Hoy había luna llena. El cielo estaba oscuro, iluminado solo pequeñas luces llamadas estrellas.

El viento era fuerte; las olas del mar eran grandes y rompían contra el acantilado. La mansión que se situaba sobre ese acantilado estaba iluminado tenuemente, solo una habitación en una de las esquinas estaba a oscuras.

Eran esos días del mes otra vez, donde sus sueños eran tan reales como la realidad. Era como si estuviera viviendo dentro del sueño mismo. Durante seis meses, había sido así.

Se veía a sí misma caminando por el bosque.

Hojas de maple caían con gentileza, cubriendo la tierra con un adorable color ámbar. Las flores estaban naciendo, con colores vívidos, llenos de vida. El lugar estaba tranquilo, tanto que, casi podía escuchar el silbido del viento mientras caminaba. Todo era muy pacífico.

El delicado sonido del agua cuando alcanzaba el arco de piedra. Las rosas creaban su camino, adornando cada parte. Todo era muy hermoso. No lejos del arco de piedra había un grupo de hadas, ninfas y dríadas. El lago, el cual se unía al océano en algún punto, estaba ubicado al lado de la cueva del dios del viento, el cual servía como patio de juegos de las ninfas de agua y de las sirenas. Estas últimas, usaban las rocas para sentarse y tocar sus arpas mientras cantaban.

El sonido de una risa gentil hacía eco en el lugar mientras Marinette caminaba. Se escuchaba la dulce melodía de un arpa siendo tocada. Esta arpa era diferente de las normales. Marinette había visto que esta arpa controlaba las estaciones, creaba deseos mortales y a la vez no. Era un instrumento especial y solo un hombre, o mejor dicho un dios, podía tocar dicha arpa.

Marinette giró su cabeza hacia la fuente de sonido.

La delicada melodía podría arrullar a un mortal y dejarlo en un sueño profundo. Los blancos conejos, los cachorros de diferentes colores y los gatos, los pájaros y algunas hadas y ninfas, todos miraban al hombre que estaba tocando el arpa, algunos de ellos caían rápidamente dormidos. La música era celestial a oídos de Marinette.

Una sonrisa surcó su rostro cuando vio al hombre sentado en una piedra pulida, sus piernas cruzadas mientras sus dedos halaban las cuerdas del instrumento. Los arbustos rodeaban dicha piedra y las viñas trepaban sobre el frente.

Marinette miró al ser que estaba sentado de manera elegante. El hombre era atractivo. Su cabello rojizo, con un mechón cubriendo su rostro. Era de hecho, un chico con apariencia femenina semejante a un hada, pero mucho más hermoso, con unos ojos celestes preciosos.

Este dios llevaba una insignia que estaba ceñida a su cintura, con forma de esmeralda. En su espalda, llevaba alas transparentes y sus bordes brillaban de color dorado.

Marinette fue hasta donde escuchó la agradable risa.

Una risa salió de sus labios cuando vio a tres hombre jugando alrededor del lugar encantado.

Por sus sueños previos, sabía que eran el dios del viento, el dios de la tierra, y la diosa de la cosecha.

El chico de aspecto femenino era el que controlaba el balance de la armonía, incluso de las estaciones. Tenía poderes curadores y era considerado como el superior de todos, puesto que podía controlar todos los elementos excepto la luz y la oscuridad, los cuales eran poderes únicos de otros dos dioses. También podía controlar el fuego y el agua hasta cierto punto.

La música había cambiado pero aún se dejaba escuchar la suavidad.

Marinette cambió su camino, el cual la llevaba a una pequeña puerta de oro; una barrera lo cubría. El enrejado estaba lleno de flores, especialmente rosas.

Era su lugar sagrado.

'Sagrado' era una palabra fuerte pero a ella le gustaba. La puerta dorada, también estaba cubierta por rosas, las viñas se enroscaban elegantemente en cada uno de los dorados pilares, las flores estaban en pleno color rojo, muy semejante a la sangre. En las columnas habían querubines con pequeños arcos, los cuales tenían las puntas con la forma de corazones.

Sí, estaba contenta con su lugar sagrado.

Marinette caminó por el largo camino de piedra y las ninfas de agua se movieron para abrir las puertas.

En el momento en que pasó, las ninfas cerraron las rejas, nuevamente conversando mientras arreglaban las viñas y entrelazaban las flores en las mismas.

Nadie, excepto ella y los dioses podían entrar en ese santuario.

Era un privilegio dado solo a aquellos con poderes. Pero aunque Nathaniel, Nino, Kim y Alya podían, los cuatro dioses nunca lo hacían. Si la memoria no le fallaba, los otros dioses solo habían visto ese lugar tres veces y solo bajo las órdenes de Marinette. Lo cual le gustaba. Apreciaba mucho su paz y privacidad.

Unos metros más allá de la puerta, Marinette se detuvo frente a un manantial que estaba bien escondido.

Desde la puerta, era posible ver solo las rosas y los árboles de lima, así como también una pequeña fuente, la cual vertía agua por unas estatuas de delfines.

El manantial de Afrodita, así era llamado, tenía agua de un azul profundo. Era fascinante como su superficie brillaba bajo la luna llena, dándole un sentimiento mágico.

Era como si la estación no importaba ya que ese lugar era una excepción. Todo estaba en pleno florecimiento. Tenía que ser así, ya que ahí era donde vivía la diosa.

En la esquina derecha del manantial había una pequeña sala de diseño elegante. Sus pilares eran blancos con líneas doradas. Ligeras enredaderas de flores servían como cortinas. El tono purpura de las flores le daban un toque de realeza al lugar. Habían también árboles, flanqueando cada lado del pabellón, los cuales daban su fruta favorita...las suculentas y doradas manzanas.

El sonido del agua captó la atención de Marinette. Amaba ese sonido.

Deseando sentir las suaves ondas del manantial contra su piel, Marinette lentamente se deshizo de sus prendas, un bonito y ajustado Ki Pao chino, era negro y tenía un bordado con ligeros tonos dorados y blancos. Cuando estuvo desnuda, la fría brisa acarició su piel.

Lentamente, caminó hacia el manantial, sonrió cuando sus pies entraron en contacto con el agua.

Entró más y más profundo hasta que lo único expuesto fueron sus hombros y su cabeza. Un pequeño suspiro escapó de sus labios cuando el agua la abrazó, acariciando sus músculos.

El agua estaba tan fría como la noche y eso hizo que un escalofrío la recorriera, pero ella sabía cómo dominar este particular elemento. Vivía su vida jugando con el agua y la luz.

Con una sonrisa gentil, Marinette movió un dedo sobre el agua y la temperatura subió. Satisfecha con su improvisado tibio manantial, Marinette inclinó su cabeza y se deleitó con la calidez del agua.

El dios de la guerra, oscuridad y fuego no estaba a gusto con la animada risa. Él era conocido por su personalidad inquietante, por ser fuerte. Él era la personificación de la hombría y el coraje, de la rebeldía y la sed de sangre.

El bosque encantado donde vivían, estaba dividido en seis partes, donde los dioses podían descansar y hacer lo que quisieran.

Su guarida era la que estaba más lejos. Le gustaba estar ahí pero tenía que admitir que era un poco aburrido estar en ese lugar ya que no habían flores ni pájaros cantando, solo tenía la oscuridad como compañía. El sol nunca llegaba a su hogar ya que, para no dejar que sus rayos entraran, él usaba sus poderes, bueno...excepto la iluminación emitida por el fuego.

Sí, su vida era así de simple, solo oscuridad y melancolía.

"Son muy ruidosos!" le gritó a Alya, la diosa de la cosecha, quien estaba riendo de alguna broma que el dúo había hecho.

"No es cierto." dijo Alya riendo más. "Solo estás muy tenso Ares~"

"Sí. Deberías salir con nosotros, Ares." bromeó el dios de la tierra.

"Cállate Nino!" dijo.

"Ares, debe relajarse un poco. El dios o diosa o lo que sea del sol, de seguro ama verlo sonreír." Kim, el dios del viento, dijo.

Sin decir nada, el dios de la guerra chasqueó los dedos y los tres dioses huyeron debido a que los árboles en los que estaban recostados empezaron a arder.

Los animales y criaturas místicas que estaban escuchando la música se escabulleron lejos del bosque, temerosos del recién llegado.

Una risa burlona hizo eco y la suave música se detuvo. "Deberías controlar mejor tu temperamento, Ares." Dijo Nathaniel, quien con un movimiento de su muñeca, extinguió el fuego, dejando a la vista el afectado bosque.

Alya sacudió la cabeza, consternada, mientras acariciaba una parte del árbol. Un minuto después, el árbol estaba de regreso, lleno de frutos. Kim sopló y los rosados pétalos bailaron en el viento, creando una pacífica y casi romántica, atmósfera en el bosque. Las hojas de maple cayeron delicadamente contra el suelo otra vez.

Nino susurró algo en el viento y de pronto, los arbustos y flores, volvieron a nacer.

"Deja de llamarme Ares!" gritó enojado, haciendo que las ninfas de agua se escabulleran en la cascada que estaba al lado de la guarida de Nath.

"Tz, tz." dijo Nathaniel, moviendo las cuerdas de su arpa otra vez. "Baja la voz Ares. No queremos fastidiar el descanso de Afrodita."

"Afrodita?" el dios de la guerra se giró hacia Nathaniel, desconcertado. "Ella está aquí?" preguntó con los ojos bien abiertos.

"En su guarida." Dijo Nino y el hombre a quien llamaban Ares lo miró con los ojos abiertos.

"Ella ha..." su voz murió pero los otros dioses sabían lo que quería preguntar. Para su desilusión, los cuatro movieron la cabeza negativamente.

"No." Los cuatro dioses contestaron al unísono, con miradas tristes.

Marinette mantuvo los ojos cerrados aún cuando escuchó que la puerta era abierta y cerrada de nuevo.

Cinco segundos. Solo le tomó cinco segundos al intruso antes de llegar al manantial donde Marinette estaba disfrutando su baño, mientras que para cualquier mortal, si acaso, le habría tomado cinco días en encontrarlo.

"Qué quieres?" preguntó, sin abrir los ojos.

"No me hiciste saber que habías regresado." Fue la respuesta que Marinette recibió.

"Ares, mi amor..." la dulce voz de Marinette hizo eco en la noche. "Me has extrañado tanto?" una risa sarcástica terminó sus palabras.

"Odio ser llamado así." El mal humor afligió el cielo y pronto las estrellas ya no pudieron ser vistas, la luna se escondió detrás de una espesa y oscura nube.

La menor sonrió, chasqueando la lengua. "Pues yo creo que te va bien, ya que adoras pelear con Chloe y Luka." Dijo Marinette. "Despeja las nubes. Los humanos necesitan luz, cariño."

Adrien chasqueó los dedos y de pronto el cielo estaba tan hermoso como antes, la luna brillaba gentilmente. Satisfecho, suspiró y se dejó caer en el suelo. Sus ojos miraban la delicada figura delante de él.

La extrañaba.

El rostro femenino y hermoso, los gentiles ojos azules que lo miraban antes de dormir, la delicada, pálida piel, el cálido cuerpo que amaba sostener, los labios que ansiaba besar; extrañaba a la que había sido su pareja y la quería de regreso. Adrien odiaba el hecho de que estaba en cero con Marinette. Otra vez.

"Puedo sentir tu mirada Chaton."

"Es porque estoy viéndote." Contestó Adrien mientras jugaba con la negra prenda que ahora tenía en las manos. Cerró los ojos y la llevó a su nariz e inhaló la esencia. Era la misma esencia que Marinette siempre llevaba consigo.

Segundos después, sintió como si dagas de hielo rozaban la piel de su cuello. "Deja mi ropa." Habló una voz fría.

Adrien abrió los ojos y vio el bello rostro de la única persona que lo había domado, mirándolo con odio y asco.

"Tus prendas siempre huelen bien." Contestó. Adrien tocó la delicada ropa e inhaló una vez más, sin querer dejar de hacerlo. "Recuerdas la vez que le prendí fuego a tu ropa?"

"Sí. Lo quemaste completamente y tuve que usar mis poderes para hacerme uno de agua."

"El cual no dejaba nada a la imaginación, debo decir. Especialmente la mía. Eres mucho más sexy así My Lady." Interrumpió el mayor.

Marinette contestó, enojada. "Como siempre, Ares...nunca dejas de babearte por mí." La menor sonrió dulcemente, fastidiando al dios que aún estaba mirándola intensamente.

La manera en la que Adrien la miraba, hacía que la temperatura del agua aumentara. Tratando de ignorar la incómoda sensación, Marinette decidió romper el silencio. "Pero déjame decirte, eso fue estúpido y no lo hagas otra vez. Eso es rastrero. Mi ropa está hecha de hilos de oro y algodón egipcio!"

"Rastrero?" Adrien se rió divertido. "Tú saboteaste mi guardarropa al día siguiente y no tuve nada para usar! Les tomó tres días a las costureras para terminar mi ropa, Marinette."

"Eso fue porque eres quisquilloso. Pero ya sabes lo que dicen...la venganza es dulce." Marinette rió y Adrien sintió que algo cálido lo recorría. "Fuiste tan infantil y de puro enojo dejaste a oscuras el mundo durante esos tres días."

"Y de quién fue la culpa?"

"Fuiste tú el que empezó." Dijo ella seriamente.

"Bueno. Pero tú tienes ese poder yo no, así que por qué no lo usaste a mi favor? Pudiste haber salvado al mundo de la oscuridad." Dijo Adrien.

Marinette lo miró aburrida. "Tal vez la razón por la cual no le di nada de luz a la tierra esos tres días, fue para demostrar mi arrepentimiento por lo que hice. Al menos, YO, sí tengo consciencia."

"Tú nunca has tenido consciencia cuando se refiere a mí, mi querida Afrodita."

Marinette miró mortalmente a Adrien. "Estoy segura que no quieres que sea ruda ahora a menos que quieras manchar con tu sangre mi alfombra, verdad?"

No pasó mucho hasta que el hielo se derritió y Adrien siguió jugando con el fuego en sus dedos.

Juntó sus dedos y la bola de fuego desapareció en su palma. "Te has olvidado que controlo el elemento del fuego, mi adorada Afrodita?" bromeó. "Cuánto más planeas estar en el agua? Tus sirvientes, las ninfas del agua, me han dicho que has estado sumergida durante una hora."

Marinette roló los ojos. "Y desde cuándo Ares se preocupa por mí?"

"Desde la primera vez que me sonreíste, mi amor." Contestó Adrien con sinceridad.

Había dicho en serio cada palabra, especialmente usando aquel tono cariñoso.

Marinette bufó. "Gírate. Voy a salir del agua." Dijo ganándose una risa.

"He visto, tocado y probado cada parte de tu cuerpo, así que deja de hacerte la inocente, Ma-ri-ne-tte."

"Tristemente todo lo que puedes hacer ahora es mirar. Nunca más volverás a tenerme. Una lástima no lo crees?" dijo con sorna. "Gírate ahora."

"Y si no lo hago?"

"Me da lo mismo." Dijo ella empezando a salir. Su pálida piel brillaba bajo los rayos de la luna, el agua que había estado rodeándola caía en gotas desde su cuerpo hacia el manantial.

Adrien tuvo que tragar en seco al ver la delgada y hermosa figura de Marinette.

Solo tuvo la oportunidad de verla unos segundos antes de que su visión se nublara. Cerró con fuerza los ojos para evitar la fuerte luz. También tuvo que mantener alta la temperatura de su cuerpo para evitar que el hielo que lo tenía encerrado le causara hipotermia.

"Ya terminé." Dijo Marinette, minutos después, con voz calmada. Adrien lentamente abrió los ojos, tratando de ajustarse a la oscuridad otra vez.

El hielo, otra vez, se convirtió en agua y regresó al manantial.

Para su mala suerte, Marinette había sido capaz de vestirse mientras él estaba atrapado. "Sabes que odio cuando te aprovechas de tus poderes." Dijo, frotando sus ojos. "Ah! Aún me duelen los ojos! Pudiste dejarme atrapado en el agua y no en el hielo! No soporto el frío y lo sabes." Se quejó.

Marinette caminó hacia un árbol, tomó una manzana dorada y dio una mordida. Se tomó su tiempo para morder la fruta antes de tragarla.

"Crees que me importa Chaton?" preguntó mientras caminaba y se desplomaba sobre la blanca y enorme cama que estaba dentro de la sala. Miró al guapo y rubio dios de la guerra que luchaba por aclarar su visión. Marinette cerró los ojos y sacudió la cabeza. Guapo mi trasero!, pensó.

"Siempre lo haces." Una voz hizo eco en su oreja.

Marinette giró a la derecha para mirar al chico. "Por qué estás aquí?" levantó su perfecta ceja.

"Recuerdas, Buginette?" la voz de Adrien estaba llena de nostalgia. "Hicimos el amor tantas veces aquí...en esta misma cama..."

"Tuviste tu oportunidad." Marinette no tenía idea de lo que estaba hablando. Era como si alguien más estuviera haciéndole decir cosas de las que no estaba al tanto. Qué estaba pasando?

"Me has tenido lejos mucho tiempo, Marinette." Dijo el otro dios. "Mi afrodita." Enfatizó el nombre.

"Estás loco? Bueno, sí. Pero ahora también eres aterrador." Dijo ella, dando otra mordida a su fruta favorita para distraerse.

"Lo estaré si no despiertas de ese letargo y sigues sin venir a mí. Te extraño mucho, Marinette. Por favor, regresa conmigo, amor..." las palabras estaban llenas de súplica, ruego y la desesperación en la voz de Adrien era evidente.

La manzana cayó al piso cuando Adrien se inclinó hacia ella y reclamó sus labios. Marinette solo pudo mirar los ojos cerrados del hombre mientras el beso se profundizaba.

Adrien supo que perdería el control cuando besara a Marinette. Ella era su más dulce pecado, el único pecado que cometería una y otra vez.

"Sabes que no eres capaz de resistirte. Déjate llevar, amor. Libera a mi Afrodita. Ares ha esperado mucho tiempo..." murmuró Adrien en la oreja de Marinette antes de volver a besarla. "Y ya me has privado de ti demasiado..."

Los labios que estaban debajo de él, estaban listos para lastimarlo. Pero Adrien fue más rápido ya que el espíritu de Ares habitaba en su interior. El momento en que esos sensuales labios se separaron, Adrien deslizó su lengua dentro de la boca de Marinette, profundizando más el beso.

Marinette quería huir del agarre de Adrien pero no pudo seguir resistiéndose más a los besos y roces ya que en su interior habitaba Afrodita, quien era la pareja de Ares.

Un gemido escapó de sus labios cuando Adrien tocó con sus dedos su botón izquierdo, rozándolo por encima de la ropa.

"Adrien..."

"Marinette..."

No tenía caso resistirse. Siempre había sido de ese modo.

Marinette ladeó la cabeza y permitió que Adrien succionara la piel de su cuello. Entrelazó las manos en la cabellera de Adrien, acariciándolos.

"Te extraño." Susurró Marinette, perdiéndose en esa sensación placentera. Odiaba a este hombre! Pero más odiaba el hecho de que no podía odiarlo verdaderamente porque él era el ser que más amaba.

Adrien se tomó su tiempo, saboreándola.

Le gustaba el sabor de Marinette, cómo gemía su nombre, cómo el cielo nocturno era mudo testigo de la escena de amor en la guarida de la menor.

Este lugar era especial, más especial que los santuarios que servían como lugar de adoración a Afrodita, Ares o cualquier otro dios.

"Eres hermosa. Siempre lo has sido, My Lady." Susurró en la oreja de Marinette otra vez y fue recompensado con un profundo y apasionado beso. Sus lenguas pelearon por la dominación mientras que sus manos exploraban, tocaban y acariciaban cada parte del cuerpo del otro, gimiendo ante la calidez de la mano rodeando la región sur del otro.

La delicada sensación de suaves manos contra su palpitante miembro y sexo...todo eso era abrumador.

Marinette bajó la cabeza hacia el hombro de Adrien mientras que el otro la acariciaba lentamente, tanto que, quiso rogarle porque lo haga más rápido.

Pero no, Afrodita se negaba hacer eso. Era Ares quien debía rogar. Era Ares quien debía darse cuenta que era él el que la había extrañado. Era Afrodita quien controlaba a Ares. No al revés.

Marinette apretó el agarre en la palpitante extremidad, acariciándolo más lento de lo que Adrien lo hacía con ella. El chico se convirtió en un desorden que solo gemía mientras gruñía de frustración.

"Marinette..." la llamó mientras ella besaba su clavícula, su mano seguía su tarea de acariciar a Adrien.

Su cuerpo estaba ardiendo. Estaba en llamas. Marinette quería liberarse de esa sensación, y sabía, que también estaba consumiendo a Adrien mientras su mano lo acariciaba. Hacía calor, el fuego lamía su piel.

"Gatito, por favor~" Marinette no pudo evitar rogar. Ellos eran, después de todo, pareja.

"Por favor qué, mi amor?" dijo Adrien con voz llena de lujuria. Tener a Marinette así de cerca siempre nublaba sus pensamientos racionales. La sola presencia de esta mujer lo intoxicaba. No duraría mucho. No podía.

"No pued-" Marinette, en lugar de hablar, le mostró a Adrien lo que quería. Aceleró sus movimientos y pronto, tuvo al mayor gimiendo de placer y satisfacción.

Se acercaron y se besaron apasionadamente mientras trataban de deshacerse del nudo dentro de ellos.

Cuando la noche se hizo más oscura, dos almas dieron un grito silente cuando alcanzaron su clímax en la mano del otro. Adrien colapsó sobre su espalda, jalando a Marinette sobre él.

"Regresa conmigo, My Lady." Rogó Adrien antes de que una pesada cortina de humo los separara.

Marinette se sentó, aún jadeando. Miró el desorden en su cama. Había soñado otra vez. Era lo mismo una y otra vez. Se miró y se dio cuenta que estaba vestida. Todo estaba igual excepto aquella molestia entre sus piernas.

Marinette trató de recordar su sueño. Un bosque encantado, ninfas marinas, dioses, su guarida, la manzana dorada, la constante discusión con Ares/Adrien, y sin importar cuánto trataba de resistirse, se unían. Siempre se despertaba cuando había logrado su liberación, la cual siempre era satisfactoria. Marinette se sonrojó profundamente cuando un pensamiento cruzó su mente.

"Adrien?" Marinette susurró el nombre. Llevó una mano a sus labios y los trazó con sus dedos. "Adrien..." susurró de nuevo teniendo al sensación real de los labios del hombre rubio de ojos verdes sobre los suyos.

Marinette bajó los últimos escalones. La mansión estaba en silencio, solo el sonido de las olas debajo del risco, podían escucharse.

Agua. Necesitaba agua. Sabía que no podría volver a dormir después de ese sueño. Era perturbador pero ella lo encontraba agradable.

Un suspiró salió de sus labios mientras iba hacia la cocina. Sacó una botella del fridge, la destapó y bebió.

"Adrien..." repitió el nombre. Inconscientemente, Marinette alzó un dedo y trazó círculos en el aire. Parpadeó cuando el agua que aún estaba dentro de la botella, flotó en el aire, moviéndose en círculos; de la misma forma en la que se movía su mano.

"Uwah!" exclamó, sorprendida. Sabía que controlaba el agua en sus sueños pero era irreal que la obedeciera fuera de ellos.

Con los ojos abiertos, Marinette abrió el grifo y dejó que el agua corriera.

Nuevamente, movió su dedo y el agua obedeció su orden. Cerró los ojos y pensó en nieve, momentos después, sintió el frío y blanco copo tocando su piel. Abrió los ojos y sonrió ampliamente cuando vio los copos.

"Es hermoso..." se dijo a sí misma mientras atrapaba uno. No se derretía a pesar de estar bajo su cálido tacto.

"Si mis poderes son reales, entonces..." su voz murió cuando se dio cuenta de las cosas. Sintiéndose un poco mareada, Marinette salió de la mansión y se sentó al borde del risco. Vio el mar mientras las olas se rompían.

"Tranquilo." Susurró y el mar pronto estuvo calmado. Brillaba con elegancia bajo los rayos lunares.

"Oh, es divertido!" dijo feliz. Pasó los siguientes cuarenta y cinco minutos jugando con su nuevo descubrimiento. Basta decir, hizo todo lo que podía con el elemento del agua. Era una experiencia emocionante.

"Veo que ya tienes control de tus poderes, Marinette."

Marinette se tensó al escuchar esa voz. Alguien la había visto usando sus poderes? Gritarían? La expondrían? Qué pensarían los mortales de ella, ahora? La quemarían viva? La matarían lentamente?

Queriendo defenderse a sí misma, Marinette pensó en hielo, y luego lo vio formase bajo el mar. Lo escondió en lo profundo, pensando que sería mejor así para que el intruso no viera lo que le tenía preparado.

"Quién eres?" preguntó, con la mirada aún enfocada en el mar. Las olas estaban de regreso, no queriendo exponerse más, Marinette las dejó fluir con agresividad.

"No te asustes." La voz era gentil. Marinette vio que las furiosas olas se habían calmado nuevamente. "Ahora, antes de que te desesperes, yo también puedo controlar los elementos, menos la luz y la oscuridad."

Marinette giró a su izquierda y se encontró con un hombre vestido casualmente. Llevaba pantalones negros y una remera blanca. Tenía la sensación de que lo conocía.

"No me recuerdas?"

Marinette miró al hombre, olvidando completamente el hielo bajo el mar cuando vio la gentileza en sus ojos. "Lo siento...recuerdo tu rostro pero no tu nombre. Siempre tocas un arpa en mis sueños..."

"Sí, no te preocupes..." dijo el extraño sentándose a su lado. Ambos escucharon los gentiles sonidos de las olas golpeando la orilla. "No has cambiado."

"Me conoces?" preguntó ella. De alguna forma, se sentía a gusto con este hombre.

"Sí." Dijo. Movió su muñeca y de pronto, hubo delfines emergiendo y jugando en el mar.

"Eso es genial!" dijo Marinette emocionada. Sus ojos estaban abiertos de par en par, como si fuera una niña.

"Tú eres mejor que yo en eso." Dijo el hombre. "Puedes controlar todo con respecto al agua, incluso las criaturas que lo habitan."

"En serio?"

"En serio. Puedes llamar a las sirenas, ninfas marinas, delfines, etc., y hacer que hagan lo que tú quieras."

"Cómo sabes eso?"

"Te suena el nombre 'Nathaniel'?"

Nathaniel... Nathaniel... Nathaniel ...

"Nath...?" susurró Marinette. No supo porqué, pero el nombre salió de sus labios. Se sentía familiar. Luego algo hizo 'click' dentro de ella.

"Nath!" gritó con una enorme sonrisa.

Nathaniel sonrió y no pudo evitar sentir la urgencia de abrazarla. Abrazo que la menor no dudó en contestar. "Sí, Mari." Susurró. "Soy tu Nath. Te he extrañado."

"Hmm..." Marinette ronroneó, recostándose en el pecho de su amigo. "Entonces...mmm...qué me pasó? Si soy quien dices ser, entonces por qué estoy aquí? Por qué vivo con los mortales?" preguntó ella cuando se sentaron al lado del otro. No sentía la necesidad de rechazar la compañía del mayor ya que se sentía cómodo a su lado. Además, Nath era su amigo. Estaba segura de ello.

"Espera, tienes alguna prueba de que eres un dios? No es que no esté convencida pero..."

Nathaniel rió. "Sí, sé a lo que te refieres. Y no, los delfines no fueron un truco."

Marinette suspiró aliviada mientras veía a Nathaniel colocando una mano en cada uno de sus hombros, tocándolos.

En un parpadeo, Marinette vio que dos alas salían de la espalda del hombre. Era impresionante cómo es que las alas estaban ahí pero las prendas de Nath seguían intactas. Las alas eran iguales a las que ella había visto en sus sueños.

"Puedo tocarlas?" preguntó la menor. Era increíble verlas de cerca.

"Desde luego." Sonrió el pelirojo.

Marinette trazó las franjas doradas antes de tocarlas completamente. Relucía ante los reflejos de la luna.

"Son hermosas, Nath." Dijo Marinette, bajando la mano.

Nathaniel se rió. "Lo sé. Gracias." Sintió que sus mejillas sesonrojaran debido a ese elogio.

"Bueno entonces...quieres saber lo que te pasó?"

"Me encantaría que me lo dijeras." Sonrió ella."Mis sueños son más vívidos y ocurren cada noche. Antes, mis sueños soloocurrían una vez por semana y eran borrosos. Pero ahora son muy claros. Es comosi los estuviera viviendo...puedo...sentirlos..."

"Hmmm...entiendo..." dijo delicadamente.

"En serio?" exclamó Marinette. "Cómo así?"

"He estado cuidándote." Dijo el mayor. "Nosotros tevisitamos en tus sueños, Mari."

"Nosotros?" Marinette frunció el ceño.

"Los demás seres que ves en tus sueños." Todo loque sucede en tus sueños ocurre de verdad. Tú te niegas a regresar y vivir connosotros.

"Ah! Te refieres a los otros dioses?"

"Exacto."

"Ya veo..."

"Veras, el espíritu de Afrodita vive en ti.Representas a la diosa del amor, la belleza y la sexualidad." Dijo Nathaniel.Tocó el suelo con sus dedos y las flores nacieron. Nath elevó su mano y unfruto apareció. "Ten. Sé que lo extrañas." Dijo y le dio la fruta a Marinette.

Ella dudosamente aceptó la fruta, tomando con susdos manos. "Supongo que me gustan las manzanas doradas en mi guarida? Es lo quesiempre como en mis sueños."

"Te encantan. Pero...no puedo materializar las quehay ahí."

Marinette asintió. De alguna forma, entendía apesar de estar aún confundida.

"Como decía, el espíritu de Afrodita vive en ti."

"Ya lo he notado..." contestó ella, su voz era casiun susurro.

"Eh?" Marinette frunció el ceño. Cómo es queMarinette se había dado cuenta de ello aún estando en ese estado? Peronuevamente, considerando el hecho de que le había permitido a Adrien unirse aMarinette en sus sueños, posiblemente eso había sido un factor para que la menordespertara.

Nathaniel sabía que la menor necesitaba un pequeñoempujón para que así pudiera liberarse de ese estado en el que reprimía elhecho de que se había enamorado y que había terminado profundamente herida.

"Sí. Mis sueños son de bastante...ayuda." Marinettese rió nerviosamente. "Se supone que no deba saber eso?"