Augurio
Había un montón de tela en el arcón en el que Hannya estaba hurgando, oscura y pesada, cubierta de polvo y medio roída por las polillas, y tuvo que halar de ella por lo que le pareció una eternidad antes de que la tela estuviera toda sobre el todavía más polvoso suelo del cuarto donde, claro estaba, llegaban a morir todas las cosas olvidadas por un grupo de espías.
Empujó la tela lejos de sí, quizá con algo más de rencor del que era necesario, pero él tenía nueve años y estaba cubierto de sudor y del polvo que había en todas partes gracias al esfuerzo de forcejear con la maldita cosa, así que probablemente estaba justificado.
Cuando regresó su atención a la caja, encontró una cara observándole desde adentro, tan cubierta de polvo como todo lo demás en ese cuarto de almacenaje donde había sido condenado a pasar toda la mañana después de almorzar, buscando unos libros que el maestro de su maestro les había ordenado encontrar. Inclinó la cabeza a un lado, frunciendo el ceño y sin quitarle la vista al interior de la caja.
Era una vieja máscara, hecha aparentemente de madera lisa y barnizada, cubierta de pintura roja que se había descarapelado ya en varios lugares. Parecía un demonio o algo similar. Hannya estudió cuidadosamente las terribles cejas fruncidas en enojo, los ojos saltones y la boca sonriente y maliciosa antes de tomar la máscara en sus manos. Era muy grande, pero relativamente ligera. Tocó tentativamente los amarillos y puntiagudos dientes, medio esperando que fueran afilados y encontrando, sorprendido, que no lo estaban. Notó que había una delgada fisura que corría por la frente de la máscara, difícil de distinguir de las revueltas hebras de cabello finamente pintadas en color negro ahí mismo, alrededor de los grandes cuernos.
Levantó la máscara sobre su cabeza para verla a la escasa luz que entraba de la pequeña ventana a su lado, y observó, sorprendido, que la expresión maliciosa de la máscara se tornaba en una de profunda tristeza. La amplia, terrible sonrisa parecía ahora un a boca sollozante, el ceño fruncido en tristeza en vez de furia. La máscara era un cuadro penoso así, con su pintura gastada y su cara en profunda angustia. Bajó los brazos y ahí estaba de nuevo la perversa cara del demonio otra vez, entre enojada y jubilosa. Fascinado, estudió el efecto, inclinando la máscara para verla ahora desde arriba, ahora desde abajo. Malicia, pena. Sonrisa, llanto. Era un tanto interesante. Decidió compartir su descubrimiento.
"Oye, Aoshi. Mira."
Agitó la máscara de arriba a abajo para llamar la atención de su maestro, que se volvió al sonido de su voz, levantando la cabeza de la caja donde él, también, estaba buscando los tan mencionados libros. Pero antes que pudiera responderle siquiera, resonó la voz curiosa del viejo que los había llevado ahí, desde la puerta a espaldas de Hannya.
"¿Qué es eso que traes ahí, muchacho?"
Aoshi se había puesto de pie y había avanzado los pocos pasos hacia donde Hannya estaba sentado, y ahora, agachado y apoyando las manos sobre sus rodillas, observaba con curiosidad la máscara por sobre el hombro de Hannya.
"Es una máscara, Kashiwazaki-sensei." contestó, obediente.
"Enséñamela, Hannya."
Hannya pensó que el asunto era entre él y Aoshi, y el hombre nada tenía que ver en eso, por mucho que fuera el maestro de su maestro, pero al final se la mostró, encogiéndose de hombros. Era lo correcto. Quizá. Se puso de pie y le llevó la máscara a Kashiwazaki-san. El viejo la estudió un momento y luego sonrió ampliamente.
"Curioso. ¿Sabes lo qué es?"
"Una máscara." Hannya respondió de inmediato, exasperado.
El hombre puso los ojos en blanco, aparentemente exasperado él mismo.
"Pero, ¿Qué tipo de máscara? ¿Lo sabes?"
"No." Admitió Hannya, finalmente.
"¿Qué tal el chico maravilla?"
El hombre inclinó la cabeza hacia Aoshi esta vez, una chispa de diversión en su mirada. Hannya no le encontraba la gracia al asunto, aunque su curiosidad acerca de la máscara había aumentado. Quizá Aoshi lo sabía después de todo. Aoshi parecía saber una gran cantidad de cosas, aunque s[lo era un par de años mayor que él.
"Es...¿Algo para la buena suerte?" Contestó Aoshi, tentativo. "Algunos lugares las tienen sobre sus puertas."
El hombre asintió.
"Es verdad, algunas personas consideran esta cara buena suerte. Pero bueno, dijimos que es una máscara, principalmente. Una máscara Noh, para el teatro." Hannya decidió guardar ese dato en su mente, por si acaso. El maestro continuó, dirigiéndose de nuevo a él. "¿Sabes porqué es curioso que la hayas encontrado tú?"
Hannya se encogió de hombros. No tenía ni idea.
"Vaya, pues porque esta máscara-" Contestó, poniéndola de nuevo en las manos de Hannya. "-es tu tocaya, muchacho. Es Hannya, la mujer que que se ha convertido en demonio debido a los celos dentro de su corazón."
"Ah." Hannya inclinó la cabeza hacia abajo para observar la máscara otra vez. Sonrisa maligna, ceño profundamente fruncido, ojos saltones. Hannya. Como él. Era algo con lo que valía la pena compartir el nombre, decidió. Era inquietante, pero de buena manera, como historias de fantasmas contadas en una noche de verano. Se volvió al hombre una vez más:
"¿Puedo quedarmela?" Preguntó, tratando de mantener un tono neutro. Realmente la quería, pero no quería que Kashiwazaki-san notara que la quería, en caso de que decidiera decir que no.
"Seguro. ¿Porqué no? Se encontraron uno al otro, al fin y al cabo. Igual, no creo que a nadie le haga falta. Si alguien te pregunta quién dejó a un niño jugar con una antigüedad, les dices que fui yo." Dijo el maestro, divertido, dándose la vuelta para irse.
"Voy a buscar algo de comer. Para ustedes, también. Sigan buscando los dos, mientras tanto." Y entonces se fue, en zancadas largas, rápidas y silenciosas.
"Vas a necesitar una correa" Habló Aoshi a su lado. Hannya giró su mirada desde la máscara hacia el serio rostro del otro chico. Aoshi estaba buscando dentro de las manga de su gi. Al fin, sacó una pieza larga y delgada de tela, del mismo tipo que usaba para atar su cabello en una cola de caballo. Se lo dio a Hannya.
"Puede que te quede algo grande. Pero… creo que aún así, deberías usarla..."
Parecía como si su maestro aún tuviera algo que decir, pero Hannya no estaba completamente seguro. Había aprendido que Aoshi hacía eso, dejaba oraciones e incluso conversaciones aparentemente sin terminar. Habían acabado para él, incluso si no habían acabado para nadie más. En un principio, lo había encontrado confuso y hasta algo irritante, pero se sentía un poco consternado de darse cuenta que se estaba familiarizando con ello. Hasta tomándole cariño, quizá. Eran cosas de Aoshi.
Y entonces su maestro habló de nuevo, sorprendentemente:
"Es…" Aoshi pareció dudar un momento, pero al final continuó. "Es un buen augurio, creo. Acerca de tí y el Oniwabanshuu. Este es tu lugar." Lució algo avergonzado por un momento, tal vez debido a hablar de cosas tan tontas como augurios y signos. Cosas de niños. Al final, simplemente se encogió de hombros y se giró hacia Hannya, esperando.
Hannya sonrió, lentamente.
"Si… creo que es cierto."
Aoshí asintió con la cabeza, más relajado.
Hannya se volvió de nuevo a su máscara. La gran boca parecía estar sonriendo un poco más amablemente, traviesa en vez de amenazadora, el ceño algo más suave. Para nada la cara triste, pero tampoco la burlona y amenazante.
Sonaba algo tonto y sin embargo…
Un buen augurio.
Hannya estaba de acuerdo, en definitiva. Estaba en el lugar correcto. Lo supo al ver su máscara y luego a Aoshi que, ahora así, había terminado de hablar y había regresado a buscar entre las cajas y arcones de la bodega. Tarareando, Hannya ató la máscara a su cinturón, y se puso a trabajar.
Uhhhh.
No se qué tan OOC sea esta historia.
Probablemente, Hannya no es el nombre de nacimiento de Hannya, porque quién le pone así a un niño, pero para los propósitos de esta historia y para ahorarrnos problemas y neuronas, lo es.
En la historia Hannya tiene alrededor de 9 años y Aoshi como 11, por si a alguien le interesa. El año es 1863, mas ó menos. No es relevante pero bueno.
