CAPITULO I.- EL DESTRUCTOR OSCURO

Octubre 31 – 1998

La noche se había hecho presente ya hacía unas cuantas horas, la luna brillaba con un tono amarillo en su superficie, un ligero viento soplaba sobre las copas de los árboles que delimitaban el asfalto de la solitaria carretera, la voz de Ritchie Valens cantando su famosa canción Donna salía del radio de un auto que avanzaba muy lentamente por aquel camino gris oscuro, las luces blancas de los faros iluminaban débilmente el asfalto haciendo que sus pasajeros solo pudieran ver apenas un par de metros más adelante, se podía escuchar ligeramente el follaje de los árboles moviéndose al ritmo que imponía el viento. Cualquier persona habría pensado que estar en la solitaria carretera a esas horas de la noche habría sido atemorizante, sin embargo, en esos momentos los pasajeros de aquel auto percibían más que nada un ambiente romántico.

- ¡Ya basta, Rick! – exclamó la muchacha riéndose

- No sé de qué hablas – respondió el muchacho fingiendo inocencia

El muchacho permitió que la velocidad del auto bajara aún más, el motor del auto rojo con blanco ronroneo dócilmente a la vez que el chico iba apretando y soltando el pedal alternadamente; claro que sabía lo que hacía, ambos estaban conscientes de ello, pero se divertían con aquella burda pantomima que era el coqueteo; algo sencillo, el fingía que sus esfuerzos por mantenerla a su lado eran genuinamente discretos y ella fingía molestarse a causa de las acciones del muchacho. Se trataba tan solo del flirteo único que sucede entre adolescentes.

Para Rick, aquella cita era especial y cada segundo a su lado era importante, por supuesto que valía la pena arriesgarse a la ira de los padres de Hanna, y por supuesto que la de los suyos también, con tal de pasar un momento más a su lado; Hanna era la chica más inteligente de la clase de Rick, había representado al colegio entero los últimos tres años en el torneo de matemáticas, sus profesores la adoraban, era sumamente responsable, definitivamente a sus ojos y a los de cualquiera ella era la mujer perfecta. Conocía a Hanna desde hacía tres años y la había estado pretendiendo desde hacía dos, y aunque ella no parecía pasar de el por completo si se había negado a sus asedios, él lejos de sentirse despreciado se motivó para transformarse en alguien a quien ella pudiera gustar. Su relación era meramente platónica, ella sabía que le gustaba y ella también gustaba de él, pero un consejo que su padre le había dado hacía unos años resonaba siempre en su cabeza.

Si te quiere hará lo imposible por ti – le había dicho su padre después haber sido despechada por su primer amor.

Aquel consejo de su padre le indicó que, aunque Rick le gustaba, lo mejor sería alentarlo a luchar por ella, y solo cuando hubiera probado su amor le permitiría acercársele. Ella le alentó a dar todo su esfuerzo, estuvo a su lado cada vez que Rick tuvo que quedarse más tiempo en la biblioteca para seguir estudiando, cuando el comenzó a entrenar artes marciales y a frecuentar el gimnasio, y en cada paso que dio para convertirse en un mejor hombre. Y por fin, dos meses atrás, él intentó besarla y por supuesto que ella le correspondió, fue un beso largo, silencioso, y sobre todo ansiado, desde aquel día ambos iniciaron una relación informal y ahora, con aquella cita, Rick pretendía hacerla su novia.

Habían ido al cine, después a bailar y ahora se dirigían a la casa de Hanna esperando llegar a la hora que habían pactado con su padre, aunque no era algo que ambos precisamente desearan hacer. Rick no se cansaba de contemplar los labios de Hanna cada vez que sonreía, su cabello caoba perfectamente peinado en una modesta coleta, el conjunto ligeramente atrevido que se había puesto para aquella cita, unos jeans cortos combinados con una blusa blanca sin mangas y un escote moderado, un suéter abierto tan delgado que no debía de ser considerado como tal, y unas zapatillas tipo balerina de color amarillo completaban un atuendo que a ella le hacía sentirse segura pero a la vez sexy y coqueta para Rick.

Entonces el muchacho bajó aún más la velocidad del Plymouth Fury 1958 que le había prestado su padre, provocando de nuevo la risa de la chica.

- ¡Es en serio, Rick! – dijo la chica acomodando sus apenas cincuenta kilogramos en el asiento – ¡Papá te matará!

- Tendrá que hacer fila – respondió el muchacho encogiéndose de hombros – hace una hora que debía de haber regresado este auto ¿Te comenté que mi padre AMA a su auto? ¡Adora estos autos antiguos!

- Mmm... Sólo como un millar de veces – respondió la chica pensativa – y creo que exageras

- ¡Es cierto! ¡Ama a este auto más que a mí! – respondió el chico – me lo dijo cuándo me lo prestó, no me habría dejado tocar ni las llaves de no ser por mi madre

La chica negó divertida con la cabeza y se acercó al muchacho para abrazarlo, escuchando con atención la colección de música antigua que Rick había preparado por considerarla "romántica".

- Bien… si te van a matar cuando llegues a casa… creo que debemos de hacer que valga la pena el riesgo – dijo Hanna y le dio un beso en los labios

Y ambos se entregaron a la necesidad de la cercanía, los acordes de Jhonny y Farina interpretando Sleepwalks los alentó a profundizar el beso, sintiéndose seguros en aquella soledad y con los gruesos árboles a cada lado de la carretea como únicos testigos Hanna pegó aún más su cuerpo al de Rick, permitiendo que el sintiera su suavidad. La velocidad del Plymouth bajó hasta casi detenerse, y justo en el momento en que la chica se sentía más alentada a continuar, más allá de aquel dulce y casto contacto, se alejó levemente.

- Tal vez... Creo… es demasiado peligroso conducir si no ves por donde vas – dijo Hanna mordiéndose un labio de forma tentadora – deberíamos detenernos… tu padre ya te matará por regresar su coche tan tarde... No me imagino que te hará si es que lo chocas

La chica volteó a ver el camino a sabiendas de su soledad y de que por la velocidad que llevaban era imposible que pudieran tener algún accidente, ella solamente quería estar más tiempo con él pero sabía que aquel ambiente que los alentaba a seguir con las caricias podía ser también un arma de doble filo, especialmente porque ninguno de los dos traía protección para las consecuencias de aquella cercanía en la que estaban; le sonrió a modo de disculpa e iba a decir algo, pero de repente vio algo extraño varios metros delante.

- ¡Rick! – gritó Hanna señalando al frente

Rick volteó a ver a donde señalaba la muchacha, y entonces pudo ver algo que lo dejó sorprendido, a la izquierda del camino, entre la espesura del bosque, había aparecido un brillo de un tono azulado casi espectral, pero eso no era todo, aquella débil luz comenzó a extenderse hasta salir de la arboleda; serpenteando sobre el asfalto y pareciendo extrañamente sólida, la luz se desplazó hacía ellos tan rápido que dejó a los muchachos aturdidos por la impresión. Rick pisó el freno deteniendo la marcha del auto de golpe, apenas sacudiéndose gracias a la poca velocidad que llevaba el auto.

Hanna apretó la mano de Rick sin dejar de ver como aquella luz extrañamente sólida se acercaba a ellos más y más, sin embargo, de repente la luz cambió de dirección y se dirigió al otro extremo de la carretera perdiéndose finalmente entre los gruesos troncos de los árboles, Tanto Hanna como Rick permanecieron muy quietos viendo desaparecer aquel curioso fenómeno, que de no haber visto con sus propios ojos nunca lo habrían creído. La muchacha volteó a ver al muchacho sintiendo como poco a poco se normalizaba su latir de corazón.

- Eso... Eso... ¿Realmente pasó? – alcanzó Hanna a preguntar – ¿Viste eso?

Rick no contesto, pero claro que lo había visto, habría sido imposible no verlo, sin embargo, en esos momentos el muchacho no podía... no quería hablar... habían sido pocos los segundos que había durado aquel fenómeno, pero aun así lo había hecho sentirse completamente desprotegido. El muchacho se mordió un poco los labios y apretó el volante con fuerza sintiendo que si lo soltaba cosas horribles pasarían; volteó a verla, pero no respondió nada, su intranquilidad contrastaba con la canción la bamba que sonaba en el radio en esos momentos, así como con su rostro de seriedad, el muchacho quiso decir algo, pero no tuvo ni el valor ni la voluntad para hacerlo, simplemente regresó la mirada a la carretera tratando de recobrar la compostura.

El muchacho trató de razonar sobre lo sucedido, pero no encontraba ninguna explicación; lo primero que le había venido a la mente era que tal vez aquella luz era producto de alguna actividad extraterrestre, él era aficionado a las historietas y películas de ciencia ficción y en esas historias ese tipo de cosas sucedían en todo momento ¿Seria eso? ¿Acaso de alguna forma habían ido a parar a un mundo en el que seres extraterrestres coexistían con los humanos? ¿Acaso sin darse cuenta habían ido a parar a la dimensión desconocida?

- ¿Estás bien, Rick? – preguntó Hanna tocando su hombro

-Si… perfecto – respondió Rick con un susurro

El muchacho volteó a verle con seriedad mientras que trataba de recuperar la calma, sin embargo, en ese momento el rostro de Hanna mostró de nuevo aquella mueca de sorpresa, Rick no había terminado de voltear cuando pudo ver lo que había alarmado a la muchacha, los árboles más cercanos a ellos se habían vuelto a iluminar, esta vez por un brillo de color naranja intenso, primero fueron tan solo unos cuantos metros sin embargo en cuestión de segundos todo el bosque de ese lado de la carretera se encendió con aquel tono de color haciendo parecer que todo estaba en llamas.

Rick quiso escapar, tuvo el impulso de pisar el acelerador a fondo para alejarse todo lo que pudiera de aquel lugar, pero de alguna forma supo que no podría lograrlo, tuvo la certeza de que estaban condenados. Entonces pudo notar que un nuevo chorro de luz salía expulsado de aquella arboleda dirigiéndose directamente hacia ellos, completamente asustado Rick no pudo pensar en nada que hacer, más por instinto que por una genuina muestra de inteligencia el muchacho abrazó a Hanna para tratar de protegerla de los que sea que les pudiera hacer aquella extraña luz, segundos después sintió las manos de ella aferrándose con fuerza a sus hombros, y se preparó para el dolor que la luz pudiera causarle.

Rick volteó y pudo ver como la luz tocaba al Plymouth, pasaron por la mente del muchacho innumerables escenarios venidos de su imaginación alimentada por esa películas y comics de ciencia ficción que leía asiduamente ¿El Plymouth se marchitaría como una hoja de papel expuesta al fuego con ellos adentro? ¿Acaso se encendería en llamas? ¿Se derretiría? Por un momento estuvo seguro que en cualquier momento sentirían como el auto era empujado por la inefable luz, tal vez incluso voltearía el auto y lo arrastraría por toda la carretera, pero no fue así sino que atravesó el metal rojo del Plymouth para después lanzarse contra ellos; Rick se preparó para sentir dolor, pero al igual que con el auto, la luz los atravesó y siguió su camino sin importarle la presencia de los muchachos, el brillo naranja atravesó el camino de oscuro asfalto para después perderse entre los árboles del otro lado de la carretera como sucedió con la luz anterior. Rick se mantuvo quieto mientras que Hanna le soltaba para voltear a ver como la estela los dejaba atrás.

- No… no sentí nada – comentó la muchacha soltándose del abrazo del muchacho y mirándose las manos con curiosidad – esperaba que se sintiera... No sé... Caliente, tal vez, pero no sentí nada... ¿Estás bien, Rick?

El muchacho había vuelto a poner ambas manos sobre el volante y veía con atención el tablero que le indicaba la cantidad de combustible, estaba tratando de recapacitar en lo que había sucedido ahora, pero su mente no parecía funcionar en toda su capacidad, parecía imposible que apenas unos momentos antes habían estado en lo que parecía una cita soñada, y que él había estado en un debate interior sobre la posibilidad de sugerirle a Hanna un fortuito encuentro sexual, ahora esa idea le parecía risible. Escuchó la voz de la chica sumamente lejana, y en un afán de recuperar el control centró su atención al tablero del auto.

- El motor – murmuró el muchacho – se apagó el motor

El muchacho observó como la llave aún indicaba que el auto seguía en marcha, con un poco de temor giró la llave una y otra vez, pero lo único que sonó fue un clic apagado.

- ¿Qué crees que haya sido? – preguntó Hanna viendo los esfuerzos infructuosos del muchacho por encender el auto

- No lo sé – respondió Rick poniendo la frente en el volante con aire vencido y sin creer en lo que estaba sucediendo

Volteó a ver a Hanna pensando en cómo evitar que ella se espantara tanto como él, pero lo único que le vino a la mente fue su amplia colección de comics de ciencia ficción, guardada entre su compendio de cintas sobre invasiones extraterrestres y sus libros de conspiración y abducciones extraterrestres que no le daban un panorama muy alentador a aquella situación, ahora lo único que podía pensar era que en cuanto salieran de aquella experiencia lo primero que haría sería botar todo a la basura.

El muchacho suspiró y miró a la chica, ella no parecía asustada, al menos no demasiado, no como el, ella era fuerte, lo sabía, y si es que llegaba a sentir algún miedo no lo demostraría tan fácilmente; Rick suspiró tratando de recuperar la calma, teniendo en cuenta que estaban en medio de la nada, en un auto averiado, y en peligro de que en cualquier momento algún otro suceso inexplicable les lastimase, no le serviría de nada a Hanna si se dejaba asustar, así solo sería un lastre para ella.

- Creo… lo mejor sería… saldré a revisar la batería – murmuró el muchacho

Sin decir nada más el muchacho se apeó y sintiendo como claramente sus piernas temblaban sin control, se acercó al capó del auto y con un rápido movimiento lo alzó para echar un atento vistazo, pero por su mente pasaba una veraz idea, él no tenía la menor idea del mantenimiento de coches; observó el motor sin estar seguro si sería buena idea mover algún cable, el ruido de una puerta cerrarse le informó que Hanna había bajado del auto también, y mientras escuchaba sus pasos acercarse cerró los ojos para concentrarse en buscar una solución, estaban muy lejos de casa, de hecho, estaban muy lejos de cualquier lugar, lo único que había cerca eran kilómetros de espeso bosque y de asfalto oscuro; estar en aquel lugar sin medio de transporte era lo mismo que estar en altamar en un pequeño bote sin remos. A los pocos segundos la chica menuda estaba a su lado con una linterna alumbrando el motor del Plymouth, la visión mejoró, pero Rick siguió sin estar seguro si podía hacer algo, después de varios minutos de mover cosas entre el motor y la batería llegó a la conclusión de que no había nada que el pudiera hacer.

- Podemos esperar a que alguien venga a ayudarnos – sugirió Hanna – no es el desierto... Alguien tiene que pasar por aquí en cualquier momento

- Creo que no tenemos de otra – dijo Rick bajando el capó

Sin embargo, él no estaba seguro de aquello, en el tiempo en que ellos habían transitado por aquel lugar no recordaba haber visto algún otro vehículo, en su opinión podían llegar al otro día y aun así dudaba que alguien llegara a rescatarlos. El muchacho le insistió a Hanna de que subiera al auto mientras que el permanecía afuera alerta a cualquier movimiento, pero la muchacha se negó en todo momento, y así los dos se mantuvieron junto al Plymouth viendo con algo de intranquilidad al antiguo bosque que los rodeaba. Quince minutos después la carretera seguía igual de desierta confirmándole a Rick sus peores sospechas, esa carretera era sumamente solitaria... podrían pasar un par de horas antes de que alguien apareciera a ayudarlos.

Al poco tiempo Hanna, sentada sobre el capo del auto, comenzó a titiritar por el frio, Rick volteo a verla un poco apenado al no darse cuenta el momento en que la muchacha había comenzado a verse afectada por el clima, estaba lejos de estar vestida adecuadamente para una situación como esa, mientras que se quitaba su chaqueta para ofrecérsela a la chica no dejó de ver su atuendo y pensar que definitivamente ella no estaba preparada para estar varada en la carretera. Rick se cruzó de brazos concentrándose en no demostrar que, en definitiva, sentía las inclemencias del clima mientras que veía de reojo como la chica se apretujaba en la chaqueta, ella le miró sonriendo.

- No tienes por qué sentirte fracasado – dijo Hanna recargándose en el – aún es la mejor cita que he tenido en mi vida

Rick sonrió y aliviado se acercó a ella para abrazarla por la cintura, aquel comentario le relajó y pasó de preocuparse por la posibilidad de que alguna entidad extraterrestre les capturara a preocuparse por el fúrico padre de Hanna, sin contar que su propio padre estaría aún más molesto por el hecho de que aún no había regresado con el coche como había insistido. Pero justo cuando comenzaban a sentirse que volvían a la normalidad, el bosque volvió a iluminarse como las veces anteriores, poco a poco aquel brillo se hizo más fuerte.

- Otra vez – comentó Rick con temor mientras se bajaba del capó del carro y tomaba de la mano a Hanna para entrar al carro

Sin embargo, algo sucedió mientras que el muchacho abría la puerta, la luz se apagó rápidamente y en su lugar permanecieron en el cielo varios brillos pequeños, eran pequeñas esferas de luz a diferentes altitudes y de diferentes colores que se prendían y apagaban de forma aleatoria, ahora parecía que habían miles de árboles de navidad en ese bosque; ambos adolescentes permanecieron de pie, en medio de la carretera y observando aquel curioso fenómeno que no sabían si verlo con miedo o con asombro.

Mientras que Hanna veía con intriga aquellas luces, Rick había comenzado a temer que en cualquier momento algún artefacto con forma de platillo volador se elevara entre las copas de los árboles y con un rayo de luz, como el que había pasado a través de ellos, los atacara para convertirlos en cenizas o para raptarlos y hacer con ellos cosas horribles. La muchacha caminó en dirección a los árboles que seguían con su sobrenatural iluminación, parecía hipnotizada, entonces Rick se apresuró a tomarla de la mano para evitar que siguiera avanzando.

- Hay que entrar – murmuró Hanna sin voltear a verle

Y sin esperar respuesta caminó hasta casi perderse en el follaje de los árboles, el muchacho quiso decir algo, pero su indecisión se lo impidió, pensaba que seguir las luces era una muy mala idea, había visto las consecuencias de esos actos en sus muchas historietas de ciencia ficción, pero tampoco quería dejar a Hanna sola, corrió tras ella y se adentró al bosque. El interior era todo un espectáculo, observó asombrado el gran número de esferas de luces encendidas por doquier dando pequeños destellos de diferentes colores, prendiéndose y apagándose, haciendo que pareciera que todo el bosque estaba listo para festejar la muy lejana navidad; el muchacho levantó una mano temblorosa y la pasó a través de una de esas esferas luminosas , ésta se estremeció y se apagó, no tenía ningún tipo de textura o siquiera tacto, era como si fuera una especie de luz producida sin bombilla, como si el mismo oxigeno del ambiente la produjera.

Miró hacia todos lados buscando a Hanna pero parecía haber desaparecido al apenas entrar al bosque, aun con el millar de lucecitas iluminando aquel lugar no alcanzaba a ver a la chica, gritó su nombre pero no obtuvo respuesta, miró al suelo y entonces pudo distinguir un ligero aplanamiento en el césped de aquel lugar, posiblemente causado por Hanna, corrió hacia aquel lugar sin dejar de gritar su nombre; a su mente siguieron llegando los muchos escenarios de sus historietas con horribles consecuencias de actos tan impulsivos como ese que acababan de hacer, aun así, con aquel miedo que no dejaba de sentir, supo que no dejaría a Hanna a su suerte.

- ¿Rick? – escuchó la voz de Hanna no muy lejos de el

- ¡Hanna! – gritó el muchacho

Caminó rápidamente hacia donde provenía la voz de la muchacha, de repente surgió en él el temor de que en cualquier momento alguna criatura aterradora apareciera de entre los gruesos árboles con Hanna entre sus garras con la intención de engullirla, sin embargo, una vez mas no fue así; se detuvo a descansar jadeando a causa de la carrera y entonces vio a Hanna arrodillada en el césped viendo un grupo de árboles que estaban especialmente cubiertos por aquellas luces tan semejantes a luciérnagas.

- ¡Por dios, Hanna! – dijo Rick respirando con dificultad – ¿Por qué te desapareciste de esta forma? ¡No vuelvas a hacer algo así!

La chica le silenció poniéndose un dedo en los labios y señalando el espectáculo que tenía enfrente, el chico trató de mantener la calma y le tomó de la mano, le estaba asustando esa actitud de Hanna, parecía como si estuviera hipnotizada o algo similar. La chica volteó a verle con una sonrisa soñadora en el rostro, pero de repente una mueca de sorpresa apareció en su rostro.

- ¿Que... es eso? – dijo que Hanna señalando algo a las espaldas del muchacho

Volteó a donde señalaba la chica y pudo ver a lo que se refería, muy a lo lejos, entre gruesos y antiguos árboles, se podía distinguir un claro que no sería nada fuera de lo común de no ser porque, incluso a aquella distancia, se lograba ver un brillo más grande que cualquiera en el bosque, además de que parecía estar formando una silueta peculiar; sintió de repente una extraña fascinación combinado con terror, mayor que cualquiera que haya sentido antes.

- Hay que ir – murmuró la chica tomando de la mano a Rick y jalándolo para caminar, esta vez el no opuso resistencia

Ambos jóvenes caminaron y caminaron sin soltarse de la mano, no sabían que verían al llegar a su destino, no sabían si quiera porque querían verlo cuando todo aquello era sobrenatural y potencialmente peligroso; una idea racional sería marcharse de aquel lugar en cuanto pudieran pero no lo hicieron, el brillo de aquel claro se les había metido en su mente de tal forma que ya no había espacio para nada más, eran como moscas hipnotizadas por una lampara de luz fluorescente listas para ser rostizadas. La chica trastabilló ligeramente y, en un lapso de locura provocada por la inmensa necesidad de acercarse a aquella luz, se quitó las zapatillas sin dejar de avanzar y las dejo tiradas entre las hierbas.

Después de lo que para ellos fue una eternidad por fin llegaron al claro, era un lugar bastante grande y perfectamente delimitado por los gruesos y viejos árboles, sin embargo, era raro aquel lugar, parecía un sitio pensando para un poblado, pero estaba completamente vacío, como si las casas, personas y cualquier cosa que hubiera habitado en aquel lugar hubiera desaparecido de la nada. Aquella sensación de rareza les inundó por tan solo unos segundos ya que su atención fue robada por el brillo que habían visto desde lejos.

Frente a ellos, flotando aun par de metros de altura podía ver una luz azulada, con forma irregular y ondulante, como si se tratara de un velo viejo y rasgado. Los muchachos se acercaron un poco más y entonces vieron que había algo en el interior de aquel brillo, como si hubiera todo un mundo en el interior del velo.

- ¿Lo ves, Rick? – preguntó la muchacha con un susurro

Sintió las manos de la chica aferrarse a uno de sus brazos, el muchacho asintió, claro que lo veía, en el interior de aquel fenómeno se podía ver partes de edificios, azoteas, una calle, pero, además, desde el ángulo en el que estaban pudo ver lo que parecía ser un tablón de madera con algunas palabras grabadas en él.

... DRIC'S HOL...

¿DRIC'S HOL? – preguntó Rick leyendo las letras – ¿Qué significa eso?

Se volvieron a acercar, esta vez lo suficiente como para tocar el velo, se observaron con atención después de notar que entre cada leve movimiento que tenía aquella especie de velo podían ver cosas distintas de aquel otro mundo que permanecía en su interior, entonces Rick alzó una temblorosa mano y con indecisión asió al velo. Nunca supieron con exactitud qué fue lo que pasó, simplemente en un momento estaban frente a un pacifico claro, viendo una rara y cautivante luz, y al otro estaban frente a un poblado sumido en un completo caos.

El ruido de gritos, explosiones, y sufrimiento les llegó de golpe, por lo que por varios segundos no supieron que, en efecto, lo que tenían en frente era real; sus ojos les ofrecían un panorama desalentador, efectivamente había un pueblo dentro de aquel claro, pudieron distinguir numerosas casitas de madera, a lo lejos se podía vislumbrar una edificación que parecía una iglesia, vieron que en la calle central había también un pequeño pozo de agua, nada fuera de lo común, si se pasaba por alto que la mayoría de las casas que tenían enfrente estaban en llamas, algunas otras estaban casi derrumbadas, además de que lograban ver personas que corrían de un lado a otro con el terror grabado en sus rostros.

No supieron que había sucedido, ni como había llegado ese poblado al anteriormente pacifico claro que habían tenido enfrente; aunque sus ojos parecían haber asimilado la abrupta aparición, sus cerebros se negaban a hacerlo, y como muestra de ello era que pese al serio peligro que representaba para ellos seguir en aquel lugar, no podían moverse, sus piernas se negaban a dar un solo paso. Los oídos de Rick por fin pudieron asimilar el ruido que percibían, en realidad eran muchos sonidos, explosiones, golpes, cosas rompiéndose a su alrededor y gritos, gritos de dolor, miedo... y algunos de regocijos.

No muy lejos de ellos hubo una nueva explosión que ocasiono que una casa que ya estaba derrumbada se incendiara de repente, las flamas extrañamente moradas y el ruido los obligo a agacharse y ataparse los oídos, entonces pudieron ver de nuevo aquel trozo de madera que habían visto antes de que aquella pesadilla iniciara. Era un letrero de bienvenida a aquel poblado.

GODRIC'S HOLLOW

- GODRIC´S HOLLOW… - leyó Rick y supo que nunca podría olvidar ese nombre

El muchacho tomó de la mano Hanna y dio un paso atrás sin dejar de ver aquella horrible escena, los edificios, los gritos, incluso en un momento le pareció ver personas que se movían entre las ruinas, ataviadas de extrañas vestimentas, no sabía si eran real o no, de hecho no sabía si aquel pueblo era real, de lo único que estaba seguro es que lo más sensato era regresar a la carretera y poner pies en polvorosa ya sea con automóvil o sin él.

- Rick – murmuró Hanna, que se veía igualmente afectada por la visión que tenían en frente, la mirada soñadora que había tenido momentos antes había desaparecido por completo - Rick

El muchacho dio otro par de pasos atrás jalando consigo a la chica, tal vez pensando que lo que veían no era más que una ilusión, una que desaparecería si se alejaban lo suficiente.

- ¡Rick! – le gritó la muchacha con miedo y lo jaló para evitar que el chico siguiera retrocediendo – ¡Maldición, Rick!

Entonces el chico pudo quitar los ojos del poblado en caos y volteó a ver a Hanna, la chica miraba con miedo a algún lugar detrás de ellos, entre los gruesos árboles para ser más exactos. Entonces pudo ver que entre los gruesos troncos había un par de grandes rendijas encendidas en un rojo oscuro que le veían con avaricia, un ligero vaho subía dócilmente en línea entre aquellos dos ojos, unos ojos que se acercaron lentamente, Rick pudo sentir un ligero temblor en el suelo cada vez que aquella criatura avanzaba a ellos. El muchacho tomó la mano de Hanna y la obligó a retroceder, comenzaron a correr temiendo por lo que fuera el dueño de aquellos fulgurantes ojos ahora carmesí, al momento de dar rápidas zancadas sintieron varios golpeteos fuertes en el suelo que le indicaron que la bestia había salido de su escondite.

- ¡Por aquí! – grito Hanna señalando una zona donde había varias casas quemadas, pero aun en pie – ¡Acá!

Rick observó la zona que le señalaba la muchacha y corrió para allá, era un mejor escondite ya que él la había estado guiando a la calle central, una pésima opción para escapar; mientras que se dirigían a los patios traseros de aquellas casas ambos jóvenes voltearon a verificar la presencia de aquella bestia, a Rick se le heló la sangre al observar a una criatura de al menos tres metros de altura, un cuerpo sumamente musculoso y cubierto de un ensortijado vello oscuro, el grito que soltó Hanna le indicó que se había dado cuenta de la característica que más sobresaltaba de aquel ser, la enorme cabeza de toro que tenía, el color del vello de aquella cabeza era igual de oscuro que el del resto del cuerpo, tanto que costaba trabajo verlo en la noche, la única razón por la se podía distinguir era por los carmesís ojos, los dientes amarillentos que sobresalían de su boca, y sin contar los cuernos que coronaban la cabeza y que estaban manchados por un rojo que a los dos adolescentes les recordó mucho la sangre.

Aquel horrible ser se levantaba en dos piernas exhibiendo su musculatura a la vez que olfateaba el aire buscando a alguna presa a su alcance, Rick obligó a Hanna a detenerse detrás de una casa y con rapidez tomó tierra del suelo y se la aventó encima para después hacer lo mismo en su propia persona. El muchacho se asomó a ver a la bestia y pudo recordar esa apariencia de los primeros cuentos mitológicos que llegó a leer en su niñez, pero una parte ya madura le indicó que, aunque hubieran ocultado su olor, la criatura ya los había visto. La criatura lanzó un rugido que en nada se parecía al de un toro y poniéndose en cuatro patas se arrojó contra varias casas.

Hanna obligó al muchacho a salir de su escondite, corrieron medio agachados buscando un mejor lugar en el cual ponerse seguros, caminaron un par de calles escondiéndose entre las sombras hasta que escucharon múltiples risas acompañadas de gritos de miedo, se ocultaron junto a unas cajas de madera enormes y vieron como un par de personas eran perseguidas por un grupo de encapuchados que cubrían su rostro con máscaras, sintiéndose demasiado expuestos Hanna tomó la decisión de entrar a la casa que tenían más cercana, cuya puerta estaba ligeramente abierta. Sujetó a Rick de la mano y lo obligó a entrar por el oscuro umbral a la vez que veía como aquellos enmascarados sostenían extrañas varas de madera en la mano como si de armas se trataran.

Apenas hubieron entrado a la casa y cerrado su puerta sintieron el suelo temblar, fue un temblor tan fuerte y tan inesperado que hizo que Hanna soltara un grito, ella sola se llevó las manos a la boca tratando de impedir que más sonidos salieran de ella; Rick sintiendo la piernas desfallecer intentó concentrarse en cualquier cosa que le permitiera olvidar lo que había visto, un minotauro, si, un minotauro, uno de esos seres de los que había leído tantas veces, su padre le había regalado un muñeco de acción de aquel ser mitológico, junto a uno de arpía y una quimera. El muchacho miró con atención la casa, tenía un aspecto muy rustico, todo parecía estar tallado a partir de la madera de la misma casa, tenía un aspecto muy antiguo pero al acercarse a tocar la chimenea, en la cual habían unas cuantas brazas anormalmente verdes aún encendidas, notó que en realidad era una madera muy firme, además pudo ver que habían varios portarretratos con fotos medio caídos, el vidrio estaba quebrado y había rasgado las fotos en su interior, aun así alcanzaba a ver un poco del contenido de ellas, parecían fotos de familiares, en todas se podían ver un matrimonio con un pequeño bebé.

- No sé si podamos estar aquí – comentó la muchacha acercándose a Rick y viendo el interior de las fotos para después señalar la mesa que estaba en el centro de aquella estancia, aun había un par de platos con comida en ellos – no sé si los dueños de esta casa estén aún por acá

El muchacho se acercó a la mesa y observó los alimentos en la vajilla, los platos de cada persona estaban muy cerca uno de otro, propio de las actitudes de una pareja muy cercana, volteó a ver instintivamente las fotografías que estaban arriba de la chimenea, los alimentos apenas habían sido tocados, había un tenedor en el suelo, y la mitad de una servilleta de tela, bordada con ahínco, estaba sobre uno de los platos mientras que la otra mitad estaba caída de la mesa, rozando apenas la silla enfrente del plato… no era necesario ser un genio para saber que la familia había estado comiendo cuando sea lo que sea que estaba pasando comenzó, recordó que la puerta estaba ligeramente abierta cuando entraron. Seguramente los dueños de aquella casa habían decidido huir cuando todo comenzó.

- Creo que no pasará nada si nos ocultamos un momento aquí – respondió el muchacho volteando a ver la puerta y los portarretratos alternadamente – seguramente los dueños ya se han marchado de aquí

Y mientras que Rick regresaba a ver de nuevo las fotos, la muchacha se había acercado a la ventana de aquella estancia, tenía una gruesa cortina que le impedía ver el exterior, permaneció frente a ella teniendo la enorme tentación de asomarse a ver lo que sucedía en el exterior, las pisadas colosales de la bestia habían dejado de sentirse, aún se escuchaban gritos, pero bastante lejanos de ellos, se acercó a la orilla de la cortina y la alzó ligeramente para poder ver lo que sucedía en el exterior. Hanna volteó a ver a Rick, el muchacho estaba acercándose a la puerta con bastante precaución, entonces el ruido de pisadas hizo que su atención regresara al exterior, un grupo de personas caminaban por las calles viendo para todos lados, eran enmascarados con esas mismas cosas de madera en las manos, no parecía ir destruyendo cosas como habían visto al llegar al pueblo, más bien parecían estar verificando si quedaba alguien cerca, alguna victima con la cual divertirse, su papel en esa… situación era la de evitar que hubieran supervivientes, o que nadie pudiera escapar.

- ¿Rick? – murmuró la muchacha sin dejar de ver el exterior – Rick… ¿Has visto lo que esas personas traen en sus manos?

El muchacho emitió un ruido como respuesta de haberla escuchado, estaba agachado con los ojos muy abiertos de horror, después de haber vuelto a ver las fotos que estaban encima de la chimenea se dio cuenta que en el suelo de la entrada había una enorme mancha oscura, una que no habían notado al entrar pero que en definitiva había estado ahí todo el tiempo ya que ahí estaban sus propias huellas que dejaron al pisar aquella mancha, se agachó y sumergió un dedo tembloroso en la mancha, estaba ya fría, pero la viscosidad era bastante conocida para él, se levantó ligeramente y, mientras que Hanna le llamaba y él le contestaba con un ruido bastante distraído, pudo ver por la ventana de la puerta, la mancha abarcaba un corto trecho después de que el piso de madera de la puerta se hubiera terminado… entonces… era muy probable que un miembro de aquella familia no hubiera conseguido escapar ¿Quién habría sido? ¿La madre? ¿El padre?... ¿El bebé?

- ¡Rick! – Hanna le gritó en un susurro

El muchacho se acercó a Hanna que seguía viendo al exterior, la chica le insistía en que se acercara a ver, Rick se acomodó detrás de ella y dio un largo vistazo, las personas que caminaban afuera se había duplicado, y revisaban cada detalle de la calle buscando más víctimas. La parte que le insistía en la colección de comics que tenía debajo de la cama volvió a susurrarle los problemas que tendrían si es que eran descubiertos por aquellas personas.

- ¿Viste esas cosas que tienen en las manos? – volvió a preguntar la muchacha

Claro que las veía, las sujetaban como si se trataran de pistolas, ciencia ficción, sí, claro, su género favorito le sugirió un puñado de cosas que podrían hacerles con esas cosas para herirlos, también pudo notar los ropajes tan raros que vestían aquellas personas, analizó las máscaras horriblemente ornamentadas que usaban, y, por supuesto, las varas que tenían. De repente alcanzaron a ver la aparición de una mujer, parecía ser la líder de ese contingente, lo pudieron saber porque ella no usaba la misma… ¿Túnica? Que usaban los demás.

Observó con detenimiento como los otros enmascarados se movían rápidamente para evitar estorbarle en su andar enérgico, además hacían ligeras inclinaciones de cabeza cada vez que pasaba cerca de ellos, Rick pensó que aquella mujer debía de ser una especie de general, se denotaba su importancia incluso en la macara que usaba, ésta solo le cubría de la boca hacía arriba, además de que parecía estar hecha de la parte frontal de un cráneo, eso quedaba evidente al ver los huesos que componían al puente nasal, los lacrimales y esos arcos que formaban los huecos en donde se ajustaban los globos oculares, los mismos huecos por los que veía aquella mujer. Entonces pudieron ver como se acercaba a una casa abandonada y, después de estirar una mano señalándola, una gran grieta se abría en el suelo y se dirigía directamente a la casa, esta tembló de forma violenta y se derrumbó.

El muchacho se alejó de la ventana y prefirió sentarse en una de las sillas talladas torpemente, se sentó sintiendo como hasta esa parte de él que le recordaba la fantasía de sus historietas se había quedado callada por la impresión, a su mente regreso aquel horrible hombre-bestia, las personas siendo atacadas, aquel pueblo en llamas… y, por supuesto, aquellos terroristas enmascarados. Se preguntó qué tan difícil sería escapar de aquella situación, teniendo en cuenta que estaban los enmascarados resguardando las calles. Hanna se alejó de la ventana y posó una mano sobre el hombro del muchacho

- Todo está bien – le dijo a Rick mientras que lo abrazaba fuertemente – tranquilo... Saldremos de ésta

El muchacho asintió con la cabeza y volteó a mirarla, le sonrió de forma forzada y posó una mano sobre uno de los brazos de la chica, Hanna se agachó para darle un beso, pero en ese momento se escuchó una explosión acompañada por el mismo ruido que emitía el minotauro que habían visto antes, se escuchó el ruido de árboles cayendo muy cerca de ellos; segundos después, el techo de aquella casa se vino abajo aplastando consigo una de las paredes, la chimenea y varios muebles, los dos muchachos corrieron al otro extremo de la casa y se abrazaron horrorizados por los que veían, justo enfrente de ellos estaba la bestia tirada en el suelo, tan solo a un par de metros de ellos estaba la enorme cabeza de toro del horrendo ser, veían de perfil aquella grotesca cabeza de pelo ensortijado y negro como la noche, permanecieron en silencio orando porque aquel ser estuviera muerto, ho, si… debía de estar muerto, ya no se movía y tenía los ojos cerrados… sin embargo no fue así. De repente las fosas nasales se expandieron salpicando a todos lados, incluyendo a los dos chicos, de espeso moco tibio, los ojos se abrieron, eran oscuros y los reflejaban a ambos perfectamente.

- ¡Por dios! – dijo Rick horrorizado

Entonces Hanna se aferró a la muñeca del chico y lo jaló a una puerta que no estaba muy lejos de ellos, en esa mismo pared en la que se estaban replegando, la chica abrió la puerta, metió con violencia a Rick para luego pasar por ella y después cerrarla; el rugido del minotauro se escuchó nuevamente, hubo un ligero temblor además de que se sintió una nueva explosión acompañado de otro gemido, tanto Hanna como Rick perdieron el equilibrio, se tambalearon ante la aparición de un nuevo temblor y terminaron cayendo al vacío, se dieron varios golpes mientras rodaban por las escaleras que daban al sótano de aquella casa.

Estaban adoloridos, la cabeza les daba vueltas, y no sabían si aún estaban vivos o no, aun así, Rick no había dejado de abrazar a Hanna, la sentía entre sus brazados respirando con dificultad por la nube de polvo que se había alzado, el muchacho la abrazó con fuerza paran tranquilizarla. Pasaron varios minutos hasta que la muchacha se recargó en sus brazos y con su cuerpo adolorido se levantó, miró el sótano como esperando que hubiera más peligros ante ellos.

- ¿Estás bien? – preguntó la muchacha extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse

El muchacho asintió y tomó la mano de Hanna.

- ¿Escuchaste eso?

Ambos lo habían escuchado, era como un gemido, era débil pero lo suficientemente audible para que lo percibieran a pesar del ruido del exterior que iba en aumento. Miraron el extremo más alejado de ellos, en el que había un gran número de cajas volteadas y amontonadas, seguramente a causa del terremoto que produjo la caída del minotauro y aquella misteriosa explosión; Hanna dio un paso vacilante en aquella dirección buscando aquello que produjera el ruido.

- Espera – dijo Rick, pero la chica no le hizo caso

Antes de que pudiera hacer algo ya había llegado al montón de cajas y comenzó a revolverlas buscando cualquier cosa que hiciera el ruido, que se había vuelto a escuchar. A la memoria de Hanna regresó el día en que, con apenas ocho años, se había topado con un perro lo suficientemente grande como para que ella, en su inocencia de niña, lo confundiera con un caballo, lo había encontrado mientras que jugaba en un parque, estaba sangrando, algo o alguien lo había golpeado tanto que casi lo había matado, su padre le explicó que tendrían que sacrificarlo para evitar su sufrimiento, ella lloró cuando le dieron la noticia demasiado tarde como para que pudiera despedirse, sin embargo, no lo habían sacrificado, el perro había muerto solo a causa de las heridas que le habían hecho, Hanna nunca olvidó los gemidos lastimeros del pobre animal cuando lo encontró, y ahora que escuchaba de nuevo aquel ruido solo podía recordar el dolor que debió sufrir el perro.

- Espera... No – pidió Rick cuando se dio cuenta que la chica comenzaba a mover las cajas con desesperación.

La chica no podía dejar de recordar cómo había encontrado al perro entre la espesura de la mala hierba del parque en el que jugaba, y así, como en aquella ocasión, se tiró al suelo para remover todo lo que cubría a la victima de aquel dolor, en aquella ocasión tuvo que cortar toda la vegetación de esa zona olvidada del parque, y en esta tuvo que quitar las cajas, trapos viejos, trozos de madera del piso de arriba; y entonces encontró algo, no era ningún perro, sino…

- ¡Rick! ¡Rick! ¡Rápido! – gritó de repente

El muchacho se acercó lentamente alcanzando a ver a una persona tirada, era lo que producía aquellos gemidos, la única luz que tenía para poder ver provenía de una ventana que daba al exterior, era pequeña y rectangular, por lo cual era mínima la luz que emanaba de ella; Rick se acercó un poco más y se quedó congelado al lograr ver con mayor claridad al hombre que estaba tirado en el suelo, estaba vestido de forma similar a los enmascarados de afuera, la… ¿Túnica? Que usaba era completamente negra y sin ningún adorno como los que llevaban los tipos de afuera, después de la túnica el rasgo que más resaltaba era su cabello castaño oscuro, era una melena demasiado larga y desordenada.

Rick siguió de pie mientras que Hanna seguía arrodillada sin poder creer lo que veía, entonces el sujeto abrió los parpados y fijó sus pequeños ojos en ellos, la debilidad se le notaba en su expresión y en el sudor que producía en exceso, entonces Rick se horrorizó al notar que el hombre aferraba a su pecho un montón de trapos viejos mientras que una mancha roja manchaba su vientre.

- Us… ustedes… son... Mu... Mu... – susurró el hombre a la vez que soltaba un gemido lastimero

La chica se llevó las manos a la boca horrorizada al comprender la gravedad de la situación en que estaba aquel sujeto, Hanna le miró con mucha atención grabándosele en su mente el abundante cabello crespo y los ojos color miel que le miraban con súplica.

Aquel hombre levantó el pequeño bulto de trapos y se los ofreció, el líquido rojo goteaba de sus manos y fue cuando Rick recordó la abundante mancha de sangre en la entrada… entonces el padre había sido el herido en la huida de casa… pero… pero si él estaba ahí entonces… ese montón de cobijas era…

- Por… por favor – dijo llorando y ofreciéndoles de forma insistente el bulto

Rick levantó una temblorosa mano y antes de que pudiera tomar el bulto supo que era lo que les ofrecía. Sintió un peso tibio en sus manos cuando el hombre dejo caer el bulto, era ligeramente pesado, y se movió con el ritmo de una respiración.

- Mi.… hija – dijo el hombre removiendo las cobijas con sus manos llenas de sangre y mostrando un pequeño bebé – por... favor... mi hija

Hanna dejó caer un par de lágrimas al darse cuenta de lo que sucedía, aquél sujeto estaba muriendo y como último acto les pedía a dos completos extraños que velarán por su hija. En ese momento la mancha en su ropa creció, Rick quiso hacer algo, pero no supo qué.

- Tranquilo, tranquilo – dijo el muchacho en un susurro – te pondrás bien

Hanna estiró los brazos y puso las manos en el vientre del hombre haciendo una ligera presión para intentar detener la hemorragia, aquel hombre se quejó y la chica lo sintió tan desprotegido y débil como el bebé que ahora estaba en los brazos de Rick. El bebé se removió en las sucias cobijas en que había sido envuelto y entonces pudieron verlo, tenía las manitas cerradas en un puño, un mechón revuelto de cabello café coronaba su cabecita, y aunque estaba dormido mantenía una mueca que le hizo pensar a Hanna que tal vez sabía en qué situación estaba.

- Mi.… hija – murmuró aquel hombre

De repente el hombre tomó la mano de Rick con un rápido movimiento haciendo gritar a Hanna y desequilibrando a Rick, que casi tira al bebé; quiso soltarse, pero el hombre lo sujetaba con fuerza, luchó por soltarse, pero no pudo, el hombre lo miraba con decisión.

- Sácala... – dijo el hombre – sácala de aquí... cuídala

Rick se sintió intimidado al darse cuenta de la repentina fuerza que demostraba aquel sujeto, por más que luchó no pudo liberarse. La muchacha comprendió lo que estaba pasando y se negó a quedarse a ver el final, se levantó y se acercó a la ventana de la cual salía la poca luz de la que disponían, se subió a una pequeña caja de madera para poder ver el exterior, curiosa por la repentina calma que se percibía en el ambiente, tenía la esperanza de que todo hubiera acabado, sin embargo, no era así, era cierto que el caos había disminuido pero aun habían personas enmascaradas, de hecho, desde el ángulo en que estaba podía ver a la mujer de la máscara de hueso, estaba justo enfrente de la diminuta ventana, dándole la espalda, pero no estaba sola sino que una mujer le estaba dando la cara con ira. Hanna la reconoció, tal vez no hubiera visto las fotos tanto como Rick, pero si lo suficiente como para reconocer a la mujer… era la esposa del sujeto que estaba muriéndose adentro de ese sótano.

La mujer de la máscara de hueso se movió ligeramente y entonces Hanna pudo ver que ambas mujeres tenían una vara en mano, se señalaban de forma amenazadora, entonces comenzaron a pelear, extrañas y brillantes luces de colores salían de esas varas, las detenían con más luz, las esquivaban, y volvían atacar. Para Hanna era algo increíble lo que veía, no solo eran las extrañas luces, también la forma en que se movían y atacaban, podía notar lo hábiles que eran; aparecieron otros enmascarados y atacaron a la mujer lanzando sus propios chorros de luz, pero ésta los contraataco rápidamente acertando fácilmente en cada enmascarado que se le había opuesto.

- Mi esposa... afuera – murmuró el hombre – no durará...

Hanna volteó a ver a Rick y notó que el sujeto seguía sujetándolo.

- Promete... la sacarás – dijo el hombre a Rick - promete... la cuidarás... promete... promete… me

Y sin saber que más hacer Rick asintió con la cabeza y entonces se escuchó un último suspiro, entonces sucedió, la mano del hombre cayo del suelo, todo terminó. Rick volteó a ver a Hanna con el rostro descompuesto, y sin saber que hacer le ofreció al bebé.

- Tomalá... tómala – dijo Rick entregándole el bebé – no puedo... necesito aire

Y Hanna se acercó para cargar al bebé, dio un rápido vistazo al bebé y después volteó a ver a Rick, quien caminaba en círculos tratando de comprender lo que acababa de pasar, no solo parecía haber prometido sacar al bebé de aquel dantesco panorama, sino que también acababa de ver a un hombre morir. Mientras que el muchacho trataba de mantener a raya sus emociones, Hanna regresó a la ventana y volvió a ver por ella, la mujer de las fotos, y madre del bebé que tenía en brazos, ya había acabado con todos sus oponentes, solo quedaba ella y la mujer de la máscara de hueso. Hanna estaba impresionada que aquella mujer tan menuda, de cabello castaño y algo crespo, hubiera derrotado a todos sus oponentes.

La mujer de la máscara de hueso alzó la mano y de un solo movimiento lanzó un chorro de luz rojo hacia la otra mujer, ésta lo esquivó y antes de que pudiera hacer algo más la enmascarada había atacado lanzando otro chorro de luz que esta vez sí golpeo en la mujer, la enmascarada carcajeó al ver como la mujer se arrodillaba levemente y se sostenía el hombro sangrante. La mujer alzó ligeramente la varita, se enderezó y de un rápido movimiento lanzó otro chorro de luz, la enmascarada respondió y hubo un fogonazo que cegó momentáneamente a Hanna. Cuando pudo volver a ver notó que la enmascarada ahora era la herida, había perdido su arma, y miraba con ira a la mujer.

La muchacha observó como las dos mujeres parecían estar intercambiando unas palabras para segundos después volver a la pelea; Hanna se sorprendió al notar que la enmascarada ya no peleaba usando aquellos rayos de luz sino que ahora estiraba sus manos, sin la vara, y trozos de piedra salían volando contra la mujer, ésta lo contraatacaba lo mejor que podía pero ahora se veía superada por mucho, cada movimiento de mano de la enmascarada, cada paso, venía acompañado de movimientos de rocas que tenía alrededor, ya fuera para atacar o para defender. Aquella mujer movía trozos de rocas del suelo, pequeñas o grandes, no parecía haber diferencia, los manipulaba con una gran maestría.

Quiso llamar a Rick para que se acercara a ver aquella pelea tan irreal, parecía obra de… de magia, pero Rick estaba sumamente afectado por la muerte del hombre, quiso decirle algo, pero no encontró palabra alguna que pudiera darle consuelo, entonces escuchó un gran grito y al voltear pudo ver cómo la mujer había logrado derrotar a la enmascarada, estaba tirada en el suelo lamentándose por una herida muy grande en el hombro izquierdo, tenía las manos levantadas a modo de rendición, pero no había terminado la pelea todavía, la enmascarada hizo un movimiento complicado con las manos y entonces, para sorpresa de Hanna, una ventisca de tierra golpeo la cara de su rival y posteriormente grandes púas de piedra se alzaron y atravesaron el cuerpo de la mujer. Hanna se llevó una mano a la boca al ver aquella muerte.

La enmascarada comenzó a reírse, se levantó y se acercó a la mujer que parecía haber muerto ya, suspiró y dando un leve quejido levantó su varita del suelo; la enmascarada pasó una mano por el rostro de la mujer con malicia, en ese momento el bebé comenzó a llorar, era como si, aunque no tuviera más que unos meses de edad, aquel bebé hubiera presentido que se acababa de quedar completamente solo en el mundo. Aquel llanto alertó a la enmascarada haciendo que volteara a ver directamente a la ventana por la que se estaba asomando la adolescente.

Rick corrió a ayudar a Hanna a silenciar a la bebé, pero ya era muy tarde, ahora aquella mujer caminaba con paso amenazador hacía la desprotegida casa; la muchacha no podía dejar de observar los ojos detrás de aquella mascara de hueso, sentía su mirada amenazadora. Amenazante y mortal. Pero en ese momento se encendió una luz tan potente como la luz del día, se escuchó un sonido ensordecedor y el suelo tembló con ira, algo había ocasionado una explosión mucho mayor que cualquiera que hayan sentido en todo ese tiempo, varías casas crujieron y cayeron al suelo, incluso lo poco que quedaba de la casa sobre ellos se vino abajo. Rick abrazó a Hanna para evitar que cayera al suelo, el bebé lloró aún más, el polvo que caía les hizo pensar que era cuestión de tiempo para que fueran enterrados vivos.

- ¡MI SEÑOR! – gritó la enmascarada, ella había sido aventada al suelo, se levantó y miró hacía la dirección de donde había venido la explosión

Y entonces sin esperar a más, olvidándose que tenía a tres víctimas con las cuales regocijarse, corrió en aquella dirección dejándolos olvidados, el llanto del bebé disminuyó poco a poco hasta que fueron tan sólo unos leves quejidos. En ese momento se escuchó otro temblor, segundos después vieron a través de la ventana como un gran grupo de enmascarados, aparentemente huían del pueblo, alcanzaban a escuchar algunos gritos sobre un señor oscuro o algo similar, notaron que incluso aquellos enormes seres mitad bestia huían aterrados.

Hanna bajó de la caja y dejó que Rick la abrazara para protegerse de todo el temblor, parte del piso de arriba se derrumbó, corrieron a esconderse debajo de las escaleras, y ahí esperaron a que esa estampida del horror terminara; y después de unos momentos todo parecía haber acabado. Permanecieron un rato callados hasta que finalmente Hanna habló.

- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó de repente la chica

Rick se mantuvo muy quieto escuchando el silencio que de repente había caído en el pueblo, pasaron un par de minutos más antes de que dijera algo.

- Creo... creo que todo ha terminado – volteó a ver a Hanna – tal vez podamos irnos ¿No?

La chica asintió con la cabeza poniendo atención al silencio sepulcral que había caído en el pueblo, finalmente ambos salieron de debajo de la escalera, Rick comenzó a subirlas, pero Hanna se mantuvo quieta, miraba en dirección al cuerpo del hombre.

- No podemos irnos – dijo con un susurro – no así, no lo podemos dejar así

El muchacho miró en dirección al hombre, entendió lo que significaba eso, pero no supo que hacer, se acercó, quiso cubrirlo con una cobija, pero no encontró ninguna, la única que debía de estar ahí era la que usaban para cubrir al bebé, puso unas cuantas cajas a modo de barrera para que no se viera el cuerpo del hombre y finalmente volteó y regresó con Hanna.

- Vamos – susurró Rick sin atreverse a ver a la muchacha

El muchacho esquivó su mirada y la tomó de la mano para hacerla subir, arriba de las escaleras todo estaba derrumbado, así que fue Rick quien dio múltiples golpes a las maderas que le impedían volver a subir, cada golpe que daba le servía para desahogarse de la situación que acababa de suceder, lo había afectado demasiado la muerte del hombre. Afuera del sótano todo era un caos, como se lo imaginaban los restos de la casa habían caído, el minotauro permanecía en el suelo, boca abajo, muerto, muerto como el resto del poblado, los demás enmascarados y bestias habían desaparecido, igual que la gente del pueblo.

Caminaron por los restos de la casa, ante el silencio del pueblo cada paso que daban parecía aumentar cientos de veces, cuando terminaron de salir del área de la casa se escuchó un leve gimoteo del bebé, Rick volteó alarmado.

- Espera... ¿De verdad la llevarás?

La chica le miró sin entender la pregunta de Rick.

- Claro que si – dijo Hanna arrugando el ceño – no la podemos dejar sola

Rick abrió la boca, pero no dijo nada, no quería llevarla, no cuando aquel bebé era un recordatorio de lo que había pasado. Sin decir nada volvió a caminar y miró el límite del pueblo, deseando volver al mundo real, pero no estaba seguro de que hubiera un mundo así, no sabía si podría ver alguna vez todo con normalidad, se centró en ver el limite del pueblo, si, debía de salir de ahí, todo se arreglaría cuando cruzaran el límite, miro el césped, las casas, cualquier cosa que no tuviera que ver con la rareza del pueblo, irónicamente al fijar su vista en el suelo pudo ver una rata gorda y enorme, sostenía una vara en su hocico y huía del pueblo al igual de ellos, a la mente de Rick le vino la posibilidad de que aquella rata fuera en realidad algún otro monstruo que huía de la destrucción del pueblo.

- Sus padres murieron – se justificó Hanna sacando a Rick de sus pensamientos – lo prometiste... prometiste que la cuidaríamos

Rick suspiró mientras que caminaban por las desiertas calles de GODRIC´S HOLLOW, asintió y no dijo nada más. Finalmente llegaron al inicio del pueblo, el letrero estaba ahí, estaba medio caído, ligeramente quemado, pero cuando pasaron a su lado y voltearon a verlo pudieron leer perfectamente las letras grabadas.

GODRIC´S HOLLOW

Al seguir avanzando y pisar los primeros pastos fuera del límite del pueblo el letrero se agitó y emitió un chirrido, como si se estuviera despidiendo de los visitantes. Entonces pasó algo más, se escucharon unos leves golpeteos en el suelo, muy parecidos a los que habían sentido poco antes de que el minotauro apareciera, los muchachos corrieron a esconderse detrás de un enorme arbusto, poco después de que hubieran terminado de agacharse se detuvo frente a ellos una enorme mole, Hanna y Rick alzaron a la vista para ver a aquella persona, habría sido completamente normal de no ser por su enorme tamaño, solo podían verlo bien hasta el cuello porque después una muy espesa barba y cabellera azabache ocultaba su rostro.

- Ho, no – dijo el enorme ser – no, por Merlín, no

Entonces volvió a correr adentrándose en GODRIC´S HOLLOW, pasaron un par de minutos y mientras que salían del arbusto pudieron escuchar el ruido de una motocicleta, pero el ruido parecía venir del cielo, como si fuera una motocicleta voladora. La muchacha iba a decir algo, pero Rick ya no quiso escuchar.

- Dame al bebé – murmuró el muchacho para evitar que Hanna dijera algo mas

Entonces comenzaron el viaje de regreso, caminaron en silencio, el único ruido que se escuchaba eran los gemidos del bebé que seguía en brazos de Rick. Después de varios minutos de caminar el muchacho miraba con miedo el bosque, estaban perdidos, se quejó levemente por el cansancio de cargar al bebé, no era pesado pero el tenerlo en ese momento de gran estrés lo agotaba,

- ¿Quieres que te ayude, Rick? – preguntó Hanna viendo lo exhausto que parecía

Rick le entregó al bebé apenas volteando a verla y comenzó a caminar en círculos tratando de encontrar el camino correcto, se rascó la cabeza y soltó un gruñido frustrado. Hanna lo miró con lastima, y entonces también observó el rededor, entonces vio algo brillante a lo lejos, dio un par de pasos en aquella dirección analizando bien la imagen.

- ¡Mira! – gritó la muchacha señalando en la dirección contraria en la que estaba viendo Rick - ¡Es mi zapato!

El muchacho volteó a ver hacia donde señalaba Hanna, era cierto, a lo lejos podía distinguir el pequeño zapato que había tirado poco antes de encontrarse con Godric´s Hollow… eso significaba… significaba que… ¿Habían vuelto? Entonces no estaban muy lejos del auto, corrió a buscar los zapatos y se tiró al suelo, pudo ver sus propias huellas y después de analizarlas bien encontró el rastro que habían dejado al llegar, le hizo una seña a Hanna para que le siguiera.

El camino de regreso fue tranquilo, hasta los pequeños brillos que iluminaban al bosque habían desaparecido, parecía que todo había vuelto a la normalidad, siguieron avanzando por el bosque mientras que el miedo en el pecho de Rick aparecía de nuevo ¿Y qué tal si alguna de esas criaturas estaba aún en el interior del bosque? Sin embargo, ese miedo terminó de desaparecer cuando por fin, después de quitar algunas ramas de arbusto de enfrente, pudo ver la carretera y el automóvil justo enfrente de ellos.

- ¡Por fin! – dijo Hanna al ver el rojo y blanco del Plymouth

Entonces terminaron de salir del bosque y casi corrieron al Plymouth de su padre, lo abrieron y entraron emocionados. Rick miró con miedo el tablero del auto, acercó una mano temblorosa a la llave, nada, todo igual, el auto seguía sin arrancar, el muchacho suspiró y volteó a ver a Hanna, la chica, con el bebé en brazos estaba buscando algo en el suelo y poco después se levantó con el rostro sonriente, era la lampara que había usado al querer revisar el motor del auto.

- ¿Sigue sin servir? – preguntó la muchacha encendiendo la lampara y teniendo por fin un poco de luz normal, no una que viniera de una vara de madera

- Así es – dijo Rick con un suspiro triste – supongo que esto no ha terminado

La miró con detenimiento, parecía que era la primera vez que la veía desde que había empezado todo aquel conflicto, se le encogió su estómago cuando vio el estado en el que había quedado después de su incursión a Godric´s Hollow, toda sucia de tierra, la ropa mojada por el sudor, y muy despeinada, sin contar que tenía los pies completamente sucios por el fango, no había recogido los zapatos en su regreso.

- Tranquilo… todo saldrá bien – dijo la muchacha – ya estamos en nuestro…

¿Qué iba a decir? ¿Nuestro mundo? Sonaba ridículo, pero a fin de cuentas era cierto, ya estaban en su mundo, ya no verían minotauros, gentes enmascarada asesina, nadie que controlara la tierra, ahora todo era normal, Rick negó con la cabeza, la chica entendió y se encogió de hombros, la bebé amenazó con volver a llorar y Hanna la arrulló haciendo un ruido tranquilizador.

- Todo saldrá bien – repitió Rick suspirando y asintiendo

Permanecieron en silencio tratando de sentirse en normalidad, asegurarse que estaban ya en un lugar a salvo.

- ¿Qué haremos ahora? – preguntó la muchacha

Rick guardó silencio pensando en la pregunta de Hanna, era una pregunta que debía de repasar con tranquilidad, la chica no parecía darse cuenta que aquella pregunta era mucho más compleja de lo que se imaginaba.

- ¿Estás bien? – preguntó Rick a Hanna esquivando la pregunta de la chica – ¿Te sientes bien?

La chica bajó la vista al bebé, supo que Rick se refería más que nada a su estado emocional y, tal vez, mental; Hanna se encogió de hombros y arrulló a la bebé, era lo único que podía hacer en ese momento que le permitiera calmar sus propios temores.

- Si... eso creo – contestó la muchacha pensativa – estoy bien, solo… solo confundida, todo fue tan irreal, pero… pero… ella está aquí, debió de ser real

La chica se encogió de hombros y le sonrió sin dejar de mecer al bebé.

- Lo siento – dijo Rick – me porté como un cobarde allá

La chica frunció el entrecejo, se acercó más a él y le tomó de una mano de forma compresiva.

- Actuaste bien – dijo Hanna – sobrevivimos, fuimos un buen equipo... Rick… ¿Qué fue lo que pasó allá? ¿Qué fue todo eso?

El muchacho negó con la cabeza, aún estaba indeciso de aceptar todo lo que había pasado, pero era difícil cuando estaba ese bebé dentro del auto.

- No lo sé – dijo Rick, miró su reloj tratando de olvidar el asunto – casi son las doce… deberías de descansar

- Rick... tenemos que hablar de esto – dijo Hanna – pasó... todo fue real ¿Ahora qué haremos? ¿Qué diremos que pasó? ¿Qué haremos con ella?

Rick observó con detenimiento al bebé dándose cuenta del problema que aun tenían que resolver. La razón de la complejidad de su problema.

- Lo sé, lo sé – respondió con cansancio

Rick miró de reojo al bebé, había despertado y ahora los veía con curiosidad, una pequeña mano salió de entre las cobijas tratando de alcanzar a Hanna, la chica la acarició, el muchacho se concentró en la pulsera de oro que el bebé tenía en la mano para no encarar el tema que Hanna quería tocar.

- Nadie nos creerá si decimos lo que realmente pasó – concluyó Rick – creo que deberíamos de acordar contar otra cosa

La chica miró al bebé y después de uno segundos de indecisión asintió con la cabeza, volteó a ver a Rick con duda en el rostro y no dijo nada mientras que escuchaba la versión que proponía el muchacho, un par de veces ella le corrigió y sugirió otras cosas que harían más creíble su historia.

- ¿Estás de acuerdo, Hanna? – preguntó Rick cuando terminó repasar por tercera vez la versión que dirían cuando alguien los encontrara, la muchacha se encogió de hombros – ¿Hanna?

- ¿No te parece… malo? – preguntó la muchacha – de algún modo… esto no está bien, es decir, sus padres… ellos murieron protegiéndola, si ocultamos eso… ¿No estaríamos demeritando su sacrificio? No parece justo

El muchacho se quejó mentalmente de la insistencia de Hanna.

- Si decimos la verdad nadie nos creerá – dijo Rick insistentemente – podríamos terminar en un loquero

Hanna le miró con culpabilidad, pero finalmente asintió con la cabeza, Rick se sintió culpable por la expresión de malestar de la chica por lo que desvió la vista, por el bien de los dos habría que mentir en todo, aunque no sabía si en realidad valía la pena… tal vez, después de todo si estaban locos. Después de un rato más Hanna murmuró estar cansada y se retiró al sillón trasero con todo y el bebé para recostarse y descansar, apenas pasados un par de minutos el muchacho escuchó la respiración de la muchacha adquirir el ritmo del sueño; la observó con detenimiento por el espejo retrovisor y después de un rato más decidió salir del auto.

Afuera el frío lo caló rápidamente, pero prefirió estar ahí para poder refrescar sus ideas y poder repasar la historia que había preparado con ayuda de Hanna, a su interior volvió el horror que habían pasado hace unos minutos, los monstruos, los enmascarados, la muerte del padre del… miró con culpabilidad al asiento trasero del Plymouth, más en específico al pequeño brazo de bebé que sobresalía del abrazo de Hanna, aquella imagen era tierna, triste pero tierna a la vez; le pareció tierno y de alguna extraña forma se sintió bastante más atraído hacia ella por ese detalle, algo ridículo teniendo en cuenta la situación en la que estaban. No supo que pensar en ese momento además de en Hanna y la forma en que había aceptado a la bebé y el cómo parecía dispuesta a protegerla, comenzó a pensar que podría ser un problema en cualquier momento.

Entonces pasó algo que le indicó a Rick que aquella pesadilla había acabado finalmente, a lo lejos vio los clásicos colores rojo y azul encendiendo alternadamente, eran apenas visibles y podría haber sido producido por aquellas ráfagas de luz de antes, esperó un momento con el corazón en vilo a que se acercaran más a ellos, pasaron unos segundos que le parecieron eternos y entonces… por fin, una primera visión de la patrulla acercándose hizo que su corazón se agitara de emoción.

El muchacho corrió al interior de la carretera, se paró en medio del camino sacudiendo los brazos para llamar su atención, la patrulla se detuvo apenas unos centímetros de él y pudo ver a dos policías en el interior, pudo ver al conductor de la patrulla hablando por la radio del auto, una mujer le miraba desde el asiento del copiloto, parecía estar buscando algo en él, alguna señal de que fuera en realidad un delincuente. El muchacho recordó las películas de terror, en las cuales ya casi era un cliché el que los policías resultaran ser asesinos seriales igual de peligrosos que los monstruos de los que se acababa de escapar, tal vez, solo tal vez, las personas del interior de la patrulla serían realmente enmascarados con varas en sus manos que le habían estado buscando para obligarles a volver al bosque para matarlos.

Entonces la patrulla se abrió y bajó la mujer policía, para alivio de Rick pudo verificar que no llevaba consigo ninguna vara de madera, y aunque sostenía una mirada de precaución le habló con voz firme pero afable

- Buenas noches – murmuró la policía – ¿Hay algún problema con el auto?

- Se descompuso – contestó Rick con miedo

- ¿Y usted se encuentra bien? – dijo la oficial viendo atentamente su estado

Entonces comprendió porque la oficial y su compañero, que seguía hablando por la radio, le veían con precaución. Su rostro de malestar era solo superado por su aspecto físico, la ropa rasgada en varios lugares, manchas de tierra y fango, debía parecer todo un delincuente.

- No pude hacerlo arrancar - murmuró

El otro policía bajó de la patrulla y caminó hacia él, le miró por unos segundos y después se acercó al auto, dio un silbido y acarició levemente el auto con anhelo.

- También… también… encontramos a un bebé – dijo el muchacho sintiendo de repente un enorme miedo porque no le creyeran

- ¿Un bebé? – dijo la oficial mirándolo con una ceja enarcada – ¿Cómo es eso?

El otro policía levantó también la mirada.

- ¿Tú eres Rick? – pregunto el policía viendo con detenimiento las placas del auto, el muchacho asintió con temor, sacó de su cinto una libreta, leyó algo apuntado en ella y la cerró – coincide, tus padres han estado llamando a la estación desde hace un rato; hijo, creo que estas en problemas

- Nos dijeron que estabas con una chica – dijo la oficia

- Esta adentro del auto… con el bebé – recalcó el muchacho

Y entonces Rick se acercó al auto y tocó ligeramente el vidrio del auto, Hanna no reaccionó, tocó un par de veces más y por fin pudo ver como la chica se despertaba de sobresalto. Hanna salió con cuidado de no despertar a la bebé, la había cubierto con la chaqueta de Rick por lo que ahora se notaba más fácilmente el estado en que estaba, se veía tan pequeña y débil.

Entonces los dos oficiales intercambiaron una mirada al ver en aquel estado a la chica, sin perder el tiempo les explicaron lo que había sucedido: regresaban de una cita tranquilamente, cuando de repente el auto había comenzado a emitir un ruido extraño que duró más o menos quince minutos, poco después de eso el motor se apagó y, por más que intentaron, no lograron hacer arrancar al auto, habían esperado pacientemente a que pasara un auto que les pudiera ayudar pero no corrieron con suerte, mientras que esperaban comenzaron a escuchar lo que parecían ser voces y algunos gritos, en un momento aquellos gritos aumentaron de volumen hasta hacerlos pensar que estaban lastimando a alguien, decidieron, entonces, ir a revisar armados con un par de tubos como única defensa, hubo un momento en que escucharon claramente que alguien los seguía y corrieron hasta perderse en el bosque, era por eso que estaban en ese estado, cuando finalmente parecían haber desaparecido las voces y los gritos decidieron regresar, sin embargo, en el camino de regreso escucharon un llanto de bebé, al que finalmente encontraron escondido entre unos arbustos.

La mujer policía los veía atentamente mientras que el otro oficial tomaba apuntes de su historia en la libreta que había vuelto a sacar de su cinto, Rick se sintió intimidado ante la mirada de la oficial por lo que continuamente volteaba a ver a Hanna, la cual se encontraba sentada en el capó del auto cargando y meciendo al bebé como toda una madre, trataba de apartar mucho tiempo la vista para evitar que la oficial logrará ver una prueba de la mentira en su rostro.

- ¿Recuerda exactamente donde fue que encontró a la bebé? – preguntó la oficial

- Creo que si – respondió Rick temeroso – no lo sé, estaba todo muy oscuro

- Bien, en marcha – volteó a ver al otro policía – pide una grúa y una ambulancia, Charles, volveré rápido

El hombre asintió y regresó a la patrulla mientras que la mujer sacaba una linterna de su cinto y le hacía una seña al muchacho para que la acompañara. Rick se acercó con temor y miró a la oficial con rostro suplicante.

- Rick... No – murmuró Hanna con miedo bajándose del capo del auto

La mujer policía y Rick voltearon a verle.

- E-estaré bien, voy con la oficial – dijo el muchacho, se quedó un momento pensativo y volteó a ver a la mujer – ¿Trae arma?

La mujer le miró con desconfianza.

- Lo siento... Los gritos que oímos nos asustaron mucho – dijo el muchacho – podrían seguir allá adentró

Tanto la oficial como el muchacho se adentraron entre los árboles, Hanna veía con miedo el interior del bosque temiendo volver a ver las luces que los habían atraído al horror contenido en Godric´s Hollow. Después de varios minutos pudo ver salir a la oficial y, afortunadamente, a Rick.

- ¿Encontraron algo? – preguntó el policía saliendo de su auto

- Nada – dijo la oficial sin mostrar ninguna seña de asombro – está limpio ¿Qué hay de la grúa o la ambulancia?

Pero Rick no esperó a escuchar la respuesta del policía, le hizo una seña a Hanna para que entrara al auto, cuando las puertas estuvieron cerradas por fin se sintió seguro para poder hablar con tranquilidad.

- ¿Qué pasó? - preguntó la chica sin dejar de ver a los policías, que estaban en medio de una discusión - ¿No se encontraron con… con ellos?

La oficial se acercó al auto y les hizo una seña para que abrieran el capo del auto, el otro policía se había acercado a ver en que podía ayudar a la policía para arreglar el motor. Rick miró con precaución a los policías y con sumo cuidado le mostró un par de zapatillas sucias por el fango y césped.

- Caminamos y caminamos y no encontramos nada – le susurró vigilando atentamente que no les vieran los policías – ni el pueblo, ni enmascarados... Ni siquiera el claro, todo desapareció

- Me quite los zapatos antes de llegar al claro, antes de encontrar a Godric's Hollow – comentó la muchacha pensativamente y causando que Rick se encogiera por el malestar de escuchar el nombre del pueblo – ¿Como es posible que no lo encontraran? ¿Desapareció?

- O tal vez nunca existió – dijo Rick

La muchacha le miró ofendida ante esa sugerencia.

- Claro que existió – dijo Hanna y señaló a la bebé - ¿De dónde crees que la sacamos entonces?

- La encontramos... Eso es todo, nunca hubo ningún pueblo, ni enmascarados, o monstruos – dijo Rick con seriedad – eso es todo

Hanna bajó la cabeza con desagrado, notó claramente el tono de voz de Rick, no era una sugerencia sino una orden.

- Se llamaba Godric's Hollow – dijo la chica protestando – lo sé, lo vi, Rick

El muchacho titubeó.

- No trates de engañarme, Rick – dijo Hanna – ya estamos mintiendo a la policía, no me quieras mentir a mí también… existió… y todo, TODO, pasó

El muchacho le miró con fastidió y esquivó su mirada, respiró tratando de mantener la compostura.

- Lo sé – admitió con culpabilidad – pero sabes bien porque no podemos decirlo ¿Verdad? ¿Lo entiendes?

Un golpeteo en la ventana hizo que se sobresaltaran, era el policía, Rick bajo el cristal tratando de no mostrar duda.

- Se acerca la ambulancia – dijo el policía agachándose para hablar a su altura – hay que evaluar al bebé

Era cierto, otro vehículo se acercaba alumbrando con las mismas luces rojas y azules de la patrulla, en pocos segundos se había estacionado detrás del Plymouth.

- Esos eran sus zapatos ¿No, señorita? – le preguntó el policía viendo como la chica se calzaba las zapatillas

- Si – respondió la muchacha sintiendo un poco del miedo que había sentido Rick cuando daba su versión de la historia

- Entonces caminaron mucho por el bosque – dijo la oficial con un tono de voz monótono – eso es algo raro en una jovencita de su edad, la mayoría de las chicas de su edad preferirían no tener que ensuciar zapatos tan bonitos

La muchacha le miró de forma retadora asintió con la mirada y se dirigió a la ambulancia. Los paramédicos examinaron con diligencia al bebé, lloró un poco pero cuando Hanna le acarició la cabeza se calmó de inmediato. La oficial cerró por fin el capó y se acercó a los muchachos limpiándose las manos con un viejo trapo.

- Es una pena – dijo finalmente la oficial – un auto tan hermoso… y averiado, está totalmente quemado, es como si algo le hubiera dado una sobrecarga

Los muchachos asintieron, algo les decía que el auto no se arreglaría tan fácilmente, entonces los tres observaron al bebé, que aún seguía atendido por el paramédico.

- ¿Qué pasará ahora? – preguntó Hanna – ¿Que pasara con ella?

- Resguardarán a la bebé – dijo la oficial sin demostrar ninguna otra duda de la historia que le habían dicho – y a ustedes lo llevaremos a la jefatura, ahí podrán hablar con sus padres, me dice mi compañero que acaban de llegar allá

El paramédico bajó de la ambulancia y entregó al bebé a Hanna.

- Hace un par de horas llamaron a la jefatura para reportar tu perdida, señorita – dijo el policía acercándose a la ambulancia – casi los has matado del susto

Hanna ignoró al policía y siguió viendo a la bebé.

- ¿Qué pasará con ella? – preguntó Hanna insistiendo en saber su destino

La oficial la miró y respondió secamente.

- Será llevada a la jefatura donde daremos fe de su estado de salud y esperaremos a que algún familiar la reclame – dijo y después agrego con algo que parecía un tono tranquilizador – mañana traeré un grupo de policías para peinar mejor la zona y buscar evidencias, talvez encontremos algo que nos diga la identidad de la madre… aunque dudo que lleguemos a encontrar algo, no es raro que mujeres, casi siempre adolescentes, vengan a abandonar a hijos no deseados aquí, estos lugares son perfectos para este tipo de cosas, son solitarios, aquí es difícil que alguien les vea o siquiera que encuentren a los bebés

Hanna frunció el ceño recordando a los padres del bebé y el cómo murieron por defenderla, solo pudo pensar en lo injusto que era hablar así de ellos… sin que alguien les defendiera, le pareció un enorme insulto pensar que una adolescente irresponsable fuera quien había abandonado al bebé.

- Pero no creo que este sea el caso – agregó la oficial – el bebé se ve en buenas condiciones, no es recién nacida, como en la mayoría de los casos, habrá mucha investigación de esto... En fin... En caso de que no encontremos a la madre, o algún familiar, será llevado al orfanato donde será puesta en custodia del estado

- ¿Orfanato? – preguntó Hanna sintiéndose como se le encogía el corazón, abrazó con temor a la bebé

- Será lo mejor para ella – dijo la oficial y volteó a ver a su compañero - ¿Qué pasó con la grúa?

La muchacha miró con suplica a Rick, pero este no la veía a ella, estaba demasiado ocupado viendo sus zapatos, le tomó de la mano y entonces pudo ver lo que ella misma sentía, un miedo, un miedo atroz por el destino que sufriría la bebé

- Puede... ¿Puede darme un momento? – preguntó Hanna a la oficial viendo con tristeza a la bebé – quiero despedirme de ella

La mujer le miró con aire crítico y después de un momento asintió con la cabeza, le hizo una seña a su compañero y ambos regresaron a la patrulla hablando sobre la tardanza de la patrulla, entonces ambos se quedaron solos con la bebé, al principio ninguno dijo nada, Rick había vuelto a ver sus enlodados zapatos y Hanna jugaba con las regordetas manitas de la bebé, las cobijas que ahora la abrigaban eran nuevas y blancas, se las había dado el paramédico.

- ¿Estas… bien? – preguntó Rick con voz ronca

La chica soltó una lágrima y alzó la vista.

- La van a llevar a un orfanato, Rick – se lamentó la muchacha – a un orfanato

El muchacho suspiró y no se animó a decir nada en un rato.

- No… no estamos seguros de que vaya a pasar eso – respondió el muchacho

- ¡Claro que lo sabemos! – le espetó la muchacha con un susurro furioso – ¡Sus padres murieron! ¡Está sola en el mundo! ¡Nos necesita!

Entonces Rick volteó a verla amenazante pero cuando vio su rostro mojado con lágrimas pudo ver algo que le aterró, era decisión, Hanna estaba decidida a conservar a la bebé, permaneció en silencio ante aquella situación, se paró junto a ella y suspiro. Sabía lo que vendría ahora, lo supo desde que la vio dormida con el bebé en el Plymouth, solo que ahora ella lo había dicho en voz alta, tan solo con ese acto parecía estar sellando su destino.

- ¿Qué quieres que hagamos? – preguntó Rick con un dejo de súplica en su voz

Hanna volteó a verle de forma retadora.

- ¿Qué crees tú? – preguntó – conservarla ¡Cuidarla!

Ambos se quedaron en silencio, viéndose atentamente y esperando a que el otro cambiara de opinión.

- ¿Que? ¿Como se te ocurre eso? – preguntó Rick alterado – ¡Es una locura!

- Claro que no – dijo Hanna – ¡Es lo correcto! ... La rescatamos, está sola... No podemos abandonarla

- Hanna – murmuró el muchacho dubitativo y tomó su mano

Rick acarició su mano, ella la retiró con violencia, pero cuando él se acercó a abrazarla no intentó alejarse, permitió que le diera un beso en la frente, la escuchó llorar. Y es que la impotencia que sentía también era por la aceptación de lo que le decía Rick, sabía que él tenía razón.

- Lo prometiste – murmuró Hanna llorando desconsolada – le prometiste a su padre que la cuidarías ¿Lo recuerdas? ¡Se lo prometiste!

Rick se quedó en silencio, una sensación de frialdad apareció en su cuerpo al recordar a aquel hombre, se estaba muriendo y sus últimas palabras habían sido para él, le había implorado que cuidara de su hija, que la sacará y que la cuidara, él había aceptado... Y ahora parecía estar de acuerdo en abandonarla. Hanna tenía razón, la estaban abandonando. Estaba mal.

- No... No la abandono – murmuró Rick – prometí sacarla de ahí, eso es todo

Hanna le miró con reproche mientras que se alejaba de él.

- Es lo mejor para ella – dijo Rick poniendo un tono de voz de suplica

- ¿Lo mejor para ella? ¿No será lo mejor para ti?

- Y tal vez para ti – dijo Rick – ¿Te imaginas a ti misma siendo madre a esta edad?

La chica sólo se enjugó una lágrima, pero permaneció callada.

- Tus padres jamás te lo permitirán, estás en una época muy importante para tus estudios, ninguno de los dos trabajamos

- No te necesito para cuidar de ella, ni a mis padres

El muchacho se quedó callado un momento, aquella facilidad para dejarlo de lado le había dolido, pero no se amedrentó en intentar hacer que Hanna entrara en razón

- No podemos hacerlo, no ahora – suplicó Rick – lo sabes ¿Verdad?

Hanna tardó, pero al final asintió con la cabeza y se limpió las lágrimas.

- Pero no me parece correcto – dijo en un murmullo derrotado

- A mí tampoco – admitió el muchacho

Se acercó la oficial viéndolos con precaución acompañada por uno de los paramédicos.

- ¿Todo se encuentra bien? – preguntó con sospecha en el rostro

Hanna se limpió las lágrimas y asintió.

- Si, todo bien – dijo la chica – solo… es triste… ella… tan sola

- Lo sé – dijo la oficial con un tono de voz similar – pero es más común de lo crees, te aseguro que encontraremos a sus padres… por el momento, me temo que es hora de marcharnos… el bebé se debe de quedar con los paramédicos

Hanna asintió y con tristeza le dio un beso en la frente al bebe como despedida.

- Adiós – murmuró Hanna con el corazón roto – lo siento tanto

Rick observó con el corazón destrozado la despedida de Hanna, la chica le miró y se la ofreció, el muchacho titubeó, pero finalmente tomó la mano de la bebé; Hanna se la entregó y él pudo verla con más atención, al observar sus ojos claros sintió lo mismo que sentía Hanna, era un terrible error dejarla ir. Sintiendo arder sus ojos la soltó, giró la pulsera dorada que la bebé tenía en su mano y ambos muchachos pudieron ver dos triángulos unidos por la punta formando un reloj de arena grabado en ella. Volvió a tomar la mano de la bebé y la soltó después de un rato.

- A-adiós – murmuró con la garganta sumamente seca

Hanna extendió los brazos para que él paramédico recuperara a la bebé, y sin poder hacer nada más vio como aquel muchacho, no mucho mayor a ella, la alejaba del bebé.

- Será mejor que nos marchemos – dijo la oficial – es muy noche para que estén afuera

La mujer los guio a su patrulla y les abrió la puerta trasera para que entrarán.

- Si, ya los llevamos – dijo el policía que estaba ya adentro hablando por la radio – en una hora llegaremos allá

- Entendido – se escuchó una voz en el radio

Entonces colgó la radio y volteo a ver a los adoloridos muchachos con alegría

- Adivinen, chicos – dijo el policía mientras entraba la oficial – en cualquier momento podrán irse con sus padres, están ya en la jefatura, están que se vuelven locos

- Bien, pues vamos para allá – dijo la oficial y el policía la obedeció

Entonces la ambulancia pasó a un lado de la patrulla separándolos finalmente de la bebé, sintiéndose con el corazón roto ambos se tomaron de las manos al ver como la ambulancia desaparecía.

- ¡Ah! Y no se preocupen por el carro – comentó alegremente el policía – la grúa ya venía en camino, en unos minutos pasará por él y estará sano y salvo en la jefatura para el amanecer, es una fortuna... Es una preciosura ese auto...

Pero ellos ya no lo escuchaban, para Rick nunca había sido tan irrelevante el Plymouth de su padre como en ese momento, en sus mentes estaba solamente una pregunta ¿Que sería ahora del bebé? El policía encendió la radio y entonces escucharon de nuevo las suaves melodías de Jhonny y Farina interpretando Sleepwalks, la canción que habían escuchado antes de que todo iniciara. Gracias a eso supieron que nunca volverían a ser igual que antes. El apretón de manos se hizo más fuerte, más íntimo y supieron que nunca se separarían, la idea de que la bebé estaba ahí afuera, y de que la habían abandonado, los unía de alguna forma como si se tratara de un pecado inefable.


En la actualidad

Un gélido viento sopló con fuerza causando que se esparciera entre las copas de los árboles un gemido aterrador que evocaba a las más antiguas e inefables pesadillas ocultas en la mente de la gente, los árboles eran mecidos rítmicamente de tal forma que si alguien viera aquellas copas desde la seguridad de su casa temería por la presencia de temibles criaturas viéndoles desde el follaje, esperando al momento adecuado para salir y provocar caos, locura y desesperación entre las personas que habitan en Evergreen.

Sin embargo, todos los pobladores estaban seguros de aquellos miedos infantiles, si, aquellos monstruos imaginarios que habitaban en el bosque que rodeaba al pueblo no tenían oportunidad de alcanzar a ningún hombre, mujer o niño. Todo el poblado se encontraba a oscuras y en silencio, incluso el más silencioso susurro se habría escuchado en todo el pueblo, sin embargo, Evergreen, el antes animado, brillante y lleno de vida Evergreen ahora se encontraba sumido en un ambiente parecido al de un pueblo fantasma.

Como es de esperarse, Evergreen no siempre fue así, fue uno de los pueblos que tardó más en recibir algún tipo de influencia en la guerra desatada hacía ya un par de años; todo comenzó de forma tan casual una mañana, los periódicos llegaron a cada casa del pueblo y tan solo unos minutos después nadie hablaba de otra cosa que no fuera el ataque a aquel colegio lleno de niños, después pasaron semanas enteras y toda información que les llegaba era sumamente confusa, el ministerio no parecía estar ayudando a nadie, de hecho, si no fuera porque ellos pertenecían a ese pequeño pueblo, tan inocente en muchos aspectos, habrían pensado que el ministerio estaba atacando a su propia gente. Poco a poco se fueron acostumbrando a cada noticia que llegaba a sus casas por el periódico, una semana se hablaba de desapariciones de activistas por los derechos de personas apresadas, otra semana se hablaba del ministerio y la constante presión (o casi guerra) con el Wizengamot, a veces se hablaba de los juicios políticos en contra de Fudge, y otras veces de lo único que parecían querer hablar era de los Death Dealer y su peculiar avance por toda Gran Bretaña.

Entonces finalmente sucedió, una tarde hubo un ruido que parecía ser una explosión, sumamente amortiguada y lejana, lo que más tarde conocerían todos como "el primer evento"; los habitantes vieron cómo, a lo mucho, a cinco kilómetros de distancia se levantaba un leve incendio que consumía el bosque, pero apenas unos minutos de haberse iniciado se apagó por sí solo, dejando como única evidencia de su existencia, una gruesa muralla de humo negro ascendiendo al cielo hasta dispersarse por completo. No habría pasado a más de no ser por que aquella noche llegaron los Death Dealer al pueblo, fueron tan solo unos cuantos que hicieron un poco de escándalo en los lugares con vida nocturna, todo mundo se enteró y mantuvo la esperanza de que al día siguiente todo hubiera vuelto a la normalidad, se habían enterado de casos similares en otros poblados donde los Death Eather o inclusive Death Dealer habían llegado a pasar la noche en aquellos lugares pero al poco tiempo se marchaban. Eso no sucedió en Evergreen.

La presencia de los Death Dealer duró días, luego semanas, semanas de miedo y tortura, algunas veces era literalmente una tortura para algunos pobladores, sin embargo, mantuvieron la esperanza de que todo terminaría pronto, hasta que sucedió "el segundo evento", para esas fechas ya habían asimilado la constante presencia de los Death Dealer en Evergreen, había veces en que parecían haber desaparecido, pero antes de que cayera la noche volvían a sus calles. En antaño el poblado era gobernado por dos personas en específico, una de ellas era por supuesto Brik Ryan, el alcalde de Evergreen, él era la figura de autoridad del pueblo, sin embargo no era el único, la otra persona que gobernaba a Evergreen, y que prácticamente hacía lo que quería de forma legal o ilegal, era Ernst McUffin, un empresario, avaro, corrupto y con bastante ambición que obtenía ganancias de cualquier negocio que se hiciera en Evergreen… y como muestra de su poder se alzaba en la colina más lejana del pueblo su enorme mansión blanca, se alzaba aún más alto que el mismo edificio de gobierno en el que siempre estaba Ryan, tal vez como seña de que él era el verdadero dueño de Evergreen.

Aquella tarde se sintió un ambiente enrarecido que a todo el mundo puso nervioso, para llegar la noche ya nadie estaba en las calles, a pesar de que en ese momento estuvieran ausentes los Death Dealer nadie se atrevía a salir a la calle; cuando llegó la noche se alcanzaron a escuchar destrozos, ruidos de desorden, risas, y algunos gritos de dolor provenientes de la mansión McUffin, aquel escandalo se escucharía hasta muy entrada la noche y poco antes del amanecer un grupo de Death Dealer colocó en una hilera los cuerpos decapitados de la mayoría de los miembros de la familia McUffin en la plaza central de Evergreen, todo el mundo reconoció el fino traje blanco que tenía puesto uno de los cuerpos, era Ernst McUffin. Poco tiempo después también desapareció Ryan y la presencia de los Death Dealer se incrementó, supieron entonces que pasaba. Ya no estaban en las manos de McUffin, ni de Ryan, sino que ahora eran los habitantes de un pueblo en donde mandaban los Death Dealer.

¿Era posible pedir ayuda? Si, pero dudaban mucho que los auxiliaran, los periódicos seguían llegando a Evergreen y por ello mismo sabían perfectamente que el ministerio estaba en crisis, Fudge había escapado de la ley y los Aurores estaban divididos entre los leales al ministerio y los que estaban comenzando a buscar un nuevo líder para seguir, aún no había ningún ministro en el poder por lo que una guerra interna había aparecido entre los Aurores, no había personal disponible para situaciones fuera de la zona céntrica de Inglaterra, estaban solos. Sin embargo, a pesar de que temían constantemente por su vida, no habían sucedido más situaciones como la del "segundo evento", era cierto que era muy común ver a los Death Dealer caminando por las calles de Evergreen, y que muchas veces causaban destrozos a casas o negocios pero teniendo en cuenta que eran Death Dealer los que habitaban con ellos, el pueblo siguió casi tan tranquilo como siempre.

Muchos suponían que la tranquilidad que se mantenía en el poblado era a causa de que, tal vez, habría algún líder de aquella familia de Death Dealer habitando en Evergreen, en la antigua mansión McUffin para ser más exactos, era posible que hubieran elegido a Evergreen como cuartel general gracias a su tranquilidad y a que estaba casi totalmente aislado de todo el mundo. Mientras que siguieran con su vida cotidiana, no hicieran tontos intentos por hacerse los héroes, y siguieran el toque de queda autoimpuesto no tendrían nada que temer, o al menos eso creían hasta que sucedió "el tercer evento".

Ho, sí. "El tercer evento" lo cambió todo. El ministerio se comenzaba a recuperar, la guerra interna Auror había terminado con una batalla en medio del mismísimo ministerio, habían tenido como resultado unos pocos Aurores muertos, una civil activista herida y encarcelada dentro del departamento de misterios por algunos días, y una nueva persona ocupando, por fin, la silla de primer ministro; para toda Gran Bretaña parecía que solo fuera un descanso en su constante temor por el futuro, sin embargo el orden se impuso con mano de hierro y los pocos Aurores anarquistas o los que seguían apoyando a Fudge fueron encarcelados o asesinados. Un nuevo primer ministro no era algo que tuviera gran significado en Evergreen, al menos para los pobladores, pero apenas pasado unos cuantos meses de la toma de poder del nuevo primer ministro, los habitantes del pueblo vieron como la calma de los Death Dealer parecía ir menguando. El regocijo que sentían los pobladores ante la desgracia de sus "carceleros" disminuyó de golpe antes de terminar de acostumbrarse a ver la ansiedad que demostraba cada Death Dealer en el Evergreen, estos habían comenzado a desquitar su frustración en los pobladores, sin importarles si había una buena razón para ello o no. Ya no parecía interesarles el mantener un perfil bajo.

"El tercer evento" que sumergió a Evergreen en un caos consistió en la llegada de un gran contingente de Death Dealer al pueblo, la mayoría habían llegado a pie, heridos, desmoralizados y cansados mientras que otros pocos tenían que ser trasladados en camillas. Al principio nada cambió demasiado, mas que ahora veían cada vez mas seguido a los Death Dealer en las calles, sin embargo después de unas semanas pudieron ver disminuidos sus propios recursos por tener que sustentar a todos los recién llegados.

Entonces sucedió pocos días después "el cuarto evento". Al contrario de los anteriores eventos, este fue pequeño y sin significado, pero aun así trajo aún más problemas que cualquier otro, una mañana llegaron una vez más los periódicos a las casas y entonces todos los pobladores pudieron ver en la primera página una enorme foto, era un sujeto caminando en una calle completamente destruida, en llamas y con varias personas tiradas a su alrededor, aquella persona vestía ropajes tan oscuros que casi se perdían con el resto de la foto, lo que más resaltaba además de las llamas era la máscara blanca que cubría el rostro de aquella persona, era una máscara de Death Eather, una de esas anticuadas que se ocupaban antes de la muerte de Voldemort; el periódico hablaba de la aparición de un "justiciero" que había comenzado a atacar numerosos grupos de Death Eather y Death Dealer por igual, no era el primer grupo de magos oscuros eliminados por él, pero si era la primera vez que lograban fotografiarlo.

El pueblo entero se sumió en el constante murmullo hablando de la noticia, nadie sabía quién era, había estado atacando a los Death Eather y Death Dealer durante un tiempo y aunque al principio se le tomaba como un aliado del ministerio o de la ya casi extinta orden del fénix ahora se argumentaba que era igual de peligroso para cualquier persona, por lo cual el periódico insistía que nadie se le acercara en caso de que fuera avistado cerca de su domicilio. Los siguientes números del periódico siguieron hablando de aquel justiciero, incluso publicaron otras fotos suyas en las cuales siempre resaltaba su uso de aquella máscara anticuada.

Entonces sucedió "el quinto evento"; una mañana los Death Dealer sacaron de sus casas a cada hombre, mujer y niño en Evergreen y los guiaron hasta la plaza central, en donde una enorme tarima de madera había sido colocada ,en el mismo lugar en el que habían dejado los cuerpos de McUffin y su familia hacía ya un tiempo. Encima de la tarima estaban tres hombres ya entrados en edad, el que habló en aquel momento fue un mago rechoncho que llevaba un monóculo, aquel hombre dictó muchas nuevas leyes además una realmente especifica.

… cualquiera que reciba información, vea o ayude al enmascarado será asesinado con todo y su familia – indicó el mago del monóculo de forma rápida y concisa

Aquella amenaza fue el acto con el que se culminó "el quinto evento", pero se equivocaron, si es que querían evitar cualquier posible rebeldía en Evergreen, hicieron totalmente lo contrario. Muchos vieron miedo en "el quinto evento" y comenzaron a preparar todo para rebelarse, incluso buscaban la forma de pedir ayuda a aquella persona enmascarada, ahora conocida como Destructor oscuro, nombre que le otorgaron en el periódico dado a que en todas las fotos que le había conseguido tomar tenía un gran parecido a la destructora, antigua Death Eather de los tiempos de Voldemort.

A pesar de que los Death Dealer les vigilaban, que hacían violentos cateos aleatorias a casas y negocios, y que ejecutaban personas sin el menor temor, en Evergreen nunca se había notado tanto el optimismo como en ese momento. La pobreza aumentó a la par que la desesperación en los Death Dealer, y después de varios meses el pueblo no era más que una sombra de lo que alguna vez fue, sin embargo, los esfuerzos por quitarse de encima a sus "carceleros" se habían multiplicado, ahora se les veía nerviosos, inclusive con miedo, y el hecho de que intervinieran para que ya no llegaran los periódicos al pueblo les hizo pensar que tal vez eran perseguidos muy de cerca por el ministerio o por el destructor oscuro… o tal vez por ambos.

En noches como la presente ya casi no se podía reconocer a Evergreen, antes podían salir y tomar una copa en alguna de las varias tabernas que abrían hasta muy entrada la madrugada, podían salir a caminar, las jóvenes parejas solían ir al Kiosco de Evergreen, donde las velas y algunas ocasionales hadas les daban un ambiente romántico, sin embargo ahora esas actividades, o cualquier otra, era negada por los Death Dealer, y aunque no se los evitaran a nadie le quedaba ganas de salir y encontrarse con calles ya grisáceas, viejas y con aspecto lúgubre… casi como si fuera un cadáver, los únicos que transitaban ahora por aquellas moribundas calles eran los "carceleros", vigilantes ante cualquier movimiento, tenían la orden de ejecutar a cualquier persona que estuviera fuera de sus casas.

- ¿Escuchaste algo? – dijo un hombre entre las sombras

- No – respondió una voz más joven - ¿Crees que… tal vez deberíamos de…

Mas silencio, el oído de las dos personas sumidas en la oscuridad se aguzó, escucharon el gemido del viento golpeando a los árboles, un goteo persistente… había llovido hacía unas dos horas por lo cual no era raro escuchar aquella salpicadura… también, de repente, se escuchó una lata, estaba rodando, hubo un susurro ahogado de alguna de las dos personas, y a los pocos segundos alcanzaron a percibir un murmullo.

- ¡Lumos! – murmuró la voz más joven

Y entonces se alumbró ampliamente aquel trozo de la calle, los dos Death Dealer se vieron entre si con una expresión de aprensión en el rostro, uno de ellos parecía tener alrededor de treinta años sin embargo las ojeras debajo de sus ojos, el cabello despeinado y la barba mal rasurada lo envejecía asombrosamente, caso contrario con el otro Death Dealer que su aspecto desmejorado y asustado lo hacía verse como un adolescente inexperto.

- Hay mucha luz – dijo el hombre mayor a modo de queja

El muchacho asintió y bajó la intensidad de la luz hasta iluminar apenas sus propios rostros, las sombras que se proyectaban en ellos desmejoraban aún más sus aspectos.

- Mira – murmuró el muchacho señalando con su varita encendida un callejón no muy lejano a ellos

El hombre volteó y pudo ver a que se refería el joven, una vieja lata sin etiqueta, cuyo oxido revelaba lo vieja que era, salía rodando perezosamente, como si alguna mano invisible la guiara en su lento andar, apenas hubo salido del callejón la lata se detuvo de golpe, hubo otro ligero viento que sacudió ligeramente sus túnicas, pero la lata permaneció totalmente quieta, ambos miraron con precaución dieron un paso lentamente.

- ¡Rick! ¡Smith! – se escuchó un grito en la solitaria calle

Ambos Death Dealer dieron un salto involuntario al escuchar aquel grito, el joven alzó la varita apuntando a todos lados completamente asustado, tras varios segundos de buscar frenéticamente a la persona que había gritado pudo ver al otro extremo de la calle una silueta sobresaliendo apenas de las sombras, comenzó a caminar hacía ellos con paso enojado.

- ¡La luz está prohibida! – gruñó el recién llegado y mirándolos con reproche - ¿Qué carajos creen que hacen?

Los dos Death Dealer se miraron entre ellos con culpabilidad por haber sido atrapados en aquel momento de debilidad, tras varios balbuceos el más joven señaló con su varita el callejón

- Cr-creímos escuchar algo – dijo a modo de excusa - ¿No es así, Rick?

El muchacho miró con miedo al recién llegado y al callejón alternadamente, se sentía avergonzado por dejarse llevar de forma tan tonta, pero no era para menos, el no había experimentado otra cosa que el asedio de aquella figura espectral, casi etérea, del asesino que los había estado persiguiendo desde hacía varios meses, el mismo había sido uno de los pocos sobrevivientes a uno de sus ataques, era por ello que en esos momentos sus nervios estaban casi destruidos, tal vez Rick o el recién llegado comprendieran lo tenso de la situación al tener a aquel asesino pisándoles los talones pero solo el, que lo había visto frente a frente, había experimentado el verdadero miedo.

Trató de retomar el control sobre sí mismo y fijó mejor su atención en el recién llegado, se le veía cansado, sí, pero su aspecto duro se imponía; era un hombre igual de grande que Rick, tenía un largo cabello cano y un rostro plano con sus rasgos toscos, cualquiera habría pensado que en algún momento de su vida habría estrellado la cara con alguna pared una y otra vez hasta que hubiera alcanzado ese aspecto. Aquel hombre iba vestido con la túnica reglamentaría que ellos mismos portaban, negra, con mangas y cintura más estilizadas, y con un escudo de un ave sobrevolando unas olas, señal de que pertenecía a la misma familia de Death Dealer que ellos.

- No hay nada aquí – dijo el recién llegado apenas volteando a ver el callejón – ¿Acaso olvidan que debemos estar al pendiente hoy? Están los jefes

- Lo siento, Mave – dijo Smith aun con nerviosismo – estábamos seguros de…

Pero en ese momento la lata que había permanecido completamente quieta y en silencio se volvió a mover y giro dos veces más hacia adelante. Los Death Dealer se quedaron en completo silencio viendo como la lata al poco tiempo volvía a quedarse quieta, se miraron entre los tres y entonces Mave sacó su varita, se llevó un dedo a la boca para pedir silencio y avanzó al callejón; Rick y Smith le siguieron listos para cualquier problema.

- Smith – susurró Mave y señaló al callejón con su propia varita

El Death Dealer más joven alzó la varita y alumbró el callejón justo en el momento preciso para ver como un viejo bote de basura caía al suelo derramando su contenido por todo el piso, los tres retrocedieron ligeramente esperando ver a alguien entre las sombras, pero no fue así, la soledad era total.

Nada – murmuró Mave – debió de ser un gato o algún otro bicho

Pero ninguno de los otros dos Death dealer parecía conforme con aquella explicación, y no podían ser culpados ya que en el rostro de Mave estaba grabada la duda, ni siquiera había bajado la varita ante su propia conclusión.

De repente el bote basura moverse, primero fue un lento bamboleo para después transformarse en un rítmico temblor, pocos segundos después el bote se lanzó contra ellos con tanta fuerza que tuvieron que dar un salto atrás para evitar ser golpeados.

- ¡Cuidado! – gritó Mave mientras se hacía a un lado

El bote de basura voló hasta el otro extremo de la calle y terminó chocando con la pared de una casa, se alcanzaron a escuchar unos cuantos gritos ahogados de las personas que se resguardaban en aquella vivienda. Smith regresó la vista al callejón en el momento exacto para ver como una silueta comenzaba a dibujarse entre las sombras, poco después un negro aún más penetrante que cualquier oscuridad que hubiera en el pueblo rellenó la silueta solo dejando un punto blanco en ella, era la vieja mascara de Death Eather lo que resaltaba de aquella imagen que aterró a los tres Death Dealer.

- Es… Es… -murmuró Smith sin poder hablar con normalidad

Había llegado el día que mas temía, lo había visto antes, su batallón había sido diezmado fácilmente por aquel sujeto quedando el con vida mas por suerte que por una habilidad propia. Era el destructor oscuro que había llegado a terminar su trabajo.

Los otros dos Death Dealer se dieron cuenta de la amenazante presencia y, sin esperar ni un segundo, comenzaron a atacar a la figura enmascarada; Smith observó como los primeros chorros de luz pasaron cerca del destructor oscuro sin hacerle el menor daño, después había sacado de la nada una varita negra con la punta encendida en un color rojo oscuro para comenzar a repeler las maldiciones que Rick y Mave le lanzaban.

Ambos Death Dealer tenían suficiente experiencia en el campo de batalla, Mave inclusive había sido Death Eather antes, pero en ese momento se veían como unos novatos al no poder hacer nada frente al enmascarado, ambos atacaban si cesar porque sabían muy bien cuales eran las capacidades del conocido destructor oscuro; Rick se acercó a Smith y, sujetándolo del cuello de la túnica, lo aventó con violencia fuera del callejón.

- Rápido ¡Rápido! – gruñó el Death Dealer – Ve por refuerzos…. Necesitamos todas las varitas que…

Pero no terminó de darle la orden porque un chorro de luz rojo lo golpeó en el pecho haciéndolo soltar un grito y caer al suelo escupiendo abundante sangre por la boca, Smith dio un paso atrás aterrado y vio como Rick se retorcía de dolor un par de veces antes de quedar completamente quieto.

- Maldición – murmuró Mave ante la muerte de su compañero

El destructor oscuro apenas se había movido, mientras que el abarcaba todo el callejón lanzando y reflejando toda maldición que supiera el enmascarado apenas subía o bajaba su brazo demostrando su maestría en el arte del duelo, no parecía hacer esfuerzo alguno en aquella batalla. Mave sintió su frente empapándose de sudor al darse cuenta de que el destructor oscuro tan solo estaba reflejando sus ataques, aun no realizaba ninguna maldición propia para tratar de matarle; siguió atacando al enmascarado y miró de reojo a Smith, el mocoso se había quedado congelado viendo el cadáver de Rick, Diablos, no le sorprendería que incluso se hubiera mojado los pantalones. Mave maldijo su suerte y sabiendo que no tenía oportunidad alguna contra el enmascarado alzó su varita al cielo y se preparó para realizar un maleficio deshonroso, pero que en ese momento tal vez le salvaría la vida.

- ¡Morsmod… - gritó, pero un chorro de luz roja lo golpeó en el brazo dejándole una sensación de completa humedad y vacío

Se escucho un ruido de chapoteo y el brazo del Death Dealer cayó al suelo; Mave se quedó de repente en un silencio sepulcral y miró como su brazo había sido cercenado por completo, regresó su mirada al destructor oscuro y se permitió analizarlo con detenimiento, usaba la vieja túnica de Death Eather, las que vestían en los tiempos de Voldemort, igual que la máscara, unas mascara que en algún momento fue blanca como el hueso, pero en ese momento estaba sucia, chamuscada, e incluso tenía cuarteaduras en varias partes… ese tipo de mascara… los Death Eather que sobrevivían ya no usaban ese diseño, por lo que podía deducir que la persona que tenía enfrente definitivamente no era un Death Dealer o Death Eather… entonces… ¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Por qué se molestaba en darles caza a todos sin importar la familia a la que pertenecían?

Mave sintió disminuir sus energías a causa de la pérdida de sangre, entonces posó sus ojos en las rendijas de las mascara, no alcanzó a ver su interior, nada detrás de esa mascara… era como si solo hubiera oscuridad detrás de ella… y tal vez era así. Entonces el destructor oscuro hizo un movimiento con su varita y hubo un chasquido que golpeó al Death Dealer, Mave cayó al suelo partido completamente a la mitad.

Solo hasta ver el cadáver de Mave fue que Smith pudo reaccionar, miró una última vez al destructor oscuro y corrió por su vida, pero a los pocos pasos un chorro de luz pegó en sus piernas tirándolo al suelo.

- No… no – murmuró Smith completamente aterrado - ¡No!

volteó a ver a sus espaldas y sintió horror al darse cuenta lo cerca que estaba aquella silueta que tanto se parecía a la muerte misma. El enmascarado dio un paso más hacia Smith quedando justo a su lado, permaneció en silencio estudiándolo, y después de apenas unos segundos más posó una pesada y rígida bota en el cuello de Smith, el Death Dealer sintió de inmediato la sensación de ahogamiento, lucho por quitarse de encima aquel pesado pie, quiso rogar pero de su boca no salió más que un lastimero quejido… y entonces… entonces el enmascarado dejó caer todo su peso en el, se escuchó un ruido muy semejante al que produce una fruta podrida cuando cae el suelo, la bota del enmascarado quedo empapada de rojo sangre.

Entonces todo regresó a su habitual silencio, para algunos habría sido sorpréndete el hecho de que sin, importar cuanto ruido había producido aquel rápido duelo, no hubiera aparecido más Death Dealer para averiguar que sucedía, pero para el enmascarado no fue así, eso solo confirmaba una teoría que había estado barajando desde hacía horas en que había llegado a Evergreen, quedaban realmente muy pocos Death Dealer dentro del pueblo, cosa que se demostraba inclusive en el hecho de que una de sus víctimas había tratado de hacer el encantamiento Morsmodre, un encantamiento tabú ya que era exclusivo de los seguidores de Voldemort.

Con paso tranquilo avanzó por las calles de Evergreen, y mientras recorría los torcidos senderos podía sentir la presencia de personas en el interior de las casas, un par de veces estuvo seguro de ver como las cortinas se abrían ligeramente para verlo mientras que daba aquella funesta caminata, usualmente solían haber una o dos personas que salían a tratar de ayudarlo, algún simpatizante a la causa, tal vez idealizando sus acciones, viéndolo como un héroe o salvador, pero en todas esas situaciones él les había mostrado por las malas que no le interesaba tener ayuda. Él tenía señaladas sus víctimas y no buscaba nada más.

Entonces el destructor oscuro se detuvo y examinó con aire critico el lugar, había llegado a la plaza central del pueblo, donde habían expuesto los restos mortales de la familia McUffin y donde se había impuesto la posición de los Death Dealer ante los simpatizantes del destructor oscuro, inclusive aún estaba puesta la tarima de madera que posteriormente serviría para las torturas o ejecuciones públicas. El enmascarad fijó su atención a la blanca mansión que se alzaba imponente en el rincón mas alejado del pueblo, parecía brillar por si sola en medio de aquella oscura noche, sin esperar mas el destructor oscuro comenzó a andar en aquella dirección recordando que en todo su camino, desde que entró al pueblo, habría matado a tan solo veinte Death Dealer, descontando a aquellos tres que había encontrado en el callejón; era cierto que los miembros de la familia de los cuervos de agua habían sido cazados por el desde hacía ya varios meses, y que cada día quedaban cada vez menos, en esos momentos ellos eran la familia más débil, tal vez finalmente los había cazado tanto que ahora estaban al borde de la extinción, los que no fueran asesinados por el huirían o se unirían a cualquier otra familia existente, cualquier opción no le importaba al destructor oscuro, a fin de cuentas planeaba destruir a cada uno de ellos tarde o temprano.

Finalmente se detuvo, el enmascarado observó la larga escalinata de piedra blanca que se alzaba frente a él, era ostentosa, buscaba transmitir poder, sin duda los líderes de los cuervos de agua se ocultaban ahí, eran tan predecibles que el destructor oscuro se sentía aburrido; estiro una enguatada mano y busco a tientas algo invisible, nada, esperaba encontrar alguna maldición oculta que le atacara si es que trataba subir los escalones, pero no había nada. Volvió a mirar hacia arriba y esta vez centró su atención en cada una de las ventanas iluminadas y entonces supo que le esperaba una trampa, los Death Dealer que faltaban en las calles debían de estar esperando en el interior de la mansión.

Fue armando una estrategia mentalmente mientras que subía los escalones, el escuchar sus propios pasos retumbar por todo Evergreen le facilitó anteponerse a numerosos escenarios en los cuales su muerte era más que una posibilidad, así funcionaba el, muchos creían que de alguna forma había alcanzado la inmortalidad, nada más lejos de lo real, sin embargo aquella cercanía a un desenlace mortal le motivaba a pelear con todas sus fuerzas, mientras que a aquellos Death Dealer la idea de la muerte los asustaba y hacía correr, a él le daba el impulso necesario para salir victorioso de las batallas.

Finalmente se detuvo, estaba justo enfrente de la puerta de la mansión, veía con atención el picaporte dorado, su mente trabaja a todo lo que daba, entonces si esperar más tiempo abrió la puerta obteniendo así un primer vistazo de aquel lujo del que se habían adueñado los Death Dealer, el color blanco y dorado se esparcía por todo el recibidor, tanto en muebles como en paredes, había un sin número de estatuas de criaturas mágicas que tintineaban solas, los candelabros con formas de sirenas flotaban iluminaban la estancia con pequeñas flamitas con brillo de arcoíris que ardían sin la necesidad de tener una vela. Todo era lujo. El destructor oscuro dio un par de pasos dentro del recibidor aguzando el oído y, justo en ese momento, aparecieron en la entrada izquierda de la estancia media docena de Death Dealer y a la derecha otra media docena, todos sonreían como si por superarlo en número tuvieran alguna oportunidad de ganarle

- Si – se escuchó que decía uno de ellos mientras lo analizaba por completo – definitivamente es el

- Mátenlo – dijo otro

Y entonces comenzaron a disparar todos a la vez, el destructor oscuro dio un fuerte golpe con la varita y desvió las maldiciones, salieron volando a todas direcciones chocando con estatuas, muebles, incluso algunos Death Dealer fueron alcanzados por los chorros de luz, ante el escándalo que había producido repentinamente apareció otro grupo de Death Dealer en la estancia, ahora nadie sonreía, lo que decía todo el mundo era cierto, ese "justiciero" podía luchar con un batallón completo sin problemas.

- ¡Mátenlo! – gritaron nuevamente

Antes de que pudieran hacer algo el enmascarado dio un paso al frente y de repente sucedió algo que asustó a todos, el destructor oscuro se había dividido en tres, y cada uno atacó a un grupo diferente, maldiciones asesinas certeras golpearon a Death Dealer dejando las primeras víctimas en el piso del recibidor, todos comenzaron a huir completamente atemorizados por aquella muestra de magia, mientras que retrocedían lanzaban maldiciones contra el enmascarado pero éste era tan veloz que sus ataques no estaban ni cerca de dar en el blanco.

- ¡Avada Kedabra! – se escuchó un grito desde las sombras

Un Death Dealer que se había resguardado entre las sombras de una estancia había visto pasar una de las copias del destructor oscuro, le había disparado por la espalda y vio como el chorro de luz verde lo atravesaba limpiamente, la maldición golpeó a uno de sus compañeros matándolo al instante. Varios Death Dealer vieron sorprendidos aquel suceso y enfurecieron mientras miraban aquella copia desvanecerse en el aire.

- ¡Es una ilusión! – gritaron volteando a ver como en otro cuarto se desarrollaba otra pelea – ¡Vamos!

Sin embargo, no todos corrieron a perseguir al destructor oscuro real, el ver a aquella ilusión perseguirles y estar a su merced les hizo recapacitar… ¡Al diablo! Ese enmascarado ya había matado a grupos enteros de sus compañeros, había llevado casi a la destrucción a una familia de Death Eather, los únicos que aun servían a la memoria que tenían de Voldemort ¿Cómo se les ocurría que ellos, los pocos que quedaban, podrían detener una amenaza que había amenazado seriamente a todas las familias de Death Dealer e incluso ponía en aprietos al ministerio?

Los Death Dealer que habían corrido a buscar al destructor oscuro real finalmente lo habían encontrado en una sala de estar, en medio del primer grupo de Death Dealer, todos muertos y en medio de un enorme charco de sangre.

- ¡Mátenlo! – gritaron una vez mas

El destructor oscuro dio un latigazo con la mano que tenía la varita y entonces hubo un fogonazo de luz que cegó a todos, milésimas de segundos después se sintió un terremoto que los hizo caer al suelo, escucharon una gran explosión, al tratar de respirar solo llegaba a sus narices un montón de polvo y olor a destrucción; varios Death Dealer perecieron cuando vigas, enormes trozos de madera u otros objetos cayeron sobre ellos, otros mas desaparecieron por los muchos huecos que se abrieron en el suelo.

Terminó, todo estaba quieto y en silencio de nuevo, los Death Dealer que habían sobrevivido a la maldición del enmascarado se encontraron con una mansión McUffin destruida, el techo había caído, llevándose consigo trozos de pared, derrumbando los pisos superiores, además de que incluso el mismo monte en el cual descansaba la mansión parecía haberse derrumbado parcialmente. Los Death Dealer vieron con enorme miedo como el destructor oscuro les observaba con atención, sin mostrar emoción alguna, y apuntándoles con aquella varita negra como la noche, sin decir nada más la mayoría emprendió la huida, algunos corrían, otros se desaparecían, cualquier cosa que les permitiera escapar de aquel ser. Otros pocos Death Dealer permanecieron frente al destructor oscuro, encarándolo, sin embargo, ninguno duro mucho frente a él, sin importar las maldiciones que le lanzaban, el las detenía o la esquivaba para después matarlos sin esfuerzo.

- ¡No! – gritó un Death Dealer mirando como su ultimo compañero caía víctima de una maldición asesina del enmascarado, levantó las manos dejando caer su varita – no… por favor

Entonces el destructor oscuro disparó un chorro de luz que golpeó en el pecho del Death Dealer, éste cayó de rodillas y el enmascarado le volvió a disparar, el Death Dealer cayó al suelo, y el enmascarado le disparó una vez más, y otra, y otra, y otra más, disparó hasta que el Death Dealer no era más que una masa de carne sin forma. Todo terminó, ya no parecían haber más Death Dealer en el interior de la casa, al menos no alguno que quisiera enfrentarle, soltó un suspiro y miró su rededor, la sala en la que estaba había sido derribada casi en su totalidad, el lujo ya no se veía por ningún lado, caminó por la estancia y poco tiempo después se detuvo para ver a través de una enorme grieta que daba al exterior, el pueblo se veía tan pacifico que no parecía que la mansión McUffin y aquellas casas coexistieran en el mismo pueblo.

El destructor oscuro agitó levemente la varita y un ligero viento movió los escombros más pequeños del suelo, aquel viento se tornó rápidamente de color negro y se agitó con nerviosismo, era la señal de que aún había alguien más en el interior de la mansión, supo que se trataban de sus principales víctimas los líderes de aquella familia. El enmascarado comenzó a caminar, entró en la siguiente habitación, caminó observando cada detalle, cada objeto fuera de lugar era un indicio para identificar la entrada para el escondite de los Death Dealer que aun sobraban; cocina, comedor, sala de estar, revisó todo, pero no encontró nada.

Diablos

Entonces era el momento de cambiar la táctica de batalla, comenzó a lanzar maldiciones poderosas por todos lados, al techo que se había venido abajo, a las paredes, golpeando fuertemente el suelo… el suelo… fue cuando escucho el ruido de pisadas… por supuesto, debía de haber algún tipo de sótano oculto con magia, y ahora que había comenzado a amenazar con derrumbar toda la mansión era cuando salían de su escondite.

Entonces un rayo de luz pasó muy cerca de él y se estrelló contra una viga, rompiéndola y haciendo que otro trozo de techo se viniera abajo. El destructor oscuro volteó y le lanzó una maldición, el Death Dealer conjuró un escudo pero se quebró al recibir el chorro de luz, se escuchó otra pisada justo detrás de suyo, alcanzó a voltear justo cuando la varita que le apuntaba directamente a la espalda arrojaba la maldición asesina, el enmascarado se movió rápido y esquivo el chorro de luz verde, dio un fuerte golpeó a la mano del Death Dealer obligándolo a soltar la varita, le dio una patada con la pesada bota haciéndolo caer de espaldas y le lanzó un chorro de luz amarillo que al principio no le provocó nada, pero pocos segundos después su piel se volvió gris, marchita y delgada, tan desquebrajable como una hoja seca, se escuchó un gemido, solo uno, y el tipo quedó en el suelo, muerto.

Y entonces fue todo, cuando alzó la mirada pudo ver una puerta que momentos antes no había estado ahí, estaba abierta invitándolo a inspeccionar su oscuro interior, el enmascarado avanzó sin sentir temor y cruzó el umbral de la puerta, sus ojos tardaron un par de segundos en adaptarse a la luz ligeramente más brillante a la oscuridad que había reinado en la derrumbada mansión McUffin, pero cuando lo hizo pudo ver que había aparecido en un sótano enorme, las paredes de ladrillos rojizos estaban cubiertas por numerosos aparatos malditos, algunos espejos que sin importar el ángulo todos le reflejaban de frente, con mayor o menor aumento, y ,sin poder evitarlo, su atención se centró en dos personas encadenadas a la pared, una era una mujer adulta y la otra era una niña, las dos tenían señas de evidente tortura.

El destructor oscuro analizó la situación buscó a quien fuera que hubiera estado dentro de aquel sótano, pero parecía estar totalmente vacío ¿Acaso los líderes de los cuervos de agua habían huido? ¿Se había dejado llevar por la matanza y no se había dado cuenta de su escape? No sería la primera vez, el destructor movió su varita, pero el viento que se agitó esta vez no cambió de color como antes, nada, no había amenaza en aquel lugar. El destructor oscuro permaneció un poco más en silencio, esperando encontrar el error ahí, debía de haber algo que le indicara que había pasado con los líderes; segundos después avanzó, se acercó a las dos personas encadenadas en la pared, examinó primero a la mujer, la que por la extraña posición en que dejaba caer su cuerpo parecía necesitar más ayuda, sin embargo ya no la requería, estaba muerta, se acercó a la niña, dudó un poco antes de tocarla pero finalmente levantó su cabeza y la revisó, ella seguía viva.

- ¡AVADA KEDABRA! - un chorro de luz verde salió de la entrada del sótano y golpeó directamente la espalda del destructor oscuro

El enmascarado se tensó al recibir el golpe justo en medio del homoplato y cayó al suelo de golpe, pasaron unos segundos de silencio y finalmente justo a un lado del destructor oscuro aparecieron dos personas, dos hombres ya entrados en años se terminaban de quitar las capas de invisibilidad sin dejar de ver con ira al enmascarado, mientras tanto otros tres Death Dealer se removían sus respectivos encantamientos desilusionadores.

- Eso es todo – murmuró la Death Dealer que estaba al pie de la puerta, era la que había lanzado la maldición asesina; trataba de sonar tranquila pero su expresión, su tono de voz y la varita tambaleante era todo lo contrario – no fue tan difícil si usábamos la inteligencia

Uno de los Death Dealer, de gran altura, casi dos metros y medio, y con cara muy semejante a la de un Trol, dio un leve quejido ante la situación, él estaba encantado con la idea de pelear con el famoso destructor oscuro, pero después de verlo en acción a través de aquellos espejos estaba contento de haber sido seleccionado como la guardia personal de los jefes de los cuervos de agua y no haber estado en el exterior con el resto de Death Dealer.

- ¿Tan difícil? – dijo con ira uno de los líderes, un hombre viejo, pero de complexión robusta - ¿Tan difícil? ¿Te acabas de dar cuenta la cantidad de gente que perdimos? ¡Estamos peores que los innombrables!

- Tranquilo, Nott – dijo el otro líder, un hombre gordo con aire aristócrata – todo terminó, el destructor oscuro está muerto… seguramente las otras familias comprenderán nuestra posición… inclusive tal vez nos ayuden a salir adelante

Nott quiso decir algo, pero se abstuvo, el terror de haber visto la muerte tan cerca lo hacía volverse irracional, en ese momento lo único que quería hacer era destruir algo, cualquier cosa, era estrés, el estrés acumulado de saberse señalado y perseguido por aquel asesino oscuro. Desde su aparición se había hecho patente que estaba detrás de ellos, por supuesto que los Death Dealer se habían esforzado en no caer ante él, es decir, no habían sobrevivido su propia guerra interna y lucha por el poder para morir ante un enmascarado con aires de grandeza. Para ese entonces las familias no tenían mayor contacto entre ellas más que para realmente lo necesario, pero aquel "justiciero" había provocado una unión más intima entre ellos, una unión que no se veía desde los tiempos de Voldemort, pero el rápido avance del destructor oscuro, su eficiencia al momento de destruir las colonias de las familias era atemorizante, y sospechoso, ocasionó en las familias una nueva ruptura e hizo que los tiempos en que había guerra entre ellos volvieran. No solo tenían que pelear contra el ministerio y con el destructor oscuro, sino que ahora resultaba que debían de pelear entre ellos.

Pero ahora todo había acabado, los cuervos de agua habían encarado por meses al destructor oscuro y aquella noche habían triunfado, serían los héroes cuando se hubieran recuperado del golpe, había sido una apuesta bastante costosa la que habían librado.

- Pues… llévenselo – dijo Nott cuando sintió su pulso calmarse casi por completo – lo quiero descuartizado para que las otras familias se queden con un parte… obviamente quiero la cabeza para nosotros

- Será divertido – dijo otro Death Dealer sacando un cuchillo de su cinto – ¿Comenzamos aquí?

- Si, como sea – dijo el otro líder sacando un monóculo del bolsillo de su chaleco – mientras no ensucien mucho, me temo que este es el único lugar aceptable que quedó después de… por cierto, Nott… ¿Como contactaremos a Oliver para que sepa que todo terminó?

- Oliver – gruñó Nott

Entonces sintió que su sangre hervía y extrañó ahora más que nunca los tiempos de Voldemort, en aquellos días su amo habría ordenado la captura del cobarde de Oliver y lo habría desmembrado vivo en público, frente a todos sus Death Eather para que supieran el costo de la cobardía, pero esos eran días ya pasados, a todos los Death Dealer les gustaba sentirse seguros y por su puesto esas acciones no eran bien recibidas por ellos, a lo mucho que podía aspirar Nott era tener unos minutos a solas con Oliver para amedrentarlo un poco, pero era un castigo muy leve para sus gustos.

-Deja que el cobarde se oculte un rato más – dijo Nott sintiendo la vena de su cien latir – ya mañana me encargaré de el

Ho, si, en la actualidad los Death Dealer eran tan solo una sombra… una burla de lo que los Death Eather habían sido alguna vez, es por eso que no soportaba estar entre los Death Dealer, ellos parecían más que nada estar jugando a la guerra, sin embargo , después de que Fudge huyera del país… del continente, no había mucho que los verdaderos Death Eather, los que de verdad habían combatido contra Dumbledore o el difunto Harry Potter, pudieran hacer. Era adaptarse o perecer.

- ¡Diablos! – gritó el Death Dealer del cuchillo – este tipo pesa una tonelada

El hombre del monóculo se acercó y examinó con cuidado al destructor oscuro, en definitiva los ropajes que usaban eran de tiempos de Voldemort, la máscara igual, sacó su varita y golpeteo el brazo que el Death Dealer trataba de alzar, la tela era normal, no parecía tener un encantamiento, pero había algo debajo de los ropajes que le daba un peso fuera de lo común, golpeteo con más fuerza y sintió algo rígido en su interior, casi metálico.

- Si, se ve pesado – dijo con tono pomposo – pero… quien será… ¿Quién estará debajo de la máscara?

- ¿Tiene importancia? – gruñó Nott volteando a verle – Desde mi experiencia son tipos que salen de la nada y creen que pueden ponernos en aprietos, son unos don nadie, si le quitas las mascara verás que no es nadie del ministerio, es un completo desconocido

- ¿Alguien de las otras familias? – preguntó el Death Dealer con cara de Troll

- O… ¿Alguien de la orden del Fénix? – preguntó la bruja que en ningún momento había bajado la varita, pero al menos ya se veía más tranquila

Se hizo un silencio sepulcral hasta que el hombre del monóculo se rio con burla.

- ¿La orden del Fénix? ¡Querida! Me encanta tu inocencia – dijo poniendo una expresión de satisfacción – la orden del Fénix ya se extinguió hace mucho tiempo, son solo cuentos para asustar a los niños que no se van a dormir temprano

- ¡Quítale ya la máscara! – gritó Nott con ira

El mago del monóculo le miró con fastidio y arrugando una nariz con asco se acercó a remover la máscara; efectivamente, nadie pareció reconocerle, un rostro moreno, rasgos bastante fuertes, narices anchas y labios gruesos, no parecía ser alguien importante.

- Bueno, tenías razón, Nott – dijo el mago del monóculo acercándose a verle bien – no me parece nada familiar… podría ser alguien que… ¿Qué es eso?

La bruja tensó su mano al escuchar aquella pregunta, sintió temor ante lo que sea que pudieran haber encontrado. El Death Dealer del cuchillo se acercó a ver lo que señalaba el mago del monóculo, era algo muy parecido a un mango, pero se veía distorsionado, como si lo viera a través de un vidrio empañado y roto, lo tocó con su cuchillo y sintió la rigidez del objeto.

- No lo sé – respondió y con muchos esfuerzos logró voltear al cadáver bocabajo

El mango se mantenía ahí, el mago del monóculo volvió a tocarlo con la varita y entonces se dio cuenta que había algo, estaba invisible pero había algo rígido en la espalda del destructor oscuro, el Death Dealer del cuchillo lo tocó con la mano, lo rodeó y después de un momento de indecisión lo jaló, al momento de desprenderse de la espalda del destructor oscuro el encantamiento de desilusión se rompió y en sus manos apareció una espada en una funda larga y delgada.

- ¿Una espada? ¿En estos tiempos? -dijo con asco el mago del monóculo - ¡Que salvaje!

Sin embargo, Nott no le prestó atención, había algo en aquella espada que no le gustaba, le traía un mal presentimiento.

- Esta genial – dijo con entusiasmo el Death Dealer del cuchillo -me la quedaré

- Por favor – dijo el mago del monóculo con cara de asco – lo que sea, pero sácala de aquí cuanto antes, sepa Merlín cuantas enfermedades podría traer encima

Entonces el Death Dealer del cuchillo la giró para verla con mayor detalle, en ese momento la funda que la guardaba se quebró y cayó al suelo dejando ver a todos los presentes la superficie totalmente lisa y sin huella de haber sido usada alguna vez, el Death Dealer del cuchillo soltó una exclamación de asombro pero Nott se sintió enmudecer… eso era lo que le molestaba, la maldición asesina habría roto la espada, lo habría roto porque no habían muchas cosas que pudieran interceptar el Avada Kedabra, y dado que el destructor oscuro estaba muerto definitivamente debía de haber roto la espada, pero… eso significaba que el destructor oscuro, ese tipo que estaba frente a ellos no había recibido la maldición asesina… él no estaba…

… Maldición… – pensó Nott

Sacó su varita, pero fue muy tarde, el destructor oscuro ya había sacado su varita de la nada y de un movimiento había apuntado y disparado contra el Death Dealer del cuchillo, le había volado las piernas en cuestión de segundos, un segundo disparo le destrozó la cabeza y, antes de que el cuerpo terminara de caer al suelo, extendió la otra mano para atrapar la espada en el aire; dio un rápido movimiento de todo su cuerpo para girarse y de una estocada rápida cercenó la cabeza del mago del monóculo.

- Sacrebleu – alcanzó a decir el mago del monóculo antes de ser decapitado

El Death Dealer con cara de Troll dio un grito a la vez que la bruja disparaba una maldición, el destructor oscuro dio una estocada con la espada y golpeo el chorro de luz desviándolo contra el Death Dealer con cara de Troll, este se fue contorsionado hasta morir a causa de la maldición. La bruja gritó horrorizada poco antes de ser atravesada por la espada que le había lanzado el destructor oscuro.

Nott volteó a ver como la bruja caía al suelo llevándose una mano a la garganta, que era donde había ido a parar la delgada espada del destructor oscuro, volteó a ver al destructor oscuro, analizó nuevamente cada rasgo, cada movimiento de esa cara desconocida para él.

- ¿Qué… que es lo que quieres? – preguntó Nott sin poder hacer nada, tenía la varita en el cinto, pero después de lo que había visto, no solo esa noche sino desde que aquel sujeto había comenzado a cazarlos, sabía que de nada serviría tenerla inclusive en sus manos – ¿Qué piensas que lograras con esto?

Y sin decir ni una palabra le lanzó una maldición a Nott, este cayó de espaldas por el golpe y de inmediato sintió problemas para respirar, se miró el pecho y vio como un gran charco de sangre se había formado sobre su túnica, miró al destructor oscuro y tuvo la certeza de que el acabaría con todos ellos, fueran Death Dealer o Death Eather… inclusive si aun viviera su antiguo amo temería por él.

Por un momento en su mente cruzó la terrible verdad, con él y al mago del monóculo muertos solo Oliver quedaba como líder de los cuervos de agua, eso le daba a la familia cuando mucho otro par de semanas con vida, solo quedarían seis familias más… ¿Cuánto tardarían en ser acabadas… exterminadas igual que ellos?

Sintió su vida desvanecerse y entonces recordó como aquel hombre atacaba a cualquiera que se pusiera en su camino, tal vez lo que él quería era más que nada era el puesto de mago tenebroso que había dejado Voldemort, si, debía de ser eso. El exterminaría a la mayoría de Death Dealer para quedarse con los que valían la pena y ser el nuevo dirigente, un buen plan y de hecho a Nott le habría encantado servirle como había hecho antes con Voldemort, lo que sea para revivir el grupo que ahora no le llegaba ni a los talones en fuerza y amenaza a los antiguos y originales Death Eather.

- Yo… yo te puedo ayudar – murmuró Nott

Pero segundos después fue acabado por una maldición asesina.

Todo quedó en silencio, el destructor oscuro observó lo que quedaba del sótano, los cuerpos, la sangre… la… El destructor oscuro se acercó a la niña y de un movimiento rompió las cadenas dejándola caer, se acercó y con un movimiento sumamente delicado la posó en su regazo, esperó varios minutos, dos, cinco, diez, los que fueran necesarios para averiguar si la niña podría volver a despertar. Pasando lo que parecía una eternidad la niña finalmente abrió los ojos, vio la dura expresión del hombre que la sostenía, sintió terror porque ella, la hija más pequeña de la familia McUffin, desde hacía varios meses solo conocía el abuso, el dolor, la tristeza y desesperación, pudo ver que aquel hombre le decía algo, veía una palabra formarse en sus labios una y otra vez, pero no supo que le decía, solo sabía que si era necesario, prefería morir antes de seguir con aquella tortura que había sido su vida desde la llegada de los Death Dealer a Evergreen


Se escuchó un leve tintineo cuando Andy Walpole colocó la taza de fina porcelana inglesa, desde su punto de vista era la mejor de todo el mundo, y su esposa lo aprobaba, eso era lo que más le interesaba. Los ojos de Walpole se posaron en el antiguo reloj de péndulo que reposaba en la pared, junto a la chimenea, y suspiró frustrado. Acababa de recibir una noticia que le había cambiado casi por completo su forma de ver la vida, aun no se acostumbraba con la idea de que hubieran… hubieran… esas personas caminando en sus calles, resopló sintiendo que la cortesía obligada que debía de cumplir se desvanecía rápidamente.

- Tu jefe… se está tardando mucho ¿No? – inquirió Walpole

No hubo una respuesta inmediata mas que el silencio, se concentró en el rojo fuego de su chimenea y miró la mesita que tenía a su lado, en ella estaba la taza con resto de su te favorito, un plato con galletas de limón y un cenicero en el que se terminaba de consumir un Habano, que solo solía fumar en situaciones especiales, una mezcla ganadora que le había ayudado a recuperar la calma ante la presencia del sujeto que permanecía de pie, en el umbral de la puerta.

- Es el primer ministro – contestó el hombre con voz monótona – es algo normal que tenga muchas ocupaciones

Walpole gruñó para sus adentros y se preguntó si su salud soportaría un segundo Habano esa noche cuando usualmente solo fumaba un par cada seis meses, si bien le iba. La sala recuperó el silencio sepulcral que combinaba con la persistente lluvia del exterior y el ambiente siniestro que provocaba la escasa luz rojiza proveniente del fuego de la chimenea; aquella luz iluminaba ligeramente el rostro de aquel hombre acentuando las múltiples arrugas en su frente, la muy avanzada calvicie que ya había dejado completamente limpia su coronilla y su expresión ya bastante molesta.

Se volvió a acomodar en su sofá y miró de nuevo el reloj, ese sujeto llevaba en su casa poco mas de una hora, le había tomado quince minutos hablarle de un mundo que existía paralelamente al suyo, el mundo de los magos y brujas, un mundo que se enfocaba en existir sin molestarlos a ellos, los denominados "muggle"; le tomó otros diez minutos enseñarle una prueba de que la magia existía, y aquella prueba caminaba tranquilamente por toda la sala tranquilamente (le había hecho crecer a su basurero dos pares de patas), y después de ellos había estado esperando a que el primer ministro de los magos apareciera… un tal Jarvis. A Walpole le habría gustado hacer muchas mas preguntas a aquel sujeto, pero la sensación de que estaba rogándole por información se lo evitó, decidió esperar a su equivalente mágico. Repasó mentalmente los puntos que quería tocar con el ministro Jarvis, el porque apenas se estaban comunicando con él, la existencia de una guerrilla que al parecer también estaba causando estragos a los… "muggle", entre otras dudas.

De repente, y sin previo aviso, las llamas de la chimenea se hicieron más y más grandes, lamieron con fiereza los oscuros ladrillos hasta alcanzar las muchas fotos familiares y recuerdos que reposaban sobre la chimenea, el ministro se levantó murmurando una maldición a la vez que las llamas se tornaban de un color rojo brillante a un verde fosforescente que le recordó al color del collar de jade que le había regalado a su esposa en su anterior aniversario. Observó como las llamas fueron encogiéndose de tamaño hasta regresar al interior de la chimenea y permanecer en aquel lugar moviéndose de forma furiosa, el color verde se mantuvo, todo parecía haber regresado a la normalidad a excepción de la figura desdibujada de una cara en el interior de las llamas, no lograba vislumbrar bien los detalles de aquel delgado rostro que le devolvía la mirada.

- El ministro Jarvis… me imagino – murmuró Walpole con indecisión

Se acercó lentamente a la chimenea temiendo que en cualquier momento algo horrible pudiera pasar.

- Así es, mucho gusto, ministro Walpole – respondió una voz femenina desde el interior de las llamas

- ¡Ah! Lo siento, su empleado no me dijo que era usted una mujer – dijo Walpole con educación – me disculpo, señorita, Jarvis

- No se preocupe, de hecho, no le veo problema a que me siga tratando así – respondió con cortesía la cabeza en el interior de las flamas verdosas – si gusta puede tomar asiento ¿El señor Jhonson le contó ya de la situación?

El ministro no respondió de inmediato, sino que permaneció viendo las flamas tambaleantes y el rostro distorsionado.

- ¿Ministro Walpole? – murmuró Jarvis

Walpole se sobresaltó y se sentó rápidamente en su sofá.

- Lo siento – dijo avergonzado el ministro mientras sacudía la cabeza – lo siento, es solo que… estoy acostumbrado a tratar a mis visitas en persona, incluso considero desagradable tratar por teléfono situaciones importantes… no se diga por chimenea ahora

El hombre se sintió enrojecer cuando terminó aquel burdo intento de broma.

- Entiendo, me disculpo por esto, pero estoy en medio de unas pláticas de paz con un grupo de duendes y no puedo dejar mi despacho mucho tiempo

- No puedo ver su rostro siquiera – comento con molestia Walpole

- Debe de ser interferencia a causa de los encantamientos de seguridad – respondió Jarvis sin darle importancia – lo tendré resuelto para próxima plática

- ¿Próxima? El señor Jhonson me comentó que estas visitas se hacían una sola vez, y se repetían solo si había emergencia

Las llamas se avivaron ligeramente y el rostro distorsionado se movió de forma inquieta haciendo pensar a Walpole que la ministro Jarvis se había molestado por su queja, pero cuando hablo su tono de voz era sereno.

- Creí que ya lo habían puesto al tanto de la situación – dijo Jarvis tranquilamente – dado a que la guerra se ha intensificado, considero prudente trabajar con usted de forma…más cercana que lo que se ha hecho antes con nuestros antecesores

Walpole emitió una leve tos al escuchar aquella frase, le parecía totalmente irreal que todas las personas que habían tenido su puesto actual supieran de la existencia de la magia.

- De hecho, me gusta trabajar solo – dijo el muggle – si me otorgara los datos del actual estado de guerra que mantienen tal vez… bueno, Boris Jones no me dejó dicho nada de esta situación, y eso que éramos grandes amigos

Las flamas temblaron nuevamente.

- Boris Jones, su antecesor – dijo Jarvis

- Si, el murió una semana después de dejar el puesto – informó Walpole - ¿Usted trabajó con el? Es una lastima que falleciera, era un genio estratega

Walpole escuchó como el hombre parado en el umbral de la puerta se aclaraba la garganta de forma nerviosa.

- Lamento informarle esto, Walpole – dijo tranquilamente Jarvis – pero su antecesor, Jones, era uno de nosotros

Hubo un silencio sepulcral en el que Walpole no supo que decir, primero no pareció entender a qué se refería Jarvis con esa aseveración, pero después pareció comprender, de alguna forma un mago había suplantado a su amigo.

- ¿Boris? -pregunto confundido – Boris… ¿Boris es uno de ustedes?

- Me temo que su antecesor, el verdadero Boris Jones no murió hace un mes – dijo Jarvis con tranquilidad – el murió hace varios años, casi cuando acababa de tomar el puesto

- ¿Años? ¿Pero qué tontería dice? – Walpole se levantó indignado

El rostro dentro de las flamas se desdibujo aun mas pero la voz, al contestarle, se mantuvo serena.

- Como ya le habrá dicho el señor Jhonson – dijo Jarvis – Es una tradición que cuando el primer ministro muggle es elegido y toma el puesto, su homólogo del mundo mágico lo visita para presentar sus servicios… eso mismo pasó con su antecesor, pero hubo un problema y en la noche en que sucedió ese evento fue asesinado por un mago tenebroso, Nomack es su nombre

El primer ministro muggle sintió sus piernas debilitarse y se dejó caer en la silla.

- ¿Ahora ve porque se retasó nuestro encuentro? – dijo Jarvis – necesitábamos estar seguros que nuestro encuentro fuera en el momento indicado, para no ponerlo en peligro

- Pero… Pero… Yo comí con Boris – dijo anonadado - ¡Trabajamos juntos!

Se escuchó un movimiento en el otro lado de la habitación, Jhonson se había acercado dos pasos hacia el mientras se llevaba una mano al cinto, como si pretendiera sacar un arma.

- Lo siento, pero ese ya no era su antecesor – dijo Jarvis con tranquilidad – era uno de nuestros agentes infiltrados… mago, obviamente

El rostro de Walpole pasó de una expresión de confusión a una de ira, se levantó y se acercó a la chimenea con enojo, no le importó que Jhonson se acercará a él sacando una extraña vara de madera del cinto.

- ¿Lo reemplazaron? – gruñó – pusieron a uno de los suyos a gobernar a los míos ¡Eso es una abominación! ¡Un ultraje!

- Lo hicimos por su propio bien – dijo con tranquilidad Jarvis, pero si se analizaba bien su voz se podía escuchar una muy ligera frialdad y amenaza en aquellas pocas palabras

- ¿NUESTRO BIEN? ¿Según quién? ¿Usted?

- Yo aun no era primer ministro – dijo Jarvis – fue mi antecesor, Fudge… sin embargo es una de las pocas acciones que le apruebo, dejar que ustedes se enteraran de la muerte de su primer ministro les habría acarreado muchas crisis, ninguna con relación a nosotros… además… no se pueden quejar, hasta donde sé la política mejoró mucho desde que nuestro agente tomó el lugar de primer ministro

Walpole se quejó de forma desagradable, pero sus manos temblaban de ira.

- ¿No me puedo quejar? – preguntó – ¿Qué son ustedes? ¿Unos brutos salvajes? Nosotros no toleraremos que ustedes hayan tomado el poder a la fuerza

- Me temo que entonces olvida que fue precisamente nuestro agente infiltrado el que lo impulsó al puesto que ahora ostenta – dijo la voz en el fuego con tono burlón – si se detiene a pensar, se dará cuenta que desde un principio se planeó estabilizar su… "poder" eligiendo a un muggle correcto como sucesor

El ministro soltó un gruñido y se limitó a guardar silencio ya que el no tenía ninguna intención en aceptar cualquier cosa que dijeran aquellas personas.

- ¿Qué es lo que pretende, Jarvis? – murmuró con los dientes muy apretados – viene aquí a presentarse, me cuenta de lo que le paso a mi antecesor ¿Qué quiere? ¿Ayuda? ¿Dinero? ¿QUE?

- Nada – dijo Jarvis – es tradición que ambos ministros se apoyen… aun así, no le requiero nada en absoluto

El ministro permaneció en silencio viendo con ira el fuego.

- No soy como mis antecesores – dijo Jarvis y en ese momento el fuego pareció estabilizarse, sus rasgos se hicieron ligeramente más claros – no lo voy a obligar a tener contacto con nosotros, si decide aceptar ayuda haremos lo imposible por ayudarlos...

Entonces el fuego se intensificó en el color verde jade que tenía y el muggle pudo ver casi por completo el rostro de Jarvis, un rostro delgado, angulado, pudo percibir unos pómulos altos y arrogantes, además unos ojos rasgados y altivos que le regresaban una fría mirada.

- Esta en su derecho de elegir si quiere nuestra ayuda o no, pero si decide no tener contacto con nosotros no lo buscaré más… ni le ayudaré a usted ni a su gente – dijo con frialdad - ¿Entendió?

Entonces el fuego volvió a agitarse y los pocos rasgos que se habían percibido se volvieron a desdibujar. El ministro sintió de repente un primer golpe de miedo ante la presencia de aquellos magos, aunque a decir verdad sintió temor más que nada por Jarvis. Escuchó más pasos de parte de Jhonson pero no le importó, no mientras tuviera a Jarvis enfrente.

- Bien, entonces lamento tener que dejarlo – dijo Jarvis con voz resuelta – pero me temo que estoy atrasada en mi reunión con Willrock, entonces esperare su respuesta ¿Le parece si lo busco la semana que viene? Iré personalmente a su despacho y así podremos tener una charla de calidad

El primer ministro emitió un ligero gemido que Jarvis interpreto de forma afirmativa.

- Perfecto – dijo Jarvis – entonces lo veo la siguiente semana, hasta entonces

Entonces el fuego se sacudió ligeramente y se tornó de un color rojo brillante a la vez que se encogía hasta ser tan solo unas brazas entre las maderas que lo sostenían, el primer ministro volteo a vera Jhonson pero este ya había desaparecido, el ruido sordo de una puerta cerrarse le indicó que acababa de salir de su casa, se acercó a ver por la ventana y pudo distinguir a Jhonson caminando tranquilamente bajo la lluvia sin mojarse, tenía levantada la mano sosteniendo la vara de madera que llevaba antes en el cinto, no se mojaba, era como si tuviera en la mano un paraguas en la mano.

Walpole regresó a su silla y miró con intranquilidad las cenizas restantes de su habano que había fumado minutos antes, se le ocurrió que aunque fumara toda su reserva de puros no le mejorarían el ánimo, había soportado la realidad sobre la existencia de la magia en un mundo en el que la ciencia, las maquinas… lo normal, era la única realidad… pero no podía soportar ahora una realidad en donde exigiera Nina Jarvis. Suspiro y con manos temblorosas tomó la tasa de té saboreó el frió de la bebida y sin poder pensar en nada mas supo que de ninguna forma podría sacar totalmente a Jarvis de su mandato


Hablando con el autor:

Hola, me presento con los nuevos lectores de esta historia, soy Xolotl Rogej y les presento este nuevo capitulo de una historia que comencé hace mucho tiempo; como se habrán dado cuenta esta historia inicia de una forma bastante peculiar, parece que da datos al azar y sin ningún tipo de lógica, esto es por que es la segunda parte de un fic que ya está terminado de nombre HP y el ataque de la serpiente. Si hay alguno de los seguidores de la anterior historia les quiero agradecer por darse una vuelta en esta nueva entrega y como ya es usual les quiero pedir una disculpa por haber dejado de escribir, como es usual por la misma razon que antes, ataques de depresión que hicieron que en un momento de locura borrarlos capítulos que llegue a tener de esta segunda parte, y ahorita que estoy desempolvando estos viejos hábitos quiero prometerles que esta segunda historia si se terminara de un solo jalón.

En fin. Espero que disfruten de esta segunda entrega y como es usual iré actualizando este fic cada quince días como máximo.

Por mi parte es todo y les deseo un feliz día.

Xolotl Rogej.