10 años atrás
Inuyasha & Co no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, quien desde hace unos años trae alegrías a quienes la descubren.
Historia sin ánimo de lucro. ¡Disfruten!
Summary: [UA] Como cada año, llevó flores pensamiento color malva a su tumba. Parecía que su tiempo se había detenido en el momento en que le informaron el fallecimiento de Kagome. Sin embargo, por capricho del destino, se encontraba sobre una tumba vacía y su reloj indicaba una fecha incorrecta. No se trataba de un pacto con el demonio, era una oportunidad inimaginable para responder las preguntas que lo perseguían desde hace ocho años en sus pesadillas. Aún así, para poder llegar a la verdad de lo sucedido tendría que recordar el motivo de su viaje al pasado y revelar el secreto que todos guardaban.
Prólogo
Sign of the Times - Harry Styles
Compró a la mujer de siempre las flores pensamiento color malva. Se trataba de ocho flores perfectamente organizadas en un ramo simple amarrado con una cinta roja, que hacía juego con un hilo rojo atado a la muñeca izquierda y una bufanda de lana alrededor de su cuello masculino color carmesí. Sin falta, cada año compró un pequeño ramo, y a su cuenta añadió una flor. Ya eran ocho desde que todo empezó, o terminó.
Caminó por la acera del lugar tranquilamente, sintiendo como su corazón aceleraba a cada paso. Una vez entró al pequeño edificio, pasando por la recepción, saludó a la anciana Kaede con su mano libre. La mujer lo miró con unos ojos tristes y llenos de ternura. —¿Vas a visitarla? — el joven solo asintió, siguiendo con su camino al exterior, saliendo por una puerta diferente a la que entró. Dada la época del año, los copos de nieve aún caían, causando que el sendero antes verde y lleno de flores, fuese totalmente blanco. Así mismo, la nieve cubría todo lo que encontraban a su paso, incluyendo las huellas que el joven dejaba en su camino atrás.
Cuando llegó a su destino, retiró su bufanda, mostrando así su aliento al invierno. Se arrodilló, con su mano limpió la nieve y dejó las flores sobre el cemento descubierto. Cuando pudo levantar su vista de las flores, a la altura de sus ojos, tallado a mano, se leía el nombre: Kagome Higurashi.
—Feliz cumpleaños — habló con la voz ronca — ya han pasado ocho años desde que el mundo te perdió — declaró, mientras observaba detenidamente la lápida que indica el lugar de yacimiento de la joven. De su espalda, retiró una mochila negra y de su interior extrajo una caja. Abrió con lentitud la caja amarilla, mostrando un pequeño pastel con fresas en su interior — no estoy seguro del sabor, pero le pregunté a tu madre, y me dijo que este es tu favorito — y así, empezó una larga charla.
Su alma se encontraba cansada y ese espacio que le era dado cada año, como un milagro de Dios, aliviaba un poco su sentir. Pero solo un poco. Su vida se detuvo en el momento que un policía llegó frente a la casa de los Higurashi, hace más de siete años, mientras que tenían un almuerzo, y comunicó que el cuerpo sin vida de Kagome había sido encontrado después de incansables meses de búsqueda. Sus pertenencias habían sido encontradas cerca y eso ayudó a que la investigación fluyera. Su fecha estimada de fallecimiento la dejaron en su cumpleaños. Un día después de su desaparición.
Con las manos algo temblorosas, puso treinta y una velas sobre el pastel y las prendió con el encendedor que cargaba en el bolsillo izquierdo de su gabán. Se tomó su tiempo, mientras recordaba cada momento que había pasado junto a la joven. Lamentándose por no haber celebrado ningún cumpleaños, y por dejar que ella hubiese sido la única en entregar. Dejó que las llamas consumieran lentamente la cera de las velas enterradas. Igualmente, no habría alguien que pudiese comerse aquel pastel.
— Desearía tanto que aún estuvieras aquí — susurró con una sonrisa triste, y seguido de ese acto, vio cómo el viento apagaba todas las llamas encendidas con violencia. El frío arremetiendo contra su cuerpo se detuvo, y la nieve quedó suspendida. Retuvo el aire por un largo tiempo debido a la impresión, hasta que volvió a hablar— ¿Habré muerto o esto es a causa de mi delirio? — se preguntó, moviendo los copos de nieve frente a sus ojos.
— Inuyasha… — escuchó que lo llamaba una mujer desde atrás.
Despertó y se sentó de golpe. La cabeza le daba vueltas, y el frío que calaba sus huesos no le ayudaba a concentrarse tanto como deseaba. Se sentía desorientado y eso lo frustraba, haciéndolo sentir encerrado. Quiso levantarse, pero su equilibrio le jugaba en contra volviéndolo a sentar una y otra vez.
— ¡Mierda! ¿En qué me metí ahora? — soltó con rabia. Miles de situaciones pasaron por su cabeza ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿En el bus? ¿Saliendo de la oficina? ¿En qué momento se descuidó para resultar tan mal parado? ¿Lo habían drogado?
Con su puño cerrado golpeó el suelo, dándose cuenta de lo inútil de la acción al chocar contra la nieve. Pasó sus manos por su cabeza con frustración, causando que la nieve reposada resbalará en diferentes direcciones. Aquel movimiento le dio la tranquilidad necesaria para empezar a respirar profundo, hasta que consiguió neutralizar el dolor y el mareo insoportable que lo sofocaba.
Observó el lugar donde se encontraba, mientras recuperaba la estabilidad; a la distancia, era capaz de diferenciar la distinguida casa de recepción del cementerio, pero también estaba muy cerca del bosque. Lo último que podía recordar era estar encendiendo las velas para un pastel y luego una voz femenina llamarlo. Sin embargo, no recordaba la razón de su visita al cementerio, su madre había fallecido en verano, por lo que era extraño que visitará el cementerio en otras época. Buscó entre sus memorias algún indicio, alguna señal que le dijera qué hacía en ese lugar.
Con precaución se levantó de donde estaba, terminó por retirar la nieve de sus ropas, y empezó a observar a su alrededor. Entre más tranquilo estuviese, más fácil le sería encontrar una explicación a lo que le estaba sucediendo.
Se empezó a revisar de cabeza a pies que no le hiciera falta algo, esculco sus bolsillos y no sintió su teléfono y llaves. También buscó su billetera, y se encontró con una antigua billetera y sus papeles de estudiante. Levantó su abrigo y con el, también el buso caqui que tenía debajo en busca de alguna cicatriz sobre su piel, y descubrió en la zona izquierda del torso la figura de un fragmento. Intentó limpiarse, pero la figura continuaba en su lugar, como si de un tatuaje se tratara. Entonces recordó un espacio negro, con la nieve suspendida y una mujer brillando a su lado con prendas largas y teñidas del azul más hermoso que había visto en su vida, diciéndole: — Inuyasha, esta marca que te ata a mi, será borrada cuando cumplas con tu misión. De no hacerlo, pagarás con lo más valioso que tienes. Recuerda estás simples palabras.
— ¿Quién está ahí? — sonó una voz anciana sus espaldas, sacándolo de sus pensamientos. Al voltear, la luz de una linterna lo apuntaba directamente, dejándolo fuera de base. — ¿Joven Inuyasha? — preguntó la voz sorprendida. La luz de la linterna bajó y el aludido fue capaz de enfocar la vista en quien lo nombraba.
— ¿Anciano Myoga? ¿Usted no esta muerto? —preguntó asombrado por la persona ubicada frente a sus ojos. Incluso los refregó, para descartar que se tratará de una ilusión.
— Le iba a preguntar si estaba viendo un fantasma por la expresión de horror que tiene en su rostro, pero parece que el fantasma soy yo — respondió de forma burlona.
— ¡Pero yo vi como lo enterraron! — se pellizcó la mejilla en el proceso para confirmar que no estuviera dormido.
— Si, si — dijo con tranquilidad, restando importancia al nerviosismo del joven.
—¿Ha venido por mí desde el más allá? ¿Se convirtió en un Ángel de la muerte? — empezó a preguntarle, mientras el hombre le indicaba que avanzaran. — ¡Ya sé! Le quedo gustando el trabajo de cuidar el cementerio, y pidió ser Ángel de la muerte. Pero, ¿no piensa que para su estado físico, este trabajo le queda grande? Miré, incluso se quedó con todas las arrugas.
El anciano se detuvo, levantó la linterna y con esta le pegó en la cabeza a Inuyasha. — Deja de decir tantas tonterías muchacho, por un momento pensé que se encontraba bien pero a este ritmo comenzaré a pensar que toca llevarlo a un psiquiátrico.
— Que no son tonterías anciano, yo mismo ayudé a enterrarlo. — expresó como un hecho, haciendo que a Myoga le dieran escalofríos.
— Joven inuyasha, no es por nada, pero pienso que las clases en la universidad le están dando duro, ¿por qué no busca ayuda? Incluso vino a dormir en la sección del cementerio sin abrir.
— Pero qué tonterías está diciendo viejo, si usted mismo fue a mi graduación hace más de siete años. — declaró con seguridad, reviviendo en su memoria aquel ¿triste día? ¿Por qué sus memorias de ese día parecían tan tristes?
— Tal vez debería llevarlo con un médico primero.
¿Por qué empezaba a sentirse intranquilo? ¿por qué los caminos, los colores, las estructuras le parecían tan diferentes? ¿tal vez algo antiguas? ¿por qué el alumbrado había vuelto a ser amarillo? ¿por regulación no habían cambiado a blanco? ¿y cómo podía explicar el hecho de que el anciano estuviera parado frente a sus ojos? Se detuvo en seco con una idea absurda en mente y nuevamente a su mente vino aquel espacio negro con la nieve suspendida, y la voz de la mujer diciéndole: — Para ello, tendrás que viajar al pasado, cerca al momento que todos sus arrepentimiento empezarán a ser manejados por el caprichoso destino.
— Anciano — lo llamó, ignorando cualquier cosa que le estaba diciendo — ¿En que año...
Sus palabras quedaron a medias al ver venir, por el sendero caminando a su dirección, a una joven vestida de blanco con una característica sombrilla roja. Recordaba su piel pálida, adornada por el sonrojo de sus mejillas y el rojo de su nariz por el frío, sus ojos castaño oscuro y su cabello largo ondulado. Su corazón empezó a doler y una inmensa nostalgia lo invadió. ¿A qué se debía esa sensación?
— Ka-go-me… — susurró, sintiendo cómo la tristeza se adentraba con más fuerza en su ser al punto de querer hacerlo llorar.
La joven levantó la vista del camino y mientras se acercaba, lo observaba con curiosidad. ¿Por qué en sus ojos había duda? ¿Por qué empezaba a titubear mientras caminaba? ¿No lo reconocía? ¿Cuándo fue la última vez que se vieron? ¿Estaba muy cambiado? ¿Y por qué la tristeza no disminuye?
Se quedaron parados uno frente al otro. Él asombrado de verla nuevamente. Ella buscando algún rastro de familiaridad. Una vez que sus ojos se cruzaron, las lágrimas salieron de los ojos castaños femeninos lentamente.
— ¿Inu… yasha? — preguntó, a lo que recibió un leve asentimiento. Kagome soltó su sombrilla y se acercó para abrazarlo. — Tanto tiempo sin verte.
Sus pequeños brazos lo envolvieron en la cintura, el aroma a manzanilla y miel invadió sus fosas nasales y con entusiasmo, notó que Kagome seguía encajando a la perfección en sus brazos. El calor lo reconfortó, pero el dolor en su corazón no disminuyó. ¿Por qué le daba tanta tristeza volver a ver a esa mujer?
Notas de autor:
¿Qué tal les ha parecido? ¿Interesante? ¿Confuso? ¿Llamativo? ¿Aburrido?
Después de muchos años, he vuelto con una nueva historia. Se trata de una historia algo larga, dado que, será lo colisión de dos mundos. El pasado que recuerda Inuyasha, y el pasado que empieza a cambiar. Cada dato soltado en este prólogo, tendrá un explicación más adelante. Sin embargo, están en toda la libertad de preguntar cuanto quieran. También, pueden seguir la historia. Recién he dado con el prólogo, después de muchas correcciones y limpieza en cuanto a la línea de la historia.
No quiero revelar el número de capítulos, pero ya el final está defino más un epílogo.
También, espero que esta historia les encuentre con bien y que esta pandemia puedan llevarla de la mejor forma.
Datos:
[1] El cumpleaños de Kagome de acuerdo a esta línea de historia y algunas investigaciones, es el 3 de marzo.
[2] De acuerdo al primer punto, Inuyasha estaría visitando la tumba de Kagome el 3 de marzo del 2020.
Fecha de publicación: Marzo 25, 2020
