Nota: como notarán al inicio del fic, en esta historia Josuke y Rohan llevan bastante tiempo viviendo juntos, y quiero pensar que Rohan se ha suavizado poquito con Josuke cuando están a solas justo por eso; sin embargo, también creo que sigue manteniendo su actitud orgullosa ante cualquier cosa.

Quiero agradecer a mis betas, NathanTr0v y Dezato (de cuentas en Wattpad), quienes me ayudaron a que esto fuese publicado.


RUTINA DE PESADILLA

Fueron dieciséis años, de los cuales cuatro habían sido de intentos fallidos, pero si algo caracterizaba a Higashikata Josuke era su inhumana capacidad para no rendirse y poner en juego cada pizca de creatividad para lograr su objetivo. Si bien, conquistar a Rohan no era la intención inicial, de alguna manera había cedido ante ese remolino de emociones de las que jamás pudo escapar. Ahora ambos llevaban diez caóticos, inenarrables y graciosos años viviendo bajo el mismo techo. Josuke lo razonó en cuanto vio que el calendario marcaba el cumpleaños número treinta y seis de Rohan para dentro de un mes; pensar que lo conoció en sus veintes, cuando era arrogante, molesto y grosero.

—¿En qué tanto piensas, Higashikata? Mis maletas no subirán solas al auto —se cruzó de brazos mientras recargaba la cadera en una de las puertas laterales de su auto deportivo.

Bien, tal vez seguía siendo arrogante, grosero y... Bueno, es que se trataba de Rohan.

—Sí, sí, sí —respondió con pereza, luego de bostezar.

Antes de comenzar a acomodar el equipaje en el vehículo, se desperezó y tomó a Rohan por la cintura, en un abrazo necesitado y cariñoso, intentando transmitirle lo solitaria que sería su ausencia.

—¿Cuánto tiempo será esta vez?

En el pasado, seguro que Rohan le hubiese dicho que se dejara de joterías, que era molesto o que le incomodaba tenerlo así de cerca. Es decir, aún se lo decía cuando Josuke quería fastidiarlo para matar el tiempo.

—Veintisiete días.

—Que sean veintitrés.

—Me rehúso. Éstas serán mis vacaciones de ti, así que gozaré hasta el último segundo.

Con esas últimas palabras, Rohan se deshizo del agarre sobre su cuerpo y subió al asiento del copiloto. Sin importar los años, el tacto de Josuke le hacía estremecer en cada ocasión, y también lograba captar todos los sentimientos que esos roces transmitían. Desconocía el momento exacto en el que se había vuelto de esa manera, sin embargo, le resultaba conveniente, mas no en esos instantes; si se quedaba un momento más en los brazos de Josuke, entonces sí que le sería difícil partir. Cómo lo odiaba. Le hacía dudar entre su mayor pasatiempo, viajar, y lo que le daba luz a sus días, Higashikata. Jamás creyó ser capaz de concebir tan ridículo pensamiento.

En ese momento, Josuke abrió la puerta y se adentró en el coche. Extendió la palma de la mano y Rohan le pasó las llaves.

En el pasado, no habría dejado que Josuke pusiera un solo dedo encima de su preciado deportivo, mas ahora era, incluso, su chofer personal. Cabe mencionar que Rohan no lo usaba con ese fin, sino que cedió ante las insistencias de Josuke por llevarlo de paseo y con el tiempo se acostumbró a esa comodidad. Morioh era una ciudad pequeña, así que no había necesidad de que cada quien tuviera su propio auto. En muchas ocasiones se planteó regalarle uno por su cumpleaños; sin embargo, Josuke no tenía un interés particular en esas cosas, así que terminaba por descartar la idea.

—¿A dónde será esta vez? —añadió Josuke, buscando hacer plática, una vez arrancó.

—Noruega.

—Oh, ese es nuevo.

—Así es. Dicen que cerca de los fiordos se encuentran leyendas por desentrañar, y el panteón escandinavo me resulta intrigante. Además, quiero aprovechar para capturar el paisaje.

Josuke sonrió sin apartar los ojos de la carretera. Pese a que Rohan se mostraba serio la mayor parte del tiempo, le gustaba el rostro que hacía cuando se emocionaba con algo. Le habría encantado verlo en lugar de tener que prestar atención al camino.

Rohan, quien tenía posados sus ojos sobre el cristal de la ventana, giró su mirada hacia Josuke. Era media noche, así que no podía ver nada interesante, salvo el alumbrado público. Después, se dedicó a analizar las facciones del muchacho. Prácticamente ya era un adulto; no obstante, a él le seguía pareciendo aquel chico irrespetuoso y osado que alborotaba sus días, aunque no podía negar que sus facciones se habían vuelto más masculinas, y su cuerpo más fornido. Era guapo, apuesto, incluso desprendía una galantería salvaje cuando no llevaba ese peinado ridículo que tanto le gustaba desde que era adolescente. Sí, era un hombre digno del cine o de cualquier buena fantasía, y allí estaba, atado a un mangaka. Había que resaltar que Rohan no era un mangaka cualquiera, era el mangaka y nadie le llegaría a los talones mientras siguiera con vida. Algunas veces había llegado a interiorizar el porqué Josuke estaría con alguien como él. Es decir, Rohan sabía de antemano que cada persona sobre la faz de la Tierra ansiaba que le pasaran cosas bellas en la vida, pero él no podía caminar por cada rincón del mundo y, aún así, ¿qué sería lo que le veía Josuke para haber luchado tanto por él? Su relación no era muy convencional, tampoco era tóxica; tenían sus momentos agradables, sus días buenos y el sexo siempre era increíble, también tenían sus días malos y sus discusiones, como cualquier otra pareja.

Hubo silencios, también hablaron durante el trayecto al aeropuerto y cuando llegaron allí, Josuke fue por las maletas sin que se lo ordenaran. Sabía que era incorrecto, mas Rohan no podía evitar pensar, en ocasiones, que tenía un perrito entrenado como novio.

—Una cosa más —dijo Josuke, llamando la atención de Rohan, y en cuanto éste volteó, no dudó en abalanzarse sobre sus labios, haciéndole saber con deseo y con hambre, lo mucho que lo iba a extrañar.

—¿Qué crees que estás...? Hm... ¡Josuke! —Rohan intentó apartarlo, alguien podría verlos.

Dado que se encontraban en un estacionamiento subterráneo y no había mucho movimiento a esas horas, pues muchos llegaban por el exterior en taxi, era poco probable que dieran un espectáculo. Entonces, Josuke abrió la puerta trasera del auto y empujó a Rohan dentro; el acto fue el de alguien que mete a un delincuente a una patrulla, con la diferencia de que Rohan había quedado acostado sobre los asientos.

—¡Higashikata Josuke!

Al nombrado le sobraba decir que su pareja se encontraba de mal humor, ya que sólo así usaba su nombre completo.

—Sabes muy bien que nadie vendrá por aquí. No te pongas difícil.

Un tenue rubor se hizo presente en las mejillas de Rohan, todo por culpa de esos ojos azules tan profundos que le miraban con un brillo de lujuria e intensidad. Lo único que atinó a hacer fue a hablar con un tono un tanto amenazador.

—Más vale que tengas en cuenta el tiempo. Jamás te perdonaré si me haces perder el vuelo —ya se visualizaba a sí mismo utilizando a Heaven's Door para que la revisión de su equipaje fuera inmediata por culpa de ese calenturiento. Aunque no podía recriminarlo del todo. Lo dejaría casi un mes en abstinencia, sin mencionar que llevaban cerca de tres semanas sin tener relaciones, puesto que Rohan había tenido una racha de inspiración que le incitó a dibujar como un poseso. También era por eso que se quería relajar investigando en otro país.

Un suspiro placentero escapó de sus labios al sentir cómo Josuke le realizaba una felación sin dilatarlo a la par. ¿Acaso no tenía la intención de tener algo rápido antes de marcharse? ¿No estaría buscando contenerse hasta que volviese, o sí?

Tras finalizar la impaciente sesión de sexo oral, todo volvió a la normalidad. Josuke le hizo compañía a Rohan en lo que era llamado para tomar el vuelo; sabía de antemano lo mucho que amaba salir de viaje. Los primeros años en los que vivieron juntos había sido duro mantener a raya la intranquilidad que le carcomía por dentro, lo cual se traducía en una tonelada de spam en mensajes que Rohan recibía en el extranjero, esto no hizo más que incrementar con el Internet y las redes sociales.

En varias ocasiones Rohan apagó su celular, para abandonarlo en su respectivo hotel. No obstante, con el tiempo Josuke se limitó a preguntar cada día cómo le estaba yendo; incluso cuando llegaba a olvidar enviar un texto debido a un día pesado en el trabajo, Rohan decidía contarle algo o tan sólo mandarle fotos. En algún punto, la distancia dejó de volverse un problema y esos momentos pasaron a ser solo otra experiencia en su vida como pareja. Ahora esperaban con ansia el mensaje del otro.

Lo mejor era el retorno a Japón. Aunque Josuke casi no podía ocultar la emoción (era un terrible mentiroso, en experiencia y descripción de Rohan), el mangaka se aprovechaba de eso para hacer suspirar al otro y obtener varios tipos de mimos en el proceso. Josuke terminó malcriando a Rohan... más. Ya se había vuelto casi un ritual, era el tener sexo de forma ruda y desenfrenada cuando se volvían a encontrar. Josuke acumulaba toda esa necesidad, todo ese deseo, ese asfixiante anhelo por tener a su amante de vuelta, tanto que su autocontrol simplemente se iba al carajo y terminaba por devorarlo apenas lo viese; en un hotel, en el auto en una zona alejada de la carretera, en su hogar, el lugar dependía de lo rápido que Rohan le hiciera perder la cabeza y de donde éste le diera permiso de hacerlo, claro está.

Tantos años juntos y no dejaban de tener primeras veces, eso era tanto una maldición como una bendición. En esta ocasión, por ejemplo, ocurrió algo en verdad inaudito: Rohan no recibió ningún mensaje. Al inicio no le pareció extraño, pues se hallaba fascinado en Noruega, después, tuvo la oportunidad de conocer otros países nórdicos; sin embargo, cuando revisó su celular con casi veinte días en los que Josuke no había siquiera leído sus mensajes, un asqueroso sentimiento parecido a la ansiedad comenzó a arruinar su experiencia vacacional. Josuke no podía tener roto el celular, lo repararía con Crazy Diamond; tampoco podría haberlo extraviado (bueno, sí, ya había ocurrido antes), le habría enviado un mensaje por Twitter de ser así y no podía ser falta de wifi, pues los mensajes entraban, pero nunca eran leídos.

«¿Qué diablos estás pensando, Higashikata?» ¿Acaso sería una nueva artimaña para hacerse desear? De ser así, se las iba a pagar apenas sus ojos se volvieran a encontrar; aunque, ¿y si algo le había ocurrido a Josuke?

Já.

Sí, claro.

El niño cazaba asesinos seriales de joven, y yakuzas ahora que era parte de un grupo de élite dentro de la policía. ¡Como si algo pudiera ocurrirle!

De ese modo, dejó el celular a un lado y se concentró en lo que había ido a hacer.

Poco tiempo faltó para que tomara un avión de regreso al país del Sol Naciente y una vez allí, comenzó a llamar a Josuke para que lo recogiera, no obstante, no obtuvo respuesta y dejó de marcar después del vigésimo quinto intento. Por primera vez en varios años, se vió obligado a tomar el transporte público para llegar a Morioh, en donde tuvo que caminar hasta llegar a su hogar. Otro hecho extraño era que no había nadie allí para recibirlo. Habría intuido que Josuke se encontraba trabajando, aunque era su día de descanso, había marcado todos los del mes en el calendario.

A esas alturas no tuvo más remedio que mandar un mensaje a Koichi.

Kishibe Rohan

¡Oi! ¿Bajo qué piedra se metió Higashikata?

Hirose Koichi

Oh, hola Rohan. Pues, verás...

Kishibe Rohan

No lo cubras.

Hirose Koichi

Está en el hospital central de Morioh.

Kishibe Rohan

...

Hirose Koichi

Tuvo un percance en el trabajo.

Ignorando las señales que le mandaba su cuerpo para que repusiera energía, dejó todo en casa, menos su fiel libreta de sketches, que siempre cargaba a todas partes. Tomó las llaves del auto y se dirigió al hospital. Llegó directo a la recepción y preguntó por el dueño de su segundo salario.

Como era de esperarse, en cuanto subió a la habitación que le habían indicado, y tras entrar sin siquiera tocar, se topó con la madre de Josuke, quien se hallaba en una silla justo a un lado de la camilla.

Sus ojos no daban crédito a lo que veían, por lo que tardó en reaccionar.

—Buenas tardes. Siento la intromisión. No creí que hubiera visitas.

—No se preocupe, Rohan-sensei.

Dentro de esas cuatro paredes había una sección atiborrada de regalos y cerca de ahí había otro asiento, así que se acercó para descansar. En las aburridas tarjetas de "Recupérate pronto" había varios nombres que no había escuchado en su vida y le fue fácil suponer que se trataban de los ciudadanos a los que Josuke había ayudado en su día a día. Él era prácticamente el guardián de Morioh y como oficial era muy querido en la ciudad. Para que tanta gente se hubiese enterado de la situación, seguro que había una transmisión de televisión o radio implicada.

«Maldición».

Ansiaba interrogar a la señora Tomoko, aunque aunado a las pocas veces que habían cruzado palabras, no tenía oportunidad. Sería una pérdida de tiempo.

Sin nada mejor que hacer, acomodó su libreta sobre las piernas y comenzó a dibujar. Josuke estaba dormido o sedado, a saber; tenía un catéter intravenoso con dos tipos de sustancias conectadas, sin olvidar el repetitivo y agudo sonido del monitor cardiaco.

Por fuera podía parecer estoico, pero la realidad era que tenía el corazón en la garganta latiendo con preocupación. Ni siquiera podía utilizar Heaven's Door en su pareja por la presencia de aquella mujer... ¡Podía usarlo en ella! Total, se encontraban los dos solos en ese momento.

En un movimiento rápido descubrió que Josuke había estado en un campo de prácticas por casi dos semanas, pues había un importante operativo que ejecutar. Un resumen y el desenlace fue transmitido por televisión, y pese a que no podían hablar de los detalles, por razones obvias, se mostró que dos de los cuerpos del operativo habían resultado afectados de gravedad. Ya se había confirmado que uno de ellos había fallecido en el trayecto al hospital y el otro era Josuke, quien había terminado con el pie derecho fracturado, dos heridas de bala en el brazo izquierdo y una tercera que había lesionado la arteria pulmonar. Fue un milagro que no falleciera desangrado.

Luego de revisar el diagnóstico que el médico a cargo había explicado, dejó a Tomoko en su lugar y Rohan regresó a terminar su dibujo, como si nada. La única diferencia, quizá, era que se encontraba más pálido a lo habitual. Pensar que estuvo a punto de perder a Josuke era... ¡Mierda, era frustrante! Sin mencionar que, en caso de haber ocurrido, habría sido el último en enterarse, ya que no tenía ningún vínculo legal que validara el tipo de relación que tenían. Así que no contaba como familiar ni como pareja. Los únicos que sabían de su noviazgo eran Okuyasu y Koichi (también Yukako), por obviedad no podía plantarse allí y decir: «he sido el amante de su hijo los últimos doce años, así que deme los detalles». Aunque, a decir verdad, sí podía llegar y decir eso sin pena alguna, sin embargo, de las pocas, escasas y casi nulas promesas que le había hecho a Josuke, estaba el no revelarle nada de lo suyo a su madre hasta que se sintiera listo para hacerlo. Era irónico que un hombre tan valiente también pudiera ser un gran cobarde.

El médico entró en la habitación, acompañado de una enfermera. Le explicó a la mujer que los estudios realizados esa misma mañana eran para corroborar que Josuke se encontrara por completo fuera de peligro, y por esta razón procederían a retirarle el sedante, que era lo que su acompañante hacía en esos momentos.

Nadie pudo verlo o siquiera deducirlo, mas oír eso alivió a Rohan a sobremanera y una vez que esas personas se retiraron, tuvo que iniciar otro dibujo.

A los pocos minutos aparecieron Koichi y Okuyasu. Rohan saludó al primero con un gesto de cabeza mientras que Okuyasu se le acercaba de manera sospechosa. Luego de analizar lo que estaba dibujando, procedió a tomar al mangaka del cuello de la ropa y azotarlo contra la pared. Estaba de sobra decir que las cosas de Rohan terminaron en el suelo.

—¿Qué tan enfermo puedes estar?

La señora Higashikata y Koichi se sobresaltaron.

—O-Oye, Okuyasu...

—¡No intentes detenerme, Koichi! ¡¿Es que no ves lo que este tipo está dibujando?!

Por inercia, los ojos de los presentes se dirigieron a la libreta en el piso, y era más que notorio que lo plasmado en el papel era Josuke postrado en la camilla.

—Esto no es un maldito espectáculo, Rohan, bastardo.

—Okuyasu, este no es lugar para iniciar una pelea —interrumpió Koichi, a la par en la que levantaba la libreta y la pluma de Rohan.

A regañadientes, Okuyasu soltó al mangaka y se sentó a los pies de la camilla, desde donde le dirigió una última mirada de desprecio, antes de saludar a la madre de Josuke y disculparse por su comportamiento tan agresivo.

Rohan recibió sus cosas por parte de Koichi, pero no dijo nada, tan sólo regresó a su lugar y apretó los puños con fuerza. Si había alguien dentro de esas cuatro paredes, que se estaba muriendo por ver a Josuke en ese estado, era el mismísimo Rohan Kishibe. Quizá no llegaba a la presión y preocupación que podría sentir la madre de Higashikata, aunque ninguno de ellos podía imaginar siquiera lo que sentía, mucho menos podía ponerlo de manifiesto.

Koichi sabía lo que Rohan sentía por Josuke y también era consciente de lo mucho que le costaba expresarlo. No conocía a fondo los detalles, a pesar de eso, se hacía una idea de lo preocupado que debía estar justo ahora. No tenía manera de hacérselo saber a Okuyasu, mucho menos cuando el chico sólo había llegado a observar y a escuchar de su mejor amigo lo mucho que suspiraba por el novio que tenía, mientras que de Rohan sólo percibía frialdad e indiferencia. ¿Cómo podría aprobar una relación así? Es decir, no se metía porque no era su vida, aunque claro que le afectaba, Josuke era prácticamente su hermano.

Las horas siguientes fueron insufribles para Rohan. Era quien más derecho tenía para estar en ese lugar y, también, el único que debía largarse para aliviar la incómoda tensión que se había generado. En fin, no iba a soportar ese tipo de humillación, así que sacaría a todos de allí haciendo uso de su Stand, leería los recuerdos de Josuke e intentaría corregir lo que pudiese. Sin embargo, mucho antes de siquiera colocar la pluma en su diestra, notó como uno de los dedos de su amante comenzaba a moverse. En pocos minutos, la fuente de preocupación de todos los presentes comenzó a abrir los ojos con lentitud.

—¡Josuke! —dijeron al unísono, casi subiéndose a la cama; todos salvo Rohan, quien aún se hallaba cerca de los obsequios.

Suspiró para sus adentros y se cruzó de brazos mientras se recargaba en la pared.

—Lamento haberlos preocupado —se disculpó, con la sonrisa bobalicona que le caracterizaba, luego de distinguir que se hallaba en un cuarto de hospital.

—Qué buen susto nos diste —dijo Okuyasu—, casi que me dolía visitar tu habitación para ver con lo que me iba a quedar —luego de eso, dejó escapar una carcajada rasposa.

—Desgraciado —intentó reír, aunque un gesto de incomodidad se dibujó en sus facciones al notar el dolor y el entumecimiento en general—. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

—Cuatro días —respondió Tomoko—, acaba de salir el doctor y dijo que todo estaba bien. Seguro que pronto te darán de alta.

—Eso espero —suspiró.

Algo en su interior no dejaba de removerse, como si tuviera algo importante que hacer.

«¡Rohan!»

Por impulso, tomó la muñeca que tenía más cerca, resultando ser la de Koichi.

—¡Rápido! ¿Qué día es hoy?

—Tres de Marzo —respondió Rohan desde su lugar, reservado y con los ojos cerrados. Debía evitar verlo a toda costa, por su propio beneficio.

Josuke palideció un poco y el ritmo que marcaba el monitor cardíaco se aceleró un poco.

Demonios. ¿Qué debía hacer ahora? Quizá debía hablar con él.

—Uhm, chicos, ¿podrían dejarme a solas con Rohan-sensei?

«¿Qué estás diciendo, idiota? Eso suena sospechoso». En ese momento Rohan se aclaró la garganta para decir que no hacía falta y retirarse, pero como siempre, la ocurrencia de Josuke era la más veloz en esa carrera de pretextos.

—A-Ah, no, a lo que me refiero —a Josuke no se le daba muy bien mentir, o cuando menos, Rohan se había vuelto un experto en descubrirlo—, es que tengo una experiencia importante que podría servirle para su manga. Es bastante gráfico, no me gustaría seguir preocupándolos.

Finalizó con una sonrisa bobalicona. Tomoko deseó agregar algo, no obstante, soltó un suspiro resignado mientras se levantaba del asiento, seguro que a su hijo le vendría bien desahogarse con alguien y si quería al renombrado mangaka, no le iba a negar la petición.

—Está bien. Sólo avisa si necesitas algo —le depositó un beso en la frente antes de dirigirse hacia la puerta.

Okuyasu salió a regañadientes. El único que parecía entender la situación era Koichi, quien asintió al pasar cerca del mangaka.

En cuanto la puerta de la habitación fue cerrada, pocos segundos transcurrieron hasta que la mirada de Josuke se encontrara con los increíbles ojos verdes de Rohan. La expresión solemne, quizá un poco inquieta, que éste ostentaba lo había obligado a soltar un gruñido de inquietud; no sabía lo que tenía en la cabeza.

—Hey —tartamudeó, levantando un poco la mano.

En el proceso, Rohan se acercó a la camilla.

—Nada de "hey".

Se sentó sobre las sábanas y con las manos tomó las mejillas contrarias, apretándolas en un intento de regaño, mas no al punto de ser brusco.

—Ahórrate las explicaciones, Higashikata.

Al finalizar, soltó su agarre y sobraba decir que se hallaba molesto. Sin embargo, antes de que Josuke pudiera replicar algo, Rohan utilizó Heaven's Door y se puso a leer en su pecho acerca de los últimos acontecimientos.

—Un segundo, Rohan. No...

—¿No me digas que estabas mintiendo?

—¿Uh?

—Le dijiste a tu madre que me ibas a contar lo que ocurrió, como referencia para mi manga. ¿Vas a faltar a tu palabra ahora?

Josuke no pudo responder. Tanto él como Rohan sabían que eso había sido una mentira para que los dejaran a solas; no obstante, ahora que estaban juntos ansiaba sentir el tacto de su amante, sus labios, notar cómo su aroma llenaba cada rincón de sus pulmones. No esperaba ser reprendido, tampoco que hurgaran en sus memorias. De alguna forma, sabía que dejarse hacer era un precio justo a pagar, después de haber ocultado tanto.

Entre tanto, Rohan se tomó la molestia de retroceder un poco antes del incidente. De manera deliberada, repasó con la mirada seria las inseguridades de su amante; la decisión de no importunar sus vacaciones y la forma diaria en la que intentaba resistir el impulso de contactarse. Tenía la idea de su añoranza, aunque jamás había invadido tanto una fracción de sus pensamientos. Terminó por leer la parte del operativo con sumo cuidado, después de todo, en verdad lo necesitaba para su manga, y se detuvo poco después de la parte en que ese osado cabeza hueca abría los ojos, tan sólo para centrarse en la figura de quien tantos suspiros le robaba.

Apenas dejó de usar su habilidad, Rohan soltó un pesado suspiro, sobándose el puente de la nariz con una mano.

—¿Qué rayos voy a hacer contigo? Siempre actúas sin pensar.

Eso le había traído momentos gratos, sin duda, y angustias también.

Entonces, Josuke, un poco fastidiado por los reclamos y que leyera sus recientes días sin pedirle permiso, giró el rostro en un acto un poco grosero y antes de ser capaz de espetar algo, sintió los labios de Rohan sobre los propios.

Se quedó atónito varios segundos. Rohan no era la clase de persona que iniciaba un beso, de hecho, en los doce años que llevaban viviendo juntos, podía contar con los dedos de una mano las veces en las que ese pedazo de excéntrico le había robado el aliento sin previo aviso.

Justo ahora, sentía que podía llorar de felicidad. En una retrospectiva abismal hacia el pasado, pudo recordar aquellos momentos en los que estar con Rohan era incómodo y molesto, pero… Cielos, ahora no podía vivir sin él. Necesitaba sentirlo, besarlo, tenerlo, marcarlo. Había aguantado lo mejor que pudo para tener unas cuantas noches de sexo desenfrenado en cuanto su amante volviera a Japón y en esos momentos inclusive reír era doloroso gracias a las heridas de bala, sus extremidades inmóviles le impedirían aún más la tarea. Lo único que podía hacer era disfrutar de esa boca, esos labios, intentando demostrar, con un acto tan pasional, tan deseoso, tan suyo, lo mucho que lo había añorado.

Rohan podía parecer frívolo de sentimientos, quizás un poco amargado y apático, aunque había aprendido a besar increíble; Josuke al inicio intentó convencerse de que era su imaginación, sin embargo, percibía todo aquello que Rohan jamás le decía con palabras, en cada beso que recibía y en la manera en la que era tocado.

Rohan pasó las manos del rostro de Josuke hacia el cuello y el pecho de forma paulatina, con cuidado. Sus besos, desesperados, pasaron a ser tiernos y necesitados a la vez.

Había tanto que quería decirle. «Eres un idiota», «¿Tienes una idea de la falta que me harías?», «Te soñaba estando en Noruega. ¡Eres una completa pesadilla!», «Como hubieses muerto, habría terminado por suicidarme para hacerte la vida imposible en el más allá». Por ridículo que pareciera, creía que era capaz de transmitir todo eso y más en cada roce, en cada vez en la que su lengua se entrelazaba con la ajena, asimismo ahogaba suspiros mientras uno que otro sonido húmedo prevalecía en la habitación.

Al cabo de un par de minutos, en los que Rohan comenzó a desconcentrarse por culpa del insistente sonido del monitor cardiaco, se separaron, intentando recomponerse.

—¿Significa que estoy perdonado por no haberte recogido del aeropuerto en esta ocasión? —preguntó Josuke con aquella sonrisa que volvía sus facciones más radiantes y que tantas veces había sido dibujada por un habilidoso mangaka.

—Significa que tienes que tranquilizarte para callar esa cosa —señaló la pantalla de la que provenía el sonido y que marcaba unos acelerados latidos de corazón—, o creerán que intento matarte de un infarto.

Como el niño grande que era, Josuke elaboró un extraño mohín a manera de disgusto. Él esperaba una respuesta un poco más romántica.

Rohan comenzó a recoger sus cosas.

—Tu familia y amigos te cuidarán bien.

—¿A-Ah? ¿Ya te vas?

—Tengo trabajo que hacer.

Acto seguido, dio media vuelta y habló de nuevo antes de ponerse en marcha.

—Llámame en cuanto te den de alta. Pasaré por ti.

Al escuchar eso, los ojos de Josuke se iluminaron.

—Con eso quedamos a mano por todo lo que leí justo ahora.

Dicho eso, fue hacia la puerta de la habitación, no obstante, antes de siquiera girar la manija de la puerta, fue detenido por una voz.

—Rohan...

Apretó el metal que sostenía su mano. Sabía que si giraba la mirada, estaría a merced del mocoso, y de esos ojos tan claros y azules que le parecían irresistibles por toda la calma y la confianza que otorgaban.

—Aprecio que estés aquí —se sonrojó, aún sabiendo que el otro no lo veía.

Rohan soltó un bufido a modo de risa.

—Lo sé, también me sorprende —agregó.

Rohan maldijo a Josuke, muy para sus adentros, por tener esa voz tan profunda y encantadora que la edad se había encargado de madurar; esa voz que lo derretía y lo ponía débil; pero ya había tomado una decisión y no cedería con facilidad.

Acto seguido, salió de la habitación y se despidió de quienes esperaban afuera con una suave reverencia. Su auto deportivo se hallaba en el estacionamiento y sólo sus mullidos asientos de piel podían brindarle algo de paz y una vez sobre éstos, no pudo hacer más que pensar en lo que Josuke necesitaría en cuanto le dieran de alta, por lo que aprovecharía para hacer algunas compras.


Pasaron un par de semanas, en las que las heridas de bala tuvieron un proceso de cicatrización natural, aunque harían falta cuidados y reposo durante otros siete días para que cerraran por completo.

En cuanto Josuke fue dado de alta, llamó a Rohan apenas tuvo el celular entre las manos. Estaba nervioso y emocionado a la vez, parecía una ridícula adolescente a punto de escapar con su novio. Lo que cambió su ánimo y le asustó a sobremanera, fue ver a Rohan entrar ni dos minutos después.

A falta de inspiración y de haber terminado algunos capítulos de su manga en tiempo record, Rohan había pasado cada día por el hospital, incluso se mantenía en las cercanías por cualquier cosa. Claro, no es algo que comentaría mientras estuviera con vida. El lado positivo es que eso le permitió regresar a su casa con su delincuente lisiado, evitando toparse con el resto de la familia y los amigos.

Ayudar a Josuke a bajar del auto y subir a la habitación fue todo un show. A Rohan le parecía divertido y, en ocasiones, bastante cómodo, hacer que Josuke lo cargara cuando se encontraba exhausto o había tenido un día de mierda; sin embargo, ahora maldecía lo pesado que era servir de muleta humana a su amante. Había comprado unas muletas de metal, pero mientras las heridas de bala no hubieran cerrado por completo, no le dejaría cargar su propio peso para arriesgar a que se abrieran de nuevo.

Luego de arrojar al otro a la cama, soltó un suspiro pesado y dejó caer el cuerpo a un lado.

—Fue un lindo detalle.

—Lo sé. Ahora no me pidas nada en tu cumpleaños.

Josuke se acomodó en la cama. No sentía tan severas las heridas en su brazo y ya no lo tenía inmovilizado, aunque tener la pierna deshabilitada no era algo fácil con lo cual lidiar. Era incómodo y había permanecido tanto tiempo en cama, que poco se le antojaba regresar a otra. Lo bueno es que ya le permitían hacer abdominales.

—Iré a comprar algo para la comida —habló Rohan.

—Oh, está bien.

—¿Quieres que traiga algo en especial?

Josuke moría por decirle que ansiaba otro de esos besos como el que le dio en el hospital, pero se limitó a negar con la cabeza. Sabía que Rohan lo mandaría al demonio si le comentaba algo así, mejor se los robaría más tarde.

—De regreso te daré un baño —señaló con el dedo—, así que puedes ir preparando cientos de agradecimientos en esa cabeza tuya para cuando vuelva.

Josuke rió de manera nerviosa. En cierto sentido se sentía como una mascota.

—No es broma, Josuke.

—Bien, bien, veré qué se me ocurre —respondió mientras se rascaba una mejilla con un dedo y desviaba la mirada.

A esas alturas ya estaba acostumbrado a las muestras de afecto poco convencionales de Rohan, así que no le sorprendió que saliera del cuarto sin siquiera dar una última mirada.

Por supuesto que le gustaría que fuera más romántico con él, o que compartiera momentos especiales y elaborados como las parejas normales suelen hacer; de alguna forma, había aprendido a disfrutar de los detalles que Rohan tenía para con él, como el hecho de haberlo recogido del hospital o que se encargara de la cena; además, lo del hospital fue… Vaya, eso le había dado fuerzas para soportar la espera.

¿Cómo es que ese mangaka tan excéntrico no dejaba de gustarle con cada día que pasaba? Incluso se emocionaba con cada nueva muestra de afecto que Rohan buscaba demostrar, de maneras poco ortodoxas, pero valoraba el intento.

Luego de eso tomó su móvil para matar el tiempo, había descargado uno que otro jueguito que lo ayudaba a mantener la cordura en momentos de espera, además de ver las imágenes que había recibido de Noruega.

Luego de un buen rato, vio a Rohan entrar al cuarto de baño, salir, buscar ropa y llevarla adentro de nuevo.

—Ven aquí.

Obedientemente, Josuke se sentó al borde de la cama y su amante le ayudó a levantarse. Tras algunos movimientos costosos, lograron llegar a la ducha, donde Josuke no pudo evitar apenarse al ser despojado de sus ropas.

—O-Oye, no tienes que ha…

—Escúchame bien, Higashikata —dejó de lado la labor de desnudar a su casi marido para encararlo—, te he visto desnudo más veces de las que quisiera recordar y, sí, eres demasiado pesado, así que resígnate y coopera.

A Josuke le costó trabajo soltar una respuesta afirmativa. Por un lado, creía que decirle a Rohan que podía hacer sus cosas solo, para no molestarlo y no quitarle tiempo, sería un gran alivio para éste; sin embargo, se hallaba pasmado de que quisiera apoyarlo.

Tras ser desvestido, vio a Rohan deshacerse sus prendas, quedando sólo en interiores.

—También deberías quitártelos —hizo el comentario mientras tiraba un poco del elástico.

—Me rehúso —acompañó aquellas palabras de un ligero golpecito a la mano de Josuke, para que la retirara—. Pervertido.

Sonrió cuando Rohan le quitó las vendas con cuidado; después, le ayudó a sentarse antes de colocar un protector elástico sobre la férula, para evitar que entrara humedad. Quizá no estaría tan mal dejarse mimar así.

Cuando el agua caliente le humedeció el cabello, un súbito pensamiento se hizo presente. Sabía que Rohan estaba preocupado, muy a su modo, pero lo estaba. ¿Qué hubiese ocurrido de perder la vida en aquel incidente? ¿Cómo dejaría eso a Rohan? ¿En verdad le dolería? ¿O sentiría un peso menos encima? En el momento de proteger a sus compañeros y a varios rehenes encontrados, no lo había pensado demasiado: su trabajo era egoísta con su vida íntima. Todo el sacrificio que le había costado llegar a la posición que tenía, además del esfuerzo antinatural de conquistar a Rohan habría sido en vano si moría, por no mencionar lo afectados que dejaría a sus amigos y familia.

—Lo siento… —pronunció en un susurro apenas audible.

Rohan le aplicó el shampoo con suaves movimientos sin decir nada, y luego se limitó a enjuagar su cabello. No tuvo que ver el rostro ajeno para saber el porqué dijo aquello y tampoco hubo réplica alguna. Si algo había aprendido todos esos años viviendo juntos, era que Josuke era muy sensible, bastante molesto en ocasiones pero de buen corazón; era él quien ponía sus sentimientos en palabras, el más propenso a pedir disculpas para finalizar una estúpida pelea, el que se avergonzaba como si todavía tuviera quince. Rohan podía parecer rencoroso e indiferente a comparación, sí, lo era, aunque eso no justificaba todo el daño emocional que podía causar a su pareja. Sin embargo, conocía una sola cosa que podía transmitir para que Josuke no emanara tanto dolor y pena.

Primero tomó el jabón y la esponja, y lavó cada rincón del cuerpo contrario; repasó cada cicatriz y herida con sumo cuidado antes de dejar que el agua se llevara toda la espuma. Acto seguido, se arrodilló frente a Josuke, entre sus piernas, y acercó su rostro hacia quien tantas noches lo había dejado en vela sin siquiera saberlo. Colocó las manos sobre las piernas contrarias y no tardó en besar sus labios de una forma lenta y cariñosa. Josuke tardó algunos segundos a causa del proceso de salir de sus pensamientos, antes de corresponder.

Lo que ocurrió había quedado en el pasado. Colocó una mano sobre la base del cuello del otro y a paso lento, fue entreabriendo sus labios para permitir un contacto más profundo.

Ignorando las molestias de su brazo izquierdo, logró rodear la espalda de Rohan para sentir su suavidad, su calidez, y fue hasta ese momento que descubrió lo mucho que necesitaba saber que aún había un corazón latiendo por él. Se sintió como un completo imbécil por no razonarlo antes; si algo llegase a ocurrirle, era claro que Rohan lo iba a sentir y le iba a pesar. Sabía de antemano que el mangaka no solía demostrar sus sentimientos del mismo modo que él, ni con una intensidad semejante, aunque claro que los tenía, prueba de ello era cada pequeño detalle que tenía con él: lo invitaba a salir a varios lugares, cuando cumplieron cinco años de estar juntos, de hecho, se lo llevó a Londres; le preparaba el almuerzo y la comida, no siempre, sin embargo, se esforzaba por ello; también le acomodaba la ropa y le colocaba la corbata antes de salir pese a que Rohan dijera que debía escoger entre eso o una correa. Josuke era consciente de que había algo escondiéndose detrás de ese gesto. Y el sexo, bueno, ese era un tema que tenía muchos puntos a desarrollar, no obstante, alguien tan arrogante y ególatra como Rohan no dejaría que cualquiera le diera por detrás sólo porque sí, eso estaba más claro que el agua.

En cuanto ambos se separaron para regularizar sus respiraciones, Rohan parecía no haber tenido suficiente, pues se dirigió al cuello de Josuke, el cual besó y lamió despacio, a sabiendas de que era una zona muy sensible para su amante.

Josuke se limitó a reposar las manos sobre la cintura ajena. No podía decir que no a algo como eso, así que cerró los ojos para deleitarse con la sensación.

—O-Oye… Rohan —su respiración se hizo pausada y profunda—, no creo que debamos seguir con esto, porque…

Tuvo que morderse el labio inferior en cuanto sintió la mano de Rohan atender la semierección que se había formado entre sus ingles.

—Justo ahora no creo poder… contigo… —ahogó un suspiro profundo—. No me he recuperado del todo y….

—Oh, vamos, Josuke —interrumpió Rohan—. Hay varias formas de atender esto. Ponte creativo.

Un suave gruñido resonó como respuesta. ¿Acaso Rohan planeaba montarlo o algo así? Porque su imaginación le decía que esa era la opción más probable.

—Además, no creo que sea prudente tener sexo todavía —agregó.

—¿Todavía?

—No necesitamos a dos lisiados en esta casa. Contigo ya es suficiente.

Josuke dejó escapar una suave risa.

De inmediato, Rohan, decidido y desafiante, tomó el mentón de su amante con una mano y lo obligó a verlo a los ojos.

—Más te vale que sanes rápido porque no voy a soportar que un patán como tú me deje en abstinencia por varios meses, ¿comprendes?

Justo ahora, ya no sabía si Rohan estaba molesto o sólo era una amenaza que no debía olvidar. En cierto sentido le alegraba y le hacía gracia verlo casi tan o más necesitado que él mismo. No era como si tener relaciones sexuales fuese algo vital entre ellos, pero sí comenzaban a hacer falta.

—Sí, sí —con esa respuesta echó la cabeza hacia atrás para librarse del agarre.

Entonces tomó la mano de Rohan y le depositó un beso en el dorso, antes de atraer un poco al contrario con un suave tirón, para plantarle un par de besos en la mejilla.

—En cuanto me recupere —le susurró al oído con una voz lujuriosa—, te lo haré tanto y tan fuerte, que no querrás verme días enteros.

Rohan se sonrojó de forma súbita y violenta, recordando ciertas ocasiones en las que Josuke tenía tanto vigor y energía acumulada, que terminaban teniendo entre cuatro y seis rondas seguidas. Gracias a alguna deidad que se apiadaba de su suerte eso no sucedía tan seguido, aunque cuando ocurría, carajo, en verdad que lo último que quería era ver a la razón de sus moretones, mordidas y dolores de cuerpo rondando cerca suyo. Pese a mantenerse físicamente activo, su vida era sedentaria a comparación de la de Josuke y tener ese tipo de actividad de repente era como participar en todas las categorías de las Olimpiadas en sólo un día. ¡Claro que le dolería hasta el culo al día siguiente!

—Serás… —dijo entre dientes, antes de aprovechar la posición para dejarle la dentadura bien marcada sobre un hombro.

Josuke cerró un ojo y se quejó por el daño. Eso era un indicativo de que Rohan no pensaba quedarse quieto.

—Ese es el espíritu —agregó con rastros de dolor en la voz.

Su cuerpo se estremeció en cuanto sintió a Rohan retomar el masaje que le daba a su pene. ¿Acaso se estaba vengando? Después vio a su amante sentarse en el suelo para acercar el rostro a su entrepierna.

—Rohan —dijo, luego de sentir el aliento contrario chocar contra su miembro.

—Esto no se volverá a repetir, ¿me oyes? —advirtió, intentando ocultar la pena.

Josuke asintió, manteniéndose atento a cada movimiento. Su pecho comenzó a subir y bajar con profundidad cuando sintió la humedad y calidez de la lengua ajena recorrer toda la extensión de su virilidad.

Era más o menos habitual que la boca de Josuke se hundiera entre las piernas de Rohan, aunque era la primera vez que eso sucedía a la inversa y, demonios, en el hospital jamás imaginó sentirse tan afortunado de tener una pierna rota hasta esos momentos.

Josuke comenzó a respirar por la boca, sin agitarse tanto como cuando llevaba rato penetrando a su pareja; luego, llevó una mano a los cabellos ajenos, recogiéndolos hacia atrás para divisar con total claridad cómo cerraba los labios en torno a su glande, lamiendo la punta y masajeando el tronco con las manos.

Desconocía si tenía hasta las orejas pintadas de carmín, aunque sentía un calor descomunal recorrer de manera violenta su cuerpo.

Se tomó su tiempo, hasta que Rohan decidió que era momento de meterlo todo en la boca. Podía parecer poco, pero para alguien que no tenía por costumbre separar la mandíbula por lapsos prolongados, aquella acción comenzaba a cansar la unión de la mandíbula. Aún así, quiso seguir adelante y los ojos se le tornaron vidriosos cuando sintió el pene llegando a la garganta. Empujó la cabeza otro poco, luego tuvo que echarse hacia atrás y repetir.

Conocía la técnica para llevar a cabo esa acción, no obstante, ponerla en práctica estaba siendo más difícil de lo que imaginó. Además, Josuke la tenía grande, que agradeciera el hecho de que podía cubrir la mitad.

—Mierda, Rohan... —un susurro cargado de placer se hizo presente—. Se siente increíble. Eres increíble.

No lo decía por animarlo, bueno, en parte sí, porque cada tanto sentía los dientes de su amante rozando su miembro. No era algo muy cómodo, sin embargo, podía tomarle gusto si se lo proponía. Aparte, no quería preguntar o arruinar el momento; parecía que Rohan se estaba esforzando para hacerlo bien.

Debido a la posición no podía hacer gran cosa por estimular a su pareja también, así que le tomó una muñeca y no dudó llevarse un par de sus dedos a la boca, humedeciéndolos de forma erótica, como diciendo a Rohan que también quería chupársela.

No lo iba a admitir; todo lo que Josuke realizaba le hizo más sencillo continuar con la faena. Maldita sea, incluso en situaciones así se preocupaba por él. Cómo quería al condenado.

Ayudándose de sus manos, Rohan desistió en meter por completo el pene de Josuke a su boca, de momento se quedaría hasta la mitad. En otra ocasión… tal vez pueda intentarlo de nuevo.

Llevó una mano al abdomen de Josuke, produciéndole a éste un suave cosquilleo, y levantó la mirada para toparse a ese muchacho conteniendo una hemorragia nasal de lo excitado que estaba. Había pasado en otras ocasiones y el flujo de sangre no era abundante ni preocupante, mas a Rohan le avergonzaba o le hacía gracia, dependiendo de la situación, que eso ocurriera.

Por la respiración de su pareja y lo ruborizado que se encontraba, se animó a aumentar la velocidad con la que subía y bajaba por su falo, esperando que se viniera pronto.

Tras unos minutos, Josuke no pudo soportarlo más. Llevó una mano a la frente y otra al hombro de Rohan para apartarlo con algo de fuerza, aunque sin llegar a parecer brusco. Fue justo en el momento en el que dejó de sentir el calor de la boca opuesta sobre su miembro que eyaculó. Casi se le cae la mandíbula al suelo al guardar la imagen que le brindaba el rostro de Rohan cubierto de semen, quien había cerrado un ojo, pues el fluido blanquecino salpicó desde una de sus cejas hasta la mejilla, todo en vertical, además de parte de la barbilla y el cuello.

—Ro-Ro… han… Yo, ah, esto… No quise…

—¿No pudiste avisar?

Lucía molesto, aún así Josuke no logró evadir el pensamiento de que lucía demasiado erótico de esa forma.

—Lo siento.

—¡Nada de "lo siento"! Quítame esto de la cara.

—¡S-Sí!

De manera un poco torpe, Josuke hizo uso de Crazy Diamond para que le pasara la regadera extensible. Abrió el agua caliente y algo de la fría para regular la temperatura, y dejó al agua tocar el cuello de Rohan antes de hablar.

—¿Así está bien?

—Un poco más fría.

Atendió a sus indicaciones.

—Así está bien.

Rohan cerró su único ojo abierto y dejó que Josuke le lavara el rostro y parte del cuerpo.

Lo siguiente fue proseguir con la rutina. Rohan se encargó de secar el cuerpo y el cabello de su amante, además de ayudarlo a vestir antes de llevarlo a la cama. Josuke no regresó a ésta de buena gana, se quedó de pie un rato y tomó a Rohan de la cintura, la cual acarició un poco mientras le depositaba besos en las mejillas y el cuello.

—Si crees que voy a tomar esto como pago (o agradecimiento), estás muy equivocado —añadió Rohan, algo incómodo por todo el contacto físico que habían tenido en el día, pero sintiéndose incapaz de hacerlo a un lado.

—Prometo que te lo compensaré —respondió Josuke, más alegre que de costumbre, pues su novio le estaba dando muchas libertades.

Al finalizar, juntó su frente con la de Rohan y sonrió.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó, con el semblante imperturbable de costumbre.

—Va a ser toda una experiencia, ¿no crees?

—Dilo por ti, para mí va a ser una pesadilla.

Luego de eso, Rohan tuvo que regresar a Josuke a la cama casi por la fuerza, también fue todo un logro lo que tuvo que luchar para zafarse de su único brazo sano y huir a la cocina.

Sonrió para sus adentros mientras revisaba una de las recetas con salmón que aprendió en el extranjero. Al desviar ligeramente la mirada, se centró en la pequeña piedra de zafiro que adornaba el anillo en su mano. Desde que su delincuente por excelencia se lo había regalado, no se lo había sacado de encima. Aunque no lo quisiera aceptar, el color tan intenso de la gema le recordaba mucho a los ojos en los que había perdido por completo el alma.

En fin, así como el dibujo era su vida, también amaba viajar y por supuesto que adoraba a Josuke.

En cierto sentido, era un alivio volver a su anhelada rutina de pesadilla.


Creo que se me ha notado un poco my hype con el Josuhan, hehe. x'D

Por si las dudas, pronto también estaré subiendo JotaKak y MisGio [inserte corazón aquí]. Así que no duden en followearme/suscribirse si quieren enterarse de cuando subiré esas historias. ;D Aunque igual voy a seguir subiendo Josuhan. \o/

También apreciaría mucho saber qué os ha parecido este oneshot. :D