La medianoche había arribado, pero su marido no daba señales de querer regresar al dormitorio. Fuera una lluvia tempestuosa azotaba contra el suelo sin remordimiento alguno; casi podía parecerse a las lágrimas punzantes que resbalaban por las pálidas mejillas de la señora Phantomhive. Nada podía superar el intento dolor que dejaba una traición, una infidelidad.
Y es que Rachel siempre supo que algo no andaba bien cuando aquellos dos hombres se juntaban, era una sensación punzante que se manifestaba en su pecho, saber que su marido estaba siéndole infiel era lo más doloroso que había sentido en vida. Mayor descaro tenía él ocultando lo obvio.
Fue una noche tormentosa, ahora que lo pensaba bien era bastante parecida a esa, en que descubrió a la parejita dándose obscenos ósculos en el salón de billar, después los contempló entregándose en cuerpo y alma. Nada fue tan doloroso como quedarse ahí a mirar. Los gemidos de Vincent nunca sonaron tan deliciosos como aquel día que reposaba sobre Undertaker otorgándole placer.
¿Cuándo iniciaron esos encuentros? ¿Cuánto tiempo lleva Vincent engañándola con Undertaker?
Hoy era exactamente lo mismo, el conde Phantomhive estaba siéndole nuevamente infiel en su propia casa, era la mansión de su amado esposo, pero aun así ese seguía siendo su hogar. Rachel había derramado bastantes lágrimas esa noche, justo como ese preciso momento. Entonces los sollozos se detuvieron cuando Vincent arribó a los aposentos acomodándose la corbata de una manera bastante sensual, acción que siempre realizaba cuando sus actos pecaminosos terminaban.
– Sigues despierta. –dijo él.
– Hola, cariño. Me atacó el asma de improvisto.
Vincent no podía saber que ella era consciente de su infidelidad o la apartaría del camino repudiándola como su mujer, entonces no podría volver a ver a sus estimados hijos. Sin embargo, sabía que su marido no era ningún imbécil y que poseía una inteligencia inigualable.
Rachel era mucho más astuta y perspicaz que su marido, las mujeres desarrollaban dichas características cuando eran obligadas a guardar silencio ante su esposo. Dejar quietecito a Vincent en compañía del chocante Undertaker era lo más sensato.
– Sí. –el conde Phantomhive le echó un vistazo con esa perspicaz mirada suya–. Claro que fue eso.
– Pero ya estoy en óptimas condiciones.
Él no respondió, sino que comenzó a desvestirse.
– ¿Mucho trabajo, cariño?
– No imaginas su intensidad.
Sí, Rachel claro que la imaginaba.
Saber que compartía cama y apellido con un infiel era la peor sensación del mundo, pero era un sacrificio para continuar viviendo con sus hijos. Ambos lo valían enormemente.
Vincent Phantomhive no era ningún imbécil, él también era consciente que Rachel sabía sobre sus íntimos encuentros con Undertaker, pero percibiendo su actitud indiferente mediante ese asunto era satisfactorio contemplarla desde la primera fila.
Claro, si es que existía una.
