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"Esta historia participa en el reto 103 del foro Alas Negras, Palabras Negras."

Emoción: Ira.

Advertencias: Mención explícita de violación y violencia. No les voy a mentir, una parte de mi también gritaba mientras escribía esto.


Más allá de las palabras

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Hay momentos que las palabras no pueden tocar, sufrimientos demasiado terribles para mencionar, donde es más fácil aprender a vivir con lo inimaginable que pensar en otra opción.

Oberyn ve rojo.

—Medio centenar de puñaladas. Medio centenar de apuñaladas a una bebé de tres años, ni siquiera…

Todo se distorsiona a su alrededor. No reconoce el rostro de Doran, no sabe en dónde está. Sólo puede pensar en el cuerpo de Elia, en sus sobrinos, en las capas rojas con las que los envolvieron.

—Violaron a Elia —dice en voz alta, porque no puede procesarlo, no puede ser verdad. Su voz suena extraña, no parece suya. Su hermano se tambalea y se agarra al banco, parece incapaz de mantenerse en pie—. Violaron a Elia. Le aplastaron la cabeza a Aegon contra la pared. Apuñalaron a Rhaenys. Violaron a Elia.

Violaron a Elia. Aplastaron su cráneo. La cabeza del bebé Aegon quedó irreconocible. Medio centenar de puñaladas a Rhaenys.

Elia.

Oberyn se inclina, aprieta los puños y grita. Grita como nunca lo ha hecho en su vida, como un recién nacido llegado al mundo, como un hombre que ha perdido la cabeza. Grita y aúlla y ruge de rabia, dolor, ira, y no sabe cómo respirar, no sabe cómo vivir con este conocimiento. ¿Habrá Elia suplicado en sus últimos momentos? ¿Se habrá puesto de rodillas ante sus atacantes, pidiendo piedad por sus hijos, por el pequeño Aegon que ni siquiera aprendió a hablar? Oberyn quiere saberlo todo, quiere saber hasta el más último detalle, aunque cada palabra le arranque un pedazo de vida, aunque su cordura se desvanezca con su hermana.

¿Habrá Elia aullado como él ahora, mientras la desgarraban y destrozaban por dentro, mientras la aplastaban y humillaban y mancillaban como a un animal? ¿Habrá Elia gritado por aquel hijo de perra de esposo suyo, por su madre, por alguien que la rescatase?

¿Habrá Elia gritado por él, su hermano menor, su protector y mejor amigo?

—Voy a matarlos.

No sabe cuanto tiempo ha estado así; su voz está ronca y le duele hablar, pero por fin ha encontrado un centro, el mundo deja de moverse a su alrededor. Se incorpora del piso, limpiándose la saliva de la barbilla, y se encuentra con Doran sentado en una silla de madera frente a él, con la cara roja, manchada de lágrimas. Hay un charco de vómito a la distancia, aunque no sabe quién fue. No le interesa; solo hay un pensamiento en su mente.

—Voy a matarlos a todos. Voy a matar a los Lannister, a sus súbditos, a los Baratheon, a todos. Voy a arrancarles la piel y sacarles los ojos y quemarles la lengua, van a suplicar por piedad como suplicó Elia, van a sufrir —su habla se torna irregular, difícilmente más que un balbuceo, ya no sabe qué está diciendo, pero Doran lo entiende. No tiene que decir más.

Todos van a sufrir como él, como Elia y sus hijos sufrieron. Van a sufrir.