En respuesta a la típica pregunta ¿Qué personaje de Jane Austen eres? He decidido que yo sería esta versión de Mary. Esta historia sigue el libro a excepción del último capítulo, buscando los pocos momentos en los que se menciona a Mary, y explicando su comportamiento desde otro punto de vista.
1 – El señor Bingley.
La primera vez que Mary oyó hablar del señor Bingley no se dio cuenta, pero iba a ser una de sus peores pesadillas durante una temporada. Nada más enterarse de que era soltero (y joven, aunque eso era secundario) su madre se empeñó en que podría casarse con una de ellas. Afortunadamente para Mary, estaba segura de que presionaría a Jane, y no a ella.
Su padre aprovechó para burlarse de su madre, como de costumbre.
A Mary le dolía que su padre hablara así a su madre, así que evitó escuchar lo que decía. Cuando su padre se dirigió a ella con una pregunta absurda, ella no sabía qué era lo que había dicho antes. Lo único que le oyó decir fue "¿Qué dices tú, Mary? Que yo sé que eres una joven muy reflexiva, y que lees grandes libros y los resumes." Le habría pedido que le indicara de qué estaban hablando, pero la verdad es que le daba igual. Prefirió dejar que su madre siguiera siendo el blanco de su sentido del humor, ácido y algo cruel.
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Durante la visita de Lady Lucas y parte de su prole, Mary pensó que si oía el nombre Bingley una vez más su cabeza estallaría. Fingía leer un libro tan aburrido que nadie se atrevería a preguntar por él, y había pensado en pasar una página cada vez que oyera ese nombre, pero decidió no hacerlo porque nadie creería que pudiera leer tan deprisa.
Lady Lucas continuó con su charla incesante. "Ha ido a Londres a buscar a unos amigos a los que alojará y que acudirán a la asamblea de Meryton con él. Vendrán doce damas y siete caballeros."
Mary no levantó la vista del libro que simulaba leer, pero le preocupó que fueran tantos. Cada persona nueva era un reto, pero veinte a la vez… el baile sería aún peor de lo habitual si alguno de esos caballeros decidía pedirle un baile. Esperaba que lady Lucas estuviera exagerando, lo que conociéndola era muy probable.
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"¡Lydia, devuélveme mi lazo!"
"A mí me queda mejor con el color de mi vestido."
"¡Mamá, mamá!"
"Basta ya Kitty, no tienes compasión de mis pobres nervios."
Elizabeth hablaba con Jane en un tono mucho más razonable.
"Al parecer los rumores eran exagerados, y ahora se habla solo de seis damas, pero no han concretado cuántos caballeros, así que mamá está muy disgustada."
"Bueno," dijo Jane en tono amable. "nada que una taza de té no pueda arreglar."
La señora Bennet se acercó a donde las chicas estaban cosiendo, para observar sus progresos. "Muy bien Jane, esa cinta realzará tu figura. Tienes que lucir tus encantos, hija. La primera impresión es muy importante."
"Sí, mamá." dijo Jane, dócil.
Luego la señora Bennet se volvió hacia Mary, que estaba leyendo un libro de filosofía. "¿Dónde está tu vestido? ¿Has terminado ya de ajustarle el dobladillo?"
"Sí, mamá, lo terminé hace dos días."
"Ven conmigo a tu habitación para que pueda verte con él. Estoy segura de que no has arreglado el escote tal y como te indiqué. A este paso te quedarás soltera, y sabes que yo no podré manteneros cuando vuestro pobre padre falte. Uno de los Lucas será suficiente para ti, hija, pero al menos haz el esfuerzo de lucir lo que tienes."
Mary cerró el libro y siguió a su madre escaleras arriba.
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Durante más de media hora, Mary esperó sentada en la salita a que su madre declarara que sus hermanas estaban listas. Por tercera vez la señora Bennet colocó el escote del vestido de Jane, y cuando se giró para ver a Lydia, Mary tuvo que disimilar una risa al ver a Jane colocarse el escote de manera que quedara mucho más discreto, mientras Elizabeth se colocaba entre su madre y ella para asegurarse de que no se daba cuenta.
"Vamos niñas, llegaremos tarde. ¡Señor Bennet, señor Bennet!"
El señor Bennet salió de la biblioteca. "¿Qué ocurre señora Bennet?"
"Vamos a llegar tarde al baile. ¿Está preparado el coche?"
"Ah, ¿El baile era hoy?"
Las chicas tuvieron que reprimir una risa al ver la cara de su madre.
"¿El coche aún no está preparado?"
"La verdad es que no tengo idea, pero pregunta a Hill, quizá Matthew se ha encargado de todo."
"¡Llegaremos tarde! ¡Hill, Hill!"
Elizabeth dirigió a su padre una mirada de reproche, pero no pudo evitar sonreir.
"Pasadlo bien, niñas." dijo mirando a Jane y Lizzy. Luego se giró hacia Lydia y Kitty, pasando la vista sobre Mary sin decir nada. "Y vosotras dos, comportaos." Luego volvió a entrar en la biblioteca.
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Con su libro de Fordyce como arma de reserva, Mary observaba a los asistentes al baile desde su silla. La pecosa está hablando con Harry Lucas. ¿O es Henry? No, es Harry, Henry tiene un remolino en el pelo.
La señora Bennet se acercó a Mary. "Hija, deja de leer ese libro y ve a hablar con Elizabeth y Charlotte, que los caballeros puedan verte. Si prestaras más atención a las personas y menos a tus libros no te equivocarías con la gente todo el tiempo."
En ese momento se anunció la entrada de las personas que todos estaban esperando, y su madre corrió junto a Jane. Mary los miró atenta. Tres caballeros y dos damas. Ellas a la última moda. Rizos dorados y huecos, está más relajada, así que debe ser la esposa de uno de ellos. La de naranja que parece una garza disecada casi seguro que es soltera.
Los siguió con la mirada hasta que se encontraron con su madre. Pudo oír las presentaciones. Bingley tiene el pelo y los ojos claros. Mira a Jane con cara de cachorro perdido, pero eso no ayuda, la mitad de los hombres la miran así. Hurst es el que tiene pinta de barril. Darcy es alto, pelo oscuro y con ropa muy cara. Con eso es suficiente, tampoco creo que se me vaya a acercar ninguno de ellos.
Uno de los Lucas, ¿Harry, Henry? Se dirigió hacia donde estaba sentada, y ella temió que le pidiera un baile, así que se giró hacia la señora Long, que estaba bastante sorda, y citó una frase de su libro. El chico Lucas pasó de largo.
Siempre puedo contar con Fordyce. Pensó Mary.
Nota de la autora:
La prosopagnosia es un tipo específico de agnosia visual que se caracteriza por la incapacidad para reconocer rostros que nos son familiares e incluso, en los casos más graves, el paciente puede no reconocerse a sí mismo en un espejo o en una fotografía. En ocasiones está producido por un daño cerebral, aunque otras veces es congénito. Si el afectado lo tiene desde su infancia, es posible que tarde años en darse cuenta.
No se nos da bien la vida social.
