"Rey Skywalker" dice la joven y sonríe con seguridad.
La anciana que había pronunciado la pregunta asiente satisfecha y se aleja por la arena.
Rey Skywalker, piensa la joven y siente un deja vú. La vivida imagen de estar en un desierto muy similar a este, hace tanto tiempo que parece una vida, cubriéndose el rostro con un viejo casco de stormtrooper modificado. Rey de Jakku; Rey de la Resistencia; Rey Palpatine y ahora Skywalker. Desea con tanta desesperación que este último sea el correcto. Debería serlo ¿No? Después de todo es el primero que verdaderamente escoge. Todos los demás le habían sido investidos por otros. Debería encajar como la pieza final de un rompecabezas, que lleva intentando completar desde que tiene memoria. No lo hace. El vacío sigue allí, como una profunda herida abierta que te obliga a mirarla.
Hubo, sin embargo, un momento en el que la herida dejó de existir. Dejó de existir como si nunca hubiese estado allí en primer lugar. De la misma manera en la que ella cerró la lesión que le había infligido a Kylo Ren, allá en las ruinas de la estrella de la muerte. De hecho, fueron con él estos momentos de plenitud. Desvía rápidamente los pensamientos. No tiene ningún sentido desperdiciar pensamientos en aquellos que se van para no volver jamás. Ya pasó diecinueve años haciéndolo. Además, ahora no está sola en el mundo. Tiene personas que a las que quiere. Finn, Rose, Poe y otros de sus amigos en la resistencia.
No estoy sola, no estoy sola.
BB-8 confirma su pensamiento chocando suavemente contra su pantorrilla. Otro día llega a su fin, la puesta de los soles gemelos se lo anuncia. Quizás el vacío que siente es solo cansancio por el viaje. Pasará aquí la noche y ya mañana regresará a casa. Un surco aparece entre sus cejas al tiempo que la incertidumbre se apodera de sus entrañas ¿Dónde está ahora su casa?
Una noche de descanso pronto se transforma en dos, tres, cuatro, y cuando menos se da cuenta, 6 semanas han pasado.
La vida en Tatooine es simple y difícil. Se pasa los días reparando los evaporadores de la granja y manteniéndolos funcionales. El sol es abrazador y el viento áspero contra la piel. Tiene que ahuyentar ratas Womp del tamaño de un deslizador. Se pasa todas las horas de luz de aquí para allá, reparando, practicando con su nuevo sable, ayudando a los habitantes de la zona con sus problemas mecánicos o de pestes. No regresa al hogar de Luke hasta que no siente que la piel le escuece y los músculos se le acalambran. Los primeros días el interior vacío y lúgubre del antiguo hogar fueron los peores. Pasar del ajetreo de los pabellones en la base de la resistencia, al silencio infinito del desierto, se le hacía una tortura demasiado familiar. Ahora, después de haber acondicionado un poco el cuartito que eligió como aposento, las noches se han vuelto también parte de la rutina. No sabe si es por el cansancio al que se somete o si es su mente traidora, pero todas las noches lo escucha.
En el extraño plano de los sueños, los bordes de su herida se cierran con hilos invisibles de luz blanca. Es él. Es el sonido de su respiración acompasada. Es el latido constante y seguro de su corazón. A veces incluso alcanza a escuchar un susurro exhalado: "Rey". Al principio, se levantaba sobresaltada, dispuesta a perseguir el origen del sonido, solo para descubrir que aquella presencia reconfortante se desvanecía súbitamente. Era tan abrupto que le robaba el aire de los pulmones y la dejaba encogida en si misma, abrazándose las costillas. El dolor era tan tremendo que creía que seguro estaba al borde de la muerte, mas esta nunca llegaba. Cerraba los ojos y repetía el código jedi una y otra vez.
No hay emoción, hay paz.
Agotada después de estos episodios, el sueño regresaba con facilidad, pero él no volvía a aparecer. Entonces aprendió a no desesperar cuando comenzaba a escucharlo. Al contrario, en vez de surgir a la superficie de la conciencia, nada aún más profundo. Hasta que llega a ver la inconfundible silueta difuminada de aquel que la había salvado.
Se mantiene en contacto con Finn todos los días. A través de holo-transmisiones ve como la galaxia comienza a florecer después de años de conflicto y guerra. El trabajo, por lo que le cuentan, es extenuante y gratificante. Una nueva era ha comenzado, promete ser más bondadosa que las anteriores. El cambio y el progreso son inevitables, como una gran marea de idealismo. Incluso en lo personal hay cambios, Finn y Rose se han comprometido. Se lo anuncian, ella luciendo una rosa que él juguetonamente acaba de colocar en su cabello, ella ríe y le da un golpe en el brazo. Se quedan mirándose unos segundos, olvidando incluso que Rey los está viendo. Rey desearía, mientras los observa, no conocer la emoción que destilan sus miradas cruzadas. Si no la conociera, podría limitarse a estar feliz por ellos. Oh pero la conoció, esa intimidad inefable, y le fue arrebatada. Sonríe, los felicita, le preguntan cuándo regresará, ella se apresura a cortar la transmisión. El mundo está avanzando y solo ahora se puede confesar a sí misma la razón por la que el Halcón milenario aún sigue acumulando polvo en Mos Eisley: No puede regresar a un mundo donde no está él. Esto sería aceptar que se ha ido. No cree poder seguir viviendo si esto es así.
