Los personajes no me pertenecen, los tomo prestados de la gran Rumiko. Esta historia es una ADAPTACIÓN de la película de anime Toaru Hikuushi e no Tsuioku (la princesa y el piloto)
Across the sky
Capítulo 1
Verano de 1940 en Tokio, el sol que castigaba a todos sus habitantes con sus calurosos rayos durante el día, poco a poco fue desapareciendo dejando paso a la fresca noche, la cual cubría con su oscuro manto a aquellos que no querían ser descubiertos. Una chica morena de cabello largo y enormes ojos de color avellana, esperaba paciente a que todo estuviera en calma para regresar a su dormitorio después de haber pasado la tarde paseando como una ciudadana más por las calles de la ciudad. Nunca la dejaban ir a ningún sitio, ni siquiera asistía a las fiestas a las que iba su padre, el primer ministro de Japón; se sentía prisionera en su propia casa. Ella no había nacido para estar encerrada, su sueño era viajar, descubrir cada rincón del mundo, aprender de otras culturas, algo que por lo visto se le había negado desde que tenía uso de razón. ¿Qué había de malo en su persona que no querían exponerla al mundo? Sólo tenía una amiga, la hija de una de sus mucamas, la cual tenía la misma edad que Akane, por eso congeniaron tan bien. Se conocían desde los 6 años y ambas ya tenían los 18. Ukyo, una chica castaña de ojos azul oscuro, además de su amiga, era su confidente, ella se encargaba de cubrir a Akane cuando decidía escaparse.
Cuando la última luz se apagó en la mansión, la chica decidió que ya era hora. Se encaramó a la enredadera que usaba a modo de escalera y escaló hasta la ventana de su dormitorio con una agilidad impresionante, su padre era muy estricto en cuanto al protocolo que una señorita de su estatus debía aprender, pero se lo saltó exclusivamente para enseñar artes marciales estilo libre a su única hija. No le agradaba en demasía tener que hacer eso, pero había sido tiempo de guerras y quería que ella supiera defenderse en caso de algún ataque, ya que sería un objetivo muy jugoso el secuestrar o dañar a la hija del primer ministro, Happosai Himura. Solo por eso, Happosai enseñó a su hija, Akane Himura, desde muy pequeña lo básico, algo que ella disfrutaba muchísimo. Aunque debido a las guerras de los últimos años, el primer ministro había estado demasiado ocupado con los asuntos del gobierno, dejando, para tristeza de Akane, las clases a un lado. Aún así, ella en cuanto encontraba un hueco practicaba lo enseñado por su padre, que a su parecer era el mejor artista marcial de todos los tiempos, aparte de ser un militar consagrado.
En cuanto puso una mano en la ventana, fue agarrada de la muñeca y arrastrada hacia el interior de la habitación, haciendo que tropezara y cayera al suelo. Cuando levantó el rostro para comprobar quien había sido el causante, los ojos azules de su amiga la miraron acusadores ―¡¿Sabes la hora que es!? ¡Me tenías muy preocupada, Akane!
―No me he dado cuenta de la hora y baja la voz que nos va a escuchar toda a casa ―la chica se incorporó y se puso un dedo delante de la boca para que su amiga guardara silencio.
―Ya no sabía qué excusa inventarme para que no entraran a tu cuarto, les he dicho que tenías jaqueca y que necesitabas descansar. La señora Akiyama dijo que llamaría al médico y yo la persuadí, aún no me preguntes cómo me hizo caso.
Akane se acercó a su amiga y le puso la mano en el hombro ―Eres la mejor, no volverá a pasar. Te lo prometo.
Ukyo la miró con resignación ―Akane, ¿puedo hablarte con sinceridad? ―preguntó bajando el volumen de voz cada vez más.
La chica la miró extrañada, ellas se contaban todo siempre, ¿a qué venía esa pregunta? ―¿Cuándo hemos tenido secretos tú y yo? Sabes que puedes hablarme con total tranquilidad.
La castaña suspiró ―Pienso que debes de centrarte más y dejar de lado tus fantasías, porque tu futuro próximo es ser la emperatriz de Japón ―Akane frunció el ceño al escuchar hablar de su inminente boda, arreglada como no, por su padre y el emperador, Soun Tendo―. No pongas esa cara… ya me gustaría a mí estar en tu lugar. Otras tienen la desgracia de casarse con auténticos viejos y Shinnosuke Tendo es todo un partidazo. Guapo y educado, si hasta vuestro cumpleaños es el mismo día. Seguro que es el destino…
Ukyo se tiró hacia atrás cayendo en la cama y colocándose la mano en la frente de modo dramático.
―Yo no creo en el destino ―dijo Akane sonriendo al ver a su amiga hacer aquel teatro―, pienso que cada uno escribe su propio destino y el mío no es ser emperatriz de Japón. Quiero ser libre para hacer lo que me dé la gana, Ukyo. Hay tanto mundo por ver… quiero surcar el cielo, quiero…
―Quiero, quiero… ―la interrumpió su amiga― no sabes la suerte que tienes, tienes tu vida resuelta, yo llevo sirviéndote desde los 6 años y a saber si algún día podré irme de aquí.
―¡No digas sirviéndome! ¡Somos amigas! Tú también puedes forjar tu propio destino y seguro que más fácil que el mío.
―Akane, no quiero que nos expulsen a mi padre y a mí como le hicieron a la mujer que te cuidaba ―la mirada de Akane se entristeció al recordarla―. Y ya me he arriesgado demasiado contigo. No volveré a cubrirte más… lo siento, tienes que entenderlo. No puedo consentir que nos echen a la calle por tus caprichos.
―Te entiendo Ukyo, no te preocupes, no me arriesgaré a perderte a ti también ―la chica se sentó pesadamente en la cama.
Ukyo resopló y se sentó a su lado ―Cumple con tu deber y dale una oportunidad a Shinnosuke. Dentro de una semana se celebrará una recepción en palacio anunciando oficialmente tu compromiso. ¡Irá hasta el mismísimo emperador de China! Se rumorea que Kirin está buscando esposa, he visto una foto de él en el periódico y también es muy atractivo. Igual busca desposar a una japonesa para afianzar aún más la alianza con nuestro país.
―Creo que tú querrías ser esa japonesa, ¿me equivoco? ―media sonrisa asomó en los labios de Akane.
―¿Qué-qué…cosas dices? Yo soy de la servidumbre, jamás posaría sus ojos en alguien como yo.
―Pues se perdería a una gran mujer.
―Creo que te ha dado demasiado el sol en tu paseo de hoy, anda a dormir. Yo intentaré que nadie me vea o se me caerá el pelo. Buenas noches, Akane.
―Que descanses, Ukyo.
En cuanto se quedó sola se echó hacia atrás en la cama y se cubrió los ojos con los antebrazos, ¿por qué no podía elegir su propio futuro? ¿por qué tenía esa obligación? ¿por el simple hecho de haber nacido en una familia de alta cuna? No era justo… Ukyo lo veía de otra manera, pero podría elegir a quien quisiera y forjar su propio futuro. Ella no quería casarse, ¿por qué tenía que hacerlo? El destino no podía ser tan cruel, tenía que haber una salida.
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La semana pasó muy rápida, la recepción en el palacio real era esa misma tarde. Ukyo y la señora Akiyama vestían a Akane con un precioso Furisode, un kimono de seda crepè en azul celeste adornado con flores de distintos tonos de rosa, para que estuviera perfecta en su anuncio de compromiso. Le recogieron su largo cabello y lo adornaron con una flor en rosa suave. Cuando terminaron de acicalarla, se apartaron y la miraron con la boca abierta.
―¿Qué ocurre? ¿Por qué me miráis así? ―preguntó la chica de mirada avellana.
―Akane, estás preciosa… el príncipe Shinnosuke va a querer casarse contigo en cuanto te vea aparecer así vestida.
―¡Niña, un respeto! ―regañó la señora Akiyama, una mujer de mediana edad con la mirada afilada, a Ukyo― Señorita Akane, está divina. Voy a avisar de que ya está lista para partir a palacio ―dicho esto, salió apresuradamente del dormitorio.
Akane suspiró profundo, su amiga la miró ―¿Estás bien? Llevas toda la semana muy apagada, no hay brillo en tu mirada.
―¡No quiero ir, Ukyo! ¿Y si me escapo? ―la chica se acercó a la ventana y miró a la derecha y a la izquierda para comprobar si había gente o no por los jardines. El sol se reflejó en su cabello, dándole unos tonos azulados preciosos.
Ukyo salió corriendo detrás de ella y la sujetó de la muñeca ―¡¿Escaparte!? ¡¿Estás loca!? ¡Me meterías en un buen lío! ¡Deja ya de comportarte como una niña caprichosa y asume de una vez tu responsabilidad para con el país!
―¡Para ti es muy fácil decirlo! ¡No te obligan a casarte contra tu voluntad! ―respondió Akane molesta. Nunca había visto a su amiga mirarla tan seria, ni siquiera la noche anterior.
―Te lo dije anoche y te lo vuelvo a repetir, no voy a cubrirte esta vez. En cuanto saltes por esa ventana, aviso de lo que pretendes hacer. Además, ¿a dónde vas a ir? Así vestida y sin dinero no creo que puedas llegar muy lejos.
―Ya se me ocurriría algo.
Dos golpes secos sonaron al otro lado de la puerta del dormitorio de Akane, la abrieron sin esperar respuesta. El mismísimo primer ministro se encontraba en el umbral con los brazos cruzados y con su uniforme de gala puesto ―Hija, ya deberías de estar abajo. No querrás llegar tarde a tu propia fiesta de compromiso, ¿verdad?
Sin duda no era una pregunta a la que pudiera responder con un sí o con un no quiero llegar nunca. Ukyo recolocó el kimono de Akane una vez más y la chica avanzó seria hacia su padre. Pasó por su lado sin siquiera mirarlo a la cara, tendría que estudiar su plan de huída un poco más.
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Nada más bajarse del auto que los llevó a palacio, Akane sujetó a su amiga del brazo y la acercó a ella ―No me dejes sola, por favor… ―suplicó― Ukyo le sonrió y asintió, estaba verdaderamente emocionada por la recepción de esa tarde.
Al entrar, todas las miradas se posaron en los recién llegados, más concretamente en la hija del primer ministro. Shinnosuke estaba al lado de su padre, Soun Tendo, cuando la vio aparecer al fondo del gran salón. Solo la había visto una vez hacía cinco años, cuando ambos tenían 13, en cuanto se encontraron quedó absolutamente prendado de ella. Su padre le dijo que esa chica iba a ser su prometida, que así lo habían acordado el primer ministro y él. Shinnosuke sabía que su matrimonio sería concertado pero nunca imaginó la suerte que tendría al saber que su futura esposa tuviera la belleza y la candidez de una diosa. Y ahí estaba ella, más hermosa si acaso eso podía ser posible. Se acercó hasta llegar a su altura, tanto Akane como Ukyo hicieron una reverencia nada más verlo.
―Príncipe Shinnosuke, es un honor para mi familia y para mí estar hoy aquí. ¿Se acuerda de mi hija? La señorita Akane Himura ―Happosai también hizo una reverencia ante el joven y señaló a su hija que seguía con la cabeza agachada.
―Por supuesto que me acuerdo, jamás podría olvidarla… encantado de volver a verla señorita Himura…
Akane alzó la vista y lo miró seria con sus ojos avellana ―El placer es mío, príncipe Shinnosuke ―la chica sintió un leve codazo que pasó desapercibido para todo el mundo allí presente. Sabía lo que significaba ese toque de atención de su amiga "sé más amable y menos seca"
Soun Tendo se acercó a sus invitados y de nuevo, los tres mostraron sus respetos ante el emperador de Japón haciendo una reverencia. Éste no podía apartar la mirada de la joven Himura. Happosai tosió y Soun salió de su letargo ―Encantado de volver a verlo, primer ministro, por favor pasen. El emperador Kirin estará a punto de llegar.
―El gusto es mío, estoy deseando conocerlo en persona ―respondió Happosai, y ambos se perdieron entre la muchedumbre.
―¿Puedo servirle de apoyo, señorita Himura? ―preguntó Shinnosuke, éste le sonrió de manera amable inculcando la confianza suficiente en la joven. Akane tomó aire profundamente y apoyó la mano en el brazo que le ofreció el príncipe
Solo había pasado media hora desde que llegaron a palacio cuando se anunció la llegada del emperador de China, Kirin. Los allí presentes se apartaron para que avanzara hasta adentrarse del todo en el salón. Los murmullos de los invitados sobre cómo se esperaban que fuera el emperador de China no se hicieron esperar, demasiado joven, era el comentario que más se pronunciaba, pero también que era muy apuesto, alto, con porte y con un andar que inculcaba demasiada seguridad en sí mismo, se podría decir que incluso resultaba bastante altanero, nada que se pudiera comparar con la candidez del príncipe Shinnosuke. Kirin avanzó con su consejero al lado, un hombre joven de cabello largo y gafas gruesas, hasta llegar a la altura de Soun Tendo. El emperador de Japón ofreció una reverencia al emperador de China que no fue correspondida, su ayudante la hizo por él en su lugar, ese gesto de soberbia no le gustó nada a Soun.
Kirin al instante desvió la vista y se quedó mirando con descaro a Akane, sonriendo de medio lado. Soun se percató y su instinto guerrero se puso en alerta al instante. Con una seña hizo que su hijo se acercara con Akane del brazo ―Kirin, este es mi hijo Shinnosuke, el futuro emperador de Japón.
―Encantado de conocerle, Shinnosuke ―el emperador de China contestó pero seguía sin apartar la mirada de la peliazul. Shinnosuke frunció el ceño al percartarse de tal osadía.
―Ella es mi PROMETIDA, la señorita Akane Himura, la hija del primer ministro ―Akane hizo una reverencia, Kirin se acercó hasta ella, la tomó de la mano y le besó el dorso mientras la miraba fijamente, algo que escandalizó a la gente que había alrededor. Akane se puso colorada, ¿cómo se atrevía?
―Había oído hablar de su belleza señorita Himura, pero nada comparado al verla en persona ―dijo con una sonrisa lasciva.
―Y yo no sabía que era tan osado al besar a una chica que no fuera su prometida.
Happosai se acercó corriendo, y pidiendo disculpas, arrastró a Akane unos metros fuera del ángulo de visión del emperador Kirin, pero éste la miró divertido mientras se alejaba. Nunca una mujer se había dirigido así a él y eso le llamó poderosamente la atención; en ese instante una idea se le cruzó por la mente ―¿Es que te has vuelto loca? ¿Cómo se te ocurre contestarle de esa manera? ¡Es el emperador de China, por el amor de Dios!
―¡Como si es el emperador del universo, me miró como si fuera un trozo de carne y no lo pienso consentir!
Happosai se puso dos dedos en la sien simulando tener dolor de cabeza ―¿Podrías comportarte acorde al rango que tienes solo por una vez en tu vida?
―¡Pero padre! ¡Yo… ―sus palabras fueron interrumpidas por Soun Tendo que se acercó a ellos muy serio. Volvió a mirar a Akane y se agachó para hablar con Happosai.
―El emperador Kirin quiere tener una reunión con nosotros, ahora.
―Pero si vamos a anunciar el compromiso de nuestros hijos, ¿tan importante es? ―Happosai sospechaba que algo no andaba bien y una extraña sensación le decía que Akane estaba involucrada.
―No podemos posponer esto, vamos ―ordenó Soun, no quería hablar detalles delante de la hija de su primer ministro.
Al estar a una distancia en la que Akane no podía oír nada, Soun habló con más confianza a Happosai ―Cada vez se parece más a su madre… ―el primer ministro notó el deje de melancolía en la voz de Soun.
―Sí, es toda una belleza. ¿Qué crees que quiera conseguir el emperador con esta reunión?
―No lo sé… pero me temo que nuestro periodo de paz está pendiente de un hilo.
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―¿Y bien? Aquí estamos Kirin, ¿qué era eso tan importante que quería proponernos? ―sentados en la mesa donde se debatían los asuntos de estado se encontraban Soun Tendo y su hijo Shinnosuke, el primer ministro Happosai Himura, el general del ejército de Japón Tofu Ono, Kirin, su consejero Mousse Tzu y el coronel de su ejército de aire, Tatewaki Kuno.
―No me gusta andarme con rodeos, Soun, así que iré al grano. Quiero atacar Rusia y necesito vuestra ayuda.
Todos los allí presentes se escandalizaron ante la propuesta de Kirin, el general Tofu Ono se puso en pie y colocó las manos sobre la mesa dando un manotazo —¿¡Atacar Rusia!? Con todos mis respetos excelencia, pienso que es una verdadera locura. Es una de las mayores potencias militares que existe junto con Estados Unidos. Antes que atacarlos, deberíamos intentar aliarnos con ellos. Seguimos en tensiones con Estados Unidos y serían de gran apoyo.
—¿Por qué quiere iniciar una guerra, Kirin? Japón aún sigue recuperándose de nuestra guerra con Corea, no puedo involucrar a mi ejército en algo de ese calibre. Si ellos nos atacaran, sin duda no nos quedaríamos de brazos cruzados pero, ¿iniciarla nosotros? —Soun Tendo no quería involucrar a su país de nuevo al desastre de la guerra, ahora que por fin llevaban una buena temporada en aparente paz, aunque en estos tiempos siempre había que estar alerta.
Kirin cerró los ojos y sonrió —Desconocía que los japoneses fueran tan cobardes, después de ser derrotados por mi imperio creía que estaríais más dispuestos a contentarnos.
Esta vez fue el primer ministro el que habló —Los japoneses no somos cobardes, luchamos hasta la muerte defendiendo nuestro honor y el de nuestras familias si es preciso, pero como ha dicho nuestro general, no veo necesario iniciar un enfrentamiento con ellos.
—Quizá necesiten más tiempo para meditarlo, pero la paciencia no es una virtud en mí, con lo que me lleva a otra cuestión… —Kirin miró a Happosai— todo el mundo sabe que estoy buscando esposa —el silencio reinó en la sala—, su hija me ha llamado mucho la atención… es una joven muy impetuosa y verdaderamente hermosa.
Shinnosuke se tensó, iba a hablar cuando Soun le tocó el brazo para que se mantuviera callado, sabía que Kirin podía ser peligroso en un momento dado —Kirin, sabe que este evento es para anunciar el compromiso de mi hijo con la señorita Himura, seguro que hay millones de chicas de buena familia dispuestas a ser la nueva emperatriz de China.
Kirin chasqueó la lengua —Ya veo que sigue sin tener idea de con quién está hablando, verá, resulta que no me han interesado otras chicas, quiero que sea ella, me entiende, ¿verdad? Bien es verdad que era la prometida de su hijo, creo que en términos generales, como yo lo veo, es más importante la paz entre nuestras naciones que un compromiso no anunciado entre su hijo y la señorita Himura. Nuestra alianza será aún más fuerte si la desposo y la convierto en mi reina. ¿O queréis que China vuelva a ser vuestra enemiga? —Kirin lanzó una fría mirada a los allí presentes que comenzaron a sudar frío.
—¿Entraría en guerra con nosotros por una mujer? —habló apretando los dientes el general Tofu.
—¿Y qué sería más bonito que luchar por amor? —rio sarcástico— Ya se dio con los griegos y los troyanos hace tiempo, seguro que recuerdan cómo terminó todo.
—¿¡Por qué ella!? ¡Me pertenece por derecho! —Shinnosuke se levantó de su asiento, ya no pudo aguantar más los caprichos de un excéntrico emperador. ¿Llevar a la guerra a su país por conseguir lo que quería? ¿Qué clase de gobernante le hacía eso a su pueblo?
—Cálmese, príncipe… le digo igual que me han dicho, es joven y atractivo, seguro que habrá cola para casarse con usted. No pido mucho y nunca más tendrán que temer a mi poderoso imperio.
Se hizo el silencio durante unos minutos en los que la tensión entre ambos bandos podía cortarse con un cuchillo. Soun Tendo tomó aire y se puso de pie —Está bien, cedemos a la hija de Happosai Himura para que se convierta en la nueva emperatriz de China.
—¡Padre, ¿qué haces!? —Shinnosuke alzó la voz más de lo debido y Soun lo mandó callar con una señal. Happosai miraba sin abrir la boca, él nada podía hacer, aún tratándose de su hija.
—Me encanta negociar con usted, Soun. Pues esto era todo, mediten bien mi propuesta y ya me enviarán una misiva con lo que hayan decidido. Ah, la boda quiero que se celebre en tres meses, estoy deseando tener a mi esposa junto a mí ―Soun notó el deseo en la voz de Kirin― Vamos afuera, hay una fiesta de compromiso que celebrar. Mousse, sígueme —ordenó a su mano derecha que caminó detrás de él junto con el coronel Kuno, que antes de levantarse dirigió una mirada divertida a los allí presentes.
Una vez quedaron solos Shinnosuke estalló —¡Eres un cobarde! ¿Cómo has dejado que nos maneje a su antojo? ¡Hemos sido marionetas en sus manos!
Soun miró muy serio a su hijo —Hay cosas más importantes que una mujer —al decirlo, Happosai que lo conocía desde hace muchos años, notó un deje de frustración en su voz—. Cuando seas emperador entenderás mis razones —y sin más, salió de nuevo al gran salón.
Todos los invitados esperaban expectantes cuando arriba en la gran escalinata aparecieron el emperador de Japón junto con el de China, su hijo Shinnosuke estaba a su lado pero miraba con rabia en dirección contraria. Happosai se puso al lado de su hija Akane, que no tenía mejor cara que Shinnosuke, pero por distintas razones. Ésta miró al príncipe y vio que su mirada había cambiado, la candidez que sintió había desaparecido. ¿De qué habrían hablado para que todos hubieran salido tan serios?
Soun se acercó a la barandilla y se hizo el silencio —Esperemos que estén pasando una velada agradable. Quiero aprovechar que tengo la atención de todo el mundo para anunciar un compromiso que será muy próspero para nuestro país. Por fin, Japón y China estarán verdaderamente unidas. El emperador Kirin, ha pedido amablemente al primer ministro, Happosai Himura, la mano de su hija, Akane…—la chica miró en dirección a su padre que seguía con la vista al frente— y tal honor no podía ser rechazado por nosotros. Así que me agrada anunciar oficialmente el compromiso de Kirin y Akane Himura.
Los murmullos entre la gente volvieron a hacerse eco en el gran salón. Todos pensaban que el compromiso de la señorita Himura sería con el príncipe Shinnosuke.
Kirin se aproximó a Akane que lo miró desafiante, la tomó de la barbilla y le subió el rostro. La chica lo observó con el ceño fruncido, acto seguido Kirin se inclinó, y para sorpresa de todos, la besó en la boca. Cuando Akane sintió la lengua de Kirin introducirse en la suya se separó con ímpetu y se tocó los labios con la yema de los dedos. Los murmullos ante esa acción fueron ensordecedores.
—¿¡Cómo se atreve!? —acusó Akane sin poder creer lo que había pasado.
Kirin sonrió —Antes me dijo que era muy osado besarla si no era mi prometida, ya he arreglado ese inconveniente, debería de estar contenta.
Shinnosuke se adentró en el palacio, ya había visto suficiente, Kirin se acercó a la barandilla y se puso al lado de Soun —Estoy seguro que esta nueva alianza traerá prosperidad a nuestros países. Pueden continuar con la fiesta, música por favor —dicho esto bajó las grandes escaleras para entablar conversación con los grandes gobernantes de Japón.
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Al llegar de nuevo a su casa, Akane se dirigió veloz a su habitación y cerró la puerta de golpe dando un portazo. Había estado todo el camino de regreso discutiendo con su padre. No podía creer que la pasaran de un hombre a otro como si fuera un objeto. Si no quería un casamiento con Shinnosuke, menos aún con Kirin. Desde que lo miró a los ojos no le dio buena espina, tenía un mal fondo, lo presentía. No le había dado tiempo a deshacerse el peinado cuando llamaron a su puerta.
—¡No estoy para nadie! —gritó desde el otro lado. Aún así la puerta se abrió y Happosai entró, cerrando tras de sí— Papá de verdad, hablamos mañana, estoy cansada.
—¡Hablaremos ahora jovencita! ¡No pienso aguantar esa actitud que tienes! ¡Tú no eres como las demás! ¡Tienes que afrontar tu destino!
—¿¡Y por qué no puedo elegir mi propio camino!? ¡Yo no elegí nacer con esta obligación! —Akane se paseaba por toda la habitación como una fiera encerrada.
—¡Tienes que hacerlo por el bien de Japón! ¿¡Quieres que volvamos a entrar en guerra!? ¡¿Quieres ser la causante de miles de niños huérfanos, viudas y madres llorando por sus hijos que jamás regresarán a sus casas!?
Akane lo miró horrorizada —Por-por supuesto que no… ¿qué tiene que ver eso conmigo?
—Si no te casas con Kirin, China ya no será nuestro aliado, volverá a ser nuestro enemigo y te juro que no es un enemigo piadoso.
—No puedes cargar sobre mis hombros esa responsabilidad —Akane habló con la voz temblorosa.
—Lo siento mucho, hija. Tampoco es de mi agrado entregarte a ese hombre, pero es el precio que tendremos que pagar si queremos preservar la paz.
La chica se sentó en la cama con la mirada perdida en la nada, ¿por qué ella? ¿Por qué entre todas las malditas mujeres de la fiesta se fijó precisamente en ella? Happosai se acercó y le acarició el brazo —Descansa, el día ha sido muy duro para todos. Dentro de tres meses no será más que un mal sueño. Ser emperatriz de China es todo un honor —al no recibir ni una palabra de la boca de su hija, Happosai salió de su dormitorio dejándola enfrascada en sus pensamientos.
A la media hora volvieron a tocar la puerta, esta vez fueron golpes muy suaves, sabía de quién se trataba ―¡Adelante!
Ukyo abrió la puerta tímidamente, pero en cuanto la cerró corrió dando saltos para llegar al lado de Akane ―¡Cuéntame con pelos y señales qué se siente cuando te besan!
A Akane le subieron los colores en ese instante―¿Qué-qué quieres que te diga?
―¿Cómo que qué quiero que me digas? ¡Todo! Pareció de película… ―Ukyo comenzó a girar sobre sí misma mientras simulaba un baile, de repente paró en seco y se puso a muy escasos centímetros del rostro de Akane― ¿Te metió la lengua en el primer beso?
Simultáneamente, en la gran suite del mejor hotel de Tokio donde se hospedaba el emperador, se mantenía una conversación entre éste y su mano derecha, Mousse.
―Me la hubiera follado allí mismo, de verdad que tiene la belleza y la osadía del diablo ―dijo a su interlocutor mientras daba un trago a su vaso de sake.
―Aún siento sus labios sobre los míos… fue una sensación extraña… ―dijo la ojiavellana repasándose con el dedo índice los labios.
―Es una niña, Kirin ―comentó el chico de gafas gruesas.
―¡¿Te gustó!? ―dijo con sorpresa la joven mucama.
―Por eso será más fácil y divertido ―respondió Kirin con una sonrisa maliciosa en los labios.
―¡No digas tonterías, Ukyo! Es un tonto prepotente.
―Fácil no creo, se ve toda una fiera ―Mousse sirvió un poco más de sake para Kirin y se volvió a llenar su vaso.
―Yo te decía el beso, no el emperador. Pero si tú has pensado que era él entonces sí que te gustó… ―Ukyo aplaudió entusiasmada.
―¡Ponme a prueba! ―replicó la chica de cabello azulado.
―Ponme a prueba ―respondió el emperador con una sonrisa petulante mientras brindaba con Mousse.
Continuará…
Hola de nuevo! Ya veis que regreso con un nuevo fic, no tenía pensado publicarlo tan pronto porque no puedo comprometerme como otras veces a actualizar una vez a la semana, pero quería hacer algo con la iniciativa que tenemos en mi país de #yomequedoencasa. Sabréis que España, entre otros países, estamos pasando una mala época debido a este dichoso coronavirus. Quería hacer más ameno el encierro que responsablemente debemos hacer. Como algunos sabréis, yo no puedo quedarme en mi casa, puesto que trabajo en farmacia hospitalaria, pero pido que por favor, que la gente sea consecuente y responsable, si no… nos va a costar más vencerlo. Especial ánimo a LumLumLove, porque está al pie del cañón como enfermera de esta locura y donde mayor foco de infección hay, Madrid. Mucha fuerza amiga!
Dicho esto quiero aclarar cosillas del fic, como he puesto arriba es una ADAPTACIÓN de la peli de anime, la princesa y el piloto. Voy a ser fiel a algunas cosas, y como habréis comprobado los que conocéis la película, me voy a inventar otras mil. Es una versión al estilo Sakura Saotome ;) así que, si a alguien le entusiasma este anime pueden pasar dos cosas, una es que no le guste nada la adaptación y dos es que sí les agrade un poquito más de acción. Dejo a vuestra elección el querer leerlo o no. Como siempre digo cuando publico: PARA QUIEN QUIERA LEER.
Otra cosa, detalles de guerras, situaciones, aviones… en fin, no estoy investigando mucho así que, todo es casi inventado y adaptado a como le venga bien a la historia, lo advierto desde ya.
Habréis observado un desbarajuste en los personajes, principalmente en el cambio de apellido y padre de Akane y Shinnosuke… no tengo mucho que decir ahí, es un UA…
Agradecer a mi beta-reader Sailordancer7 el seguir ahí ayudándome cuando me atranco en la historia, baby me sigues haciendo mucha falta. A mi co-beta-reader SusyChantilly que me anima y da su cero humilde opinión cuando lee el capítulo, también me hace ver si se comprende bien o si algo no se entiende. Os quiero chicas! Ella actualmente está publicando el fic La apuesta va por el capítulo 4, recién actualizado ayer y al que le debo un review…
A mis Locas por el Dios Griego que las adoro, no sabría qué hacer sin ellas, les deseo lo mejor porque siempre están para levantarme si flaqueo. Tenemos una página en Facebook con el mismo nombre por si queréis seguirla donde subimos imágenes, fanarts, memes… de todo un poco.
Y por hoy ya me he enrollado demasiado, besos y abrazos! Nos leemos!
Sakura Saotome :)
