Ladies and Gentlemen!
¡Sabes que te odio y te amo Kazu! ¡Si, a ti te estoy hablando! Resumen del porque quise escribir esta historia: Kazu y yo empezamos nuestra noche con un buen Shaoi de Eugeo y Kirito. Todo iba bien cuando empezamos a decir "Eugeo se ve lindo de Uke y me gusta más" "Kirito se ve bien de Uke, es mejor cuando el recibe" "Eugeo sería un buen seme" Y pues, en conclusión, es que ahora se me ocurrió subir algo relacionado a un Eugeo seme y a un Kirito que realmente le gusta. Cualquier agradecimiento, a ella por favor, que fue la de la idea primero. ¡Esto es por ti Kazu! Me hiciste amar esta pareja ¡Pues vamos a seguir shippeando con más historias de ellos! Y con que más ¡Con un buen lemon nocturno!
It's showtime!
Aclaración: Sword Art Online no me pertenece. Es propiedad de Kawahara Reki. Yo solamente pido prestado sus personajes para poder escribir mis historias.
Aquellos ojos verdes que hacían contraste con los ojos oscuros de él, poco importaba en ese momento la forma en que se encontraban. Aún cuando los cabellos rubios cenizos, eran los que apresaban a los cabellos oscuros entre el piso y su cuerpo mismo, sus brazos al lado suyo como el sonido de la lluvia a lo lejos. Aquella pelea de miradas que en ese momento, alguno de los dos trataba de ganar, incluso estaban resistiendo en no querer parpadear para no perder, una pequeña tontería como un pequeño juego de niños que siempre habían tenido desde el momento que se conocieron. Pero para Kirigaya Kazuto, era aun más imposible en el momento que Eugeo, soltaba alguna pequeña risita, aquella mirada tan engreída que no solo le hacía enojar y seguir compitiendo con él, al contrario, no podía evitar que su rostro empezara a sentirse un poco caliente, que incluso las orejas se volvieran su punto débil por los rojas que se podían llegar a ver y al mismo tiempo, se mordía los labios levemente mientras su cuerpo temblaba levemente.
Notaba como aquellos ojos verdes empezaban a recorrer su vista de arriba abajo, un muy astuto lobo que se había convertido en zorro, aquella mirada tan descarada que solo le provocaba escalofríos y no, no era por el frio que empezaba a sentirse, era por si quiera, pensar o imaginar a lo que ahora pasarían. Incluso, observaba como Eugeo se relamía un poco los labios y volvía a sonreír como todo un fanfarrón, se le olvidaba aquel lado tierno y amigable del que era característico en él y solo era ahí cuando Kazuto parpadeaba y desviaba la mirada hacia algún punto. Perdía aquel juego porque no podía soportar el ruidoso palpitar de su corazón a su pecho, su acelerada respiración como saber lo que pronto se haría en esa habitación. Sabía que el frio se iría una vez que ambos entraran en calor y decidieran dejar rienda suelta a sus traviesas manos, aquellos quejidos y gemidos, serian los que romperían el silencio del lugar. Estaba agradecido que la lluvia pudiera cubrir su muy vergonzosa voz como de aquellos ruidos que se puedan formar.
Nunca lo admitiría pero era algo que empezaba a esperar muy ansioso. Cerró sus ojos y sin dudar, se dejaría llevar una vez más.
¿Alguien hubiera imaginado que el lindo y amable Eugeo era un depredador que miraba de esa manera a su presa? Realmente y siendo sinceros, ni Kazuto hubiera creído en semejante situación que se metió. Era completamente ridículo que justo ahora, él se viera como un conejito en las garras de un lobo cuando podía ser al revés frente a otra personas pero entre ellos era que podían cambiar los roles como también las posiciones. Siempre tenía que existir alguien quien se encontrara arriba, como Eugeo y alguien que estuviera abajo, como él. Se quitaban las mascaras y no podía evitar que su cuerpo temblara ante aquellas caricias que empezaban a recorrerlo una vez que ganaba. Que subiera sus manos para poder cubrir la vergüenza que se podía mostrar en su cara y lo bien que se sentía todas aquellas atenciones con sus manos y sus labios por cada centímetro de piel que recorría. Era todo tan absurdo, era todo tan ridículo pero no podía evitar aquella emoción que explotaría en cualquier momento. Era algo que se sentía realmente bien y se lo hacía saber por la manera en que reaccionaba. Que fuera difícil de ocultar la excitación del momento.
¿Cómo es que inicio todo?
Ni si quiera podía recordarlo. ¿Fue por algo que inicio como un simple juego? No, no había sido de esa manera, era totalmente ridículo y muy infantil que fuera de esa manera. ¿Por algún reto? No eran tan estúpidos como para caer en eso, sabían sus limitaciones como también, estaban conscientes de aquella supuesta amistad de la que eran merecedores. Al parecer y simplemente inicio todo eso por curiosidad, porque solo dejaron que pasara, porque se dejaron llevar por el momento de calor y descubrir lo desconocido que al mismo tiempo, nunca llegaron a imaginar que lo volverían a repetir una y otra vez, tal vez como un pequeño polvo pero poco a poco, se fue transformando en algo más, en una pequeña necesidad que solo podía ser apagada en aquel acto. Tal vez como un pequeño secreto, tal vez como algo que ya no podían detener y que realmente ansiaban hasta llegar al punto de ser un poquito descarados y mostrarse un poco sugerente a lo que quería. Aquel dicho sobre "la curiosidad mato al gato" por fin tuvo un significado y más cuando el dolor de sus caderas era tan evidente al día siguiente que no podía parar de regañarlo pero al mismo tiempo, era aquel mismo dolor que no le importaba sentir al momento de su faena, al sentirlo una y otra y otra vez dentro de él. Sentir como entraba a lo más profundo y empezaba a embestirlo con aquella delicia que era imposible parar hasta que ambos terminaran agotados y durmiendo.
Solo había sido aquella curiosidad. Había sido mala idea él solo hablar sobre ese tema como una pequeña broma que sabía, Eugeo solo se sonrojaría y le empezara a gritar que era un pervertido y cuestionando de donde había escuchado sobre todas esas cosas. Tal vez, le obligaría a que le mostrara su historial de navegación para poder regañarlo como toda madre que descubre las "cosas de adultos" a su hijo.
-No me importaría si solo fuera contigo
-¿Eh?
-Tienes curiosidad sobre eso ¿No? -Eugeo alzaba los hombros despreocupado.
-Si pero…
-Solo somos nosotros dos, no hay nada de malo
Pero se dio cuenta bastante tarde al momento de escuchar a Eugeo pronunciar aquellas palabras. Ese fue el momento en que abrió los ojos sorprendido, que mirara a su mejor amigo con pequeñas gotitas de sudor sobre su rostro y como su cuerpo empezaba a temblar al momento de ver aquella mirada. Esa estúpida mirada de depredador que provoco que retrocediera y tragara grueso. Era la primera vez que tenía miedo de aquellos ojos tan verdes y tan vivos que ahora, simplemente se ocultaban en una pequeña sombra. Aquel beso a sus labios que se encargo de silenciar todo tipo de quejas. Tal vez fue aquella acción lo que acelero aún más su corazón, que su cuerpo se convirtiera de gelatina como también, que se dejara cegar por el momento. Ambos sabían las reacciones de sus cuerpos, no es que eran unos santos pero ambos sabían lo que era masturbarse y que lugares tocar, claro, nunca había sido juntos, como de la manera en que se encontraban pero sabían lo que era todas esas cosas. Fue más fácil de esa manera por más temor o dudas que pudiera tener. Sentir su rostro rojo al verse observado, ambos se miraban de lado, ambos veían las reacciones tan exquisitas que era probablemente aquello, lo que les animaba a continuar. Sentir aquella mano que lo acariciaba, juntándose más en el proceso hasta terminar rozándose piel con piel. No pudo evitar que los gemidos empezaran a salir quedito de él. Había olvidado que se encontraba en su casa y que si alguien lo escuchaba, tendrían problemas. Fue más fácil para Eugeo besarlo en esas últimas instancias. Comerse en aquel beso hambriento, todo tipo de ruidos que se empezaban a formar y solo sentir como al fin se liberaban con aquello entre sus manos y el piso mismo.
¿Había creído que así acabaría todo? Estaba totalmente equivocado, ese apenas era el inicio de todo. La forma no tan brusca en la que decidió entrar con sus dedos que fueron reemplazados por otra cosa. Aquel punto al fondo de él que tocaba con cada estocada y tal vez aquel primer dolor que se sintió al dejarlo entrar dentro de él pero que poco a poco empezaba a desvanecerse con aquellos deliciosos movimientos. ¿Infierno o cielo? No sabía dónde se encontraba. El sudor de sus cuerpos, el calor del momento. Empezaba a cegar sus sentidos. Los besos hambrientos y al final. Aquel simiente que no dejaba de resbalar por sus piernas, dejando aquella molestia pegajosa como el dolor de sus caderas y rodillas. Su respiración era acelerada y por instinto, cubrió sus ojos con su antebrazo, la luz de su cuarto era bastante intensa que le molestaba.
Su mano fue alzada con delicadeza y besados sus nudillos. Quito su brazo de sus ojos y lo miro. Aquella sonrisa, aquella estúpida sonrisa juguetona que solo le dirigía. Aquellos ojos que brillaban con intensidad. ¿A dónde se había metido por culpa de sus palabras?
-Fue un gusto el poder saciar tu curiosidad, Kazuto
-Bastardo
Era una de esas primeras veces en las que lo llamaba por su nombre y no por "Kirito" como siempre había sido llamado desde que eran pequeños. Que lo llamara por su nombre, solo provoco que sus mejillas se pintaran de rojo y lo pateara un poco molesto por lo adolorido que se encontraban sus caderas y de las posibles marcas que tendría.
Su amistad continua después de eso pero la sensación nunca pudo desaparecer. Sentir su cuerpo llegando hasta tal grado de excitación, aquellas caricias, aquellas mordidas. Empezaba a desear que aquello se volviera a repetir y para alivio suyo, no era el único que realmente lo deseaba. Cada escapada hacia alguna parte, cada que alguno se quedaba a dormir en casa del otro o cada que se podía hacer, era la forma en la que podían calmar aquella sed. Justo como en este momento, donde la lluvia los había atrapado y tal vez, desde un principio como niños pequeños, empezaron a jugar después de quitarse debajo de la sombrilla que habían compartido. Se sentía todo normal pero al momento de tomarse de las manos antes de que uno se cayera, no pudieron calmar aquella sensación. Aquel fuerte agarre como la suavidad de la piel del otro. Empezaban a tener frio y tal vez, ya sabían la manera en la que podían llegar a calentarse.
-¡Eugeo!
No pudo evitar gritar un poco al momento de volver a sentir aquellas embestidas que le provocaba ver miles de estrellitas, ya no le daba pena y mucho menos, ya no le importaba que le escucharan. Sentir como casi su corazón salía de su pecho y como a pesar del cansancio que pudiera hacerlo caer, ahí se encontraba aceptando aquellos movimientos dentro de él. Aceptando aquellas caricias y pequeños mordiscos que cada vez eran más evidentes. Estaba seguro que sus labios se encontraban hinchados de tantos besos dados, estaba seguro que aquello realmente se sentía bien, se sentía excelente y de alguna manera, provocaba que los sentimientos empezaran aparecer. ¿Qué amaba más? A Eugeo o a esas deliciosas arremetidas a su cuerpo. ¿Sentimientos? ¿Amor? Ya no sabía que estaba pensando, ya no sabía dónde meter la cabeza cuando era por culpa de Eugeo que justo ahora, fuera un desastre de persona. Sintió su mano ser enlazada con la de él. Aquel calor de su cuerpo pegado a su espalda y como se había pegado más su trasero para gritar con fuerza al sentir como había tocado ese punto en especial. Su rodillas fallaron un poco y su voz se alzo un poco más.
-¿Estas bien? -Pregunto Eugeo con curiosidad. Pero también sabía que estaba sonriendo, que estaba disfrutando como él lo hacía.
-Si -Susurro.- Por favor, continúa
-Lo que tu pidas Kazuto
Miro a su lado, aquellos cabellos rubios cenizos que se pegaban a su cara y aquellos ojos que no dejaban de mirarlo. Acercaron sus rostros para darse un pequeño beso y volver con aquellas arremetidas. Estaban a punto de llegar, estaban a punto de terminar. Realmente lo quería, realmente lo ansiaba. Sintió como era mordida su oreja con suavidad y como, escucho aquellas tres palabras como si fuera un pequeño secreto. Abrió los ojos con sorpresa, su cuerpo reacciono como tal vez Eugeo quería y era así como terminaban una de sus tantas acciones en la noche. Sintió como salía de él y su entrepierna se encontraba pegajosa, se acostaba a su lado con la respiración acelerada y las manos juntas. Kazuto lo observaba con atención. Teniendo y sintiendo curiosidad, alzo la mano para quitarle aquellos traviesos cabellos pegados a su frente. Eugeo, soltó una risita agradecido ya que le empezaba a molestar.
-¿Fue cierto eso? ¿Lo que me dijiste? -Pregunto Kazuto. Eugeo, se acostó de lado para verlo, subió su mano al rostro contrario y sonrió con aquella amabilidad que conocía.
-Decía la verdad -Acaricio las mejilla de Kazuto con suavidad, como si le mimara después de todo ese esfuerzo, quitaba los cabellos negros de su rostro.- Te quiero Kazuto -Bajo sus manos para juntar las de él y enlazarlas con fuerza.- Desde siempre lo he hecho -Eugeo se acerco con cuidado, pegando sus frentes.- Aunque sé que solo fue por curiosidad, realmente me alegra estar haciendo esto contigo, te quiero de una manera que no puedo calmar mi corazón, te quiero Kirito
Kazuto sonrió. Se acerco para besar sus labios, para besarse de manera lenta y tierna. Al momento que se separaron, volvió a pegar sus frentes, a subir sus manos a su pecho y soltar una risita alegre.
-Me alegra no ser el único -Admitió.- Ni creas que voy a decir más, confórmate con lo dicho
-Si, si -Sonrió.- Pero no crear que algún día te obligare a decirlas -Acaricio un poco más abajo.- Puedo hacerlo y sabes que lo hare
Ambos soltaron pequeñas risitas, pequeños besos que se brindaban y caricias que realmente no querían ser mal intencionadas, solo para dar confort. Tal vez, al final de cuenta, fue agracias a esa curiosidad para que realmente se diera cuenta del latir de su corazón. Aquella estúpida que volvía a mostrar Eugeo mientras enlazaban sus manos y besaba su rostro. Las pequeñas risas como las pequeñas bromas que hasta cierto punto, compartieron. Era algo relajante saber que sus costumbres nunca cambiarían como seria su amistad.
Si algún día se le ocurriera decir que Eugeo no era como aparentaba y bajo de aquella mascara, se encontraba un chico que realmente sabía muy bien lo que hacía, estaba más que seguro que nadie sería capaz de creerle. Es más, siempre dirían que era él quien mantenía aquellos sucios pensamientos sobre cómo llevarlo al lado oscuro y verían a Eugeo como su santo. Si supieran realmente que era Eugeo quien le hizo caer primero y ahora con gusto lo disfrutaba. Bueno, qué más daba. Podía seguir aparentando ser aquel lobo que se come al conejito cuando realmente, el lobo es Eugeo y el pequeño conejito disfruta de ser devorado por su depredador.
Kirigaya Kazuto podía seguir disfrutando de más días y sensaciones que solo Eugeo podrá calmar.
¡Muchas gracias por leer!
¡Les juro que no paraba de reír en todo momento que me puse a escribir! Fue como de ¡Oh diablos, tengo que escribir esto! Y pues en toda situación de lemon, no pude evitar reírme o buscar alguna ayuda con mi Kazu que al parecer, le gusto. ¡Esto es por ti! Pero bueno, es bueno regresar a los viejos tiempo y escribir así. Es bastante bello.
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Atte.: AnZuZu Dragneel
Fecha: Sábado 28 de Marzo de 2020
