Señora Hanako K.
Gracias por haber confiado en mi y en mi esposa para cuidar de Satoshi, se convirtió en un hijo para nosotros y siempre será de nuestro agrado cuidarlo.
Sin embargo, le escribo para decirle que en este momento necesita de su verdadera madre. Hay algunas cosas sobre él que debería tratarse cuanto antes. Yo le juré que no le diría nada, pero simplemente no pude esperar a encontrar un momento para decirlo.
Satoshi no ha estado bien estas semanas. Apenas come y duerme constantemente. Si soy sincero, apenas se ha levantado de la cama. Me da excusas de sus desveladas en el instituto y su constante dolor de cabeza, pero ambos sabemos que no le creo.
Usted sabe todo lo que pasó y confió en mi para ayudarlo, pero es como si hubiera construido un muro a su alrededor para evitar que eso suceda. No importaba lo que hiciera, él es callado y distante cuando empiezan sus ataques. Estoy seguro que no es nada fácil para él.
Pero Satoshi supo engañarme muy bien a pesar de eso. Me preocupa verlo tan alegre. Aunque ha sido todo sonrisas durante este tiempo conmigo, no estoy seguro de cuan reales son y cuánto tiempo durará.
No me siento capaz de enviarlo de regreso a casa ni al instituto, no hasta que me asegure de verlo sano.
No esperamos que tenga que lidiar sola con lo que está sucediendo. Le pagaremos los pasajes de ida y vuelta y la hospedaremos. Con mi esposa queremos a Satoshi, permítanos ayudarla mucho más de lo que ya estamos. No será ninguna molestia.
K. Naholi.
Kukui miró la carta que acababa de escribir, para luego desviarla al adolescente dormido a su lado. Después de horas vomitando, Satoshi terminó agotado y a penas pudo acostarse en su cama. Pikachu no podía dormir, movía las orejas ante cualquier ruido proveniente de su entrenador.
Hace no más de cuatro horas, el adolescente estaba sentado en el sofá mirando con interés la televisión, uno de sus programa favoritos. Pero el detalle que le llenó de curiosidad al hombre mayor fue la hora. Apenas daban las ocho cuando le oyó apagar el televisor y deseándole las buenas noches antes de irse a dormir.
ᅳYo a tu edad pensaba que a esta hora era demasiado temprano para irse a la cama.-le comentó amablemente, pero con un dejo de duda en el tono de su voz.
ᅳ Sí, creo que es algo temprano.-Satoshi respondió con una sonrisa de vergüenza.- Pero con mis tareas me desvelaba bastante y siento que todavía no recupero el sueño perdido.
ᅳPero estas de vacaciones ¿Quieres venir a ver una película o jugar un juego de mesa?
ᅳMe duele demasiado la cabeza. No quiero molestarlo.
ᅳVamos, chico, sólo hasta las nueve- hizo una pausa, un poco perplejo por las palabras de Satoshi, -¿Por qué me estarías molestando por jugar un juego al que te invité?
El chico frunció el ceño, sabiendo que no podía hallar más excusas para evitar la invitación. Se acercó al sofá y tomó asiento, luciendo mucho más tenso que antes.
Kukui le dedicó una cálida sonrisa y empezó a barajar unas cartas, Pikachu también se unió al juego, sentándose en el regazo de su entrenador.
ᅳ A pescar. Comenzaré
ᅳ Está bien. -Asintió, mientras empezaba a agitar su pierna derecha sin darse cuenta. Soltó un suspiro que no sabía que había estado aguantando. Por cada carta que soltaba, parecía que una parte del aliento se iba con ellas. Calor, comenzaba a hacer mucho calor.
ᅳYa es tu turno, ¿Por qué no tiras?
Sin saber qué parte de su frase desencadenó aquello, el chico se levantó con desesperación y corrió hacia el baño, inclinándose delante del retrete, regresando todo lo que consumió durante la cena. Escuchar la voz del dueño de casa llegando a su lado sólo provocó que siguiera devolviendo los alimentos. Quería mirarlo, quería disculparse por aquella escena tan asquerosa, pero la saliva abundante y el olor ácido y nauseabundo golpeando su rostro terminó por volver a sacudir su cuerpo para seguir vomitando. Las lagrimas por el esfuerzo no demoraron en aparecer, combinándose con el sudor que recorría toda su frente.
ᅳYa. Ya. -repitió el mayor con suavidad, acompañándolo con ligeros golpecitos en la espalda.-¿Qué te habrá hecho daño?
ᅳPo-Por eso que-ría dormir tem-temprano. -su respiración se detuvo y vomitó una vez más en el inodoro, dejando que una delgada línea de saliva colgara de su labio inferior durante varios segundos, escupiéndola con asco después.
ᅳ¿Pasó?
Satoshi respondió su afirmación con voz ronca, apoyándose en la pared por lo mareado que se sentía. Se enjuagó la boca tres veces y tomó el cepillo dental, rellenándolo exageradamente de pasta dental, y empezó a cepillarse con brusquedad, provocándose arcadas.
ᅳPor favor, Satoshi, no hagas eso. Cepíllate de forma correcta.
ᅳOdio este sabor.
ᅳTodos lo odiamos. -respondió con amabilidad- Ya pasó.
ᅳ¡Necesito que pase!
Supo que la situación no mejoraba cuando Satoshi se lavó el rostro repetidas veces, tallando sus ojos sin parar, como si picaran de manera infernal. Tampoco fue amable al secarse con la toalla.
ᅳ¿En Galar cómo te sientes?
ᅳ Igual, a veces me duele tanto la cabeza que tengo que pedirle ayuda a Lillie.
Kukui le dio unas palmaditas en la cabeza mientras conducía al chico a su habitación. Le indicó que se sentara a su lado, en la cama. Pikachu acercó una manta a su entrenador cuando Satoshi se sentó, abrazando sus rodillas contra su pecho, aún con una mueca de profundo odio hacia la nada.
ᅳTe traeré una infusión de hierbas. Acomódate bien para poder dormir.
Un espasmo recorrió su cuerpo al tomar el primer sorbo, regresando al baño. La situación se repetía hasta que, muriendo se agotamiento, Satoshi se quedó inmóvil en la cama, mirando al techo. El profesor tomó un paño y lo colocó en su frente, secando el sudor helado.
"Lillie, por favor, detente"
ᅳTengo frío.
Lo arropó con una frazada extra que sacó del armario de la habitación. Hacía calor, pero el chico no estaba en su temperatura corporal. Intentaba hacer contaco visual, que sus ojos le dijeran lo que su boca no era capaz, pero reuhía la mirada, quizás, hasta se hubiera escondido debajo de las sábanas si no lo respetara tanto.
ᅳ Satoshi, ¿cuánto tiempo ya está sucediendo esto?"
ᅳ No lo sé, ya ni me acuerdo. Creo que por eso estoy más delgado. -el tono de su voz demostraba amargura.
ᅳ¿Cada cuánto te da dolor de cabeza?
ᅳ Todo el tiempo.
ᅳ¿Estas tomando las pastillas?
ᅳSí, ¡ah!;algunos compañeros se dieron cuenta y empezaron a decir que me estoy drogando.
Kukui se animó cuando escuchó la risa del chico, era la primera risa del día que se oía sincera.
ᅳIgnóralos. No debes dejar el medicamento.
ᅳ Eso hago, en realidad me da risa. A Lillie y Gou les fastidia, pero no deberían tomárselo tan personal. Cuando regrese ya no creo que fastidien tanto con eso.
ᅳ Satoshi, creo que por tu bien no deberías regresar al instituto.
La tímida y sincera sugerencia despertó, cómo se esperaba, que el chico perdiera la calma.
ᅳ¡Tengo que regresar!
ᅳ¿Enfermo? Tu madre no dejará que-
ᅳ¡No le diga nada a mi mamá! ¡Júremelo! ¡Si evita que me vaya yo no...!
Satoshi se levantó de un salto, asustando al mayor. La amplitud de su mirada y sus manos temblorosas también contagiaron de angustia al que se suponía debía ser su soporte.
ᅳ Será peor. Hay tantas cosas que se acumulan y ya no sé qué hacer. Si me quedo quieto, siento que haré algo malo. Todo me está ahogando aunque Lillie trate de ayudarme, ¿no lo entiende? Estoy llegando a mi límite. Y no quiero que pase nada. De verdad, necesito que me ayude.
Llevó las manos a la cabeza y empezó a rascarla con violencia, estaba aterrado, y lo peor de todo aquello era que el motivo de su miedo no podía irse, aunque se encontrara a kilómetros de él.
ᅳ¡Ayúdeme!
ᅳ Satoshi. ¿Puedes decirme algo que puedas ver?
El adolescente llevó la mirada inyectada de miedo hacia la del hombre adulto. Ahí solo encontró cariño, y aunque ahora él sabía que estaba comportándose como un verdadero loco, el profesor solo lo miraba con cariño y serenidad, posicionando tres dedos en su vista.
ᅳ Tres dedos.
ᅳ Buen trabajo, amigo -sonrió cálidamente.- Ahora dime algo que puedes escuchar.
Satoshi bajó la vista al suelo de madera, concentrándose ᅳEl mar.
ᅳ Exacto. Ahora, ¿qué tal algo que puedas sentir?
Pikachu se acurrucó en su vientre, sobando sus mejillas contra su mandíbula.
ᅳPikachu. Es suave.
El pecho del chico todavía subía y bajaba con rapidez mientras respiraba, pero disminuía conforme iba mencionando cosas. El profesor abrió los brazos, recibiéndolo para fundirse en un abrazo delicado, frotando su espalda para que pudiera por fin calmarse.
Y miró el reloj. Las dos de la mañana. No se lo imaginaba durmiendo así para ir a clases.
Una vez que su respiración se equilibró, por fin Satoshi miró a Kukui con una sonrisa agotada.
ᅳAdemás, no puedo dejar a Gou con todo el trabajo. Me matará.
ᅳTe creo, chico. Pero si quieres volver, tendrás que dormirte ahora.
ᅳ Sólo si me jura que no le dirá nada a mi mamá.
La luz de la luna se filtró a través de la ventana y brilló en su cama. El profesor aceptó su petición con la mirada ida, pero a esas alturas él no esperaba nada más. Su cabeza se agitó con pensamientos perturbadores sobre el futuro, pero sabía una cosa con certeza.
Aquello había bebido su sangre y carcomía sus huesos cada día que pasaba, y él no lo impediría.
