suelta un; "¡De acuerdo!"

Leah sabe sin preguntar que Jacob esta así por culpa de Sam, el estúpido de Sam que es el único que hace perder los estribos de su alfa, aparte obviamente del chupasangre de Edward Cullen.

-Los otros también estarán en la fogata. -dice Jacob relajando el semblante y cogiendo tres bocadillos de golpe, se sienta en el reposabrazos del sofá, cerca de Leah y le mira de reojo. -No pude evitarlo. -le dice suavemente a Leah, como intentando desembarazarse de esa situación incómoda. Leah le gruñe algo por lo bajo y coge una coca cola y bebe, preguntándose qué mierda quería ahora Sam. Frunce el ceño y mira a Jacob.

-Da lo mismo…él siempre es un dolor en el culo. -dice Leah pensando cómo será la situación.

Siendo Jace su imprenta está segura de que no habrá peleas, porque a ninguna imprenta se le podía dañar, eso era sagrado, tanto como si estuvieras atentando contra la vida de uno mismo. Eso lo sabían todos, y Leah por esa parte estaba relajada, sin embargo, había una parte que la otra manada no sabían de su imprenta, no parecía un humano normal y corriente y eso acarrearía problemas, después de todo las personas temen a lo desconocido como a la imprenta de Jacob, que querían asesinarla por ser un nuevo ser desconocido, pero cuando Jacob imprimió todo quedó en nada. Leah se restriega la mano contra la sien.

-¿Es tan malo conocer a vuestros otros compañeros de manada? -pregunta la pelirroja, tomando con tranquilidad un bocadillo y mordiéndolo suavemente. Jacob le mira y engulle el primer bocata para dejar la servilleta en su pierna y comer el siguiente. Seth abre la boca para responder, pero Leah le calla con una mirada.

-Somos compañeros, es verdad, pero no somos de la misma manada.

Alec que bebía con tranquilidad su bebida deja de hacerlo y levanta una ceja.

-Es casi imposible que dos manadas estén en un mismo sitio sin tener problemas, ¿Cómo es eso posible? -pregunto-Los hombres lobos son muy territoriales y no permitirían que otra manada está cerca.

-Te olvidas de que nosotros no somos hombres lobos-dice Jacob cogiendo otros dos bocadillos y sonriendo por lo bajo.

-Jacob es el verdadero Alfa de la manada, pero fue uno de los últimos en transformarse y por eso el primero que se transformó hizo de alfa, pero muchas cosas sucedieron…

-Déjame adivinar, al primer alfa se le subió el poder a la cabeza. -dice burlonamente Jace.

Leah sonríe con burla.

-No, Jacob no quiere ser alfa, por eso lo dejo a él. Pero como dije muchas cosas sucedieron…

-Cosas que está prohibido decírosla…por el momento. -habla Jacob, cogiendo otros dos bocadillos ante la mirada sorprendida de los nuevos. Leah le golpea el muslo gruñendo.

Reina el silencio durante breves segundos hasta que la pelirroja habla de nuevo.

-¿Por qué solo lo diréis a Izzy y Jace?

Su ceño se frunce y sus labios hacen un mohíno, Jace a su lado le da un ligero y juguetón empujón que hace reír a la chica y Leah aprieta entre sus dedos la lata, siente la garganta cerrada. Jacob le aprieta el hombro no de forma reconfortante, sin más bien para evitar que pierda los estribos solo por esa muestra tan íntima que parece rodear a ambos chicos. Una parte de Leah se pregunta si tendrá tan mala suerte de tener una imprenta que tiene una pareja o relación estable con alguien más, y quizás sí la tiene, porque después de todo es Leah Clearwater. La primer cambia formas femenino. La mujer que no puede tener hijos. La mujer que no podrá escapar de su tristeza si su imprenta la deja. La mujer que fue abandonada por su primer novio. La mujer que fue engañada.

Leah se levanta bruscamente y va a la cocina.

-Voy a traer más bebidas.

….

Seth carraspea para aligerar la tensión y pregunta curioso a los chicos.

-¿Por qué oléis diferente al resto de humanos?

Jacob se deja caer en el sofá y rueda los ojos.

-¿Es lo primero que preguntaras? No sé yo, pero creo que la pregunta correcta sería ¿Cómo podéis matar a los chupasangres? ¿Sois humanos corrientes o no?

Toda facción de buen rollo parece escaparse del pequeño salón ante la dura voz de Jacob, no deja de comer, pero se siente el aire más opresivo. Jace se levanta de su silla y le mira.

-Responderemos cuando lo hagáis vosotros.

Dice apretando los labios, sin siquiera temer nada, a su lado Alec mira al alfa, preguntándose si está o no ofendido, pero parece que no porque ríe por lo bajo y se escucha muy, muy suave que dice algo como "Ya entiendo porque Leah…"

….

Cuando Leah vuelve a salir deja en la mesita más bebidas y su cara es dura como la piedra, evita mirar a nadie y sube por las escaleras.

-No tardes-insiste Jacob comiéndose el resto de los bocadillos que solo fueron prácticamente consumidos por los dos cambia formas ante las miradas de asombro de los nuevos.

-Claro que no, oh gran Alfa. -gruñe Leah burlonamente.

Jacob rueda los ojos.

….

Clary y Alec son los que se quedan en la casa, sus rostros son serenos pero sus ojos denotan preocupación, Izzy dice que no preocupen y Jace le aprieta el hombro a su parabatai.

-Ten cuidado Jace. -murmura mirando a su parabatai. Jace asiente. -No hagas nada estúpido.

Salen por la puerta y ven con asombro que las calles parecen haber desaparecido por la oscuridad, solo hay una espesa oscuridad que parece común para los cambia formas ya que se adentran por los árboles cercanos de la casa. Jace se levanta la camiseta y con su estela activa la runa de visión e Izzy le imita, no pierde detalle después de activar la runa la mirada de curiosidad de todos los cambia formas. Caminan alrededor de unos quince minutos y cuando está a punto de preguntar cuanto tiempo durara el camino ve agua, una playa pequeña casi oculta entre árboles que la rodean. Puede ver a pesar de la oscuridad una pequeña fogata, y alrededor varios hombres mirándolos. Todos sin camisa y solo pantalones cortos y descalzos, Jace hace una mueca, no es como si estuviera haciendo un frio infernal pero maldita sea, no era como para andar casi desnudos. Mira de reojo a la única chica de la manada, lleva unos pantalones cortos que se ciñen muy bien en sus muslos y dejan ver la porción de sus piernas al descubierto, y una camiseta de tirantes. Jace mira más y descubre que no lleva sujetador y eso de alguna forma le hace sonreír.

Bajan despacio hacia la playa y Seth que no se había despegado de Izzy corre hasta la manada y golpear las manos de los demás mientras ríe. Sus compañeros le revuelven el pelo y le felicitan y Jace se pregunta de qué.

Cuando llegan hacia ellos descubre que están sentados en ramas de árboles o en el mismo suelo, eso sí, rodeando la pequeña fogata.

-Lee-Lee -saludo Sam, mirando a Jace, despego los ojos del chico. -Jacob nos contó, ahora podrás entender lo mío y Emily.

Leah que no había dicho nada cerro los puños lo más fuerte que pudo hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Abrió la boca y gruño fuertemente.

-¡No me llames así! -le gruño avanzando y empujando a Sam en el proceso. Jacob agarro del hombro de hombre que a Jace le parecía un monstruoso ser, era alto, más bajo que Jacob eso sí, de hombros anchos y brazos fuertes como si se pasara toda la vida en gimnasio.

-Déjala en paz Sam.

El cambia forma se soltó del agarre de Jacob y fue a la fogata a grandes zancadas.

….

Cuando todos estaban sentados, incluido Jace que se sentó cerca de Izzy y miraron sin decir nada el fuego arder. Jace comprobó que entre los cambias formas no había más mujeres, solo hombres que de alguna forma se parecían los unos a los otros porque tenían la piel morena y tantos músculos que parecían seres que tomaban esteroides, Jace de alguna forma tuvo cierta envidia, pero luego se le paso porque pensó que era ridículo, después de todo Jace también tenía músculos, aunque no fueran tan absurdamente pronunciados como los cambias formas. Jacob los presento uno a uno, el primero fue el hombre que crispo los nervios de Leah, Sam el alfa de la otra manada, luego Quil, Embry, Jared.

No dicen nada durante unos minutos hasta que Jacob carraspea.

-Estamos aquí porque Leah y Seth imprimieron en ustedes. -empezó Jacob mirándolos a ambos, los ojos dorados de Jace miraron a todos los de la manada, no dijo nada para que terminaran de explicar. -Pero quizás deberíamos comenzar por el principio…

Sam a su lado asintió y miró la fogata de forma curiosa, casi como nervioso para terminar de una vez.

-Hace años, nuestra tribu vivía feliz, con tranquilidad y armonía, esa paz se vio afectada cuando vinieron de otra tribu llamada Makah. La tribu Makah acuso a nuestra tribu de haber secuestrado a sus mujeres, pero en ese tiempo el jefe de la tribu, Taha Aki negó esas acusaciones, nuestra tribu no tenía nada que ver, pero no le creyeron, así que Taha Aki decidió buscarlas, saber qué había pasado con las chicas , las encontró, todas muertas sin sangre, toda mujer que desaparecía se daba por supuesto que algo, un ser maligno las mataba, así que Taha Aki pidió a los espíritus ayuda, necesitaban parar toda esa muerte innecesaria y limpiar el nombre de su tribu. Así que se transformó, Taka Aki fue el primer cambia forma de la historia de nuestra tribu, encontró a un ser, idéntico a un ser humano, con manos, pies, un humano es lo que parecía, tenían una belleza de otro mundo, pero su piel era tan pálida y fría como el granito , sus ojos rojos como la sangre, y lo peor de todo fue descubrir que su corazón no latía, ese ser estaba muerto. Taka Aki lucho contra la criatura, lo despedazo con sus dientes y luego lo quemo cuando la criatura volvía a querer unir sus miembros.

Las muertes pararon, y no volvió a saber más esa clase de criaturas, y las muertes pararon. Pero años después volvió a suceder lo mismo y la tribu Makah volvió a culpar a nuestra tribu, Taka Aki envió a su hijo mayor Taha Wi para saber que ocurría con otros miembros más de la tribu y manda, cinco personas, que buscaron y buscaron hasta que su nariz captó un olor a amoniaco , un olor que hacía doler su nariz, siguieron el rastro y encontraron los cuerpos de las chicas muertas, todas desangradas, igual como las primeras desapariciones años atrás. Se encontraron con un ser, un monstruo con una belleza aterradora, lucharon, pero el monstruo los asesino solo mordiéndoles, murieron en la peor agonía que podían tener cualquier ser humano, los cambias formas se dieron cuenta que la mordida de ese ser los envenenaba, era veneno puro para sus cuerpos que antes rápidamente se curaban, murieron en la peor agonía impensable. Taka Aki espero y espero a su hijo, y se dio cuenta de que había muerto cuando no pudo escucharlo, cuando no pudo sentirlo por la conexión mental que tenían cuando se transformaban.

Taha Aki lloró de dolor, su hijo había muerto. Así que se volvió a trasformar para buscar al culpable y lo encontró. Lo mato y destrozo con sus dientes, llevo el cuerpo a la tribu Makah y nuestra tribu; Quileute, para que vean al culpable de todas esas muertes. Y quemo el cuerpo cuando intento unirse de nuevo.

Pasaron los años, muchos y la primera esposa de Taha Aki murió, luego su segunda esposa, Taha Aki no había cambiado nada, seguía como años atrás, parecía que el tiempo para él no seguía, se dio cuenta de que era inmortal. Entonces sucedió, se encontró con una joven mujer de nuestra tribu, cuando sus ojos fueron capturados por los de ella, imprimió. Todo su ser era anclado a la de esa mujer, desde su alma hasta su corazón parecían girar en torno a ella, esa mujer era su mundo. Taha Aki decidió dejar de transformarse para poder envejecer con su imprenta.

Las desapariciones volvieron a ocurrir, y Taha Aki envió a su hijo, Yaha Uta, hijo de él y su imprenta, su tercera mujer, Yaha Uta trajo al frío ante la tribu, tenía los labios manchados de sangre, había asesinado a los de la tribu. Lo quemaron. Pero después llegó la pareja del frío a vengar su muerte, asesino a Yaha Uta y los otros de la manada, Taha Aki decidió transformarse para salvar la tribu, pero estaba perdiendo, la mujer fría era fuerte, mientras más bebía sangre parecía más fuerte, entonces la tercera esposa de Taha Aki decidió apuñalarse para distraer con el olor de su sangre a la mujer fría, ella se distrajo y Taha Aki la destrozo, las muertes acabaron ahí, pero Taha Aki roto de dolor porque su mundo se había ido, desapareció por el bosque, nunca más se supo de él.

Por eso en nuestra tribu Quileute cada vez que hay un frío cerca nos transformamos para defender la tribu.

Jacob dejo de hablar y miró a Jace e Izzy. Ambos miraban con asombro. La mujer fue la primera en hablar.

-Eso es… asombroso. No sois hombres lobos, no os afecta nada del mundo de las sombras, sois como una especie nueva.

Jace apretó sus manos en sus muslos y miro a alfa.

-¿Sois inmortales? -pregunto.

Jacob asintió, pero decidió hablar.

-Lo somos solo cuando decidimos transformarnos. Una vez dejemos de hacerlo volveremos a ser humanos normales y corrientes.

Izzy apretó sus dedos en su sien, intentando procesar la información, pero cayó en cuenta en algo.

-Dijiste imprenta. ¿Qué es exactamente? -pregunto curiosa. Leah fue la que respondió.

-Cuando alguien imprime, es decir le mira, no, mejor dicho, encuentra su pareja, su alma gemela si quieres decirlo. Quedan entrelazados, su alma, corazón gira entorno a la imprenta.

-¿Cómo un matrimonio para toda la vida? -pregunto Izzy. Leah negó.

-Más fuerte que un matrimonio, más fuerte que cualquier lazo humano que hay. Sin embargo, la imprenta decide lo que quiere, no se puede obligar, podemos ser amigos, hermanos, o ir a algo romántico. Casi siempre todo es romántico. Después de todo somos almas gemelas.

Dijo Leah no sin tristeza para ver a Sam que le miro y bajo los ojos. -Imprimí en ti.

Susurro Leah, mirando a Jace que no despego sus ojos dorados de los de ella. -Seré lo que quieras que sea, una hermana, una amiga… una pareja… lo que tú quieras.

No espera respuesta por parte de Jace y se levanta de un salto mientras se marcha, no corre, no huye, Leah no es cobarde, pero tampoco esperara por siempre, ella no dejara pasar el más mínimo indicio de felicidad, aun si no es con su imprenta , porque a pesar de todo Leah era orgullosa.

No va a suplicar por amor.

...

Leah entra a su habitación, no dice nada a la pareja que los espera, ni intenta mostrar otra cara de que no sea más indiferencia. Se deja caer en la cama, siente el vientre revuelto, cree que va a vomitar. Tapa su rostro con sus manos y piensa.

No importa se dice, no importa si su imprenta no quiere nada con ella, Leah a estado sola y no se ha muerto por estarlo, aunque tampoco se podría considerar vida a lo que ha estado haciendo esos últimos años, pero no importa se repite.

Sin embargo, nada a ocurrido, ha seguido adelante quizás por su testarudez, quizás por llevar la contraria al mundo, sí, se ha vuelto retorcida, a herido con palabras en más de una ocasión y su corazón se ha roto día a día, pero ha seguido adelante porque no quería y podía darse el lujo de dejarse arrastrar por el dolor. Porque era fuerte, era una roca, y aunque a veces parecía a punto de perder una lucha invisible salía vencedora. Después de todo eso le enseño su padre. Se fuerte. Se fuerte.

Leah sin proponérselo llora, porque joder, duele, todo parece que se le escapa de las manos. Ni siquiera su imprenta, su mundo parece querer nada con ella.

...

Seth no es de esas personas que fácilmente son derrotadas por la tristeza, tampoco pierde su sonrisa a pesar de todas las adversidades que ha pasado a lo largo del tiempo. Porque Seth cree que todo puede ir a mejor.

Cuando murió su padre Seth quería llorar, quería maldecir, quería destrozar, Seth se había derrumbado, pero tenía a Leah, tenía a Sue, su madre, tenía a amigos, y podía y debía seguir adelante, porque a su padre no le hubiese gustado verlo roto de dolor, como si fuera un trapo sucio tirado en un rincón. Así que Seth salió adelante, sonrió de nuevo y ayudo a Sue, le abrazo cuando ella parecía romperse, acaricio mechones de pelo de Leah cuando recordaba a Sam, o cuando veía a Emily besar a Sam. Seth fue la roca de su pequeñísima familia, a pesar de su edad Seth era alguien con el quien todo el mundo podía confiar.

Pero eso no exime de dolor cuando Izzy, su imprenta le mira y susurra "Debo pensármelo"

Porque podía suceder que su imprenta no quiera nada con él, porque podía ocurrir que ya estaba con alguien. Pero Seth no perdió la sonrisa que le dio y fue a la habitación de Leah, no entro, ni llamo, se quedó sentado en el suelo mientras le escuchaba llorar. Porque cuando Leah le necesite él estará ahí, le abrazara y le dirá "Todo irá bien Lee"

Y aunque su corazón se rompa si la impronta no es aceptada Seth seguirá ahí, sonriendo, abrazando, ayudando. Seth estará ahí para seguir viviendo.

...

Alec no entiende mucho de lo que está pasando, tampoco intenta como Jace exigir información, se contiene cada vez que la puerta se abre y entran poco a poco y a destiempo primero Leah sin decir nada sube por las escaleras, luego Seth. Minutos después entran sus hermanos, no parecen afectados, ni heridos, parecen ser ellos mismos, salvo las miradas cargadas de incomodidad.

Jace se deja caer en el sofá, no dice nada por un buen rato y Clary está nerviosa, le coge la mano y se la aprieta como intentando transmitir consuelo, pero Jace para sorpresa de Alec se suelta del apretón y miro al techo. Alec no necesita preguntar porque lo siente, Jace está nervioso. Lo siente. No por nada es su parabatai.

Carraspea y con la mirada a Jace para que salga, necesitan hablar.

...

El cielo tiene muchas estrellas, todas brillan con tanta intensidad que ambos se preguntan cómo puede ser posible no poder verlas en la ciudad de igual forma. No se dicen nada, miran y miran el horizonte, intentando transmitir tranquilidad, pero Alec sabe que es imposible, después de todo eran cazadores de sombras y seguramente su madre les espera en el instituto, esperando el reporte de cómo ha ido con el tema del vampiro. Alec restriega sus manos en su rostro y suspira.

-Nos han contado cosas Alec, cosas que parecen surrealista… ellos no son del mundo de las sombras, no saben nada de cómo somos realmente. Ellos viven en otro mundo Alec.

-Nadie puede vivir en otro mundo Jace, ellos no tendrán conciencia del mundo de las sombras, pero estoy seguro de que pertenecen a ellos.

-No Alec, no lo hacen. Su cultura, sus creencias son antiguas, ellos tienen sus propias historias, historias que parecen cuentos, pero son reales. Nos contaron el porqué de su transformación.

Se queda en silencio, quiere poder decirlo todo sin titubear, quiere, pero se calla y piensa. ¿Qué decir? ¿Contarle que su vida estaba ligada con la de alguien más, aparte de la de su parabatai? ¿Qué haría la Clave? ¿Los cazarían como si fueran molestos demonios? ¿Sería Jace acaso, capaz de olvidarse de las historias contada en la intimidad de esa fogata? ¿Y sería capaz Leah, la mujer que decía que él era su mundo, seguir adelante cuando él se marchara de nuevo al instituto para seguir con su vida, una la cual solo era a la caza de demonios? Después de todo ellos habían nacido para esa razón.

Jace gruñe con frustración, no podía dejar de lado su propia vida, aún si al parecer tenía a alguien esperando por él, Jace no era de las personas que dejaban de lado su deber por amor, no después de Clary por lo menos. Jace lo había intentado, había caído de forma brusca y tonta por Clary, roto reglas una y otra vez, tantas que parecían imposible ahora en su vida, lo habían dejado incontable veces, y vuelto otras, hasta que cada vez que volvían se hacían más daño que el propio confort que buscaban desapareciera y solo quedaba la amarga verdad en sus corazones, ya nada podía volver a hacer como antes, no por lo menos después de la muerte de Jonathan y Valentine, no, nada volvería hacer igual, y aunque dolió, ardió y quemó sus sentimientos hasta dejar cenizas ambos comprendieron que no podían volver, aún si a veces había dudas, miradas, pequeños roces que sin querer se intercambiaban. Jace había amado de una forma brutal a Clary y ésta, aunque tenía buen corazón había dudado, ya sea con Simon o de sus propios sentimientos en más de una ocasión, aquellas ocasiones lastimaron a Jace más que las heridas en batalla.

Amar es destruir.

Eso le había dicho Valentine, y Jace durante varios años había creído ciegamente eso, amar es destruir y si amas demasiado o bien serás destruido o destruirás a tu persona amada. Hasta que Clary llegó, rompió barreras, hizo florecer un aterrador sentimiento en su corazón, un sentimiento que Jace creía nunca poder encontrar otro igual, amor. Amor. Aquel sentimiento que destruía todo a su paso. Confió en Clary, se dejó llevar, arrastrar una vez y otra, hasta que las primeras veces que lo hacía habían dejado una satisfacción agradable en su pecho, se sintió a gusto, confiado, amado. Pero aquel sentimiento no había durado mucho, tantas dudas que habían tenido mutuamente habían matado poco a poco ese amor, tantas luchas internas como externas con desconfianza, tantas mentiras entrelazadas que lastimaban poco a poco. Jace sabía que nunca podría olvidar todo lo que había pasado con Clary, su primer beso, su primera vez en el lago mientras sus pechos palpitaban tan fuertemente que parecían sonidos de un tambor, aquel roce de labios en sus más íntimos cuerpos, aquella sensación de plenitud mientras se confiaban en una burbuja que sin proponerlo se rompió de golpe y quedaron a la vista sus imperfecciones, sus acusaciones, su miedos más profundos, aquellos que no podían ser obviados ni aún con todo el amor del mundo. Jace dejó poco a poco de querer, buscar y amar a Clary, y ésta se desapasiono de Jace como si fuera los últimos sonidos de una canción ya aburrida a sus oídos.

Pero aún a pesar de eso no pudieron dejarlo, no pudieron parar de buscarse durante varias semanas, aún si eso solo ocasionaba más dolor, y tuvo que ser Alec con su tranquilidad y parsimonia, con sus grandes manos haber agarrado el rostro de Jace y susurrarle "No pasa nada Jace, a veces el amor también se acaba"

Pero Jace no quería creer, porque le había costado tanto tiempo encontrar dicho sentimiento para que ahora solo se haya esfumado como si fuera humo en el aire. Jace recuerda haber mordido con tanta fuerza su almohada aquella noche, haber apretado entre sus dedos las sabanas y pensando que era el peor de los seres que existía en el mundo, ¡porque estaba dejando escapar el amor de sus manos! Aquellas que antes nunca habían acariciado como lo hicieron con Clary, aquellas que parecían vacías ahora.

Jace creyó que no merecía el amor de nadie, no, el amor jamás le volvería a buscar, Jace moriría sin volver a encontrarlo y por una parte se sintió jodidamente en paz con ello, porque amar es destruir.

Y Jace solo conoce la destrucción.

...

Alec le aprieta el hombro, se sienta en el suelo, en aquellas pequeñas escaleritas que dan paso a la entrada de la pequeña casa de Leah. Miran en cielo una vez más y Jace le cuenta todo.

-Ellos no son del mundo de las sombras Alec, tienen una historia. Estoy seguro de que es verdad, todo lo que dicen es verdad.

Le cuenta sobre Taha Aki, sobre sus terribles días de sufrimiento cuando apareció el primer frío, el vampiro. Alec escucha y calla, porque quiere tener toda la información posible para luego poder opinar. Jace agradece hasta que su garganta se cierra y le cuesta pronunciar la última palabra.

-Imprenta. Ella y su hermano imprimieron en Izzy y yo.

Los ojos dorados de Jace buscan los azules de Alec, este le da un apretón reconfortante y Jace sonríe suavemente.

-¿Qué es exactamente imprenta?

Pregunta Alec, buscando en los ojos de Jace cualquier incomodidad por si todavía no quiere decirlo. Jace suspira y se frota los ojos.

-Nosotros somos parabatai, más que hermanos, más que amantes, nuestras almas están ligadas.

No me ruegues que te deje o que regrese cuando te estoy siguiendo.

Porque a donde tú vayas yo iré, y donde tú vivas yo viviré.

Tu gente será mi gente, y tu Dios serás mi Dios

Donde tú mueras, yo moriré. Y allí seré enterrado:

El Ángel me haga esto y mucho más si nada más que la muerte nos separa a ti y a mí.

Jace jura mirando a su parabatai Alec asiente y espera con paciencia, esa era de sus virtudes, esperar que Jace se abra sin ningún tipo de fuerza para obligarlo.

-La imprenta es como… un alma gemela. Yo para ella soy su mundo Alec, ella no pudo elegir, su lobo interno eligió su pareja y esa soy yo. Soy como un maldito matrimonio arreglado para ella.

-No creo que necesites casarte con ella Jace. Si la imprenta es como un alma gemela eso quiere decir que el destino los unió por alguna razón, aún sí no puede ser elegido por ustedes mismos.

-No lo comprendes Alec, soy su mundo. Ella depende de mí y eso es aterrador…

-¿Ella te obligo acaso en algo?

-No, claro que no. No dijo mucho que digamos, solo qué…

-¿Qué Jace?

Jace se tensa, parece confuso y eso le molesta, Jace odia sentirse desorientado.

-Ella dijo que yo podía elegir, que si quisiera podía ser un hermano, un amigo, o una pareja…

Alec tararea y asiente.

-¿Y si no quieres ser ninguna de ellas?

Jace se pregunta, ¿Y si no quiere nada? ¿Cómo se sentiría ella? ¿Mataría toda esperanza de un plumazo?

-Mi alma ya no solo esta entrelazada con la tuya Alec.

Alec aprieta los labios unos segundos, pero suelta una ronca risa.

-¿Debo sentirme celoso de eso?

El rubio le empuja con el hombro juguetonamente.

-Es un lazo tan complicado, no hay juramento de por medio, solo un lazo que nos ata firmemente a los dos, para ella soy su mundo, su ser completo espera al mío pero yo…¿Y si solo la lastimo como…?

Alec le acaricia el pelo. En raras ocasiones Jace se siente indefenso, Jace es una de las personas más fuerte que conoce y eso es agradable hasta cierto punto, pero en momentos como estos Alec sabe que su parabatai no sabe cómo afrontar.

-¿Y si tú esperabas esto?

Los ojos de Jace buscan los suyos con asombro, curiosos.

-Quizás por esta razón lo tuyo Clary no funciono.

No dicen nada y Alec recarga su cabeza contra el hombro de su parabatai para trasmitir seguridad.

….

Jace y Alec no vuelven hablar largo rato, hasta que éste último informa que Maryse llamó para saber que tal iba la búsqueda.

-Madre nos espera en el instituto, no ha pasado nada, pero de seguro quiere que volvamos ya para que ella pueda volver a Idris.

Jace asiente.

-Tenemos una semana, le dije que todavía no encontramos el causante de las desapariciones y muertes de los mundanos.

Jace ríe, una petulante y burlona sonrisa.

-¿Te creyó? Que nosotros no encontremos un estúpido vampiro…

Alec se encogió de hombros.

-Le dije que quizás en vez de un vampiro era un clan entero.

-Creo que la compañía de Magnus tiene una mala influencia en ti, querido parabatai.

Alec se sonroja y calla.

No puede dormir, o bien por el viento que azota las ventanas con una furia y gotas tras gotas caen en hasta mojar las ventanas, Jace se recarga en el sofá del salón, uno bastante pequeño e incómodo, las chicas están durmiendo en la habitación de Seth y éste esta fuera patrullando, Jace cree que es su pequeña manera de escapar, pero no dice nada, Alec duerme en un sofá azulado despintado con la cabeza inclinada hacia atrás, sin duda tendrá un dolor horrible mañana piensa.

Gruñe y escucha llover hasta una figura pasa por el salón en el absoluto silencio, se pierde por la puerta de la cocina y se oye un ligero tintineo de los vasos al ser chocados, Jace se irgue y avanza, cauteloso, activa la runa de visión y ve que solo es Leah.

¿Su pareja? No, ¿Qué eran realmente?

Jace carraspea y ella aprieta entre sus dedos el vaso con agua y gira, su pelo corto azabache cubre la mitad de su rostro, pero se ve sus ojos, unos ojos oscuros y brillantes, no hay soledad, no hay miedo, solo un pétreo control y seguridad.

Hay que admitirlo la chica tenía una personalidad fuerte. Jace busca con su mano derecha el interruptor y enciende las luces, estás parpadean unos segundos hasta que se encienden e iluminan toda la cocina. Ella bebe despacio el agua sin apartar la mirada, sus cejas se fruncen y se recarga contra la encimera.

-¿No deberías estar durmiendo?

Pregunta, hay cierta malicia en su tono, pero Jace encoge sus hombros, va despacio hasta sentarse en una silla de la cocina y mirarle intensamente.

¿Qué debe decirle? Mira, lo siento, pero no puedo ser tu persona elegida, tu alma gemela, porque joder, yo no sé amar sin destruirlo todo a mi paso…

-Nos quedaremos una semana más. -informa con voz de trabajo, seria y autoritaria. Leah aprieta los labios y se le ven los dientes, unos bonitos y perfectos dientes blancos, no hay sonrisa, solo una muestra de hostilidad. Jace carraspea. -Pero si molestamos nos iremos.

Jace no deja de mirarla, leer sus movimientos como si estuviera en el campo de batalla, intentando adelantase para evitar salir herido. Ella bebe de nuevo y recoge su pelo de su rostro y lo echa atrás, su altiva mirada no vacila.

-Puedes hacer lo que quieras, te lo he dicho. Pero si os quedáis no entiendo la razón.

Jace frunce un poco más las cejas y sus ojos dorados bajan unos segundos al suelo, ve los azulejos viejos pero limpios de la cocina, pasa por las líneas del suelo hasta volver a posar su mirada en ella.

-Creo que debería contarte qué soy yo. Al fin y al cabo, tú me contaste todo.

Leah estrecha la mirada. No todo piensa ella, dejando el vaso en la encimera y presta atención a lo que va a decir.

….

Los dedos de Jace van hasta sus botas donde esconde su daga serafín, ella no hace amago de sorpresa ni retrocede, indica en silencio que continúe. Con voz tranquila Jace activa la daga con nombre de Samuel, y ésta se ilumina de un brillante blanco que parece de otro mundo. Poco a poco la luz se pierde y Jace la deja en la mesa.

-¿Qué es esa daga? -la voz de Leah sale tranquila, aunque sus hombros parecen tan tensos como si cargaran una tonelada en la espalda. Jace relame los labios y habla.

-Está daga mata a demonios.

La cocina es pequeña y se podría decir que antigua, pero es muy acogedora, hay unos pequeños armarios colgados en las paredes que antes estaban pintados de un color amarillo que con el tiempo fueron decolorándose, la encimera es de un gris con motitas azules limpio y brillante, la cocina pequeña en un rincón y una nevera a su lado, hay pequeños cajones quizás con cubiertos, todo es viejo, pero decididamente cuidado.

-Yo mato demonios Leah.

Ella aprieta sus delgados dedos en sus brazos, parece que va a saltar de un brinco y gritarle, pero se calla y con firmeza aprieta los talones desnudos en el suelo, Jace ve pequeños dedos morenos.

-Nosotros matamos demonios, todas las armas están bendecidas, por ello podemos matarlas.

-No creí que existieran demonios.

Fue la escueta y seria replica de Leah. Jace sonrío burlonamente, sus ojos dorados se cubrieron de un sórdido placer de burla.

-Hay muchas cosas que los mundanos creen que no existen, hadas, duendes, demonios, ángeles… todos y cada uno de los seres que se han oído a lo largo de los años ya sea por medio de historias, fabulas e incluso apariciones son verdaderas.

Nuestra raza existió hace miles de años para protegerse primero y luego para proteger a la humanidad de los demonios. Cuando hordas de demonios cruzaron por el mundo para acabar con los humanos hubo uno que pidió a un brujo que invocara a un ángel, un ángel llamado Raziel tan alto y grande que podía tener en la palma de sus manos a los mortales, éste bajo y el mortal llamado Jonathan pidió ayuda para poder acabar con los demonios, quería un mundo donde no existieran estos seres, y Raziel conmovido por las intenciones del mortal le dio tres instrumentos, los que serían llamados los instrumentos mortales, una copa donde derramó su sangre celestial y la de Jonathan, la Copa Mortal creo al primer nefilim de la historia, Jonathan Cazador de Sombras, curó las heridas de Jonathan Cazador de Sombras dándole su primer runa, un Iratze. También le dio la Espada Mortal, aquella que permitía que todos los cazadores de sombras dijeran la verdad al tocarla, y el Espejo Mortal para poder invocarlo si ocurría la necesidad de hacerlo.

A partir de ahí cualquier persona que bebiera de la Copa Mortal podría convertirse en Cazador de Sombras, un hijo del ángel Raziel, Jonathan Cazador de Sombras dio de beber a David y Abigail su hermana. Jonathan Cazador de Sombras y David tenían una compenetración distinta al resto de nefilim, entonces hicieron un ritual de sangre en el que tomaron la sangre del otro, juraron y pusieron el primer runa de parabatai. Más que hermanos, más que amantes, sus almas estaban tejidas una con la otra. Una compenetración que nadie podía clasificar como corriente, sus almas estaban entrelazadas unas de las otras, tan fuertemente que sentían todo, y cuando uno de los dos muriera una parte de su alma se iría con él. Pero David nunca fue un luchador nato, él quería estudiar el Libro Gris donde estaban todas las runas, David tomó el voto silencioso permanente y el juramento parabatai se rompió con ello. David fue el primer Hermano Silencioso.

Nosotros existimos para eliminar las amenazas, los demonios y poner orden en el Mundo Subterráneo. Nosotros tenemos leyes, protegemos a cada ser que hay, ya sea brujo, hada, vampiros siempre y cuando respeten las leyes de La Clave.

Leah no dijo nada, pero se veía con claridad que estaba sorprendida por sus ojos y su boca firmemente apretada.

-¿Sois hijos de ángeles?

-Sólo de Raziel.

Leah agarro con firmeza en vaso y lo lleno de nuevo con agua, bebió de un trago hasta que miro de nuevo los ojos dorados de él.

-Mi alma está ligada con la de Alec, nuestro juramento es inquebrantable, siempre estará conmigo y siempre será lo primero en mi vida, ya sea un campo de batalla o en la vida cotidiana que tenga, nuestras almas están unidas de una forma que no puede ser explicado. Así que tu lazo conmigo no es…

-No lo entiendes. -soltó Leah avanzando en dos zancadas, dejo el vaso en la mesa y bufo. -Tú alma nunca estará entrelazada como la de tu amigo conmigo, tú, tu sola presencia es suficiente para mí por el momento, la imprenta es como un lazo que yo siento hacia ti, eres como un mundo y yo un satélite que orbita a tu alrededor, hay una cuerda que me tendrá atada a ti por siempre, pero no es como si compartiéramos nuestra esencia, el alma.

Se sentó en otra silla y apretó los dedos en la mesa, sus uñas cortas se clavaron en ella y carraspeo.

-Por eso te dije que yo seré lo que tú quieras que sea, una amiga, una hermana o tu propia pareja, pero después de oír tu historia quizás tenga que darte otra opción. Seré tu aliada en la lucha que tengas.

-Tú no puedes matar demonios. -se burló Jace y de un movimiento rápido clavo la daga en la mesa, Leah ni si inmuto, su sonrisa se estiro en una maliciosa sonrisita.

-Soy una buena asesina, aunque no lo parezca he estado ya en batalla. Y no eran precisamente humanos, un clan de vampiros.

Los dorados ojos de Jace se estrecharon.

-No creí que tuviereis un clan en vuestra zona.

Leah con la mano hizo un movimiento desdeñoso.

-Qué importa. -soltó solo encogiéndose de hombros. -Solo quiero que sepas que nunca te obligaría a elegir nada. Y si no eliges nada no importa.

Su voz dudó brevemente antes de mirar otro lado y enrollar sus dedos en su pelo corto.

-¿Ha habido un caso de que la impronta haya dejado a uno de los vuestros?

Leah le miró de reojo, su ojo negro se oscureció más.

-No.

Jace asintió y miró la daga firmemente clavada en la mesa, pensando qué hacer.

-Si me voy…¿Qué pasaría contigo?

Ella no dijo nada durante un largo rato, Jace estaba a punto de volver a preguntar, pero ella susurro muy, muy bajo que casi era inexistente el sonido.

-Mi mundo se acabaría. -dejo de jugar con el pelo, su boca formó una mueca que parecía una sonrisa burlona, pero nada parecía tener gracia con esa confesión. -Sería como abandonarme en la nada absoluta. Me volvería…

Leah paró de hablar, su mirada parecía lejana, casi como viera una escena delante de sus ojos, la de Emily y Sam, el estúpido de Sam que se transformó he hirió a su impronta cuando ésta intento abandonarle después de haberse acostado con él, la maldita Emily que tenía la opción de elegir a Sam como un hermano o amigo, pero quería más, más de Sam de lo que Leah hubiese pedido si se encontrara en la misma situación, desesperado Sam después de haber probado la miel en los labios se había enfurecido, su pareja no podía dejarle, no después de entregarse con tanta pasión que parecía surrealista. El estúpido de Sam que se transformó e hirió a Emily y luego sintió un placer oscuro al entender que Emily ya no podría irse, porque era suya, deforme y herida, pero era suya, y ningún humano la querría como Sam lo habría hecho.

-…Seguiré con mi vida. -fue lo único que dijo Leah, clavó sus oscuros ojos en los dorados de él. Su voz se tornó baja. -No voy a dejar de existir por ti, eso tenlo presente.

Aunque pensó Leah, mi existencia se tornara insoportable después de conocerte.

Jace intentó creer sus palabras, pero su pecho dio palpito insoportable. Está mintiendo. Fue lo único que se dijo. Está mintiéndome en la puta cara. Apretó sus dedos hasta formar un puño. Me está mintiendo, a mí, su jodida imprenta.

Jace quería erguirse y sacudirla, decirle que dijera la puta verdad, ¿moriría? Si se fuera, ella ¿moriría?

Su corazón se apretó, quizás su rol de héroe le dijo que descubriera la verdad, pero ella no dijo nada más.

-Deberíamos conocernos.

Soltó bruscamente Jace, ella alzó con brusquedad la cabeza para verlo mejor, sus labios se apretaron furiosamente y sus ojos dieron una mirada mortal.

-No necesito ninguna muestra de compasión.

Jace gruño.

-Soy tu jodida imprenta y me has dicho que podía elegir lo que quisiera contigo, elijo que primero debemos conocernos.

Leah se levantó y dejo caer la silla, la tiro como si no fuera nada y ésta resonó en la pequeña y acogedora cocina, se paró tensa lista para cruzarle la cara de una bofetada.

-Lee.

La advertencia de Seth fue un ligero gruñido. Su mirada decía todo, ten cuidado, cuidado con él Lee.

Leah entendió, joder, ¡lo entendió!

-No soy como él, imbécil.

Le gruño y salió por la puerta, subió a zancadas las escaleras hacia su habitación.

….

Leah dio vueltas por su pequeña habitación como un león enjaulado, quería gritar, salir y decirle a Seth que no era como el imbécil de Sam que hirió a su imprenta, aunque una parte de ella quería darle una bofetada tan fuerte como para hacerle girar la cabeza a Jace. Leah podía controlarse, podía aguantar mucho, incluso que su imprenta se marche sin querer nada con ella, pero no eran idiota como para lastimarlo.

No era un puto animal.

Froto sus manos temblorosas contra sus muslos y gruño frustrada, saltó por la ventana y mientras caía al suelo se transformó en una masa peluda que corrió al bosque.

Fueron exactamente las diez de la mañana cuando Leah entro por la puerta, cubierta con matojos, ramitas y hojas por todo el cuerpo, sus prendas rasgadas cubrían apenas su desnudez, pero a ella no le importó, Seth estaba sentado en el sofá mirando la televisión mientras los invitados leían algo o susurraban apenas, pero qué idiotez pensó, podían oír todo lo que decían, aunque lo que susurraban no tenían nada que ver con ellos. Leah apenas miró a su imprenta y empezó a subir cuando Seth despegó la mirada de la televisión e informo.

-Jake nos quiere a las once en casa de los Cullen.

Leah apretó los labios y mostró los dientes.

-No voy a ir.

Seth negó con la cabeza y murmuro las palabras que Leah odiaba con toda su jodida alma.

-Es una orden.

….

Estaban cruzando el límite y sintió en su nariz un olor a amoniaco fuerte, ambos cambian formas fruncieron la nariz, Leah con más asco que Seth, y empezaron a entrar en la zona de los Cullen. Los árboles flanquean el camino, apenas los rayos de sol penetran, pero hay claridad. No saben cuánto tiempo han caminado, pero de repente ven una casa de dos plantas en medio del bosque, es nueva y se podría describir como el sueño de muchas personas, se preguntan quién vive ahí, la luz rodea la casa y los árboles bordean, son más pequeños para evitar que tape la luz y se ve claramente que han sido podados o por lo menos arrancadas las ramas.

Un borrón rápido los recibió y los cazadores de sombras se prepararon, pero Leah cruzo los brazos.

El chico que los recibe parece joven, su pelo es un revoltijo en todas las direcciones y tiene los ojos amarillos, un amarillo que no parece de este mundo, sonríe mostrando una hilera de dientes perfectos, su piel es pálida como el papel y tiene una musculatura que alarma brevemente a Alec, por si pelean claro está. Da un paso más para acercarse y la luz ilumina su cuerpo, sus brazos descubiertos por una camiseta de manga corta deja ver como su piel brilla, parece que tiene miles de diamantes en la piel, un ser que se ilumina, confundidos achican la mirada y se ven entre ellos, listos por si surge algo.

-¿Qué mierda haces?

Gruño Leah, una sonrisa filosa se extendió por los labios de Emmett Cullen.

-Quería ser el primero en ver a tu impronta, perra.

Le dijo burlonamente, Leah apretó las cejas.

Seth siguió adelante como si no fuera nada, pero los cazadores seguían tensos. Leah decidió terminar todo.

-Pues ya que lo has mirado vete.

Emmett soltó una risita.

-Aquí veo muchos, dime quién es, Lee-Lee. -se burló el vampiro. Leah se tensó.

-¡No me llames así, chupa sangre!

-¡Oohh, la perra esta furiosa!

Leah y Emmett tienen una relación un tanto extraña, quizás no tan complicada como con el resto de chupa sangre, no son amigos, pero Leah tampoco le considera un enemigo a muerte, aunque a veces, como está, a Leah le gustaría arrancarle de un mordisco la garganta y echar su cabeza al fuego. Siente sus colmillos salir y cuando cree que se va a trasformar para arrancar la cabeza del chupa sangre aparece otro con la misma rapidez. Leah gruñe.

-Es el rubio -dice Edward, como si no fuera la gran cosa con sus ojos amarillos. La boca de Leah se aprieta mordiéndose con los dientes y farfulla algo que no se le entiende muy bien, pero que Edward entiende.

….

El olor a amoniaco no se va del ambiente y los cambian formas están seguros de que si marchan ahora aún seguirán oliendo el hedor, pero respiran hondo e intentan respirar por la boca. Todos los cazadores de sombras están pendientes del cambio de actitud de Leah, luego Seth que parece no importarle nada y por último Jacob que recorre la casa como si le perteneciera.

Los vampiros, todos ellos, abren las ventanas y airean la habitación mientras corretean de un lado para otro para traer bebidas y comidas, no comen, pero son buenos anfitriones, o por lo menos lo intentan. Pero los cazadores de sombras no pueden evitar preguntarse como aquellos vampiros pueden caminar por la luz del sol sin sufrir la destrucción completa, solo brillan como si fueran un maldito árbol de navidad adornado con lucecitas. Aunque habría que admitir que desde el punto de Jace parecían perfectos, no tanto como él obviamente, pero eran, descritos de un punto obvio sin nada relacionado con la sexualidad, hermosos.

Desde la mujer que se presentó como Esme con una cara en forma de corazón, y un rubio de facciones perfectas llamado Carlisle, a una pequeña chica que parecía una muñequita, Alice, a otra mujer rubia que competiría y ganaría estaban seguro a la belleza. Un vampiro tenso y con la mirada cargada de duda le mira a lado de la pequeña vampiresa, Jasper. Por las escaleras baja otra con una niña de unos doce años en brazos, Jace nota su mirada amarilla y sin proponérselo la chica le da una mala sensación.

-Bueno, vais a decirnos o no, ¿Por qué estos humanos huelen diferente? -El que pregunta es Emmett con su característica sonrisa mientras a su lado Roseli frunce la nariz perfectamente perfilada, el resto de los vampiros le miran con reproche, pero él se encoge de hombros. -No es como si no pensasteis en ello.

Suspira para abrazar a la chica de su lado y dar un beso suave en su mejilla. Edward, los mira durante unos segundos y sus ojos amarillos se estrechan más y más, su boca se tensa y gira bruscamente a ver a Leah, hace lo mismo y ésta se para de un salto y en grandes zancadas empuja a Edward que no se mueve ni un milímetro.

-¡No te metas en mí cabeza! -le grita con la cara furiosa y los dientes a milímetros de la garganta del vampiro, entonces la mujer que tenía a la niña se mueve y de un empujón con el brazo tira a Leah, ella rueda en el aire y aterriza en una mesa de cristal que se rompe por el impacto y se clava en su piel produciendo unas heridas que sangran al instante.

Jace saca la daga serafín y se mueve con una rapidez que deja patidifuso a los vampiros, y aprovechando aquello se acerca a la chica y le deja la daga en la garganta. Bella rueda los ojos y lista para empujarlo Jace aprieta más la daga y corta la piel de granito de la vampira, ésta se queda quieta con los ojos asombrados y Edward a su lado avanza hasta estar detrás de Jace y apoyar su mano en el hombro del él.

-Ni un movimiento más vampiro. -gruñe Alec apuntando con su arco la espalda del vampiro, sus ojos azules están alertas y sus compañeras, Izzy y Clary sacan su látigo y daga, esperan cualquier movimiento.

El ambiente se torna tenso que parece imposible de romper hasta que Leah se levanta de la mesa y empieza a sacarse los cristales de la pierna derecha. Jace reduce la mirada y vigila a la vampiresa.

-¿Estás bien? -su pregunta sorprende a Leah que rueda los ojos y susurra algo entre dientes, sin responder saca todos los cristales de su pierna y empieza con la izquierda, Seth va a lado de su hermana y le saca con rapidez los del brazo, Leah gruñe. Jace no sabe si de dolor o rabia, pero ambas de cualquier forma son inaceptables.

Jacob que no había dicho nada por el momento recoge a la niña en brazos y de un empujón nada sutil que hace mover a Edward aparta de la mirada de Alec, con tranquilidad avanza hasta Jace y con la mirada dice no. No la mates. Jace se pregunta porque demonios este alfa no mata a la vampiresa si después de todo a atacado a alguien de la manada. Va a replicar cuando Leah se acerca hacia ellos y para sorpresa de Jace las heridas empiezan a sanar con rapidez, a cerrarse y solo dejar la mancha de sangre derramada.

-Déjala Jace. -Gruñe Leah mirando a la vampira con una furia descontrolada, luego tuerce el gesto y mira a Edward. -Que sea la última vez que te metes en mi cabeza Cullen, si lo haces de nuevo te arrancare la cabeza. -vuelve la vista a la vampira que mira a Jace con sorpresa que baja suavemente la daga, como diciendo que intente algo. -Y tú Isabella vuelve a hacerlo y te juro que te cazare y despedazare delante de tu marido e hija.

Una vez finalizada la amenaza empuja con su mano derecha el hombro de Jace y vigila de cerca.

Jacob carraspea, deja a la niña en brazos de Esme y mira a su reducida manada. No sabe cómo empezar, pero Emmett una vez más es el primero en romper el hielo con una sonrisita.

-Así que no sois humanos corrientes…

Jacob se pregunta si un lobo puede sentir dolor de cabeza, pero de igual forma eso está por ser respondido en breves instantes.

….

Esme limpio el desastre en menos de un minuto y trajo más bebidas para calmar el ambiente, están sentados en unos sofás blancos impoluto que parece jamás haber sido usados. Nadie dice nada, pero sus mentes corren a mil por hora, ¿Quiénes son? ¿Por qué los vampiros no desaparecen por la luz del sol? ¿Por qué ese humano se mueve tan rápido? ¿Qué es esa daga que parece poder eliminar todo rastro de vampiro? ¿De hacerles daño?

Pero Edward que no dice nada lo sabe todo, ya que leyó la mente de los chicos y la de Leah.

Leah se sienta en el suelo, sus pantalones cortos están pringados de sangre y su blusa de tirantes un poco rota por los cristales, pero le da lo mismo.

-¿Lo que leí es real? -Edward pregunta mirando de reojo a Leah que muestra los dientes, Jacob a su lado con la niña en brazos asiente.

-¿Leíste? -pregunta Izzy enarcando una ceja, Edward curva los labios apenas y mira a los lobos, como pidiendo permiso.

-El chupasangre puede leer todos tus pensamientos. Entra en tu cabeza.

Es la única respuesta de Leah que le mira con veneno, a su lado Jace aprieta los labios y mira con dureza al vampiro.

No tenía derecho se dijo, a entrar en su cabeza y leerlo como si fuera un jodido libro, a husmear entre sus recuerdos. Jace quiere levantarse y apuñalarlo una y otra vez, se pregunta qué habrá visto. ¿A Valentine? ¿Cómo lo sometía a todo? ¿Cómo le causaba dolor?

Jacob juega con la niña y le sonríe como si fuera lo más importante que hay en esa habitación, está relajado. Jace y el resto de los cazadores se preguntan el porqué.

-Es su impronta.

Dice Edward mirando a la niña con ternura. Jace achica los ojos. -No leí nada, solo que es predecible el orden de tus pensamientos.

Leah gruñe al vampiro y éste se levanta y va a lado de su esposa.

-Vámonos. -dice Leah, levantando del suelo y mirando a Seth que asiente. -Ya que has leído todo chupasangre, díselo al resto.

-¿Incluido lo que él te contó?

Leah le mira de reojo, su boca se tuerce en una mueca cruel.

-Incluso eso y no te olvides que pueden matar a vampiros, por si no has llegado a ese recuerdo.

Su sonrisa se vuelve sardónica y sale por la puerta.

Seth está a su lado, sin embargo, no dice nada durante unos instantes, mira de reojo a los cazadores incluido su propia impronta, frunce el ceño.

-No fue tan malo como pensábamos-dice Seth mirando hacia adelante, con las manos en el bolsillo. -Por lo menos ambos conocieron a la impronta de Jake.

-¿Solo para eso nos habéis llevado? ¿Para conocer a la impronta de tu Alfa?

Leah no responde y sigue, como si no hubiera oído nada, aunque la pregunta de Jace está cargada de resentimiento, algo que hace a Leah encogerse brevemente para seguir como si nada.

-¡Ni siquiera nos importa la impronta de tu Alfa!-le grita Jace perdiendo la poquísima paciencia que empezaba a tener con la chica. Leah gira y achica los ojos.

-Eso ya lo sabemos, pero tenías que conocer al chupasangre.

Es lo único que dice, no pierde detalle de los ojos dorados que se abren apenas unos milímetros para luego posar sus ojos a los de sus compañeros.

-Es apenas una niña

Dice Alec, sacudiendo la cabeza, intentando comprender. Leah aflora una sonrisa sardónica.

-Es mitad vampiro. Que su apariencia no te engañe. Esa niña toma comida humana y bebe sangre.

-¡¿No sois acaso los protectores de este lugar?! ¡Cómo podéis dejar que maten a mundanos!

Leah aprieta los puños y Seth le detiene en un abrazo férreo.

-¡No sabéis nada! ¡¿Crees que estamos aquí, como si nada, entrando en la puta guarida de los chupasangres por gusto?! Nosotros estamos para proteger estas tierras, pero la impronta es más importante, cuando Jake imprimió en esa maldita niña supimos que nunca podríamos separarnos de esos chupasangres. ¡Sabíamos lo que eso acarrearía! ¡La jodida imprenta lo jode todo!

Grita fuertemente, sacudiendo el pelo de un lado para otro, su boca se abre sin control.

-¡Si tan solo los Cullen no hubieran venido otra vez, no estaríamos transformándonos en lobos! ¡Si tan solo no estuvieran podríamos seguir nuestra maldita vida! ¡Pero llegaron y lo jodieron todo! Nosotros no queríamos transformarnos, no queríamos perder nuestra maldita vida para ir a cazar vampiros y desde luego no queríamos que tener que ser los perros guardianes de esos chupasangres. ¡Perdimos muchas cosas con los Cullen, una vida normal, sin las malditas improntas! Perdimos a nuestros…

Calla y un suspiro lastimoso sale de sus carnosos labios, tan triste que pone los pelos de puntas.

-…sólo queremos tener una vida tranquila. -murmura Seth mirando a su hermana. Le aprieta en un abrazo suave y Leah se escabulle de entre sus dedos, salta y su ropa se rasga, corre por los árboles, de un lado para otro, como una flecha perdida en la nada. Se desdibuja hasta que nadie puede ver nada. -Lee odia a los vampiros como lo hacemos todos nosotros, pero en especial a los Cullen. Con ellos empezó todo, cuando llegaron algo en nuestro cuerpo se activó y empezamos a transformarnos, en perder poco a poco a amigos, a dejar de lado la familia porque era peligroso, es cierto que no pueden lastimarnos fácilmente, pero nosotros sí podemos lastimar sin querer a nuestros seres queridos, y Lee por desgracia…sufrió la peor herida de todas.

No lo entendáis mal, los Cullen a su manera son buenos…no beben sangre humana, no matan a seres humanos, se alimentan de sangre de animales, cazan y subsidien de ello.

Antes nosotros éramos una sola manada liderada por Sam, el primero que se trasformo y se convirtió en Alfa provisionalmente, poco a poco el resto se convirtió y unos de los últimos fuimos nosotros dos, todos lo esperaban de mí, pero de Lee nadie se lo espero, un error de naturaleza, una crueldad para llevar a cuestas siempre, una herida que seguiría abierta y sangraría. ¿Sabéis por qué? Lee se convirtió en la primera mujer cambia formas, nadie tenía información de ello, ¿Cómo era posible?, todo empezó a raíz de Sam después de su transformación. La imprenta no se elige, sucede y ya está, y quieras o no sigues adelante a pesar de todo lo que pueda llegar a suceder… Sam, él hirió a mi hermana de la peor forma, antes Lee era la chica más alegre que podríais imaginar, era la personificación de la alegría, siempre sonriendo aunque a veces no había razón, Lee fue novia de Sam durante semanas, meses, hasta cumplir dos años juntos y pensaban casarse en un futuro, Lee decía que era su persona elegida, su alma gemela si queréis llamarlo, ella eligió, pero una vez Sam se trasformo él se imprimió en alguien, y todo el amor que sentía por Lee pareció morir por ello, Sam amaba a Lee, le quería como a nadie pero la impronta, la persona en la que imprimimos tiene que elegir qué somos para ellos, la impronta de Sam eligió ser su pareja, y Sam no tuvo escapatoria, porque una vez eliges lo que quieras ser para esa persona no hay vuelta atrás. Lee descubrió que Sam le engañaba, pero seguía siendo una humana normal y corriente, por ello nadie de los ancianos de la tribu podía decirle lo que había ocurrido. Ella dejó de reír, dejó de ser la felicidad en persona, sufrió por Sam, rabia, miedo, desolación…tantos sentimientos en su corazón, su cuerpo empezó a cambiar, entonces sucedió, Lee se trasformo con un grito desgarrador cuando se enteró que la persona con la que Sam le engañaba era Emily…-Seth paró y miro por donde se había ido Leah, parecía recordar todo tan vivamente que le era difícil seguir. Jace apretó los labios y el resto espero con la garganta reseca. -…nuestra prima, una hermana para Lee. Cuando Lee se transformó mi padre no lo podía creer, es decir ¿Cómo podía su hija, una mujer, transformarse? ¿Qué desgracia le sucedería adelante?, estaba tan angustiado que no aguanto y murió de un ataque al corazón, entonces le seguí yo, me trasforme y empuje a Lee contra el suelo cuando corrió hacia nuestro padre para poder ayudarle. Pero no podía, no sabíamos cómo cambiar, éramos todavía unos cachorros que no sabía lo que pasaba.

Pero nada termino con la muerte de nuestro padre, empezó lo que sería para Lee la peor de las torturas, Sam al ser el primer cambia forma y ser el Alfa de la manada, aquella a la que nosotros entramos, mostraba la felicidad día tras día a lado de su impronta. Lee lo odiaba, e intentó por todos los medios no seguir ordenes, pero no podemos decir nada contra el comando de voz, cazamos, protegimos una y otra vez a las personas, pero Lee solo quería irse y cuando Jacob se transformó, el verdadero Alfa de la manada y se separó de Sam, Lee no lo dudo, dejó la manada y se fue con Jake. Prefería mil veces seguir órdenes de Jake que las de Sam y así evitar mirar la felicidad que parecía tener con su impronta.

Para Lee todo fue culpa de los Cullen, si no fuera por ellos quizás seguiría con Sam, quizás estaría casada, con hijos…-su voz se oscureció y apretó los puños. -Por eso os digo esto, no penséis que no nos importa nada con referente a lo que hacen los Cullen, sin llegar a quererlo estamos ligados a ellos porque nuestro Alfa está impreso en Reneesme. Hemos pasado por mucho por culpa de los Cullen, hemos estado en guerra con vampiros por culpa, no sé si indirecta, de ellos. Jake comprende nuestra posición y respeta si algún día queremos irnos de su lado, ahora mismo para él lo importante es solo su impronta, la luz de su mundo.

-Pero ella no ha elegido nada aún ¿No? -murmuro Izzy mirando con sus grandes y preciosos ojos negros, Seth extendió los labios en una sonrisa, su corazón pareció aligerarse.

-No, ella no eligió aún, pero tienen todo el tiempo del mundo, como cambia forma somos inmortales y ella también lo es por ser mitad vampiro. Así que pueden tomarse todo el tiempo que quieran para pensárselo bien. -Sacudió su corta cabellera oscura entre sus grandes manos y avanzó despacio. -Deberíamos seguir.

….

Cuando entran no hay nadie en la pequeña casa, ni rastro de Leah, como se hubiera esfumado en la nada. Los cazadores de sombras se dejaron caer en el sofá y Seth empezó a hurgar en la nevera en busca de comida, no había nada, gruño con frustración.

-Iré a comprar algo para comer.

Izzy se levantó y con sus tacones altísimos y finísimos camino hacia él, a pesar de llevar dichos tacones apenas podía llegar a los hombros del chico, y eso que todavía le faltaba crecer pensó ella. Seth curvo una ceja confundido.

-Te acompañare. -su boca pintada de un color rojo sangre brillo, y Seth relamió los labios, ella sonrió. -Tenemos que hablar…

El chico asintió.

-¿No vas a ir a buscar a tu hermana? -pregunto un desdeñoso Jace mirándolo, la mirada perdida por la ventana. Seth sacudió la cabeza.

-Lee querrá estar sola. -Los dorados ojos de Jace se oscurecieron. -Pero si te preocupas por ella, debe estar en el acantilado.

Fue lo último que dijo antes de salir por la puerta.

…..

Clary fue la primera en romper el silencio establecido en el pequeño salón, llevo sus manos a su pelirrojo cabello y jugueteo.

-Creo que deberíamos irnos lo más pronto posible de aquí. No hay amenaza para quedarnos más tiempo, los hombres lobos cuidan de la zona.

-Cambia formas. -dice Jace irguiéndose, sacude sus pantalones.

-Da lo mismo, Jace. Quedarnos aquí es absurdo. Fuimos enviados para eliminar la amenaza y ellos se encargaron de eso, así que nos tenemos que ir, seguro Maryse nos querrá de vuelta.

El cuerpo de Jace se tensa, los bellos de su nuca se crispan y mira fieramente a Clary.

-Puede que ellos tengan problemas.

-No podemos meternos en problemas personales Jace, lo siento por la chica, pero debe seguir adelante. Como todos. -gruño Clary, sus ojos verdes se estrecharon.

-Es Leah, se llama Leah, Clary. -farfulla Jace, llevando sus puños a su bolsillo de su cazadora.

-Lo sé Jace, sé cómo se llama la chica, y sé que tú eres su imprenta, Izzy me explico lo que era una imprenta cuando Seth lo hizo con ella.

Jace frunció las cejas y su boca se torció en un gesto desganado.

-Pero tú eres un cazador de sombras, tu deber es ir al instituto y matar demonios, seguir órdenes. Te recuerdo, La ley es dura, pero es la ley.

-¡No me vengas con tu doble moral Clary! Recuerdo que juntos rompimos muchas reglas, y no precisamente pocas y de poco valor.

Clary apretó dos dedos en el puente de su nariz, sus pecas brillaron por la luz y su menudo cuerpo se tensó.

-¡Yo no te obligue a nada Jace!

Jace sonrió burlonamente.

-Y Leah tampoco lo hace-dijo sarcásticamente mientras salía por la puerta. Clary se sonrojo, no sabría decir por la furia que sentía o la frustración.

….

Leah esta desnuda, siente entre los dedos de sus pies la tierra y la hierba, el viento trae un olor salado a mar que le relaja y gusta al mismo tiempo, el sol se vuelve anaranjado, las nubes parecen algodón de azúcar y no puede evitar cerrar los ojos mientras extiende los delgados brazos. Separa las piernas y se prepara para saltar, su cuerpo se pone en marcha y de un salto cae en picado por el acantilado, su pelo corto oscuro baila y su cuerpo se tensa para el impacto. Cuando se sumerge en el mar no escucha nada y se siente tan en paz.

….

Jace camina por las calles, se sumerge por ellas buscando una salida para encontrar árboles y llegar al acantilado, entonces lo ve, el mar esta violento, se mueve de un lado para otro, de forma brusca y amenazante, el sol empieza a ponerse anaranjado y en lo alto del acantilado hay una figura con los brazos abiertos. Leah abriendo los brazos, con las piernas torneadas y delgadas separadas, el vientre tenso y los pechos erguidos, entonces salta y cae al vacío.

Jace grita, grita entre una maldición y miedo a la vez. Sin pensar en nada más sigue el destino de Leah.

Leah abre los ojos, mira el agua azul, transparente, el viento la mece de un lado para otro, pero no tiene miedo, se sumerge más y cuando le falta aire empieza a subir, sus piernas se mueven. Entonces algo cae cerca suyo, una mancha oscura que se hunde lentamente, algo llama la atención de la mancha, un dorado que reconocería en todo sitio, Leah nada hacia su imprenta que se hunde más y más.

Es ahí donde recién se preocupa, nada con más rabia y coge entre sus dedos la cazadora y tira, ambos salen en un sonoro estruendo de rocas chocando, un jadeo y el cuerpo inmóvil de su imprenta.

Leah corre, piedritas pequeñas se clavan en sus pies, pero le importa poco, deja caer al chico y acerca su oído a su pecho. Late, suavemente, pero late. Leah suspira y deja caer el terror que tenía en su pecho. Lleva los dedos hacia la cabellera rubia mojada y le sacude con suavidad. Jace tarda unos minutos en abrir sus ojos dorados, pero cuando lo hace Leah cree volver a imprimirse en él, se siente ridícula por breves instantes. Él busca entre sus ropas algo y saca una especie de varita, se sube la camiseta y con las manos temblorosas la pasa por una marca, una runa dice Leah, brilla y poco a poco el color vuelve al rostro de su impronta, así como el agotamiento que se pierde de su cara.

Se sienta y Leah escurre sus dedos por su pelo mojado una vez más, él no pierde detalle.

-Se supone que tendría que haberte salvado, no al revés.

Dice, y Leah sin evitarlo ríe, una carcajada burlesca y también con cierta felicidad entremezclada, si él se sorprende no lo demuestra, no despega sus ojos de los suyos.

-No necesitaba que me salvasen, Jace. Salté porque está es la única forma de entretenimiento que tenemos aquí.

Jace jadea algo, pero se recupera, guarda su varita, o lo que sea, piensa Leah.

-Tenéis una forma de diversión bastante retorcida.

-Lo dice el asesino de demonios.

Suelta ella, girando el rostro un poco y el sol por última vez da rayos de luz para esconderse, pero Jace no se pierde nada, desde las gotas de mar que resbalan por la mejilla y se pierden en la comisura de sus labios, a las pestañas largas y gruesas que dan una ligera sombra en sus mejillas. Jace le empuja contra la arena y pone las piernas a cada lado de su cintura, acaricia su mejilla y la besa.

Contra la arena, contra una oscuridad que le da la mejor visión posible, a poder, para ver a la verdadera Leah.

….

Jace no sabe exactamente cuánto tiempo ha estaba prácticamente comiendo la boca de Leah, no sabe cuánto tiempo sus manos recorrieron las caderas desnudas y se posaron cerca de su seno izquierdo, intentando escuchar su corazón, no sabe en qué momento Leah gira y él queda abajo con la tierra pringando sus ropas, y tampoco sabe cuánto tiempo Leah le besa el cuello y mueve las caderas de un lado para otro, de forma jodidamente sensual. Jace baja sus manos hasta su vientre y acaricia muy suavemente, ve los pezones tiesos y lleva su boca donde chupa y muerde, y Leah jadea.

-Tenemos que cambiarnos-gruñe Jace, subiendo la mano para acariciar la mejilla de ella. Leah gruñe.

-No tengo frio. -murmura Leah, bajando su boca hasta las de él, besa muy, muy suavemente. Jace resopla.

-Hace frio, Leah. -informa, porque lo siente. Siente que el viento se vuelve más frio y no ayuda que ambos estén mojados y ella desnuda encima. Leah alza las caderas y baja de su cintura, abraza a Jace y esconde el rostro en su cuello.

-¿Mejor? -su voz sale entrecortada y una risita burlona. Jace rodea su cintura.

-Estás caliente. -dice, acariciando la piel de su espalda.

-Sé que soy caliente, Jace.

-Petulante.

-Rubio de bote.

-¡Hey! Que soy rubio natural

Leah no responde y entrelaza su pierna entre las de él.

-Lo que tú digas.

Si hubiera una forma de poder quedarse en ese mismo sitio por toda la eternidad, con esa tranquilidad y sintonía con su impronta Leah lo hubiese tomado, aunque sonara ridículo no habría otro sitio al que ir si no fuera con él. Pero no dice nada, y su boca busca una vez más la piel de él en un beso lento que acaricia su cuello y su nuez, Jace aprieta entre sus dedos su cadera y lleva su boca contra su sien, no hay nada más, pero por el momento eso es suficiente. La ropa empieza a secarse con lentitud y Leah no siente frío, pero Jace sí porque su piel empieza a enfriarse, de mala gana se levanta y sacude la tierra que está pegada en su cuerpo, su pelo esta tieso por la arena, pero le da lo mismo, con un movimiento de muñeca tira de Jace y ambos se miran.

Leah no tiene vergüenza y Jace no mira a otro lado, para qué diría. Su mirada dorada va desde los pequeños dedos de los pies hasta sus muslos donde se abren involuntariamente mostrando su sexo, a su vientre tonificado y duro, a sus pechos con los pezones erguidos, Leah le mira con la mirada burlona y Jace suspira, se quita la cazadora y se la tira, porque joder, no podría avanzar línea recta si ella sigue desnuda.

Empiezan a caminar con lentitud, el trasero de Leah es respingón y la cazadora no cubre mucho, a veces y solo un pequeño rato, Jace tira de Leah y aprieta su boca contra la mandíbula de ella, un beso tosco y ansioso, y Leah aprieta su mano contra la cadera de él y se rozan. Ambos jadean y vuelven a caminar.

Son las dos la mañana cuando ingresan por la puerta, Leah sacude una vez más su pelo y entra con tranquilidad, en el salón esta Alec mirando la televisión, un programa sin importancia, su ceño se relaja un poco pero su rostro adquiere un color rojizo que llega a sus orejas, desvía la mirada y Jace cruza sus brazos.

-Izzy sigue fuera. -murmura Alec, mirando intensamente la televisión. Jace asiente, quizás ni siquiera estaba Seth. Leah toma aire y duda brevemente. Solo hay la chica de pelo pelirrojo en la planta de arriba, gira y sube las escaleras directo a la ducha. Jace no le sigue, se deja caer en el suelo entre las piernas de Alec, echa la cabeza hacia sus piernas y le mira, Alec no dice nada y parece comprender todo, porque le sonríe brevemente y le acaricia el pelo.

Leah durante breves segundos se pregunta cómo de fuerte es el vínculo que los une, luego recuerda. Almas tejidas una contra otra.

El champú hace a Leah cerrar los ojos, el agua es fría, pero ella no lo siente así que le da igual, empieza a restregar su cuero cabelludo con tranquilidad mientras abre la boca, suspira agradecida. Echa la cabeza hacia atrás y jabona su cuerpo, toca su pecho izquierdo, roza el pezón y piensa en la boca de su imprenta, tan caliente, su succión, sus dientes rastrillando suavemente mientras su rodilla le roza los muslos y ella abre las piernas para dar más espacio, su boca contra su cuello y su aliento caliente contra su oreja mientras sus manos viajan a sus caderas y roza, una, otra y otra vez sus sexos, Leah aprieta sus dedos en su pezón y separa las piernas, su otra mano baja por su vientre donde se detiene unos segundos para seguir su camino, se abre los labios de su vagina y con su pulgar roza su clítoris, se introduce un dedo en su agujero y su boca se llena de un jadeo entrecortado, lo hunde, rodea y golpea sus paredes, su vagina se moja, introduce otro dedo y empieza a moverlo perezosamente, pellizca con suavidad su clítoris y suelta un jadeo entrecortado, deja su pezón y baja la mano para acariciarse el sexo, una, dos, tres y más veces hasta que su vientre se tensa y Leah se corre con sus dedos dentro, intentando hundirse más en su vagina.

Leah no está satisfecha del todo, su vagina palpita con ansia, y su mente recrea a Jace apretándole contra la arena, mirándole con la intensidad de sus ojos dorados que hacían que su vagina se abra para él. Roza sus muslos entre ellos y vuelve a bajar la mano, y con una furiosa sensación de excitación se masturba otra vez contra la pared del baño, hundiendo lo más posible sus dedos en su interior, sollozando contra el agua que moja su rostro por tener a Jace detrás de ella y que sea su polla la que llene su vagina.

Leah no duerme mucho, se retuerce en su cama varias veces y sus piernas se abren furiosamente mientras su sexo se moja y ella no puede calmar su excitación. Su mente juega con ella y cuando duerme sueña con Jace, su boca, su piel pálida y rizos dorados que caen por su frente mientras su boca le hace el amor a su vagina, mientras los dedos de él le masturba y Leah se corre en su mano y la sonrisa de Jace es jodidamente sexy, tanto que Leah pringa las sabanas de sus jugos con su sexo, y Jace en sus sueños le levanta una pierna y baja el filo del pantalón oscuros para dejar salir su polla gruesa y tiesa y le folla, furiosamente contra las sabanas y Leah grita varias veces, pidiendo más, más.

Leah se despierta a las seis de la mañana, su pelo todavía está algo húmedo y suspira, se oye la puerta de abajo abrirse muy lentamente y puede oler a su hermano. Intenta calmarse, pero parece imposible, escucha la voz ronca de Seth diciéndole algo a Izzy que habla en susurros. Leah gira y pone la cara contra la almohada.

Aprieta sus dedos entre la sabana y roza sus pies, suspira e intenta dormir una vez más.

Es curioso que Seth haga el desayuno, él casi siempre duerme hasta tarde y muy, casi nunca, a decir verdad, pocas veces hace el desayuno. Trae varias tazas y una jarra con café, varios bollos y bocadillos, su sonrisa es ancha y empieza a decir que pueden coger lo que quieran.

Alec no come mucho, pero sí toma dos tazas de café oscuro sin azúcar, Clary toma un bollo con lentitud mirando apenas a sus compañeros, e Izzy sentada en el sofá con los pies desnudos toma su café con leche y un bocadillo de vegetal. Seth a su lado mira la televisión y de vez en cuando le mira de reojo, si Izzy se percata no lo dice su rostro, pero sus labios rojizos se curvan ligeramente.

Leah baja por las escaleras con una camiseta de Seth, muy ancha, y unos pantalones cortos debajo, su pelo negro peinado pero suelto, va a la cocina y trae mantequilla, coge tres bollos los abre y echa tanta mantequilla que hace que los cazadores le miren alzando las cejas.

-Siempre tenemos hambre. -dice Seth mirando a su hermana que come los bollos como si no hubiera comidos en semana, coge tres más y repite la acción. -Nuestro metabolismo va muy rápido y por ello necesitamos comida.

Leah toma su café con azúcar mirando brevemente a su impronta que toma con tranquilidad su desayuno, hay calma, una calma que nadie rompe hasta que la pelirroja se levanta y dice. -Llame a Magnus anoche, dentro de poco vendrá y me iré con él.

Alec deja de beber su café y mira acusadoramente a Clary, como si lo que hubiese hecho estuviera mal y fuera la causante de algo, y Jace apenas ve a la pelirroja y arruga las cejas.

-De acuerdo. -dice él, dejando su taza en la mesita. -Podemos decirle a Magnus que se quede… si eso no os molesta. -murmura Jace mirando a ambas cambia forma.

Seth levanta una ceja.

-¿Es vuestro amigo, otro cazador?

Alec curva los labios con cierta burla, pero se calla, mira a su parabatai.

-No, Magnus es un brujo.

Ambos cambian forma dejan de desayunar y miran a Alec que sigue sorbiendo su café como si no fuera nada. Jace ríe por lo bajo.

-Es un brujo de unos 400 años.

-800 años-corrige Alec.

Jace rueda los ojos. -Vale, 800 años.

Seth se levanta y sus ojos brillan con entusiasmo casi infantil.

-¡Lee, vamos a conocer a un brujo de 800 años!

Leah rueda los ojos con indiferencia, pero sus nudillos que agarran la taza se vuelven blanco, está ansiosa por conocer al brujo.

….

Jacob entra por la puerta como si fuera su casa y no la de Leah y Seth, quiere decirle que deje de entrar como perro por su casa, pero se contiene y frunce la nariz, Jacob no le hace el menor caso y va directo a la cocina donde se hace cuatro grasientos y grandes bocadillos y en su mano lleva una botella de coca cola. Se acomoda en el sofá y empieza a engullir, importando poco la verdad, los modales cuando pringa el sofá y un poco de mayonesa se escabulle por su mentón.

No dice nada mientras come y bebe como el cerdo que es, y Leah le mira con asco y cierta irritación.

-¿Quieres algo más? -masculla sarcásticamente rodando los ojos y mirando a su imprenta que está leyendo algo, un librito pequeño con garabatos, runas, y ve de reojo la televisión, un programa estúpido, pero que llama la atención de él.

Jacob no responde nada y da un sorbo largo a su bebida, deja el plato sucio y vacío en la mesa y mira.

-Sam nos invitó a cenar. -es lo único que dice y por si las dudas se separa unos centímetros de ella. Leah aprieta violentamente entre sus dedos un cojín y lo retuerce como si fuera, Jacob sabe que seguro es Sam, gelatina entre sus manos. Gruñe y de un saltó va hacia su Alfa y le da una patada en la pierna y ataca golpeándolo con los puños. Jacob se protege, sacude la cabeza para mirarla, pero Leah parece no ver nada, solo una violenta sensación de desahogarse. Jacob se levantó de un brinco y da pasos hacia atrás, y luego impulsa su cuerpo largo y musculoso contra la de Leah y le apresa entre sus brazos y caen en el sofá. Leah se retuerce como un gusano y abre la boca para morder, y como Jacob conoce los ataques de Leah separa la cabeza un poco y ella gruñe. Gruñe fuertemente y vibra entre sus brazos.

-Leah no.

Ordena y ella deja de vibrar y mirarle con tanto veneno que Jacob agradece que no pueda tener un super poder, o algo por el estilo, para no morir por la mirada mortal de ella.

A su lado el cazador rubio y moreno le miran, no dicen nada, pero sus cuerpos están tensos, pero la pelirroja que mira con aburrimiento su móvil deja de hacer lo que estaba haciendo y los mira, su ceja se alza y sus labios se fruncen. Parecería como si pensaran que son estúpidos. Idiotas sin cerebros. Jacob le mira por última vez y deja libre a Leah, ésta se levanta y antes de separarse del todo le hinca la rodilla en su estómago y da un golpe fuerte. Jacob aprieta los labios y gruñe, Leah sonríe.

Pone las manos en las caderas y alza la barbilla.

-No pienso ir, oh gran Alfa. -le dice, sacudiendo la cabeza. Jacob suspira y frota su vientre. -Y ellos tampoco lo harán.

-No quieren verlos a ellos.

Es lo único que dice, mirando solo a Jace. Leah muestra los dientes.

-¡Joder!

….

A la hora de la comida Leah tira y patea en varias ocasiones los cojines y gira como un león enjaulado, importándole muy poco lo que piensen todos, tira la comida en la mesa con una furia que los espaguetis que hizo parecen a punto de caerse, pero Seth con rapidez los coge y suspira agradecido.

Los chicos y el resto comen lo más silenciosamente que pueden, porque ambos conocían la furia que podría tener una mujer, después de todo se criaron con Izzy.

Jace no dice nada, pero sabe, bueno intuye, mejor dicho, que lo sea que la mirada que dio Jacob Leah lo sabía y no le gustaba lo que estaba a punto de suceder.

Come en el absoluto silencioso que se ve interrumpido por un resplandor que hay en la puerta y dentro de unos segundos un portal hace acto de presencia. Ante el asombro de los cambia forma Magnus sale del portal. Con un chasquido de dedos se cierra el portal y mira a todos hasta que sus ojos de gato recaen en Alec, le guiña un ojo y él se sonroja.

Seth chilla, sí, chilla como un niño y corre hacia el brujo y lo mira muy cerca, su nariz casi rozando la mejilla del brujo, recorre la mirada y se centra en sus ojos de gato, su mirada se abre más y con una estúpida, pero buena, sonrisa señala y Leah siente una vergonzosa sensación de humillación recorrer por su cuerpo.

Alec deja su tenedor y va hacia el brujo, éste le pone una mano debajo de la espalda y le aprieta suavemente contra sí, y baja un poco la cabeza para besar muy suavemente los labios del chico.

Magnus mira con sus ojos de gato a los cazadores de sombras, todos comiendo como si fuera normal, casi como si estuvieran en su casa, y mirando ociosamente la televisión.

-Galleta me llamo y quería un viaje de vuelta. -dice el brujo e invoca una copa y un sofá de una sola pieza, se deja caer y en el reposabrazos Alec se sienta y mira a Clary con cierta irritación, luego al brujo y sus ojos azules se ablandan.

-No era necesario que vinieras, podrías haber hecho solo el portal. No queríamos molestar Mags.

El brujo curva los labios y encoge sus hombros. Con otro chasquido hace aparecer una taza de café y se la da a Alec, que bebe con tranquilidad.

-Me apetecía ver a mi novio.

Dice con sinceridad, Alec se sonroja. Aunque la escena en sí es de lo más normal para Izzy y Jace no lo era para los dos cambia forma, y por ello miraban casi sin parpadear y la comida que parecía más importante al principio es relegada a último plano. El primero es Seth que pregunta una y otra vez, imitando el chasquido del brujo, como puede hacer eso. Y Leah, curiosa sí, pero precavida mirada sin decir nada, hasta que los ojos gatos del brujo recaen contra los de ella y se miran. El brujo sonríe como un gato. Sus ojos brillan y luego giran para ver a los azules de Alec.

-Me figuro que es ella. -murmura, Alec asiente y le aprieta la mano. -Jamás creí volver a ver a cambias formas de nuevo. Ha pasado tantos años que es una sensación bastante curiosa.

Dice Magnus, soltando con su mano unas chispas azules, presumida creen los cazadores.

-¿Otra vez? -pregunta Leah, acercándose apenas unos centímetros más. Magnus asiente.

-La primera y última que vi a cambia forma fue en Perú. Bonito país, por cierto, si vas alguna vez visita el Machupichu.

-¿Habías visto a cambia forma y no nos los haz dicho? -Pregunta Jace, su tono se oscurece brevemente. -Entonces me imagino que tampoco informaste sobre ellos…

-¿Por qué lo diría? ¿Para que la Clave los cace como si fueran animales solo porque tienen miedo al desconocido? ¿Para que eliminen una raza tranquila que solo se desarrolla cuando hay amenaza?

Jace aprieta los labios. Cierto, la Clave. La misma que juzga con temor en el cuerpo cuando algo nuevo aparece, y que da sentencias injustas, y más si son subterráneos, y aunque los cambia forma podrían clasificarse de alguna forma en ese apartado no lo eran por completo.

-¿No somos los únicos? -pregunta un curioso Seth. Magnus niega con la cabeza.

-Después de ver por primera vez a los cambia formas me intrigue por su origen, así que busque en libros, pergaminos, historias antiguas, la verdad me costó bastante encontrar información, pero una vez lo encontré fue bastante agradable leer que vuestro origen es solo por supervivencia ante la amenaza de vampiros. Erais una tribu que vivía en armonía en la naturaleza y cuando os visteis en peligro pedisteis ayuda a los espíritus, como me figuro lo habrá echo vuestros antepasados. -ambos asienten y le miran curiosos. -Por vuestras caras me imagino que no sabríais nada del tema, lo cual es comprensible, no solíais ir divulgando vuestro secreto. Pero he decir que sois por así decirlo, como los nefilim, porque no tenéis sangre de demonio, como lo tenemos nosotros los subterráneos. Aunque vuestro origen todavía no se sabe con certeza, quizás el espíritu que rezaban en ese entonces las personas de aquellas tribus era, creo yo, un ángel. Pero claro… es mi conjetura. -vira la mirada hacia Alec e indica con la mirada, éste sube su camiseta un poco y deja ver su estela, se la tiende a Magnus que la sostiene en la mano, la estela brilla en muchos colores, tantos que iluminan su rostro. Pide en un susurro a Alec su daga de su bota, apenas coge la daga entre sus dedos, rozando casi nada y la tiende hacia Leah que le mira con recelo. -Yo soy un brujo, tengo sangre de demonio y no es cualquier demonio, podríamos decir que mi padre es un demonio importante, un ángel caído, por eso esta estela hace esto, aunque tenga sangre de demonio la sangre que corre sigue siendo de ángel, uno caído claro. -Leah le mira curiosa. -No creo que te haga daño…y si lo hace será poco.

Jace le quita la daga y le mira con los ojos entornados.

-Si no sabes el daño que podría influir en ellos no le des, no son unos conejillos de indias. -dice, intentando guardar la estela. Pero con un movimiento rápido Leah se lo quita de los dedos y lo toma, la daga palpita entre sus dedos y da un calor agradable, un color blanco casi fantasmal con motas doradas, Leah mira intrigada, nerviosa y con expectación. Jace a su lado vigila alerta, pero de su boca susurra.

-Ithuriel. Llámalo…

Leah ve los ojos dorados de su imprenta, su boca se mueve y la estela brilla más, qué sorpresa piensa, es algo hermoso.

-Ithuriel

Los ojos gatos de Magnus brillan, está sumamente intrigado.

-Quizás mi conjetura no es del todo errada…y seáis hijos de algún ángel, la pregunta sería de cuál…

Seth sonríe ampliamente, sus ojos están felices, pero hay tanta emoción que le quita a Leah la estela y repite la acción, la estela vuelve a brillar.

Alec es el que se pregunta, claro está en su mente, qué ocurriría si alguien supiera de aquella raza, cambia formas, qué le llegaría a hacer la Clave, qué consecuencias tomarían cuando sepan que podían utilizar, con formación si alguien se la daba, armas de nefilim. Qué llegaría a suceder si se enteran de las conjeturas de Magnus, hijos de un ángel, pero de cuál, aunque eso ¿importaba?

Alec teme durante unos segundos, quizás serían cazados como si fueran la próxima amenaza del mundo subterráneo, quizás lo eliminen sin siquiera toda la información completa, por miedo. Aquel miedo que hizo que la Clave quitara el puesto, un asiento, a las Hadas.

Alec se levanta de repente y mira a su parabatai que parece tener los mismos pensamientos y aprieta fuertemente su mano contra el hombro de él.

-Me iré con Magnus, hablare con madre.

Jace por una parte quiere decir no, no hables de ella sobre esto, no le digas que hay una nueva raza de algo desconocido, no le digas que seguramente pueden usar armas nefilim, no…no le digas. Sus ojos dorados dicen, pero Alec niega.

-Será lo mejor Jace, pero primero buscare información en la biblioteca sobre ellos, pero madre necesita saber sobre esto, por lo menos para cuando se entere sea por nosotros y no por otros, y así le explicare que ellos no saben mucho sobre su origen, pero quizás tengan sangre angelical. Necesitamos decírselo por si las cosas no salen como las planeamos, Jace.

Jace lo sabe, lo sabe joder. Es necesario decirlo por si la información se filtra y llega a la Clave y ésta actúa de manera equivocada, sabe que lo correcto es decírselo a Maryse para que entienda que no son una amenaza, pero aun así su mirada se pierde en los de Leah.

-Díselo, pero si las cosas no salen como lo planeado no…

-No diré dónde están los cambia formas, Jace. No revelare su paradero.

Jura Alec con seriedad. Jace asiente.

Magnus se levanta del sofá y cruza mirada con la Jace. -Buscare información sobre ellos, creo tener por algún lado un libro antiguo que quizás tenga algo, poca la verdad, información sobre ellos.

Jace asiente y quita la daga a Seth y la aprieta fuertemente entre sus dedos, su mandíbula duele.

-¿Puedes…?

Magnus no le deja terminar, levanta los brazos y chispas azules salen por sus dedos, rodean la casa y mira por última vez a los cambia formas.

-Ya está hecho. No es tan fuerte como el del instituto, pero por lo menos os avisara para que podáis retiraros.

Jace asiente, frota su mano contra su frente.

-Quizás podría ser beneficioso que informemos sobre que pueden usar armas angelicales, así vosotros los nefilim podríais tener ayuda.

Intenta Magnus a su manera, claro está, levantar el ánimo, sonriendo a los cambia formas. Izzy se levanta y va hacia su hermano, le agarra la mano y le mira a los ojos.

-Iré contigo Alec, por lo menos podremos convencer a nuestra madre de que son inofensivos y que ayudan a los mundanos.

Seth se irgue rápidamente, sus ojos antes alegres se empañan, su cuerpo tiembla brevemente y Leah a su lado le aprieta la mano en su hombro, gira un poco el cuerpo y abraza a su hermano pequeño, apenas apretando su cuerpo y mira a Izzy.

La chica de pelo negro mira con cariño a Seth y éste intenta, con gran dolor, devolver la sonrisa, su boca tiembla incontrolablemente, pero sonríe y apretuja entre sus grandes dedos una mano de su hermana.

-Iré a visitarte.

Promete, Izzy sonríe y asiente. Seth suelta a su hermana y avanza a zancadas hasta el lado de su impronta, le coge entre sus fuertes brazos y le aprieta, intentando no ejercer mucha presión, pero esa acción le resulta bastante imposible e Izzy aguanta, aunque le duele un poco las costillas. Besa suavemente la mejilla de Seth y él suspira.

-Acuérdate de lo que hablamos

….

Aunque apenas hayan pasado unos minutos Seth no puede dejar de abrazar a su impronta que no dice nada y recarga su cabeza contra su cuerpo. Magnus se acerca a Leah y le tiende una tarjeta.

-Si necesitas algo no dudes en llamarme, soy Magnus Bane el Gran brujo de Brooklyn.

Le acepta la tarjeta y mira al hombre.

-Ya debes saberlo, pero soy Leah, Leah Clearwater.

Magnus sonríe y asiente. Gira y con sus manos abre un portal en el salón, mira a los cazadores, Seth suelta a Izzy a su pesar y la deja ir, Alec se despide de su parabatai murmurando algo en su oído. Clary es la primera en cruzar, seguida de Izzy que mira por última vez atrás, Alec se despide con un asentimiento.

El portal se cierra y solo quedan Jace y Leah que miran a la nada y Seth perdido en sus pensamientos.

….

No es como si después de que se hayan marchado hubiese acabado sus problemas, pero sumando ahora la cena con Sam, Leah no sabía que elegir, el peligro que al parecer podría surgir por los nefilim o la sola y estúpida presencia de Sam y Emily. Una parte egoísta de Leah prefiere los problemas con lo desconocido, pero como todo lo que soñaba o quería difícilmente se cumplía se aguantó y con rigidez se preparó para lo inevitable.

Llevo su mano izquierda a su frente y frunció las cejas.

-Necesitamos hablar. -le dijo a Jace, indicando con la mirada hacia las escaleras. Él asiente.

Suben en silencio y tranquilidad por las escaleras, aunque Leah esta temerosa, asustada sería la palabra, por lo que dirían. Aunque Jace fuera su imprenta y le eligiera para las opciones que le había dado Leah, ella no podía obviar que podrían hacerle daño a su paquete.

Abre la puerta de su habitación y deja pasar a su imprenta, Jace está quieto y con los brazos cruzados contra su vientre, mira a Leah, no hay temor, pero sí cierto nerviosismo, y ella no sabe la razón.

Leah se sienta en su cama y cruza mirada con él, con tranquilidad rasca sus sábanas.

-Si le decís todo sobre nosotros, ¿Qué posibilidad hay que nos hagan daños?

Jace no dice nada, sus ojos dorados se cierran y sus largas y bonitas pestañas hacen sombre, Leah a regañadientes admite que Jace es hermoso. Guapo sí, pero la palabra que lo definiría sería hermoso. Sus labios se arrugan y seguido abre los ojos, se miran durante largo rato.

-Nosotros no sabemos nada de cambias formas, ni siquiera sabíamos que había alguna posibilidad de que alguna especia más aparte de la nuestra pudiera tener sangre angelical. Nos hemos enfrentado a muchos obstáculos y lo seguiremos haciendo por el bien común que es proteger al mundo de los demonios, así que…no sabría decirte con certeza que posibilidad hay de que os hagan daño.

Leah quiere creerle, sinceramente, pero no puede, la mirada de Jace está nublada y sus puños apretados firmemente, casi evita mirarla.

-No me mientas.

Es lo único que pide ella. Jace suspira, larga y tediosamente. -Alec intentara hacer entrar en razón a nuestra madre, y si todo va bien encontrara con ayuda de Magnus información sobre ustedes, por lo que ha dicho Magnus habéis existido hace años, y como no habéis causado daño alguno será un punto a favor, pero lo verdaderamente complicado será intentar hacer entender a La Clave. -Leah asiente y su uña rasca con más ansia la sábana, gira un poco. -No puedo decirlo con seguridad, pero…La Clave no se considera exactamente como magnánima.

La sonrisa que da Jace es bastante falsa, quiere transmitir seguridad, pero a Leah solo le empeora el ánimo.

-¿Debo decirle a la manada que estemos preparados?

La pregunta queda pendiente en el aire, él no responde y Leah tiene ganas de que diga, no, no es necesario. Pero Jace asiente lentamente.

-Deberíais estar preparado, debes decírselo a tu Alfa.

Leah siente que todo el aire se le escapa de los labios, su mano arranca trozos de tela y se clava contra el colchón, su mirada se oscurece y solo puede murmurar con voz cargada de culpa.

-Es mi culpa…

Jace no dice nada, espera que termine, pero tiene una idea de lo que dirá.

-Es mi culpa que estemos en otra guerra, si tan solo no hubiera impreso… si sólo no te hubiera visto a los ojos.

No hay acusación en sus palabras, solo una culpa que Jace está muy familiarizado como con lo de Valentine. Leah arrastra los dedos por el colchón que cede antes sus afiladas uñas.

-No es tu culpa, tarde o temprano hubiésemos sabido de vosotros.

Leah niega.

-Magnus no ha visto en años a cambias formas, habría la posibilidad de no encontrarnos.

Leah quiera llorar, no sabe si histéricamente golpeando todo o sencillamente dejarse caer contra el colchón y hacerse una bolita mientras solloza, se siente durante unos segundos como Isabella Swan, la estúpida chica que creó todo un conflicto por enamorarse de un vampiro, la estúpida chica que hizo girar la rueda.

Leah sabe que no debería pensarlo siquiera, no después de tanto tiempo esperando a su imprenta, pero deseo no haberlo conocido, no ser la causante del sufrimiento de su manada, no ser la autora de lo que sería, si las cosas van mal, de la eliminación de su manada. Lágrima, una solitaria lágrima baja por su ojo derecho, cae lentamente hasta que se oculta por su mandíbula tensa, sus hombros tiemblan y en un segundo Jace está a su lado, apretando con firmeza su cuerpo contra el suyo, de una forma tan íntima que una parte de Leah, la egoísta se dice, se siente bien, tan bien que se aferra a la espalda de él y le clava los dedos, desesperada por lo que siente, una parte medianamente alegre por haber conocido a su imprenta y la otra infeliz. Jace baja los labios contra su oreja y sus dedos le apresan más entre sus brazos fuertes, le da un ligero beso en el ojo y baja hasta su nariz donde roza con la suya propia. Leah aplasta su boca contra la de él y con desesperación le besa, abriéndose completamente a él, dejándole ver lo verdaderamente rota que esta, con tantas fisuras que es imposible unir las piezas, tanto dolor que carga que parece ponzoña en sus venas, y en lugar de sangre solo hay odio y rencor. Leah se desdibuja en una figura triste, débil que parece caer en un vacío imposible de salir y Jace tira con más fuerza contra sí y le devuelve el beso con tanta desesperanza que duele de solo verlo. Jace le coge entre sus brazos y gira, caen en una bola desesperada de besos en la cama y Leah se sacude como una serpiente, indecisa de mostrarse tal cual. Jace para de besarle y con las manos a cada lado de su cabeza le mira. No hay acusación por su parte, solo le mira como si fuera la primera vez que sus ojos coindicen. Se queda mirándole tanto tiempo, y a la vez poco, que Leah siente correr la sangre caliente contra las venas.

-Luchare contigo.

Es lo único que dice Jace, porque Jace no sabe consolar como lo haría cualquier ser humano normal y corriente, no sabe qué decirle, y la sola idea de repetir palabras reconfortantes le parecen absurdo y una broma, así que hace lo único en lo que es bueno, en luchar, en sobrevivir, y seguir luchando. Se aferra a eso como a un clavo ardiendo y Leah esboza una sonrisa, ni cerca de la felicidad completa, solo una pequeña y apenas visible que calma su corazón que parece a punto de explotar. Baja su boca contra el pecho izquierdo y jura besando su corazón, como si pudiera tocarlo entre sus labios se dice Leah. -Luchare contigo.

Repite, jura contra su corazón. Ella asiente, enreda sus dedos entre el pelo alborotado y tira para besarle la boca. Él se deja hacer y acaricia su pecho, dar más confort y seguridad a su juramento y Leah solo le cree, sin más, sin preguntar siguiera el porqué. Lea le cree y basta con eso, por el momento se dice.

Leah le abraza, no se despega de él y Jace aprieta entre sus dedos el pelo corto de color negro de Leah, le cepilla la mejilla a veces con el pulgar y a veces muerde con suavidad su mentón. Hay besos que a Leah le saben a cortos, porque quiere más, pero Jace no hace amago de intensificarlos y Leah le gruñe entre sus labios y él sonríe burlonamente. Son una lucha de quién es el mejor y quién cae rápidamente, Jace es un mal perdedor y Leah una ganadora tramposa, pero qué más da se dicen cuando vuelven a besarse y la mano juguetona de Jace serpentea por debajo de la blusa de tirantes de Leah y tira del sujetador hacia abajo, dejando su seno desnudo para que la mano experta de Jace le acaricie y pellizque suavemente. Está así largo rato y Leah cabreada porque solo toca esa parte y no su cuerpo entero se separa un poco y con las manos ansiosas se quita la blusa y el sujetador. Jace tiene una sonrisa socarrona, casi acusándole de no poder aguantar, y a Leah no le importa. Jace le hace girar y vuelven a caer en la cama, le besa el cuello, donde muerde una y otra vez y Leah le aprieta la mano contra la nuca para que siga, baja hasta su clavícula, sopla contra sus pezones y chupa hasta que están tan duros que hace Jace se deleita con ellos y los acaricia apenas con las comisuras de los labios.

-No juegues conmigo

Gruñe Leah, curvando el cuerpo. Jace se mueve adelante, su pantalón negro pegado le parece imposible de seguir aguantando y Leah no ayuda cuando se frota contra sí. Abre las piernas y Jace golpea varias veces su cadera contra la de ella haciendo un roce que le hace jadear y gruñir al mismo tiempo. Leah baja su mano derecha contra el botón de su pantalón corto, lo abre y baja un poco con sus bragas, sus dedos buscan su sexo y cuando encuentra su clítoris hinchado por la excitación se masturba delante de Jace, ante su penetrante mirada dorada que parece oro líquido. Abre las piernas y hunde un dedo y jadea, mueve las caderas, retuerce su pulpar contra su clítoris y hunde otro dedo más. Jace baja más el pequeño pantalón corto para ver mejor, Leah se abre para él, piernas separadas y su sexo con dos dedos enterrados en su interior mientras la humedad escurre por sus muslos. Jace agacha la mirada y lame los muslos y Leah deja de masturbarse, ansiosamente apresa entre sus manos la cabeza de Jace y suplica que le bese. Jace saca la lengua y recorre el muslo húmedo, arriba, abajo, repite la acción y Leah se estremece. Intentando ayudar Leah se separa los labios vaginales y Jace empieza a lamer, a golpear con la lengua su clítoris y chupar. Leah se moja más y se retuerce, caderas subiendo con desesperación y la mano de Jace apretando para que se quede quieta. Con la otra mano Jace coge la de Leah y le invita a que siga tocándose, aunque él sigue comiéndole el coño con tanta hambre que los muslos le tiemblan. La mano de Leah baja y la lengua de Jace le da un lametón cuando llega a su vagina.

La lengua de Jace entra, da golpecitos contra su clítoris, entonces Jace apresura más las lamidas y Leah lleva las manos hacia su boca y se corre, su cuerpo se arquea y los dedos de sus pies se fruncen. Jace se separa y se relame los labios mientras la humedad de Leah escurre por la comisura de sus labios.

La respiración y cuerpo tembloroso de Leah hace que Jace se eche a su lado y le abrace mientras su mano viaja hasta la cabellera corta de ella y le acaricie. Leah jadea algo y Jace ríe.

…..

Tarda en la ducha lo máximo que puede antes de que Seth toque y le diga que Jake le esta esperando abajo. No tiene ganas de ir a la maldita cena con Sam, pero si no es como si dijera a los cuatro vientos que es débil, y Leah prefiere pasar por el infierno antes de que el mundo le considere débil.

Así que con el cuerpo tenso saca su pantalón corto y una camiseta de Seth, baja por las escaleras y Jake le recibe con un gruñido.

-No era necesario que vinieras, sé el camino. -masculla ella y Jacob rueda lo ojos, encoge los hombros y murmura algo que suena como "Como si no necesitaras una patada en el culo para ir"

Leah achica los ojos y camina, de reojo ve a Jace que no toma en cuenta nada, a decir verdad, parece como si le fuera indiferente y a Leah esa actitud le molesta un poco, bueno mucho. No llega a entender por completo a su impronta, no han llegado a hablar del tema correctamente, ya sea porque Jace es un buen besador que le hace olvidar, y si le preguntan a Leah lo negara como una jodida perra rabiosa, o porque Leah a veces solo se conforma con tenerlo cerca. Dando lo mismo ambos casos Leah sabe que tiene que hablar con su impronta, no podían estar besándose toda la vida, aunque sería lo suyo, y no hablar sobre el elefante rosa, metafórico, que hay en la habitación mientras se besan. Aunque sea un tema bastante peliagudo que podría tornarse bastante hiriente, dependiendo en cómo termina, necesitaban aclarar muchas cosas, pero Leah siempre sería ella. Jamás obligaría a elegir a nadie, no después de todo lo que había hecho Emily por lo menos, así que esperaría, no siempre y mucho, pero esperaría para hablar con Jace.

Aunque eso ahora mismo carecía de importancia, lo importante por el momento era hablar con la manada, aprovechar el momento en que estaban todos por lo menos, para hablar sobre los nefilim, sobre el mundo de las sombras y desgraciadamente para lo verdaderamente importante, que su secreto seria rebelado y a saber cómo actuarían hacia ellos.

Cuando llegan al destino Jacob abre la puerta y entra, Leah mira la puerta con tanto asco que le es difícil poner una mano en el pomo y empujar, da breves suspiros e inspira, intenta relajarse, pero le es complicado así que Jace para aligerar el ambiente abre la puerta y la sostiene, sus ojos dorados están tranquilos, y Leah ante ello se tranquiliza y entra.

El salón de la casa de Sam y Emily está amueblado para el gusto de Leah demasiado infantil, con cojines de colorines que le irritan y manteles individuales en la pequeña mesa que está delante de la televisión, seguramente para no dejar marchas de las bebidas, y el sofá de un color amarillo suave de tres plaza abarca casi todo el sofá y Leah visualiza y ríe a un Sam intentando girar por ese minúsculo espacio, tose y se acerca a la manada que están sentados en el sofá y en el suelo a pesar de que Emily le ofrece una silla, Leah los imita y se sienta en el suelo ante el tenso momento cuando Emily le ofrece una silla, Jace mira con curiosidad el intercambio corporal de ambas mujeres y decide por la seguridad de la chica mundana estar cerca de Leah, solo por si las dudas, Jace se sienta detrás de Leah y abre las piernas y ella con una naturalidad se sienta entre ella y aprieta la mano contra la de él. Los cambias formas están quietos, no dicen nada hasta que de la cocina empiezan a salir varias mujeres y una niña pequeña. Todas se tienen la misma piel morena y pelo oscuro, hay una con unos pómulos altos y boca ancha llamada Kim que avergonzada le da una bienvenida, seguida de otra con una burlesca sonrisa llamada Rachel, que coge entre sus dedos a una niña pequeña que mira más entretenida su peluche que a Jace, llamada Claire. Jace sonríe a la niña y ella devuelve una ancha y brillante sonrisa para luego apretar su peluche. Se sientan en las sillas y el salón antes pequeño se reduce más que parece incomodo, pero nadie dice nada. Emily va de un lado para otro, trayendo comida, bebidas y Leah evitar tomarlas, aunque su estómago gruño, y ante la insistencia de Emily le gruñe y muestra los dientes.

-No tengo hambre. -bufa, y Jace le aprieta la mano y gira la cara para mirarle a los ojos. Leah mira a otro lado y se calma.

Sam si está enfadado por cómo trata a Emily no se le nota mucho, aunque Jace conoce como esconder su irritación lo ve fácilmente en Sam que entrecierra los ojos en rendijas y mira su bebida con unos ojos mortales. Empiezan a comer, las chicas despacio y charlando entre ellas mientras a veces giran y ven a Jace y sus ojos suspicaces caen sobre Leah que mira la televisión, aunque sus hombros están tensos, las chicas, la más curiosa Rachel Black, hermana de Jacob, le pregunta cómo se llama, cuántos años tiene, y Jace cae en cuenta que Leah es mayor cuando Rachel dice que le lleva cuatro años, aunque a Jace le importa más bien poco la edad encoge sus hombros, entonces llega al momento a qué se dedica. Jace sonríe y no puede evitarlo, quiere decir "Pues verás, no soy un humano corriente, tengo sangre angelical en mis venas, nosotros existimos para que vosotros los mundanos, tú en concreto con tus amigas, podáis vivir mientras luchamos una guerra constante con los demonios, ehh, que no te echo en cara nada, pero unas gracias nunca viene demás"

Jacob carraspea y calla a su hermana. Vuelven a volver a comer, no se sabe cuánto tiempo están ahí sentados, comiendo y a veces burlándose entre ellos, pero Jace jura que es mucho, siente el trasero entumecido y la piel caliente por la de Leah que parece un horno entre sus piernas. Las chicas vuelven a reunirse en un círculo y murmuran entre ellas, no hay necesidad de activar la runa de audición para darse cuenta de que están hablando de él, pero a Jace le importa realmente poco lo que digan esas mujeres.

Jacob toca el hombro de Leah brevemente e indica con la mirada, ella suelta un suspiro y sin siquiera mirar a nadie en concreto presenta a Jace al resto, como si no lo hubieran visto se burla Jace, y luego comienza lo que sería el momento más tenso del momento. Lo que era verdaderamente Jace. Cuando la palabra ángel sale de su boca los chicos sueltan risas sardónicas y miran a Leah como si lo que dijera era una mentira elaborada para burlarse de ellos, y Jace ante la mirada de asombro de ellos recoge un poco su manga y deja ver sus runas, saca su estela y la activa, éstas brillas y dejan quietos a los de la sala.

-¿Y qué?, tu imprenta hace un truco de magia. -se burla Paul mirando a Leah con una sonrisa lobuna en el rostro. Leah ni le mira. -¿Acaso tu imprenta salió de un puto psiquiátrico? Mira que creerse un ángel…

-He dicho que tenía sangre angelical, no que fuera un ángel, imbécil.

Paul tiembla, sus grandes y musculosos brazo vibran y sus ojos miran con un odio abismal a Leah. Jacob se interpone empujándolo contra el sofá y una mirada seria.

-He visto lo que puede hacer, Paul. Él puede matar a los chupasangres, es cierto, tiene algo especial, no es un ser humano normal y creo lo que dice, y si dice que tiene sangre angelical lo tiene y punto.

-¿Por qué no nos lo dijiste? -mascullo Sam mirando acusadoramente a Leah y después a Jacob.

Jacob se interpuso y se alzó en toda su estatura, un hombre grande de piel rojiza y una mirada asesina.

-¿Para qué? Sabía qué harías está reunión para conocer a la imprenta de Leah.

Los labios de Sam se retuercen en una mueca y vira el rostro furioso.

-¡Lo tenía que hacer porque la manada necesita conocer al nuevo miembro que entra!

El Alfa gruñe y Sam mira con furia a Leah.

-¡Tú podrías a ver dicho algo! ¡No esconderlo como si fuera un puto tesoro!

Le grita, Leah se levanta de un salto brusco y empuja a Sam que cae en la mesa y aplasta la poca comida que quedaba.

Sam oprime los puños a los costados y se levanta. -Sabía que algo malo habría con tu imprenta, después de todo eres un error.

La bofetada que le da Leah deja en silencio a la sala, y Emily deja de hablar con las chicas para ver la escena, se acerca corriendo a lado de Sam que le empuja y Paul es quien le llega sostener antes de caer. Sam oscurecido por la rabia no se percata y agarra del brazo a Leah. Le empuja para que camine y Jacob se interpone. -¡Lee-Lee, él puede ser peligroso para la manada!

El apodo deja a Leah mansa, recordando cuánto tiempo paso desde que ese diminutivo le traía ganas de sonreír y ahora solo deja una brecha de una herida que no sana. Da unos pasos dejándose guiar como una muñeca y la rabia que siente hacia Sam se agranda hasta formar un nudo en el estómago, es cierto, la manada podría estar en peligro y todo es culpa de Leah, la misma Leah que fue un error de naturaleza y parece seguir el camino de la autodestrucción, porque se niega a ser la damisela en apuros. Aprieta entre sus dedos a los de Sam que no le suelta y le clava las uñas con toda la saña que puede, él gruñe y Leah aprovecha para salir de su agarre.

Ahora o nunca se dice, vigila de reojo a las imprentas de la manada, todas mirándole con acusación, y la estúpida de Emily apretada entre los brazos de Paul que le protege, como si Leah fuera una bestia sin control, sin proponérselo suelta una risa ronca y oscura que hace a Jacob fruncir el ceño.

-Es cierto, la condición de mi imprenta puede haber originado ya un problema. -confiesa, Jake aprieta su pulgar contra su nariz y le mira, no hay acusación en su mirada, solo una desolada realidad, la incertidumbre. Leah niega, le duele la cabeza, siente que va a explotar en cualquier momento, pero aun así sigue adelante, sigue aquel camino que parece con miles de cristales clavándose en su piel. Ningún camino es fácil se recuerda. Empieza a contar y nadie le interrumpe, desde lo qué es Jace a lo que puede hacer, desde la palabra nefilim hasta La Clave, no obvia la historia de que no son los únicos, no oculta, pero si baja el tono su miedo cuando dice que pueden estar ya en peligro, porque joder, son como una especie nueva en el mundo y al parecer a los nefilim lo nuevo no les gusta, más bien le aterra. Aunque Leah quiere contarlo todo no dice que su alma, no, la de su imprenta está compartida con otra persona, no dice nada por el momento sobre las dagas y que quizás, no sabe que esperar realmente si resulta afirmativa la información de Magnus, tengan también sangre angelical en sus venas.

La manada mira a Jace como si fuera el causante de una aberración tan grande y acusan con la mirada a Leah por haber puesto los ojos en él. Leah no esconde la mirada, para qué, eres adulto y tómalo como tal, se recuerda.

Embry el más calmado y apacible de todos se acerca un paso, su mirada negruzca y seria ve de reojo a Jace, no hay acusación, pero sí un sentimiento como una tormenta que sacude su cuerpo.

-¿Tendremos que luchar? -pregunta, sacudiendo la cabeza hacia Leah que asiente lentamente.

-Quizás.

Es lo único que dice, y Leah no puede engañar, ocultar más tiempo por lo menos esa valiosa información. Embry suspira, sus hombros caen y parece haber envejecido mil años, su cara es apática, tristona y con resignación.

Leah si no fuera como es realmente pediría disculpas a Embry, después de todo él no tenía la culpa de nada, ya fue suficiente que la manada entera se pusiera de parte de los Cullen contra los Voltuiri, como para ahora ella sea la que pida que estén alerta a otra inevitable guerra.

Paul suelta a Emily y se acerca a zancadas a Leah, sus grandes manazas agarran los hombros de ella y le clava los dedos, haciéndole daño, Leah no se aparta y eleva la mirada en la oscura de él. El rostro de Paul es una máscara deforme de odio y asco, y si Jace no le hubiese empujado para alejarle de Leah estaba segura de que le daría un golpe.

-¡Acabamos de salir de una mierda de guerra por la imprenta de Jake! -grita Paul furioso. Jacob a su lado vibra de cólera, aunque se contiene, Paul después de todo tiene razón, todo se hizo un lío cuando Jacob se enamoró perdidamente de Isabella y luego se imprimió de su hija, aunque la manada entera jamás lucharía por vampiros y peor a lado de ellos como camaradas tuvieron que hacerlo, porque a pesar de muchos la impronta era lo importante, y la impronta de Jake estaba siendo amenazada por los vampiros. Cuando lucharon a lado de los Cullen su parte lobuna gruñía y aullaba, parecía que todos eran enemigos, aunque la manada estuviera de parte, por el momento de los Cullen, y los lobos solo querían eliminar toda amenaza, y todo ello se reducía a que todos los chupasangres eran la verdadera amenaza.

Jacob como alfa de su manada temían es cierto, pero para su vergüenza de sí mismo, temía más por su imprenta que por sus propios compañeros y eso seguiría siendo un tema complicado para él, porque sentía y lo siguió sintiendo que dio la espalda a sus amigos, casi hermanos solo por una imprenta, por un chupasangre como diría Leah.

A veces Jacob siente una doble moral, o quizás un doble sentimiento con referente a su imprenta y a los Cullen, a veces cuando entra a la casa plegada de vampiros siente que engaña y perjudica a su pequeña manada, aunque ellos no dicen nada, pero Leah lo piensa y Jacob se enfurece, por lo menos en ese tiempo que no tenía imprenta la única loba. Ahora se dice Jacob, con ligero pesar, Leah era la responsable de otra guerra que se avecinaba y aunque los de la manada quisieran dar la espalda no podrían, no podrían fingir que el tema no era con ellos, porque la imprenta, aquella que a veces parece una maldición, les obliga a protegerlos.

Entonces Leah parece leer todos los pensamientos, la furia de Paul, la acusación nada sutil de Sam, la incertidumbre de Embry, el miedo de Quil mientras mira a Claire, y la distancia de Jared cuando sus puños se aprietan.

-No es necesario que luchéis. -dice Leah, su voz sale ronca y unas cuerdas invisibles le aprietan hasta casi ahogarla, su loba aúlla furiosamente en su interior. ¿Qué diría? ¿No es necesario porque lo haré yo? No, Leah era mala, una jodida perra mala si se lo preguntaran a la manada, pero no era una puta egoísta para meter en una guerra a su manada, no por lo menos, sin luchar ella sola. Miró a su imprenta, ojos dorados como oro líquido, pelo rubio en rizos caen con gracia contra su frente y sus cejas arrugadas. Leah siente la garganta reseca, no debí imprimir piensa, no debí conocerte, por lo menos así sería más fácil decir adiós. Leah mira, intensamente, furiosamente contra el destino y con tanto dolor que duele el solo mirar. Leah va a romper el lazo, Leah va a romper el destino con sus propias manos, eliminara todo rastro de anclaje que tiene sobre su imprenta y Jace lo sabe, lo intuye porque sus ojos le miran con cierta traición. Leah abre la boca.

-No es necesario que luchéis porque lo haremos nosotros. -dice Jace, con voz ronca. Saca la daga de su bota. -Moriré si es necesario para protegeros de mi gente.

Jura, a pesar de que quizás no pueda cumplirlo. Leah a su lado le mira, su cuerpo tenso y expectante.

Leah no quiere ser egoísta, no quiere sentirse tan bien como se siente durante esos breves segundos cuando Jace jura que luchara, y si es necesario morirá por la manada. No quiere sentirse feliz, aunque sea una chispa que se disipa rápidamente. Leah no quiere hacerlo, pero lo siente. El lazo se refuerza, se entrelaza con más rabia contra su imprenta y Leah gira alrededor de él como si fuera un satélite. No puede evitarlo, aunque siente remordimientos, no puede evitarlo y muerde con furia sus labios que sangran a causa de sus dientes, la sangre escurre por su barbilla.

-No tendréis que luchar. -dice Leah, alza la barbilla ensangrentada. -No os pido que luchéis por mi imprenta, jamás sería tan egoísta como para pediros semejante estupidez, pero sí quiero que estéis preparado por si las cosas se complican. -Jace coge su mano y se la aprieta. -Me iré de la manada, así no tendréis la necesidad de sentiros en la obligación de proteger a Jace.

Sam se acerca.

-¡Pondrás en peligro el secreto de la tribu! -le grita. Leah le mira con veneno.

-¡No somos los únicos Sam, joder! -la voz le sale ronca e irascible.

-¡Lee-Lee rompe la imprenta y recapacita! ¡Él te traerá más problemas, está impresión no debió suceder!

Sí dice Leah, no debió suceder como tampoco debió suceder que Sam le engañara, como tampoco que Leah se transformara, no debió suceder, pero lo había hecho, y contra eso nadie podía combatir.

-Iré con los nefilim. Intentare hacerles entender que no somos una amenaza.

Jacob niega.

-Leah eso es peligroso, si lo que has dicho es verdad, esa gente no te dejara explicar nada antes de matarte primero.

Jace quiere decir que no, que no será así, pero no quiere mentir. La Clave es bastante complicada. De su chaqueta sale un sonido, un pitido y Jace saca su móvil, Alec. Jace responde ante la atenta mirada de todos-"Jace, madre quiere verte."-dice Alec, su voz es seria. –"Y trae contigo a Leah"

No dice nada durante un rato y Jace carraspea.

-¿Por qué? -susurra, aunque es inútil porque los lobos pueden escuchar a la perfección. –"Le conté a madre sobre ella Jace, tú sabes que tenía que hacerlo porque ella no es estúpida cuando le pregunte sobre unas personas que pueden transformarse sin tener sangre de demonio"

Jace lo entiende, claro que lo hace, pero no por ello deja de ser molesto el tener menos tiempo a cada segundo.

-"La Clave no sabe nada por el momento, madre ha prometido esperar hasta hablar con Leah."

Jace suspira. -¿Tiene que ir también…su hermano? -le pregunta, después de todo también era un cambia forma y el lobo que imprimió en Izzy. –"No, no le conté nada sobre él, Izzy no quería meterle en este problema, pero será imposible mantenerlo alejado una vez madre se entere y quiera también verlo, pero por lo menos por el momento está a salvo"

A salvo. Jace quiere reír y decir a su parabatai que nadie estaba a salvo, pero callo. -"Magnus hará un portal dentro de una hora en el salón, esperar ahí por el momento"

Jace asiente, aunque su parabatai no puede verlo. -¿Cómo está todo ahí?

Alec suelta un suspiro largo. –"No muy bien, al principio madre quería llevar al asunto a La Clave, ya sabes; La ley es dura, pero es la ley. Por eso tuve que contarle sobre la imprenta y explicarle si le hacían daño a los lobos te harían daño a ti…¿Aunque pueden hacerte daño si ellos, ya sabes, mueren?

Jace no necesita más, sabe que Alec evita decir que Leah muera. Mira a la loba que esta quieta a su lado, ella murmura muy suave.

-No lo sé, no sé qué pasaría contigo si yo muero, solo sé que si tú mueres yo…

Se calla. Jace entiende. Si tú mueres yo moriré contigo. Igual que su parabatai.

-Alec dile a mamá que llegare con Leah dentro de poco. Y que no diga nada por el momento, por favor.

Su parabatai ríe apenas. –"Madre ha prometido esperar hasta que tú se lo cuentes, ella no dirá nada, parabatai"

Jace curva los labios. -Gracias. -corta la llamada y gira mirando a todos los lobos. -Tenemos que ir a tu casa, Magnus vendrá dentro de poco.

….

Sam Uley es un hombre serio, le gusta intentar hacer lo correcto, aunque a veces acaba fastidiándolo en lugar de arreglarlo, pero aun así intenta, eso es lo que cuenta se dice. La primera novia que tuvo fue Leah, la preciosa hija de Harry Clearwater, la chica por los que muchos chicos babeaban e intentaban coquetear, pero Leah era un hueso duro de roer, casi nunca prestaba atención a los intentos de coqueteo y negaba cualquier invitación. Pero con Sam fue diferente, porque él veía a Leah como algo precioso que no podía ser tocado nada más que con amor, y no como el resto de sus compañeros que veían a Leah como un trozo de carne con piernas y tetas. Sí, Leah era preciosa, hasta diría sexy, pero Sam quería con Leah algo más serio, aunque le costó bastante acepto, con el tiempo, muchos meses después de tanta insistencia por Sam.

Habían tenido su primera cita en una heladería y Sam intento, aunque con nerviosismo, comportarse como un caballero Leah era la persona que arruinaba su fachada cuando se movía con una libertad abrumadora, como si esas cosas no fueran con ella, cómo si Leah en lugar de ser una princesa fuera un caballero de armadura brillante que sabía elegir sus batallas y a veces con resignación aceptar la derrota. Sam decidió dejar de ser un caballero y ser comportó como él. Un chico corriente que a veces enrojecía cuando Leah le guiñaba un ojo, o que reía abiertamente mientras Leah se burlaba después de asustarlo en varias ocasiones. Sam fue el primer chico y de eso se enorgullecería toda su vida, de ser el primer hombre de Leah. Su primer amor.

No se habían besado hasta después de unas semanas de cita, Sam evitaba presionar a Leah y ésta tampoco era de fácil influenciar, así que a Sam le tomó de improvisto cuando iban al instituto con tranquilidad, con Leah a su lado y su largo pelo fluyendo al viento, ella había tirado de su mano con mucha suavidad y Sam había dejado de caminar para verla. Ella se levantó en puntillas y pego sus regordetes labios contra los suyos y Sam apretó con firmeza sus manos entrelazadas. Ese había sido su primer beso, como siempre Leah dando el primer paso.

Habían tenido a partir de ahí varios besos, y de tantas clases que Sam amaba cada día más a Leah.

Su novia, la preciosa chica del instituto que estaba gusto con él, y que comportaba graciosa. Sam llevó la relación de Leah lo más serio que pudo, visito a la familia de ella siete meses después, y un Harry Clearwater con la mirada furibunda le esperó en un sofá individual mientras un pequeño y curioso Seth miraba con asco cuando rozaban sus labios. Sue Clearwater le recibió con una sonrisa en los labios, pero una mirada bastante seria, por supuesto Sue se comportó como una anfitriona bastante aceptable, pero en su pecho Sam sabía que a la mujer no le gustaba, aunque fingió en varias ocasiones que aquello no importaba no dejó de lastimarlo en varias ocasiones.

Con Leah hablo sobre el futuro, sobre qué harían cuando vayan y terminen la universidad, qué harían en esos años separados, y siempre el tema se reconducía a "cuando volvamos tenemos que hablar, estoy seguro de que todo será igual" y Sam le creía, porque estaba enamorado de Leah, la preciosa Leah que robó su corazón.

Sam había planeado hacer el amor con Leah con toda la perfección posible, aunque Sam no era virgen, había tenido alguna que otra canita al aire antes de conocer a Leah, ella sí lo era. Así que planeo llevarle a un restaurante primero, uno de calidad y no de comida rápida, luego dar un paseo, independientemente del lugar, ya sea la playa, el parque, solo hacerle lo más feliz posible, y por último llevarle a un hotel, de esos que duelen pagar por una sola noche, pero Sam quería que todo fuese perfecto, así que cuando Leah lo descubrió fingió no darse cuenta pero al día siguiente se presentó en su casa y al ver que su madre no estaba subió a la habitación, arrastrando a Sam, se había tirado encima de él y besado sus labios. "No necesito un maldito hotel, Sam" había dicho Leah mientras reía ante la mirada sorprendida de su novio, Sam enrojeció y balbuceo algo y Leah empezó a desnudarse, poco a poco rebelando su precioso cuerpo menudo.

Sam le había hecho el amor a Leah en unas sábanas color gris, muy, muy viejas pero limpias en su habitación, ambos habían mirado sus ojos mientras Leah poco a poco bajaba y hundía el sexo de Sam en el suyo, Leah aguanto las lágrimas y apretó el pecho de Sam y gimoteo. Sam había acariciado las caderas, con tanto cariño que Leah sonrió con los labios temblosos y su pelo largo se enredó entre los dedos de Sam.

Leah se había movido en sintonía con él, y Sam le había apresado en un abrazo fuerte cuando se corrió en su interior. Ambos no se separaron hasta que escucharon la puerta de abajo ser abierta. Sam sin proponérselo había empujado al suelo a Leah, desnuda y con su semen escurriendo por el muslo y Leah se enredó antes de caer con la sábana gris vieja, y cuando cayó parecía una oruga. Sam quería pedir disculpas, quería decir cuanto lo sentía cuando Leah rompió a reír a carcajadas.

Sam lo supo. Leah era su alma gemela. Era la mujer con la que quería pasar toda su vida.

Paso dos años, a veces discutía con Leah por cosas tontas y se reconciliaban al anochecer cuando se llamaban por teléfono. Leah era independiente y Sam le gustaba aquello, aunque a veces sin proponérselo le hubiese gustado que ella dependiera un poco de él, aunque era tonto la verdad, pero a veces Sam sentía que Leah podía sobrevivir fácilmente sin él y eso era bastante hiriente. Pero no dijo nada.

Sam iba a proponer matrimonio a Leah, pero primero hablo con Harry Clearwater, después de todo era un hombre formal. Una noche cuando Sam sabía que Leah no estaba en casa fue donde Harry, se sentaron en silencio en el salón y se miraron, a pesar de llevar tiempo con su hija Harry seguía teniendo la mirada pétrea, aunque en sus labios bailaba una sonrisa. Sam pidió la mano de Leah y Harry durante unos segundos parecía a punto de decir algo, pero lo pensó al parecer mejor y asintió. Si Harry hubiese hablado en ese instante Sam habría hecho algo, cualquier cosa, como intentar cambiar en algo lo que sería su destino sin Leah, porque lo que Harry quería decirle era "No, no puedes casarte con Leah, Sam. Tú tienes sangre de cambia forma, y si cambias…quizás imprimas en alguien que no sea Leah, y le harás daño, lastimaras a mi precioso tesoro".

Esa noche Sam fue a su casa, entró por la puerta y sin proponérselo la empujo con tanta brusquedad que la puerta tembló, pero él no fue consciente, aquella noche Sam enfermó. Su sangre parecía hervir y un dolor le recorrió por todo el cuerpo tembloroso de Sam. Dos días después Leah fue a visitarlo y Sam solo pudo gritarle enfadado, no sabía porque, que se fuera, que quería estar solo de una puta vez. Leah había dejado la habitación con la mirada herida, y Sam, una parte suya que parecía su razón a punto de apagarse pidió disculpas, pero Leah no escucho nada de eso y ya estaba fuera.

Sam estuvo enfermo durante una semana, se revolcaba como un gusano buscando confort, pero no podía tenerlo, y todo a su alrededor le enfadaba, desde los pasos de su madre cuando salía a trabajar, desde el sonido del viento cuando golpeaba contra su ventana, y hasta el plof, plof de las gotas de lluvia que caía al suelo. Sam una noche de aquellas, enfadado golpeo la ventana con rabia y ésta se rompió, le lastimo las manos y eso fue lo peor para Sam, porque con más furia de la que podía imaginar saltó por la ventana y se transformó en un grande lobo negro que aúllo en medio de esa húmeda y furiosa noche.

Había sido descubierto por Harry Clearwater y Billy Black, entre árboles y desnudo Sam los miró con el pelo largo revuelto. Harry, aquellos ojos pétreos se convirtieron en un revoltijo de sentimientos, pero Harry siguió como si nada y le ayudo a levantarse. Entonces le contaron todo, historias, mitos, qué más daba, Sam era un lobo y su deber era proteger a su pueblo. Y Sam era una persona correcta, por lo menos lo seguía siendo en ese entonces, y asintió a todo lo que decían ambos hombres.

Si Sam le hubiese contado a Leah lo que pasaba quizás, muy poca la posibilidad, podría haber ocurrido de forma distinta las cosas, pero Sam guardó el secreto y cuando besaba a Leah sin querer le lastimaba, porque no controlaba su fuerza, y cuando le hizo el amor Leah lloro de dolor y se hizo una bolita. Sam se había separado con tanta violencia del cuerpo de Leah que cayo atrás, en el suelo, con la polla tiesa y los músculos tensos. Vio con desagrado las caderas de Leah, huellas de sus propios dedos, empezando a ponerse de un color violeta oscuro.

Leah no le culpo de nada, le consoló diciendo que quizás estaba demasiado excitado, que lo intentarían de nuevo y estaba seguro de que no volvería a ocurrir. Pero Sam no le creyó, por el momento por lo menos, pero cuando le hacía el amor a Leah la sensación de plenitud que sentía parecía lejana, había intentado y conseguido a duras penas no lastimarla, a veces desgarrando las sábanas entre sus dedos y otras mordiéndose los labios con violencia mientras se movía en el interior de Leah.

Una parte de él, el lobo, quería marcharse, quería alejarse lo máximo posible de Leah, y la parte humana de Sam se aferraba a su amor por ella. El lobo quería lastimar a Leah, y cuando su polla se hundía en el sexo de Leah parecía que las uñas del lobo rompían su alma, y Sam, por desgracia, intentaba no tocar a Leah más de lo necesario. O por lo menos controlar a su lobo para evitar lastimar.

Leah estaba enfadada, casi siempre ya la verdad, Sam ocultaba cosas y parecía muy lejano, a veces cuando Leah buscaba su boca él esquivaba sin siquiera pensarlo y Leah se quedaba con el beso sin dar. A veces Sam con sus oscuros ojos le miraban con una turbulenta desazón. Pero Sam siguió siendo su novio.

Un día Emily llegó a la tribu, su pelo recogido en una trenza con florecillas llamó la atención de Leah, hablaron largo rato, mucho sobre Sam y poco del cómo les había ido, y si Leah tuviera la desconfianza que tenía hoy en día se hubiera percatado de la mirada soñadora de Emily cada vez que hablaba de Sam. Leah le contó todo, sus temores, sus dudas, pero también el profundo amor que sentía por Sam.

Entonces Leah llevó a una fiesta donde sabía que Sam estaría a Emily, Leah estaba en el baño en el momento que ocurrió lo inevitable. Sam miró a Emily, nunca le había llamado la chica, ni siquiera cuando fueron presentados meses antes por una alegre Leah, pero sin proponérselo no pudo quitar los ojos de ella. De su sonrisa, de su pelo con florecillas, de sus bonitos, Sam se odio, y odio aquellos ojos.

Confuso abandono la fiesta y salió por la puerta como si hubiera visto un fantasma.

Se aisló durante días y Leah le llamó para saber qué ocurría. Sam se sintió bastante irritado y enfermo por solo pensar en Emily. Leah fue a su casa para hablar, pero Sam le echo sin miramientos, aunque le doliera. Entonces la puerta fue de nuevo tocada y Sam bajo furioso, la abrió y vio a Emily que tenía una sonrisa nerviosa.

Le dejó pasar, se sentaron en el sofá y se miraron largo rato. Sam no sabe en qué momento Emily se acercó tanto a él, pero sí sabe que ella inició el beso y Sam la apresó entre sus brazos y le echo en el sofá. Sam folló a Emily en el sofá de forma urgente, subiendo su falta y bajándole las bragas viendo con mucha excitación su pubis con pelo y su humedad caer por sus muslos, Sam no le había preparado y con una sensación de urgencia se hundió en ella, una, dos, tres veces hasta que se vació en su interior con un gruñido. Sam no tuvo suficiente, llevó a Emily contra la pared y volvió a follarle, golpeando con su polla varias veces hasta que ella le enredo los dedos el pelo y le beso, Sam excitado sintió el calor subir por su vientre.

No se podría llamar a hacer el amor a ese acto, eso lo sabía Sam que había hecho el amor con Leah de forma lenta y pausada, mirado los ojos mientras Leah se abría para él y se dejaba caer contra su cadera, no, lo que había hecho con Emily había sido una urgente necesidad de saciarse, como un sediento en el desierto.

Se había corrido tanto en el interior de Emily que su semen se escurría con violencia por los muslos de ella, su pubis mojada y pringosa, sus piernas aún abiertas mientras caía al suelo por las piernas debilitadas, Sam se sintió enfermo, bastante, pero no pudo parar hasta que llevo a Emily a su cama y le puso a cuatro patas y se volvió a enterrar en su interior, sintiendo su propia esencia en el coño de ella.

Cuando Sam acabo era de noche y Emily a su lado estaba durmiendo, aún con la falda por encima del vientre y la blusa hecha jirones mientras sus pequeños pechos con marcas de mordida apuntaban al techo. Sam había acariciado su mejilla, bajado hasta su pecho donde beso el pezón y con su mano le abrió los muslos para revelar su vagina. Sam se empalmo de nuevo, pero Emily dormitaba con cansancio así que desistió de despertarla y se masturbo viendo el coño de Emily, aquel coño que se había abierto para él en varias ocasiones, aquel coño que goteaba su semen. Sam se corrió y pringo más aún los muslos de Emily.

Cuando Emily despertó se encontró a Sam en un rincón, con los brazos cruzados y la mirada perdida, parecía herido. Ella carraspeo y él le miro, y su cuerpo se movió, parecía una marioneta. Emily tembló cuando se levantó, sintió la humedad filtrarse por sus muslos hasta bajar y pringar su piel, él aspiro aire y miro a otro lado.

-Me tengo que ir-dijo Emily, y Sam quería que se fuera, pero su lobo no.

Sam había besado a Emily furiosamente, con ansias y miedo, pero ella se marchó. Sam estuvo sin Emily durante una semana, pensaba en ella, se masturbaba pensando en ella, y Leah fue relegada en una parte lejana de su cerebro, cuando pudo volver a hablar con ella Emily le dijo que lo que había sucedido entre ellos no tenía que haberlo hecho y que lo mejor sería separarse. Sam, su parte salvaje, le acorralo y negó. No, no podía, Sam necesitaba a Emily como si fuera agua, era su mundo. Emily, aunque una parte de ella sonreía sin ocultarlo, apretaba la mano contra la de Sam, dijo que se marcharía, era lo mejor, aunque se dijo mientras veía que el temblaba, me gustaría quedarme contigo.

En ese instante Sam vio negro, no, ver negro no sería lo apropiado, el mundo dejó de existir cuando Emily intentó alejarse, no podía se gritó, no después de que Sam le haya probado, no después de que Sam le haya marcado, no podía irse y abandonarlo como a un perro. Sam se transformó ante la mirada asombrada de ella y sin querer lastimarla le desfiguró el rostro ante los gritos de pavor y aullidos de impotencia y rabia.

Emily cayó al suelo sangrando y Sam miró con horror.

Emily había estado en el hospital varias semanas, Leah había ido a visitarla ante la sorpresa de encontrarse con Sam en la habitación. No se dijeron nada, pero Leah apretó sus labios contra los de él y Sam sintió nauseas. Miró a otro lado y no dijo nada.

Emily empezó a mejorar poco a poco y Sam, aunque no decía nada, aunque Leah dijera que no es necesario que este ahí solo porque es su prima, encontró un día a Sam besando a Emily, a su prima, hermana, con tanto cariño que podía reunir entre sus grandes manazas. Emily devolvía el beso y Sam reía, reía como aquellas veces que lo hacía con Leah.

Leah dejó caer las flores blancas, miró a Sam y Emily, su prima evitaba mirar con su único ojo visible por las vendas y Sam se puso en medio, protegiéndola.

Leah sintió derrumbarse su mundo y giró, salió por la puerta sin mirar atrás, aunque tuviera ganas de hacerlo, aunque quería destrozar a Sam con sus manos y blasfemar contra Emily. Pero no se dio la vuelta porque no le daría la satisfacción de ver como lloraba.

Sam semanas después se marchó de su casa y compró una nueva, trajo a Emily consigo, y aunque Seth apenas un niño quería ir a partirle la cara Leah negó, se apretó a su hermano con tanta rabia y soledad que Seth sollozo, porque dolía pensó, ver a su hermana convertirse en un cascarón.

Sam no podía decir nada a Leah por el momento, nada de lobos e imprentas. No podía decirle que era inevitable no amar a Emily, aunque podría haber sucedido de muchas maneras diferentes si Emily no se hubiera acercado aquel día en su casa y no hubiesen follado como animales. Pero Emily quería a Sam más que un hermano y amigo, así que Sam complació sus deseos. Era su impronta. Su mundo.

Pero cuando Leah se transformó Sam pensó que era una broma cruel y sádica, Leah entró en la manada y tuvo que ver día tras día el cómo Sam era feliz con Emily, como se besaban, como follaban y olía a sexo cuando iban a patrullar, tuvo que vivir con ello, pero Sam pensó que lo comprendería, tenía que hacerlo se decía, era inevitable después de todo, pero Leah lo odio, le odio tanto que el amor que llego a sentir, aquel infinito y puro se marchitó y dejó solo un sentimiento abrumador de rencor hacia él.

Sam intentó que todo fuera mejor, que Leah sea feliz por él, pero ella reía con burla y decía que deje de ser tan imbécil y se vaya a su casita de muñeca para follar a la zorra de Emily.

Sam Uley estaba herido, su parte lobuna se sentía completa, mientras la humana no sabía qué hacer, pero imagino una vez que Leah encuentre a su imprenta las cosas cambiarían.

Aunque Sam, su parte humana, se oscureció y pensó que era mejor que nunca Leah encontrase a dicha imprenta.

Porque Leah había sido su preciosa novia de instituto, aquella chica que él quería tanto que muchos pensaron que terminarían juntos.

Así que, mirando ahora a Leah con su imprenta, aquel chico de piel clara y ojos dorados parece perfecto, casi como si fuera un puto ángel, como había dicho según Leah, y Sam lo odio. Lo detesto tanto que tuvo que contenerse para no agarrar entre sus garras la cabeza del chico y apretársela hasta destrozarla.

Se suponía que todos los de la manada encontrarían tarde o temprano, o quizás nunca, a su imprenta y Sam en lo recóndito de su cabeza esperó que Leah fuese una de esas personas que no encontraría, porque después de todo Leah era un error. Un lamentable error.

Sam se apresura, sin mirar a nadie agarra a Leah entre sus manos, ella le fulmina con la mirada, tanto odio se lamenta Sam.

-Lee-Lee…-suplica. Quiere poder decirle rompe la imprenta, déjalo, quédate aquí, en nuestro pequeño, pero querida tribu, quédate a mi lado, perdóname lo de Emily, te quiero. Te quiero Lee-Lee. Sam quiere poder tener esa fuerza y decírselo mientras le abraza para no soltarla, para que no se escurra entre sus dedos, pero Leah rasguña con sus uñas sus brazos y Sam no cede, le aprieta con más fuerza y ella jadea un poco. Le está haciendo daño, tanto como la primera vez que se lo hizo cuando le engaño. Sam la atrapa y sin aguantarlo baja la cabeza hasta que sus narices se rozan. -Por favor Lee-Lee…

Leah alza la mirada, herida y sangrante, tanto daño en aquellos ojos que antes le quisieron. Sam aprieta los labios. Te quiero. Te quiero. Los ojos de ella empiezan a nublarse y para su propia rabia Leah llora. Ahí, entre sus brazos mientras sus narices se rozan y sus alientos chocan. Sam quiere besarle, calmar sus temores y decirle que todo irá bien, que todo se arreglara, pero todo sería tan falso que es imposible mantener una mentira tan grande. Ella tirita, tiembla y su boca jadea, su mirada se apaga un poco más a cada segundo y Sam tira de ella para besarle cuando Jace, la jodida imprenta de Lee-Lee le empuja y Sam se aparta furioso. Sostiene entre sus brazos a Leah que no mira a nadie, que aprieta los labios para evitar sollozar, que tirita como una hoja en el viento.

Los ojos de la imprenta de Leah dorados se oscurecen ligeramente y antes de que Sam pueda reaccionar siente un puñetazo en la mandíbula que lo tira atrás, cae contra la mesa y Emily chilla.

Le parece tan lejano el grito que no lo toma en cuenta y se irgue para avanzar, pero Jacob y Embry flanqueando a cada lado de su costado lo atrapan de sus brazos y lo detienen. Sam gruñe frustrado, rabioso, se sacude, pero ellos no le sueltan y solo puede maldecir, mirando intensamente a la imprenta de Leah. Lo odia. Sam lo odia tanto que jura que si Jacob y Embry no lo sostuvieran estuviera despedazando el cuerpo del chico.

….

Leah se pregunta qué hizo en su vida pasada para tener que pasar y repetir el dolor que sintió en su momento con Sam. Se pregunta si algún día se acabara y si podrá tranquilamente enamorarse sin temor a salir herida, se pregunta mientras Jace intenta llamar su atención si esa persona será Jace o solo será otro más en su diminuta pero potente lista de errores. Leah no se imagina una vida donde pueda ser feliz al cien por ciento, no tiene ni las ganas ni la imaginación suficiente para pensar que todo lo que haga a partir de ahora pueda resultar del todo satisfactorio, la antigua Leah lucharía con uñas y dientes para poder tomar entre sus manos el futuro que desea, pero la actual Leah, aquella furiosa con el mundo entero no quiere luchar para evitar salir herida, si tan solo el mundo supiera como está el verdadero estado de Leah Clearwater sentirían una terrible lástima por ella, y eso para Leah no es una opción. Porque Leah llora en silencio, piensa en su pasado varias veces y se imagina qué sucedería si tan solo hubiera tomado otro camino, pero sigue adelante y aunque destroce todo lo que toca, la Leah de hoy en día avanza, aunque duela cada paso.

Leah mira sin ver en realidad a Sam, atado entre las garras de sus compañeros, su oscura y feroz mirada, aquellos ojos de antaño cálidos olvidados en el pasado. Leah cierra los ojos brevemente y se deja guiar hacia la salida. Intenta serenarse, pensar en otra cosa que no sea todo con referente a la manada, con Sam, con Emily, pero no puede. Es como un veneno que está entremezclado con su sangre y a cada palpitación avanza más hasta herirla, pero Leah aguanta bien el dolor, aguanta, aunque a veces solo quiere dejarse vencer, pero su orgullo le impide y sigue. Avanza, una, dos, tres veces, y si cae se levanta al momento para seguir. Leah avanza sin mirar atrás, sin despedirse siquiera.

Leah no mira atrás y sin nada de valor entre sus dedos cruza el portal que Magnus crea cuando llega a su casa, no mira a Seth que arruga los ojos con cierto dolor, no le consuela, para qué se dice Leah, el consuelo no valdría de nada. Avanza hasta que su figura es tragada por el portal y la mano cálida de su imprenta le aprieta con firmeza.

Lo primero que Leah ve cuando sale del portal es a varias personas mirándola como si fuera un bicho raro, todas vestidas de negro y con armas bien escondidas o a la vista, Leah ve varias, para después ver a Jace brevemente y seguir como si fuera lo más normal del mundo.

Hay varios ordenadores, sillas, y una mesa grande en el centro de una sala, Jace le empuja para que siga. Doblan varias veces, habitaciones con armas, o bien habitaciones donde entrenan varias personas son vistas por los ojos de Leah. Jace abre una puerta y entra, Leah ve una cama, una mesita de noche con una lámpara y un armario en una esquina. Es bastante simple, casi se podría decir que aquella habitación es más bien para personas de paso, no para quedarse. Jace le suelta y abre el armario mientras saca ropas oscuras de él.

-Es mi habitación. -dice, girando y mirándole. Leah con curiosidad mira mejor la habitación, a pesar de querer encontrar algo personal entre las pertenencias no lo hace, apenas hay algún que otro retrato, pero sin Jace en él. La puerta es abierta y entran por ella Alec e Izzy que abrazan a Jace, sus miradas son serias, pero aun así le sonríen. Izzy saluda a Leah con una sonrisa y ella intenta, realmente, causar una mejor impresión, pero no puede por su ridículas y viejas ropas y su cara seguramente manchada por las lágrimas secas.

-Mamá estará esperando en la sala. -dice Alec, sonriendo cuando Magnus entra por la puerta y sonríe.

Jace asiente, lleva sus manos a su cabeza y suspira.

-Leah va a necesitar una habitación.

Izzy curva los labios rojos.

-Creí que iba a dormir contigo…

-¡Izzy! -grita un nervioso Alec mientras se sonroja. Jace se ríe de su parabatai.

-No creo que a mamá le guste-indica encogiéndose de hombros.

….

La habitación de Leah está a dos pasillos de la de Jace, no es necesario aprender el camino porque puede sentirlo claramente, ya sea por la imprenta o bien porque tiene sentido de lobo y huele el aroma de él. Dando lo mismo Izzy le presenta su nueva habitación que es similar a la de Jace.

-¿Cómo está Seth? -pregunta Izzy sentándose en la cama y mirando distraídamente sus uñas, pero Leah ve que está atenta. Sonríe un poco.

-Está bien…

Izzy asiente. -Debes odiarme -susurro girando la cabeza para mirar brevemente a Leah. -Seth me dijo lo que pasaba si una impronta deja a…uhm, creo que ahora mismo no es el mejor momento para tu hermano. -confeso, mordiendo su labio.

Leah se sentó a su lado y le miró.

-No, no creo que sea el mejor momento para Seth, pero creo que habéis pactado algo, porque mi hermano está más tranquilo. No quiero saberlo, lo que hagáis es cosa vuestra.

Izzy asiente, le sonríe y sus ojos se arrugan de forma cariñosa. -Tu hermano es joven. -Leah asiente. -Le dije que lo mejor que podría hacer por él era dejarlo disfrutar de su juventud, que tenga sus propios errores, sus aciertos, que…viva.

Leah no dice nada, está agradecida por cómo piensa Izzy, así que lo único que puede hacer es sonreír brevemente.

-Quizás en un futuro lleguemos a convertirnos en algo más. -dice más para sí misma Izzy que para Leah. Aunque le escucha no refuta nada contra ella.

….

Leah es guiada hasta una sala donde una mujer les espera, lleva unos tacones negros altísimos, su pelo oscuro está recogido en una trenza que cae con gracia por su espalda, lleva un vestido azul oscuro sin mangas que muestra sus brazos con muchas runas, su mirada es penetrante y cerca de su boca al igual que Izzy tiene un pequeño lunar.

Sus ojos oscuros le escudriñan y luego gira para sentarse detrás del escritorio, Alec se irgue y separa las piernas, como un soldado espera ordenes, y Jace le imita mientras Izzy cruza brevemente la mirada con Leah.

-Soy Maryse Lightwood

Es su escueta presentación, mientras espera con cierta impaciencia a que Leah comience.

Es Jace el que habla primero.

-Alec ha dicho que te ha contado sobre-

-Jace guarda silencio, quiero que me lo cuente ella.

Es la respuesta fría de la mujer. Jace cierra la boca y asiente. Leah carraspea un poco y se presenta, ella no dice nada y espera. Entonces Leah comienza la historia, desde el principio, es decir desde Taha Aki, seguido de la impronta. Y recalca en varias ocasiones que no le hace daño ni la plata y menos aún influye la luna llena a su cuerpo.

Maryse asiente y saca un pequeño cofre que habrá y deja entrever un medallón. Leah alza una ceja.

-Como dices que no te afecta la plata, me figuró que no te importara coger durante unos segundos este medallón, ¿O me equivoco?

Leah niega y se acerca, mira de más cerca a la mujer y ve su belleza, a pesar de su seriedad la mujer tenía una gran belleza y Leah ya sabía de donde saco Izzy esos genes. Agarra el medallón entre sus dedos y nada sucede, y si Maryse está decepcionada por ello no se sabe, pero guarda el medallón y vuelve a mirarla.

-Me ha dicho Alexander algo de una impresión.

-Imprenta, o huella como quiera llamarlo. -corrige Leah, lamiéndose los labios. Maryse asiente. -Nosotros los cambia forma tenemos por así decirlo un alma gemela, cuando lo vemos la primera vez lo sabemos porque esa persona es nuestro mundo y nosotros giramos alrededor de ella.

-¿Cuántos sois? -inquiere Maryse y Jace salta.

-¡Eso no importa! Te ha dicho que no son peligrosos.

Maryse frunce los labios y mira con censura a su hijo, Jace no le hace caso.

-Ella no es peligrosa. -recalca Jace, dejando atrás la fachada de soldado perfecto. -Ellos solo se transforman para proteger a su tribu, no lo hacen con otra finalidad.

-Necesito saber cuántos son Jace, si las cosas no son como dicen ser es mejor estar precavidos.

Alec se acerca lentamente a su parabatai y le aprieta el hombro. -Ellos no son peligrosos madre. He sido testigo de que solo se transforman cuando hay peligro de por medio.

Maryse suspira y se levanta, sus hombros tensos y la mirada seria recorre a los rostros de sus hijos. -No creáis que hago este interrogatorio por placer, lo hago porque La Clave le preguntara lo mismo cuando se entere de la existencia de ellos. Y quizás La Clave no sea tan tranquila como yo, si lo que me has contado es verdad Alexander y cabe la posibilidad de que tenga sangre angelical las cosas podrían volverse muy tensas, tendríamos que demostrar su origen y no solo nos serviría las leyendas que hay sobre ellos.

-Pero ella ha tocado y activado una daga. -habla Izzy, acercándose con esos altísimos tacones, ve a Leah de reojo. -Ha tenido entre sus dedos la daga y ésta a respondido a su llamado, ¿no es suficiente prueba eso mamá? ¿Qué más querrá La Clave? Ni los propios cambia forma saben su verdadero origen salvo sus propias leyendas del primer cambia forma de su tribu, no se habla del "espíritu" que les dio ese poder, solo que en momentos de peligro rezaron y se les fue otorgado dicho poder para protegerse de la amenaza. Será difícil llegar al principio de su origen y quizás imposible, solo habrá leyendas y mitos, y eso si se encuentran.

-La Clave no creerá mitos Isabelle.

Izzy asintió.

-¿Y porque nosotros creemos en Raziel entonces? Solo se nos contó a través del tiempo sobre nuestra naturaleza, contando que el ángel Raziel nos dio este poder, pero a través de los años ningún cazador había visto a ningún ángel, salvo este último periodo de tiempo con la lucha de Valentine y Jonathan.

Lo que decía Izzy en cierta parte tenía sentido, muchos cazadores a pesar de haber oído mil veces la historia de Raziel no creía en ángeles, no creían del todo que un ángel haya bajado para ayudarlos, pero al tener sus poderes daba por sentado que tendría cierta parte de razón, así que fue bastante complicado hasta el momento que se volvió a ver a ángeles en la guerra contra Valentine y Jonathan.

-Deberíamos aceptar esta ayuda que se nos otorga y trabajar con ellos para luchar contra los demonios.

Maryse miró a su hija y lentamente curvo los labios. -Tendréis que buscar algo más que una leyenda para ir hacia La Clave para que os crea. Hablare con el Inquisidor y le planteare está situación, y antes de que digáis nada, es necesario que La Clave lo sepa lo antes posible para evitar que haya alguna confusión.

Sus hijos asintieron y Maryse miró a Leah. -Y tú tendrás que someterte a un juicio si así lo desea La Clave, si puedes coger una daga podrás coger la Espada Mortal.

….

Jace no dice nada, sin embargo, Leah ve su cuerpo tenso apoyado contra la pared y la mirada bastante seria. No habían hablado de nada, nada realmente importante con referencia a ellos, aparte está claro sobre los nefilim, cambia forma, impronta, incluso nada sobre aquella tarde en la que Leah se arqueo y Jace probó lo más íntimo de su ser. Nada. Y eso a Leah por una parte le mantenía en alerta, con una tensión constante que no era bueno para nada, pero también le dejaba un sabor agridulce, quizás no debía confiarse demasiado, eso pensó.

-¿Quieres todavía a Sam? -pregunto Jace torciendo la cabeza y sus rizos dorados cayeron a sus ojos, Leah suspiro, la mirada dorada de Jace con sus rizos le daban una mirada de un depredador.

Leah pensó en Sam, en el idiota y primer amor que sintió por él. ¿Amor? Claro, ella amó a Sam de una forma única, fue su primero en todo y eso, aunque ahora quisiera negarlo no podía, pero seguía en su pasado, era se dijo Leah un pasado que no merecía recordar, aunque a veces tenía cierta añoranza por ello. Pero aquel día, aquel momento en que Sam le agarro entre sus manazas y su mirada oscurecida se enterneció durante unos segundos por Leah ella titubeo, durante un segundo Leah deseo con todo su ser que Sam estampara su boca contra la suya y arreglar todo, poder ir al pasado y seguir con su relación, pero ese segundo se apagó rápidamente ante los recuerdos del pasado y con ayuda de Emily que les miraba con cierta traición, qué ironía se dijo Leah, a ambos aquel momento se esfumo y Leah agradeció en su momento que Jace le hubiese apartado de él.

-Lo quise. -confeso Leah enredando sus dedos entre la ancha camiseta de Seth, la arruga y tira de la tela. -lo quise mucho.

Jace aparta la mirada y recae en la cama individual. -¿Qué esperas de está imprenta Leah? ¿Qué yo sea el sustituto de Sam?

Leah alza bruscamente la cabeza. -¡No quiero que seas sustituto de nadie! Te lo dije, quise, quise mucho a Sam, pero es mi pasado.

-Un pasado con el que has convivido mucho tiempo. -Jace suspira y remueve sus cabellos. -No voy a sustituir a nadie Leah, y agradezco, de verdad, que me hayas dado tiempo para adaptarme a este lazo que nos une y no obligarme a darte una respuesta rápida.

-Te dije que todo lo que tú quieras que sea lo seré. No puedo obligarte a nada.

-¿Incluso si quiero romper la imprenta? -pregunta Jace con voz tranquila.

Leah siente su corazón apretarse, la boca se le reseca y sus manos tiritan ante la ancha camiseta. Leah puede sentir a Jace, podrá físicamente, como una palpitación más que se compenetra con la suya, un lazo que parece de hierro forrado atado al pecho de él. El lazo parece reforzarse a cada segundo cuando lo mira o cuando sus labios se rozan, Leah se imagina cortando ese lazo, destrozando todo, incluso a ella misma con aquel acto. Leah sabe que si lo rompe jamás volverá a sentirse de esa forma, no volverá a sentirse tranquila y su lobo interior arañará su alma con rabia y dolor, gimoteará y se convertirá en un ser sin vida como una marioneta. Sabe que si rompe la imprenta quizás ya no tenga otra oportunidad de ser feliz.

-Si quieres que rompa la imprenta lo haré. -su voz sale desconsolada. -Romperé la imprenta y tú serás libre, no tienes que ayudarnos a luchar, nos las arreglaremos.

Jace ríe, su risa es triste y oscura. -Una vez…hubo una vez que quise a alguien y no funciono. -mira a sus ojos y Leah ve dolor ahí. -Romper toda conexión con ella fue muy difícil Leah. Y lo peor de todo fue verla día tras día ahí, a mi lado, luchando codo con codo. No voy a pasar por lo mismo, mi padre me enseño algo desde pequeño, amar es destruir. Eso me le repitió infinidad de veces mientras me rompía los dedos de la mano. -se mira los dedos y aprieta los labios. -Yo solo se destruir todo lo que toco. Todo lo que mi mano toca es arrasado, pero contigo es distinto. No puedo decirte que te amo, no sería leal de mi parte mentirte de esa forma, pero el poco tiempo que hablamos y pude verte como eres realmente volví a pensar en las palabras de mi padre, amar es destruir, sí, pero hay una cosa que nos convierte en un factor distinto, ambos estamos destruidos, ¿Podemos destruirnos más? ¿Es posible? -se acerca a Leah a paso calmado y le aprieta contra la pared, recorre con su mirada su boca y mira sus ojos. -Si te pido que rompas la imprenta y lo haces, ¿Me arrepentiré? Si no te vuelvo a ver nunca y no lucho a tu lado contra La Clave, ¿Podré vivir con ello? No, no podré vivir con ello, y sí, me arrepentiré toda mi puta vida si te hago romper la imprenta, pero yo no soy el único que tiene que elegir. ¿Qué quieres que sea yo para ti, un hermano, un amigo o…?

Leah rodeo con sus dedos el pelo rizado de Jace y sus miradas se encontraron. Dorado contra oscuros. Si alguien los viera pensaría luz y oscuridad, pero estaría tan fuera de lugar, no había luz ni oscuridad entre ellos. Solo había una desoladora sensación de vacío que parecía poco a poco llenarse cuando se veían y volvían a unir sus cuerpos en una caricia pequeña.

-Quiero que seas mi todo. -susurro Leah alzando la barbilla y acariciando sus labios con los de Jace, él suspiro suavemente. -Quiero que seas mi todo Jace.

Jace le agarro de la cintura y le empotró contra la pared y chasqueo sus caderas mientras se acercaba más frenéticamente a su boca, le beso, aplasto su boca de forma ruda dando un beso hambriento, su lengua lamió la comisura de los de Leah y se adentró en su cavidad mientras sus manos le acariciaban la espalda y Leah se restregaba contra su cuerpo. Jace gruño y Leah apretó sus uñas en sus omoplatos. Estuvieron largo rato mientras se besaban y acariciaban, mientras sus dedos lastimaban y excitaba sus pieles, mientras Leah jadeaba contra su boca y echaba la cabeza hacia atrás para ver los ojos dorados de Jace.

Jace con sus dedos callosos y calientes tiro de la camiseta de Leah revelando sus pechos desnudos, llevó su pulgar y lo apretó mientras sentía como se ponía erecto, con su boca busco el otro y Leah se aferró a su cabeza como si fuera lo único que podía evitar que se ahogara entre tanto placer.

-Cama…-jadeo Leah intentando quitar la camiseta negra de Jace, él negó. No podía, no podía imaginar separarse, aunque sea un pequeño tiempo del cuerpo de Leah. Las piernas temblorosas de Leah se desenredaron de la cadera de Jace y casi cayó al suelo si no fuera por él, empezó a empujarlo hacia atrás mientras por el camino se quitaba los pantalones cortos y las bragas. Rebotaron en la ridícula cama individual y ella río. Jace apretó sus labios contra el pulso de Leah y se permitió sonreír. Ella le miro y con la mirada más blanda que pudo hacer se acercó más a él y volvió a besarle, mientras sus manos empezaban a quitar la camiseta. Leah rompió el beso para verlo, sorprendida y curiosa con sus dedos acaricio las runas, una por una mientras veía a Jace que cerraba los ojos y disfrutaba. Le tocó una encima de la cadera y él abrió los ojos. -Parabatai.

Fue lo único que dijo, Leah la acarició con más suavidad, casi como intentando no destrozar en sus dedos aquella bonita runa, Jace sonrió y le beso la sien. Las manos de Leah fueron al cinturón y lo tiró al suelo donde resonó con un sonido metálico. Jace se acomodó entre sus piernas y empezó de nuevo a bajar sus labios por su boca, garganta, su pecho izquierdo, donde su boca caliente y húmeda agarro el pezón y chupo como un recién nacido, ansioso para saciarse. Leah gimió y arqueo la espalda mientras con su mano izquierda cogía las sábanas y las apretaba. Sintió la erección de él contra su sexo y se abrió más, Jace dio breves y fuertes empujones que le hacían temblar, pero no era suficiente. Agarro el botón del pantalón y lo abrió, bajo el bóxer y tiró, apenas pudo bajarlos hasta los muslos de él cuando gimoteo irritada, Jace se separa un poco y con ayuda de sus propios pies se sacó sus botas y calcetines, con sus manos se quitó los pantalones y los tiro sobre la lámpara de la mesita de noche. Leah sonrió y acarició el pene de Jace, lo sintió pesado y grueso, él se movió un poco y Leah giró para estar encima.

Puso sus manos en el pecho de Jace, movió las caderas arriba y abajo, frotándose contra la polla gruesa y grande mientras sus pechos rebotaron. La piel se le erizo y su sexo se mojó ante la vista, Jace debajo de ella, aquel pelo rubio revuelto, ojos dorados derretidos por el placer, el gruñido que cada vez daba cuando Leah se apretaba más a él y su polla frotaba el sexo húmedo de ella. Leah gimió y fue bajando sus labios por la boca de él hasta sus caderas donde lamió la piel y probó el sabor salado de su sudor. Bajo más y su aliento dio contra la polla de su imprenta. Jace le miro con los ojos entrecerrados, Leah no evitó la mirada y abrió la boca, saco su lengua rosa y empezó lamiendo la punta redondeada, chupo y Jace inconscientemente empujó sus caderas hasta que su boca se abrió para él. Rodeo con la lengua, lamió y chupo varias veces y sintió la polla temblar entre sus labios, venas tensas listo para correrse. Leah llevo su mano contra la cara de Jace y él atrapo sus dedos entre sus dientes y lamió. Leah se estremeció y chupo con más fuerza, segundos después Jace se corría en su boca y ella tragaba su esencia mientras un hilillo de semen corría por la comisura de su labio, antes de poder reaccionar le tenía de nuevo debajo de su cuerpo. La boca de él fue hambrienta, mordisqueo varias veces sus labios y sus dedos viajaron hasta su vagina donde hundió dos dedos y empezó a masturbarla. Leah le agarro firmemente de la mano para evitar que sacara sus dedos, pero Jace no tenía ganas de sacar sus dedos o bien si lo hacía quería reemplazar por su pene.

Fueron hambrientos, con voz entrecortada de placer y rostros mirándose de vez en cuando, Jace quito sus dedos de forma suave y beso los labios de Leah. Le abrazo fuertemente y posó de la forma más suave que pudo, un guerrero como él, un beso en la comisura de los labios de Leah. Se adentró en su interior y Leah se aferró en su hombro clavando las uñas y alzando más las caderas para poder tenerlo más profundo de su ser, jadeo. Apresó entre sus piernas las caderas de él y las llevo a sus caderas mientras sus uñan abrían la carne de la espalda de Jace, él gruño y dio un brusco empujón que hizo a Leah jadear y gemir de forma ruidosa. Jace le apretó la boca contra la suya y sonrió. -Si sigues gritando nos oirán, no me ha dado tiempo a poner la runa del silencio…

A Leah le importó poco, más bien nada, si se oían sus gritos o gemidos mientras Jace se hundía más y más en su interior, abriéndose camino en su intimidad. Jace repartió besos por su cara hasta su cuello donde mordisqueo y dejo varios chupones donde minutos después desaparecerían, y Leah le araño de arriba a abajo la espalda y sus caderas subían para poder tenerlo más cerca.

-Muévete. -gruño Leah alzando la mirada y clavándola en la dorada de él. Los rizos dorados de Jace cayeron por su frente y su boca roja de los besos de Leah se curvaron en una socarrona sonrisa.

-Oblígame. -deletreo poniendo firmemente sus manos en las caderas de Leah para evitar cualquier movimiento.

Leah apretó sus uñas más en su espalda y mordió el hueco de su hombro de forma brusca haciendo que Jace gruñera y se apartara un poco ante el dolor. Ella sonrió ampliamente y con la fuerza que tenía rodo con Jace todavía en su interior por la cama donde cayeron al suelo de forma ruda. Jace se golpeó la cabeza contra el suelo y Leah se magulló el codo, pero no le importó, puso ambas manos en los pectorales de Jace y alzo las caderas, el pene de Jace salió y de un brusco y fuerte empujón Leah se dejó caer y gimió ante la sensación, repitió la acción mientras sus caderas temblaban y Jace le miraba con los ojos vidriosos y la mandíbula apretada. Leah rebotó varias veces contra las caderas de Jace y sollozo de placer mientras sentía su humedad pringar el pubis de su imprenta. Jace llevo sus manos a los pechos donde pellizco y retorció los pezones mientras subía las caderas para hundirse más en la estrecha humedad de Leah, ella jadeo ante un brusco empujón y se aferró en su pecho mientras sus caderas temblaban y sus muslos se apretaban para tenerlo apresado.

Jace agarró a Leah en un abrazo que le hizo caer contra su pecho y quedarse quieta durante unos segundos, después giro y la dejo contra el suelo firmemente agarrada mientras sus ojos dorados parecían dilatarse más.

-Me importa una mierda si nos oyen. -gruño Jace mirando la puerta como su peor enemigo, Leah jadeo un poco. Alzo una pierna de Leah y la obligo a pasar por su cintura mientras la otra se abría más para dar más espacio a su cuerpo. Empujó bruscamente y Leah se arqueo y gimió, Jace gruño cuando sintió el coño de ella apretar su pene. Llevo sus manos hasta sus brazos, rostro, donde acaricio con suavidad mientras sus penetraciones eran más rápidas y bruscas, intentando estar lo más profundo de su ser, intentando tocar su alma.

Jace gruño y Leah empezó a jadear mientras sus puños se volvían blancos. Leah sintió un revoltijo de emociones en su bajo vientre mientras su cuerpo vibraba a cada cometida de él, mientras Jace le miraba y con una sola estocada le hacía temblar. La piel se le erizo y llevo sus manos a su vientre, se sintió llena.

Jace gruño y con otro par de empujones duros intento apartarse, pero Leah se lo impidió, clavó sus talones en el trasero de su imprenta y negó, guio con su mano el pene pesado de nuevo a su interior.

-Dentro…-jadeo, se empalo de un fuerte empujón.

Jace le beso furiosamente, su lengua bailó en la comisura de la de Leah. Segundos después ambos se corrieron, Leah clavándole las uñas en la espalda y Jace enterrándose más mientras su rostro iba al cuello de ella.

….

Jace deja caer la cabeza contra el hombro de Leah mientras sus manos agarran firmemente sus caderas y le penetra de forma fuerte haciendo gemir a la chica que se atraganta entre jadeos y gime. La piel de Leah esta brillante por el sudor, aquel color moreno que brilla entre aquellas sábanas blancas de la cama, su pelo corto revuelto y sus piernas abiertas, mostrándose para él mientras Jace siente su polla más tiesa a cada segundo.

No saben exactamente cuánto tiempo ha pasado, pero por el ligero traqueteo de zapatos y tacones fuera de la habitación, quizás un par de horas, ya que eso indica el comienzo de la jornada como cazador de sombras, pero Jace no parece entender el concepto del tiempo cuando Leah se derrite entre sus dedos y se corre llevándole a él a la locura, apresando su hombría en su caverna estrecha y caliente. Jace aprieta una y mil veces sus dientes contra el cuello de Leah y la marca dura apenas minutos antes de desvanecerse de nuevo, para él es un reto, para Leah una maldición el no tener marcas que Jace parece con testarudez intentar dejar en su cuerpo tembloroso.

Leah jadea por última vez y su cuerpo se arquea, aprieta la polla de Jace en su intimidad y se corre, Jace da empujones contra la cadera de ella y aprieta los dientes, sus labios tensos descansan en los de Leah y se deja caer. Ambos gimen al unísono.

….

Leah es la que gira sobre su propio cuerpo y se aparta un poco de la piel sudorosa de su imprenta, Jace con el pelo humedecido y una sonrisa en los labios le mira, sus ojos dorados parecen relajados. Leah levanta la mano y con la suavidad que jamás pensó volver a tener le aparta el pelo rubio y mira sus ojos, él cierra los ojos.

-Creo que es necesario salir de la cama y ducharnos. -murmura frunciendo la nariz. Leah le besa y Jace suspira.

Ella asiente, pero con cierta pereza se levanta de la cama mientras la mano de Jace aún descansa en el hueco de su cadera, no le deja ir aún. -Tenemos diez minutos…

Leah resopla, su boca se curva y se deja caer contra el pecho de Jace que le acoge con gusto y le besa el cuello. Sus manos tantean entre sus muslos mojados y con un suspiro se abre para él una vez más.

-Tan mojada…-susurra Jace hundiendo su dedo en la vagina de Leah. Ella suspira. Se levanta un poco para subirse en el regazo de Jace, pero él niega y hunde otro dedo más, sintiendo la humedad y su propia esencia en la intimidad de ella.

Leah jadea cuando él le abre los labios y siente el semen de Jace resbalar de su sexo, cayendo suavemente por sus muslos y manchando las sabanas, Jace suspira y se levanta un poco, viendo con curiosidad y cierto orgullo el lío en las piernas de Leah.

Leah no aparta los ojos y Jace no deja de ver su sexo mientras sus dedos juguetean y Leah se retuerce entre ellos.

….

Alec que toma su café e Izzy que mira la pantalla arrugan la nariz brevemente cuando Jace aparece por la sala, su pelo mojado y una jodida y prepotente sonrisa en los labios, seguida de una Leah que lleva una camiseta ancha y unos pantalones cortos con unas sandalias planas que habían visto tiempos mejores, sus pezones se vislumbran un poco a través de la luz pero parece ajena a ello, o por lo menos le importa poco, pero Jace juega con el filo de su camiseta, Alec jura que es suya, y le susurra algo por lo bajo.

Leah aprieta los labios para evitar reír y asiente.

Izzy se levanta de la silla con sus altísimos tacones y se acerca a la pareja. -¿Sabéis la hora que es verdad?

Jace mira a su hermana. -¿Hora del desayuno?

-¡Jace! -chilla Izzy con las manos en las caderas, su boca se retuerce en una sonrisa socarrona. -Me da a mí que tú ya has tenido un merecido desayuno…

Jace sonríe.

-Pues me conoces muy bien, Izzy.

Su hermana pone los ojos en blanco antes de girar y apuntar con su dedo la pantalla. -Tenemos que ir de caza dentro de una hora, íbamos a decírtelo ahora ya que no has tenido la decencia de salir de la habitación de Leah.

Leah arruga las cejas y se acerca a la pantalla, ve el mapa de la ciudad.

-¿Esos puntos son demonios?

Alec deja de beber su café y mira la pantalla, luego a Leah, asiente y rodea con su dedo índice algunos puntos rojos. -Sí.

-Son muchos. -farfullo Leah cruzando los brazos. Sus labios hicieron un mohíno fastidiado.

-No realmente. -musito Alec volviendo a beber su café. -Hasta hace poco teníamos cuatro o cinco veces más movimientos de demonios en la ciudad.

Ella aprieta más los labios. -Eso es mucho…

Izzy se acerca a la chica y le mira. -¿Quieres venir con nosotros de caza?

-¡Izzy! -le grita Alec, dejando la taza y mirando acusadoramente a su hermana, Jace a su lado arruga un poco el entrecejo. -Es peligroso llevarla de caza cuando aún no sabe cómo luchar contra demonios.

-Cómo si no hubiéramos roto esa parte de la cuestión…recuerdo a cierta pelirroja cazar demonios sin entrenamiento, y cierto hermano rubio mío acompañarla, incluso diría yo, animarla para ello.

Alec rueda los ojos.

-Quiero ir de caza. -dice Leah mirando a Izzy con firmeza, asiente y desvía los ojos a los de su imprenta que deja de sonreír y fruncir las cejas, sus fuertes brazos se cruzan y una mirada helada le recibe.

-Tú no sabes nada de demonios.

-Y tú no sabes nada de nuestros vampiros con poderes.

Izzy ríe por lo bajo, pone una mano en el brazo de Leah y le mira de arriba abajo. -Te prestare un conjunto, ¿vas bien con tacones? ¿Te gusta el escote? Creo que sí, después de todo puedo ver tus pezones a través de la camiseta de Jace. No creo que te importe llevar un insignificante y pequeño escote…

-Como si los tuyos fueran pequeño e insignificantes. -murmuro Alec rodando los ojos y una sonrisa en los labios. Leah miro a Izzy y alzó una ceja.

-Tienes una bonita figura y unos pechos preciosos que necesitan resaltar.

-¿Gracias? -murmuro Leah.

-¡Incluso tus piernas son fabulosas! Estoy segura de que con unos tacones serías la atención del submundo entero. Oh Dios, ¡me imagino ya el conjunto! ¡Vamos Leah!

….

Leah siente a Izzy revolotear de un lado para otro, incluso el aliento de ella rebota contra sus labios mientras las manos de Izzy aplican maquillaje de ojos color oscuro perfilando sus ojos oscuros, Leah arruga un poco la nariz cuando una brocha pasa por su rostro y siente el olor del maquillaje. Izzy tararea y le peina el pelo corto, no sabe exactamente qué le está haciendo, pero la chica parece feliz con su trabajo. Leah vuelve a cerrar los ojos mientras Izzy termina su trabajo.

-Abre los ojos. -dice Izzy apartándose de ella y girándole en la silla mientras se ve en el espejo. Leah abre sus ojos oscuros con asombro, sus labios voluptuosos están pintados de un color rojo sangre que resalta mucho, sus pestañas parecen el doble de gruesas y largas que habitualmente e incluso sus pómulos se ven altos y de un rubor que le hace ver preciosa, sus ojos pintando solo con una línea que perfila su ojo y un brillo casi imperceptible en su parpado. Leah sin proponérselo acerca su mano a su rostro.

-Parezco una mujer…

Izzy ríe. -Leah, tú eres una mujer.

Leah quiere decirle que no, que durante años desde que se convirtió dejo de sentirse como una mujer, que desde que su pelo largo y brillante se cortó dejo de sentirse mujer y peor aún femenina, pero ahora estaba ahí, mirándose en el espejo, el reflejo mostraba una mujer hermosa y seductora con unos labios rojos sangre que resaltaba más por su color de piel, incluso su pelo corto tenía unas ligereas ondas que enmarcaban su rostro. Leah sonrió.

….

Jace y Alec están cogiendo las armas de la sala cuando los tacones de Izzy resuenan por la sala, giran y se sorprenden de que no sea Izzy, si no Leah vestida con un cortísimo vestido color negro de tirantes finos con un escote que redondeaba muy bien sus pechos, con unas botas que le llegaban por encima de la rodilla.

Su pelo corto tenía ondas, aparte del vestido lo que más llamo a Jace fue la boca de Leah, esa preciosa boca pintada de un color rojo sangre que le hacía querer acercársele y besarle tanto y con desesperación.

Izzy entro en la sala con un vestido gris oscuro corto y un pronunciado escote, giro a sus hermanos.

-Es hora de irnos.

….

Alec quien esta apartado de la lucha, pero atento a cualquier movimiento y disparando sin descanso flechas certeras mira a su parabatai que se acerca con velocidad para apuñalar con su daga a un demonio menor que tiene unos dientes grandes y deformes, Izzy rodea con su látigo lo apresa y ambos lo eliminan, a su lado Leah mira atentamente, no interviene por el momento, no por miedo, más bien con prudencia para llegar a ver cómo trabajan en equipo, y poder de alguna forma aprender de aquello para futuras disputas.

A Leah le cuesta un poco adaptarse a los movimientos firmes y sin titubeo de su imprenta, Jace que parece un rayo de luz que brilla mientras rueda y clava la daga con una maestría que le eriza la piel, Jace que sonríe mientras el demonio desaparece. Leah frunce ligeramente el ceño antes de sentir el aliento frio y hediondo de un demonio en su nuca, el vello se le eriza y sus labios se estiran mostrando sus dientes al descubierto, de su garganta sale un gruñido y gira encontrándose con unos ojos, es mucho a decir verdad, quizás una docena de ellos, mirándole sin parpadear porque no tenían parpado y una boca torcida y dientes afilados como pequeños cuchillos juntos y revueltos en todas direcciones, Leah más por instinto gira un poco más el cuerpo y de una patada hace caer al demonio que gira un poco y cae con gracia al suelo para abrir más la boca.

Aquel demonio es una masa oscura de una estirada y filosa sonrisa, sus diversos ojos de todos los tamaños le miran y una oscuridad abrumadora rodea su ser, Leah gruñe más y tensa sus músculos para transformarse hasta que siente la mano pequeña pero fuerte de Izzy contra su hombro, la chica le aprieta con suavidad y le mira de reojo, a su lado Alec apunta con su arco y de un certero disparo elimina la amenaza, sus labios se estiran en una pequeña sonrisa antes de empujar con su hombro de forma juguetona al de su parabatai, la imprenta de Leah que le mira con el entrecejo fruncido.

-Tienes una fuerza asombrosa. -dice Izzy soltando su agarre y sonriendo ampliamente mientras ve a sus hermanos. Alec aprieta un poco su carcaj antes de girar y comenzar a caminar con tranquilidad, su hermana le sigue y entrelaza su brazo contra la de él.

Jace no deja de mirar hasta que su gesto parece de cierta irritación. -Se supone que viniste para ver, no para actuar.

Murmuro caminando sin esperar que Leah le siga, ella sin embargo le sigue y frunce los labios. -Cuando algo me ataca lo más lógico es defenderme y eso es lo que he hecho. Yo no espero que nadie me defienda y espero que lo entiendas, porque parece que te molesta el hecho de que no me hayas protegido.

Jace tensa los músculos antes de sus hombros antes de girar y mirar de reojo. -No sé de qué mierda me hablas. -gruño, Leah afloro una sonrisa socarrona.

-He estado muchos años rodeados de chicos Jace, y aunque no lo creas he aprendido algo de eso, como el hecho de que creéis que tenéis que proteger cueste lo que cueste a una mujer, como a la jodida Isabelle, siempre siendo protegida primero por Jacob y luego por el vampiro, aprendí que no necesito un hombre en mi vida que me proteja o este siempre a mi lado, sí, es verdad que me sentí solitaria, pero espero que entiendas esto y te quede claro porque no volveré a repetirme, no necesito ayuda de nadie y cuando la necesite lo diré yo, soy una mujer independiente que me gusta a estar a mi rumbo y odio cuando se interponen en mi camino, así como el puto demonio que me ataco. Y espero que comprendas que no necesitas estar siempre vigilándome como si fuera a romperme por los demonios que existen en tu mundo, tú tienes tus propios problemas y yo los tuve en mi mundo y ¡sorpresa! Sobreviví, soy una jodida luchadora Jace y tú ni nadie podrá obviar eso, si algo me ataca yo contraataco, si hay problemas los soluciono, si me veo en apuros busco solución, no soy la clásica chica que espera ser protegida, ni espera que me tiendas la mano para ayudarme, puedo yo sola con los problemas, así que entiéndelo de una puta vez, si voy a estar viviendo aquí luchare, y si salgo herida me recuperare.

Leah gira sin mirar atrás y sin esperar nada salta y se transforma en un lobo que corre por los callejones oscuros, su figura perdiéndose ante la atenta mirada de Jace.

…..

Leah corre, su pelaje se revuelve y de su hocico sale un gruñido bajo, enrabietada, sus ojos feroces ven, pero su cabeza está en otro mundo, en su jodida y estúpida imprenta.

Leah aprendió muchas cosas con los chicos, después de todo ha tenido que estar en su mente aniñada durante mucho tiempo, viendo recuerdos de sus imprentas siendo cuidadas como si fueran a romperse con el mínimo soplo de aire. Leah no era frágil, quizás años atrás lo fue, sí, no tendría la fuerza que hoy en día puede derribar a hombres de un solo puñetazo y al parecer patadas que tiraban a demonios, no tendría la fuerza física de hoy en día pero Leah no era una chica que necesitaba ser protegida cada segundo, ella sabía buscar soluciones a sus problemas, sabia con sus manos pequeñas arreglas los coches y cambiar las ruedas de ellos, sabía valerse por sí misma, sabía seguir luchando aunque doliera, sabía sobrevivir porque era una mujer fuerte. Y que Jace creyera, pensara joder, que necesita su ayuda o el mero hecho de ser protegida le hacía sentir enferma y furiosa. Jace debía aprender que quizás esta lastimada, su alma herida, pero es fuerte, capaz de seguir luchando a pesar de todas las circunstancias. Debía se dijo Leah mientras abre el hocico y gruñe frustrada.

Jace a pesar de haber vivido la mayoría de su infancia con Valentine y estar profundamente sembrado en su interior la autonomía hay veces que pequeñas astillas de miedo se entrelazan con su corazón cuando alguien cercano, parabatai, hermano, madre, padre, familiares cercanos están en problemas esa semilla desaparece para ser sustituida por una más triste aún, el terror de verse solo, el miedo que come a veces su corazón y cerebro, aquel que se esconde entre los rincones y ríe cuando una parte de él cae y se destruye. Jace, a pesar de haber vivido con Valentine, y éste haber inculcado que no necesita a nadie a veces, pocas, pero certeras, necesita a alguien y sufre el doble que cualquiera cuando desaparece.

…..

Maia es una mujer lobo, a su edad corta tiene más problemas en la cabeza que lo habitual en chicas de su edad, sus problemas son no perder el control fácilmente cuando algún capullo le molesta mientras le sirve una copa, sus preocupaciones van más allá de si saldrá o no el fin de semana a las fiestas, sus verdaderas preocupaciones son no dañar mientras pasa día tras día rodeada de gente frágiles, de mujeres diminutas que carecen de su fuerza física que derriba a chicos el doble de su tamaño, de hombres que no son capaces de seguir su peligroso ser. Maia tiene más problemas que una chica de su edad tendría, por ello sale de la barra y con un encogimiento de hombro le indica a su compañero que saldrá a fumarse un cigarrillo, por lo menos para no seguir oliendo la mierda de perfumes de chicos y chicas, de su sudor a rancio o sexo rápido que desprenden algunos, de las risas y gruñidos bajos mientras tienen sexo en el baño. Maia tiene más problemas y por un segundo manda a la mierda todo y sale por la puerta. Cuando sale las luces de neón del callejón hace que se sienta todo artificial, saca de su chaquetilla su cajetilla y entre sus labios rojizos da una primera calada, apoya la cabeza contra la puerta de metal y sopla.

Entonces por el rabillo del ojo ve un perro grande, de orejas puntiagudas y un pelaje espeso, la figura es grácil, casi delicada, pero sus ojos amarillos del perro le alertan, Maia deja caer el cigarrillo y gime.

-Joder, no puedo ni fumarme un puto cigarrillo. -Maia se quita la chaquetilla y sus hombros tiemblan mientras se agazapa y gruñe, sus ojos se vuelven amarillos y el lobo para su movimiento mirándole con el cuerpo en tensión, Maia levanta los labios mostrando sus dientes que empiezan a transformarse en una filosa dentadura. El lobo muestra los suyos.

Maia gruñe y salta, rueda con el otro lobo por el suelo, intentan morderse mutuamente, mostrando grandes bocados de dientes afilados, gruñen y ruedan hasta que se vuelven a mirar, entonces el lobo retrocede un poco hasta que su cuerpo vibra, el pelaje empieza a desaparecer y ante su asombrada vista aparece una chica de piel morena y pelo corto revuelto totalmente desnuda, puede ver con claridad sus ojos, unos ojos que parecen serenos y nada descontrolados, Maia con cierta reticencia retrocede un poco y sin despegar la mirada de la chica se transforma de nuevo en ser humano.

La chica se alza en toda su estatura sin importarle su desnudez. -Eres como yo. -dice, su voz sale ronca y Maia percibe cierta añoranza en su voz, como si su voz estuviera a punto de quebrarse. -Eres como yo joder, no soy la única…

La chica dice mientras no deja de mirarle, esboza una sonrisa torcida, sus ojos brillan y muestra una dentadura blanca mientras ríe ocultándose entre sus manos, Maia vislumbra apenas unas cuantas lágrimas que rápidamente desaparecen ocultas entre sus manos.

Se acerca y Maia se pone tensa. -Quieta ahí.

La chica pone los ojos en blanco antes de pararse quieta. -No soy una amenaza…

-Ya, eso dices tú, pero hace un momento casi nos arrancamos la garganta mutuamente.

- Es porque tu atacaste primero. Yo estaba tranquilamente hasta que me gruñiste. -suelta y frunce los labios, Maia gruñe.

-Lo primero es que no debiste estar en un callejón transformada, eso va contra la Ley, si algún mundano te hubiera visto estoy segura de que tendrías problemas con La Clave. Debes tener cuidado, ¿es tu primera trasformación?

La chica se acerca más y cruza de brazos. -No soy de por aquí, así que no se vuestras leyes.

Ambas se miran y Maia suelta un resoplido y gira al instante para cubrirse un poco cuando la puerta vuelve a abrirse y el olor de Luke entra en sus fosas.

El alfa mira brevemente a su beta y sin dejar de taladrar sus ojos en los de la chica nueva se quita la chaqueta de cuero para dársela a Maia que la coge y agradece por lo bajo.

-¿Es tu alfa? -pregunta Leah, evaluándolo, la estatura, los fuertes brazos y la mirada seria y analizadora hacia su persona. Luke carraspea.

-¿Necesitas ayuda?

Leah ladea la cabeza y mira de reojo el callejón.

-Por el momento un poco de ropa no me vendría mal…

Luke sonríe y se quita la camiseta gris que llevaba abajo, sus duros y fuertes pectorales se mostraron y con una mano grande tendió su camiseta.

Leah la cogió.

Leah se deja caer en el sofá gris, a su lado Maia aparece con unos pantalones absurdamente grandes y la cazadora de cuero de su alfa. Luke mira a ambas chicas.

Me llamo Luke Garroway.

Leah asiente.

- Soy Leah Clearwater

- Ella estaba trasformada en el callejón Luke. -Maia murmuro, sentándose a lado de Leah. Luke asiente.

Leah ve las facciones del hombre, no son de prepotencia ni mucho menos de dureza, si no que escuchaba atentamente a lo que le decía su beta y meditaba. Eso por lo menos pensó Leah cuando él no respondió.

-Estaba transformada por ciertas circunstancias, no ataque a nadie, salvo un demonio…

Luke arruga brevemente su cejo.

Nosotros no podemos atacar a los demonios. Eso son cosas de los cazadores.

Leah asiente.

Lo sé, pero si algo me ataca yo contraataco y no dejo que nadie pelee en mi guerra.

Luke sonríe.

Puedes dejarnos Maia.

No es una orden directa, va con sutileza, pero la beta asiente y se prepara para marcharse, y en esos breves segundos Leah se levanta y agarra el brazo de la chica con fuerza. Maia aprieta los dientes y Leah la suelta.

…quisiera, me gustaría si pudiéramos vernos de nuevo…Nunca había visto otra persona como yo.

El tono de voz como lo suelta Leah hace que Maia se estremezca ligeramente, hay tanto dolor ahí.

- Seguro que en vuestra ciudad tendríais más hombres lobos. -dijo Maia. Leah asintió.

- Sí, pero nunca una mujer, yo era… la única.

Maia agarra entre sus dedos un bolígrafo y arranca una hoja de un cuaderno que estaba en la mesita. Escribe algo y se lo da a Leah que lo coge con rapidez.

-Llámame

Asiente y se gira para marcharse. Leah suelta un suspiro y recarga su tensa espalda contra el respaldo del sofá y mira al alfa que esboza una sonrisa.

….

Jace aprieta los dientes, siente su pulso acelerarse mientras chasquea y mira por donde se había marchado Leah. Enfadada. Rabiosa.

Como un maldito perro. Jace lleva su puño a su muslo y sin poder evitarlo golpea sus piernas con todas sus fuerzas y sisea.

¡Joder!

A su lado sus hermanos no dicen nada, pero Jace podría apostar que Alec está evaluando la situación si él quiere ir a buscar a Leah, porque era su parabatai, era su hermano, era..

-Eres un imbécil. -suelta Alec, su tono es acusador mientras recarga su peso en su pierna derecha y agarra su carcaj con fuerza. Jace gira con tanta rapidez que la imagen de Alec se desdibuja en sus ojos y luego mira los ojos furiosos de Izzy y la mirada reprochadora de su parabatai. -Eres un idiota.

Es lo único que dice Alec, sacude su espesa cabellera negra y saca su móvil de su bolsillo mientras marca.

Magnus, perdona por molestarte a estas horas, pero podrías…¿un portal? Por favor. -Alec adquiere un ligero rubor en sus mejillas y gira para no mirar a nadie.

Jace mira sin ver en realidad a su hermano y aprieta los dientes, Izzy se adelanta con pasos rápidos a su lado y le empuja con furia.

¡Por el ángel Jace, eres un idiota! -grita y su boca se frunce.

…..

Jace sabe claramente que Leah podría tranquilamente cuidarse, por el Ángel, había luchado contra vampiros. Así que podría cuidarse, se dijo mientras sus puños se volvían blancos y sus dientes mordían sus labios. Gruño y paso su mano izquierda por el rostro con frustración.

¿Qué le había pasado?

Amar es destruir susurra su mente. Amar es destruir.

Y Leah y él…¿Se amaban?

No habían tocado el tema sobre ello, pero Jace estaba seguro qué podría surgir algo más que cierta atracción física, y además estaba el punto de la imprenta, que de alguna forma retorcida y bastante peculiar los había vinculado hasta al punto que Jace se replantea cierto futuro, quizás juntos.

Pero ahora esa pequeñísima esperanza de estar juntos, o por lo menos cerca, parecía esfumarse con la marcha de Leah y a decir verdad al silencio de Maryse.

Desde aquella reunión con Maryse ésta no se había pronunciado, y eso a Jace no le gustaba, porque su madre aunque fuera un tema bastante serio y quizás desesperado siempre solía decir algo, pero el silencio, aquel silencio no era nada agradable de soportar.

Y…quizás, Jace con su personalidad repelente solo vio una forma de alejar a Leah.

Era lo mejor, después de todo, amar es destruir.

Y sinceramente estaba sintiendo algo por aquella chica, todavía no podía llamarse amor, pero era algo.

….

Leah aquella noche no llego, y Jace mientras entraba en su habitación con quizás cierta esperanza de encontrarla, solo llego a ver su cama tendida y su armario, y un silencio y soledad asolador.

….

Jace se despierta sobresaltado por el ruido de los cajones del armario siendo abiertos, Leah esta parada ahí, con ropa distinta, unos pantalones de hombre ridículamente grandes y una sudadera gris con capucha, con sus dedos empieza a quitarse los pantalones mientras Jace le mira y no dice nada, esperando que ella empezara la conversación para no volver a cagarla como lo había hecho la última vez.

-Hola…

Murmura al fin, levantándose de la cama mientras ella sigue en la labor de quitarse la ropa, Leah le mira de reojo y gruñe algo, quizás un saludo, pero suspira y deja de mover los dedos.

-Odio que intenten controlarme.

Es lo único que dice con voz seria y una mirada férrea, Jace asiente y carraspea.

-Sabes que esa no era mi intención. -dice, irguiéndose y apretando los puños, pasa una mano por su cabellera dorada, Leah afloja el agarre de la camiseta entre sus dedos y la deja caer al suelo, la sudadera gris tiene una mancha de mostaza en un lateral.

-Lo sé, pero lo hiciste. Eso es lo que me jode.

Leah resopla y se acerca a Jace, su cuerpo entero gritaba frustración a igual que una tensión que se podía cortar con un cuchillo.

-Tu y yo no somos personas corrientes Jace, ambos hemos sido lastimados de la peor manera posible y tenemos nuestras cosas, yo antes…antes de todo esto era muy distinta. Y quizás a esa anterior Leah le hubiese encantado tus acciones de caballero pero a mí, la actual Leah le resulta bastante…

Resopla y sacude su corta cabellera.

-Conocí a una chica, una chica como yo. Nunca había visto a otra mujer como yo. -sus ojos volvieron a los dorados de Jace y él pudo ver el reflejo de la esperanza.

¿Cuántas veces Leah se había sentido sola en su manada? ¿Cuántas veces Leah había aguantado la situación con Sam?

¿Cuántas veces había sido relegada a un lado mientras los otros podían vivir su vida, mientras ella tenia que estar anclada al pasado?

¿Cuándo esta actual Leah había dejado de ser su antiguo yo?

Jace se relame los labios.

-Hemos follado y me gusto, me gustas tú, no solo porque seas mi imprenta, mierda, incluso si no hubiera impreso en ti seguramente hubiese intentado que me follaras detrás de los árboles.

Leah esboza una sonrisa corta y Jace espera.

-Estaremos unidos toda la maldita vida, tú serás el centro de mi universo, todo esta decidido por la impresión, pero Jace, me gustaría que eso no nos definiera. Me gustaría volver a vivir.

Confeso al fin, miro al techo brevemente antes de mirarle de nuevo.

-Y yo voy a vivir luchando Jace, luchare con tus demonios, con los míos, con mis problemas, yo luchare. Por eso te exijo que no te metas en mi camino y decisiones. Para que esto funciones no me trates como a otra maldita Isabella Swan.

Leah es una mujer independiente, todo sucedió a raíz de que tenia que serlo, joder, todo sucedió con tanta rapidez que parecía más una bofetada del universo para con ella, así que ahora mientras Jace la miraba fijamente y Leah pensaba en todo, en Jace, quitando de la ecuación la imprenta.

¿Merecía la pena intentarlo?

Si.

Merecía la pena y mucho, pero no por ello dejaría que todo volviera como antes, no ella no volvería a ser la misma Leah de años atrás, ella ahora era la Leah que podía con todo, que podría incluso con su imprenta si fuese necesario se dijo.

….

-¿Te unirás a la manada de esa chica?

Fue la única pregunta de Jace mientras su postura seguía igual. Leah le miro.

-Quizás… aunque no soy de manada, no me gusta que me lideren.

Jace esbozo una sonrisa por primera vez y se relajo mientras le miraba.

-Siempre puedes ser tu propio líder.

Fue lo único que dijo con una media sonrisa.

Leah amplio los labios y se acercó a él.

-Incluso si, ¿soy tu líder?

Jace le agarro de la cintura con firmeza y paso sus labios por su cuello mientras.

-Estoy dispuesto a muchos cambios.

Le beso con profundidad y suspiro entre sus labios.

N/A. ¡Hola! Hacía muchísimo tiempo que no escribía y no sé si todavía sirvo para ello, pero esto empezó tiempo atrás cuando leía una historia de Jace y Leah y me encanto. Me enamore tanto que dije que tendría que volver a escribir. No se si os gustara y creo que tengo bastantes errores ortográficos pero…¡yo que sé!

Solo espero que os haya gustado, aunque sea un poco. Besos