¡Hola!

Aquí traigo otro fic para la #sakuatsuweek, esta vez participa con el Tier 1 - Día 7: Home.

Este fic va a ser una compilación de historias. Realmente no hay una trama sino cosas que se me vayan ocurriendo de los Black Jackals, y puede que tampoco sigan un orden cronológico. Sí obedecerán a algunas premisas de base que se mantendrán en todas, y si alguna no lo hace, lo avisaré.

El tema parejas, pues serán variadas, y dependerán de lo que se me vaya ocurriendo. El tema predominante será la comedia-romance pero puede que haya también algo más serio.

Disclaimer: Haikyuu! pertenece a Haruichi Furudate y yo no gano nada con esto.

COSAS DE BLACK JACKALS

Prólogo: Un nuevo hogar.

Aún puede recordar a la perfección aquel maldito día como si fuese ayer, pues lo lamenta cada mañana en que se levanta.

No lo conocía mucho, pero sí lo suficiente como para saber qué esperar de él. Habían coincidido en varias ocasiones tanto en campamentos como en torneos, habiéndose llegado a enfrentar incluso y sabía que el Inarizaki era un buen equipo. Se había dedicado a analizar su modo de juego, por lo que ya había averiguado qué tipo de jugador era. Y, por lo general, eso se podía extrapolar a cómo era como persona.

No necesitó mucho para determinar que Atsumu Miya era un tipo descarado, arrogan7: te y molesto, cualidades que lo convertían en un jugador astuto y engañoso. No por nada eran conocidos como el equipo de los zorros, quedándole el símil como anillo al dedo.

Así que, cuando un día recibió la llamada de Atsumu, trató de ponerse a la defensiva, sabiendo que ser persuasivo era una de sus armas. Y a todo esto, ¿quién demonios le había dado su teléfono?

Estaba claro que la cosa no pintaba bien, después de que no tardó más de un día en pasar de llamarlo Sakusa-san a Omi-kun.

Omi-kun.

Ni su madre se tomaba esas confianzas. ¡Ni Wakatoshi-kun!

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-¿Sabes qué, Omi-kun? Es de ser muy mala persona no ayudar a un compañero en apuros -le dice asaltándolo al salir del entrenamiento.

Sin duda ha estado acechando el momento en el que abordarle con la guardia baja. Pero claro, nadie se espera que alguien le salte de la nada como si estuvieran jugando al escondite. Se lleva tal susto y da tal respingo que para cuando quiere saber qué le está preguntando, ya es demasiado tarde.

Se fija en la bolsa de deporte que lleva al hombro mientras caminan juntos hacia la parada del autobús. Por un instante siente envidia de todos los demás jugadores que se van tranquilos a sus casas y vuelve a preguntarse por qué le ha tenido que tocar a él.

No es simpático, ni divertido, incluso duda mucho haber sido siquiera amable, y si lo ha sido, desde luego ha sido por educación, no porque tenga interés en caerle bien. De hecho, no tiene ninguno. Si hace memoria de las veces que han coincidido, siempre ha habido alguien a quien ha tomado como objeto de sus provocaciones. Y es algo tan sencillo como la ley de la supervivencia el elegir la víctima más vulnerable.

Sakusa frunce el ceño al observar al resto de los jugadores dispersarse una vez llegados al aparcamiento, haciéndole a Miya un gesto con la mano a modo de despedida cuando se los cruza por última vez. Miya sigue contándole algo, y trata de darle lástima alegando que esa bolsa que lleva son las únicas pertenencias que ha traído consigo a Tokio. Enfatiza su relato sacando un cepillo de dientes, que a Sakusa le da repelús imaginar que ha estado rodando por el interior de la bolsa sin ningún tipo de protección y que luego irá a su boca.

Así que de eso se trata…, piensa.

Él es el elemento vulnerable.

En realidad no le sorprende. No es que se considere así, sino que a menudo el que es diferente es quien acapara la atención y está claro que, por la razón que sea, él ha sido el que ha captado la de Atsumu. Y puede que no sea vulnerable en el sentido de débil, pero raro lo es un rato. De eso es completamente consciente.

Ya de pequeño, cuando iba con su madre y la gente le preguntaba para cuándo irían a por un hermanito o hermanita, la mujer se encogía de hombros con pesar y contestaba "con este ya tengo suficiente". Y es ahora de adulto cuando comprende el suspiro que soltaba su mamá al apretarle la mano con fuerza y pasar de largo lo más rápido posible antes de que se empezaran a meter con su manera de educarlo, y que al niño se le quitaban todas las tonterías con un par de guantazos bien dados.

Puede que fuera cierto, pero a sus padres nunca se les pasó por la cabeza probar ese método, que sonaba igual de poco convincente que los campamentos para niños gordos o la terapia para curar la homosexualidad. Así pues, ahora tiene que ir con Miya al lado en el autobús, hablando sin parar y ocupando el asiento contiguo, haciéndole tener que pegarse contra el cristal para mantener una distancia prudencial. Aunque no sabe qué es peor, si Miya o el cristal de un transporte público.

Tal vez no fuera mala idea sacarse el carnet de conducir.

Kiyoomi no tiene ni idea de donde vive Atsumu, pero éste va con él y cuando se baja en su misma parada cree entenderlo por fin, aunque a la vez le parece demasiado descarado para ser verdad.

Todavía está esperando que se despida al pasar el último cruce que lleva a su casa, pero no lo hace. Lo acompaña hasta el portal, y espera con su sonrisa zorruna aguantando la puerta un escalón más abajo. De pronto parece una de esas citas con besos apresurados bajo el umbral, y no quiere pensar que la sonrisa de Atsumu se deba a que está pensando precisamente eso.

-No es necesario que me metas en la cama y me arropes -le dice, mordaz.

La sonrisa se intensifica, las cejas se alzan y el brazo sigue aguantando la puerta cuando se acerca un poco más.

-Ay, Omi-kun, ¿me vas a dejar tirado?

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Esa noche tiene la oportunidad de enterarse de todo lo que no se enteró durante el trayecto en autobús ni en los días que lleva acudiendo al gimnasio. Él lo único que quiere es poder cerrar los ojos y dormir, pues si no descansar lo suficiente afecta a la salud, una cosa es pillar algo a pesar de todas las precauciones y otra es actuar negligentemente sin dormir lo necesario.

Sólo que él sí quiere dormir, es Atsumu quien no le deja tratando de convencerlo y, bueno, tampoco es que dormir con un casi desconocido le tranquilice mucho. Sólo tiene que alargar la mano un poco para poder tocarlo, y si él puede, el otro también podría hacerlo mientras duerme.

Sus padres habían estado muy contentos de que por fin su hijo llevara a casa a un amigo diferente a Komori y se deshicieron en prepararle la mejor cena. También en favorecerle al ser el primero en usar el baño y dormir en la cama de Sakusa, relegando a su propio dueño al futón de invitados.

Aunque quizás de haber sabido lo que se traía entre manos y que sólo llevaría la traición camuflada en sonrisas, no habrían sido tan amables.

La cuestión es que a mitad de la madrugada, Sakusa tiene casi claro que mudarse a un apartamento más cerca del gimnasio le ahorraría un montón de tiempo además de dinero. Y bueno, lo cierto es que tiene razón.

Sakusa no soportaba la aglomeración que suponía el metro en general y mucho menos en hora punta y era por eso que en su lugar prefería tomar el autobús. Aunque eso le llevara a perder casi tres horas en total al día tan solo en desplazamientos, puesto que su casa y el gimnasio se encontraban en distritos opuestos de Tokio.

Miya se había incorporado al equipo hacía unas cuantas semanas. Según él, se había ido a Tokio prácticamente con lo puesto y había estado calentando sofás de unos y otros durante ese tiempo hasta encontrar un sitio donde quedarse.

Del mismo modo en que realmente se había salido con la suya metiéndose en su casa, cenando gratis y llevándose toda la ropa limpia después de pasar la noche (porque lo de dormir era un decir) en su cama, Sakusa se vio embaucado a ayudarle a buscar piso.

Y lo que era peor: a compartirlo con él.

-Piénsalo, Omi-kun, podríamos ir caminando al trabajo y dedicar todo ese gasto de tiempo inútil en otras cosas. En las afueras hay menos contaminación, el alquiler es más barato y por fin podrías llevarte a chicas a casa -explica desperezándose y crujiéndole toda la espalda, que debe tener como un acordeón por dormir donde se le presenta.

Sakusa se le queda mirándolo con gesto ofendido. El que ese argumento fuera de lo primero que se le había ocurrido dice mucho de él. Haría falta mucho más que la facilidad para tener citas para sacarlo de su hábitat aséptico y confiable.

No niega que el resto de cosas fueran puntos a favor, siendo sincero. Sin embargo, no es fácil dejar atrás la comodidad y la seguridad de su hogar para compartir piso con alguien que lleva el cepillo de dientes rodando por la misma bolsa donde lleva la ropa sucia de una semana.

-Como si eso me preocupara -comenta con una falsa suficiencia que el otro capta al instante y se lo hace saber con una sonrisa socarrona.

-Oh, vale, vale, Romeo-kun -ironiza a modo de broma, que sólo hace que Sakusa frunza más el ceño-. Con Osamu tenía un código secreto que utilizábamos para no ser interrumpidos si alguno de los dos estaba con alguien.

Sakusa frunce aún más el ceño.

¿Significaba eso que Atsumu había estado con otras personas?

Es absolutamente surrealista estar hablando de esos temas cuando ni siquiera debería estar planteándose la posibilidad de mudarse con él. Y más surrealista aún creer que con veintidos años nunca hubiera salido con alguien.

¿Cuántas personas habrían sido?

Tampoco debería estar preguntándose eso. Pero internamente lo estaba haciendo también.

Hacía falta mucho más que un piso donde poder tener citas o una limpieza impecable. Pero definitivamente, Sakusa había subestimado el poder de persuasión del zorro de Inarizaki.


N/A: Soy consciente de que tiene cosas en común con otros fics míos que estoy subiendo de estos personajes, y tantos de golpe puede parecer repetitivo.

Una de las premisas de base que comentaba será que Atsumu y Sakusa comparten piso, por eso he querido que sea el prólogo.

Como siempre, comentarios, votos/kudos lo que sea, son bienvenidos.

Espero que os haya gustado y a ver cuando traigo el siguiente ;-)

Besitos

Ak