Ambos se observaban con recelo, era media noche y eran los únicos en estar despiertos en la cabaña.

—Deberías disculparte

—No hice nada malo

—Si sigues con esa actitud impulsiva y egoísta un día terminarás entrometiéndonos a todos en tus sandeces, mocosa de mierda— El oji-zarca se cruzó de brazos mientras ella avanzaba al cobertizo

Ella no respondía, sabía que lo estaba ignorando, sus actitudes lo fastidiaban y odiaba que Hange no le permitiesa darle una reprimenda.

No obstante, Hange no estaba, ella no sabría nada en tal caso y realmente quería darle una lección creativa que ella no olvidaría.

Estaba harto de su modo de actuar, que ignorase todo a su alrededor solo por Eren, lo irritaba y enojaba a decir verdad.

Observó a Mikasa avanzar hacia el armario de limpieza y buscar algo, tras sonreír a sus adentros y soltar un suspiró pesado.

Avanzó y cerró la puerta detrás suyo esperando una reacción por parte de la Ackerman.

—¿Y ahora qué?, enano de mierda

Los minutos en la noche transcurrían, todo permanecía en constante silencio en la cabaña, excepto por respiraciones agitadas, gemidos y sonidos húmedos.

Prácticamente podría decirse que la estaba forzando, no obstante, ella hace muchos minutos que dejó de resistirse.

Mikasa estaba arrodillada, con su miembro en la boca y su cuerpo chocando constantemente con la pared de madera.

Levi la tenía agarrada de la cabeza mientras que con fuerza y rapidez sacaba y metía su pene dentro de la boca de la Ackerman.

Veía saliva y fluidos misteriosos escurrir de la comisura de sus labios y sus pechos afuera de la blusa con los pezones hinchados y duros.

Aparentemente no era hábil solo como guerrera, ella era la encarnación de sus fantasías más sucias, Mikasa era perfecta para Levi.

Su garganta caliente y grande, sus bien formadas curvas, grandes pechos y voluptuoso trasero, su piel pálida y ahora roja a más no poder.

Sin poder aguantar más se corrió en su boca, en sus pechos y cara, salió de su boca y la vio pasar el semen.

—¿Entiendes cual es tu castigo?

Sus ojos grises perdidos y sombríos, ella lo odiaba en aquel momento pero no le importaba, sabía que ella estaba disfrutándolo.

Ella asintió con la cabeza mientras era levantada y estrella sobre la pared.

Levi le bajó el pantalón y apretó con sus manos su voluptuoso trasero.

Tras terminar puso su miembro justo en la abertura de su entrepierna y se introdujo sin piedad alguna haciéndola gritar, aunque el grito de ahogo en la mano que cubría su boca.

Escuchaba sus sollozos y gemidos de placer mientras la penetraba con rapidez y fuerza.

Una mano sostenía la cadera de la azabache y la otra amasaba su pecho izquierdo como plastilina.

Estuvo así por mucho tiempo con ella, jugando con las posiciones y el cuerpo de Mikasa.

Ignoraba los fluidos en el piso o que ella ya no pudiese sostenerse en pie, ella ya vino más de tres veces y por fin era su turno.

Liberó su semillas tras salir de Mikasa y ella cayó al piso exhausta y con respiración cortada.

—Usted, es...

Levi la observaba con indiferencia, tratando de disimular la excitación que ella le producía.

—Es un pedazo de mierda

—No me importa— Soltó Levi

—Pero... por favor— Mikasa lo observó con los ojos perdidos en el placer que aún sentía —Un día, castígueme de nuevo

Esa petición lo hizo sonreír a sus adentros, parecía que la media noche sería su hora favorita.