Con facilidad atrapó la mirada de Adrien, quien estaba en la pista de baile. La solitaria figura sobresalía de entre las personas en el counter, y Adrien suponía que no era de sorprender – aun cuando solo estuviera usando -por lo que podía asumir desde su posición,- un vestido negro muy ceñido y corto. A pesar de eso, Marinette capturaba las miradas de todos (o más preciso, la de Adrien).
Adrien movió la cabeza, entretenido. Algunas cosas nunca cambiaban.
Incluso a primera vista, Adrine podía saber que Marinette se había hecho más hermosa – si eso fuera posible – desde sus días de colegio: su rostro estaba más perfilado, los rastros de inocencia aún no se habían ido; su cuerpo estaba más definido que antes, su vestido negro se aferraba a su torso en los lugares correctos y resaltaba sus atributos naturales granes y nada operados. Marinette siempre había sido admirada por su apariencia.
No había alguna que llamara la atención de Adrien de la forma en la que ella lo hacía, y Adrine la deseaba aún más por eso.
Manteniendo los ojos en ella, Adrien se acercó cautelosamente tras Marinette. "Te invito un trago?" Adrien susurró en su oreja con voz ronca. Retrocedió un poco, desvergonzadamente tomando un momento para apreciar la curva del trasero de la chica.
Marinette gruñó, como si se lo hubieran preguntado muchas veces esa noche. El lugar estaba lleno de personas y como la música estaba a full audio, Adrine tuvo que inclinarse un poco más cerca para escuchar la respuesta de Marinette. "Lo siento, pero estoy saliendo con alguien."
Adrine viró los ojos, incapaz de evitarlo. Típico de Marinette – honesta y fiel. No como él. Aun así, se sentó en el lugar vacío al lado de Marinette y decidió probar su suerte una vez más. "De verdad tienes el corazón de rechazar mi simple oferta de compañía?"
Estando cara a cara con el dueño de la voz, los ojos de Marinette se abrieron grandes tan pronto como reconoció a Adrien. "Oh..." dijo. "Debí saber que eras tú."
Adrien la miró recargándose sobre el codo en el counter, y suspiró audiblemente. Estaba seguro que debía sentirse ofendido por la falta de apreciación de Marinette sobre su presencia pero la vista de la menor frente a él, -con las mejillas sonrojadas y los grandes y bonitos ojos azules y su cabello hermosamente largo y negro-, mientras ignoraba a Adrien solo para terminar su licor en un solo movimiento, resarcía todo. Quizá estaba mirando a Marinette más de lo normal, pero...no era culpa de Adrien que el rostro de Marinette fuera hermoso.
Sintiendo la mirada del rubio en ella, Marinette miró a Adrien y ansiosamente preguntó, "Qué?"
"Nada," Adrien respondió con un ligero ale de hombros. Una traviesa sonrisa rápidamente surcó su expresión. "Solo me pregunto a cuántas personas has rechazado esta noche."
"Por qué? Vas a llevar la cuenta?" Marinette respondió, sonriéndole.
Adrien solo quería quitarle esa sonrisa.
"Quizá," dejó que su tono burlón se escapara. "Aunque no me sorprende que no pudieran alejarse de ti." Adrien colocó su mano en la espalda baja de Marinette y lentamente bajó hasta el trasero de la chica.
Marinette frunció el ceño y sujetó su muñeca antes de que bajara más, establemente colocándola en el counter una vez más. "Y es bastante obvio que tú tampoco."
Adrien se volvió a alzar de hombros, la expresión en su rostro carecía de vergüenza alguna por su atrevido comportamiento. Es que en serio, negarlo sería inútil cuando ya era obvio que estaba atraído por ella. Quizá era el alcohol tomando control de su sistema – no lo sabía – pero Adrien decidió que ser franco le haría bien en lugar de solo esperar porque las cosas pasaran. Con su voz más sensual, trató de convencer a Marinette por segunda vez en la noche.
"Baila conmigo."
Un destello de diversión surcó en los labios rojos de Marinette. "Ni siquiera creo que puedas mantenerte de pie en tu estado, mucho menos bailar. Estás ebrio, Agreste."
"Entonces?" Adrien parpadeó y se movió más cerca, curvando sus dedos en el brazo de Marinette. "Vamos! Ya te negaste la primera vez. Al menos puedes concederme un baile."
Marinette lo miró con seriedad. Había 10 maneras diferentes de rechazar a Adrien pero sabía que nada detendría al otro de hacer lo que quisiera, en especial si estaba ebrio. Marinette suspiró y a regañadientes aceptó su oferta. "Eres imposible."
Adrien sabía que eso era lo más cercano a un 'sí' que recibiría de Marinette, así que se regocijó, dándole una sonrisa satisfecha. No quería perder su tiempo y se puso de pie, aunque tambaleándose, y jaló a Marinette, apretujándolos a ambos para ir entre las personas.
El club estaba lleno de vida y ruido y risa, exactamente el tipo de lugar que le venía bien a Adrien, y ella no estuvo sorprendida al ver lo fácil que se acoplaba a ello. Adrien siempre había sido el más sociable entre ellos – el alma de la fiesta, el favorito de todos – y, a veces, ella se preguntaba cómo es que podían llevarse tan bien cuando ella no era más que la completa opuesta del chico bailando frente a ella.
Incluso con pasos torpes y descuidados movimientos de manos (eso hizo que Marinette gritara avergonzada), Adrien seguía brillando en la pista de baile. Había algo siempre en la forma en la que Adrien movía el cuerpo; el movimiento de caderas y la confianza que exudaba en cada poro.
Era algo ridículo de su parte, pero Marinette ya había dejado de preguntarse – hace mucho – el obvio hecho de que Adrien siempre tendría ese efecto en ella.
Marinette notó que respirar le era difícil, su corazón latía algo más rápido cuando Adrien se presionó tras ella, necesitado e insistente. Quizá era el alcohol haciéndole hacer cosas inimaginables, su cerebro se nubló con el intoxicante sabor del licor en su lengua. O quizá era la forma en la que Adrien la retaba con esa incitadora sonrisa y pecaminosos movimientos de caderas. O quizá era un poco de ambos – no estaba muy segura – pero Marinette de súbito se encontró a sí misma colocando sus manos en las caderas de Adrien, acercándolo más y más hasta que ambos se movieron al ritmo de la música que solo ellos podían escuchar. Adrien la giró y la besó en la comisura haciendo que Marinette temblara de deseo. La música siguió haciendo eco en las paredes del club, pero Marinette pensó que sus latidos eran más audibles. Cuando se alejaron momentos después, la necesidad por el aire se adueñó de sus pulmones, Marinette se sintió aún más mareada.
"Nos vamos a otro lado?" Adrien susurró lo audible suficiente para que ella escuchara.
Marinette no confiaba en su voz, así que solo asintió, la sensación de los labios de Adrien aun nublaba su juicio. Tanto que ella apenas estuvo al tanto del frío aire nocturno golpeando su piel antes de que Adrien le hiciera entrar al auto. (No manejen tomados, es malo, muy malo y peligroso.)
Al llegar, hambrientos besos devoraron su cuello tan pronto como la puerta se cerró con un audible sonido, adorando la pálida piel con marcas de dientes que enrojecían al contacto. La dura superficie se ancló dolorosamente a la espalda de Marinette, pero justo cuando la menor pensaba hacer algo al respecto, Adrien echó hacia atrás la cabeza de la chica, desordenando sus ya desordenados cabellos mientras el mayor succionaba más fuerte la piel de su cuello.
Marinette se sintió mareada por la oleada de placer atacando cada sentido, su cabeza se sentía nublada por la sensación de los pulgares de Adrien acariciando su pezón y los dientes del mayor mordiendo el lóbulo de su oreja, así como la creciente erección restregándose contra su sexo.
Y en algún punto, Marinette quizá había gemido 'habitación' porque de súbito, sintió la suave superficie amortiguando su espalda, dejando atrapado su cuerpo bajo la intensa mirada de Adrien y sus hábiles manos.
Cuando su vestido fue retirado y su sosten retirado con rudeza, junto con sus bonitas y pequeñas bragas, Marinette supo que no sería lento o gentil como quería. Con Adrien, todo era sobre urgencia y rudeza, manos rápidas acercando los cuerpos y fervientes besos marcando cada posible piel. Y en alguna rara forma, ella lo estaba disfrutando.
A Marinette le gustó la forma en la que Adrien tomó sus muñecas, fijándolas a la cama mientras ella se revolvía y presionaba por más contacto; le gustaba la forma en la que Adrien la acercaba, dejándole sentir cuánto ardía por ella; le gustaba la forma en la que Adrien la necesitaba tan agresivamente como ella lo hacía en ese mismo momento.
La cercanía de sus cuerpos arrancó gemidos de Marinette.
No hubo juego previo; solo grandes manos apretando la piel de Marinette y la boca de Adrien en la suya, mordiendo y probando con avaricia dentro de su boca más que en cualquier otro lado. Cuando Adrien presionó un dedo en su interior, Marinette soltó un jadeo echando hacia atrás la cabeza por el súbito placer mezclado de dolor ante la súbita intrusión.
Pronto, un segundo y tercer dedo se deslizó dentro y Marinette tuvo algo de cordura para sentirse avergonzada cuando empezó a moverse contra los dígitos de Adrien.
Ambos gimieron roncamente cuando Adrien decidió entrar en el estrecho calor.
Todo era fuerte, rápido y básico, los dedos marcaban puntos de placer mientras se anclaban a las caderas de la menor. Toda lógica salió de la mente de Marinette cuando Adrien volvió a embestirla una y otra vez, sus caderas golpeaban con fuerza, el sonido de piel chocando contra piel resonaba en la habitación.
Marinette sintió el apretón en su vientre, su cuerpo se sintió rígido y se arqueó cuando se corrió, la fuerza de su orgasmo la cegó momentáneamente. Era un puñado de nervios muy sensibles y no ayudaba que Adrien siguiera embistiéndola, incrementando progresivamente la fuerza de sus empujes mientras perseguía su propia liberación.
Hubo un sonido proviniendo de Adrien, profundo y primitivo, y Marinette escuchó su nombre antes de que Adrien cediera sintiendo las olas de su propio orgasmo.
Lentamente, Adrien se retiró de ella y tomó su lugar a su lado, acurrucándose cerca. Por un momento, ninguno dijo nada, atrapados aun los estragos del éxtasis mientras trataban de recuperar el aliento y calmar sus latidos por el increíble sexo que habían tenido.
"Eso fue divertido," Adrien dijo, respirando contra el cuello de la menor, quien acarició el brazo que rodeaba su cintura. "Debemos jugar así otra vez."
"Qué juego?"
"Ya sabes, donde tú eres la novia fiel y yo soy el amante ocasional que hace que engañes a tu novio, y te convenzo para venir a mi departamento y tener sexo." Adrien se irguió sobre su codo, descansando la cabeza en su mano, sonriéndole traviesamente a Marinette. "Ese tipo de juego."
Marinette viró los ojos. A veces, la imaginación de Adrien – y su lado pervertido – podía ser difícil de lidiar. "No puede ser infidelidad. Tú y yo somos novios."
"Pero es por eso que fingimos," Adrien insistió. A veces, era increíble cómo es que Adrien era el mayor. "Vamos! Juguemos así otra vez!"
Adrien miró a Marinette con tal entusiasmo infantil brillando en sus ojos que ella no pudo decirle que no. Así que estuvo de acuerdo, aunque a regañadientes, besándolo hasta que Adrien estuvo jadeando.
Bueno, otro juego no haría daño, no?
Fin
