Esto es algo que escribí hace muuucho tiempo y nunca publiqué. Como cinco años. Lo escribí cuando salió Dragon Ball super y comencé a imaginar como me gustaría que fuera Pan al crecer, sin tener en cuenta GT. No es mucho, pero siempre me dio penita tener el fic ahí aparcado. Ah, y resucité a A-16 sólo porque sí.


Pan corría por los pasillos de la Corporación Cápsula camino al taller donde Bulma trabajaba. Se detuvo jadeando ante la puerta y la golpeó varias veces con los nudillos.

—¡Vamos, vamos, vamos, vamos! —repetía dando saltitos. Sólo quedaban varios minutos para ver al fin su encargo.

El proyecto que había mantenido en secreto con todo el mundo. Unos instantes más tarde, A-16 abrió. Le faltaba la parte superior de la cabeza, justo por encima de las cejas y varios cables salían de una abertura en su brazo pero a ella no le impresionó.

—Buenas tardes Pan, perdón por recibirte así Bulma está haciéndome unos ajustes —el enorme androide se apartó de su camino—. Pasa, te está esperando.

—Así es —dijo Bulma cruzándose de brazos—. La esperaba, pero no tan pronto.

—Um... Es que... No podía aguantarme más —Pan se frotó la nuca mientras se le escapaba una risita.

Bulma dio una palmada. Ella tampoco podía contener el entusiasmo.

—Por supuesto, no te culpo. Te va a encantar tu nuevo uniforme, tanto como a mí. ¡Sígueme!

Pan se fue tras ella a través de un pasillo en el que las luces se iban encendiendo a su paso. Luego Bulma se paró ante una compuerta de metal, tecleó una clave y la compuerta se levantó. La habitación estaba demasiado oscura como para ver algo, pero cuando sus ojos se acostumbraron, Pan vio un destello rosado a lo lejos, iluminando la silueta de lo que era su propio y exclusivo uniforme de Saiyaman. Al pasar a la estancia, la luz se encenció sola. El cuarto estaba lleno de maniquíes con uniformes, muchos de ellos como los que Vegeta siempre solía usar y ahí en medio, metido en una vitrina estaba el suyo.

—¡Ahí está! ¡Ahí está! —dijo tras dar un gritito.

—Je, je. ¿Te gusta mi creación? —dijo Bulma con las manos en sus caderas.

Pan no contestó inmediatamente, toda su atención estaba puesta en aquel traje. Bulma no necesitó que se lo dijera para saber la respuesta a la pregunta.

El casco había sido un regalo de su abuela Chi-Chi. Era rosa con adornos grises. Tenía arriba una cuchilla gris en forma de aleta de tiburón y un círculo rojo en la frente el cual según su abuela podría disparar rayos láser.

—¡Le has puesto un visor al casco! ¡Ahora se parece más al uniforme de Saiyaman de mamá! —Pan entrelazó los dedos de sus manos—. Mi abuela me contó que ese casco fue un regalo de su padre para defenderse en el desierto de los dinosaurios salvajes y los ladrones.

Pan rodeó la vitrina, examinando el resto del traje, el cual era azul celeste, de un material que a simple vista parecía elastano sobre el cual había una camiseta rosa pálido del mismo corte que la del uniforme de Videl, un cinturón como el de su padre, botas y guantes idénticas a los de sus padres. Y como toque final, una capa negra.

—¡Es perfecto! ¡Me encanta! ¡Muchas gracias, Bulma!

—¡No hay de qué! Fue todo un reto y yo no puedo decirle que no a los retos, ni a la nieta de una de las personas que más aprecio en toda la galaxia —dijo guiñándole un ojo—. Además, tiene unos cuantos secretos. El visor por ejemplo tiene la misma tecnología que los scouters que solían llevar los saiyans. He sustituído el rayo láser por otro mecanismo. Uno que concentrará grandes cantidades de tu propio ki en un punto minúsculo devastador. Es una técnica que inventó el creador original de A-16 y que pude investigar más a fondo cuando conseguí los planos de sus androides. Y por último...

Bulma abrió la vitrina, presionó un botón alojado en el cinturón y el traje al completo se transformó en una pulsera blanca.

—¡¿Dónde se fue?! —dijo Pan, buscando en todos lados el traje que parecía haberse desvanecido en el aire.

—Es la misma técnica que usamos para las cápsulas —Bulma tomó la pulsera y le dio vueltas en su dedo—. Una casa enorme puede caber en algo muy pequeño. En el caso de tu traje, se guarda dentro de la pulsera, la cual puedes tener siempre contigo. ¿Qué te parece?

—¡Es una pasada! —exclamó Pan tomando la pulsera que Bulma le ofrecía—. Muchas gracias, de verdad. Ahora mismo me la probaré.

Y cuando se la puso y presionó el punto que Bulma le indicó, al segundo siguiente estaba vestida en su uniforme de Saiyaman. Pan comenzó a probar su asombrosa movilidad. Recorrió la habitación dando volteretas y probó en el aire algunos movimientos de lucha, patadas y puñetazos. Una vez satisfecha, volvió a guardarlo en la muñequera.

—Ya quiero que mis padres lo vean, se van a llevar una sorpresa.

—Y no te olvides de decirles que fue la genial y maravillosa Bulma Briefs quien lo diseñó.

—¡No lo olvidaré! ¡Hasta luego!

Pan inclinó la cabeza en señal de despedida y salió de la habitación corriendo a probar cuanto antes los nuevos secretos de su nuevo y flamante uniforme de Saiyaman.


Pan levantó una pierna hasta dejarla formando un ángulo recto con su cuerpo mientras se observaba al espejo, alzó los brazos e hizo el signo de la victoria con los dedos.

—No... —murmuró, frunciendo el ceño y volviendo a su posición normal.

Demasiado rebuscado.

Lo intentó de nuevo. Se giró hasta quedar de espaldas al espejo y puso los brazos en jarras a la vez que miraba hacia atrás con determinación.

—Tampoco... —dijo para sí sacudiendo la cabeza.

Finalmente, separó un poco las piernas y se cruzó de brazos. Al ver su reflejo, sonrió. Aquello estaba mejor. Sencillo pero respetable. Ahora necesitaba un lema...

—¡El terror de los malhechores ha llegado! —exclamó apuntando al espejo con un dedo—. No, demasiado típico. O quizá... ¡Si eres enemigo de la ley será mejor que empieces a temblar porque ya está aquí... —Pan se quedó pensativa, necesitaba un nombre— Mini Saiyaman!

Perfecto. Ahora ya era una super heroína igual que sus padres. Pan salió de su habitación aún con el traje puesto. Sus padres aún estaban en la cena de empresa de papá pero su abuelo Satán había venido a hacerse cargo de ella. Cuando se asomó a la puerta del salón, lo vio roncando frente al televisor.

Un ruido se escuchó en la cocina y Pan giró el cuello hacia el final del pasillo. ¿Sería un malhechor? Se dirigió a la cocina sigilosa como un ninja. La luz estaba apagada pero el frigorífico estaba abierto... y el monstruo Buu estaba ahí devorándolo todo.

—¡Alto! —gritó pasando a la cocina—. ¡No está bien comer entre horas, y mucho menos registrar en el frigorífico de una casa ajena!

—¿Mmmmh...? —balbuceó Buu masticando una ristra de salchichas que aún colgaba de su boca.

—¡En nombre de la justicia y los buenos modales, he venido a detenerte!

Sin mostrar ni un ápice de interés, el monstruo rosado retomó su actividad de seguir comiendo cosas de la nevera. Pan se enojó, corrió hacia él, dio un tirón de su capa, cerró la puerta de la nevera y se interpuso entre ambos con los brazos cruzados.

Buu comenzó a enojarse, lanzando humo a través de los agujeros de su cabeza a la vez que apretaba los dientes, haciéndolos rechinar. Dio un puñetazo a Pan que ella esquivó fácilmente y que dejó una aboyadura en la puerta de la nevera. En el aire, la chica hizo una pirueta saltando por encima de él y le dio una patada en la nuca que casi lo hizo perder el equilibrio para luego posarse sobre la mesa. El monstruo volvió a atacar, ella volvió a esquivar y la mesa se partió en dos con un estruendo que alertó a Satán en la otra habitación.

Pan se lió a puñetazos con Buu y aprovechó para probar su rayo láser. Como Bulma le había dicho, funcionaba con su propia energía. Aún no le había puesto nombre al ataque. Debía pensar en uno. El láser dejó un hueco en el pecho de Buu sobre el que se podía ver a través. Tras regenerarse, la lucha continuó.

—¡Nooo! ¡Deténganse! ¡Deténganse! ¡Están destrozando todo! ¡Buu, estás castigado sin dulces si no paras en ese momento!

Al escuchar eso Buu se detuvo claramente preocupado, momento que aprovechó Pan para...

—¡Piedra! —darle un puñetazo en la mandíbula que lo estrelló contra la pared haciendo que varios cuadros cayeran al suelo— ¡Tijeras!— hundir su índice y corazón en los ojos del monstruo— ¡Papel!

De una bofetada lo estrelló contra la encimera, donde el golpe hizo que varias cacerolas se cayeran sobre él.

—¿Qué es este escándalo? —dijo Gohan recién llegado asomándose a la cocina.

Videl vino tras él, su cara al ver el destrozo era de completo horror.

—¡Dios mío! ¿¡Qué ha pasado aquí?!

Pan entonces se dio cuenta de que se había dejado llevar.

—Bueno, mi misión aquí ha concluído. El malhechor ha sido castigado. ¡Hasta la próxima! —dijo abriendo la ventana y saltando al exterior.

Veloz como el rayo Gohan corrió a la puerta principal, dio la vuelta a la casa, agarró a Pan de la parte de atrás de la ropa y la levantó en el aire.

—¡Alto ahí bandida! ¿No te podemos dejar sola mamá y yo un par de horas?

—¡Papá! ¡Yo no soy una bandida, solo le estaba dando su merecido al malvado Buu! ¡Yo también quiero castigar gente malvada tal y como haces tú y mamá, por favor suéltame!

Gohan llevó a su hija de vuelta a la casa, donde la esperaba la mirada furiosa de su madre y su abuelo que andaba regañando a Buu. Pan bajó la vista al suelo.

—¡Mira lo que hiciste! ¡¿Qué por todos los diablos del mundo, te hizo pensar que nuestra cocina sería un buen escenario de lucha?! ¿¡Qué sugieres que hagamos ahora con todos estos desperfectos!?

Pan no contestó, los ojos le estocían un poco pero no iba a llorar.

—Yo sólo quería...

—No pasa nada... —dijo su abuelo— ahora mismo llamaré a un equipo de técnicos y constructores para...

—De eso nada, papá. Pan tiene que sufrir las consecuencias de lo que ha hecho. Empezaremos porque ella y Buu recojan la cocina y en cuanto a los desperfectos me temo que van a tener que salir de tu semanada.

Bulma le había hecho saber que no podía cobrarle nada a la nieta de un gran amigo suyo, pero aún así Pan quería pagarle por el traje. Y ahora no tendría dinero para ello. Cuando ya no pudo contener más las lágrimas, Satán fue a abrazarla.

—¡No llores, princesa mía! ¡No llores! —exclamó.

—Lo siento... Lo siento mamá. ¡Yo sólo quería probar mi traje nuevo! ¡Mi traje de luchar contra el crimen como ustedes!

Aquellas palabras y aquellas lágrimas casi hacen que Videl se ablandase, pero no podía levantarle el castigo. Todo el mundo la consentía demasiado.

—Ay mi pobre Pan... Se nota que eres nieta de tu abuelo —dijo Satán—. ¡Qué sentimientos tan nobles!

La siguió abrazando hasta que ella se calmó y luego junto a Buu recogieron lo que habían tirado. Tras eso ambos volvieron al salón a anunciar que habían terminado.

—Bueno, nosotros ya nos vamos. Tomen, esto es por lo que Buu se zampó —dijo Satán sacando su billetera y pasando unos cuantos billetes a su hija. Luego sacó más dinero y se lo ofreció a Pan—. Y esto... por los destrozos de la cocina.

—¡Papá, no! —exclamó Videl—. ¡Eso sí que no!

Pan estiró el brazo hacia el dinero. Pero a medio camino, lo volvió a bajar de golpe.

—¡No! Soy una luchadora contra el crímen, y si es verdad que he hecho algo malo entonces debo pagar por ello. ¡No puedo ser una justiciera si yo misma me porto mal!

A Satán se le volvieron a saltar las lágrimas y la abrazó con fuerza.

—Mi querida Pan, vas a hacerme llorar al final.

Videl y Gohan se miraron y sonrieron, ambos orgullosos de su hija.

—Bueno, hora de irse —dijo Videl—. Gracias por venir a cuidar de Pan.

Satán y Buu se marcharon y Videl se fue al piso de arriba dejando a Gohan con su hija a solas.

—¿Y ese traje que llevabas antes? Se parece al del Gran Saiyaman. ¿De dónde lo sacaste?

—El casco me lo regaló la abuela Chichi y el resto lo creó la genial y maravillosa Bulma Briefs.

—Apuesto a que fue ella quien te mandó decir eso —Gohan rió—. Oye... ¿Podría verlo otra vez?

Medio segundo después, Pan se había puesto en pie.

—¡Por supuesto! —dijo, presionando el botón de la pulsera. Se sentía poderosa vistiendo así. Invencible—. ¡Si eres enemigo de la ley será mejor que empieces a temblar porque ya está aquí... ¡Mini Saiyaman!

Gohan aplaudió.

—¡Es asombroso! Bulma ha hecho un buen trabajo. Me pregunto si es tan bueno como parece. Está bien Mini Saiyaman... —dijo Gohan presionando el botón de su reloj y haciendo que su propio uniforme apareciera— ¡Te reto a un duelo! ¡A ver si eres tan valiente como para enfrentarte al Gran Saiyaman!

Pan se puso en guardia, dispuesta a aceptar el desafío cuando de repente un grito que venía desde la segunda planta hizo temblar los cimientos de la casa.

—¡NI SE LES OCURRA PELEAR AQUÍ DENTRO!

Por lo que ambos, al sentirse descubiertos, tuvieron que irse a la calle a practicar.