Mientras las respiraciones aumentaban por la nieve, ambos objetivos no dejaban de moverse.

Parar ahora, no era opción.

No cuando la nieve dificultaba moverse y hacia ruido al correr; y para peor desgracia ,junto con la sangre, creaba un rastro.

— ¡Deprisa Kuma, nos alcanzará! — gritaba una voz infantil en el bosque que estaba cubierto de nieve. — ¡Más deprisa!

— ¡No puedo ir más deprisa, me duele, me duele mucho! — se lamentaba el oso ante de tropezar con una raíz de un árbol que a se asomaba entre la nieve.

El tropiezo derribó al oso, que siguió desangrándose, y al niño, que por suerte no fue aplastado y cayó al lado de su lomo.

— ¡Kuma! ¡Kuma, levántate! — dijo mientras con sus manos intentaba levantar al oso.

— Vete. — le respondió entre jadeos y gemidos por el dolor. — Vete, esta cerca... Huye, por favor.

Le pidió el pobre animal que ya tenía una herida en el lomo y en una de sus patas traseras.

— ¡Jamas! ¡No te voy a dejar aquí! — gritó lleno de lágrimas.

— ¡No seas tonto y vete! ¡Si te ve, te matara! — le ordenó el oso que se desangraba.

— ¡No me voy a ir! ¡No quiero! — le respondió entre gritos. — ¡No me quiero volver a quedar solo! — le dijo llorando mientras intentaba mover a empujones al oso.

— ¡Vete, Vinland! ¡Vete, es una orden! — le replicó el oso al ya sentir al cazador cerca.

— ¡Me da igual! — le respondió entre gritos. — ¡No voy a dejarte con ese hombre!

El oso le gritaba que se fuera, con la poca fuerza que le quedaba, mientras el niño intentaba moverlo a empujones pero no podía. Hacia tiempo que perdió su increíble fuerza.

— ¡Al fin, os tengo! — gritó el hombre mientras salía de entre los matorrales, pero todavía a bastante distancia de ellos.

— Ya no vais a escapar. — se burló entre carcajadas mientras avanzaba hacia ambos— Prepárate para ser mi cena. — señalo al oso moribundo. — Y tú. — señalo al niño. — Prepárate para morir, me has causado demasiados problemas. — dijo con una risa maníaca.

El cazador se iba acercando mientras el anteriormente llamado Vinland intentaba seguir empujando al oso con un resultados nulos.

El cazador se acercó lentamente, observando el terror en los ojos de ambos y riéndose para sus adentros.

¿Creían que acaso lograrían escapar? ¡En sus sueños quizás!

¡Era el mejor cazador de su tribu! ¡No había presa que no pudiese capturar!

— Prepárate para dormir bien. — dijo mientras balanceaba bien su palo y lo dirigía con fuerza hacia la cabeza del niño.


— ¡Nooo! — gritó mientras se despertaba entre sudor y jadeos.

Una vez despierto, observó a su alrededor que estaba en una de las habitaciones de la casa de Arthur, en Londres.

Un elegante pero tradicional cuarto con su cama, lampara, cómoda, escritorio, armario, reloj y espejo. No era necesario nada más.

— Fue una pesadilla. — se dijo a sí mismo mientras se calmaba abrazándose.

— ¿Que? — preguntó una vocecita que descansaba tranquilamente al pie de su cama.

— Ah, nada. Tranquilo, Kumarie. — le dijo con una voz suave a su oso acompañante, nuevamente confundiendo su nombre.

— Esta bien, pero no grites en la mañana. Perturbas mi sueño. — se quejó el animal.

— Jajaja, lo siento. — le dijo avergonzado mientras se rascaba la cabeza. — Vuelve a dormir, todavía queda una hora para el desayuno. — le dijo observando el reloj que colgaba de la pared.

— Esta bién. — dijo mientras bostezaba y se volvía a acomodar mientras Matthew se acercaba a acariciarlo.— ¿Es él otra vez, verdad? — le preguntó mientras alzaba la cabeza y lamia su nariz. — Si es así, no tienes porque ocultarmelo. Es bastante estúpido hacerlo a estas alturas. Demasiado tonto, propio de ti.

— Oye, no tienes porque ser tan ofensivo. — le dijo algo molesto por las palabras del oso. — Es solo que, quisiera que nos dejara en paz.

— Sabes que no puede, somos su desdicha y pena. Nunca se irá. — le aseguró el oso blanco.

— Desearía que no fuera así. — le dijo al oso mientras rascaba la oreja peluda de éste mismo.

— Yo también, pero las cosas al final acabaron de esa manera. — le dijo mientras disfrutaba de las caricias. — Sigue rascando seas quien seas.

— Soy Canadá, Kumatolu. — le recriminó el joven. — No entiendo como olvidas mi nombre.

— Has cambiado tu nombre por siglos, es difícil seguirte la pista. — le respondió el oso. — Y a diferencia de ti, yo nunca cambie mi nombre y, aún así, no lo recuerdas.

— Perdón. — le dijo mientras le seguía acariciando la oreja. — ¿crees que Arthur tendrá la poción de invisibilidad lista?

— Espero que sí, aunque sigo pensando que sería mejor ir con Francis.

— Francis hace siglos que no hace pociones, ya no es tan hábil. — se río el joven.

— Que lastima. — respondió el oso mientras se acomodaba más en la cama.

Tras un rato, tanto Matthew como el oso se volvieron a dormir, porque claro, era muy temprano.

Aunque a Matthew todavía le costó dormir, el rostro y la voz del sujeto todavía seguían vivos pero distorsionados en sus recuerdos.

Irónico, había matado a cientos de hombres en las guerras o conflictos en los que participo y con suerte podía recordar sus caras; y sin embargo recordaba a un desdichado y desafortunado cazador, bueno, distorsionado, pero algo es algo.

Que ironía.


Disclaimer: Hetalia Axis Powers pertenece a Hidekaz Himaruya.

En este fanfics me apegue a unas vieja leyendas canadienses y a una teoría algo común en Hetalia que asegura que Canadá es Vinland.

En esta versión tal vez los personajes salgan un poco Oc.