¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Recomendación musical: "Golden Time Lover" by Sukima Switch
Notas:
[Presente]
[Pasado]
["Pensamientos"]
[Teléfono]
Los personajes de The Seven Deadly Sins son propiedad de Nakaba Suzuki
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- ¡Wow!, mira que hermosa novia. – dice con las palmas de sus manos cubriéndole los labios, generando un sonroso sorpresa en la mujer vestida de blanco. – Tu prometido tiene tanta suerte. ¿Segura de seguir con esto? – cierra detrás la puerta de fina madera tallada, colocando el seguro por encima de la perilla, afianzando la cadena de metal ligeramente oxidada, por ultimo pasa la llave, dejándola dentro de la cerradura.
Con sus labios pintados en un rosa pálido, la novia los muerde, bufando molesta al escuchar sus risas suaves con disculpas por su comentario sincero, bufa exasperada, resistiendo pasarse una mano por la cara, tardaron en convencerla para el maquillaje o fue un plan ingenioso para que callera en una silla, estuviera atada y colocaran en su rostro polvos extraños, aromas agradables y no mordiera a alguna de las damas encargadas. Estaba 100% segura que el criminal estaba parada delante, con vestido esponjado verdoso, la mitad de una armadura en el pecho, sus zapatos igualmente con su correspondiente protección y un sable escondido en alguna parte de la falda esponjada, además su cabello antes largo, ahora corto se hallaba sujeto en un pequeño moño detrás de su cabeza. – Al menos yo no obligue a mi esposo a pedirme matrimonio. – contrataco, sintiendo una gota de sudor frio pasarla por la espalda al captar esos ojos siempre cerrados, pasar de un fruncimiento en cejas alzadas complementadas de una sonrisa entintada en vergüenza.
- Un método poco ortodoxo, lo admito. – con expresión soñadora, ambas manos acunando sus mejillas, inclinándose a la derecha, recordando el emotivo momento a suspiros románticos, crispo a la futura esposa, quien decidió establecer un perímetro de seguridad a tres o cuatro pasos lejos, directamente a la ventana abierta con un excelente balcón en posición a un frondoso árbol con ramas fuertes. – Pero fue muy romántico.
- ¿Romántico? – repitió con el sarcasmo saboreándose al transformar el vocablo en cuestión. – Pusiste tu espada en su cuello y lo amenazaste con explotarlo.
- El encanto de Howzer se aprecia cuando está nervioso. – arreglo los cabellos sueltos de su peinado, aclarando su garganta, recorriendo la habitación con la mirada en busca de quien sabrá que – desde el punto de vista de la novia – mostrando su mano izquierda con la brillante argolla prosiguió – Es cosa de mayores, Jericho. Fufufu.
- ¡VETE AL DIABLO, GUILA! – mostro su dedo medio enguatado de la mano derecha. – "Soy mayor que ella por dos años"
- ¿Y con esa boca vas a besarlo?
- ¡PUDRETE!
- Tan adorable como siempre. – recogió de la mesita redonda en el centro un ramo de flores blancas y algunos traviesos pétalos rosados brillantes, caminando directo a la colérica novia, ignorando el gruñido, puso una florecilla rosada encima de su tocado tejido por una trenza francesa. – Perfecta. Dejémonos de retrasos o él podría arrepentirse.
- GUI-LA
- Ultima broma, al menos hasta que lleguemos al banquete. – sonrió dulcemente, extendiendo su palma hacia delante – Dame ese velo.
Pequeñas coletas negras rizadas corrían seguidas por una cabellera castaña lacia y que pasaba de largo rozando el cuello, eligiendo detenerse a la entrada de la iglesia al ver su camino bloqueado por pantalones de vestir elegantes y una espada brillante a un costado, alzando su vista purpura, riendo divertida dispuesta a dar media vuelta, su cuerpo fue alzado, agitando el elegante vestido con varios moños. – No – rogo la pequeña peli negra, cambiando a interminables risas por las cosquillas en su mejilla ante la barba de cabellos rubios oscuros.
El joven de castaño cabello claro, se detuvo, sosteniéndose de sus piernas recubiertas por armadura, inhalando y exhalando pesadamente, enderezándose y saludando con respeto al hombre frente a él. – G-gran Caballero Sagrado.
- Hola Zeal – saludo alegremente el hombre, separándose de la pequeña peli negra – Buen trabajo como siempre.
- G-gracias, Gran Caballero Sagrado.
- Vamos, quita esa formalidad. – se acercó al otro, dando un golpe a su espalda, haciéndole tropezar y causando una risa de la niña. – Somos familia.
- Por supuesto – rasco su mejilla con un tinte rosado cruzándole por la nariz – pero no puedo estarme dirigiendo a ti como hermano mayor.
- ¿Por qué no?
- Porque mamá dice que le restas más respeto del poco que te queda a tu imagen de líder. – respondió repleta de sabiduría la niña entre sus brazos, golpeando con su corta uña la armadura en el pecho de su padre.
Ambos hombres quedaron en silencio, interrumpido por los golpeteos en el pecho cubierto de metal, Howzer rio sonora e incómodamente, bajando a la pequeña peli negra, acariciando fuerte su cabeza, despeinándola en el proceso y moviendo a la niña de derecha a izquierda en un tambaleo. – Ilena, no es correcto hablar de cosas que no-
- Pero mamá dice que mentir es incorrecto. – dijo la pequeña, alejándose del toque de su padre, alisando su cabecita y apretando las coletas enruladas. Corrió al lado de Zeal, tomando la mano del joven caballero – O, ¿estoy mal tío Zeal?
- Ahm… Mejor entramos a la iglesia de una vez. Andando Gran Caba- quiero decir, hermano mayor.
Disculpándose silenciosamente el joven caballero se retiró con la niña de coletas negras, escuchándola profundamente intrigado, asintiendo cuando le tocaba responder una pregunta o confirmación, no quitando de sus labios la sonrisa amable que contagiaba a la pequeña Ilena.
Una ceremonia pequeña, caballeros como invitados, otros más estando en las esquinas y entrada principal como vigilancia, los asientos delanteros ocupados por familiares y amigos cercanos. Trago saliva, mirando en nerviosismo el sudor recorriéndole las palmas hasta que un golpe en su hombro le hizo girar para encontrar una agradable sonrisa acompañada por un guiño, reconfortándole al saberse de un apoyo entre tantas caras familiares – algunas no – próximo a dar un inesperado paso en su vida – sobre todo para su edad – asintió, correspondiéndole la sonrisa y tomando su mano para estrecharla, soltando un quedo gracias. Inspiro profundo y dejo salir el aire lentamente, arreglando el cuello de su traje plateado con bordes cocidos en negro.
Era simple, realmente simple, si lo pensaba con calma, ingresaría por esa puerta, caminaría con su acompañante llevándola al altar para entregarla, quizás algunas palabras de felicitación, comenzando la ceremonia con un largo discurso del padre, cambiando votos, promesas, hasta que la muerte los separara. Y entonces, el rojo subió por su cuello, tosiendo sobre su puño, cambio a cubrirse la cara hasta el principio del puente de su nariz, atrayendo la atención de su amigo – y camarada – que le brindo unos cuantos golpes en la espalda, pidiendo por un poco de tiempo fuera al padre que palideció ante un novio a punto del desmayo.
- B-bien, e-estoy bien. – consiguió decir, separándose del toque de su amigo y sonriendo nerviosamente. – Solo, jaja, trague mi propia saliva.
El suspiro de alivio no pasó desapercibido – al menos para la primera y segunda fila – los demás se levantaban de sus asientos buscando alguna señal que les indicara lo que acontecía más adelante, unos cuantos caballeros que hacían de guardia listos a desenfundar las espadas, regresaron a su posición de pie, una mano tras su espalda y la otra sujetando el mango de sus armas.
- Es bueno que la novia no esté aquí, sino pensaría que intentas huir. – rio divertido, golpeando con el codo el brazo del otro.
- C-claro que no. Una promesa es una promesa y pienso cumplirla aunque-
- Aunque la vida te llevo en ello, muy romántico, solo guarda un poco para la luna de miel o los votos.
Uno de los guardias toco una diminuta trompeta marcando la llegada de la futura esposa, cada uno de los presentes regresaron a sus respectivos lugares, el padre dio un movimiento con su índice para que comenzara el toque de la marcha nupcial en el piano. – Hora de tu momento, mi amigo. – palmeo su hombro, caminando pasos detrás de él, con los brazos tras su espalda. – La harás feliz, Hendi.
- Gracias, Dreyfus.
Rebosantes aplausos inundaron las paredes de la iglesia – incluidas lágrimas –, terminando por formar el nudo de sus lazos vitales, formando nuevos y pequeño nudos con cada experiencia, consiguiendo que este continúe alargándose y fortaleciéndose para impedir que afiladas tijeras corten por el medio o intenten formas extremos fuera de solamente dos.
Marchando a través del pasillo con sus manos unidas, sus rostros sutilmente coloreados, exudando la dicha del instante que da fin al inicio de una nueva etapa, aquel recuerdo irremplazable para ambos. Ríen entre ellos al llegar afuera con la luz de la tarde dando a sus ojos, seguidos de grandes deseos de amor, felicidad, abrazos y algunos malos chistes que enmascaran otro derramamiento de agua salada.
Y así, un día, tras el pasar del viento, una lluvia torrencial, el anuncio de un cambio de estación, aparecerá una pregunta sin malicia.
- ¿Mamá es cierto que tú le propusiste matrimonio a papá? – dice el pequeño niño de ojos verdes y cabello de tono lila con un par de mechones blancuzcos en su frente, parando en seco el hilado torpe de la mujer de cabello lila más largo y con un prominente bulto, donde antes se presumía un estomago plano y bien entrenado.
- ¿Ha?, n-no. – agita su cabeza, dejando su tejido en la canastilla hecha a mano – ¿Quién te dijo eso?
- Papá.
- Ugh. – masajea sus sienes por paciencia. – Hablaremos después de que te laves las manos, cambies tu ropa y vengas a comer Gustav. – el pequeño la mira, entrecierra sus ojos y acepta inflando sus mejillas, corriendo a una puerta de madera junto a las escaleras.
- ¡Aquí estas! – entra por la puerta principal, su dolor de cabeza de por vida – no es que se queje – sonriéndole, remarcando las arrugas en sus ojos y esquinas de sus labios, cargando un paquete y una canasta con frutas, las cuales deja en una mesa, llegando hasta ella y besando su frente, para pasar una mano pro su vientre y volver a besarla esta vez en sus labios, sonrojándolos a ambos. – Es bueno volver.
- Das clases en el castillo, no al otro lado de Britania. – le jala la mejilla, sin quitarle la sonrisa. – Como sea, ayúdame a levantarme, Gustav ya llego y es hora de comer.
- ¡Entendido! – extiende una mano para que ella la use de apoyo, en su levantar, consiguiendo que al despegar su espalda de la silla pueda pasar su otro brazo haciendo palanca y que ella este de pie. – Con cuidado.
- Ya sé. ¡Cielos!, es un embarazo.
- Es tu segundo embarazo. – remarca él con obviedad impresa, aun sin soltar su mano, es hasta que ella logra sentarse en la silla del comedor y su nana vuelva a ingresar a la cocina para traer un par de cubiertos más que él se siente tranquilo. – Del cual nuevamente estoy agradecido. – toma asiento en la silla junto a ella.
- Me alegra escuchar eso porque si no mal recuerdo quedamos en esperar otros tres años.
- Ehm…
- Eras el segundo al mando de los caballeros sagrados, casi conquistas Lionés, liberaste a los demonios de un sello de 3000 años – enumero Jericho – ¿Y aún te avergüenza aquello?
- T-toma en cuenta que fui criado por druidas – traga saliva – no somos expertos del tema.
- Hm – alza una ceja – eso explica varias cosas.
- ¿Explica? – repite confuso
- Gustav – siente el tic de su ceja izquierda. Los temas de sus acciones en la infancia son vergonzosos, pero, ¿Quién podía culparla?, estaba en esa edad en que las niñas se dejan llevar por historias de amor – Me dijo que le contaste de mi propuesta de matrimonio, lo cual siendo justos – rasca debajo de su barbilla – fue más un juego que algo serio.
- Lo sé.
- ¡¿ENTONCES PARA QUE LE CONTASTE?! – pregunta con el rojo y fruncimiento de su ceño – Era una mocosa Hendi, "Y de acordarme me inunda la vergüenza". Incluso Dreyfus tuvo que explicarte las muchas razones porque eso era imposible y estaba mal.
- También se eso, pero, es mucho más romántico contar esa historia a explicarle a mi hijo que te propuse matrimonio estando medio ebrio por culpa de Dreyfus.
- Tienes un punto. – tosió, arreglando su cabello detrás de su oreja – aunque para que conste, ya tenías el anillo antes de beberte más de un barril y medio de cerveza.
Entrando con un cambio nuevo, avisando de su llegada con el correr de sus pasos, el pequeño Gustav saluda a su padre, rodeando la mesa para quedar al otro lado, no tardando en la aparición de la nana con una olla de metal, siendo seguida por un par de jóvenes sirvientas, cada una cargando platos con carne y verduras, colocando sus alimentos, despidiéndose en una sutil inclinación deseándole un agradable provecho.
La belleza del momento, que se aprecia como toda una sutileza, volviéndose otra agradable historia para contar y le llaman vida.
- ¿Puedo proponerle matrimonio a Ilena?
- ¿He? – dicen ambos padres, siendo uno de ellos quien se carcajea, mientras el responsable trata de explicar porque eso es una opción apresurada.
Jericho lo sabe, por nada del mundo, cambiaria lo que ella misma eligió tener y ese pensamiento, es uno compartido.
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Fin.
Ilena, proviene de Elena, que significa: "Resplandeciente"
Si usted llego al final de esta historia espontanea… ¡FELICIDADES! Y… ¡gracias por darle una oportunidad!
Hice cambios en cuanto a la escritura de la nombres, en su forma correcta. O eso me dicen las traducciones y Wikipedia. ¡Bye!
Bye-bye.
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
