Síntesis:
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Asunto: Mi jefe
¿Te he dicho ya hoy que odio a mi jefe? Aunque esté más bueno que el pan, estoy deseando verle la cara dentro de dos meses, cuando le diga que voy a presentar la dimisión y que puede besarme el culo. ¡Be-sar-me-el-cu-lo! Todas esas fantasías en las que él me besaba con esa boca irresistible o me hacía inclinarme sobre el escritorio han terminado. Ter-mi-na-do.
Tu mejor amiga.
Isabella
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Asunto: Re: Mi jefe
No, todavía no me habías dicho hoy que odias a tu jefe, pero como me has enviado este correo electrónico directamente a mí, ahora lo sé… No tienes que esperar dos meses para ver la expresión de mi cara cuando me digas que vas a dejar el empleo. Estoy al otro lado de la puerta de tu despacho en este mismo momento. No tengo ningún comentario que añadir sobre tus «fantasías», aunque dudo mucho que hayan terminado ya.
Tu jefe.
Edward.
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PRÓLOGO
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EL JEFE
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EDWARD
La última vez que mi rostro apareció en la primera plana de un periódico sensacionalista, el titular era, al menos, medio cierto. El que estaba leyendo en ese momento era más que descabellado, incluso para alguien con una reputación tan escandalosa y tan llena de sexo como la mía.
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«EL INSACIABLE DIRECTOR DE CULLEN PUBLISHING DEJA A UNA MUJER LLORANDO EN EL VESTÍBULO DE UN HOTEL DESPUÉS DE TENER SEXO CON ELLA DURANTE VARIAS HORAS EN UN BALCÓN».
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Hojeé las páginas de The National Enquirer, fijándome en detalles como «desde una fuente de confianza» mientras resistía el impulso de poner los ojos en blanco. Según la publicación, había mantenido relaciones sexuales con esa mujer en la suite del ático del susodicho hotel y después me había limitado a sacarla de allí para poder tirarme a otra persona. Y de acuerdo con la mujer que evidentemente había inventado la historia, las palabras exactas con las que me había despedido de ella habían sido: «Gracias por dejarme follarte el coño. Ahora tengo que follarme a otra. Puedes largarte ya».
No se mencionaba el hecho de que la misma mujer había sido condenada recientemente por mentir ante un gran jurado en un caso de robo, pero a los periódicos sensacionalistas no les interesaba la verdad. Solo querían vender ejemplares.
Logré leer todo el artículo sin reaccionar, pero no pude evitar reírme de la última línea:
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«AHORA CIRCULAN RUMORES DE QUE EL IRRESISTIBLE EJECUTIVO MANTIENE RELACIONES SEXUALES CON DOS MUJERES DIFERENTES AL DÍA. AL PARECER, SIGUE UNA AGENDA MUY RIGUROSA PARA SU VIDA SEXUAL».
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Negué con la cabeza.
«Es solo una mujer diferente al día…».
Lancé aquella mierda a la basura y recordé enviar un texto genérico a todas las mujeres con las que planeaba estar esta semana. Lisa, el martes; Mariah, el miércoles; Hannah, el jueves, y Tiffany, el viernes.
Edward: Espero verte esta semana.
Sus respuestas llegaron en una armoniosa cascada.
Lisa: Yo también espero verte. :)
Mariah: Estoy deseándolo para follarte de nuevo…
Hannah: Avísame si quieres adelantar la cita al día anterior. :)
Tiffany: Cuando tú quieras. :)
Como todavía me quedaban unos minutos libres hasta la reunión de las seis, dejé una caja llena de manuscritos que tenían posibilidad de convertirse en best-sellers encima de mi escritorio. Hice dos cafeteras y preparé los nuevos dosieres. Luego esperé con impaciencia a que llegara mi asistente ejecutiva.
Hacía ya mucho tiempo que había renunciado a que llegara temprano cuando debía reunirse conmigo para cualquier cosa porque siempre aparecía cinco minutos tarde. Vivía literalmente al otro lado de la calle, y nunca dejaban de sorprenderme sus interminables excusas de por qué no podía llegar a tiempo.
A las seis y diez decidí concederle el beneficio de la duda. A las seis y cuarto, me pregunté si sería cierto lo que había pensado antes sobre que era la asistente más incompetente que había tenido nunca, y a las seis y veinte me rendí y la llamé.
—¿Sí, señor Cullen? —Respondió al primer timbrazo.
—¿Has olvidado que hoy debíamos elegir los manuscritos para publicar en invierno? —pregunté—. Ya sabes que me gusta hacer las cosas con tiempo.
—¡Es cierto! ¡Lo siento mucho! Me he entretenido con unos informes, pero voy ahora mismo.
Colgó, y en cuestión de segundos entró a mi oficina con otra caja de manuscritos, que puso sobre mi escritorio antes de sentarse enfrente de mí.
—Espere. —Levantó la mano—. Antes de empezar, ¿puedo preguntarle algo personal?
—No.
—¿Y si es algo importante?
—No puede ser importante si es algo «personal», porque no tiene derecho a saber nada sobre mi vida personal.
—¿Es realmente tan insaciable como dicen todos los periódicos de cotilleos? —Arqueó una ceja—. ¿Cuándo encuentra tiempo, por ejemplo, para acostarse con tantas mujeres si siempre está aquí trabajando?
«Juraría que le he dicho que no…».
Le lancé una mirada de indiferencia.
—Merezco saber para qué tipo de hombre estoy trabajando —dijo, cruzándose de brazos—. En especial si dicho hombre quiere que mantenga en secreto lo mucho que trabaja…
—¿Me estás chantajeando?
—No. —Sonrió—. Solo quiero saber si su vida sexual es tan intensa como dice la prensa. De hecho, creo que hace mucho calor, y al margen del trabajo, estoy totalmente dispuesta a olvidar la política de no confraternización si alguna vez quiere demostrarme algo. —Bajó la voz—. Yo también soy muy insaciable en el dormitorio. Pongo mi coño a su disposición, y puede dejarme colgada después en el vestíbulo del hotel, si eso es lo que le gusta.
«¡Dios…!».
—¿Podemos, por favor, empezar a trabajar? —Puse los ojos en blanco—. Necesito tu opinión sobre los títulos que te fueron asignados para que podamos enviarlos a marketing mañana.
—¿Después de eso podré marcharme?
«No, justo después de eso podré despedirte…».
—Sí. —Me aclaré la garganta—. ¿Qué opinas de lo último de Grisham?
—¿De su último qué?
—De su último libro. —Señalé la caja que había traído, donde había una copia beta de The Whistler—. Es uno de los tres thrillers de temática legal que debías leer este mes.
—¡Ah, sí! —Cogió el libro, de tapa dura, y hojeó las páginas—. Está muy bien. Muy legal, muy emocionante.
—¿Por favor, puedes ser un poco más específica?
—Me ha gustado mucho la portada del libro, la verdad. —Pasó los dedos por la cubierta—. Es muy acorde con la historia, ¿sabe? La imagen de los barcos atracados en el mar en un atardecer anaranjado me parece bastante convincente. Creo que el diseñador gráfico se merece un premio.
Silencio.
—Volvamos a los thrillers —dije por fin—. También se suponía que debías leer cinco novelas románticas. ¿Cuál de ellas me recomendarías?
—Bueno —dijo ella, echándose hacia delante para servirse una taza de café—. Ha sido una decisión difícil, y con eso quiero decir que me ha resultado dificilísimo, pero… De los increíbles manuscritos que me asignaron, me ha encantado el que tiene el mejor final, «y fueron felices para siempre».
—Todas las novelas románticas terminan con un «y fueron felices para siempre», Jessica. —Percibí que me subía la tensión—. Es la condición fundamental para que se considere un puto romance.
—¿De verdad? Guau… No lo sabía. Entonces, ¡me han gustado todos!
La miré, apretando la mandíbula. Siempre había pensado que era una incompetente desde el mismo día en que comenzó a trabajar, justo desde el momento en que dijo: «Entonces, ¿esto es una editorial literaria y solo publican libros? ¿Por qué no películas?». De alguna manera me las había arreglado para ignorar ese comentario. Pero ¿esto? Esto era pura mierda, y ella era mucho peor que cualquiera de mis otras asistentes anteriores, a las cuales había despedido sin vacilar.
—¿Te has leído alguno de los libros, Jessica?
—No, pero solo porque no sabía que tenía que hacerlo yo personalmente. —Tomó un sorbo de café—. Es decir, los libros están leídos, pero nunca me dijo que fuera yo la persona que tenía que hacerlo.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Estoy diciendo que estoy trabajando de forma inteligente. He contratado a un asistente virtual, y le he pagado algunos cientos de dólares para que leyera todos los libros. Ah, y envié algunos ejemplares a blogs de libros que sigo en Facebook. Están encantados, viven para estas cosas de la lectura, por lo que probablemente tendrán las reseñas mucho antes de lo previsto. ¿Puede creer que realmente les gusta leer?
—Vamos a aclarar esto… —Traté de mantener la voz tranquila—. ¿Te he contratado para que seas mi asistente ejecutiva y has «subcontratado» todo tu trabajo a otras personas?
—No, todo mi trabajo no. Solo las cosas que no quiero hacer. Es decir, ocasionalmente, leo una o dos páginas para mantener mi cerebro activo, pero leer no es lo mío. Y solo me ha dado un mes para leer diez libros. ¡Diez, señor Cullen…! Eso es un trabajo muy duro, y podría demandarlo.
—Esto es una puta… —Me contuve—. Esta empresa es una editorial. Publicamos libros, y lo primero que preguntamos en la solicitud para el trabajo es si los libros «son lo suyo».
—Oh, mentí en esa parte, pero solo en esa parte. En todo lo demás fui muy sincera, sobre todo en la parte de que quería trabajar a las órdenes de un jefe sexy para variar.
—Jessica… —Contuve un gemido. No podía perder más tiempo con esto—. Puedes salir de mi despacho.
—¿En serio? —Se puso de pie sonriendo—. Esperaba que saliéramos de aquí temprano. Mi programa favorito empieza dentro de una hora. ¿Sabe?, quizá debería pedirme que le dé mi opinión sobre los programas de televisión: estoy segura de que, de esa forma, quedaría muy impresionado. —Se encogió de hombros y se dirigió a la puerta—. ¡Hasta mañana!
En el momento en que salió por la puerta, le envié a mi asesor, Jasper, un correo electrónico.
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Asunto: Di a Recursos Humanos que despidan a mi asistente
Ahora.
¡Ahora mismo!
Edward Cullen
Director de Cullen Publishing
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Me acerqué al aparador de las bebidas y lo abrí para servirme un muy necesario trago de whisky. Me lo tomé y rápidamente me serví otro. Mientras me quemaba la garganta, sonó el tono de llamada de Jasper en mi móvil.
—¿Sí? —respondí.
—¿Quieres saber lo que estoy viendo en este momento?
—Depende… ¿Ganaré un premio por hacerlo o no?
—Tengo delante la portada de Page Six con una foto en la que apareces tú, sin lugar a dudas. Definitivamente eres tú, con uno de esos relojes ridículamente caros y un habano entre los labios.
—Tiene pinta de ser una buena foto. Por favor, envíamela.
—Oh, pero esa no es la mejor parte de la foto, sino las tres chicas en bikini con el pelo revuelto, como si te las hubieras acabado de follar. ¿Al menos te gustaría adivinar el titular?
—Todavía no me has dicho qué puedo ganar. ¿Hay algún premio?
—«El ejecutivo insaciable se tira a tres teutonas tetudas en Tahití». ¿Qué tienes que decir al respecto, Edward?
—No mucho. —Me acerqué al escritorio para mirar la foto que me había enviado por correo electrónico—. Sin embargo, casi han hecho un buen trabajo al usar un recurso como la aliteración en el título. Deben de haber contratado por fin a un editor competente.
—Dios, Edward… —Contuvo el aliento y suspiró—. ¿Tenemos razones para amenazarlos por difamación y pedir una retractación, o esto es cierto?
—Es parcialmente cierto.
—¿Qué parte?
—He estado en Tahití.
—Por favor, deja de joderme…
—Vale. —Sonreí—. Solo me tiré a dos de las teutonas. No a las tres.
—Ah, solo dos. Bueno, resulta bastante reconfortante, y supongo que te deben una disculpa, ¿no? ¿Algo más?
—Sí. En el artículo dicen que estoy usando un Rolex. No me pongo un Rolex desde hace más de cinco años.
—Aggg… —Gimió—. Voy a usar cien mil dólares de los que la editorial destina a marketing para evitar que publiquen esto el viernes. También les enviaré trescientos cincuenta mil para que no mencionen tu nombre, ni editen ninguna fotografía tuya durante los dos próximos meses.
—Gracias.
—Por favor, no hagas nada más. Y necesito una lista de todo lo que has hecho en los ocho últimos meses para poder limpiar tu imagen con anticipación. Y ya sabes, para alguien que planea sacar la empresa a bolsa en los próximos dos años, creo que deberías hacer todo lo posible por limpiar tu imagen y mantenerte alejado de la prensa. De lo contrario, los únicos inversores a los que atraerás seremos tú y yo.
—Anotado. —Me serví un último trago de whisky—. ¿Has recibido mi correo electrónico sobre la urgente necesidad de contratar a un nuevo asistente personal?
—¿Otro? Esta ha sido la séptima.
—La octava. Sin embargo, aún no me has enviado a nadie competente. Tal vez si usaras una agencia de contratación diferente, o al menos me dejaras asistir a alguna de las entrevistas…
—No sé… Ya sé lo que vamos a hacer. Pero solo si haces algo por mí. —Me quedé en silencio, así que continuó—: ¿Podrías dejar la polla dentro de los pantalones durante los doce próximos meses y tratar de no tirarte a nadie?
«¿Doce meses?»
—¿A nadie?
—A nadie. Na-die. —Separó cada sílaba—. Al menos a nadie que llame la atención sobre ti y tus desafortunados apetitos insaciables. Y eso incluye a todas las mujeres con las que te has citado esta semana. Es posible que tus asistentes no sepan qué significan esos pequeños puntos azules en tu agenda digital, pero yo sí. Cancela todas las citas ya. Puedes volver a acostarte con quien quieras después de que la salida de la empresa a bolsa sea un éxito.
Dudé durante un buen rato, pero me di cuenta de que lo que decía tenía mucho sentido por el bien de la empresa y de mi imagen.
—Vale —me rendí al fin, enviando a regañadientes un mensaje a todas mis citas:
«Ha surgido algo. Tengo que cancelar la cita».
Luego me acerqué a la ventana.
—No voy a confiar en la misma agencia para encontrar a tu nuevo asistente. Me encargaré de esto personalmente. ¿Algún requisito por tu parte?
—Contratar a alguien capaz de leer y comprender un libro será un buen comienzo. Si es una mujer, preferiría a alguien que tenga entre diez y quince años más que yo, casada o comprometida, lo suficientemente sumisa como para completar tareas sin lanzarme frases sarcásticas, con un título de la Ivy League y que sepa llegar a su puta hora.
—Sí, vale. Pongamos esas palabras exactas en la descripción del trabajo y veamos cuánto tarda en aparecer en la prensa.
—Estoy dispuesto a quitar la parte de la Ivy League si proviene de una universidad con buena reputación. Pero lo demás es necesario.
—Lo vemos. —Supe que estaba poniendo los ojos en blanco, y me di cuenta de que estaba a punto de largarme el sermón que no hacía más que repetirme sobre las leyes de contratación y las entrevistas a ciegas, así que le corté.
—Consígueme a la mejor persona para el trabajo. Esperaré el tiempo que sea necesario, ya que este enfoque de contratar al primero que se presenta no está funcionando bien. En realidad, es fácil: consígueme a alguien que te deje impresionado, porque, si ese es el caso, sé que esta persona me impresionará a mí también.
—Por fin estás pensando de forma inteligente —me felicitó—. Dame seis semanas. Me encargaré yo mismo y me aseguraré de que el próximo asistente personal que tengas te dure más de un año.
—Gracias, Jasper. —Colgué; quería sentirme optimista, pero, con mi historial, sabía que era muy poco probable que mantuviera en el puesto de asistente personal a la misma persona durante un año. También era consciente de que las posibilidades de pasarme doce meses sin follar eran demasiado extraordinarias para que pudiera asimilarlas por completo.
«Aunque lo intentaré…».
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CORREOS ELECTRÓNICOS
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ISABELLA
Asunto: Editorial de Manhattan busca asistente personal
¡Isabella…, estoy casi segura de que esta oferta de trabajo es con ese ejecutivo sexy que a veces vemos en todas las portadas!
Deberías solicitar una entrevista. Serías perfecta para el puesto.
Echa un vistazo al archivo que te adjunto a continuación.
Tu mejor amiga
Rosalie
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––Mensaje reenviado––
Ejecutivo de alto nivel de Cullen Publishing busca asistente personal muy competente y profesional.
Beneficios y paquete salarial, especificados en PDF adjunto. Envíe currículo(s) e información de contacto a: . Se requiere:
-Licenciatura de una institución universitaria acreditada (preferible un máster).
-Un mínimo de cinco (5) años de experiencia trabajando para ejecutivos corporativos de alto nivel.
-Pasión por la literatura.
-Gran capacidad para trabajar bajo un alto nivel de estrés y durante al menos 50-60 horas semanales.
-Capacidad para redactar comunicados de prensa sin errores en cualquier momento.
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Asunto: Re: Editorial de Manhattan busca asistente personal
¡No puede ser! No es posible que un tipo así publique un trabajo como este en la Craigslist, ¿verdad? ¿Y con ese sueldo? ¡Dios mío!
Espera…, ¿no te referirás al «ejecutivo irresistible»? ¿No es así como lo llaman?
Tu mejor amiga
Isabella
P. D.: Me he postulado sin dudarlo. :-)
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Asunto: Re: Re: Editorial de Manhattan busca asistente personal «Irresistible». «Sexy». Lo mismo da. ¿Y quién sabe? ¿Quizás se encuentre desesperado?
Según Page Six y una asistente que no aguantó a sus órdenes, no puede conservar un asistente durante más de dos meses. La chica afirma que él era «superexigente» y que le imponía un horario igual que el de «un condenado a trabajos forzados».
Por otra parte, estoy segura de que la verdadera razón por la que ninguna mujer da pie con bola a su alrededor es porque todas acaban distrayéndose con lo grande que es su polla.
(Si te contratan, averigua su tamaño. Hazlo por mí, al menos).
Tu mejor amiga
Rosalie
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Asunto: Re: Re: Re: Editorial de Manhattan busca asistente personal
El Jasper del anuncio acaba de llamarme y me ha dicho que me presente en Cullen Publishing el próximo viernes, para una entrevista. ¡Una entrevista!
¡Deséame suerte!
Tu mejor amiga
Isabella
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Asunto: ¿Has conseguido el trabajo?
¡No he sabido nada de ti desde hace dos semanas! Y no es porque estemos muy ocupadas últimamente, es que cuando llegas te encierras. ¿Qué te pasa? ¿Llegaste a conocer a Edward Cullen durante la entrevista?
Tu mejor amiga (¿Realmente tenemos que seguir firmando cada correo electrónico, como si aún fuéramos adolescentes?).
Rosalie
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Asunto: Re: ¿Has conseguido el trabajo?
Lo siento, me he visto inundada por lecturas infinitas e investigaciones previas. (No preguntes) ¡Pero sí! Me han contratado; Jasper, el asesor de Cullen, incluso llegó a duplicar la oferta salarial inicial en medio de las negociaciones.
Técnicamente no he podido «ver» al señor Cullen hasta esta mañana, cuando he ido a firmar oficialmente el papeleo, y, no te miento, es el hombre más sexy que he visto en mi vida. Lo juro… Consiguió que mojara las bragas con solo estrecharme la mano y decir «Bienvenida a la editorial, Isabella». No ha hecho falta más…
Sea sexy o no, estoy decidida a quedarme en el trabajo mucho más que todos los demás asistentes. Un hombre así no puede ser tan malo, ¿verdad?
Tu mejor amiga (Sí. Es tradición cerrar los correos así. :)).
Isabella.
