Capítulo I.
La lluvia cae a raudales, creando un ruido estrepitoso al chocar con las ventanas y el techo. Ya era de noche, por ello la mansión se encuentra en total penumbra, los que habitan en ese instante en el lugar decidieron no encender ni una lámpara siquiera. El ambiente alrededor se siente pesado, triste, como si un familiar hubiese fallecido recientemente.
Los sollozos de la esposa de Mr. Satán se dejan escuchar por la amplia habitación, mezclados con el sonido de la lluvia y el girar de las aspas de un pequeño ventilador. Trata de contenerlos, pues no desea asustar más a su hija, pero le es inevitable, después de mucho tiempo está dejando salir algo de su dolor contenido.
Se dice que no hay mejor amistad que un hijo con sus padres. En este caso, Miguel y Videl son excelentes amigas, se cuentan casi el más íntimo detalle de lo ocurrido en sus días. Las circunstancias así se les fueron dando con el paso de los años. Quizás en cierto punto ambas desearon que la otra conviviera e hiciera amigas de su edad, pues no pueden negar que hay temas que no logran comprender del todo, sin embargo, la forma en que han llevado sus vidas se los ha impedido.
Con respecto a Miguel, su vida de cantante, de fama, le impiden entablar una amistad. En ese mundo es muy complicado que haya una sincera. El mundo del espectáculo busca hasta el más pequeño defecto de cualquiera para difundirlo a todos los habitantes de la Tierra y así ganar más vistas, más dinero, sin importarles un poco siquiera si le llegan a arruinar la vida a esa persona.
Lo intentó muchas veces, sin éxito. Su amabilidad y bondad, su paciencia y buen humor terminaron al ver en las portadas de las revistas y periódicos importantes un fuerte rumor sobre ella. Cada vez que lo recuerda no puede evitar que las lágrimas resbalen de sus preciosos ojos verdes. ¿En qué momento fue que sucumbió a confiar de nuevo en la misma persona que le hizo daño? Creyó que era su amiga.
Toleró desde que publicaran imperfecciones de su cuerpo hasta las discusiones que ha tenido con su marido, pero nunca, nunca un chisme de semejante tamaño. En un momento de desesperación, de temor, de vergüenza, le contó a esa persona que uno de los cantantes que colaboraba la acosaba sexualmente. Esa noche de confesión lloró como nunca, no lograba comprender el motivo por el que él le hacía eso, pero sobre todo le dolía tener que tragárselo para evitar una pelea enorme.
Lo peor no fue eso, no le hubiese dolido tanto si publicaban la noticia tal y como fueron los hechos. De verdad, deseó que haya sido así. Días después dicho cantante confesó a la prensa que ella era una cualquiera, se tomaron un par de copas y Miguel se le ofrecía. Inclusive dijo que la acorraló detrás del escenario, le bajó el vestido y pudo besarle los senos. Con una sonrisa insinuó que pudo pasar algo más, pero que respetaba a su camarada, el campeón mundial de Artes Marciales.
Y, para rematar, su amiga se le unió al hombre, mencionó que Miguel le comentó lo ocurrido aquella noche, incluyendo que deseaba el momento en que su marido saliera de gira para terminar lo que comenzaron. Aquello destruyó su moral, su dignidad, ojalá también su carrera. Eso sin mencionar la fuerte riña que tuvo con su marido por lo ocurrido, al final se vio obligada a contarle la verdad.
Después de eso no ha logrado entablar una amistad, le cuesta mucho confiar. En esas fechas donde todos la señalaban y miraban como una prostituta, Videl estuvo siempre con ella a pesar de no entender muy bien qué sucedía. Con valor empujó a muchos hombres que quisieron acercarse a su adorada madre, sin importarle lo que pudieran hacerle. Claro que Miguel también tuvo que recurrir a bofetadas, puñetazos y rodillazos a la entrepierna para defenderse y hacerse respetar.
En cuanto a Videl, es porque la envidia llena a todos los niños y niñas de su escuela primaria. Desde pequeña resultó ser muy inteligente, sus calificaciones en exámenes, sus participaciones en clase y sus notas finales lo han comprobado desde siempre. Al principio, como todo infante, trató de conversar con sus compañeros, pero estos siempre se negaron en responderle, a menos que necesitaran la tarea o algunas respuestas.
Por un tiempo cayó en las lagunas del bullying, las típicas gomas de mascar pegadas en su precioso largo cabello azabache, cuando descuidaba sus cuadernos aparecían rayados o con las hojas arrancadas, incluso una niña llegó al punto de golpearla y lanzarle los bancos. Ella, aferrada en la bondad y comprensión que ha visto en su madre desde que nació, llegó a perdonar muchas veces a sus agresores.
Hasta que, como toda paciencia, llegó a su límite.
Se obligó a endurecer su carácter, sin descuidar su amable personalidad. Tal y como defiende a su madre, ella lo hace consigo misma, evitando ganar un reporte o expulsión por mala conducta. A la mala, pudo comprender que por el momento no ganaría ninguna amistad sincera, la mayoría la buscaban por ayuda académica, pero nada más, después la molestaban por su inteligencia, por el chisme que corrieron respecto a Miguel y por la agresividad con la que contestó su padre.
Aunque, por fortuna, sí terminó teniendo amigos, dos para precisar. Con aquellos rubios puede liberar un poco su tensión, charlar por un buen rato, sin embargo, todavía no logra a expresarse con libertad, no como con su madre. En el futuro es muy probable que sí lo haga, pues desde lejos se ve que las intenciones de esos dos niños son buenas.
En la actualidad no sabe qué hacer, ver a su madre sollozando le duele en el alma. Miguel es una mujer dulce, amable y muy bondadosa; le hace honor a su nombre, es como un ángel en la Tierra. Por ello, detesta verla así por cosas del pasado, cosas terribles que uno no quisiera ni vivir. En ese momento daría lo que fuera por borrar esos malos recuerdos.
Ambas se encuentran una frente a la otra, separadas por una pequeña mesa de madera, la cual tiene un par de vasos con agua. Sus ojos azules tiemblan un poco por el desconcierto, por la impotencia, por...muchas cosas. Hay cosas que los niños deben saber a cierta edad, algo que tanto Mark como Miguel saben. Empero, la mujer de ojos verdes considera que su hija es lo suficiente inteligente y madura como para saber de aquello.
—Perdóname, hija —intenta enjugar sus lágrimas. Inhala y exhala un par de veces para controlarse—. Ya te lo he dicho antes y ahora, nunca dejes que alguna persona te toque sin tu consentimiento.
—Lo sé, mamá...
—Y si eso llegase a pasar no dudes en decírmelo o a tu papá.
La infante juguetea con una de sus coletas, tímida. No niega que le da mucha curiosidad el tema, ha leído sobre eso en distintos libros de biología, aunque sólo lo esencial. En algún momento pensó en hablar de sexualidad con su madre y ella se le adelantó por poco, con todo el problema del rumor y por los constantes acosos que reciben ambas.
—Confío en ambos, si eso pasara se los diré —concluye mientras baja su mirada—. ¿Por qué me cuentas esto? Digo, no es que me moleste, pero parece que a ti te duele mucho recordarlo.
Miguel mira a su hija por unos segundos que se le hacen eternos. Muerde sus labios con suavidad, como si tratara de decir más cosas que no debiera. Ya ha iniciado la conversación y no puede echarse para atrás, sin importar lo mucho que le hiera la anécdota. Quiere que su retoño esté a salvo, por eso ambos la han cuidado demasiado para evitar que cargue en su memoria dolorosos recuerdos innecesarios.
Entretanto, Videl ya sabe la respuesta, sin embargo no sabe por qué realizó la interrogante. Sin mentirse, es demasiado tarde para evitar dicha tragedia y no quiere que su madre cargue con una más. En ese entonces no supo qué sucedió, ya conforme fue creciendo, platicando de esos temas con su madre, lo entendió. Lloró mucho por ello y al mismo tiempo sintió que no le afectaba.
Puede que sucediera en el futuro, que sintiera miedo de hacerlo, en ese tiempo sabrá que tanto le afectó, mientras es su turno de consolar a su madre. Eso sí, cumplirá con su palabra. Desea que no exista un "si llega a pasar", para ninguna de las dos. No piensa tentar al destino. En el muy remoto caso, no dudará en defenderse y contárselo a alguno de ellos, sin importarle el miedo que sienta de que su padre se vea nuevamente involucrado en una pelea sólo por defenderla.
—Por lo mismo, no quiero que te pase lo mismo que a mí cuando niña —frota sus blancas manos intentando tomar calor—. Claro, en mi caso eran tiempos difíciles, mi madre no tenía mucho tiempo de volverse a casar y...
—¿Y se lo dijiste? —Interroga, arqueando una ceja—. ¿Seguiste el mismo consejo que me das?
Una pequeña curva se forma en los labios de la cantante. Sin dudas su hija era muy analítica, astuta, muy difícil de engañar. Y eso le iba a ayudar mucho en el futuro, sobre todo para identificar las intenciones de las demás personas, hombres y mujeres por igual. Se siente orgullosa de ella, a su vez se siente libre de poder explicarle la situación.
Y en cuanto a su respuesta...no le agrada mucho lo que está por mencionar, pero no quiere mentirle a su única amiga e hija. Si algo bueno tiene el pasado, es que da material para no cometer los mismos errores en el futuro. A su dulce Videl nada malo le ha de pasar, por sobre su cadáver. Prefiere irse al mismísimo infierno antes de que un malnacido toque un sólo cabello.
—Por supuesto que se lo dije, pero ella no me creyó —sonríe con pena y siente la incrédula mirada de la niña—. Eran otros tiempos. Se puede decir que la mujer era un poco más desvalorizada de lo que es en la actualidad. Además, como te dije, no tenía mucho tiempo de que se había vuelto a casar, supongo que el amor hacia él pudo más.
—No puedo creerlo, eso es una reverenda tontería —bufa y rechina los dientes mientras apoya sus manos en la mesa—. Mi abuela, es decir... ¡Es tu madre! ¿No se supone que las madres anteponen a sus hijos a todo lo demás? Lo peor de todo es que ese señor continuó haciéndote lo mismo hasta tu adolescencia.
—Es verdad, Videl —dice al tomar las pequeñas manos infantiles—. Igual intento no culparla, estaba tratando de ser feliz con su nuevo marido y...
—¿Tú hubieras hecho lo mismo? —suelta de pronto, interrumpiendo.
—¿A qué te refieres?
—Te lo pondré fácil —suena como adulta furiosa, aunque trata de disimularlo—. Supongamos que mi padre nos deja, te duele y todo eso. Después de un tiempo conoces a algún hombre del mundo del espectáculo, te enamoras, te vuelves a casar... —Miguel asiente, enarcando la ceja—. Sientes que es el indicado y de pronto llego yo, diciéndote que él me acaba de violar, ¿cómo reaccionarías?
—Lo asesino.
La niña no dijo nada por unos minutos con una sonrisa de satisfacción. No odia a su abuela en lo más mínimo, tampoco quiere que su madre le guarde rencor, Lo que sí, es que ella piense un poco la situación, su madre cometió un grave error que ha pasado por alto muchos años. Aunque ahora sea tarde para remediarlo, considera que no debe dejarlo pasar más.
Miguel cayó de forma abrupta en su rápida e indudable contestación. No supo si fue el reflejo, el efecto de lo que sucedió y cómo anheló que así reaccionara su propia madre, o fue su simple instinto de protección al sólo imaginar que así sucediera. Sea cual fuera, la utopía de que no existieran esos malditos casos está muy clavada en su mente.
De pronto siente el sabor a bilis recorrer cada milímetro de su cavidad bucal. No puede evitar ponerse de ejemplo, desea olvidar esa horrible sensación, esos terribles deseos de llorar. Siente la impotencia, no quiere siquiera imaginar que algo así le sucediera a su hija, es simplemente espantoso, terrible...
Videl, ajena del veneno con el que su madre se debate, se da cuenta de la magnitud de su ejemplo. Es decir, no comprende del todo el terror de sufrir algo así, ¡y por Kami que jamás le pasará! Le hiere en lo más recóndito de su alma saber que su abuela no defendió a su madre en su momento. Sabe que Miguel no haría lo mismo con ella.
Tan buenas mujeres son, amables, guerreras, que pese a todo intentan actuar como si nada les lastimara, aunque en el fondo ambas saben que si les hieren muchísimas cosas...
A pesar de estar en penumbras, escucharon con claridad que la electricidad ha provocado una fuerte explosión en algún lado del vecindario. Después de eso el ventilador deja de funcionar. Un relámpago ilumina la habitación por unas milésimas de segundo antes de que el rayo suene con fuerza, asustando a ambas mujeres.
Miguel y Videl han sido dominadas por completo por el terror, quedan paralizadas como un conejo frente a un jaguar. Sienten como los escalofríos parece querer congelar sus cuerpos, paralizándolos sin dejarles la más mínima oportunidad de escapar.
La oscuridad del lugar les impedía ver la puerta de salida, eran como canarios encerrados en una jaula. Ven como una silueta se mueve en su dirección. Enorme y musculosa, pero un único indicio les confirma que no es Mark Satán: su cabello afro no está. Lo peor es que ni siquiera logran avistar un objeto con el cual defenderse. Madre e hija se encuentran en un grave peligro, lo saben.
No pueden hacer más que ir retrocediendo poco a poco. Con agilidad, Miguel logra empujar a su hija, la cual termina por rodar debajo de la cama. Videl, sintiendo el latigazo del pánico por su espalda, se cubre la boca para no emitir un sólo sonido. Lágrimas calcinan sus mejillas de porcelana además de opacar todavía más su visión. No vislumbra la silueta de su madre, ni los pies que provocan crujidos en las tablas.
—A terminar lo que empezamos...
El grito desgarrador de Miguel resuena por toda la habitación y la casa, atemorizando aún más a su hija quien busca a tientas algún arma blanca por donde se encuentra. El miedo le ha cerrado la garganta, la adrenalina corre por sus venas, es sólo cuestión de tiempo para que ese maldito malnacido que ha ingresado a su casa termine por hacerle daño a su madre.
Y quizá hasta asesinarla.
—¡Suélteme, suélteme!
Los chillidos de la esposa de Satán se intensifican. Videl casi salta en su defensa, pero sin arma alguna sólo empeora su situación. Hasta que por fin sus manos palpan una caja rectangular, con forma de portafolio. Curiosa por su interior lo abre, con la esperanza de encontrar algo que le sirva, ¡le urge un arma!
Su sorpresa es enorme al sentir la hoja afilada de varios cuchillos, algunos eran largos, otros poseen dientes, uno lo siente similar a una pequeña hacha. Presurosa, coge dos. A penas aprende el dominio de las Artes Marciales, poco a visto el manejo de cuchillas o espadas. No desea matar a ese sujeto, sin embargo, las circunstancias le indican otra cosa.
Con sus antebrazos, uno frente al otro, se va apoyando para salir. Para su desgracia eso provoca un ruido llamativo. Cierra sus párpados con fuerza, esperando algún quejido del tipejo o alguna interrogante salir de su sucia boca. Nada pasó.
Al sentirse libre de ese cuadro de madera, se pone de pie con paso decidido. Con prisa se disculpa con su padre, con Kami, con su madre, por la locura que está por cometer. Y, adquiriendo una velocidad impresionante, corre por la habitación hasta dar un pequeño salto justo a las espaldas del hombre que se encuentra sobre el cuerpo frágil de su madre.
Sin una pizca de duda, empuña con fuerza el cuchillo poco antes de clavarlo justo en el músculo dorsal ancho. El sujeto pega un alarido de dolor, levantándose por inercia e intentando llevar sus manos a la zona afectada. Pero Videl continúa aferrada al arma, después asesta con la otra en el hombro derecho del tipo.
—¡Maldita mocosa, serás la siguiente!
Ante la amenaza, la niña siente que su médula comienza a helarse, hasta expandirse por toda su columna. ¿¡Qué demonios ha hecho!? Sus orbes azules intentan contemplar los movimientos bruscos de la figura masculina, que trata quitarse las afiladas armas de su cuerpo. La sangre escurre por todo lo largo hasta gotear el suelo.
Él, apretando su mandíbula con fuerza, comienza a extraer uno de los cuchillos, salpicando a Videl con el líquido carmesí en su rostro y ropa. Los gritos que emite son espantosos y desgarradores, tal parece que nunca ha recibido una sola herida. Luego, se da media vuelta y busca el cuerpo de la niña que ha caído de rodillas al suelo, intentando empequeñecerse lo suficiente como para que él no la encuentre.
La puerta parece haber desaparecido, ¡ninguna puede huir!
Aquel monstruo avanza hacia la infante con claras intenciones, desea tomarla del cuello y asfixiarla. Espera escuchar los insistentes gemidos y súplicas por parte de ella, implorando respirar, vivir. Y no cedería, no cedería por nada del mundo. Esa mocosa no tiene idea de con quien se ha metido. La matará, jura por Kami que la matará y después...quién sabe. Dicen que no debe dejar que el cuerpo se enfríe. Una malévola y enferma risa se planta en su rostro.
—Entre más te escondas, más alargas tu inminente destino, mocosa —suelta un par de carcajadas. Sus pies detectan una figura pequeña, que tiembla de forma inevitable. Al agudizar su oído escucha leves sollozos. Con una mano levanta a la niña de la ropa para intentar ver la belleza de ésta—. Al fin... Te prometo que te lo gozarás.
—¡Nooo!
Continuará...
Notas de autora:
Bien, después de agradecerles por llegar hasta aquí, quiero contarles un poco acerca de esta historia. Hace años ví en Twitter un hashtag que me llamó muchísimo la atención: Cuéntalo. Aquí, muchas mujeres eran invitadas a dar sus testimonios de agresiones sufridas por sus padres, tíos, hermanos, amigos, vecinos, etc. Después de leer unas cuantas horas, quise escribir algo al respecto; y así nació este relato. Al principio, todo fluyó de forma increíble, tanto que hasta me asusté en cierto punto, pero como algunos otros fics, la inspiración se me fue de las manos. Después de dejarlo unos meses, decidí retomarlo, incluso pedí opiniones a un par de amistades y se sorprendieron por el relato. De nueva cuenta, lo dejé, pensando en que tal vez no quería subir algo de tal calibre.
No obstante, recientemente tuve de nuevo la espina por aquel relato escondido entre mis carpetas y decidí, por fin, en subirlo, pero en episodios, porque sentí que estaba algo extenso para un one-shot, al menos para mi gusto. Además, me da tiempo de corregir algunas cosas.
Por cierto, no está de más aclarar que aquí no existen las esferas del dragón y tal vez en el futuro vaya ambientando a los personajes en el mundo sin poderes.
Y por último, espero que se cuiden de la reciente pandemia del SARS-CoV-2 o COVID-19, que ha ido en aumento. He visto las noticias de como están llevando la situación en otros países; es realmente triste como el caos está dominando poco a poco. Sé que hay muchísimas personas que viven del día a día, pero si se tiene el "gran privilegio" de permanecer en casa, por favor háganlo. La saturación de hospitales es real. Contribuyamos en lo que se pueda para disminuir el número de contagios.
Un saludo y nos leemos pronto.
~The girl sugarfree~
