¿Somos las personas verdaderamente iguales en este mundo?

El fresco viento de inicios de primavera arremolina los pétalos de las flores de cerezo frente a la parada donde espero el bus. Son las 8:15 de la mañana del 1 de abril, el sol ya ha salido aunque aún no ha calentado el aire.

Estoy solo en esta parada de bus en las afueras de Tokio, esperando el circular 11 que me llevará hacia una nueva vida en la preparatoria especial de alto nivel, Koudou Ikusei.

El motivo por el que huí de la Sala Blanca, hace ya medio año, fue precisamente ese: iniciar una nueva etapa en esa escuela. Con la ayuda de Matsuo, quien fuera mi mayordomo durante mis días en la Sala Blanca y cómplice en esta huída, pude escapar de allí hace ya 6 meses.

Durante este tiempo tuve que subsistir por mi cuenta en una pequeña casa en las afueras de Tokio. Debido a la enorme influencia de la Sala Blanca en el bajo mundo japonés, este escape tuvo que ser cuidadosamente planificado. La casa donde residí pertenece a un tercero: un conocido de un amigo de Matsuo que desconoce que estuve viviendo en ella durante meses. A pesar de que Matsuo la acondicionó con comida para varios meses y conexión a internet, ya que él no podía arriesgarse a venir a traerme cosas después de la huída; tuve que cultivar vegetales en el jardín trasero que pudieron saciar mi hambre durante estos últimos meses de encierro.

Una persona ordinaria podría definir este estilo de vida como solitario: levantarse por la mañana, hacer una rutina de ejercicios, leer libros por internet y por la tarde cultivar y trabajar el campo. Sin embargo, yo no tengo esa noción; la soledad es normal para mí, un individuo criado y educado en la Sala Blanca.

Las instalaciones y cuidados de ese lugar tienen como único propósito formar individuos con gran conocimiento y versados en la mayor gama de ramas de conocimiento posible, logrando obtener un dominio profundo sobre ellas. Muchas organizaciones del bajo mundo están interesadas en los beneficios que pueda llegar a obtener para Japón una generación repleta de este tipo de individuos. Beneficios de tipo económico y mayor influencia en el panorama de relaciones internacionales.

Debido al gran interés de los inversores, el aislamiento al que me he visto sometido desde pequeño ha sido hermético: nunca llegué a establecer un vínculo afectivo con alguien; ese tipo de cosas solo las he podido conocer a través de los libros y por el estudio de la psicología.

Mientras contemplo los cerezos que hay al otro lado de la carretera, pienso con excitación acerca de mi futura vida en la preparatoria. Al fin podré experimentar lo que son los amigos y las relaciones interpersonales; también podré experimentar la libertad en un grado mayor al de estos 6 meses de aislamiento.

Quiero saber.

Mi curiosidad y deseo de saber, según los estándares normales, podrían considerarse enfermizos. Me siento bien aprendiendo. Quiero experimentar de primera mano lo que son las relaciones. Tal vez esa curiosidad sea el motivo por el que soy el único sujeto de pruebas exitoso en toda la historia de la Sala Blanca. Todos los otros participantes que empezaron en mi generación se acabaron rompiendo y tuvieron que salir del programa. Es por eso que mi huída debe haber causado un gran revuelo, y mi padre; quien dirige la Sala Blanca, debe estar en mi busca. El único lugar al que puedo ir y donde él no puede acceder es la preparatoria nacional Koudou Ikusei, una escuela de élite administrada directamente por el estado. El contacto con el exterior en esa escuela es muy restringido.

"Ahh" dejo soltar un suspiro mientras me estiro. El aire huele a primavera, es decir, huele a las sustancias que suelen segregar los árboles durante esta época. No puedo evitar pensar que este es un gran inicio para mis días como estudiante de preparatoria, se siente como estar en un manga.

El autobús finalmente llega a mi parada. Me subo y procedo a pagar al busero con una moneda de 100 yenes.

El bus está bastante vacío, solo hay algunos hombres y mujeres de mediana edad, no hay ningún estudiante.

Esta es la primera vez que voy en un bus y quiero experimentarlo al máximo, así que me siento detrás junto a una ventana, donde puedo ver casi todo el interior, puedo ver el exterior y la vibración de las ruedas traseras se nota más.

El bus arranca y el paisaje, casi rural, de las afueras de Tokyo se desliza ante mis ojos. Mientras contemplo el exterior, una pregunta a la que le llevo tiempo dando vueltas vuelve a aparecer en mi mente.

¿Somos las personas verdaderamente iguales?

En esta sociedad, las personas se llenan la boca hablando de la igualdad, pero ese solo es un concepto artificial creado con la llegada de la civilización.

"Todas las personas somos iguales ante la ley", es el slogan de este tipo de ideología. Sin embargo, ¿de dónde surgió esta idea?

Las personas se incomodan al darse cuenta de las diferencias en habilidad y utilidad entre ellas y para resguardarse de eso, se escudan en el concepto de igualdad instaurado por la moral pública establecida.

Viéndolo de esta forma, la igualdad es solo un convenio, no una realidad de por sí.

Por otro lado, me pregunto ¿qué es lo que hace a un humano mejor que otro?

Si se mira desde el punto de vista de la supervivencia, los más habilidosos podrían considerarse mejores que otros. Sin embargo, ¿podría eso realmente convertirme en una persona destacable? ¿Es posible medir la calidad de alguien únicamente con esos parámetros?

Al fin y al cabo, las personas nos calificamos unas a otras, los estándares son relativos.

Me pregunto si alguien en este mundo conoce las respuestas a estas preguntas.

Mientras mi mente le daba vueltas inútilmente a estos pensamientos, el bus llegó a la siguiente parada.

Sorprendentemente, una chica que llevaba la misma chaqueta roja de mi preparatoria se subió al autobús. Pasó su tarjeta de bus por el lector digital y se puso de pie en la zona del medio del autobús. Posteriormente se puso unos audífonos azules y se puso a escuchar música mientras miraba por la ventana.

Es sorprendente, no pensé que alguien que viviese cerca de mi zona resultase ser una de las estudiantes de mi futura escuela. Además, este es uno de los muchos buses que hacen una parada delante de la escuela. La probabilidad de que algún alumno de mi escuela se subiese en la parada próxima a la mía era remota, pero sucedió.

Me pregunto qué más cosas interesantes me aguardan este día.

El bus continuó su recorrido por la periferia durante media hora más antes de meterse en el interior de la ciudad. A cada vez más alumnos de mi escuela se subieron al bus y también más adultos, llenando por completo los asientos.

Eran ya pasadas las 9 am cuando una anciana con bastón entró en el autobús. A juzgar por la forma en la que cojeó hasta la barra de sujeción, sus piernas deben ser débiles. Aún así, se puso de pie sin quejarse ya que nadie le había ofrecido su asiento. Incluso los asientos prioritarios estaban ocupados.

Una de las estudiantes que subió al bus hace 10 minutos y que tiene el cabello corto de color castaño, además de una figura bien proporcionada, reacciona poco después.

Se pone a hablar con la señora, parece que le está sugiriendo algo. La anciana niega con la cabeza y sonríe a la estudiante mientras le responde algunas palabras, ininteligibles para mí por la distancia y su bajo volumen.

Aunque parece que la anciana rechazó lo que la joven le propuso, la estudiante igualmente se encara con un alumno de pelo rubio que está ocupando uno de los asientos prioritarios.

"Hola, disculpa, estás sentado en un asiento prioritario, ¿te importaría ceder tu asiento a esta señora?"

La chica habló con un tono amigable y respetuoso, a pesar de que estaba instando a ese alumno a abandonar su asiento.

El estudiante, que estaba sentado con las piernas y brazos cruzados, tardó unos segundos en responder mientras miraba de arriba a abajo a su increpadora y a la anciana.

"Vaya, pretty girl. Ciertamente, este es un asiento prioritario. Sin embargo, no hay ninguna ley que impida que me siente aquí. Sé que soy joven y fuerte, pero estar de pie consume más energía que estar sentado. Que pretendas que haga eso voluntariamente es una tontería. ¿Por qué debería ceder mi asiento?"

El estudiante respondió con una voz grave y tono era arrogante.

Se me ocurrió que tal vez tuvo alguna mala experiencia en algún otro bus y por eso reaccionó así. Eso, o realmente yo no entiendo bien a las personas del exterior de la Sala Blanca.

La joven de pelo castaño que había increpado a ese estudiante parece retractarse un poco después de escuchar las palabras del joven y no sabe bien qué responderle.

Sin embargo, en ese momento la estudiante de cascos azules que subió en la parada siguiente a la mía se movió desde donde estaba, acercándose a ellos.

"Deberías ceder tu asiento porque esta señora tiene problemas para permanecer de pie. Estarías haciendo algo bueno por la sociedad. ¿Necesitas otra razón aparte de esa?"

Esta nueva participante en la conversación, alta y de largo cabello rubio, habla de forma educada pero contundente, expresando con seguridad lo que piensa.

"No tengo ningún interés en contribuir a la sociedad, de todas formas ¿por qué me lo pides a mí y no a alguien más? La diferencia entre este asiento y el resto de asientos se me hace trivial."

Parece que las dos chicas no pueden convencer al estudiante, pero aún así, la estudiante de pelo rubio no abandona en su empeño.

"¿Hay alguien dispuesto a ceder su asiento a esta señora?"

Las personas dentro del bus habían estado siguiendo la conversación de forma atenta hasta ahora, pero ahora que la estudiante se refirió directamente a ellos, todos apartaron la mirada.

Nadie se ofreció voluntario, todo el mundo fingía mirar por la ventana... salvo yo y otro hombre más que había subido en la parada anterior junto con la señora mayor.

`Esto es malo´ pensé al observarlo con atención. Esa persona se encuentra justo detrás de la joven que hizo la pregunta y está buscando a alguien con la mirada, aunque con disimulo.

La persona a la que busca soy yo.

Parece que mi padre consideró la posibilidad de que me fuese a unir a esta escuela y mandó mercenarios del bajo mundo a buscarme. Como este es uno de los buses que pasa directamente por la escuela, es natural que si sospechaba que iba a entrar en esa escuela mandaría a alguien a buscarme en los buses que hacen una parada delante de esa preparatoria.

Reconozco a este mercenario debido a la educación que recibí sobre estos temas en la Sala Blanca.

Se llama Iwao Sato, es un ex-agente de policía japonés que pasó años en prisión por matar a un sospechoso en su primer día de trabajo, aunque luego salió de prisión y ahora se dedica a trabajar en este mundo, donde solo los poderosos le contratan para este tipo de trabajos secretos.

Afortunadamente, como me siento en la parte de atrás del bus todavía no se ha fijado en mí, aunque es cuestión de tiempo que me descubra porque de una forma u otra, al final me descubrirá.

Es mejor que eso pase ahora que después al llegar. No quiero montar un escándalo ni que dé la voz de alarma y además este bus está repleto de personas, no puedo hacer nada drástico si quiero poder ingresar en la escuela.

Además, no conozco la situación que me espera delante, puede que haya más mercenarios esperándome al llegar. No consideré la posibilidad de que me descubrieran tan rápido. Esto significa que, de alguna forma, han accedido a los documentos que muestran que seré un alumno de esa preparatoria, aunque todavía desconozco como lo hicieron ya que se supone que son documentos de nivel de secreto nacional y muy pocas personas tienen acceso a ellos.

Sin embargo, ahora no es el momento de pensar cómo me han descubierto.

Concluyo que tengo que salir del bus cuanto antes y encontrar alguna forma de entrar en la escuela sin causar un alboroto.

Bien, he decidido lo que voy a hacer.

"Yo le cedo mi asiento." digo mientras me levanto.

La atención de la gente se centra en mí e Iwao finalmente me descubre y sonríe mientras me mira juguetonamente.

"Oh, muchas gracias" me dice radiantemente la chica rubia con cascos azules, agradeciendo mi gesto como si le hubiese dejado mi asiento a ella misma.

Me sonríe alegremente en su ignorancia, inconsciente de que justo detrás de ella hay un asesino profesional.

Mientras que la señora va hasta mi asiento, la estudiante de cascos azules me hace señas amistosas para que vaya a hablar con ella.

Iwao también me mira fijamente, como si estuviese disfrutando mi propio problema. Mientras me acerco, él saca disimuladamente un cuchillo y lo deja apuntando hacia el costado de la estudiante rubia, aunque ella ni nadie en el bus se da cuenta.

El mensaje es claro: sigue lo que yo te indique o causaré un incidente y no podrás acceder a la escuela.

El rehén en este caso no es útil porque me importe personalmente, sino porque si alguien llega a asesinar o herir a una estudiante en el bus, el caos hará que no pueda acceder a la escuela mientras que los mercenarios de mi padre se organizarán para capturarme. Todos ellos deben haber sido avisados por mi padre de que no me pueden vencer en combate ellos solos, pero si se pueden reorganizar y venir todos como un grupo, es muy posible que yo acabe perdiendo.

Sin embargo, ese plan tiene un punto débil que puedo aprovechar y volverlo a mi favor.

No ha tomado a todo el bus como rehén, solo a una estudiante, eso significa que si consigo sacarme a mí y a esa estudiante del bus y dejar a Iwao dentro, carecerá de sentido que use como rehenes al resto de personas en el bus, ya que solo se estaría buscando problemas para él mismo porque yo no estaré en el bus.

En resumen, en cuanto baje de este bus estas personas perderán su valor como rehenes. La clave aquí es sacar conmigo a la alumna que está siendo utilizada como rehén en estos momentos.

Me detengo justo delante de ella mientras ella sigue mirándome feliz.

Es extraño, he visto a gente observándome antes con deleite por mis habilidades, sin embargo esas miradas han sido distintas a esta, nunca me han mirado con este tipo de mirada. No es una mirada intensa, es más...amable y cálida.

"Me ha parecido genial lo que has hecho. Me alegro de que los dos seamos estudiantes de la misma preparatoria."

"No fue nada." le resto importancia. Realmente lo he hecho obligado por la situación, de no ser así no me habría involucrado en algo que me pueda hacer destacar.

Estoy pendiente del tiempo que falta para llegar a la próxima parada, calculo que apenas faltan unos 25 segundos. La parada ya es visible desde las ventanas del autobús.

Iwao sigue apuntando a la estudiante con un cuchillo, no me ha indicado nada, así que supongo que no le interesa que bajemos en la próxima parada.

Me reafirmo en mi decisión, tengo que bajar en la siguiente parada y evitar que Iwao apuñale a la estudiante.

Me acerco aún más a ella, tanto que ya la puedo oler. Eso hace que Iwao me mire intensamente, una mirada de advertencia, de que no me acerque más.

"Me llamo Ichinose Honami, espero que nos toque en la misma clase…"

La chica sigue hablándome despreocupadamente a pesar de que me he acercado bastante a ella.

El bus finalmente llega a la parada y se abre la puerta del medio del autobús para dejar salir a varias personas.

"¿Cuál es tu nombre?" me pregunta Ichinose mientras la última persona está saliendo por la puerta.

Es ahora o nunca. Las puertas van a ser cerradas.

Rápido como el viento, finjo tropezarme hacia adelante y extiendo mi brazo hacia el codo de Iwao, golpeándole el nervio. Adolorido, suelta el cuchillo que sale volando por el aire.

Antes de que alguien lo vea, lo pillo al vuelo con la misma mano con la que golpeé el nervio de Iwao y agarro a la estudiante, que me mira muy sorprendida, con mi otra mano saltando hacia la puerta que tengo a mis espaldas y que ya se está cerrando.

Iwao se recupera y extiende su mano en un vano intento por detenerme.

La puerta del bus se cierra y el bus acelera mientras la gravedad hace su trabajo y yo y la estudiante llamada Ichinose, que lanza un grito de sorpresa, caemos al suelo.

Yo caí de espaldas sobre la dura acera y la joven cayó sobre mí.

Me está mirando desde arriba con una mezcla de incredulidad, enfado y desconcierto.

Considero que este es el mejor momento para responder a su pregunta, ya que después de esto tendremos que correr.

"Soy Ayanokouji Kiyotaka, es un placer conocerte."