Disclaimer: Ningún personaje de la serie Naruto me pertenece, sino a Kishimoto. Solo he utilizado dichos personajes para el fin de entretenimiento.

Summary: Naruto y su generación están obligados a compartir dolor y alegrías en la Academia o también conocido como El Internado, desde la tierna edad de ocho años. Camaradería, Sangre y el Final. ¿Quién sobrevivirá a la prueba final de gennin de la Konoha Sangrienta?

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Konoha Sangrienta

[Arco de la Camaradería]

Capítulo 1: La elección

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Naruto aprendió lo que era el dolor de la peor manera posible. Su aldea no era exactamente la mejor aldea de las Cinco Naciones Shinobi, casi podríamos decir que era una de las peores. No nos equivoquemos, en cuanto economía, política e inclusive fuerza de guerra era incomparable. Nadie podía intercambiar espadas con Konoha sin perder la cabeza luego de unos segundos. Eran ridículamente fuertes y leales. Los grandes directivos hubieran deseado que hubiera sido así desde el principio, pero lamentablemente fue una época dura cuando ocurrió todo lo que ahora formaba a Konoha.

O como el resto de las naciones los conocían: Konoha Sangrienta.

Empezaron a considerar muchas reformas cuando estalló la Tercera Guerra Shinobi, sin embargo el Hokage Hiruzen Sarutobi se negó a muchas de ellas, puesto que su fuerza de guerra todavía aparentaba la supremacía, sin embargo, Kirigakure era fuerte también. Eran ridículamente fuerte con aquellos shinobis excepcionales que podían pelear contra el mejor guerrero de Konoha, en ese entonces conocido como el Rayo Amarillo.

Danzo, convencido de que las nuevas reformas sugeridas eran la mejor manera de sacar al pueblo adelante intento convencer a Hiruzen de que era la opción adecuada. Este se volvió a negar, regresando a Danzo a las sombras.

Contra todo pronostico ganaron la guerra, pero Danzo estaba convencido de que Hiruzen hacia un pésimo trabajo como mandamás de la aldea. Planeando en secreto con los consejeros una manera de revocarlo de su puesto. Pasaron algunos años hasta que Minato asumió el cargo y pereció bajo el ataque del Kyuubi.

Las fuerzas menguaron considerablemente mientras las demás naciones buscaban una manera de hacerse con Konoha debido a este desafortunado suceso, después de todo el Cuarto había muerto en batalla contra el Kyuubi.

Hiruzen trató de sentar cabeza en medio de todo el desastre, pero fue demasiado tarde. Danzo puso en marcha su plan de acción y tomó liderazgo de la aldea con sus Anbu de Raíz como primera defensa contra los enemigos. Nadie estaba convencido de que fueran a ser útiles, sin embargo, lo fueron. La aldea estalló en alegría al notar que sus calles estaban intactas luego del ataque fortuito de Kiri y Kumo. Danzo había cumplido su palabra luego de la muerte del Cuarto.

Su nueva reputación le otorgó la capacidad de ser elegido como el Quinto Hokage, cosa que él no se negó en lo absoluto, asumiendo el poder y poniendo en práctica su primera reforma dentro de la aldea, una nueva estructura en la academia.

El reinado de Danzo fue menos que pacifico, la gente pronto se arrepintió de haberlo sacado de las sombras, sin embargo, ya nadie tenía el derecho a negarse cuando todas sus palabras eran constantemente evaluadas por los Anbu escondidos en todos los sitios. La gente culpó al Kyuubi por haber matado a su querido Cuarto Hokage, logrando así que Danzo se acentuara en el poder.

Culparon por ende a ese bebe que encerraba al Kyuubi con todo su odio envolviéndolo.

Culparon a Naruto y se lo hicieron saber en el momento en que salió del orfanato.

Los días donde se conoció a la aldea siendo feliz, con las calles abarrotadas de gente que reía y disfrutaba, con niños que conocían lo que era una vida tranquila se acabó. Y todo eso era culpa de Naruto; los días grises, las muertes de la Academia, los llantos de los padres y el sufrimiento de los clanes… absolutamente todo. Era culpa de Naruto.

Verlo en la calle era símbolo de muerte. El niño casi se moría por regresar al orfanato. La pésima comida y los maltratos verbales de sus compañeros de cuarto eran mucho mejores que las miradas de muerte de los aldeanos y los golpes continuos de los shinobis activos.

El dolor físico y verbal no se detuvo hasta cumplir los ocho años.

Naruto salió del orfanato a los cinco, paralelamente se le otorgó un departamento solitario y un ingreso inmediato a la Academia para ser ninja. Naruto lo agradeció en su momento, pero ya no.

Sufrió en la academia durante toda la mañana, sus compañeros lo trataban como un estúpido, pero de alguna manera era soportable. La tarde era un caos, los aldeanos no lo aceptaban en ningún lugar, lo echaban cuando trataba de entrar en tiendas de alimentos, de armas o hasta en el hospital o la biblioteca. En la noche, si Naruto estaba fuera de casa, el no volvería sin ningún rasguño.

Los chunnin y jounnin que custodiaban la aldea por esa zona se encargaban de dejarle en claro su posición como la escoria de la aldea a base de golpes en todas partes de su pequeño cuerpo. Naruto regresaba a su hogar arrastrándose por el dolor, con la cara deformada y sin sentir sus piernas. Subía las escaleras como podía y abría su hogar con mucho esfuerzo. Al día siguiente el dolor había menguado pero su corazón se resquebrajaba una y otra vez.

Pasó por esa tortura tres años, hasta que les dieron la opción en la academia.

Su profesor Iruka, el cual era bastante amable con todos los niños, incluyéndolo; había dejado pasar al salón a un sujeto de larga bata negra. Se había hecho llamar Ibiki Morino.

—En la Academia, cuando los niños cumplen ocho años se les da la opción de seguir adelante o simplemente regresar a sus casas y dejar de pensar en ser ninjas —explicó Ibiki mirando con odio todos esos niños que todavía tenían una apariencia dulce… con esas sonrosadas mejillas y ojos llenos de brillo de vida—. La Academia a partir de ahora, para los que decidan pasar, se volverá El Internado. Se les asignarán habitaciones referentes a su genero y los momentos de estudio y entrenamiento serán tan rigurosos que querrán llorar el primer día.

Eso hizo tragar a todo el alumnado, no se veía por ningún lado que estuviera bromeando.

—Se les avisó con anticipación la semana pasada acerca de la elección del día de hoy. Han tenido tiempo suficiente de discutirlo con sus padres o tutores antes de darnos una respuesta —la mirada de Ibiki se suavizó considerablemente antes de continuar—. Recuerden que a pesar de lo que digan sus clanes o familiares, la decisión es enteramente de ustedes.

Naruto se mordió los labios.

—Exceptuando a… —Ibiki le dio una mirada a su informe y levantó la cabeza—Uzumaki Naruto y Uchiha Sasuke. Ambos no tienen derecho a elección, el Hokage eligió por ustedes al asignarles la entrada al programa.

El pelinegro mencionado no levantó la cabeza de la unión de sus manos mientras Naruto pestañeaba confuso. Él de todas maneras pensaba decir que si, aunque agradecía que lo tomaran en consideración al agregarlo al programa sin pensárselo dos veces. Naruto creía que se habían fijado en sus habilidades y lo habían aceptado de acuerdo con eso.

Él no podía estar más equivocado.

—Todos los demás tienen la elección en sus manos. Todos aquí ya saben cómo funciona El Internado y cuan riguroso se es para aumentar la calidad de un ninja sobre la cantidad. Empezaré llamando por lista, cuando escuchen sus nombres levántense y denme un "si", si están de acuerdo en seguir su formación o en su defecto un "no", si prefieren seguir vivos y tranquilos en sus hogares.

El llamado por lista empezó.

Dado que Naruto no iba a ser llamado al igual que Sasuke, espero a escuchar cuando llamaran a otras personas que él podía recordar. Uno de los primeros fue Kiba, el cual emitió un profundo "si" para luego sentarse muy derecho. Al igual que Kiba; Shikamaru y Chouji agitaron la cabeza afirmativamente cuando sus nombres fueron llamados.

Sin embargo, no se veían muy convencidos.

A los minutos escuchó levantarse a la chica de su lado, su cabello rosa se agitó frente a él enviando cosquilleos a su nariz al notar su aroma a cerezos. Naruto no estaba seguro si quería que la chica se quedará o se fuera.

Pero antes de pensar en algo concreto, Haruno Sakura emitió un inseguro "si" para luego sentarse y agachar la mirada. Ella ni siquiera miró a Sasuke después de su decisión, había elegido algo que sus padres le habían dado todo el control. Le aseguraron durante una semana que la amaban mas que a nadie y que respetarían su decisión. Ella los amaba a ellos, pero también quería ser fuerte. Entonces Haruno Sakura emitió su decisión justo cuando llamaron su nombre. Ella no podía basar su vida en Sasuke, aunque este fuera el amor de su vida. Tenia que hacerlo por ella y nadie más que por ella.

Después de todo, su elección podía quitarle la vida dentro de algunos años.

Naruto escuchó que llamaban a otras personas, que él sinceramente nunca había prestado atención. Para cuando se dio cuenta, la mitad del salón había dicho que no y la otra mitad que sí. De los treinta alumnos que manejaba Iruka, quince se fueron del salón y otros quince se quedaron. Temblando como hojas por el destino que les depararía ahora y rogando porque se les diera la fuerza suficiente para pasar su examen sin problemas.

O al menos el mínimo de problemas.

—Pasado mañana empieza la primera clase de El Internado. Asegúrense de venir mañana con las cosas que necesiten, ropa e instrumentos de aseo personal. El resto se les otorgará aquí. Preséntense mañana en este mismo salón, yo los guiaré a sus nuevos dormitorios. Prepárense para los cinco peores años de sus cortas vidas.

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