"Historia de un taxi" – Inspirado en un éxito de Ricardo Arjona

Eran las diez de la noche. Yo conducía mi taxi, un Volkswagen del año 68 que todavía funcionaba como la seda. Era un día de esos malos donde apenas había hecho caja, sin saber que mi suerte estaba por cambiar cuando divisé un brillante traje negro de lentejuelas en la acera.

Era una muchacha guapísima de minifalda. El escote en su espalda llegaba justo a la gloria. Una lágrima negra rodaba por su mejilla. No recuerdo si llegó a decirme una dirección pero sí que comencé a conducir por la ciudad, yo delante y ella atrás en completo silencio. Eran las diez con cuarenta, cruzábamos por Romero Donallo cuando por fin habló.

"Me llamo Norma" se presento mientras cruzaba las piernas, seguramente consciente de la fascinación que me producían dichas extremidades, y sacaba un 'peta' del bolso. Aproveché que estábamos parados en un semáforo para ofrecerle fuego. Mi mano temblaba coma una hoja debido a la proximidad que había entre ambos.

"Encantado...Norma. ¿Te importa que te tutee?" dije por fin esforzándome por parecer casual debido a mi ordinaria falta de costumbre en el trato personal con los clientes. Ella no me quiso decir que si, pero tampoco me dijo que no, así que, tomando su silencio por un sí, procedí a preguntar. "Si puedo preguntar, ¿por quién lloras?"

"Por un impresentable que se cree que por rico puede venir a engañarme." contestó claramente ofendida con el desgraciado objeto de su desdén.

"Entiendo. no dejes que las acciones de ese mamón te depriman. No lo merece." repliqué sintiendo lástima de ella y la situación en la que se encontraba. "Cuenta conmigo si te quieres vengar pero insisto, un estúpido así no merece tus lágrimas." proseguí casi sen pensar mis palabras pero consciente de la clase de 'venganza' que quería alcanzar. Ella pareció compartir esa idea porque me sonrió de una manera que hizo que mi corazón saliera volando como un cohete.

"¿Qué estás haciendo? Es verdad que es hermosa pero, ¿de verdadestás tan necesitado de calor humano? Estás frente a una mujer seguramente casada igual que tú y...¿simplemente piensas en follar? ¿Te has vuelto loco?" comenzó a decir la parte más racional de mi cerebro ante la posibilidad que se me abría "Lo vi besando y abrazando a una zorra. Seguramente del Espíritu Santo." escuché que contaba, ignorante del debate interno en el que estaba inmerso. Yo seguía idiotizado mientras intentaba centrarme en la carretera y no prestar atención a la tremenda mujer que llevaba en el asiento a pocos centímetros de mí ni a los pensamientos que me cruzaban por la cabeza. "A ver, no es que tenga nada contra la gente sencilla como tú, que también tes pinta de ser de arrabal. No, sólo es una observación acerca de esa individua." añadió enseguida pensando que me ofendiera debido al silencio en el que conducía.

"Mira, te diré lo que haremos. Coge la tercera en la rotonda. Vamos a mi casa. Tomamos un par de tequilas y ya veremos que pasa con esa 'venganza'" volvió a hablar al cabo de un rato mientras cruzábamos por la zona de Santa Marta.

Para que describir lo que hicimos en la sala si basta con decir que le besé hasta la sombra...yquizás un poco más.

"Cando dije que entendía o tu sufrimiento, hablaba muy en serio. Mi mujer y yo sufrimos algo parecido. Paso demasiadas horas en el taxi e siento decir que, por culpa de eso, apenas cumplo con ella." dije mientras ella dormitaba abrazada a mi bajo una manta de cuadros. No sé que hizo que comenzase a hablarle de aquella manera como si necesitase una explicación. Quizás fueron los tequilas o quizás la intimidad que habíamos logrado en tan pocas horas de conocernos. Fuera cual fuera la razón, ella puso su dedo índice sobre mis labios en una petición silenciosa de silencio por mi parte.

Pero el silencio no hizo más que aumentar mis ganas de decir algo, lo que fuera. Para contenerlas, me puse a observar a mi alrededor el piso de Norma y no tardé en verme filosofando en voz baja sobre la artificial división entre las clases sociales y como palidecen ante la universalidad del sufrimiento que, sin importar de qué lado estés, nos lleva a buscar desahogo en personas que, de otra manera, no buscaríamos y, por extensión, no encontraríamos creando relaciones que alguien de fuera no comprendería. Norma debió despertarse oyéndome filosofar, porque no tardó en levantarse, desnuda como estaba, y dirigirse – creo – a su habitación, con su vestidor lleno de vestidos de lentejuelas de diversos colores. Por si acaso, me vestí rápido por si ya estaba pensando en echarme. Después de todo, solo eramos un par de desconocidos que, aún por encima, acabábamos de engañar a nuestras respectivas parejas. Según las normas de las sitcom, ésto que ahora teníamos era un 'rollo de una noche' por lo que pronto me tocaría pirar.

Cando llegó, estaba de pie mirando por la ventana con los brazos cruzados como si fuese Darth Vader. Yo me tomé mi tempo para darme a vuelta. El vestido bermellón que levaba era un poco más conservador que aquel con el que la había conocido. La falda le cubría hasta las rodillas y el escote circular le daba una apariencia atrevida pero discreta. Había retocado sus labios de azul – igual que el corrido rímel – y peinado su cabello rubio, descolocado después de dos horas de arrebatadora pasión (lo que me recordaba...)

"Ven conmigo, quiero que sepa que no estoy sola." dijo haciéndose en el pelo una cola e volviendo a colgarse al hombro el pequeño bolso negro que ya levaba en el taxi.

Llegamos al local onde estaba el adúltero, que sorpresa, sorpresa, no cambiara de local en las casi tres horas que llevaba de conocer a Norma. Por lo que nos contaron, el muy badulaque no había parado de besarse y reírse con aquella mala mujer desde que habían llegado. Estaba sentado en una mesa al fondo do local de espaldas a un espejo frente a aquella mala mujer que ría por algún chiste suyo. Había que reconocer que Norma tenía razón. A pesar de ir bastante arreglada, era evidente que su ropa contrastaba con la del hombre poniendo de manifiesto la diferencia de clase entre ambos. De hecho, la camiseta negra con el dibujo de una Parca haciendo surf con la leyenda 'Costa da Morte' en la parte de la espalda era bastante común. De hecho, creo que mi mujer tenía una igual que le había regalado el año pasado.

De repente, la cabrona levantó la cabeza y...se me cayó el alma a los pies. Salí del local rojo de ira, incapaz de creer el ultraje del que era víctima. Aquel estúpido estaba engañando a Norma con mi mujer... ¡MI PROPIA MUJER!. Dios, era increíble.

Norma no tardó en salir preocupada detrás de mi. "¿Que pasa? Acaso conoces a esa churriana?" preguntó claramente intrigada por mi reacción. Yo sólo reí celebrando la amarga ironía del destino.

"Mira si es grande el destino y esta ciudad chica que esa lurpia era mi mujer" respondí finalmente con ese aire de filósofo que ella seguramente estaba comenzando a conocer y, esperaba, apreciar. "¿Cuánto crees que van seguir así? Porque si tenemos tiempo, me gustaría continuar con lo que empezamos en tu piso."

Ella rió e respondió "Por supuesto, todas las noches que quieras dejarte caer por casa, dame un toque."

"Perfecto. Y a propósito de la aventura de esta noche, creo que olvidé parar el taxímetro cuando llegamos a tu casa. Me debes casi 4.000 pesetas."

Ella sólo rió mientras volvíamos al taxi y nos perdíamos por las venas de la ciudad rumbo a su piso.

Desde entonces, ellos juegan a engañarnos. Se ven en el mismo bar y Norma para mi taxi siempre a las diez en el mismo lugar.