APROVÉCHATE DE MI
Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan me pertenece.
Warning: [M] [BakugoxOc] [Lemmon] [Lenguaje obsceno]
Terminología:
"Pensamientos"
—Diálogos
::::::::::::::Cambio de escena:::::::::::::::::
Notas de autora: Me gusta mucho ponerle canciones a cada capítulo porque me sirve de inspiración. No es una camisa de fuerza escucharlas, pero los ayudará a meterse en la onda. Y si, el título está inspirado en un temita: Aprovéchate de mi, de Café Tacvba. No, tampoco me pertenece.
CAPÍTULO UNO
I want to reconcile the violence in your heart- Undisclosed desires, Muse.
Bakugo pasó el dorso de la mano por su frente sudorosa.
—¡Vamos Bakugo, es tu turno!
Miró de reojo cómo todos lo animaban. Lo único bueno de acceder a aquel maldito juego adolescente, era que podía quitarse la ropa. Se despojó de su camiseta y se sentó en el suelo, abrumado por la infernal temperatura que lo agobiaba tanto en el exterior como en el interior.
A pesar de que había pasado la media noche, era verano y hacía más calor que de costumbre, o al menos así lo sentía. O, mejor dicho, nunca se había dado cuenta del poder magnético que ejercía el calor sobre él hasta que se topó con aquella curiosa conversación que tuvo hacía unos días con los chicos. Y para él ya era más que deprimente escuchar a Kirishima, Kaminari y ni hablar de Mineta, hablando todo el día de sexo. Vamos, que era una edad difícil, pero no tenían 14 años. Al parecer, al estar internado en UA compartiendo recinto con tantas chicas, había empeorado la condición de estos, y, a decir verdad, ya estaba bastante harto.
Y allí estaba, en la habitación de Kirishima, compartiendo licor a pesar de los gritos histéricos de Iida que les recordaba que aún no estaban en edad legal para beber, que era una violación al reglamento y que los expulsarían acabando con el sueño de ser héroes.
"¿Qué dirá cuando se entere que Jirӧ fuma mota en el techo con Kaminari?"
Pero aquel tumulto de actos "irresponsables" se intensificó después de que notaran que la vida de héroes, precisamente, tiene sus riesgos. Sobre todo, para ellos que siendo jóvenes estuvieron rodeados en los ataques en el centro de capacitación, y ni hablar del campo de entrenamiento de las Pussycats donde lo secuestraron. Así, era probable que acabaran muertos más temprano que tarde. Por ello se decidieron a hacer aquella fiesta en la habitación, para desestresarte y dar rienda suelta a cualquier locura que se les ocurriera, como despedida al mundo de adultos, o al mundo real -lo que llegara primero-.
Y solo por ese absurdo raciocinio, estaba allí en mitad de la sala, tomando un coctel sabor mango, sin camiseta, participando contra toda lógica en aquel juego de la botella que parecía descontrolado, y que resultó ser tan embarazoso como divertido debido a las penitencias comprometedoras y las ideas financiadas por los cocteles.
Entre ellas, habían puesto a Iida a bailar alcoholizado al son de "My humps", Tsuyu le había hecho un tapdance a Deku con la canción "Change", Yaoyorozu tuvo que fumar y pasarle el humo directo a la boca de Todoroki; Kaminari tomó tragos directo del ombligo de Jiro; a ésta última le tocó agarrarle la entrepierna a Deku; y con él no tuvieron reparos en pedirle que le hiciera un chupón en el cuello a Mina, quien parecía no importarle el hecho de estar en ropa interior. Eso, sin contar las veces en que la maldita botella lo señaló para quitarse la ropa hasta quedar en bóxer, como ahora.
Pero el más "afortunado" parecía ser el inútil de Deku, quien había sido besado por todas las chicas de la habitación, posiblemente porque nunca lo veían como una amenaza.
—¡¿Cuándo voy a besar a la cosita rica, cosita bien hecha de Shoto?!
Bakugo chasqueó los dientes a modo de protesta, al escuchar la voz de la mayor de sus discordias: Roku Ozaru. "Simio" como le decía para sacarla de quicio.
La chica de cabellos rojizos había llegado becada y por contacto directo al 1-A, porque la corrupción se veía hasta en las instituciones más ejemplares y la UA no era la excepción. Era ruidosa, molesta y parecía que le importaba en lo más mínimo ser un héroe, por eso desde que llegó siempre tuvo largas y acaloradas discusiones con ella, que muchas veces terminaban en golpes.
Y sí que era fuerte, la muy condenada. Era fuerte como un gorila, con la destreza de un orangután y la agudeza de un tití. Dicen que su hermana mayor estudió con la generación de Aizawa-sensei, y era tal su poder Ozaru que hasta se transformaba en un gorila gigante a quien sólo el mismísimo All Might era capaz de sedar de un golpe. Por su poco control en su habilidad, se retiró de UA y nunca fue héroe.
Y allí estaba sentada al frente de él, con la cola rojiza amarrada alrededor de la cintura a modo de cinto afelpado, con sus risas socarronas y sus chistes de doble sentido. Ella fue la que, usando sus habilidades, no le importó burlar la seguridad de UA y escaparse para conseguir el licor y los cigarros que ahora compartían.
—Puedes besar a Yaoyorozu, al fin y al cabo, ella ya besó a Todoroki— replicó Kirishima, revolviendo sus cabellos.
—¡Siiiii! ¡Beso lésbico! — sonrió Kaminari
—Es una buena idea— contestó Roku —Siempre y cuando haya un beso yaoi en esta habitación— rió maliciosa.
Perplejo en sus pensamientos, intentaba encontrar la pieza para descifrar el enigma sobre cómo una persona que en primera instancia no le agradó, terminara convertida en la musa de sus deseos más lascivos y profundos.
Porque eso era lo que sentía: Deseo. Del más viril y primitivo. Por encima de sus sueños heroicos y su estoicismo. Aquella afirmación, hecha varios días atrás, lo atormentaban y humillaban en lo más profundo.
Y como burla del destino, dentro de todas las chicas existentes en UA, tenía que ser precisamente ella: la más gritona, insufrible y terca de la faz de la tierra. Nunca le mostró ni el más mínimo signo de respeto, y jamás pareció preocuparle el hecho de que pudiera arrancarle la piel y quemarla vida si quisiera. Pero la maldita era sugestiva, demasiado para su gusto.
"Excepto cuando está gritando"
Su conciencia pareció burlarse de él por atraparlo mintiendo.
¡Cómo se odiaba a sí mismo en estos momentos!
La algarabía lo sacó de sus cavilaciones al ver cómo Uraraka pasaba de besar -de nuevo- a Deku, a besar a Kaminari, quien luego besaba a Kirishima –"¿Qué demonios?"- y luego éste besaba a Roku para después seguir con Yaoyorozu, a la vez que ella terminaba en la boca de Todoroki.
—¡Yo tambien quiero participar! —se quejó Mina, haciendo pucheros y dirigiéndose a él —Nos va a tocar besarnos juntos, supongo— le sugirió codeándolo a él y a Tsuyu.
"¿Qué demonios hago aquí todavía?"
Volvió a enfocar a la pelirroja al descubrirla mirándolo con inquisición, tal vez guiada por la insinuación de Ashido. Y la idea, aunque sabía a paraíso para cualquier joven de su edad, y aquel juego inocente le generaba cierta curiosidad morbosa, al final le traía sin cuidado.
Estuvo tan ensimismado en su propia cabeza que ni siquiera la consideró. Ahora mismo, estaba demasiado agobiado atormentándose a sí mismo: Siempre pudo controlar sus ademanes y por un segundo dudó si su mirada perdida hubiera delatado sus pensamientos ante Roku. Fue precisamente allí, en esa fracción de segundo, que se encontraron sus ojos rojizos con las lagunas verdosas de Roku, y con mucha vergüenza supo que pensaba lo mismo que él.
Sus emociones no viraban en una sola dirección.
Por medio de sus miradas cruzó un mensaje etéreo entre ellos, como si sus mentes se hubieran abierto y los pensamientos hubieran volado de la una a la otra a través de los ojos.
"Me deseas, Kacchan" parecía decirle Roku en esa mirada burlona.
Zarandeó la cabeza, con enfado. Se estaba enloqueciendo.
—¿Qué putas miras, macaco?—
Roku saltó alarmada y bufó con ira. Por supuesto que ese Bakugo era brusco y grosero. Pero el tono de su voz, el maldito tono de su voz, logró que mis mejillas se tiñeran en un rubor juvenil. Su voz era puro sexo: tan oscura y ruda como se veía. ¿O acaso era efecto del alcohol?
Notando que no respondía inmediatamente, el rostro de Bakugo se tornó irritado y masculló con insolencia —¿Eres idiota? La mayoría de la gente responde cuando le preguntan algo—
Siempre temblaba de ira cuando le hablaba de esa manera, y sentía la sangre burbujeando en la superficie de su piel, mientras las ganas de clavarle mil dagas en la cabeza se concretaban. Que se expresara de esa forma era peor que cuando la ignoraba.
"¿Así que me estás provocando, cabeza de chispitas?"
La maldita no podía ser más insoportable, si no fuese por aquella bebida que sostenía en su mano. Su rostro había adquirido una expresión jovial con aquel sonrojo fruto de la ebriedad. Gruñó por lo bajo al sentir la mirada esmeralda encima de él, con insistencia obstinada. Cuando notó que le apuntaba vacilante con el dedo desde el otro extremo de la habitación, supo que la tormenta de arena caería sobre él. —Pero mira nada más quien habló, después de acobardarse por unos simples besos—
—Prefiero esperar en esta esquina que mueras ahogada en tu propio vómito— respondió, alzando la barbilla con arrogancia —Pero, para mi desgracia, aquí sigues, viva y apestando a muerte—
—Y por supuesto habrías llorado al encontrar mi bello cadáver. Qué bueno saber que somos amigos y no harás ningún acto necrofílico, ¿eh?
Los chiflidos y risas burlonas a su alrededor lo incitaban a cometer femicidio. Observó a Kirishima moviendo la pelvis con gesto obsceno, logrando que el abucheo aumentara. Podría irse y dejar que todo el cotilleo siguiera. Sin embargo, prefirió hablar defensivamente.
—¿Quién dijo que lo somos?
—¿Quién dijo que no? — sonrió la pelirroja viendo cómo se levantaba para irse. Le sorprendía que hubiese aguantado tanto tiempo en aquella juerga. —Y allí va el cobarde de la noche—
—¡Cállate!
—¡Vamos Bakugo, juega esta ronda con nosotros! —ofreció Kirishima
—Déjalo Kiri— intervino la pelirroja, con malicia —Tal vez sea tan malo besando, que no quiere jugar. O tal vez sea gay. ¡Pero no te preocupes, puedes besar a los chicos también! —
Bastó con provocarlo sutilmente para que Bakugo apareciera en cuclillas al frente de Roku, tan cerca que sintió que iba a morir de un infarto. La pelirroja no supo cómo reaccionar, se mantuvo paralizada por unos cortos segundos que a Bakugo le parecieron siglos. Segundos en los que el rubio, movido únicamente por su orgullo, se lanzó a su boca para besarla al frente de todos, con la desesperación y ansias mezcladas por la furia de la provocación. Una furia que, si se manifestaba con violencia física, de seguro la hubiera matado. Era un beso arrebatador, loco, desesperante, que cada vez se hacían más profundo.
¿Cuántas ganas reprimidas, todas consumadas de un solo golpe en aquel beso?
Se detuvo en seco y se separó de repente como si estuviera quemándose en brasas. Se desconocía totalmente, ¿había caído? Era tan inestable que al más mínimo reto se atizó en llamaradas. Él. El mejor héroe de UA y futuramente del maldito mundo.
La miró a los ojos que brillaban extasiados y enérgicos, y al hilito de saliva que aún los mantenía unidos. Ya sabía cómo era ella, y había caído como un tonto niño.
Y ella sólo quería burlarse de él.
—Diablos, Kacchan. Besas peor que Deku—
El portazo logró que todos estallaran en risas. Y Roku agradeció a Kami-sama que todos estuvieran borrachos, sino no hubiera sido capaz de mantener la mentira, ni de disimular el temblor en sus manos…
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Roku cerró la llave después de enjuagarse el rostro. Aún con la toalla en manos, caminó hacia la puerta y bufó.
— ¿Este es tu nuevo hobbie? ¿Irrumpir los baños femeninos? Soy muy buena golpeando pervertidos, Kacchan— preguntó sarcástica, alzando el puño.
—Oi. Retráctate— replicó en un susurro, hasta acercarse lentamente, posando una mano al lado de su rostro, acorralándola entre la puerta del baño. Con la mano libre, golpeo con fuerza la pared. —¡RETRÁCTATE DE LO QUE DIJISTE! —
La pelirroja sonrió ampliamente. La urgencia de provocarlo y verlo tan enojado era tanta, que hasta le dolía el cuerpo.
—Para retractarme, debes superarte.
—Que te follen, hija de puta.
—Pero que lenguaje tan romántico, si sigues así, me voy a enamorar de ti.
Bakugo gruñó y se separó de ella, mostrándole el dedo medio. Se dirigió a la sala y se sentó en el enorme sofá. Debía despejar su mente, o si no innegablemente podría pasar algo entre ellos. Y no quería que pasara. Ya había sobrepasado su límite varias veces esa noche, y no tenía tiempo para esas tonterías.
Roku lo siguió hasta sentarse a su lado.
—Hagamos un trato
—Piérdete
—Vamos, será divertido
En su cabeza sonaron miles de sirenas y alarmas de 'PELIGRO', advirtiéndole que estaban los dos solos en la sala y que la situación se le podía salir de las manos, pero no las escuchó o simplemente las ignoró. Tal vez mañana, cuando estuviese sobria, se arrepentiría.
"¿Qué más da? ¡La vida es una sola! ¡Carpe Diem, motherfuckers!"
—Yo puedo ayudarte. Digo, siempre entrenamos juntos, ¿no? Te conviene tenerme de compañera.
—No necesito tu ayuda. Yo sé que beso bien. ¡Y mucho mejor que el inútil de Deku!
—No me quedó muy claro…
—Se a donde quieres llegar. Todo esto es una estúpida farsa para que te bese. —sonrió a medio lado —Te gusto—
—¿Qué? ¡N-no me gustas, soquete! Además… —carraspeó, buscando templanza en sus palabras—Las mujeres pasamos por ciertos cambios hormonales que nos afectan cíclicamente. Es natural que te encuentre físicamente atractivo. ASÍ COMO ENCUENTRO ATRACTIVO A MUCHOS CHICOS AQUÍ. No te creas tan importante. —le palmeó el hombro —Y retomando: no me pienso retractar de lo que dije—
No supo en qué momento pasó, pero cuando lo notó ya estaba acostada sobre el sofá con las piernas rodeando la cintura de Bakugo, quien recargaba su peso encima de ella. La falda se le subió por encima de las caderas y el frio del cuero le golpeó las nalgas desnudas, pero poco le importó. Lo sintió presionando su cuerpo contra el suyo, podía sentir su sólido pecho aplastar sus senos, su estómago, sus caderas y por supuesto, su excitación. Todos los músculos que a escondidas había admirado se tensaban en un solo ente sobre ella. Con la respiración agitada, miró hacia la boca borrosa y rojiza, las mejillas sonrojadas, los ojos incandescentes.
—¡Espera, espera Kacchan!— tartamudeó, al sentirlo jalando hacia abajo la tela de su blusa.
¡Por Kami-sama! ¡No estaba con cualquier chico!
Estaba revolcándose con Bakugo.
Con el más apático y soberbio de todo UA. Con el que sólo se podía negociar a punta de golpes. Con el que se ensartaba en peleas verbales sin fin, sin que ninguno cediera. Al que maldecía por lo bajo cada vez que le ganaba en algún entrenamiento de combate. Al que miraba con curiosidad y exaltación cada vez que entrenaba en camisilla. —Que sea lento—
—¿Qué?
—Lento… — murmuró, sosteniendo su cara con suavidad. Bakugo se sacudió con rabia, con el ceño fruncido.
—No. No me das órdenes, simio.
—No son órdenes. Solo déjame llevarte— su voz se tornó más melosa, mientras rozaba tenuemente sus labios en los suyos. Tenía la garganta seca, pese a la humedad de sus calzones. En la habitación todo había ocurrido tan apresurado como una explosión que se arrepintió de no atesorar cada expresión, cada momento, cada suspiro en su cabeza. Ahora podía intentarlo de nuevo. —Por favor, Kacchan… ¿sí? —
Con suavidad, empezó a guiarlo dentro de su boca. Era un beso profundo y casto, sin apremios, para degustarse con tiempo. Sus manos empezaron ahora a estrujarle todo su cuerpo, tocándole las piernas con desespero, pasando por el abdomen descubierto por la blusa arrugada, amasando sus senos por sobre la tela. Su tacto era burdo, inexperto, afanoso, únicamente movido por impulsos. Se restregaba contra su pelvis, hinchándose dentro de su bóxer, frotándose hacia adelante y hacia atrás, creando una llamarada de calor entre sus piernas por la fricción de las telas.
"¡Mierda!"
Estaba ansioso. Sintió que un calor le subía desde los pies y le nublaba la vista, mareándolo. Las expiraciones se estrellaban con brusquedad en el rostro de la pelirroja, y era más que obvio que Bakugo ya no pensaba con claridad. Al tenerla acostada sobre el sofá, tenía un mejor alcance a su piel. Bakugo se inclinó aún más sobre ella para poder degustarla, así que mientras le sujetaba las piernas alrededor de su cintura para no desacomodarla, su boca se precipitó sobre la piel tersa de sus hombros, lamiéndola con insistencia, y dejando marcas escarlatas por la presión de la succión que se hacía cada vez más ruda con cada gemido de la pelirroja. La sintió tensar la espalda y no pudo evitar sonreír aún sobre su piel. Nada le gustaba más que jactarse de orgullo. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo más, sintió que era fuertemente tumbado fuera del sofá. En shock, iba a levantarse para proferirle unos cuantos insultos, pero el pie de la pelirroja se lo impedía.
Y escuchó voces.
—¡Roku! ¡Te estamos esperando! ¿Qué haces allí?
El pie temblaba de nerviosismo. El sofá tapaba el campo visual donde estaban —M-me recosté un rato. Estoy algo mareada.
—Me vendría bien una ayudita—replicó Jiro, intentando sostener al chico en ropa interior que parecía inconsciente —Iida pesa un montón, y Uraraka está demasiado ebria como para usar su habilidad en él—
—¡C-claro! — replicó la pelirroja, acomodando su blusa y pasando por encima de Bakugo, pisándolo.
Hija de puta. Su cuerpo respondía tan terriblemente al de ella.
