Tap tap tap tap
Missy abrió los ojos. La luz del lugar no era mucha, pero aun así tuvo que parpadear varias veces para poder enfocar la vista en algo.
Todo estaba borroso y hacía frío pero no sentía ninguna corriente de aire. Sin incorporarse del todo Missy observó los alrededores, al ras del suelo no podía ver mucho, pero era más que suficiente para saber dónde se encontraba.
La bóveda.
Aquel frío sótano que había sido su hogar por casi cien años y que estaba destinado a serlo novecientos más, mil años en total. Una prisión impuesta por quién decía ser su mejor amigo. Le había salvado la vida pero le había quitado la libertad. ¿Había valido la pena? En su momento sí, ahora no estaba segura.
Temblando impulsó su torso con sus manos hasta lograr una posición sentada. No entendía cómo había llegado allí. Hace un segundo había estado hablando con El Doctor. ¿Era correcto? No. Hace un segundo había estado corriendo. No, tampoco. ¿Hace un segundo había estado llorando? Una mano temblorosa alcanzó su mejilla y la sintió húmeda por las lágrimas derramadas. Eso al menos era correcto.
Tap tap tap tap
Tocaron la puerta. Su cabeza se alzó en dirección al ruido y trató de levantarse para caer de nuevo al piso. No sabía bien por qué, pero sabía que lo que fuera que estaba detrás de la puerta no era buena. Lo que estaba detrás de la puerta no era algo que quisiera ver. Es más, debía alejarse y pronto.
Trató de pararse y volvió a caer al suelo. El concreto raspó sus manos y dejó pequeñas heridas. Extraño, no recordaba que el piso de la bóveda fuese así.
Tap tap tap tap
Tocaron, esta vez más fuerte. Sin saber bien de dónde, sacó fuerzas para arrastrarse al lado opuesto de la bóveda. Llegó al centro, donde aún estaba el campo de fuerza, pero su querido piano que tanta compañía le había hecho en esos años faltaba. En realidad toda la bóveda estaba desprovista de los detalles que el Doctor le había añadido con el pasar de los años para que se sintiera más tranquila. Solo una de las dos sillas donde solían sentarse a conversar estaba, la mesa y los demás muebles brillaban por su ausencia. En su lugar la silla estaba dentro del campo de fuerza junto con un amasijo de mantas raídas que no terminaba de reconocer. Tembló de frío.
La bóveda había sido pensada para albergar un cadáver y en ese momento más que nunca parecía que iba a cumplir su propósito.
Tap tap tap tap
Esta vez Missy logró subir a la plataforma del campo de fuerza. Aun temblando se obligó a arrodillarse y explorar las mantas raídas que tenía en frente. Sentía que las había visto antes.
Estiró una mano y sus dedos rozaron la superficie. Bastó eso para reconocerla. No era un amasijo de mantas. Era un amasijo de túnicas. Su mano se cerró en un puño sobre la tela y la atrajo hacia si. Ahora la reconocía. El material estaba desgastado y decolorado pero esa textura no era algo que pudiera olvidar. Delante de ella tenía un amasijo de túnicas de un Time Lord de Gallifrey. Más exactamente su antigua túnica, de cuando había sido parte del sistema del planeta.
TAP TAP TAP TAP
Sus ojos se llenaron de lágrimas y apretó la tela contra su pecho, incapaz de moverse. De pronto no podía respirar. Sintió como su pecho apretaba, dolía, no podía moverse, no podía hacer nada.
TAPTAPTAPTAP TAPTAPTAPTAP TAPTAPTAPTAP TAPTAPTAPTAP TAPTAPTAPTAP TAPTAPTAPTAP
El ruido se hizo más fuerte de ser posible. Missy se tapó las orejas con ambas manos y sacudió la cabeza, tratando de parar el sonido. Un sonido que hacía mucho tiempo no escuchaba y esperaba no volver a oír nunca más.
De pronto paró tan rápido como había venido. La puerta se empezó a abrir lentamente, con cada medida de seguridad deshaciéndose prolongando lo inevitable. Missy cerró los ojos y se abrazó las rodillas, tratando de hacerse lo más pequeña posible y desaparecer bajo la túnica raída.
Sintió un golpe y el campo de fuerza se activó. Ya no estaba bajo la túnica de Gallifrey, sino que la llevaba puesta. Le quedaba gigante pues era mucho más pequeña que sus anteriores regeneraciones y la tela la devoraba viva.
Se atrevió a mirar hacia afuera del campo de fuerza. 12 time lords le devolvieron la mirada, rodeando la plataforma donde se encontraba. Reconoció al suyo, y también a los varios rostros pasados con los que se había encontrado. Por un segundo sintió alivio, el Doctor le explicaría lo que estaba pasando y la sacaría de allí. ¿Cierto? Pero el temor y la inseguridad se instalaron en su estómago cuando los 12 se quedaron inmóviles y otros time lords entraron a la bóveda.
-Ayúdame…
Alcanzó a suplicar con un hilillo de voz.
-Ayúdame, me prometiste mil años…
Miró a su doctor, la doceava regeneración, esperaba encontrar al menos algo de simpatía o quizá odio, eso podía aguantar. No esperaba la frialdad del ignoro.
-¿Doctor?- Susurró, echándose a temblar una vez más.
Una risa cruel alcanzó sus oídos. Al dirigir la mirada al sonido se encontró con una sonrisa burlona en uno de los time lords que más detestaba en el universo, Rassilon.
Ninguno dijo una palabra, los doce doctores se apartaron y en su lugar aparecieron guardias de Gallifrey y de diferentes lugares que había destruido. Todos de familias a las cuales ella misma había tomado el placer en matar al menos un miembro. Missy vio con horror como el campo de fuerza bajaba y subían a la plataforma con los rostros desencajados por el odio y la tristeza, querían justicia.
Cerró los ojos y rodeó su cabeza con sus brazos para protegerse. Sabía lo que venía. Primero una patada la golpeó de llenó en el torso, sonó un crujido y el dolor la envolvió. Ahí iba su costilla. Missy solo atinó a soltar un gemido de dolor cuando golpes empezaron a llegar por todas partes. Las lágrimas nublaban su vista, solo sentía los golpes y escuchaba las risas del antiguo presidente de Gallifrey. Estuvo así hasta que perdió la noción del tiempo. De pronto los golpes pararon.
Parpadeó para limpiar las lágrimas de sus ojos y los guardias ya no estaban, los doctores tampoco. Solo quedaba uno, el suyo.
-¿Doctor?- Volvió a susurrar, suplicante. El Doctor se dio la vuelta.- ¡Theta espera! Llévame contigo, por favor llévame contigo.
Lágrimas frescas corrieron por sus mejillas. Sacando fuerzas de donde no sabía que tenía logró pararse y correr tras él. Solo para ser detenida por el campo de fuerza que había vuelto a aparecer. Presionó la palma de su mano contra la energía sin importarle el dolor y como la electricidad la estaba quemando.
El Doctor avanzó hasta la puerta, donde le esperaban sus companions, eran dos que Missy reconoció. Clara, a la que había intentado y fallado de asesinar en Skaro. Y Bill, la que había causado que el Doctor desapareciera por seis meses.
Una lágrima solitaria se derramó por su mejilla. Sabía que si el Doctor cruzaba la puerta, no iba a volver. Lo perdería, para siempre.
-Theta, Theta regresa…- Gritó hasta desgarrarse la garganta.
El Doctor cruzó la puerta y Missy se dejó caer al suelo. El campo de fuerza desapareció y se encontró cayendo al vacío. Caía y caía y no sabía a dónde estaba yendo.
Tap tap tap tap
Missy abrió los ojos. La luz del lugar no era mucha, pero aun así tuvo que parpadear varias veces para poder enfocar la vista en algo…
